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Nutrición Hospitalaria

versión On-line ISSN 1699-5198versión impresa ISSN 0212-1611

Nutr. Hosp. vol.19 no.1 Madrid ene./feb. 2004

 

Conferencia Especial

Pasado, presente y futuro de la nutrición clínica en España

T. Caparrós Fernández de Aguilar*

* Tomás Caparrós ha sido, hasta su jubilación, en el año 2000, Jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos de la Fundación Jiménez Díaz. Clínica de la Concepción. Madrid. España.
Conferencia de clausura del XIX Congreso Nacional de SENPE, Murcia 16 de mayo de 2003.

 

Resumen

El autor, desde su posición privilegiada de casi cuarenta años dedicados a la nutrición artificial, hace una magnífica revisión de los orígenes, el desarrollo y la evolución de la nutrición artificial en España. Todos los personajes involucrados, el nacimiento de sociedades científicas, revistas y unidades de nutrición, tanto en España como en el extranjero son magistralmente descritos en esta conferencia dictada durante el XIX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Nutrición Parenteral y Enteral , que tuvo lugar en Murcia en Mayo de 2003.

(Nutr Hosp  2004, 19:2-10)

Palabras clave: Nutrición artificial.

 

PAST, PRESENT AND FUTURE OF CLINICAL NUTRITION IN SPAIN

Abstract

The author, from his privileged position of nearly forty years dedicated to artificial nutrition, makes an excellent review of the origins, development and evolution of artificial nutrition in Spain. All the people involved, the birth of scientific societies, journals and Clinical Units, both in Spain and abroad, are perfectly described in this conference dictated at the XIX National Congress of the Spanish Society of Parenteral and Enteral Nutrition, held in Murcia in May 2003.

(Nutr Hosp  2004, 19:2-10)

Key words: Artificial nutrition


Correspondencia: Tomás Caparrós.
Basílica, 17, 7º.
28020 Madrid.
tomascaparros@teleline.es

Recibido: 16-V-2003.
Aceptado: 30-V-2003.

 

Permítanme en primer lugar dar las gracias al comité organizador del decimonoveno (XIX) Congreso de la SENPE y especialmente a su presidenta la doctora Carmen Sánchez Álvarez, por haberme invitado a participar. Es un gran honor haber sido elegido para hablarles sobre el pasado, presente y futuro de la nutrición clínica en España.

La elección del tema es sin duda acertada. En estos momentos parece oportuno un recuerdo de los orígenes que siempre facilitan el análisis del camino hasta hora recorrido, y nos permite valorar lo presente y vislumbrar el porvenir, y los derroteros por los que discurrirán la investigación científica y técnica. También nos ayudará a analizar las políticas seguidas y a señalar las apropiadas para la implantación de medidas, que aseguren una mayor eficacia, calidad y generalización de la nutrición clínica en España.

He querido centrarme, a efectos prácticos, en la evolución de la nutrición clínica, referida a España, y a partir de finales de la década de los años 60. Lo hago así por muy diversas razones y sin duda la más importante, por ser el momento en el que yo tuve mayor conocimiento y contacto con la misma, incorporándome de lleno a sus quehaceres a través de la nutrición artificial. Esto es lo que puede dar un valor a mi conferencia y seguro que fue el motivo de los organizadores para elegirme.

Nunca mejor que ahora, por el tema y lugar donde nos encontramos en estos momentos, para que yo comience mi conferencia rindiendo un homenaje de reconocimiento al profesor Juan Antonio Gómez Rubí, cuyo fallecimiento reciente nos dejó un triste vacío tanto en lo profesional como en lo personal. Intensivista ilustre, jefe del Servicio de Cuidados Intensivos del Hospital Virgen de la Arrixaca, de esta ciudad de Murcia, que como en otros muchos temas, dentro de su quehacer médico, fue pionero en concienciar de la necesidad de aportar nutrientes al enfermo crítico, y por tanto abriendo caminos a la nutrición artificial.

