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Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría

versión impresa ISSN 0211-5735

Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq. vol.30 no.1  ene./mar. 2010

 

LIBROS

 

Críticas

 

 

RENÉ DESCARTES, La búsqueda de la verdad mediante la luz natural, KRK, 2009, 104 pp.

Además de sus publicaciones de mayor tamaño, desde 2007 esta editorial ovetense ha puesto en marcha unos valiosos y magníficamente cuidados "Cuadernos de pensamiento". Suman ya una docena de títulos, muy bien concebidos, que rescatan textos breves de pensadores, médicos, científicos originales, como Bayle, Peirce, Max Weber, Wittgenstein, Sydenham o Torres Quevedo. Una vez más, la versión e introducción, en este caso de Juan Canal, es excelente.

Un texto de Descartes suele ser una joya y La búsqueda de la verdad lo es no sólo por su contenido sino también por el escaso conocimiento general de su existencia, por su carácter dialogado (no muy cartesiano) y porque se conserva buena parte de esa pieza notable gracias a su versión al latín que hizo Leibniz, que compensa la pérdida de un trozo del original francés.

La conversación se desarrolla entre tres personajes, el erudito y avasallador Epsitemón, el hombre normal y razonable Eudoxo y el receptor del criterio cartesiano, Poliandro, personaje mudadizo pero abierto interlocutor de los otros dos. Éste dirá, entre otras cosas, que quiere emplear su atención "en dudar si no habré soñado todo en mi vida y si todas las ideas, que creía que sólo podían entrar en mi espíritu por la puerta de los sentidos, no se habrán formado por sí solas, tal como se forman otras semejantes siempre que duermo". Y es asimismo el que reconoce, al fin, que el pensamiento es lo único cuya naturaleza no puede separar de él mismo: "Pues si, cosa indudable, es cierto que dudo, no menos cierto es que pienso; en efecto, ¿qué es dudar sino pensar de una cierta manera?".

El diálogo se interrumpe cuando Poliandro va a hablar de los aspectos contenidos "en la idea de una cosa que piensa"; y dice que requeriría días enteros para explicarlos. Esto es lo que queda del escrito rescatado en 1684, mucho después de su muerte. Parece que está redactado en su época de madurez, como propone Canal; y habría que situar sus argumentos o sus dudas al lado del Discurso del método y de las Meditaciones metafísicas. Su lenguaje claro, directo, limpio, matizado es del mejor Descartes. Y ahora lo revisamos gracias a una forma dialógica reverdecida en el siglo XVI y que él no olvidó del todo, pese a su preferencia manifiesta por una línea "confesional" modernísima.

Mauricio Jalón

 

VV. AA., El rival de Prometeo. Vidas de autómatas ilustres, Impedimenta, 2009, 396 pp.

Esta recopilación notable de textos, hecha por Marta Peirano, va desde los clásicos modernos hasta los teorizadores de la inteligencia artificial del siglo XX. El universo de autómatas que nos presenta tan bellamente no es científicamente diáfano. Al contrario: es, primero, una aspiración clasicista; luego, una turbiedad o curiosidad romántica y hasta proto-freudiana; pero asimismo viene a ser finalmente un trampolín, en los dos textos finales, para la información-automática que se ha metido en nuestras técnicas de escritura y de pensamiento.

El punto de partida es Descartes y su Tratado del hombre, donde se aprecian a las claras los efectos del mecanicismo curativo del siglo XVII (la iatromecánica). Del siglo XVIII, elige de la Encyclopédie de Diderot el artículo "Androide", que es una referencia al "Mecanismo de un autómata" de Vaucanson (su pato mecánico), también incluido. Por otro lado, recoge un influyente escrito de entonces, El hombre máquina, de La Méttrie. Eso indica que el libro deja al margen el contra-mecanicismo vitalista, que dará lugar a la nueva biología, pero es que esa no es su línea argumental.

