Introducción
Hospitalidad. Durante los siglos XVII y XVIII, se describe con este término la virtud o cualidad de prestar atención a todo aquel que lo necesite (peregrinos y pobres, niños expósitos y enfermos), al amparo del hospital y su actividad hospitalaria. En este sentido la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios (en adelante OH) fue la primera en poner en práctica la actividad hospitalaria y en sistematizar el orden, la higiene y la profesionalización1,2 de la actividad de enfermería.3,4 La enfermería se hallaba en sus inicios y los novicios tenían un aprendizaje tal como se describió en los manuales de la propia OH.5 La sociedad antequerana no fue ajena a ello y la OH puso en práctica sus ideales en la institución sanitaria de la ciudad, en una sociedad que aún seguía muy influida por la Iglesia y la religiosidad. Además, la figura del hospital aportaba estabilidad social, por el recogimiento de personas potencialmente conflictivas y la atención a presidiarios y militares.6-8
Tras la unificación de los hospitales existentes en Antequera, iniciada durante el reinado de Felipe II y con el apoyo del pontificado de Pío V, el nuevo hospital general antequerano seguía sin cubrir las necesidades asistenciales de la ciudad. Ni los recursos económicos procedentes de legados testamentarios y limosnas, ni la elaboración de estatutos para la administración de la institución hospitalaria consiguieron solucionar el problema. Finalmente, las autoridades antequeranas intervinieron y procedieron a la contratación de la OH.6-8
Juan Ciudad tras crear la OH en Granada en 1538 (imagen 1), fundó en 1539 el primer hospital en esa ciudad.4,9 Tras su muerte, su ideal de vida se extendió por todas partes del mundo de la mano de sus hermanos: los hospitalarios día a día trataban la enfermedad, el alma y el fin de la vida.4,9 La OH también elaboró su propio manual.
La creación de nuevos hospitales por parte de la OH se realizaba, básicamente, de dos maneras: o bien fundando nuevos hospitales en poblaciones donde eran necesarios, o tomando a su cargo otros hospitales abandonados o sencillamente ineficaces. Este último fue el caso del hospital de Antequera.10,11
El principal problema sanitario de los siglos XVII-XVIII fue la organización hospitalaria.12 A pesar de que en este periodo persistía el continuado aumento de donaciones, las rentas para cubrir las necesidades hospitalarias no fueron suficientes. Además, se mantuvo los hábitos y costumbres higiénicas que favorecieron el incremento de las enfermedades habituales y epidemias que seguían diezmando la población. Esta problemática fue común en los establecimientos sanitarios de la época: hospitales de ciudades como Jaén, Linares, Vélez-Málaga o Antequera entre otros, compartían los mismos problemas económicos para la atención de la gran cantidad de enfermos que allí acudían. En estas ciudades las autoridades municipales investigaron tal situación en busca de soluciones y la OH se presentó como la solución más idónea para solventar estos problemas.5,6
Nuestra investigación se inicia tras la aparición y expansión en España (siglos XVI y XVII) de una serie de órdenes y congregaciones que tenían como finalidad fundamental, la asistencia de enfermos. Se comenzaron a redactar los primeros manuales de enfermería escritos por y para enfermeros.11 El periodo a estudio, finaliza a comienzos del siglo XIX donde se produce un importante cambio sociopolítico. Con la ley de Beneficencia de 1822 se organizó la beneficencia pública creando las juntas municipales y parroquiales, instituciones garantes de la asistencia sanitaria, con el objetivo de acometer la erradicación de las situaciones de pobreza y enfermedad.5,6
El objetivo de este trabajo es realizar un acercamiento a la asistencia sanitaria prestada por la OH en el Hospital de Antequera (imagen 2), desde su llegada a la ciudad en 1673 hasta su cese en 1820, en el que toma relevo en su gestión el Ayuntamiento.
Metodología
Diseño: Estudio histórico descriptivo. La recogida de información se ha realizado a través de: a) Fuentes primarias. La documentación encontrada en el Archivo Histórico Municipal de Antequera (AHMA) acerca de las instituciones hospitalarias y benéficas, provenientes de fondos de origen muy diverso (Iglesia, hermandades, cofradías y municipales), los cuales son más numerosos a medida que la institución hospitalaria se hace más compleja, nos aproxima a conocer el origen y evolución del Hospital de Antequera; b) Fuentes secundarias: han sido obtenidas de libros y literatura científica relacionada con nuestro tema.
