SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.31 número2 índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Dynamis

versión impresa ISSN 0211-9536

Dynamis vol.31 no.2 Granada, Barcelona  2011

http://dx.doi.org/10.4321/S0211-95362011000200010 

 

 

La medicina de las pasiones en la España del siglo XIX

Medicine of the passions in 19th century Spain

 

 

Enric J. Novella

Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CSIC), Madrid. enric.novella@cchs.csic.es

Trabajo realizado en el marco del programa JAE-Doc del CSIC y del proyecto HAR2008-04899-C02-01 (Ministerio de Ciencia e Innovación).

 

 


RESUMEN

Este artículo reconstruye el importante lugar ocupado por las pasiones en los discursos teóricos y las retóricas profesionales de la medicina española del siglo XIX. Con el fin de ampliar sus recursos explicativos y terapéuticos frente a la enfermedad, pero, sobre todo, de avalar su competencia como expertos en el estudio y la regulación de las pasiones, los médicos españoles asumieron y difundieron toda una serie de planteamientos (como la necesidad de su investigación fisiológica, la insistencia en su potencial patógeno y en la peligrosidad social de su contagio, o la importancia de su análisis semiológico, su diagnóstico diferencial y su terapéutica específica) que no sólo aportaron los fundamentos conceptuales de disciplinas y prácticas emergentes como el alienismo, la higiene o el tratamiento moral, sino que cabría verlos retrospectivamente como anticipadores de presupuestos centrales de las modernas ciencias de la mente. Sin embargo, esta medicalización de las pasiones tuvo finalmente como consecuencia su paulatino descrédito frente al concepto (supuestamente más fisiológico, exento de consideraciones morales y, por tanto, más objetivo) de las emociones, hasta el punto que, para finales del siglo XIX, las pasiones habían desaparecido prácticamente de los discursos científicos en torno a la afectividad y el psiquismo.

Palabras clave: Medicina, higiene, pasiones, moral, España, siglo XIX, medicalización.


Key words: Medicine, hygiene, passions, moral, Spain, nineteenth century, medicalization.


 

1. Introducción

Como es sabido, la medicina experimentó en el tránsito a la Modernidad una serie de transformaciones que no sólo afectaron al alcance y la estructura epistémica del saber sobre la enfermedad, sino también a su proyección sociopolítica y a su propia autocomprensión como disciplina científica. Este proceso, que ha sido objeto de importantes estudios que muestran la estrecha interdependencia entre sus aspectos teóricos, institucionales y políticos1, culminó con la formulación de un ambicioso ideario antropológico cuyas implicaciones más sobresalientes fueron descritas con gran agudeza por Michel Foucault:

"En vez de permanecer como lo que era, "el seco y triste análisis de millones de achaques", la dudosa negación de lo negativo, [la medicina] recibe la hermosa tarea de instaurar en la vida de los hombres las figuras positivas de la salud, de la virtud y de la felicidad. [...] No debe ser sólo el "corpus" de las técnicas de la curación y del saber que éstas requieren; desarrollará también un conocimiento del hombre saludable" 2.

En lo que aquí interesa, una de las implicaciones más significativas de este nuevo ideario fue, sin duda, la pretensión de los médicos de tomar como objeto al ser humano en su totalidad, esto es, no sólo al cuerpo o al hombre físico, sino también -como se decía entonces- al "hombre intelectual y moral". En estas coordenadas, y de acuerdo con el célebre aforismo del médico alemán Johann Georg Zimmermann según el cual "quien no sea capaz de observar al hombre moral, jamás conocerá las enfermedades del cuerpo"3, el tránsito del siglo XVIII al XIX asistió a una creciente preocupación de los médicos por la naturaleza y el rol de los "desórdenes morales" y, en particular, de las pasiones en la salud y la enfermedad, hasta el punto de que muchos de ellos empezaron a reivindicarlas como una cuestión más propia de sus competencias que de las de los filósofos o los moralistas. En su célebre Traite médico-philosophique sur l'aliénation mentale (1800), por ejemplo, Philippe Pinel animaba a emprender

"el verdadero conocimiento de estas afecciones, cuya historia exacta pertenece a la medicina; pues, ¿no corresponde acaso a esta última ciencia dar a conocer sus caracteres más notables y específicos, las circunstancias que las hacen nacer, su influencia tan común sobre lo moral y lo físico y las diversas enfermedades a que pueden conducir?"4.

Ciertamente, el interés de los médicos por las pasiones y su potencial patógeno tenía firmes antecedentes en la Antigüedad clásica y había experimentado un gran impulso a lo largo de los siglos XVII y XVIII, pero fue justamente a finales de este siglo cuando se convirtieron en una cuestión omnipresente y en el objeto de innumerables memorias, disertaciones y tratados médicos5. En líneas generales, las orígenes de esta eclosión discursiva han de buscarse tanto en la ambición de la ciencia ilustrada de fundar un conocimiento empírico o "fisiológico" del "hombre moral", como en el énfasis en la dimensión afectiva e irracional del ser humano alentada por el despertar de la conciencia romántica6; pero la prominencia cultural de las pasiones en el tránsito a la Modernidad -y su anexión por parte de los médicos- han de verse también en el marco del nuevo contexto sociopolítico surgido de las convulsiones revolucionarias de la época. De forma análoga a la imaginación, su carácter perturbador fue ampliamente percibido entonces como un símbolo de la fragilidad del individuo para afrontar las exigencias normativas de la nueva sociedad burguesa, y, conforme al nuevo rol otorgado a la ciencia, la medicina -la "suprema ciencia del hombre vivo"7- parecía ofrecer las mayores garantías para revertir o modular su acción sobre el orden moral y social8. De este modo, las pasiones se convirtieron no sólo en el concepto de referencia para las formulaciones etiopatogénicas y terapéuticas de la naciente medicina mental, sino también en el objetivo primordial de los exigentes preceptos de la higiene moral cultivada insistentemente y durante buena parte del siglo XIX por los médicos europeos9.

A pesar de su posición subalterna respecto a los principales focos de producción científica, en España se tuvo pronta y cumplida noticia de todo este discurso médico en torno a las pasiones. De hecho, ya en 1786 el médico Valentín González de Centeno había presentado a la Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla una disertación médica sobre su naturaleza y tratamiento10, mientras que en 1798 apareció en Madrid la traducción de una extensa memoria del médico militar francés Clément-Joseph Tissot "sobre su influjo en las enfermedades"11 y, dos años después, la Real Academia de Medicina de Barcelona recibía un manuscrito en el que se sostenía ya abiertamente que "las pasiones son el principal artífice de la vida y la muerte, de la salud y la enfermedad"12. Ahora bien, más allá de la elaboración o circulación de obras concretas, y de forma paralela al surgimiento de especialidades tan representativas como la higiene, el alienismo o la medicina legal, los médicos españoles también empezaron a abordar la problemática de las pasiones en el marco de una nueva comprensión de su saber, de sus fines y de sus ámbitos legítimos de actuación. Muy vinculadas inicialmente a la asimilación de los escritos de Pierre-Jean-George Cabanis y los Ideólogos franceses, las referencias a la medicina como "ciencia del hombre" (o como parte esencial de ésta) impregnan, de hecho, buena parte de los textos médicos españoles de la primera mitad del siglo XIX. Y, a partir de ese momento, la medicina aparece, también en España, no sólo como la disciplina que compendia el saber sobre la enfermedad y las técnicas de curación, sino como portadora y forjadora de un conocimiento positivo sobre el hombre que se pretende, además, omnicomprensivo. El catedrático de la Universidad de Santiago y diputado liberal José Francisco Vendrell de Pedralbes, por ejemplo, explicaba gráficamente en 1819 que "el estudio, que el médico hace del hombre, no se limita al de sus músculos y entrañas; llega hasta el más completo análisis de su espíritu y su corazón. [...] Nada escapa a su ojo indagador"13.