Del siglo XIX arranca la visión inquietante del invento artificioso -las máquinas fatales-, tal y como aparecen en El hombre de arena de Hoffmann (1816), un clásico cuyo referente moderno es Lo siniestro (1919), de Freud, y que también se incorpora al libro. Al lado de ellos están La Eva futura (1886), de Villiers de l'Isle, con su reproducción mecánica de una mujer amada, y Metrópolis de Thea von Harbou de 1927, que hizo el guión la película de Lang sobre la ciudad mecanizada. Otro apartado paralelo, en el que se mezclan ingenio y misterio, revisa las visiones de Poe o de Ambrose Bierce en torno al ajedrez, juego mental por antonomasia, y patrón de mentes artificiosas. No podemos detenernos en otras presencias de lo automático, como aparecen en el escritor radical Samuel Butler o en los Robots universales del checo Capek, pero el prólogo del libro nos sitúa bien en la línea sinuosa que estamos resumiendo.

Las cien páginas finales, se sitúan en otro plano, muy del siglo XX. Tras exponer las sucintas leyes de la robótica de Asimov, en 1942, nos ofrece dos escritos de matemáticos. El primero es "¿Puede pensar una máquina", del genial computador Turing (1912-1954), en cuyo final significativamente habla de la necesidad de introducir lo aleatorio o azaroso en las máquinas. Y "La singularidad" (1993), del norteamericano Vinge (nacido en 1944), remacha esa idea al imaginar un modelo que se situaría por encima de los límites del viejo mecanicismo.

Todo nos conduce al terreno tecnológico de la inteligencia artificial, en parte contiguo a esa "cibernética" o nuevo arte de control que se creyó avistar a mediados de siglo, pero asimismo al mundo de la información generalizada (no sólo por ser automática), que supone un acceso más amplio a ciertos conocimientos y una homogeneización entre medios rurales y urbanos, de muy distintos lugares. Todo ello repercutirá en el desarrollo de la ciencia en el siglo XXI.

Otra cosa es la seguridad cientificista, que algunos predican, en la creación de otra inteligencia. Pues presupone saber hasta el fin de qué consta la nuestra. Esa cuestión, inundada por la biotécnica, sólo es un rodeo que huye de todo lo que han suministrado las ciencias humanas en dos siglos. Su énfasis matemático y mecánico quiere evitar los conflictos de la mente mediante una no declarada caja negra apta para todo tipo de "entradas" y "salidas", carentes pues de pasiones. Pero, visto al trasluz, esta arqueología del prometeo actual es muy provechosa.

Óscar Rubín

 

ROLAND BARTHES, Diario de duelo, Paidós, 2009, 272 pp.

Es bien sabido que, en 1975, con su autobiografía Roland Barthes par lui même, este crítico tan valioso logró una atención inusual en el público que se prolongaría hasta su muerte en 1980. Durante cierto tiempo, hubo un período de silencio en torno a sus escritos, motivado en parte por la desaparición del propio Barthes (coincidió con la de su parcialmente inspirador Lacan), y en parte por el estiaje de la renovación humanística que se había producido gracias a su generación.

Cuando se publicaron en Francia sus obras completas, a partir de 1993, muchos vieron en ellas un trabajo académicamente valioso, pero nada tenía que ver con el comentario boca a boca que Barthes había suscitado antes; y, de hecho, sólo la editorial Paidós hizo alguna selección de sus escritos nunca agrupados en libros.

Acaso la normalización de su legado pudo percibirse tras la bella exposición R/B en París el Centro Pompidou, pues desde ese año, 2002, aparecieron de seguido varios tomos de sus seminarios: Cómo vivir juntos, Lo neutro, La preparación de la novela y El discurso amoroso. Y en 2009 se han recuperado en Francia dos libros de notas inéditos: Cuadernos del viaje a China, muy fragmentado pero revelador de su distancia con las ideas políticas de su época, y este Diario de duelo donde el crítico francés va describiendo un dolor abismal tras la desaparición de su madre.

El Diario, iniciado el 26 de octubre de 1977 -al día siguiente de esa muerte, para él insufrible-, arranca con un interrogante para su futuro inmediato: "¿Primera noche de duelo?". El 30 de noviembre escribe aún que no va a hablar de un Duelo pues resultaría demasiado psicoanalítico, que de hecho no está en duelo sino que padece una pesadumbre. Sus anotaciones continuas muestran que una parte de él vela en la desesperación ("¿Cómo voy a poder vivir aquí yo solo?"), que esa pesadumbre es inmutable y a la vez esporádica (febrero de 1978), que determinada literatura triste le produce un sofoco ante la verdad, así reflejada, que él experimenta día a día.