Precisamente en esta ciudad, en el año 1972, Gómez Rubí, dentro del Congreso de la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (SEMYUC), que presidía, organizó la primera mesa redonda que abordo el tema de la nutrición artificial en España. En esa mesa redonda tuve el honor de participar, junto a otros compañeros. Su título: “Nutrición del enfermo crítico”. La conferencia magistral corrió a cargo del profesor Eduardo Ortiz de Landázuri con el título “Balance de nitrógeno”. Hubiera deseado que el doctor Gómez Rubí estuviera presente para hacerle este mismo reconocimiento en vida.

En efecto, corría la década de los 60, cuando en España surgió, dentro de nuestros hospitales, la necesidad imperiosa de asegurar el aporte de nutrientes a nuestros pacientes. Hasta entonces, en nuestra cultura hospitalaria no se había sentido esta necesidad de modo tan apremiante. Esto coincidía con la creación en España de los Servicios de Medicina Intensiva... En estos servicios comenzaron a atenderse no solamente los enfermos graves agudos, como politraumatizados, etc., sino las más diversas cirugías de alto riesgo, programadas o no. A mi modo de ver, este hecho marcó un antes y un después, en esta concienciación. En estos servicios dotados de alta tecnología, infraestructuras adecuadas, medios económicos muy importantes y equipos médicos, con dedicación exclusiva al enfermo crítico, pronto se pudo constatar, que a pesar de todo ello, los esfuerzos realizados eran insuficientes, si no conseguíamos aportar nutrientes a nuestros pacientes críticos.

En el preámbulo de mi tesis doctoral, año 1977, escribía: “Como internista he aprendido a ver al hombre enfermo, en mi nuevo quehacer al hombre enfermo grave, que me hacía presenciar el trágico derrumbamiento de las constantes fisiológicas y por tanto de la homeostasis. Al ir profundizando en la fisiopatología del enfermo grave y su tratamiento, fui comprendiendo la importancia y trascendencia que tenía el adecuado aporte de nutrientes, tanto en la ‘profilaxis’ de dichos enfermos, como en su tratamiento”.

Me atrevo a decir que resultaba irresponsable continuar empleando tanto esfuerzo en nuestros servicios, si en primer lugar no sabíamos poner remedio a esta carencia.

Fue tal la dedicación de estos especialistas, que lograron ganar la atención de otras especialidades, especialidades, que asimismo sentían esta necesidad, como era el caso, fundamentalmente de los cirujanos.

Podríamos decir, que esta primera etapa se sustentaba en profesionales de distintos campos, que unidos, dieron el primero y gran empuje, creando bases e infraestructuras. Pero lo más importante que hicieron fue un gran esfuerzo de concienciación.

Si como hemos mencionado en estos inicios de la nutrición artificial en España, el doctor Gómez Rubí, podía ser la persona de referencia dentro del intensivísmo, el doctor Simón Schwartz como bioquímico representaba la implicación de la investigación en el terreno de la nutrición. El doctor Enrique Rojas y la doctora Ana Sastre, representaban a los endocrinólogos y a la nutrición clínica del momento, del mismo modo el profesor A. Sitges Creus representaba el interés del mundo de la cirugía por la nutrición, la pediatría estaba representada desde sus comienzos por el doctor Ruza Tárrio.

Quedarían incompletas las referencias si no hiciéramos mención expresa a la industria multinacional, que tuvo muy importante papel en estos comienzos de la nutrición artificial. Cabe destacar dentro de la industria nacional la labor desarrollada por don Ramón de Santiago y Salas a través del laboratorio RAGUSANT, en Barcelona, que el entonces dirigía. Facilitó fórmulas magistrales a cada hospital que lo solicitara. Introdujo en Europa la fórmula de aminoácidos ramificados F080 de Fischer. Él ayudó a la organización y soportó los primeros encuentros científicos tanto nacionales como internacionales, que se celebraron en Madrid y en Barcelona.