Sólo la medicina -afirmaba el conocido higienista Pedro Felipe Monlau en 1846- "comprende al hombre en todos sus pormenores, en toda su grandeza, en todos sus estados y en toda su verdad"14.

En este contexto, pues, los médicos españoles participaron activamente en la asimilación y difusión de un prolijo y ubicuo discurso sobre las pasiones cuyas reminiscencias tradicionales han impedido quizá una justa valoración de su singularidad, aunque constituyó durante décadas el principal escenario en el que se dirimió una paulatina pero imparable medicalización del "hombre intelectual y moral". En 1807, por ejemplo, el Diccionario de medicina y cirugía o biblioteca manual médico-práctica (1805-07) dirigido por Antonio Ballano concluía su entrada (anónima) sobre las pasiones con la siguiente reflexión:

"Esta materia nos ofrece ciertamente un campo vastísimo para hacer aplicaciones a la higiene, a la política y a la medicina práctica. [...] Para conocer y aprovecharse del influjo de las pasiones, el médico debe dedicarse con particularidad a la filosofía de su arte, esto es, al doble conocimiento del hombre moral y del hombre físico. [Pero] dejemos a la moral el cargo de dirigir las pasiones, y a la metafísica el de analizarlas"15.

Del mismo modo, en una memoria manuscrita sobre la Influencia de las pasiones en el físico del hombre remitida en 1830 a la Real Academia de Medicina de Madrid, el candidato Gregorio Escalada valoraba su competencia en unos términos muy similares:

"Parecerá sin duda inoportuno el pretender dar reglas para dirigir las pasiones del hombre, ni menos analizarlas, en un discurso médico, puntos que al parecer corresponden a la moral y a la metafísica, mas como la medicina tiene tantos puntos de contacto con las demás ciencias auxiliares y somos de ordinario consultados sobre tales asuntos de higiene pública, he creído mi deber recorrer semejantes cuestiones"16.

Con todo, sólo unas décadas después, presentando a los lectores españoles un sustancioso y polémico ensayo sobre el "tedio vital" del alienista francés Alexandre Brierre de Boismont, el médico gaditano Ramón Hernández Poggio tenía ya perfectamente asumido que habían pasado

"aquellos tiempos en que el médico se veía precisado a limitar sus conocimientos a la simple curación de los padecimientos orgánicos. Los progresos científicos le han elevado al verdadero puesto que debe ocupar y su benéfica y humanitaria ciencia extiende sus filantrópicos estudios, no sólo al que afectado de una lesión orgánica arrastra los días de su vida llenos de dolor, sino también al que, víctima de una pasión violenta, destruye su organización entre los más crudos tormentos"17.

A mediados del siglo XIX, por tanto, los médicos españoles daban por hecho que, aunque no dispusiesen todavía de un caudal apreciable de hallazgos anatómicos o fisiológicos consistentes, el estudio de las pasiones del hombre o -como decía Vendrell de Pedralbes- "el más completo análisis de su espíritu y su corazón" eran una parte integral (y no periférica) de su saber y una faceta esencial (y no accesoria) de su quehacer. Y así lo expresaba, por ejemplo, una de las numerosas memorias sobre las pasiones presentadas en aquella época en la Universidad Central:

"Necesario es también que, estudiando al hombre como ser inteligente y moral, el médico aprenda a conocer los efectos de los movimientos del alma que [...] alteran el orden armónico de la vida, trastornan el juego fisiológico de los órganos, aparatos y sistemas, y quebrantan la salud y ocasionan una muerte anticipada, sin que el escalpelo, ni el microscopio, ni el reactivo químico acierten a demostrar el punto donde obran"18.

Así pues, en un siglo que se había iniciado con la búsqueda del asiento visceral de la locura y el tratamiento moral de los alienados y se cerraría con la descripción de la neurona y el inconsciente freudiano, la medicina acometió una colonización de la afectividad y el psiquismo que, aunque centrada todavía en el viejo tópico de las pasiones, supondría un importante eslabón para la constitución histórica de las modernas ciencias de la mente. Y este proceso, que, para el caso español, nos proponemos analizar aquí, implicó la confluencia de una serie de retóricas y estrategias discursivas cuya finalidad última era justamente la de reclamar para los médicos el estudio y la regulación de esos "movimientos del alma" que, desde la Antigüedad, venían interesándoles por su supuesta influencia sobre la salud y la enfermedad, pero cuya naturaleza no les había correspondido -al menos primariamente- establecer y en cuya dirección siempre habían tendido a respetar la jerarquía normativa de la religión o la moral 19.

 

2. La fisiología de las pasiones

En 1876, el médico e higienista Benjamín de Céspedes disertaba en el Ateneo de Madrid sobre el Estudio fisiológico descriptivo de las pasiones humanas con la intención explícita de "sustituir a las causas ocultas y místicas, con ayuda de las cuales se explican los fenómenos morales, la exposición de las leyes físico-químicas, a los que aquellos son debidos". En plena eclosión del ideario positivista en la sociedad española de los primeros años de la Restauración, Céspedes afirmaba rotundamente y sin ambages que

"la investigación causal de las pasiones pertenece de derecho a la fisiología y el día que la ciencia diga su última palabra [...] el aéreo edificio levantado por filósofos y moralistas [...] se desvanecerá como el humo al potente grito de la ciencia, regenerando nuestra penalidad humana"20.

Sólo dos años después, la Sociedad Anatómica Española abría sus sesiones anuales con un discurso sobre las pasiones cuyo orador reconocía abrumado la amplitud de su "vastísimo tema", pero del que sostenía en todo caso que:

"aunque tiene puntos de contacto con las ciencias morales y sociales, su verdadero estudio corresponde a las ciencias biológicas; y esta tendencia viene marcándose cada vez más en los estudios de la medicina moderna, que principia a invadir, no sólo los dilatados campos e incomprensibles misterios de la materia, sino los maravillosos y extensos dominios del espíritu"21.