Escribirá, al poco tiempo, su gran libro final -La cámara clara (1980)-, que resulta de rebuscar en la "cámara oscura" de la fotografía y además en el rostro aún brillante de una fotografía materna. Pues este ensayo es resultado de esa gran oscuridad filial arrastrada aún en 1979, de esa pastosa tristeza -singular, pero en cierta medida universal- que no puede verse ni entenderse mejor que leyendo este Diario, con el que su obra se abre hoy de nuevo a todos.

Mauricio Jalón

 

GEORGES DIDI-HUBERMAN, Survivance des lucioles, Minuit, 2009, 144 pp.

Después de recuperarse en castellano su libro inaugural La invención de la histeria, y, en 2009, el enigmático Ser cráneo, así como su obra sobre Aby Warburg, La imagen superviviente, en Francia acaban de publicarse Cuando las imágenes toman posición (aparecida inicialmente en Madrid), y este ensayo, Supervivencia de las luciérnagas. Suponemos que será traducido de inmediato, pues al parecer se ha normalizado la incorporación de Didi-Huberman -que es mucho más que un historiador del arte, como vemos- a nuestra cultura.

En Supervivencia de las luciérnagas, a partir de un escrito de Pasolini sobre la conciencia de destrucción del paisaje (o la desaparición de esos animales fosforescentes que dan el título al libro), el autor hace un balance de la idea de Agamben relativa a las "hecatombes" definitivas de nuestro mundo, las contemporáneas. Sin ocultar su admiración por el pensador italiano, no deja de criticar su óptica. Señala por un lado el peso apocalíptico, por ende paralizador, de ese diagnóstico letal que hay en parte de su obra y, por otro, la referencia mesiánica, salvadora, como una alternativa engañosa que también nos ofrece Agamben. Pues en ella se dibujaría un "nuevo horizonte" ideal y algo vaporoso, del que conviene más bien desconfiar.

Puede haber luz y puede haber tinieblas, pero vivimos al menos "entre dos luces" dice Didi-Huberman en este libro. Y prefiere ir configurando, tras la lectura de Benjamin, de Aby Warburg y finalmente de Bataille la posibilidad de elaborar luces parciales, insistentes, medio apagadas y medio encendidas también; ellos, que vieron el apagón europeo antes de 1940. Son destellos tenues o "luciérnagas" que han de funcionar como resistencias efectivas ante una situación de agobio y destrucción que hoy (por ejemplo en Italia, como dice el autor) parece generalizarse. Pues constatar el malestar cultural del presente no basta si se desea proseguir avanzando con un pensamiento crítico de la psicología colectiva de hoy.

Recordemos finalmente que Didi-Huberman utiliza el psicoanálisis desde un punto de vista crítico (no clínico); que -en su análisis constante de ciertas supervivencias- es central la idea de "síntoma", esto es, el hallazgo de síntomas propios, a modo de fogonazos. La "verdad" que nos descubre o nos desvela es sólo momentánea; lo decía ya Benjamin: es un destello, un destello fugaz; sólo dura un instante, y sólo puede ser transitoria.

Andrea Rubín

 

YVES BONNEFOY, Relatos en sueños, Cuatro, 2009, 174 pp.

Hoy, unos veinte libros suyos están traducidos a las lenguas peninsulares, pues seguramente es la figura capital, y la más veterana, de las letras francesas. Todo libro de Yves Bonnefoy (nacido en Tours, 1923) es un acontecimiento. Como, en los últimos años, ha ido reordenando toda su vastísima obra -crítica artística, rememoración, poesía-, ahora cabe disfrutar con más libros suyos y ver bien la dimensión gigantesca de su trabajo.

