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Actas Urológicas Españolas

versión impresa ISSN 0210-4806

Actas Urol Esp vol.35 no.4  abr. 2011

 

HISTORIA

 

Actualización biográfica del Licenciado Martín de Castellanos de Maudes (¿1545-1614). Nuevos datos documentales

Biographical update of Licentiate Martín de Castellanos de Maudes (1545?-1614). New documented information

 

 

E. Maganto-Pavón

Oficina de Historia de la Asociación Española de Urología.

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Introducción: La semblanza y hechos del licenciado Martín de Castellanos de Maudes (¿1545-1614), cirujano romancista especializado en el tratamiento de afecciones urológicas, y que por sus méritos y prestigio llegó a ser nombrado por Felipe III catedrático de "Urología", quedaron casi definitivamente perfilados en 1994 a raíz de la publicación de su biografía en una exhaustiva obra.
Material y método: Revisión exhaustiva de nuevos hallazgos documentales en la Iglesia de Santa Cruz de Madrid y en el Archivo General de Simancas, a propósito de nuevos datos biográficos de Martín de Castellanos.
Resultados: Se demuestra la existencia de otros hijos en su matrimonio y que su primogénito, colegial en la Universidad de Salamanca, murió como consecuencia de las heridas sufridas tras una reyerta a espada entre estudiantes el 13 de noviembre de 1595. En el trabajo se da amplia noticia del proceso que tuvo lugar en la Universidad de Salamanca a raíz de la muerte del hijo de Castellanos, de la querella interpuesta por éste contra los culpables y de la intervención del propio rey Felipe II a petición del cirujano mediante un mandamiento por escrito al corregidor de la ciudad.
Conclusión: Si bien la trascripción de dichos documentos no modifica los hechos fundamentales de su vida, sí permite dar a conocer este suceso que actualiza su biografía y relaciona de forma directa al urólogo con el monarca.

Palabras clave: Historia; Urología; Cirujanos del Renacimiento; Felipe II; Universidad de Salamanca; Rótulo de vítores.


ABSTRACT

Introduction: The semblance and facts of licentiate Martín de Castellanos from Maudes (1545-1614?), a novelist surgeon specialized in treating urological diseases and who due to his merits and prestige was appointed professor of "Urology" by Philip II, were almost definitively profiled in 1994 through the publication of his biography in a exhaustive piece of work.
Materials and methods: Thorough review of new documentary findings at the Santa Cruz Church in Madrid and at the Simancas General Archive regarding new biographical information on Martín de Castellanos.
Results: It demonstrates the existence of other children from his marriage and that his eldest son, a collegiate at the University of Salamanca died as a result of the injuries he sustained following a sword fight among students on 13 November 1595. The work provides abundant information on the process that occurred at the University of Salamanca as a result of the death of Castellanos' son, of the lawsuit he filed against the culprits, and of the intervention of Philip II himself at the request of the surgeon, by means of a written order to the city magistrate.
Conclusion: Although the transcription of the documents does not modify the fundamental facts of his life, they do give information on this occurrence, which updates his biography and directly associates the urologist with the king.

Key words: History; Urology; Surgeons of the Renaissance; Philip II; University of Salamanca; Bill of acclamations.


 

Introducción

La semblanza y hechos del licenciado Martín de Castellanos de Maudes, cirujano romancista del siglo XVI especializado en el tratamiento de afecciones urológicas, que por sus méritos y prestigio llegó a ser nombrado por el rey Felipe III catedrático de "Urología" el 5 de febrero de 1612, quedaron definitivamente perfiladas en 1994, a raíz de la publicación de su biografía en una exhaustiva obra cuya autoría nos pertenece1. En ella quedó dilucidado que pese a ser un empírico sin titulación universitaria, su buen hacer quirúrgico y la fama que adquirió por sus intervenciones le auparon a gozar de una bien ganada popularidad en la Corte. Su reputación no solo fue reconocida entre sus émulos, sino también por la misma Corona, que le agasajó con honores y distinciones.