Estos dos testimonios, que proceden de un momento histórico en el que el tratamiento científico de las pasiones avanzaba hacia su estadio terminal, son muy explícitos en cuanto al fundamento último de su progresiva medicalización a lo largo de la Edad Moderna, a saber, su creciente consideración como fenómenos enteramente naturales frente a su concepción tradicional como eventos estrictamente anímicos o espirituales. Lógicamente, un desplazamiento epistémico y cultural de tal envergadura apunta a un proceso histórico de longue durée cuyos márgenes cronológicos resulta difícil establecer por la existencia de todo tipo de antecedentes, resistencias o posiciones intermedias, pero es común datar su inicio en la obra de Descartes y algunos médicos del siglo XVII como Marin Cureau de La Chambre, Louis de la Forge, Thomas Willis y Walter Charleton22. Como es sabido, en Las pasiones del alma (1649) el filósofo francés cuestionó la existencia en el alma de los viejos apetitos irascible y concupiscible y postuló la naturaleza esencialmente corporal de las pasiones, aunque las creyera estrechamente vinculadas a la actividad inmaterial del pensamiento por medio de su interacción a nivel de la glándula pineal23. Paralelamente, su consideración de origen platónico y estoico como meros agentes perturbadores de la razón fue dando paso en las obras de Hobbes, Spinoza o Hume a una creciente valorización de su condición de fuerzas responsables del dinamismo de la vida e incluso de la articulación del orden social24. El mismo Diderot, por ejemplo, describía ya las pasiones como el motor esencial y necesario de todas las "grandes empresas" de la vida, mientras que, un siglo después, Balzac llegaría a definirlas nada menos que como la "materia misma" de la humanidad25. Y, una vez abandonado el paradigma humoral de la tradición hipocrático-galénica, la nueva fisiología vitalista y sensualista de la Ilustración vio en ellas una instancia clave para resolver la escisión entre el cuerpo y la mente -entre lo físico y lo moral- y sentar así las bases de una "física del alma" que permitiera superar las limitaciones de las posiciones dualistas por medio del recurso a conceptos de orden superior como "sensibilidad", "irritabilidad", "organización" o "economía animal"26.

A finales del siglo XVIII, los desplazamientos implicados por esta naturalización de las pasiones habían cristalizado notablemente en el discurso de los médicos, y así lo reconocía el escocés Alexander Crichton en un célebre párrafo de su Inquiry into the Nature and Origin of Mental Derangement (1798):

"Desde un punto de vista médico, las pasiones deben ser consideradas como parte de nuestra constitución natural, la cual debe ser examinada con el ojo del historiador de la naturaleza y el espíritu y la imparcialidad del filósofo. No importa [...] si las pasiones son vistas como afecciones naturales o artificiales, morales o inmorales. Son simples fenómenos cuyas causas naturales debemos indagar"27.

Siguiendo esta consigna, grandes figuras de la medicina europea como el propio Crichton en las Islas Británicas, Xavier Bichat y Francois-Joseph-Victor Broussais en Francia o Franz-Joseph Gall y Johannes Müller en Austria y Alemania hicieron a lo largo de esos años diversas aportaciones al estudio de las pasiones, mientras Cabanis y los Ideólogos formulaban las conclusiones programáticas que cabía extraer para la proyección y el ejercicio de la medicina. En efecto, si correspondía al "fisiólogo" esclarecer la naturaleza de las pasiones, el médico estaba llamado a asumir un papel privilegiado en la "dirección moral" de los individuos y las naciones28; pero, por otro lado, si el médico debía atender de forma preferente a las "relaciones entre lo físico y lo moral del hombre", el clínico ya no podía soslayar -por considerarlos ajenos a su arte- los "devastadores efectos" de los estados de perturbación (dérèglement) moral sobre la salud.

"¡Desgraciado sin duda el médico que no ha aprendido a leer en el corazón del hombre tanto y tan bien como a conocer su estado febril; que cuidandoun cuerpo enfermo, no sabe distinguir en sus facciones, en las miradas, y en las palabras los signos de un entendimiento perturbado o de un corazón ulcerado! [...] Las diversas lenguas de las pasiones deben ser familiares a aquél cuyos estudios comprenden al hombre en su totalidad"29.

Contando con antecedentes muy notables en la obra de autores renacentistas como Juan Luis Vives, Juan Huarte de San Juan y, sobre todo, Miguel Sabuco30, la introducción en España de toda esta concepción naturalista de las pasiones (y de sus corolarios programáticos) ha de situarse también en el marco de la difusión de las corrientes de la ciencia y la medicina europea de la Ilustración y, muy especialmente, de la intensa recepción de los escritos de los Ideólogos llevada a cabo durante el primer tercio del siglo XIX31. El eco de Cabanis y sus célebres Rapports du physique et du moral de l'homme (1802) está muy presente, por ejemplo, en el informe redactado por la Universidad de Salamanca a propósito del Plan de Estudios presentado en 1814 a las Cortes de Cádiz por un grupo de diputados encabezados por Manuel José Quintana. En dicho informe, el claustro de profesores salmantinos proponía la creación de una asignatura de "fisiología o verdadera metafísica, o mas bien antropología" en la "carrera preliminar para todas las profesiones científicas", y describía del siguiente modo los contenidos de la misma:

"Lo que la Universidad quiere enseñar en esta Cátedra es principalmente la ciencia del hombre, que comprende la fisiología, o el conocimiento del hombre vivo, el análisis de sus ideas, y el origen y resortes de sus afectos y pasiones; y en esta misma Cátedra se deben hacer observar todas las relaciones que hay entre lo físico y lo moral de su ser, y todos los medios por lo cuales el hombre siente y piensa"32.

Otorgando este papel central a una "fisiología" así entendida, la Universidad se proponía nada menos que reunir "las luces de los médicos al adelantamiento de los que cultivan las ciencias morales", porque -concluía- "¿quién ha desenvuelto la moral sino los conocimientos del hombre físico?, y ¿quién lleva a la medicina a su perfección sino el verdadero conocimiento del hombre moral?"33.

Pero, aparte de los planteamientos de los Ideólogos, en la España de las primeras décadas del siglo XIX también circularon ampliamente otras doctrinas fisiológicas sobre las pasiones como las de Bichat, Broussais o la propia frenología. Así, el médico madrileño Tomás García Suelto tradujo en 1806-1807 las Investigaciones fisiológicas sobre la vida y la muerte, en las que Bichat había presentado las pasiones como "el atributo especial de la vida orgánica" y explicado su acción por medio del "influjo simpático de las vísceras afectadas sobre el cerebro"34. El brusismo, por su parte, contó en la península con una serie de expositores muy activos como el médico vallisoletano Manuel Hurtado de Mendoza, el cual citaba con aprobación en el prólogo a la traducción castellana de De la irritación y de la locura (1828) la intención de Broussais de "reclamar la psicología a favor de los fisiólogos, pues a éstos pertenece [...] el determinar lo que hay de aprecia-ble en la causalidad de los fenómenos instintivos e intelectuales"35. Y, en lo que respecta a la frenología, cabe señalar que, al menos inicialmente, muchos médicos españoles acogieron de forma favorable las ideas de Gall, que situaban el origen las pasiones en una mera "hipertrofia o exceso de actividad" por parte de alguno de los diversos órganos cerebrales36. Debido justamente a su supuesta fundamentación fisiológica, pensadores como Auguste Comte o médicos como Casimir Broussais abrazaron la frenología como la disciplina destinada a sustentar los principios de la higiene moral del individuo y la sociedad37. Y, mucho antes del intenso apostolado de Mariano Cubí a partir de la década de 1840, así lo sugería también en España el gaditano Francisco Javier Laso de la Vega, quien publicó en 1821 una amplia y elogiosa reseña de la edición francesa de la Anatomía y fisiología del sistema nervioso de Gall que concluía en los siguientes términos:

"Nos es grato pensar con el autor, que este estudio realizará un día las esperanzas que ha sugerido a los filósofos, y proporcionará nuevos medios de perfeccionar la filosofía moral, de mejorar la educación, en una palabra, de profundizar la ciencia del hombre, e ilustrar la filosofía racional por medio de la fisiología, que debe servirla de base"38.