De todos modos, Relatos en sueños era ya un clásico, inexplicablemente no traducido. Es el volumen más importante de su prosa libre. Es una obra que brotó de la experiencia inmediata, y que fue trabándose, como una pintura bien removida, hasta enriquecerse con mil matices. Es una proyección reflexiva de ciertos sueños reales, de ciertas imaginaciones personales, de determinadas imágenes borrosas o de experiencias mnemónicas que llegan al tuétano de su mente.

Sus afectos familiares aparecen de pronto como un rumor de fondo, creador e impreciso por fuerza. Nada mejor que dejar que el autor hable: "Me despierto, y durante todo el día no dejo de pensar en esa ciudad iluminada, en ese muelle, en esa incomprensión absoluta, con gran tristeza y un sentimiento de soledad... Luego, por la tarde, sonó el teléfono, y me enteré de lo que había pasado la noche anterior. Mi madre, que vivía sola en mi ciudad natal, al ir a acostarse, había sido víctima de una congestión cerebral, y se había quedado tumbada durante toda la noche, y después por la mañana, en el suelo, casi inconsciente -soñando sin duda". Dado el vértigo afectivo y fundacional que lo acompaña, parece renovar una y otra vez un mito personal, una pequeña esfera de significados muy significativa en Bonnefoy, muñidor de un gran Diccionario de las mitologías.

Como alguien que escucha bien, sabe que las voces a menudo se hacen otras ("las palabras son distintas de lo que dicen, querido amigo"), que hay un cambio brusco de formas expresivas, que el núcleo de todo es muy tenue y alambicado, pero actúa como un imán creativo.

Bonnefoy sintetiza en este libro sus desconciertos y vacilaciones más decisivos, esto es, sus huecos en la identidad: "Intento averiguar, primero con alegría, entre algunos de quienes se encuentran más cerca: ¿En qué ciudad estamos? Pero, es extraño, no entienden lo que pregunto. Las cabezas se vuelven hacia mí, me sonríen, han captado el sentido de mis palabras, lo veo, la incomprensión no es cosa de lengua -y sin embargo, más profundamente, no pasa nada. Intento entonces formular de otra manera mi pregunta, de pronto angustiada. Por ejemplo: ¿cómo llama usted a este lugar, donde vive?". Este territorio semidesconocido es, además, el de un gran poeta.

Vicente Pizarro

 

NATALIA GINZBURG, Ensayos, Lumen, 2009, 448 pp.

Hija de Giuseppe Levi, médico triestino-judío, y de Lidia Tanzi, católica, Natalia Ginzburg (1916-1991), tuvo una vida especialmente complicada y difícil, que resume todos los avatares italianos de su siglo: desde el fascismo (su primer marido, Leone Ginzburg, murió torturado por los nazis en Roma, en 1944), pasando por la gran difusión de la cultura con la Editorial Einaudi (donde trabajó y publicó), hasta la vida cívica, ya que al final de su vida participó en dos legislaturas, antes del hundimiento político italiano. Católica y judía, ligada al prestigioso partido de acción y luego al eurocomunismo, todo su trabajo lo llevó siempre a cabo con una manifiesta independencia, que a menudo ha irritado a unos y otros.

Escritora y ensayista de primera fila, Natalia Ginzburg ha sido conocida en las dos últimas décadas en nuestro país por sus novelas y relatos, tan densos y cristalinos. Pero sólo Las pequeñas virtudes, vertido en 1966 y luego reeditado, nos dio una muestra temprana de su ensayismo, medio autobiográfico medio analítico. Ahora, felizmente se reúnen en este volumen Nunca me preguntes (1970) y No podemos saberlo (2001), que son dos grandes libros de ensayos suyos; y es fundamental para entenderla a ella (fue su diario en público) y para nosotros, dada su lucidez.

Su oficio de narradora, implicada en primera persona, no la aleja mucho de sus escritos menos narrativos, y por otro lado su gran Léxico familiar -si bien retrataba con mucha ironía y también con cercanía a su familia- también representaba un mundo histórico: es el que hace de trasfondo de las reflexiones personales que esos dos libros atados nos ofrecen y que por cierto se cierran con una aguda autobiografía en tercera persona, escrita en 1990.