La reciente localización de nuevos documentos en el archivo parroquial de la iglesia de Santa Cruz de Madrid y en el Archivo General de Simancas, exige una actualización biográfica del personaje. Si bien la trascripción de dichos documentos no modifica los hechos fundamentales de su vida, sí permite esclarecer un importante suceso que le relaciona con el propio rey Felipe II. Este y otros hechos ejemplifican la alta estima que los monarcas austriacos demostraron siempre para con el cirujano.

 

Biografía del Licenciado Martín de Castellanos

Martín de Castellanos nació en el poblado o lugar de Maudes (Mahudes), cercano a la leonesa villa de Sahagún, a mediados del siglo XVI (entre 1545 y 1550)2. Nada se sabe de sus años de juventud y de sus inclinaciones durante esta etapa. Gracias a las referencias de Francisco Díaz en su Tratado de Urología de 1588 se conoce que Martín de Castellanos se formó quirúrgicamente en la célebre escuela vallisoletana de cirugía del maestro Licenciado Juan Izquierdo, de quien fue discípulo durante tres o cuatro años3. Al igual que su maestro fue un cirujano romancista que se especializó en problemas urológicos, como la talla vesical a la italiana, el tratamiento de las carnosidades uretrales por el método de las candelillas y la herniotomía sin castración2. Después de permanecer el periodo formativo exigido por el Protomedicato junto a Izquierdo se traslada a Madrid hacia 1574. En ese mismo año contrae matrimonio en la Corte con Catalina de Reinoso, hija del cirujano Juan de Clarés, con la que tendría varios hijos. Como dote otorgó a Catalina la cantidad de 350.000 maravedíes (casi 1.000 ducados), suma nada habitual en los compromisos matrimoniales de los cirujanos de la época, ofreciendo además su futuro título de Licenciado como garantía.

Hacia 1580 es probable que tuviera lugar su examen ante el Protomedicato y obtuviera su licencia "particular" para el tratamiento de dichas afecciones. Conocido por su buen hacer práctico y su habilidad quirúrgica3, llegó a alcanzar gran prestigio en la Corte, llegando a formar parte de los cirujanos de la Casa Real en el último decenio del siglo XVI. El mismo Díaz en su obra le señala como un gran ejecutor de la talla a la italiana3. La restrictiva pragmática de 1588, que impedía a los empíricos "cortar y curar" sin la presencia de un médico, probablemente le sirvió para incrementar aún más su notoriedad. En 1594, por su fama y destreza, fue llamado al Escorial por el propio Felipe II para practicar una talla vesical a un monje jerónimo que padecía "mal de piedra". En los documentos escurialenses se le nombra como "un gran oficial de este menester"4.

La cátedra de "Urología" y el polémico nombramiento de catedrático

Entre 1592 y 1608 su buena labor como cirujano se ve refrendada documentalmente en las actas de las sesiones de Cortes de Castilla. Debido a la escasez de cirujanos especializados, el urólogo había solicitado varias veces a esta Institución un marco docente y alguna gratificación para enseñar a otros cirujanos romancistas las técnicas de cistolitotomía a la italiana, la herniotomía y la de las candelillas. Años antes Juan Izquierdo había obtenido su título de "maestro" y un marco docente para su quehacer mediante una petición con una previa "información" de sus cocimientos a las Cortes de Castilla. Su discípulo perseguía idénticas prebendas.

Hasta en tres ocasiones (1592, 1599 y 1608) hubo informaciones de los procuradores acerca del "arte y suficiencia del licenciado Castellanos en curar el mal de piedra, carnosidades y curar quebrados sin dejarlos impotentes y sobre si enseñaría este arte a otros". Pese a que en las actas se habla de que era "el mas eminente hombre y de más opinión, ciencia y experiencia que se sabe y tiene noticia que haya habido para ello", y se recomendaba por algunos procuradores su contratación para enseñar y divulgar sus técnicas, la desorbitada solicitud del urólogo: 1.000 ducados para imprimir un libro que había escrito y 500 ducados de renta de por vida, a cambio de "leer y enseñar su arte y tener practicantes del", parecieron peticiones inaceptables a gran parte de la Cámara.