Resultados
Hospital General de San Cosme y San Damián y los Estatutos de 1635
A finales del siglo XVI y principios del XVII la asistencia sanitaria era uno de los problemas sociales en las ciudades de España, con la existencia de numerosos establecimientos hospitalarios, encontrándose la mayoría de ellos en malas condiciones. La reforma iniciada durante el reinado de los Reyes Católicos y Felipe II y que contó con el apoyo del pontificado de Pío V, propició la unificación y centralización de los minúsculos hospitales existentes en un hospital general.11
En Antequera estos primeros centros sanitarios no lograban cubrir las necesidades asistenciales de la ciudad, debido a los insuficientes recursos económicos (obtenidos fundamentalmente de legados testamentarios y limosnas). Surgió así el Hospital General de San Cosme y San Damián, que reunió todos los hospitales existentes en la ciudad. Inicialmente la organización y administración del mismo fue caótica, por lo que el 21 de agosto de 1629, el nuevo administrador redactó un Reglamento provisional, bajo el título “Ordenes, que se an de guardar en el hospital general de Antequera en el interin que se manda otra cosa”.I
Este conjunto de normas, no siendo muy extensas, regulaba el funcionamiento del hospital a nivel sanitario, de gestión y de religión.6,13
Dado el carácter provisional del reglamento, años más tarde, el 5 de septiembre de 1635, se establecieron los estatutos definitivos para la buena dirección del hospital. Estando de visita el obispo de Málaga, fray Antonio Enríquez dictó unos nuevos estatutos, bajo el título “Estatutos, que el Ilmo. Y Rmo. Sr. D. Fray Antonio Enriquez, obispo de Málaga hizo estando en visita general desta ciudad para el gobierno y buena administración del hospital gral. de los santos Martires de S. Cosme y S. Damian, este presente año de (mil) seiscientos y treinta y cinco en esta ciudad de Antequera son los siguientes”.II
De los 27 artículos de que constaba, los 10 primeros hacían referencia a la gestión médico-asistencial del hospital, y el resto a la vida sacramental de los hermanos.
La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios en Antequera
La Orden Hospitalaria se hace cargo del Hospital General
Finalmente, la unificación de los hospitales existentes en Antequera no obtuvo los resultados esperados. Eran frecuentes los conflictos entre las diferentes hermandades que cohabitaban en el hospital. Las habituales fricciones entre las cofradías casi siempre eran ocasionadas por la misma causa: lograr las limosnas de los que entraban en el templo.14,15
La llegada de la OH a Antequera (imagen 3), es fruto de una visita el 2 de octubre de 1667 del obispo de Málaga, Alonso de Santo Tomás, viendo el estado en que se encontraba el Hospital General donde no se atendía correctamente y ante su falta de coordinación y buen hacer. Tras ser persuadido de que los enfermos estarían mejor asistidos, encomienda la dirección y entrega de todos los bienes a la OH, cuya dedicación a los enfermos y necesitados era altamente reconocida.II,III El prestigio que los hospitalarios iban adquiriendo en Andalucía hizo que las autoridades municipales aprobaran que la dirección del hospital recayese en la OH.7 Se instalaron de forma provisional en el ya existente Hospital General de San Cosme y San Damián, fruto de la reducción de hospitales, adoptando desde ese momento el nombre de Hospital de San Juan de Dios.14 En octubre de 1673 se produjo la entrega y traspaso de las instalaciones, junto con todos los bienes inmuebles atesorados hasta este momento.II,7
La organización del hospital durante los primeros años
Durante los primeros años de administración del nosocomio antequerano por parte de la OH se produjeron importantes cambios respecto a la gestión realizada hasta entonces. Los hermanos hospitalarios ejercieron un total control del hospital y de sus recursos; la gestión, administración y asistencia se realizó prácticamente de la misma manera hasta principios del s. XIX. En sus inicios, a los hospitalarios se les atribuyeron dieciocho obligaciones a las que se comprometían y que podemos considerar como reglamento, que se mantuvieron hasta 1822. Dentro de sus obligaciones para proveer de una mejor atención a los enfermos, debían “… manttener dos enfermerías distintas una de los hombres en ella a 20 camas y otra de mujeres con 10 camas procurando aya capacidad para más número si la Relixión viere que pueden sustentar más …”15 Así el hospital quedó dividido en dos salas según el sexo: San Juan, para asistir a hombres y Santa Ana para mujeres.IV,5
