Introducción
La automedicación es una práctica de autocuidado que surge como una estrategia social para aliviar un síntoma o curar una enfermedad, definida como la administración de medicamentos sin prescripción médica.1,2 Este fenómeno social ha aumentado a nivel mundial con cifras entre el 40% y el 90% tras la pandemia de la COVID-19.3,4
La Organización Mundial de la Salud (OMS) la considera como un recurso comunitario importante ya que rompe la dependencia de las familias con el sistema de atención al ofrecer tratamientos a dolencias menores y de rápida resolución, por otro lado, genera una menor demanda en los sistemas de salud.5 A menudo, en países en vías de desarrollo, esta práctica puede ser un riesgo por el bajo acceso a los servicios de atención primaria, la deficiente educación sanitaria, los hábitos sociales y familiares para compartir medicamentos, lo que conlleva a la población a utilizar con mayor frecuencia medicamentos OTC (Over The Counter, en inglés) o de venta libre. Debido a esto, la automedicación está catalogada como un problema de salud pública.6,7
Dentro de las consecuencias preocupantes de este fenómeno se encuentra el uso irresponsable e indiscriminado de antibióticos, implicando riesgos para la salud, como la prolongación o agravamiento de las enfermedades a través de la Resistencia Anti Microbiana (RAM).2,4 La RAM ocurre cuando bacterias, virus, hongos y parásitos, cambian a lo largo del tiempo y dejan de responder a estos fármacos, causando actualmente 700.000 muertes al año a nivel mundial.8
Es por lo anterior, que la RAM es declarada por la OMS como una de las 10 principales amenazas de salud pública a las que se enfrenta el mundo. Ya que impacta en la afectación a la economía de los países y sus sistemas de salud debido a la evolución de infecciones que cada vez son más difíciles de tratar, incrementando los costos en la adquisición de antibióticos más costosos (tanto de los pacientes en el gasto de bolsillo como para los sistemas de salud), estancias hospitalarias más largas y, finalmente, el aumento de la mortalidad y discapacidad.10 Se prevé que si no se toman medidas para el 2050 se habrán producido 10 millones de muertes al año, asociadas a este fenómeno.8
Se ha estudiado que el uso indebido de antibióticos (antimicrobianos específicos para bacterias), se debe principalmente al desconocimiento del proceso de la enfermedad y su manejo, el almacenamiento inadecuado y excesivo en el hogar, la reutilización de antibióticos adquiridos en antiguos tratamientos, y la falta o incumplimiento de la legislación para adquirirlos sin receta.2,9
Diferentes estudios resaltan que en México, las razones que para automedicarse fueron: la iniciativa propia, falta de tiempo para ir al médico, falta de economía, creer que la enfermedad no es grave, fácil acceso a los medicamentos, recomendación de terceros, malas experiencias en la atención de los servicios de salud pública y carencia de información sobre la gestión segura de los antimicrobianos, entre otros.2,11,12 También, se resalta la función del rol de cuidador, pues en el 92% de los casos, son las madres las que se hacen cargo de atender las enfermedades familiares. Es por lo que las normas sociales y culturales pueden favorecer la utilización del antibiótico como terapéutica única, poniendo en duda la capacidad clínica del médico que limita la prescripción de los antibióticos.13 Como consecuencia, durante la última década, la resistencia ha aumentado para algunos antibióticos en diferentes especies bacterianas.14
La OMS establece que es una crisis que hay que gestionar con máxima urgencia con medidas para contenerla y reducir sus efectos negativos en la población.15 La enfermería comunitaria se ha convertido en una pieza clave para lograrlo, pues cuenta con las herramientas para estudiar el comportamiento y los factores que contribuyen a este fenómeno, especialmente en las zonas con alta marginación, pobreza y bajo nivel educativo, donde se presenta un mayor índice de vulnerabilidad y riesgo en salud. El conocimiento de estos factores puede favorecer la creación de acciones que promuevan la conciencia de las consecuencias de la automedicación y de la RAM, estrategias que se encuentran dentro de los principales ejes para la promoción de la salud, en el primer nivel de atención.16,17
Es primordial que el profesional de enfermería comunitaria lleve a cabo un plan de acción con estrategias enfocadas en mejorar la sensibilización y los conocimientos en materia de RAM y promover los cambios de conducta para llevar al uso racional de antibióticos en el hogar; pues, si no se modifican estos patrones de consumo, los nuevos antibióticos para tratar las infecciones resistentes se tornarán ineficaces.18,19
Sin diagnósticos eficientes del fenómeno para la prevención y el tratamiento adecuado de las conductas de automedicación en antibióticos, aumentará el número de personas para quienes el tratamiento está fallando o que morirán a causa de la infección. Por otro lado, el profesional de enfermería también puede participar en los procesos legislativos que fomentan un acceso seguro y regularizado a los antibióticos en atención a las advertencias sobre las consecuencias catastróficas esperadas en la “era postantibiótica”.20,21
Es por lo anterior, que el objetivo del presente estudio fue determinar las prácticas de automedicación con antibióticos y las creencias sobre la RAM en las familias de una comunidad suburbana de México.