Para un cirujano romancista un sueldo de 187.000 maravedíes de por vida era totalmente desproporcionado. Aunque en los informes favorables se reconocía "que su arte le permitía conocer en los hombres la existencia de litiasis mediante la tienta y, en las mujeres, conservándoles su virginidad, curar quebrados sin dejarlos impotentes, y extraer cálculos, particularmente los de la vejiga o curar llagas y carnosidades", la solicitud fue juzgada por la mayoría de los comisionados como desmedida. Pero, por si esto fuera poco, aprovechándose de los informes propicios, el engreimiento o la soberbia de Castellanos llegaron al límite al solicitar determinadas prebendas para sus hijos y un título honorífico de catedrático para él.

De la polémica y controversia que durante todo el año 1608 suscitó entre los miembros de la Cámara tan abultada remuneración, y las exageradas peticiones de Castellanos, nos dan noticia las actas de Cortes. El 31 de julio de 1608 un comité médico encargado de la valoración de las aptitudes del cirujano emite por escrito un informe muy favorable para Castellanos, con la recomendación de que por su valía, ciencia y experiencia se le concediesen los premios y títulos que solicitaba para él y para sus hijos. El título de "catedrático" se le concedió el 5 de febrero de 1612, con un salario de 500 ducados anuales de renta de por vida. En el nombramiento de Felipe III se haría constar las competencias y sus habilidades urológicas y la autorización de la Corona para que enseñase las técnicas en una cátedra permanente fuera del ámbito universitario. En la Cédula de concesión5 el monarca afirma: "Por cuanto yo he sido informado que Vos el licenciado Martín de Castellanos en la parte de vuestra arte que toca a sacar piedras y curar de riñones, carnosidades, pasiones de urina y otras enfermedades desta calidad habeis descubierto, así en la teoría como en la práctica, muchas cosas de gran beneficio y provecho para la cura dellas... nos ha parecido que en nuestra Corte se herixa, funde e instituya una cátedra de la dicha facultad en que vos tengais obligación a leer, praticar y enseñar todo lo que sabeis y en las materias de dicha facultad habeis alcanzado...". Según ordenaba la cédula debía impartir las clases en su casa una hora diaria a todos los cirujanos latinos, romancistas y barberos, obligándole a llevar practicantes y oyentes cuando curara y visitara a los enfermos de estas afecciones y curar de balde a los enfermos pobres.

No obstante a las discutibles formas de concesión e irregular modo de obtención del nombramiento esta cátedra, que podemos llamar por su temario de "Urología", reunía la mayor parte de la patología que hoy integra nuestra especialidad. Es la primera así instituida en Europa hasta la época de las especialidades médicas (siglo XIX), por lo que creo que debe reconocerse al licenciado Castellanos como el primer catedrático de Urología en la historia de la Medicina.

El tratado "Pasiones de Orina"

Por las actas de Cortes de Castilla se sabe que Martín de Castellanos escribió un tratado sobre materias y técnicas quirúrgicas relacionadas con la Urología que, junto a sus otras peticiones, fue ofrecido a las Cortes con la intención de que se lo publicasen. El texto manuscrito debió ser juzgado de mucho interés por los comisionados, ya que estos le ofrecieron los 1.000 ducados que el cirujano solicitaba para su impresión. No obstante, la comisión de médicos de Cámara y de las Cortes, aunque defendieron y aprobaron ante el legislativo la publicación del Tratado, condicionó la impresión del mismo a la censura previa del Consejo del Reino.