'Mi psicoanálisis', 'Infancia', 'La infancia y la muerte', 'Vida colectiva', 'Piedad universal', 'Del aborto', 'El sexo es mudo', 'La violencia sexual', 'Mujeres y hombres', 'El valor y el miedo', 'Sobre el arrepentimiento y el perdón', 'La vejez', 'La muerte'... éstos son algunos de los títulos de sus Ensayos, muy explícitos de su contenido, entre los casi 70 artículos (aparecidos en la prensa o revistas) que contiene. No requieren más que leerlos despacio.

La claridad, la expresión directa, y la originalidad nada rebuscada de la autora -que no se sentía, a su pesar, ni sabia ni serena- dotan a estas páginas de un carácter levemente atemporal, como sucede con los relatos de su admirado Chejov. En su propio psicoanálisis decía no sentirse enferma sino solo confusa y "culpable"; esto es, compleja. Su escritura ha supuesto un modo atormentado, discontinuo e impulsivo de acercarse a personas, acontecimientos e ideas. Muy crítica consigo misma, Natalia siempre se sintió cerca de los que pierden.

Mauricio Jalón

 

BORIS SAVINKOV, El caballo amarillo. Diario de un terrorista ruso, Impedimenta, 2009, 184 pp.

Publicado en 1909, este retrato psicológico es una pieza maestra, por su economía verbal y por su verosimilitud. También lo es por la rara indiferencia de su autor, el ucraniano Boris Savinkov (1879-1925), que fue un revolucionario enmascarado, un aventurero y un famoso terrorista.

Su escrito, conocido en París por la generación de Picasso -que era de hecho la suya-, tiene antecedentes poderosos y reputados en obras de Turguéniev o de Dostoyevski, el cual además fue condenado a muerte como Savinkov. Por supuesto que El caballo amarillo, por su seca depuración muy de los inicios del siglo XX, no discurre al modo de los nihilistas de Padres e hijos, o del insurrecto Demetrio Rudin de Turguéniev, ni de los retorcidos extremismos que aparecen en las obsesivas capas de Los endemoniados de Dostoyevski. Muy cerca, pero sólo en el tiempo, del libro de Savinkov estarían Andrey Biély y su novela fundamental del siglo XX, San Petersburgo (1913), pues -aunque una bomba ronda en ella- sus páginas, muy elaboradas y cuajadas de imágenes, están dirigidas por un poderío verbal sobre todo creador más que "informativo".

El texto del que hablamos es de otra naturaleza. El caballo amarillo relata breve y secamente la vida del terrorismo y también el ocultarse ciudadano en Rusia, hacia 1905, en medio de una sociedad de la sospecha generalizada. Como dice su excelente prólogo, el protagonista tiene más bien que ver con el futuro, con ciertos personajes de Camus, por ejemplo. Y también, con ciertas actitudes de los años de plomo europeos, que seguimos aún pagando.

Opta el narrador -tan preciso como enigmático- por hablar abstractamente del mundo, por mantenerse apartado de las cosas. Está dictado por una necesidad inexorable: la de asesinar a un gobernador moscovita. Como esos revolucionarios eran rigurosamente herméticos, elige la depuración expresiva como procedimiento para mostrar su "distancia" ante la vida ordinaria. Por los hechos que prepara el terrorista en su Diario, la acción se define en un microcosmos vacío, radicalmente nihilista, dominado por nuevas locuras, por confusas energías que determinan una singular psicología autónoma.

Hay en El caballo amarillo un reconocido "deseo de matar". Y sin embargo la obsesión de todos los personajes es la culpa, la religión cristiana, cierta espiritualidad personal. ¿Cuándo acabará todo esto?, se queja algún interlocutor... ¿Por qué? ¿Por qué?, se dicen de continuo todos ellos en fríos hoteles, en cruces de calles donde están al acecho... Así los vemos, claramente bloqueados, y suspendidos en el tiempo.

Esteban Calvo

 

MICHEL SALAZAR, CONCHA PERALTA, FRANCISCO JAVIER PASTOR, Tratado de psicofarmacología. Bases y aplicación clínica. (2ª Ed.). Editorial Médica Panamericana, 2009, 948 pp.