En síntesis, pues, la primera y principal condición de posibilidad para la incorporación de las pasiones a los discursos teóricos y las retóricas profesionales de los médicos españoles fue su creciente consideración como fenómenos por completo "debidos a causalidades originarias, objetivos, permanentes, y tan positivos como cualquier otra función orgánica"39. Pero, como también hemos visto, la naturalización de las pasiones tuvo como consecuencia la paulatina reivindicación por parte de los médicos, de una jurisdicción especial sobre la educación y el orden moral, pues, como señalaba un importante tratado español de higiene, "dado que son actos del organismo, esto es, funciones, no cabe duda de que su conocimiento atañe al fisiólogo y su dirección al higienista"40. Y, en estas coordenadas, lo que se había iniciado en el tránsito del siglo XVIII al XIX como un intento explícito de medicalizar la moral, culminaría poco después en una asombrosa moralización de la medicina misma.

 

3. Medicina y moral

En 1825, el antiguo ideólogo Jean-Louis Alibert, jefe del Hópital Saint-Louis de París y uno de los médicos más poderosos e influyentes de la Restauración, daba a la imprenta un libro que imprimió un giro sustancial al discurso de los médicos franceses en torno a las pasiones. La Fisiología de las pasiones o nueva doctrina de los sentimientos morales -prontamente traducida al castellano y con reediciones en 1831 y 1840- se abría, de hecho, con una declaración que no podía pasar desapercibida: "Para conocer al hombre -decía Alibert- es preciso estudiar el espíritu que le anima, y no los órganos materiales de su estructura corporal"41. Alibert, por lo demás, calificaba como un "delirio de la imaginación" el viejo ideal de Cabanis de "explicar la perfectibilidad de la inteligencia del hombre [...] por la forma, configuración y disposición física de ciertas partes del cuerpo vivo"42, mientras reconducía el tratamiento de las pasiones a los esquemas tradicionales de los moralistas por medio de su asimilación al concepto de instinto o necesidad biológica y la idea asociada de un permanente conflicto entre la naturaleza inferior y superior del hombre, entre la carne y el espíritu, entre la determinación y la libertad moral, etc. 43.

En cualquier caso, y a pesar de reproducir planteamientos muy similares, el texto más representativo de este género, y el que llegaría a convertirse en el compendio canónico y en la mayor fuente de inspiración para los médicos españoles, fue, sin lugar a dudas, La medicina de las pasiones (1841) de Jean-Baptiste Félix Descuret. Traducida un año después por Monlau y con reediciones en 1849 y 1857, esta obra se convirtió en una lectura obligada para las clases médicas y el público instruido, siendo particularmente apreciada entre los sectores más conservadores de la sociedad española44. A las tesis de Alibert, Descuret añadió una fuerte impronta religiosa, alineándose en las filas de una corriente de regeneración católica que inspiró a numerosos médicos de la época y contribuyó, sin duda, a que su obra fuera tan popular en países como España o Italia45. Así, su discurso asimilaba en todo momento las pasiones, "esos pérfidos y formidables enemigos de nuestro reposo", al pecado, el vicio y el exceso, y su "fatal tiranía" no era para él sino la expresión más certera de la trágica e impura condición del hombre, "una inteligencia caída en lucha incesante con los órganos" 46. En consecuencia, la lista de pasiones particulares estudiada en su libro, agrupadas según su supuesta condición "animal", "social" o "intelectual", incluía de forma preferente los pecados capitales del cristianismo, así como diferentes conductas muy censuradas por la moral tradicional como el suicidio, la ebriedad o la afición al juego.

A pesar de lo anticuado de su tono y de su fuerte carácter especulativo, las obras de Alibert y Descuret dieron un nuevo impulso al interés de los médicos españoles por las pasiones, contribuyendo a generalizar una serie de puntos de vista que reforzaron su percepción como un problema eminentemente médico. Entre estos puntos hay que mencionar, en primer lugar, su desmedida insistencia en atribuir a la influencia de las pasiones la producción directa de las más diversas enfermedades, asumiendo una noción de psicogenia ciertamente inflacionaria, pero muy pertinente para avalar la medicalización de los fenómenos afectivos y morales. Para Descuret, por ejemplo, era de la máxima evidencia que "las enfermedades producidas por las pasiones son incomparablemente más frecuentes que todas las que dependen de las demás modificaciones de la economía", y no dudaba en afirmar que "la mitad de las tisis reconocen por causa el amor o el libertinaje" o que "de 100 tumores cancerosos, 90 al menos deben su principio a afecciones morales tristes"47. Por lo que respecta a los médicos españoles, es difícil encontrar a lo largo del segundo tercio del siglo XIX una idea más repetida y popular, que se convirtió en todo un lugar común de la cultura médica y en el tema recurrente de innumerables discursos, memorias y tesis doctorales48. "Estas afecciones del alma -señalaba en 1850 una memoria remitida a la Real Academia de Medicina de Madrid- son las causas más poderosas para el desarrollo de calenturas pútridas y malignas, lo mismo que para enfermedades crónicas", mientras un doctorando de la Universidad Central concluía en 1853 que "apenas hay una enfermedad en que no encontréis las pasiones como parte de su etiología"49.

Como es sabido, la condición más relacionada desde la Antigüedad con el efecto de las pasiones había sido la locura, y esta idea salía notablemente reforzada de las obras de Alibert y Descuret por su visión de las pasiones como impulsos esencialmente primitivos y degradantes del juicio, el intelecto y la razón. En España, el médico José González Zorrilla afirmaba en 1845 que "las causas de la locura en todos sus grados y fases son morales", mientras, un año después, Monlau llegaba a sostener que "la pasión, por pocos grados de fuerza que tenga, no es más que un principio de locura"50. Y cabe recordar que, en una fecha tan tardía como 1890, el mismo Juan Giné y Partagás seguía describiendo la excitación afectiva como la principal puerta de entrada en la enfermedad mental51. Las pasiones, por tanto, también constituyeron el concepto de referencia de los primeros alienistas españoles, cuya profesionalización avanzó justamente al postularse y ser reconocidos como expertos en la aplicación de un tratamiento específico consistente en la distracción, reeducación y manipulación carismática de las pasiones -el tratamiento moral- y en la delimitación práctica de la locura y la normalidad -esto es, en la semiología y el diagnóstico diferencial de las pasiones. Y, en este sentido, es muy significativo que, de forma paralela a la introducción de los discursos y prácticas de la medicina mental, los escritos médicos dedicados a estas cuestiones fueran muy numerosos en España durante las décadas centrales del siglo XIX52.