Estos encuentros fueron presididos indistintamente por el doctor Schwartz y por mí mismo. Esto facilitó la comunicación con las principales personalidades del mundo de la nutrición, en aquellos momentos, como era el caso de Grande Covian, Dudrick, Wilmore, Fúrst, Solassol, Joyeux, Kinney, Feckel, etc. (fig. 1).

La introducción de la nutrición artificial en España si bien afectaba solo a un 10-15% de los pacientes hospitalizados supuso un aporte trascendental a la nutrición clínica, bajo un punto de vista cualitativo y fue, y ha sido a mi entender, su principal motor. Era un nuevo modo de nutrir, pero también fue estímulo eficaz en la concienciación de la necesidad de prestar mayor atención a la nutrición hospitalaria y a la dietética en general.

Llegados a este punto ha de hacerse expresa referencia al doctor Jesús Culebras en la implantación de la nutrición artificial en España, cuyo esfuerzo y dedicación lo merecen.

Recién venido a España, de su estancia con Francis Moore, volvimos a reencontrarnos. Él buscaba intensivistas, yo buscaba cirujanos. Juntos fuimos a beber en las fuentes de la nutrición artificial, asistiendo en el año 1977, en Houston, Texas, a la primera reunión de la American Society Parenteral and Enteral Nutrition (ASPEN). Allí pudimos constatar “in situ”, la importancia que había adquirido la nutrición artificial y departir con dos de las figuras mas relevantes entonces en el tema, como eran Stanley Dudrick (fig. 2) y George Blackburn (fig. 3), quienes, prácticamente, fueron los primeros en sistematizar la nutrición parenteral en la década de los sesenta.

Dudrick, siendo residente de cirugía en Filadelfia, bajo la dirección de Jonathan Rhoads, hizo unos experimentos espectaculares, demostrando que con la sola administración de nutrientes por vía intravenosa, podía conseguirse un desarrollo ponderal en el modelo experimental de perro joven, similar al que tenía lugar con alimentación normal. Refrendó su experimento con la aplicación práctica inmediata de su modelo en treinta pacientes quirúrgicos, o con enfermedades gastrointestinales. Con estas experiencias se abrió la posibilidad de obtener la cicatrización de heridas quirúrgicas y un desarrollo postoperatorio normal, cuando la alimentación oral era imposible, insuficiente, o estaba contraindicada. La administración, por periodos cercanos a las 24 horas/día, superiores a los hasta entonces empleados, mejoraba la tolerancia y eficiencia metabólica de los nutrientes y además permitía cierto tiempo para el ejercicio físico, diariamente, considerado como factor contribuyente al anabolismo celular.

Dudrick demostró simultáneamente la posibilidad de conseguir desarrollo y crecimiento corporal normal, desde las primeras etapas de la vida, exclusivamente con nutrición parenteral. Después de más de treinta años, los principios de éste trabajo pionero, siguen vigentes, si bien la modificación de los materiales y las soluciones empleadas y el tiempo de tratamiento con nutrición parenteral total, se ha prolongado notoriamente.

Blackburn, de Boston, por su parte, desarrolló un concepto hormonal complejo, según el cual, si se mantenían niveles bajos de insulina y altos de glucagón, lo que se conseguía no incluyendo glucosa ni sus precursores, los aminoácidos administrados por vía parenteral serían utilizados, preferentemente para la síntesis de las proteínas.

A la vuelta de nuestro viaje, el doctor Culebras, con una gran visión, que yo no compartía en ese primer momento, fundó la Sociedad Española de Nutrición Parenteral y Enteral (SENPE).

Por entonces ya existía en España la Sociedad Española de Nutrición (SEN) en la que estaban implicados, fundamentalmente los profesores Grande Covián y Varela, sociedad que, en un principio, algunos tomamos de referencia, pero en definitiva ha sido la SENPE, la que, de un modo más eficaz e influyente, ha impulsado la nutrición clínica en España.