Respecto de la primera edición de 2005, esta segunda edición, recientemente publicada el pasado noviembre de 2009, ha sido ampliada y muy mejorada: maquetación y formato nuevos, 26 nuevos capítulos y 250 páginas más de extensión. El libro cuenta con un elenco diverso y cualificado de 140 autores que han trabajado, dirigidos y coordinados por los editores de la obra, para ofrecer al lector de manera estructurada un panorama holístico y profundo de la psicofarmacología. En esta nueva edición es posible encontrar no sólo aspectos de psicofarmacología pura, con un estudio pormenorizado de casi todos los principios activos, sino también otros aspectos relevantes y novedosos (por ejemplo, alteraciones de la coagulación producidas por ISRS, disfunción sexual por antidepresivos, síndrome endocrino metabólico, síndrome de discontinuación...). Otro capítulo singular por ser generalmente inexistente en otros textos, la administración parenteral de antipsicóticos (Clínica Depot), repasa y actualiza monográficamente los conocimientos en esta área.

Esta segunda edición ha resuelto felizmente algunos aspectos deficitarios de la anterior, disponiendo de un índice analítico exhaustivo que permite localizar las áreas de interés con facilidad. La obra se estructura docentemente y permite un avance progresivo y ordenado a través del intrincado, sofisticado y complejo mundo de la farmacología en psiquiatría y ciencias afines.

Talía Rincón

 

SHORTER E, HEALY D., Shock Therapy. A History of Electroconvulsive treatment in mental illness. New Brunswick: Rutgers, 2007

El canadiense Shorter es catedrático de Historia de la Medicina y autor de libros como "The reinvention of hysteria", "Before Prozac: The Troubled History of Mood Disorders in Psychiatry", o el "Historical Dictionary of Psychiatry". David Healy es un psiquiatra irlandés, afincado en Gales, conocido por sus opiniones críticas y porque tras presentar una conferencia en la que ponía en cuestión el uso de antidepresivos fue excluido a última hora de una cátedra en Toronto que precisamente contaba con un importante apoyo económico por parte del fabricante de un destacado antidepresivo (en http://www.pharmapolitics.com/ puede seguirse lo sucedido).

Espoleados por Max Fink, uno de los expertos mundiales en el campo de la Terapia Electroconvulsiva, ambos han unido sus esfuerzos para elaborar este interesantísimo volumen, que repasa la historia de las técnicas convulsivantes, arrancando de la insulinoterapia de Sakel, continuando con el cardiazol de Meduna y terminando con el Electroshock de Cerletti y Bini y sus sucesivas variantes o derivados, como la Estimulación Magnética Transcraneal. Siendo los dos autores muy poco sospechosos de connivencia con poderes o modas establecidas, el libro tiene un valor especial, al igual la incómoda verdad que revela sobre la confusión existente en Psiquiatría entre ciencia e ideología.

Más allá de la mera crónica historiográfica, el relato de Shorter y Healy describe cómo una técnica eficaz, prácticamente -única en su tiempo y con un envidiable cociente riesgo-beneficio, pasó a ser denostada, arrinconada e incluso prohibida, sin que existiera ninguna razón científica para ello. Aunque la lucha contra el electroshock fue una de las banderas del movimiento antipsiquiátrico, los autores demuestran que los primeros movimientos contra la técnica se dieron desde el potente establishment psicoanalítico estadounidense, que veía en ella una amenaza. Con el empuje definitivo de la Antipsiquiatría, las organizaciones de "supervivientes" de la Psiquiatría y el Electroshock y los políticos, sin olvidar la contribución de un film con el inmenso impacto mediático y social como "Alguien voló sobre el nido del cuco", la Terapia Electroconvulsiva llegó a estar prohibida por ley en el estado de California, al tiempo que no pocos profesionales la arrinconaban y despreciaban como acientífica, cruel y represiva sin más argumentos que los ideológicos.