El otro punto de vista que se vio sensiblemente reforzado por las obras de Alibert y Descuret y que potenció asimismo la medicalización de las pasiones consumada en esta época, fue su creciente consideración como un problema no sólo de dietética individual, sino de higiene o salud pública. En este sentido, es bien conocido que la crítica de la cultura moderna y las advertencias en torno a los riesgos del "contagio moral" o de la propagación de conductas socialmente disruptivas o moralmente reprobadas actuaron durante todo el siglo XIX como un poderoso estímulo para reafirmar la gestión médica de la desviación o las costumbres53, y así ocurrió también con las pasiones. A juicio de Descuret, por ejemplo, los "mismos progresos de la civilización", sobrexcitando "las pasiones instintivas y brutales en las masas" y debilitando las instancias sociales destinadas a contenerlas, habían hecho del dominio de las pasiones una "lid" cada vez más compleja, difícil e incierta54. Su traductor Monlau, por su parte, creyó necesario incluir en sus Elementos de higiene pública (1847) un extenso capítulo dedicado a la funesta acción de las pasiones sobre las masas, pues, en tanto que "necesidades violentamente satisfechas o mal reprimidas, [...] perturban el orden público, constituyen la corrupción de costumbres, y son el más terrible obstáculo para la buena educación de los pueblos"55. Y, todavía en 1905, el farmacéutico e historiador Joaquín Olmedilla y Puig daba por sentado que:

"las pasiones también tienen, como los vicios, la propiedad de propagarse por una especie de contagio, constituyendo verdaderas epidemias que como plagas sociales se difunden y forman calamidades aflictivas, que han de preocupar seriamente a los Gobiernos y a los hombres de ley"56.

Interesándose por las pasiones, por tanto, la intención de un gran número de médicos a lo largo del segundo tercio del siglo XIX fue, ante todo, moralizar, o, como el mismo Descuret había señalado, "auxiliar a la moral en la grandiosa obra de mejorar la suerte de los hombres" 57. De este modo, sus aportaciones resultan representativas no sólo de la evolución de un género que había interesado a los médicos desde la Antigüedad, sino también de una época en la que la medicina, como decía un tratadista francés, entró en una "juiciosa alianza con la moral" con el objeto de garantizar "el cumplimiento de la ley de la naturaleza, la justa moderación en todas las cosas y la satisfacción armónica de todas nuestras necesidades"58. Las pasiones, en suma, actuaron entonces como el blanco y el objeto de un discurso médico fuertemente normativo cuyo espíritu se hallaba por completo al servicio de la estabilización de un determinado orden moral que se pretendía armónicamente derivado de la ciencia y la religión59. Y, por ese motivo, el médico Balbino Quesada -como tantos otros- situaba en 1868 sus Estudios médico-morales y sociales sobre las pasiones en el ámbito explícito de una "medicina moral", a la que definía solemnemente como

"un caudal inmenso de sazonados consejos y saludables advertencias, y faro luminoso que ha de guiarnos para dirigir con acierto la nave de nuestra existencia en el mar proceloso de la vida terrena"60.

 

4. De las pasiones a las emociones

En su Historia de la medicina de 1884, José Miguel Guardia pasaba revista en un tono muy condescendiente a la literatura sobre las pasiones de la primera mitad de su siglo y pronosticaba de forma lapidaria que "bien pronto nada se recordará de los libros curiosos, pero sin doctrina, de Alibert y Descuret"61. Sin duda, el paso del tiempo parece haber dado la razón al célebre bibliotecario menorquín; pero no por ello es menos cierto que en las obras de Alibert o Descuret y, más concretamente, en el discurso sobre las pasiones de los médicos españoles del siglo XIX, es posible localizar toda una serie de planteamientos que no sólo aportaron los fundamentos conceptuales de disciplinas y prácticas emergentes como el alienismo, la higiene o el tratamiento moral, sino que cabría verlos retrospectivamente como anticipadores de presupuestos centrales de las modernas ciencias de la mente. En efecto, apropiándose discursivamente de las pasiones con los argumentos y retóricas revisados en este artículo (como la necesidad de su investigación fisiológica, la insistencia en su potencial patógeno y en la peligrosidad social de su contagio, o la importancia de su análisis semiológico, su diagnóstico diferencial y su terapéutica específica), podría argüirse que los médicos prepararon el camino para la cristalización histórica de campos (respectivamente, las neurociencias, la medicina psicosomática, la higiene mental, la psicopatología y la psicoterapia) que, insertos ya en la trama de la ciencia experimental o la medicina especializada, explotarían después dichos postulados.

Paradójicamente, como hoy sabemos, esta medicalización de las pasiones tuvo también como consecuencia su paulatino descrédito y desuso frente al concepto de las emociones, hasta el punto de que, para finales del siglo XIX, las pasiones se habían esfumado -y casi sin dejar rastro- de los discursos científicos en torno a la afectividad y el psiquismo62. En España, por ejemplo, es interesante señalar que en pocos años se difundieron los estudios sobre El miedo (1892) de Angelo Mosso, los Principios de psicología de William James (1900), La expresión de las emociones de Charles Darwin (1903) y Las emociones del psicólogo italiano Giuseppe Sergi (1906), obras que se convirtieron en el punto de partida de diversas aportaciones a la "psico-fisiología" de las emociones realizadas en las décadas siguientes63. Sobre esta transición de las pasiones a las emociones se ha aducido con razón que la amplitud y vaguedad semántica del concepto de pasión, sus acusadas connotaciones morales y su tradicional vinculación con las operaciones del alma lo hacían un candidato poco propicio para perdurar como la noción de referencia con la que acometer el estudio de los fenómenos afectivos64. Pero no deja de ser significativo y revelador que fuera finalmente la misma ambición ilustrada de fundar un conocimiento científico del psiquismo -esto es, un conocimiento en tercera persona, objetivo y basado en categorías axiológicamente neutras65- la que acabó con el uso del concepto ancestral con el que, como nuevo saber del hombre, la medicina organizó durante décadas su asedio a los territorios del "hombre intelectual y moral".

 

Bibliografía

1. Entre ellos cabe destacar Foucault, Michel. El nacimiento de la clínica: una arqueología de la mirada médica. México DF: Siglo XXI; 1966;         [ Links ] Ackerknecht, Erwin H. Medicine at the Paris Hospital, 1794-1848. Baltimore: The John Hopkins Press; 1967;         [ Links ] Arquiola, Elvira; Montiel, Luis. La corona de las ciencias naturales: la medicina en el tránsito del siglo XVIII al XIX. Madrid: CSIC; 1993 y Williams,         [ Links ] Elisabeth A. The physical and the moral: anthropology, physiology, and philosophical medicine in France, 1750-1850. Cambridge: Cambridge University Press; 1994.         [ Links ]

2. Foucault, n. 1, p. 60-61 (cursivas en el original).

3. Ackerknecht, Erwin H. Johann Georg Zimmermann (1728-1795). Gesnerus. 1978; 35: 224-229.         [ Links ]

4. Pinel, Philippe. Traité médico-philosophique sur l'aliénation mentale ou la manie. París: Richard, Caille et Ravier; 1800, p. 80-81.         [ Links ]

5. Para el conjunto del siglo XVIII, se han contabilizado no menos de doscientos estudios monográficos dedicados a las pasiones, a los que habría que sumar su tratamiento en la práctica totalidad de obras médicas generales y tratados de higiene de la época (Müllener, Eduard R. Die Rolle der "Passions" in der Psychiatrie des 18. Jahrhunderts. In: Blaser, Robert; Buess, Heinrich, eds. Aktuelle Probleme aus der Geschichte der Medizin. Basilea: Karger; 1966, p. 474-476).         [ Links ] Véanse también las obras citadas en Grange, Kathleen M. Pinel and eighteenth century psychiatry. Bulletin of the History of Medicine. 1961; 35: 442-453;         [ Links ] y Jackson, Stanley W. The use of the passions in psychological healing. Journal of the History of Medicine and Allied Sciences. 1990; 45: 150-175.         [ Links ]