La SENPE superó incluso, el límite de sus propias siglas, al acoger a todas las disciplinas que, de un modo u otro, estaban comprometidas con la nutrición clínica: cirujanos, intensivistas, endocrinólogos, farmacéuticos, digestólogos, bioquímicos, ATS, etc. Juntos y en perfecta simbiosis hemos dado un impulso a la nutrición clínica en nuestro país, a los niveles más altos.

La SENPE ha realizado un total de cinco reuniones y diecinueve congresos nacionales, incluido éste, por toda España. Sus actividades congresuales pasaron, de dos mesas redondas, en la primera reunión de la SENPE en Bilbao, en 1979, con un presupuesto de ciento setenta y cinco mil pesetas (175.000 ptas.), a seis mesas redondas, dos conferencias magistrales, catorce conferencias cortas, tres simposios paralelos, ciento cuarenta comunicaciones libres, ochocientos asistentes y un presupuesto de cincuenta millones de pesetas en su último congreso de 2002 en León.

La revista Nutrición Hospitalaria, revista oficial de la SENPE, que apareció en 1986 y en 1989, y fue creada y dirigida por el doctor Culebras, supuso definitivamente la consolidación de esta sociedad. La revista ha sido incluida en la base de datos de Index Medicus y Medline y en otras bases de datos, Índice Médico Español, IBECS, Cancerlit, Aidsline. Su reto actual es la inclusión en la base de datos del Institute for Scientifc Information (Current Contents).

Han aparecido otras revistas que por diversas razones no han permanecido como The Journal of Clinical Nutrition and Gastroenterology, promovida por el doctor Schwartz, que se publicó entre los años 1986 y 1989. Supuso un encomiable esfuerzo, editada en inglés y concebida como vehículo para dar a conocer nuestra producción científica fuera de España. A pesar del esfuerzo de sus editores no pudo sobrevivir más de tres años. La difusión de Nutrición Clínica y Dietética Hospitalaria, Nutrición y Obesidad es de momento limitada, por su ausencia de las bases de datos electrónicas. Esta última dejó de publicarse este año.

No fueron menos los beneficios, que como ya refería Dudrick, ha supuesto la nutrición parenteral, cuando afirmaba que la posibilidad de aportar todos los nutrientes esenciales por vía parenteral, manteniendo durante tiempo prolongado el crecimiento y desarrollo de animales y especialmente en hombres, no sólo ha supuesto una importantísima aportación terapéutica, sino que ha permitido a los investigadores realizar una investigación básica y clínica que previamente era impracticable o imposible. Todo ello se ha plasmado en importantes descubrimientos en fisiología, inmunología, biología celular, endocrinología, bioquímica y otras disciplinas. Muestra de ello ha sido la profusión de trabajos, que los médicos españoles hemos publicado de todos los temas, referidos, en las revistas de mayor impacto. Asimismo ha motivado la realización de muchas tesis doctorales en España relacionas con la nutrición artificial. La primera de ellas se debe al doctor Carlos Vara, cirujano entonces en el Hospital Clínico de Madrid, y que posteriormente se plasmó en un libro publicado en 1972, con el título de Nutrición completa por vía parenteral.

Hay que hacer referencia a numerosas publicaciones de varios libros o monografías, entre las que cabe destacar:

• “Soporte metabólico nutricional en el enfermo crítico”. Coordinador: Tomás Caparrós en 1993.

• Tratado de Nutrición Artificial, en dos tomos, editado por el doctor Celaya Pérez en 1998.

• Tratado de Nutrición, dirigido por Manuel Hernández y Ana Sastre, en 1999.

• Tratamiento Nutricional: de la Investigación a la Gestión, editado por Abelardo García de Lorenzo, Jesús Culebras y Javier González en 2002.

• Soporte Nutricional en el Paciente Oncológico, coordinado por la doctora Carmen Candelas y Ana Sastre.