Al Ayuntamiento le correspondía visitar y velar para que se cumplieran los requisitos y su buen funcionamiento. Se les debía de informar de los niños expósitos, sus cuidados, a quién se les daba y cuantos habían muerto. Así mismo no podían vender ninguna propiedad sin informar el porqué.II
Entre la documentación existente en el Archivo Municipal encontramos una edición de la época elaborada en Madrid en 1757 bajo el título de Bulario de la Sagrada Religión de Hospitalidad de N.S.P. Juan de Dios, con utilissimas reflexiones, y advertencias escrito por el R.P. Fr. Alonso Parra y Cote, donde se detallaba las actividades y funciones tanto religiosas como cuidadoras de la OH.V En él se definía como principio básico que primero es hospital antes que convento, por lo que eran prioritarias las acciones para con los demás antes que sus actividades como religiosos de clausura:
“…Cuando por muchedumbre de enfermos se ocupan los claustros, y cuartos interiores, y aun celdas (porque en tal ocasión nada hay reservado, y todo es de los pobres, verdaderos dueños nuestros) se quita la clausura a dichos lugares, y gozan los privilegios de enfermería por aquel tiempo que sirve de curación, y convalecencia, sin que haga reparo, escrúpulo o gravamen de conciencia si se mantienen los pobres, y enfermos algunos días más de los que son menester para su total alivio, y remedio, pues no se han de despedir luego, sino urbana, y religiosamente tratarlos, y atenderlos, en cuanto alcancen nuestras posibilidades…”
“…que dándole aposentamiento por Hospicio a los militares alguna parte del convento, y permaneciendo los religiosos en la otra, pueden entrar con sus carruajes, las propias mujeres, y consiguientemente los que quieren visitarlas, porque en cuanto a aquella parte que habitan por tiempo, esta quitada de clausura…”
También reflejaba la distribución que debían de seguir las diferentes estancias de sus hospitales-conventos:
“… las oficinas son las salas de enfermería, cuarto de cirugía, la cocina, la ropería, y el depósito de difuntos, si no están en lo interior del convento (como en muchas partes está, sino seguidamente a las enfermerías y con separación) se juzgan igualmente oficinas suyas, y no tienen clausura en la misma forma que todo el hospital. Es sin duda, que han de tener puerta, paso u escalera, si están en alto las enfermerías, y si es común para el Convento, y Hospital, no se pueden negar la entrada a mujeres, que van a visitar los pobres por camino resto, sin introducirse en manera alguna en la habitación de los religiosos. Estando la enfermería en bajo, demás de la entrada, se ha de conceder para extensión aquella parte del claustro, que necesario fuere, y más, según conviniere para sus funciones, alivio y consuelo de los enfermos…”
“ … La celda del Religioso Enfermero, estando dentro de la misma enfermería, y con la puerta a ella, no está sujeta a clausura, aunque tenga otra puerta a el claustro, o habitación interior del convento, pues nunca deja de ser parte del Hospital muy propia suya para su custodia, reparo, y centinela; pero son se entiende la excempción para la entrada de mujeres por titulo de visita, o de vana curiosidad sino para servir a algun enfermo, si lo hay en ella, o asistir a las funciones, y comuniones generales de los pobres…”
Mención especial merece la botica, que fue concedida como de uso público, a través del “Decreto de la Sagrada Congregación Deputada por Inocencio XIII, en el que fe concede a el Convento Hofpital de San Juan Colavita de Roma, y otros de fa diftrito, puedan tener Botica publica” con fecha de 25 de enero de 1722 por el que se adjudicaba, no solo el uso, venta y despacho a pobres y enfermos, sino también la venta común. En este Decreto se declaraba además como se debe y en qué fines emplear los emolumentos, que resulten de las medicinas vendidas al público. El resto de las congregaciones tenían prohibido el tener botica pública.VI
En sus inicios la OH se caracterizaba por su sentimiento de hermandad basado en las enseñanzas y obras realizadas por su fundador, por lo que carecían de normas escritas jurídicas para su gobierno y el cuidado de los enfermos.16 Las dificultades para el desenvolvimiento de las actividades hospitalarias unido a los asistentes que ya estaban en el hospital, justifica que en sus comienzos el personal con que contaba la OH no fueran monjes, sino enfermeros laicos, los cuales se acogieron a una Regla aprobada por el papa Pío V:
“Eran mendicantes, que se dedicaban a la enfermería, al trabajo hospitalario, a la distribución de medicamentos, a cuidar con ternura a los enfermos mentales y a los niños abandonados y la visita domiciliaria de los enfermos…”17
El incremento de pobres y enfermos junto a la escasez de recursos económicos favorecieron que fueran los propios hermanos quienes poco a poco asumiesen la actividad hospitalaria.16
En definitiva, durante este periodo apareció un nuevo marco de actuación en enfermería, en el que se desarrollaron las cuatro funciones reconocidas en la actualidad en la profesión: cuidados, administración, docencia e investigación. En la enfermería practicada por esta y otras órdenes y congregaciones, la práctica de estas tareas se lograba totalmente y se percibía una preocupación por el enfermo en su triple componente biopsicosocial, aunque permanecieron los métodos de asistencia anteriores aún bastante tiempo.11
Durante el siglo XVIII e inicios del XIX, la orden se hizo famosa por la supuesta mala atención que recibían los pacientes, acusaciones que partían principalmente del cabildo y de la oligarquía antequerana. El cuidado a los enfermos y niños expósitos iría decayendo con el devenir de los años, por diversos motivos: falta de medios, mala gestión, lucro personal de los priores (eran nombrados por un periodo de tres años, previos a su jubilación). En un documento fechado el 13 de noviembre de 1793 el Prior a cargo por entonces del hospital, Fr. Pedro Rodríguez, se dirigió al alcalde para informarle de la deficiencia existente en el hospital para el cuidado de los niños expósitos, ya que carecían tanto de medios como de dinero para ello. Respecto a los niños expósitos, decir que no solo se recogían los de la ciudad de Antequera, sino también los de Campillos, Teba, Ardales, Peña Rubia, Archidona, Cuevas Bajas y Fuente de Piedra, cuyos cabildos se habían comprometido al pago anual de una cantidad previamente fijada, pero la crisis económica que afectaba a dichos ayuntamientos hizo que nunca la abonasen.VII
Además de ser una institución de carácter cívico, el hospital también tuvo que cubrir las necesidades sanitarias de militares y presidiarios. Desde el segundo cuarto del siglo XVIII hasta la definitiva exclaustración de la orden en 1835, el Estado decidió aprovechar la infraestructura sanitaria que los hospitalarios disponían en Andalucía con esta finalidad.7 La asistencia de los militares en los hospitales en manos de la OH, quedó recogida en el documento “Condiciones para el asiento con la Real Hacienda de curación de tropas en los Conventos de S. Juan de Dios, de esta Provincia de Andalucía”, realizado por el entonces comisario de los reales ejércitos en Andalucía, Manuel de Velasco.VIII Los libros de registro del hospital antequerano empezaron a desdoblarse para anotar los soldados y presidiarios atendidos. Antequera llegó a ofertar una veintena de camas, gracias a su mayor capacidad asistencial y del espacio del que disponían. Otro aspecto a destacar fue la asistencia de los hermanos, no sólo a la cura sino también a su fallecimiento, atendiendo sus necesidades espirituales, ayudarles a bien morir y, obligados por ley, expedir duplicados de los certificados de defunción para los parientes de los fallecidos.V,7
Libros de registros
En cuanto a la administración y las actividades que se realizaron en el hospital durante este periodo, estas seguían un riguroso control a través de diversos libros donde se recogían. Entre ellos citaremos:
Cuadernos de enfermería, como el “Libro de enfermería de este Convto. Hosp. Gral. De Sra. Sta. Ana… de NPS Juan de Dios…” de 1785 o el “Libro de Enfermería y de Pobres del Convto. Hosp. Orden de N.P.S. Juan de Dios de esta ciudad de Anteq.ra Hecho en tiempo del P. Fr.a Mig.l Fernandez, Prior de él” de1804.IV Este último recogía en tres columnas por página datos referidos a hombres: En la primera columna figuraban el tipo de lesión y número de cama. En la segunda el nombre y apellidos, oficio, nombres de los padres, estado civil, edad y fecha de ingreso. Por último, en la tercera columna figuraba la fecha de salida o de fallecimiento. Igualmente, en este libro se recogía las visitas de inspección del P. Prior general. También se exponían las diferentes formas de ingreso recogidas por patologías: epidemias, enfriamiento-calentamiento, enfermos de estómago, de mordeduras de perro, de traumatismo, de debilidad, de dolores, de fístula, de fractura, de úlcera pútrida y de erisipela.