6. Véanse Gusdorf, Georges. Naissance de la conscience romantique au siècle des lumières. París: Payot; 1976, p. 82-123;         [ Links ] Moravia, Sergio. The Enlightenment and the sciences of man. History of Science. 1980; 18: 247-268;         [ Links ] y Wokler, Richard. From l'homme physique to l'homme moral and back: towards a history of Enlightenment anthropology. History of the Human Sciences. 1997; 6: 121-138.         [ Links ]

7. La expresión procede de una conocida memoria presentada en 1799 a la Societé Médicale d'Emulation de París, en la que se compara la medicina con "aquellos ríos majestuosos que enriquecidos con el tributo de ajenas corrientes, por todas partes derraman la fecundidad, la esperanza y la felicidad". Alibert, Jean Louis. Discurso sobre la conexión de la medicina con las ciencias físicas y morales o sobre los deberes, calidades y conocimientos del médico. Salamanca: Oficina de Francisco Toxar; 1803, p. 4.         [ Links ]

8. Goldstein, Jan. The post-revolutionary self: politics and psyche in France, 1750-1850. Cambridge MA: Harvard University Press; 2005, p. 19-100.         [ Links ]

9. Véanse, en este sentido, los estudios de Pigeaud, Jackie. Le role des passions dans la pensée médicale de Pinel à Moreau de Tours. History and Philosophy of the Life Sciences. 1980; 2: 123-140 ;         [ Links ] Gauchet, Marcel; Swain, Gladys. La pratique de l'esprit humain. L'institution asilaire et la révolution démocratique. París: Gallimard; 1980, p. 285-484;         [ Links ] o Huneman, Philippe. Montpellier vitalism and the emergence of alienism in France (1750-1800): the case of the passions. Science in Context. 2008; 21: 615-647.         [ Links ]

10. González y Centeno, Valentín. Las enfermedades que proceden de pasión de ánimo, no son curables con remedios naturales. Memorias académicas de la Real Sociedad de Medicina y demás Ciencias de Sevilla. 1786; 4: 1-19.         [ Links ]

11. Tissot, Clément-Joseph. Del influxo de las pasiones del alma en las enfermedades. Madrid: Imprenta de Benito Cano; 1798.         [ Links ]

12. López Andrés, Ginés. Disertación éthico-médica sobre la naturaleza de los afectos del ánimo, y efectos prodigiosos que producen, citada por Carreras Artau, Tomás. Médicos-filósofos españoles del siglo XIX. Barcelona: CSIC; 1952, p. 27.         [ Links ]

13. Pedralbes, José Francisco. Influxo de las costumbres en el estudio y práctica de la medicina. Santiago de Compostela: Imprenta de Juan Bautista Moldes; 1819, p. 4.         [ Links ]

14. Monlau, Pedro F. Elementos de higiene privada. Barcelona: Imprenta de Pablo Riera; 1846, p. 3 (cursivas mí         [ Links ]as). He abordado esta transformación y la tradición de la "ciencia del hombre" en la medicina española del siglo XIX en Novella, Enric J. Medicina, antropología y orden moral en la España del siglo XIX. Hispania. 2010; 70 (236): 709-736.         [ Links ]

15. Ballano, Antonio, dir. Diccionario de medicina y cirugía o biblioteca manual médico-práctica, Vol. 6: N-R. Madrid: Imprenta Real; 1805, p. 194 y 199.         [ Links ] El Diccionario reconocía abiertamente haber extractado para su artículo la memoria de Tissot citada en la n. 11.

16. Escalada, Gregorio. Influencia de las pasiones en el físico del hombre y medios de moderarlas. Madrid: Manuscrito Real Academia Nacional de Medicina; 1830.         [ Links ]

17. Hernández Poggio, Ramón. Traducción de "Del fastidio de la vida" de Brierre de Boismont. Boletín del Instituto Médico Valenciano. 1854; 5: 156-158, p. 157.         [ Links ]

18. Castelo y Serra, Eusebio. De la influencia de las pasiones en la producción de las enfermedades. Madrid: Imprenta de Segundo Martínez; 1868, p. 4.         [ Links ]

19. Véanse, en este sentido, González de Pablo, Ángel. Sobre la configuración del modelo de pensamiento de la higiene actual: el caso español. Dynamis. 1995; 15: 267-299;         [ Links ] o Bergdolt, Klaus. Leib und Seele: eine Kulturgeschichte des gesunden Lebens. Munich: C. H. Beck; 1999.         [ Links ]

20. Céspedes, Benjamín. Estudio fisiológico descriptivo de las pasiones humanas. Madrid: Imprenta de la Viuda de García; 1876, p. 3 y 23.         [ Links ] El discurso de Céspedes se inspira abiertamente en los trabajos del médico y antropólogo materialista francés Charles Letourneau, particularmente Letourneau, Charles. Fisiología de las pasiones. Barcelona: Jané Hermanos; 1877 (original francé         [ Links ]s de 1868).

21. Del Valle y Huerta, Gumersindo. Las pasiones ante las ciencias biológicas. Madrid: Imprenta de Enrique Teodoro; 1878, p. 6.         [ Links ]

22. Véanse, por ejemplo, Riese, Walter. La théorie des passions à la lumière de la pensée médicale du XVIIe siècle. Basilea: Karger; 1965;         [ Links ] James, Susan. Passion and action: the emotions in seventeenth-century philosophy. Oxford: Oxford University Press; 1997;         [ Links ] o Gaukroger, Stephan, ed. The soft underbelly of reason: the passions in the seventeenth century. Londres: Routledge; 1998.         [ Links ]

23. Descartes, René. Las pasiones del alma. Madrid: Tecnos; 2006.         [ Links ] Sobre el tratamiento cartesiano de las pasiones puede consultarse, además, el reciente libro de Brown, Deborah J. Descartes and the passionate mind. Cambridge: Cambridge University Press; 2006.         [ Links ]

24. Véanse, en este sentido, Hirschman, Albert O. Las pasiones y los intereses: argumentos políticos a favor del capitalismo antes de su triunfo. México DF: FCE;         [ Links ] Bodei, Remo. Una geometría de las pasiones. Miedo, esperanza y felicidad: filosofía y uso político. Barcelona: Muchnik; 1995;         [ Links ] y Kahn, Victoria Ann; Saccamano, Neil; Coli, Daniela, eds. Politics and the passions, 1500-1850. Princeton: Princeton University Press; 2006.         [ Links ]

25. Citado por Korichi, Mériam, ed. Les passions. París: Flammarion; 2000, p. 14-15.         [ Links ]

26. Véanse Moravia, Sergio. From homme machine to homme sensible: Changing eighteenth century models of man's image. Journal of the History of Ideas. 1978; 39: 45-60;         [ Links ] Rey, Rosalyne. L'âme, le corps et le vivant. In: Grmek, Mirko, dir. Histoire de la pensée médicale en Occident, vol. 2: De la Renaissance aux Lumières. París: Seuil; 1999, p. 117-155;         [ Links ] o Huneman, Philippe. "Animal economy": anthropology and the rise of psychiatry from the Encyclopédie to the alienists. In: Wolff, Larry; Cipolloni, Marco, eds. The anthropology of the Enlightenment. Stanford CA: Stanford University Press; 2007, p. 262-276.         [ Links ]