Podemos decir, que a través de la SENPE, se han canalizado los más importantes logros de la Nutrición Clínica en España. Y asimismo ha conectado con otras sociedades de dentro y fuera de España lo cual ha sido enriquecedor en ambos sentidos.

España propuso a la Comunidad Europea en 1990 el proyecto EUROPAN. Un proyecto de investigación sobre nutrición parenteral periférica hipocalórica. Durante tres años aglutinó más de cincuenta grupos hospitalarios europeos. El resumen de las actividades de EUROPAN está recogido en un libro publicado por la Dirección General XII de la CE.

El prestigio de la SENPE ha supuesto, que la European Society Parenteral and Enteral Nutrition (ESPEN) haya celebrado sus congreso en España en dos ocasiones. La primera en Barcelona en 1986, bajo la presidencia de Antonio Sitges Serra y la segunda en Madrid, bajo la presidencia de Miguel León-Sanz. En este último congreso se contó con la presencia de 2.000 congresistas.

Asimismo, España forma parte de la Federación de Sociedades Europeas de la ESPEN, a través de la SENPE y su órgano de expresión la revista Clinical Nutrition, está dirigida por el doctor Miguel Ángel Gassul.

Existen otras sociedades con referencia a la nutrición, que han venido realizando actividades y congresos. La SEN (Sociedad Española de Nutrición), SENBA (Sociedad Española de Nutrición Básica y Aplicada), etc., en ellas la presencia de cirujanos o intensivistas es anecdótica. Sus reuniones y congresos han alcanzado gran difusión.

La Federación Latinoamericana de Nutrición Parenteral y Enteral (FELANPE) aglutina los intereses en nutrición artificial de Iberoamérica. En FELANPE hay mucha influencia de norteamérica, pero los lazos con SENPE son muy estrechos.

Como último aporte hay que mencionar, dentro del mundo de la comunicación, la creación de la página web de la SENPE, “ventana abierta de nuestra sociedad hacia el futuro”, como afirma Jordi Salas i Salvadó, actual coordinador de la misma.

He de hacer obligada referencia, al Grupo de Trabajo de Metabolismo y Nutrición de la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (SEMIUC), creado en 1989 y que está dedicado fundamentalmente a la nutrición artificial. Fue creado a instancias de un grupo de intensivistas y hoy cuenta con más de cien afiliados, que se reúnen periódicamente al menos dos veces al año. Este grupo trabaja en gran sintonía con la SENPE y algunos de sus miembros ocupan cargos de alta responsabilidad en la misma, como es el caso del actual presidente el doctor García de Lorenzo. Del grupo, han salido algunos de los más importantes responsables de la nutrición clínica, en diferentes hospitales. En este grupo se han producido importantes proyectos de investigación, plasmados en publicaciones en revistas de gran impacto, libros y monografías. Este grupo ha propiciado una conferencia de consenso con el tema “Respuesta a la agresión: valoración e implicaciones terapéuticas” dentro del campo del metabolismo y la nutrición.

Asimismo, la reunión anual, que se convoca en memoria del doctor Abrahan García Almansa, ilustre nutricionista, se ha consagrado definitivamente, y ha contribuido a la difusión de la nutrición hospitalaria, a ella acuden prestigiosos profesionales de dentro y fuera de nuestro país.

La nutrición artificial fue acogida entre los profesionales interesados, con una novedad creciente y como toda nueva técnica se impuso con entusiasmo; a veces sin el reposo y crítica debida, que pronto nos hicieron percatarnos de las dificultades y riesgos, que la aplicación de estas nuevas técnicas, comportaban, y la dificultad de su aplicación. Ello era fundamentalmente en los enfermos críticos, en los que la propia inestabilidad hemodinámica impedía, o dificultaba enormemente, su aplicación.