Como señalan los autores al final del libro, "lo ocurrido con la Terapia Electroconvulsiva no encaja adecuadamente ni en las corrientes dominantes de la filosofía de la ciencia, que abogan por una continua adquisición de conocimientos, ni con las filosofías comerciales de la práctica clínica moderna, que conciben un mercado todavía más racional en el que sería inconcebible el arrinconamiento de una terapia tan importante por una razón tan trivial como la forma en que se presenta en una película. Es realmente difícil imaginar otro ámbito en que haya un mayor desencuentro entre la retórica y la realidad que el que muestra la historia de la Terapia Electroconvulsiva. La medicina, desde luego, no está herméticamente protegida contra la irracionalidad".

Juan Medrano.

 

LIBROS DE LA A.E.N.

Estudios

1. M. GoNZÁLEZ CHÁVEZ (ed.), La transformación de la asistencia psiquiátrica, 1980.

2. A. PORTERA, F. BERMEJO (eds.), Demencias, 1980.

3. S. MASCARELL (ed.), Aproximación a la histeria, 1980.

4. T. SUÁREZ, C. F. ROJERO (eds.), Paradigma sistémico y terapia familiar, 1983.

5. V. CORCÉS (ed.), Aproximación dinámica a las psicosis, 1983.

6. J. ESPINOSA (ed.), Cronicidad en psiquiatría, 1986.

7. J. L. PEDREIRA MASSA (ed.), Gravedad psíquica en la infancia, 1986.

8. J. A. FERNÁNDEZ SANABRIA, J. MAURA ABRIL, A. RODRÍGUEZ GÓMEZ (eds.), I Jornadas de la Sección de Psicoanálisis de la A.E.N., 1986.

9. R. INGLOTT (ed.), El quehacer en salud mental, 1989.

10. C. CASTILLA DEL PINO (ed.), Criterios de objetivación en psicopatología, 1989.

11. A. BAULEO, J. C. DURO, R. VIGNALE (eds.), La concepción operativa de grupo, 1990.

12. R. FERNÁNDEZ, M. A. GARCÍA CARBAJOSA, J. L. PEDREIRA MASSA (eds.), La contención, 1990.

13. M. DESVIAT (ed.), Epistemología y práctica psiquiátrica, 1990.

14. A. INGALA, R. GÓMEZ, J. FRÈRE, A. GONZÁLEZ, II y III Jornadas de la Sección de Psicoanálisis, "El malestar en la cultura", 1992.

15. P. SANROMÁN VILLALÓN (ed.), Jornadas sobre salud mental y ley. Malos tratos a menores, malos tratos a mujeres, separaciones y divorcios, 1993.

16. C. F. ROJERO, T. SUÁREZ (eds.), Psicosis de la infancia y la adolescencia, 1993.

17. V. APARICIO BASAURI (ed.), Evaluación de servicios en salud mental, 1993.

18. J. MAS HESSE, A. TESORO AMATE (eds.), Mujer y salud mental. Mitos y realidades, 1993.

19. A. FERNÁNDEZ LIRIA, M. HERNÁNDEZ MONSALVE, B. RODRÍGUEZ VEGA (eds.), Psicoterapias en el sector público: un marco para la integración, 1997.