Aunque hay constancia documentada en la Partición de Bienes del cirujano del título del Tratado: "Pasiones de Orina"6 y de que los censores lo aprobaron, finalmente y a pesar de los acuerdos, parece ser que el proyecto de publicación no se llevó a cabo, ya que no hay constancia de su existencia en la bibliografía médica del siglo XVII, ni tampoco existen noticias del manuscrito en archivos y bibliotecas, por lo que creo que se ha perdido. Al fallecimiento del cirujano parece ser que el manuscrito quedó en poder de uno de sus hijos.

Fallecimiento, testamento y partición de bienes

Martín de Castellanos falleció el 20 de abril de 1614 y fue enterrado en la iglesia de San Martín de Madrid. Un mes antes, presintiendo su muerte, había otorgado su testamento. Mediante este y la partición de bienes, hemos podido conocer la inmensa fortuna que acumuló durante su vida y que antes de morir constituyó y fundó dos Vínculos Mayorazgos con la mayor parte de sus bienes para sus dos hijos, por un valor de 50.000 ducados. Aparte de las propiedades e inmuebles en la Corte, los Mayorazgos incluyeron la heredad de Maudes, lugar donde había nacido y que le pertenecía.

Durante el siglo XVII la clase médica titulada fundó innumerables Mayorazgos, Memorias y Capellanías. Los cirujanos de más prestigio intentando emularlos también los instituyeron, pero estos últimos con menor consideración social los crearon en menor número. Desde 1567 la Ley 42 de Toro exigía siempre la facultad o la licencia del Rey para fundar Mayorazgos, lo que restringía aún más las posibilidades de los que no estuvieran cercanos a la Corona o en su círculo de influencia. Castellanos consiguió la preceptiva licencia y Facultad Real de Felipe III el 8 de noviembre de 16131. Este hecho evidencia el aprecio que el monarca demostró hacia el urólogo y el poder social que tuvieron algunos de estos cirujanos especializados.

 

Nuevos testimonios documentales

Gracias a la investigación realizada en los libros de la iglesia de Santa Cruz, que en la actualidad se conservan en el Archivo Arzobispal de Madrid, descubrí no solo la partida de defunción del cirujano y de su esposa, Catalina de Reinoso, sino también las partidas de bautismo de los 7 hijos de Martín de Castellanos (Diego, Agustina, Martín, Bernabé, Hernando, Juan y Ana).

Ahora bien, por el Testamento, Partición de Bienes y Fundación de los Mayorazgos del licenciado Castellanos1, pudimos conocer que a la muerte del urólogo le sobrevivieron dos hijos, Bernabé y Diego, que heredaron la cuantiosa fortuna de su progenitor. Uno de ellos, Diego, gracias a las peticiones de su padre, conseguiría llegar a formar parte del Consejo Real con Felipe III y sería corregidor de la villa de Vivero y alcalde de Corte en Navarra con el rey Felipe IV.

No he podido descubrir las actas de defunción de Hernando y Juan, que posiblemente fallecieron antes de 1609, ya que la mortalidad infantil durante el siglo XVI era muy alta y no siempre se transcribían en los libros parroquiales los nombres de los fallecidos, sobre todo si estos eran recién nacidos o muy pequeños. Las dos hembras, Agustina y Ana, si no fallecieron, quizás ingresaron en algún convento y por ello tampoco se las cita en el Testamento.

Sin embargo, buscando otra documentación en el catálogo del Archivo General de Simancas, con motivo de otro trabajo7, descubrí un documento titulado: "Proceso e información hecho por el Licenciado Hierro, juez escolástico del Estudio y Universidad de Salamanca, sobre la muerte de Martín de Castellanos" (Referencia del A.G.S: Sección Consejo Real de Castilla, legajo 469,5) que nos aporta interesantes noticias sobre el primogénito del cirujano, Martín, colegial en la Universidad de Salamanca, y que murió dos días después de una estocada en una reyerta a espada entre estudiantes (Figura 1).