Método
Estudio con enfoque cuantitativo, observacional, de alcance descriptivo y de corte transversal. Con el fin de caracterizar las conductas de automedicación y las creencias sobre la RAM. La unidad de estudio fueron las familias que vivían en una zona suburbana vulnerable en México. Para la obtención de la muestra, se determinó que viven 856 familias distribuidas en las diferentes manzanas de la zona, por lo que se aplicó un muestreo aleatorio simple con un nivel de confianza de 95%, una precisión y proporción del 0,5% (para maximizar el tamaño de muestra) y sumando una proporción esperada de pérdidas de 10%. Se determinó que para que sea representativos los resultados, la muestra se debía conformar por al menos 234 familias.
Dentro de los criterios de selección, se estableció que al menos uno de los integrantes haya tomado antibióticos en su vida, se excluyeron los hogares donde tenían solo un integrante y se eliminaron aquellas encuestas que no estuvieran completas, así como aquellas familias que no quisieran participar o que no tuvieran un integrante mayor de edad al momento de la visita.
Los ítems de la encuesta que se aplicó casa por casa en la zona de estudio, fue basada en los trabamos de Aslam, Gajdacs y Suraya, quienes en 2020 utilizaron esta encuesta con el propósito de describir los conocimientos, prácticas y actitudes hacia la automedicación, incluyendo los antibióticos.22 La primera parte de la encuesta comprende de 8 preguntas con respuestas de opción múltiple que describe la experiencia familiar en automedicación (prácticas, adscripción a seguridad social, motivos, acceso, orientación en el consumo) en los últimos 12 meses a partir de la visita. Después, la segunda sección permitió explorar las creencias sobre la resistencia antimicrobiana que posee la familia a través de 5 afirmaciones con opciones de respuesta verdadero/falso de acuerdo con sus creencias sobre la Resistencia Antimicrobiana (definición conceptual, alcance de la RAM, consecuencias del fenómeno).
Posteriormente, los datos fueron analizados con el programa Statistical Package for the Social Science (SPSS) v.26 para la descripción de medidas de tendencia central y dispersión y se utilizó el programa Microsoft Excel 2020 para la tabulación y diseño de gráficas. Finalmente, es importante establecer que esta investigación contó con la aprobación del Comité de Ética e Investigación de la Universidad, así como se declara que se respetaron los principios bioéticos, la declaración de Helsinki y en todo momento se respetó la autonomía y confidencialidad de los participantes.23
Resultados
Se realizaron 234 encuestas a familias que residen en la comunidad suburbana de Yucatán, México. En cuanto al acceso a los antibióticos, 182 familias (77,77%) cuentan con seguridad social pública, también se observa que en cada familia hay una persona encargada de manejar los medicamentos en el hogar, siendo en 126 (53,84%) un adulto de 36 a 64 años, en 64 (27,35%) un adulto mayor de 65 años o más, en 31(13,24%) los adultos jóvenes de 26-35 años, y en una minoría 13 (5,55%) se deja a cargo de jóvenes de 18 a 25 años.