20. R. GÓMEZ ESTEBAN (ed.), Grupos terapéuticos y asistencia pública, 1997.

21. J. LEAL RUBIO (ed.), Equipos e instituciones de salud (mental), salud (mental) de equipos e instituciones, 1997.

22. C. POLO, Crónica del manicomio, 1999.

23. F. SANTANDER (ed.), Ética y praxis psiquiátrica, 2000.

24. F. RIVAS (ed.), La psicosis en la comunidad, 2000.

25. E. GONZÁLEZ, J. M. COMELLES (eds.), Psiquiatría transcultural, 2000.

26. F. CARLES, I. MUÑOZ, C. LLOR, P. MARSET, Psicoanálisis en España (1893-1968), 2000.

27. T. ANGOSTO, A. RODRÍGUEZ, D. SIMÓN (eds.), Setenta y cinco años de historia de la psiquiatría, 2001.

28. C. GISBERT (ed.), Rehabilitación psicosocial y tratamiento integral del trastorno mental, 2003.

29. A. ESPINO, B. OLABARRÍA (eds.), La formación de los profesionales de la salud mental en España, 2003.

30. M. HERNÁNDEZ MONSALVE, R. HERRERA VALENCIA, La atención a la salud mental de la población reclusa, 2003.

31. J. M. ÁLVAREZ, R. ESTEBAN (eds.), Crimen y locura, 2005.

32. B. MORENO KÜSTNER, El registro de casos de esquizofrenia de Granada, 2005.

33. A. REY, E. JORDÁ, F. DUALDE y J. M. BERTOLÍN (eds.), Tres siglos de psiquiatría en España (1736-1975), 2006.

34. R. GÓMEZ ESTEBAN, E. RIVAS PADILLA, La práctica analítica en las instituciones de Salud Mental, 2005.

35. J. LEAL RUBIO, A. ESCUDERO NARS (eds.), La continuidad de cuidados el trabajo en red en Salud Mental, 2006.

36. F. PÉREZ (ed.), Dos décadas tras la reforma psiquiátrica, 2006.

37. A. DÍEZ PATRICIO, R. LUQUE LUQUE (eds.), Psicopatología de los síntomas psicóticos, 2006.

38. A. DÍEZ PATRICIO, Análisis del discurso psicótico, 2006.

39. R. GÓMEZ ESTEBAN, E. RIVAS PADILLA (eds.), La integración del psicoanálisis en la sociedad de nuestro tiempo, 2007.

40. J. M. COMELLES, M. BERNAL (eds.), Salud mental, diversidad y cultura, 2008.

41. A. RETOLAZA (ed.), Trastornos mentales comunes: manual de orientación, 2009.

42. I. MARKEZ ALONSO, A. FERNANDÉZ LIRIA, P.PÉREZ-SALES (eds), Violencia y salud mental. Salud mental y violencias institucional, estructural, social y colectiva, 2009.

43. J. CARMONA, F. DEL RÍO NORIEGA (eds.), Gestión clínica en salud mental, 2009.

44. R. GÓMEZ ESTEBAN, E. RIVAS PADILLA (eds.), El psicoanálisis en lo social y en lo político, 2009.

Historia

1. Jacques FERRAND, Melancolía erótica, 1996.

2. Robert BURTON, Anatomía de la melancolía I, 1997.

3. Anselm von FEUERBACH, Gaspar Hauser, 1997.

4. Robert BURTON, Anatomía da la melancolía II, 1999.

5. Robert GAUPP, El caso Wagner, 1999.

6. Gerolamo CARDANO, El libro de los sueños, 1999.

7. Emil KRAEPELIN, Cien años de Psiquiatría, 1999.

8. Étienne ESQUIROL, Sobre las pasiones. Joseph DAQUIN, Filosofía de la locura, 2000.

9. Tomaso GARZONI, El teatro de los cerebros. El hospital de los locos incurables, 2000.

10. Juana DE LOS ÁNGELES, Autobiografía, 2001.

11. François LEURET, El tratamiento moral de la locura, 2001.

12. Robert BURTON, Anatomía da la melancolía III, 2002.

13. Laurent JOUBERT, Tratado de la risa, 2002.

14. Samuel-Auguste TISSOT, El onanismo, 2003.

15. Daniel Paul SCHREBER, Sucesos memorables de un enfermo de los nervios, 2003.

16. Raymond QUENEAU, En los confines de las tinieblas. Los locos literarios, 2004.

17. Timothy BRIGHT, Un tratado da melancolía, 2004.

18. CICERÓN, Conversaciones en Túsculo, 2005.

19. DIDEROT (ed.), Mente y cuerpo en la Enciclopedia, 2005.

20. Marsilio FICINO, Tres libros sobre la vida. Luigi CORNARO, De la vida sobria, 2006.

21. Patrick DECLERCK, Los náufragos, 2006.

22. Giovan Battista della PORTA, Fisiognomía I, 2007.

23. John DONNE, Biathanatos, 2007.

24. Giovan Battista della PORTA, Fisiognomía II, 2009.

25. Edgard ZILSEL, El genio, 2008.

26. Gladys SWAIN, Diálogo con el insensato, 2009.

Distribuye: LATORRE LITERARIA, Madrid, tel. 91 8719379.

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