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Registros militares:IV
“Libro de Partidos Militares y Presidiarios hecho en tiempo de P. Fr Miguel Fernandez Prior de esgte conv.to Hosp.l de Antequera. Año de 1803”. En él se recogía, entre otros, datos como regimiento, graduación, y presidiarios.
“Libro donde se anotaran los partidos de Confinados Enfermos que bienen a curase a este Convto. Hosp. Orden de N.P.S. Juan de Dios de esta Ciudad de Antequera. Hecho por el P.Prior Juan Barrionuevo Prior de dicho Convento: y la principio en ocho de febrero de 1831”. Al igual que el anterior recogía datos de militares desde 1831 a 1841.
Diversos cuadernos de bajas, donde figuraban el médico o cirujano, número de cama, sala a la que pertenecía, enfermedad, datos personales (nombre y apellidos, edad, localidad y nombre de los padres), fecha de entrada y salida y profesión.IV,IX
Igualmente, se conocen inventarios de diversos periodos, en los cuales se detallaban los enseres de que disponían: camas, sábanas, colchones, almohadas, mantas, toallas, escalfador, aparador, mesas, lebrillos, barreños, cunas, pañales, etc. También se detallaba el instrumental de cirugía como sierra, corbo, torniquel, o aparatos para morder, así como chona, nuez moscada, valeriana, sal amoniaco, vitriolo blanco, manzanilla, azafrán, bolo, salvia real…VIII
En cuanto al número de enfermos atendidos, disponemos de datos de la segunda mitad del siglo XVIII, destacando el incremento del número de ingresos a partir de la década de los ochenta, cuando en el hospital se empieza a asistir a militares.18
El fin de la presencia de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios. La Junta Municipal de Beneficencia
Tras el fin de la Guerra de la Independencia y la victoria sobre las tropas francesas, pese a la resistencia de una oligarquía local y una nobleza ancladas en el pasado, la sociedad antequerana experimentó grandes cambios. Este nuevo orden militar y político-administrativo propiciaron una serie de calamidades que golpearon a la sociedad, dando lugar al desastre económico y a una crisis de subsistencia. A finales del siglo XVIII y principios del XIX se tomaron medidas para resolver esta situación, dando inicio a la desamortización española, cuyo objetivo fue el de acabar con determinados privilegios y dar lugar así a una distribución más justa de la riqueza. Este proceso consistió en poner a la venta mediante subasta pública, previa expropiación forzosa por parte del Estado, las tierras y bienes que se encontraban en poder de, entre otros, la Iglesia católica y las órdenes religiosas, que habían sido obtenidas mediante donaciones, testamentos y abintestatos. Andalucía fue una de las regiones más afectadas debido al gran número de fincas tanto agrícolas como urbanas que poseía el clero andaluz.19,20
Durante el segundo cuarto del siglo XIX, Antequera experimentó un aumento demográfico: de 18.000 habitantes en 1825 pasó a 27.500 en 1857. Sin embargo, en esta explosión demográfica no participaron todos los grupos sociales, siendo las órdenes religiosas las grandes perjudicadas y, además, su marcha no sólo empeoraría las condiciones de las personas que dependían de ellos, sino que, al realizarse el fraccionamiento de los terrenos que hasta entonces formaban parte de los numerosos conventos, estimuló una gran remodelación de la ciudad.21,22