En el último año, el factor principal por el cual no se acudió a una consulta médica fue la sensación de no tener necesidad de acudir con el médico (148 familias, 63,24%). Sin embargo, se encontraron algunas diferencias en el orden de los siguientes factores dependiendo de si contaban o no con seguridad social pública. Las familias que cuentan con seguridad social manifestaron la falta de tiempo para la consulta (28 familias, 15,38%), dificultades para el transporte (13, 7,14%), y de comunicación con el médico (11, 6,04%). En cambio, las familias que no cuentan con seguridad social declararon el costo elevado (8, 15,38%), la falta de tiempo (6, 11,53%) y las dificultades en el transporte (5 familias, 9,61%). Los resultados de la tabla 1 muestran la distribución de los motivos de consulta con relación al consumo de antibióticos.
Tabla 1. Motivos de limitación al acceso de las consultas médicas de las familias, en relación con su consumo de antibióticos.
| Motivos de inasistencia | Última vez que un integrante de la familia tomó antibióticos | ||||
|---|---|---|---|---|---|
| En el último año | Últimos 6 meses | Más de un año | No recuerdo | Total | |
| Costo elevado | 1 | 10 | 2 | 2 | 15 |
| Dificultades de comunicación con el médico | 1 | 9 | 1 | 2 | 13 |
| Dificultades en el transporte | 14 | 2 | 2 | 18 | |
| No confío en el médico | 1 | 3 | 2 | 6 | |
| No hubo necesidad de acudir con el médico | 21 | 87 | 18 | 22 | 148 |
| No hubo tiempo para la consulta médica | 28 | 2 | 4 | 34 | |
| Total | 24 | 151 | 27 | 32 | 234 |
A pesar de reportar inasistencia a las consultas médicas, en el último año 175 familias (74,78%) consumieron antibióticos, principalmente en los últimos 6 meses (ver tabla 2), de estas familias, 37 (21,14%) no cuentan con acceso a la seguridad social y en 5 (13,51%) familias declararon que no fueron recetados por un profesional sanitario, consiguiéndolos en la farmacia o por medio de un amigo o familiar.
Tabla 2. Relación entre los casos de ingesta de antibióticos y la prescripción médica.
| Última vez que un integrante de la familia tomó antibióticos | ¿Fueron prescritos por un médico? | |||
|---|---|---|---|---|
| No | No recuerdo | Sí | Total | |
| En los últimos 6 meses | 5 | 1 | 145 | 151 |
| En el último año | 0 | 1 | 23 | 24 |
| Hace más de un año | 1 | 1 | 25 | 27 |
| No recuerdo | 2 | 10 | 20 | 32 |
| Total | 8 | 13 | 213 | 234 |
Por otro lado, 138 (78,85%) familias que sí cuentan con seguridad social y tuvieron la prescripción de un médico para el consumo de antibióticos, 131 (94,92%) tuvieron asesoría por parte de un profesional sanitario calificado sobre el régimen terapéutico de los antibióticos (modo de consumo, tiempo, efectos adversos de no apegarse a la prescripción) y 7 (5,07%) no lo recibieron o no lo recuerdan.
Posteriormente, se establece que el lugar donde la mayoría de las familias obtuvieron los antibióticos fue en la farmacia (213 familias, 91,02%). También, en cuanto a las prácticas de consumo de antibióticos, 189 familias (80,76%) creen que deben de dejar de consumir los antibióticos cuando completen el tiempo indicado por el médico, 36 (15,38%) cuando el integrante se siente mejor y 9 (3,84%) hasta que se haya acabado todo lo que compraron, la distribución de estos resultados de acuerdo con el consumo de antibióticos se puede visualizar en la tabla 3.