27. Crichton, Alexander. An inquiry into the nature and origin of mental derangement: comprehending a concise system of the physiology and pathology of the human mind and a history of the passions and their effects. Londres: Cadell Jr and Davies; 1798, vol. 1, p. 98-99 (cursivas mí         [ Links ]as). Sobre el tratamiento de las pasiones por Crichton, véase Charland, Louis C. Alexander Crichton on the psychopathology of the passions. History of Psychiatry. 2008; 19: 275-296.         [ Links ]

28. Véanse Staum, Martin S. Cabanis: Enlightenment and medical philosophy in the French revolution. Princeton NJ: Princeton University Press; 1980, p. 161-164;         [ Links ] Jacyna, L. S. Medical science and moral science: the cultural relations of physiology in Restoration France. History of Science. 1987; 25: 111-146;         [ Links ] y Williams, n. 1, p. 85-93.

29. Cabanis, Pierre-Jean-Georges. Coup d'oeil sur les révolutions et sur la réforme de la médecine. París: Crapelet; 1804, p. 422 y 430.         [ Links ] Véase sobre este punto Goldstein, Jan. Console and classify: the French psychiatric profession in the nineteenth century. Cambridge: Cambridge University Press; 1987, p. 49-55.         [ Links ]

30. Sobre la importante aportación de Sabuco al estudio de las pasiones pueden consultarse Guy, Alain. Miguel Sabuco, psicólogo de las pasiones y precursor de la medicina psicosomática. Al-Basit. 1987; 22: 111-123;         [ Links ] Barona, Josep Lluís. Sobre medicina y filosofía natural en el Renacimiento. Valencia: Seminari d'Estudis sobre la Ciència; 1993, p. 129-148;         [ Links ] Albero Muñoz, María del Mar. Las pasiones del alma según Sabuco en su obra "Nueva filosofía de la naturaleza del hombre". Imafronte. 2006; 18: 7-18;         [ Links ] y Balltondre, Mònica. El conocimiento de sí y el gobierno de las pasiones en la obra de Sabuco. Revista de Historia de la Psicología. 2006; 27 (2/3): 107-1 14.         [ Links ]

31. Una relación exhaustiva de las numerosas traducciones españolas de las obras de estos autores se ofrece en Gracia, Diego. Ideología y ciencia clínica en España en la primera mitad del siglo XIX. Estudios de Historia Social. 1980; 12/13: 229-243.         [ Links ]

32. Informe de la Universidad de Salamanca sobre el plan de estudios. Salamanca: Imprenta de Blanco; 1820, p. xx (cursivas mí         [ Links ]as). El Informe, fechado originalmente el 25 de enero de 1814, no se pudo imprimir hasta 1820 debido a la restauración absolutista de 1814.

33. Informe, n. 32, p. xxi. En unos términos similares se había expresado ya el conocido bibliógrafo y polemista Bartolomé José Gallardo (1776-1852), que estudió medicina en Salamanca y en 1803 tradujo el ya citado Discurso sobre la conexión de la medicina con las ciencias físicas y morales (1803) de Jean-Louis Alibert. En su prólogo, Gallardo afirmaba ufano: "Las ciencias intelectuales y morales nada son sin el auxilio de la medicina. La moral no puede hacer adelantamientos sin que los haga antes la Ideología, y ésta no dará un paso, si no se apoya en la Fisiología. Jamás se ha visto patente esta verdad, como ahora que se ha hecho casi de moda el estudio de la correlación del hombre físico y moral". Alibert, n. 7, p. iii.

34. Bichat, Xavier. Investigaciones fisiológicas sobre la vida y la muerte. Madrid: Imprenta de la Administración del Real Arbitrio; 1806-1807, vol. 1, p. 126 y 138.         [ Links ] Como prueba la memoria de Gregorio Escalada citada en la n. 16, las apreciaciones de Bichat fueron muy conocidas entre los médicos españoles de la primera mitad del XIX.

35. Broussais, François-Joseph-Victor. De la irritación y la locura. Madrid: Imprenta de García; 1828, p. vi.         [ Links ] Sobre la implantación del brusismo en España ha de consultarse Miqueo, Consuelo. La introducción y difusión de la "Médecine physiologique" de F. J. V. Broussais (1772-1838) en España. Universidad de Zaragoza: Tesis doctoral; 1986.         [ Links ]

36. Véase, en este sentido, Lantéri-Laura, Georges. Histoire de la phrénologie: L'homme et son cerveau selon F.-J. Gall. París: PUF; 1970.         [ Links ]

37. De Casimir Broussais llegó a traducirse en España la Higiene moral o Aplicación de la fisiología a la moral y a la educación (Barcelona: F. Granada; s. f.), obra basada en un curso de frenología impartido en 1829 por el autor en la Facultad de Medicina de París.

38. Laso de la Vega, Francisco Javier. Anatomía y fisiología del sistema nervioso en general y del cerebro en particular, por F.-J. Gall. Periódico de la Sociedad Médico-Quirúrgica de Cádiz. 1821; 2: 86-93, p. 93.         [ Links ] Véase, por lo demás, Bujosa, Francesc; Miqueo, Consuelo, La prehistoria de la frenología en España. Medicina e Historia. 1986; 11: 1-16.         [ Links ]

39. Del Campo, Higinio. Sobre las pasiones. El Siglo Médico. 1868; 15: 454-456 y 469-471,         [ Links ] p. 471 (cursivas en el original).

40. Giné y Partagás, Juan. Curso elemental de higiene privada y pública. Barcelona: Imprenta de Narciso Ramírez; 1871, vol. 1: Higiene privada, p. 484.         [ Links ]

41. Alibert, Jean-Louis. Fisiología de las pasiones o nueva doctrina de los sentimientos morales. Madrid: Imprenta de D. M. de Burgos; 1831, p. I.         [ Links ]

42. Alibert, n. 41, p. 31.

43. Para una discusión detallada de la obra de Alibert, véase Williams, n. 1, p. 122-136.

44. Véase, por ejemplo, su elogiosa reseña en el periódico carlista La Esperanza de 20 de octubre de 1853.

45. Otras obras destacadas de esta corriente que también fueron traducidas en España incluyen la Historia natural del género humano (1835) de Julien-Joseph Virey, De la fisiología humana y la medicina en sus relaciones con la religión cristiana, la moral y la sociedad (1843) de Francis Devay o los Pensamientos de un creyente católico, o consideraciones filosóficas, morales y religiosas sobre el materialismo moderno, el alma de las bestias, la frenología, el suicidio, el duelo y el magnetismo animal (1849) del médico y sacerdote Pierre-Jean-Corneille Debreyne.

46. Descuret, Jean-Baptiste Félix. La medicina de las pasiones, o las pasiones consideradas con respecto a las enfermedades, las leyes y la religión. Barcelona: Imprenta de Antonio Bergnes y Ca; 1842, p. IX (cursivas en el original).         [ Links ] La definición esta inspirada en la célebre sentencia de Louis de Bonald según la cual el hombre es "una inteligencia servida por órganos".