A finales del siglo XVIII, a pesar de las continuas donaciones recibidas, los ingresos del hospital seguían siendo insuficientes. Diversos documentos informan de la mala gestión del hospital por parte de la OH, y, aunque hay que dudar de su veracidad, es cierto que se esperaba mejores resultados de la actuación de los religiosos en el Hospital.V,IX,23 Esta situación se describe en un escrito del Ayuntamiento datado el 24 de julio de 1820, donde se refleja la mala situación que atraviesa el Hospital General, y se pide “…el establecimiento de una Junta de Beneficencia compuesta de personas de acreditada caridad y celo, es en la actualidad circunstancia el medio más eficaz para remediar en lo posible un mala con tan fuertes [ilegible] reclama la humanidad…” Y ante la mala situación y abandono de los niños expósitos, la Junta Municipal se compromete, en comisión de todos sus componentes, a la creación de una Junta de Beneficencia como solución a este problema.X Además, en el escrito se hace referencia de los ingresos de este hospital que se considera serían más o menos suficientes para su mantenimiento.
Pero la realidad no era así: morían niños y enfermos, las nodrizas no cobraban, y muchas de las fincas y casas estaban en mal estado. Los autores de este escrito, firmado por Francisco Pérez y José de Burgos el 17 de agosto de 1820, hacen referencia a que al Prior de este convento le quedaban siete meses para cumplir su trienio en el Hospital y luego marcharse, y que se estaba construyendo una “… casa suntuosa en la villa de Montefrío” a costa de los ingresos del hospital.
Los priores que quedaban a cargo de los hospitales, eran de edad avanzada y ocupaban el cargo por un periodo de tres años, periodo que al parecer era aprovechado para asegurarse su jubilación.X A ello hay que añadir los continuos escándalos que provocaron los presidiarios residentes en el hospital antequerano, que llegaban a auto infligirse lesiones con la finalidad de permanecer más tiempo en la ciudad, y así no volver al duro trabajo que tenían por condena, y que realizaban en la construcción de obras públicas.7
Posteriormente una Comisión formada para ello, informó del estado deplorable del Hospital y de sus habitantes al Jefe Político de la Provincia, y presentaron la propuesta de la creación urgente de una Junta de Beneficencia por parte del Ayuntamiento para solucionar esta grave situación. Así se hicieron cargo del hospital, para luchar denodadamente contra todo tipo de contratiempos y sobre todo contra la penuria económica.II
El decreto de las Cortes Generales, de 1 de octubre de 1820, estableció la supresión de la OH:24
“Las Cortes, después de haber observado todas las formalidades prescritas por la Constitución, ha decretado lo siguiente:
I. Se suprimen todos los monasterios de las Órdenes monacales, los canónigos regulares de San Benito, de la Congregación Claustral Tarraconense y Cesaraugustana, los de San Agustín y los Premostratenses; los conventos y colegios de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa; los de San Juan de Jerusalén, los de San Juan de Dios y de Betlehemitas, y todos los demás de hospitalarios de cualquier clase, y Hospitalario.”