Tabla 3. Creencias en la práctica de consumo de antibióticos de las familias.
| Última vez que un integrante de la familia tomó antibióticos | Cuando completo el tiempo que me dijo el médico | Cuando termino todo lo que compré | Cuando ya me siento mejor | Total |
|---|---|---|---|---|
| En los últimos 6 meses | 126 | 5 | 20 | 151 |
| En el último año | 18 | 3 | 3 | 24 |
| Hace más de un año | 23 | 1 | 3 | 27 |
| No recuerdo | 22 | 0 | 10 | 32 |
| Total | 189 | 9 | 36 | 234 |
Con respecto a si consideran correcto usar antibióticos otorgados por un amigo o familiar si se usaron para tratar la misma enfermedad que poseen, 62 familias (26,49%) respondieron afirmativamente; después, 84 familias (35,89%) consideran que es una práctica segura comprar los mismos antibióticos para tratar una misma enfermedad manifestada tiempo después si se presentan los mismos síntomas que la vez anterior, 67 (79,76%) de ellas cuentan con seguridad social y 17 (20,23%) no), por el contrario 150 familias (73,50%) no lo consideran correcto (76,66% cuentan con seguridad social y 23,33% no).
La segunda sección de la encuesta permitió explorar las creencias que poseen las familias sobre la RAM, la cual consiste en cinco afirmaciones sobre la resistencia antimicrobiana a las que las familias respondieron con verdadero o falso. En la primera afirmación, ‘La RAM ocurre cuando su cuerpo se vuelve resistente a los antibióticos y ya no funcionan tan bien y cada vez está ocurriendo más’, solo 48 familias (20,51%) tuvo la respuesta correcta; en la segunda, 180 familias (76,92%) creen que es verdadero que ‘la RAM es un problema que puede afectar a su ciudad, comunidad y familia’, siendo mayor el porcentaje de las que respondieron correctamente.
Con relación a la creencia ‘La RAM es solo un problema para las personas que toman antibióticos con regularidad’, solo el 32,05% (75 familias) considera esta premisa falsa, lo cual es correcto, y por otro lado, 169 familias (72,22%) respondieron acertadamente que es verdadero que las bacterias que son resistentes a los antibióticos pueden transmitirse de persona a persona. Por último, 43 familias (18,37%) no creen que ‘las infecciones resistentes a los antibióticos podrían hacer que sea más difícil o imposible tratar las infecciones difícil o imposible tratar las infecciones, complicando cirugías, trasplantes de órganos y otros tratamientos’.
En la tabla 4 y 5, se puede observar la distribución de los errores de las familias que tuvieron al responder estas afirmaciones, de acuerdo con el ultimo consumo de antibióticos y la adscripción a la seguridad social en salud, respectivamente.
Tabla 4. Conteo de respuestas correctas e incorrectas de las familias con relación en el tiempo de último consumo de antibióticos.
| Última vez que un integrante de la familia tomó antibióticos | Número de errores | Total | |||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 0 | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | ||
| ≤ 6 meses | 2 | 26 | 85 | 30 | 6 | 2 | 151 |
| ≥ 6 meses | 0 | 16 | 37 | 25 | 3 | 2 | 83 |
| Total | 2 | 42 | 122 | 55 | 9 | 4 | 234 |
Discusión
La automedicación irracional continúa siendo un problema pendiente en el tratamiento domiciliar de las enfermedades infecciosas y contagiosas en todo el planeta. Esta conducta, está fuertemente relacionada con factores personales, tales como los hábitos de autocuidado y el conocimiento sobre las enfermedades y medicamentos, así como con procesos externos como el acceso, la disponibilidad, la derechohabiencia a servicios de salud pública, entre otros.