47. Descuret, n. 46, p. 91.

48. De hecho, la "influencia de las pasiones en la producción de las enfermedades" fue el tema de un gran número de tesis doctorales presentadas en la Universidad Central en las décadas de 1850 y 1860. He ofrecido un listado completo de las mismas y de otras memorias académicas presentadas en Madrid y Barcelona en Novella, n. 14.

49. Respectivamente, Hernández y Guasco, Andrés. Memoria sobre la influencia de las pasiones en la economía animal. Mahón: Manuscrito Real Academia Nacional de Medicina; 1850;         [ Links ] e Iglesias, Santiago. Discurso sobre la influencia de las pasiones en la producción de las enfermedades. Madrid: Imprenta de Norberto Llorenci; 1853, p. 4.         [ Links ]

50. Respectivamente, González Zorrilla, José. Influencia de lo moral en lo físico del hombre. Medina del Campo: Manuscrito Real Academia Nacional de Medicina; 1845;         [ Links ] y Monlau, n. 14, p. 375. Véase, igualmente, Grífol y Costa, Joaquín. De la influencia que las pasiones egercen sobre las frenopatías. Madrid: Imprenta de J. Núñez Amor; 1854.         [ Links ]

51. Giné y Partagás, Juan. Misterios de la locura. Barcelona: Imprenta de Henrich y Cía; 1890.         [ Links ] Sobre esta obra de Giné, puede verse el reciente artículo de Huertas, Rafael. "Memorias de Ultrafrenia" (1890): La novela científica y los territorios de la subjetividad. Revista de Estudios Hispánicos. 2010; 44: 31-55.         [ Links ]

52. Los más conocidos entre ellos fueron, sin duda, los de Quintana, Joaquín. Pasión y locura: distinción fundamental entre ambos estados. El Siglo Médico. 1863; 10: 212-215, 227-230 y 244-247;         [ Links ] y Mata, Pedro. Criterio médico-psicológico para el diagnóstico diferencial de la pasión y la locura. Madrid: Imprenta de R. Berenguillo; 1868.         [ Links ] Entre las décadas de 1850 y 1870 se presentaron, además, varias decenas de tesis doctorales en la Universidad Central sobre los "caracteres diferenciales de la monomanía y la pasión". Véase García, Emilio; Alonso, Aurora. Enfermedad mental y monomanía: estudio de tesis doctorales en España (1850-1864). Revista de Historia de la Psicología. 2001; 22: 335-342.         [ Links ]

53. Véanse sobre este punto Goldstein, Jan. "Moral contagion": a professional ideology of medicine and psychiatry in eighteenth- and nineteenth-century France. In: Geison, Gerald L., ed. Professions and the French State, 1700-1900. Filadelfia: University of Philadelphia Press; 1984, p. 191-222;         [ Links ] Campos, Ricardo. La sociedad enferma: higiene y moral en España en la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Hispania. 1995; 55: 1093-1112;         [ Links ] y Roelcke, Volker. Krankheit und Kulturkritik: Psychiatrische Gesellschaftsdeutungen im bürgerlichen Zeitalter (1790-1914). Francfort: Campus; 1999.         [ Links ]

54. Descuret, n. 46, p. 99.

55. Monlau, Pedro Felipe. Elementos de higiene pública. Barcelona: Imprenta de Pablo Riera; 1847, vol. 2, p. 723-724.         [ Links ]

56. Olmedilla y Puig, Joaquín. Higiene de las pasiones: sucintas generalidades acerca de este asunto. Madrid: Imprenta de la Sucesora de M. Minuesa de los Ríos; 1905, p. 7.         [ Links ] Véanse también, en una línea muy similar, Serrano Sánchez, Francisco de Paula. Consideraciones medico-filosóficas sobre la vida y las pasiones. Madrid: Imprenta del Vapor; 1854;         [ Links ] y Carreras y Xuriach, José. Influencia social en las pasiones. Madrid: Imprenta de Eusebio Aguado; 1856.         [ Links ]

57. Descuret, n. 46, p. III.

58. Bourgeois, Louis-Xavier. Les passions dans leurs rapports avec la santé et les maladies: l'amour. París: J. B. Baillière; 1860, p. 6 y 36 (edició         [ Links ]n española de 1878).

59. Descuret, por ejemplo, reclamaba simultáneamente el concurso de la medicina en la reforma de los hábitos colectivos y el de la religión en el tratamiento moral de los individuos, y, de hecho, llegó a incluir en La medicina de las pasiones una sección dedicada al "Tratamiento religioso" de las mismas (p. 119-122). Un planteamiento muy afín inspiró en España escritos como los de San Martín, Basilio. Discurso preliminar a la higiene de las pasiones. La Crónica de los Hospitales. 1854; 2: 428-435 y 494-502;         [ Links ] y Ortiz Company, Juan. Las pasiones consideradas bajo el punto de vista racional. Boletín del Instituto Médico Valenciano. 1866; 9: 463-472.         [ Links ]

60. Quesada, Balbino. Estudios médico-morales y sociales sobre las pasiones. Úbeda: Imprenta de Juan José Górriz; 1868, p. 7.         [ Links ]

61. Guardia, José Miguel. Histoire de la médecine, d'Hippocrate á Broussais et ses successeurs. París: Octave Doin; 1884, p. 510-511.         [ Links ]

62. En 1896, de hecho, el mismo Théodule Ribot constataba que "en los tratados contemporáneos la palabra pasión ha desaparecido casi por completo, o no se encuentra sino incidentalmente. [...] Actualmente el término emoción es el preferido para designar las manifestaciones principales de la vida afectiva" (Ribot, Théodule. Psicología de los sentimientos. Madrid: Librería de Fernando Fe; 1900, p. 36).         [ Links ]

63. Entre éstas cabe destacar Santamaría, Francisco J. Los sentimientos y las emociones: estudio psico-fisiológico de estos afectos. Madrid: Montero; 1916;         [ Links ] De Pombo, Gabriel Ma. Estudio psico-fisiológico acerca de las emociones. Santander: José Ma Cimiano; 1917;         [ Links ] y Alcayde Vilar, Francisco. Sobre las emociones: contribución al estudio de la teoría orgánica. Madrid: Papelería Alemana; 1917.         [ Links ]

64. La transición de las pasiones a las emociones como concepto de referencia en el estudio científico de la afectividad ha sido estudiada por Rorty, Amelie O. From passions to emotions and sentiments. Philosophy. 1982; 57: 175-188;         [ Links ] y Dixon, Thomas M. From passions to emotions: the creation of a secular psychological category. Cambridge: Cambridge University Press; 2003.         [ Links ] Véase también Korichi, n. 25, p. 9-42.

65. Véanse, en este sentido, Goldstein, Jan. Bringing the psyche into scientific focus. In: The Cambridge History of Science, vol. 7: The modern social sciences. Cambridge: Cambridge University Press; 2003, p. 131-153;         [ Links ] y Daston, Lorraine; Galison, Peter. Objectivity. Nueva York: Zone Books; 2007, p. 191-251.         [ Links ]

 

 

Fecha de recepción: 7 de febrero de 2010
Fecha de aceptación: 27 de julio de 2010