Figura 1. Folio preliminar del legajo 469,5 (CRC, 469,5) del AGS: "Processo e información
hecho por el licenciado Hierro, juez escolástico del Estudio y Universidad de la ciudad
de Salamanca sobre la muerte de Martín de Castellanos".

 

Antecedentes y detalles del proceso judicial

El juicio por la muerte del colegial Martín de Castellanos, sucedida en Salamanca tras una reyerta entre estudiantes en la noche del 13 de noviembre de 1595, duró varios meses durante los cuales el juez encargado del proceso, el Licenciado Gaspar del Hierro, juez escolástico del Estudio y Universidad de Salamanca, tomó múltiples declaraciones y confesiones, hizo infinidad de diligencias, realizó varias informaciones, practicó muchas detenciones y proclamó numerosos autos y edictos, que al final sirvieron para bien poco. Los principales culpables del asesinato huyeron de la justicia.

En el proceso además se vio involucrado el propio Felipe II quien, a petición del licenciado Castellanos, tuvo que escribir con máxima premura al corregidor de la ciudad ordenándole remitiera copia íntegra del proceso al cirujano, y para que tratara de localizar a los fugados y castigarlos adecuadamente. Según los escritos del querellante, en la trama estaban involucrados dos alguaciles de la ciudad y las penas impuestas a los prófugos no se correspondían con el delito perpetrado.

El mandamiento de Felipe II al corregidor fue efectuado solamente tres días después de la muerte del hijo, lo que denota la rapidez con la que el cirujano presentó su querella y lo presurosa que fue la respuesta del monarca, a pesar de la lentitud con la que funcionaba la burocracia filipina y la tardanza con la que llegaban las noticias de una ciudad a otra. En mi opinión, en este caso, el rey tuvo para el cirujano una deferencia no habitual, lo que evidenciaría que le conocía y el aprecio que debía sentir por él. Después de 5 meses de sucedido el asesinato, sin haberse conseguido localizar y castigar a los culpables, el Consejo Real nombró en comisión a otro Juez salmantino, el doctor Ávila, quien dictó un nuevo auto de reposición sin que, al parecer, su gestión diera resultados.

Sería exhaustivo exponer aquí todos los detalles del proceso que abarca nada menos que 242 folios, de los cuales he podido transcribir íntegramente el 90% del material microfilmado. Ahora bien, realizaré un resumen de lo más importante, trascribiendo de forma fidedigna lo más sustancial de las actas de las sesiones. La copia íntegra de las actas y diligencias del proceso fueron efectuadas por el notario salmantino Antonio Maldonado. Lleva el título: Al licenciado Martín de Castellanos de Maudes, cirujano del Rey Nuestro Señor, residente en su Corte. Esta copia, guardada en el Archivo General de Simancas (CRC, 469,5), es la que me ha permitido conocer a fondo el proceso (Figura 2 y Figura 3).


Figura 2. Folio preliminar del legajo 469,5 (CRC, 469,5) del AGS: "Al licenciado Martín de
Castellanos de Maudes, cirujano del rey Nuestro Señor, residente en su corte", título de la
copia completa del proceso enviada al cirujano por orden de Felipe II.

 


Figura 3. De izquierda a derecha: A. "Mandamiento del Rey Felipe II al Corregidor de la
ciudad de Salamanca haciéndole conocedor de la querella interpuesta por el licenciado
Martín de Castellanos por la muerte de su hijo y ordenándole varios asuntos que afectan al
proceso". Folios 105r-107v del legajo 469,5 (CRC, 469,5) del AGS; B. "Querella criminal del
licenciado Martín de Castellanos de Maudes contra los culpables de la muerte de su hijo
presentada ante el Consejo Real". Sin foliar, pero corresponde a los folios 120r-120v del
legajo 469,5 (CRC, 469,5) del AGS; C. "Súplica del licenciado Martín de Castellanos ante el
Consejo Real, haciéndoles partícipes de la fuga de los culpables y solicitando algunas
peticiones". Sin foliar, pero corresponde a los folios 121r-121v del legajo 469,5 (CRC, 469,5)
del AGS.