En primer lugar, en el acceso a los antibióticos de esta investigación se obtuvo que el 22,2% de las familias no cuenta con acceso a seguridad social pública, así como el 11,53% consideró no ir a consultar por falta de tiempo, lo cual es un reflejo de la calidad de la atención de los sistemas de salud, tal y como describe Sosa en el 2019, quien establece que la automedicación se presenta de manera importante en la población que declara tener dificultades y graves barreras en los servicios de primer nivel de atención.24 Aunado a esto, es importante destacar que de estas personas el 21,14% consumió antibióticos y de ellos el 13,51% declaró que no fueron recetados por un médico, consiguiéndolos en una farmacia o por medio de un amigo o familiar, por lo que existe un acceso informal a través de la obtención por familiares o uso de recetas anteriores, etc.2
También, las creencias que se comparten en las familias juegan un importante rol social a la hora de conocer las causas y efectos de la automedicación en las familias. En esta investigación se observa que 62 familias (26,49%) consideran correcto usar antibióticos otorgados por un amigo o familiar si se usaron para tratar la misma enfermedad que poseen, lo cual coincide con lo reportado por Del Toro, quien evidencia que la mayoría de las personas (78.9%) que practicaban la automedicación habían recibido consejos de familiares o amigos. Esto puede deberse principalmente a la confianza que se tiene en las figuras familiares para recomendar como tomar un medicamento en ausencia del consejo del profesional sanitario.25
En cuanto a los conocimientos y creencias sobre la RAM, las personas no identifican que este fenómeno se presenta cuando el cuerpo se vuelve resistente a este grupo de medicamentos (20,51% acertó en la respuesta correcta), mientras que el 79,9% reconoce que es un problema que afecta a su familia, comunidad y ciudad. En un estudio de la OMS se reveló que el 76% de su población piensan que la resistencia a los antibióticos ocurre cuando el cuerpo se vuelve resistente a estos, lo que confirma que existe deficiencia de este conocimiento en al menos 3 de cada 10 personas, lo cual puede provocar una ingesta inadecuada y desmedida de estos medicamentos.10
En este mismo rubro, se observa que el 67,94% considera que la RAM solo es un problema que afecta a las personas que toman antibióticos con regularidad, y finalmente, el 18,37% no cree que las infecciones resistentes a los antibióticos podrían hacer que sea más difícil o imposible tratar las infecciones, enfrentando diversas complicaciones. Ante ello, la OMS ha declarado que, como cualquier persona, independientemente de su edad o residencia, puede contraer una infección resistente a los antibióticos y estas se están volviendo cada vez más resistentes al tratamiento con antibióticos, expresando “La resistencia a los antibióticos está poniendo en peligro nuestra capacidad para tratar las enfermedades infecciosas y socavando muchos adelantos de la medicina”.26
Finalmente, tal como se puede observar en los resultados de la tabla 5, las familias con acceso a la seguridad social pública obtuvieron mayor cantidad de errores en las afirmaciones sobre RAM, en comparación con las familias que no reportan esta característica. Esto difiere con los resultados del estudio de Rauf, Putra, Masrul y Semiarty (2021), ya que establece que el nivel educativo y el acceso a los servicios de salud se relaciona con la información sobre los medicamentos y por lo tanto, un bajo nivel influye en la capacidad de obtener información sanitaria, incluidos los medicamentos. Esta diferencia, puede ser explicada a través del nivel social y educativo, ya que las zonas suburbanas se caracterizan por tener un menos nivel socioeconómico, y por lo tanto, menor acceso a la educación formal.27
Conclusión
Se determina que los factores principales que influyen en la automedicación de antibióticos son la falta de cobertura y acceso a los servicios públicos de salud, las prácticas inseguras de autoconsumo de antibióticos presentes en las familias por sus creencias o la influencia de un familiar o amigo para obtener de ellos antibióticos debido a la confianza en sus recomendaciones; y los insuficientes conocimientos sobre la resistencia antimicrobiana. Sin embargo, también se evidencia que el contar con seguridad social no es sinónimo de excepción a las prácticas de automedicación con antibióticos, siendo un factor fundamental la asesoría sobre el consumo correcto de antibióticos por parte del personal de salud y la enseñanza sobre la resistencia antimicrobiana y sus consecuencias.
Otros son no contar con tiempo para asistir a una consulta médica, la dificultad para el transporte y el deficiente protocolo de venta de antibióticos en las farmacias, para poder acceder a estos sin receta médica.
Se confirma la importancia del papel de enfermería para la educación en salud en cuanto al consumo correcto de los antibióticos y la resistencia antimicrobiana, así como la necesidad de realizar intervenciones para garantizar el uso racional de antimicrobianos y la seguridad en la salud de las comunidades.