Este decreto se aplica en Antequera el 12 de octubre de 1820, cesando los hermanos hospitalarios, haciéndose cargo de todo el Ayuntamiento,14,25 medida respaldada por el artículo 321 de la Constitución de 1812, donde se confía a los ayuntamientos el cuidado de los hospitales. Asimismo, a través de la Ley General de Beneficencia, se crearon las Juntas Municipales de la Beneficencia Domiciliaria.23 Dos años más tarde, el 16 de marzo de 1822 se constituye la Junta Municipal de Beneficencia, con arreglo al reglamento general dictado por las Cortes extraordinarias, para toda España, formándose una comisión para la vigilancia del hospital y de los niños expósitos.XI
Se creó una comisión encargada para la inspección de las cuentas del presbítero José Pedrosa, y el 18 de agosto de 1823 se presentó un informe con algunas irregularidades en los pagos. Citando a los implicados, se informó o bien que son equivocaciones, o que se hizo erróneamente. Al parecer era práctica común, tanto del prior como del administrador del hospital, la de engrosar las facturas. Tras la escasa documentación presentada por el Prior Josef Pedrosa y tras la visita al hospital, viendo el estado de los niños y de los enfermos, la Junta acordó que inmediatamente se proveyese de lo necesario. Curiosamente, este libro de actas de la beneficencia junto con las pruebas inculpatorias desapareció en esta fecha y fue encontrado el 23 de julio de 1840, junto con las pruebas mencionadas. Estaba oculto en el almacén entre sábanas y otros objetos que no se usaban.XII
Desde este momento la sanidad antequerana quedó bajo la administración, gestión y tutela de la Junta de Beneficencia, y con la denominación de Hospital General se recogían el hospital propiamente dicho, la Casa de Maternidad y el Colegio de los Huérfanos.II Ya en el año de 1835, la mayoría de los conventos antequeranos quedaron vacíos, teniendo o bien otros usos, o bien quedando en ruinas. Como ejemplo el de la Caridad, que finalizó como sede de la Cruz Roja desde 1908.15,26 El 13 de octubre de 1838 se comunicó al Jefe Político que “todo el capital del hospital es de la hospitalidad y nada es de la comunidad de los frailes”, poniendo fin a más de dos siglos de gestión religiosa del hospital.II
La OH formalizó la extinción de sus cerca de 60 conventos-hospitales (salvo las casas de Madrid y Sevilla), con la aplicación del Real Decreto de exclaustración de 25 de julio de 1835. Este decreto produjo consecuencias fatales para la Orden: la mayoría de los hermanos obligados a abandonar la labor sanitaria y social que realizaban, expulsados de sus casas y hospitales, se vieron obligados a vivir de las limosnas o de la asignación estatal.27
La aplicación de la Ley de Beneficencia de 1822 y posteriores leyes permitieron la venta de las propiedades pertenecientes al hospital. Las comisiones municipales fueron las encargadas de la división en grandes lotes de los bienes expropiados a subastar. Aprovecharon esta oportunidad para favorecer a las oligarquías y burguesía locales muy adineradas que podían permitirse la adquisición de estos grandes lotes en detrimento de los pequeños propietarios y campesinos.28
Conclusiones
El análisis de las fuentes primarias, procedentes del AHMA, nos da información muy importante para el conocimiento del funcionamiento del hospital de San Juan de Dios de Antequera, así como de su gestión.
De los resultados de este estudio se desprende que, desde la reunificación hospitalaria iniciada en el siglo XVI, se buscó mejorar su administración, considerándola prioritaria para el buen funcionamiento del hospital antequerano. El prestigio que los hospitalarios habían adquirido en la gestión hospitalaria en otros nosocomios dio lugar a que las autoridades municipales antequeranas aprobaran la dirección del hospital por parte de la OH.
El bulario de la OH no solo recogía las directrices religiosas que debían seguir los hermanos, sino que también establecía las actividades hospitalarias a realizar, primando estas últimas sobre las primeras. No solo prestaron atención a pobres, enfermos y expósitos, sino que se les asignó por parte de las autoridades el cuidado de militares y presidiarios. La gestión y la labor hospitalaria desarrollada por la OH quedó recogida en numerosos libros que nos dan una idea general de la actividad desarrollada en el hospital.
La presencia de la OH finaliza a inicios del siglo XIX. Junto a la incapacidad de cubrir las necesidades asistenciales de la población, que se vieron incrementadas por las epidemias o fiebres propias de la época, influyeron las tensiones y conflictos con los que se inició este siglo y la aplicación de la Ley de Beneficencia de 1822 que organizó la beneficencia pública.
La presencia de la OH en Antequera tuvo tal impacto que, a pesar de los años trascurridos desde que se vieron obligados a dejar el Hospital, el nombre quedó tan marcado para los antequeranos que se han seguido refiriendo a él como Hospital de San Juan de Dios hasta nuestros días.
