 

Las actas del proceso comienzan por la declaración de Martín de Castellanos en el lecho de muerte (fols. 1r-3r), falleciendo dos días después. El Licenciado Pantigoso, que le atendió, consideró la herida mortal. El juez tomó declaración a los testigos de la muerte y al médico (fols. 27 r-29r y 58b-59r). Tres días después de la muerte del estudiante llegaba a Salamanca el Mandamiento de Felipe II al corregidor, por el que se daba a conocer que su padre, cirujano real, había presentado una querella provisional ante el Consejo del Reino contra todos los que resultasen culpados por la muerte de su hijo. De la carta del monarca se deduce que el licenciado era solo en parte conocedor de los hechos y de los turbios antecedentes del crimen. Sin embargo, intuyendo los problemas de jurisdicción que podía haber durante el proceso, solicitaba del rey el cambio de juez del Estudio por uno de la Corte y una copia íntegra de las informaciones y ejecuciones llevadas a cabo. Felipe II accedió solo en parte a sus peticiones (fols. 105r-107v).

Quince días después de los hechos, tras numerosas comparecencias de testigos, declaraciones de algunos de los presuntos acusados, detenciones y puestas en libertad de algunos de ellos tras haberse fijado fianzas y haberse constatado la fuga de los principales implicados, el fiscal dictó una notificación de acusación y culpabilidad. El licenciado Castellanos, por intermedio de otro de sus hijos que también estudiaba en la ciudad, y de Tomé del Peso, su abogado y procurador, no debió quedar muy de acuerdo con todas estas actuaciones del Juez (fols. 88r-89v).

Aunque en el manuscrito no consta la fecha exacta en la que fue impuesta la querella definitiva del licenciado Martín de Castellanos contra todos los verdaderos culpables, incluidos los dos alguaciles salmantinos más importantes, el texto de la carta permite conocer en detalle todos los hechos que rodearon el crimen, en el que también se vieron involucradas varias mujeres públicas vestidas con hábito masculino, hecho muy perseguido por las leyes de la época. Los alguaciles Mayor y Ordinario de Salamanca hubieron de defenderse por escrito de las acusaciones (s.f. pero corresponden a 120r-120v).

Cinco meses después de los hechos, una nueva carta de súplica del Licenciado Castellanos, presentada ante el Consejo Real el 28 de abril de 1596, nos permite saber que el caso seguía sin resolver. Los prófugos culpables no habían sido capturados, y a pesar de que el juez Gaspar del Hierro había sido reemplazado por otro, comisionado por el rey, sus gestiones habían resultado igualmente infructuosas. El nuevo juez, el doctor salmantino Ávila, posiblemente fue nombrado por Felipe II para solucionar el conflicto de competencias que existía entre la jurisdicción civil y la universitaria de Salamanca. Al estar involucrados en el proceso dos alguaciles de la ciudad, que no obedecían las órdenes del juez del Estudio, el Consejo Real decidió solucionar el vacío legal que existía entre ambas jurisdicciones para aclarar el complicado caso. Por otra parte, el castigo impuesto a los prófugos y acusados por el juez del Estudio: pena de Excomunión Mayor, debió parecer insuficiente al licenciado Castellanos. En esta ocasión la súplica está firmada solo por el doctor Jugal, que debía ser su valedor ante el Consejo (s.f. pero corresponden a 121r-121v).

Contexto histórico de los hechos

El acto de la rotulación de vítores (víctores) durante el siglo XVI fue un acontecimiento cotidiano pero muy vigilado, e incluso penado por la legislación universitaria del Estudio de Salamanca. La ceremonia de las pintadas en las paredes de las casas más importantes de la ciudad o en las de las facultades, está muy bien descrito en la literatura de la época8-10 y por historiadores11,12. Su realización se rodeaba de una parafernalia que a veces acababa en tragedia. Muchos de aquellos rótulos aún perduran, e incluso hoy en día la rotulación de vítores sigue siendo un acto característico y tradicional de la Universidad salmantina.

El anagrama de color rojo que combina las letras V, I, T, O y R (VITOR), palabra latina que en castellano debe ser traducido por "VIVA", se pintaba acompañado del nombre o apellido del que obtenía la titulación de doctor, lograba una cátedra, o también para resaltar los méritos de un aspirante. Su ejecución seguía unas normas estrictas en cuanto al texto, a la perfección de las pintadas y al material utilizado como pintura (una mezcla de colorante rojo, obtenido con almagre, sangre de toro y pimentón), pero no tanto el acompañamiento de gentes que requería la solemnidad. El rótulo se efectuaba por un grupo de estudiantes, más o menos organizado, que defendía a un determinado aspirante a cátedra el cual gozaba de mayor reconocimiento entre los que lo defendían ("camarada"). Como muchas veces existían grupos opositores a ese aspirante, u otros que amparaban a otro candidato, la reyerta estaba servida cuando ambos se encontraban rotulando a la misma hora y día.

Era tanto el fervor de algunos grupos de apasionados por su pretendiente que llegado el momento de la rotulación, previendo el encuentro con otros no afines, salían con armas y elementos protectores de la época (rodelas, broqueles, montantes, etc.). Desde décadas, los sucesivos Estatutos de la Universidad de Salamanca proscribían a los estudiantes portar armas, ni de día ni de noche, pero las Constituciones de Zúñiga de 1594 (título XXXIII, art. 32) prohibieron expresamente la utilización de armas durante la rotulación bajo pena de 10 días de cárcel y la confiscación de las mismas13. El rótulo en sí mismo podía estar penado con la cárcel cuando no se obtenía el preceptivo permiso para realizarlo ante la jurisdicción ordinaria. Pese a ello, durante los siglos XVI y XVII se siguió rotulando con asiduidad con o sin permiso, e incluso portando armas.

La muerte de Martín tuvo lugar con motivo del rótulo que el grupo afín al licenciado Simón Rodríguez, aspirante a una cátedra en la Universidad, decidió escribir en las casas del Consistorio el 13-XI-1595 (fols. 40b-42r). Al parecer, en este caso no hubo oposición por parte de ninguna otra bandería y fue una fatal coincidencia la que hizo que se encontraran en el lugar Martín de Castellanos y Bartolomé de Espinosa, este último perteneciente al grupo rotulante y enemigo declarado del primero por alguna causa previa que no queda explicada en el juicio.

No obstante, independientemente del asesinato y la inoperancia del juez escolástico, en el proceso de Martín de Castellanos había muchas contradicciones. La desidia de los alguaciles, la concurrencia de varias prostitutas vestidas con hábito de hombre durante el rótulo, el más que posible estado de embriaguez de algunos de los asistentes al evento que portaban armas ofensivas y defensivas de toda clase, y la pena de tipo religioso impuesta a los fugados, eran causas más que suficientes para entablar la querella. La justicia universitaria no había sabido, o podido, resolver la causa.

Como bien discernió el cirujano en sus escritos, era necesario un juez de otro ámbito, ya que la actitud o incompetencia de los alguaciles civiles había sido la causa principal de la fuga de los acusados y de que su delito quedara impune; también ellos eran culpables. Al final, y pese a la intervención indirecta en la causa de Felipe II, ninguno de los objetivos del querellante se vio cumplido.

 

Conflicto de intereses

El autor declara no tener ningún conflicto de intereses.

 

Agradecimientos

Los documentos que se reproducen en este trabajo pertenecen al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Archivo General de Simancas. Sección Consejo Real Castilla, legajo 469,5. Se publican con su autorización.

 

Bibliografía

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Dirección para correspondencia:
Correo electrónico: EMILIOMAGANTO@telefonica.net

Recibido 24 Enero 2011
Aceptado 24 Enero 2011

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