En estos años, conjuntamente con los países más avanzados, hemos seguido la evolución que se ha ido produciendo, en el empleo de nuevos materiales, que han permitido la realización de nuevos abordajes. Ello ha facilitado el aporte de nutrientes con la mayor facilidad y prontitud, como es el caso de la nutrición enteral precoz, que tantos beneficios aporta. La cuantificación de las necesidades de los diferentes nutrientes y micronutrientes tanto vitaminas como oligoelementos, han sido básicos en la consecución de los mejores resultados.

La evolución en este terreno ha sido trascendente desde los comienzos referidos. Desde el aporte de energía, nitrógeno y micronutrientes mediante mezclas estandar de aminoácidos, glucosa y emulsiones lipídicas procedentes de aceites de semillas, y con fines fundamentalmente nutritivos, hasta el empleo de nutrientes que pueden ejercer efectos metabólicos o inmunológicos hasta el punto de configurar la Farmacología nutricional. Podemos enumerar entre ellos la inclusión entre los aminoácidos: los ramificados, la glutamina y la arginina, entre los lípidos los triglicéridos de cadena media, ácidos grasos omega 3 y 9 junto con los lípidos estructurados. El aporte de nucleótidos y fibra dietética completan la lista.

Esta evolución en conceptos y aplicaciones ha venido haciéndose no solamente a nivel de la nutrición artificial sino en la alimentación oral. Se ha hecho un gran esfuerzo en mejorar la alimentación tradicional, haciéndose hincapié en el mayor y mejor manejo de los alimentos tanto en su textura, consistencia, y modificación en el aporte de nutrientes como en su preparación y en la adecuación de los horarios y frecuencias de la ingesta. Por último, la incorporación de dietas trituradas de alto valor nutricional, modificadores de la textura y enriquecedores de la dieta, todo ello, englobado en el concepto de alimentación básica adaptada, ha supuesto un gran esfuerzo en proporcionar, no solamente el adecuado aporte de nutrientes por la vía natural, sino haciéndola posible obviando las dificultades de masticación, etc., ayudando a soslayar la mayor dificultad, como es la lucha contra la anorexia, que de un modo u otro, en mayor o menor intensidad, es denominador común en todos los pacientes hospitalizados, motivada fundamentalmente por su propia enfermedad, pero agravada de un modo importante por el entorno, actuaciones exploratorias e inadecuada presentación de los alimentos.

El acceso a los distintos tramos del tracto gastrointestinal, así como la disponibilidad de gran variedad de formulas enterales adecuadas y especificas, para múltiples situaciones clínicas, han convertido a la nutrición enteral en un método ideal dentro de la Nutrición artificial, que hoy supone el 80% de los nutridos artificialmente, relegando a la parenteral, que supone el 20% restante, a los casos en que la enteral no pueda o no deba aplicarse. Cada vez son menores las contraindicaciones absolutas a la nutrición enteral, que se limitan a los casos de obstrucción intestinal completa, íleo paralítico, diarrea masiva o hemorragia digestiva aguda.

La nutrición artificial ha propiciado grandes beneficios en los enfermos críticos agudos o en cirugía programada, lo cual ha facilitado la realización de todo tipo de trasplantes, tanto en adultos como niños o recién nacidos.

La nutrición artificial ha permitido nutrir pacientes exclusivamente con este método sine die. Por ello, pacientes con ausencia de intestino funcionante podían vivir de manera indefinida. Se planteó entonces la necesidad de desarrollar un método de nutrición, compatible con una vida prácticamente normal. La necesidad de abaratar costes sanitarios obligaba a desplazar a sus domicilios a pacientes estables, dependientes de nutrición artificial. Era preciso desarrollar un modelo de soporte nutricional que pudiera ser manejado por el paciente y sus familiares, que permitiera autonomía al paciente, y todo con las debidas garantías de seguridad.

Por un lado se fabricaron bombas de infusión portátiles, de fácil manejo. Por otro se desarrollo el concepto de catering. El paciente recibía en su domicilio los nutrientes, listos para su administración. En tercer lugar era necesaria una infraestructura sanitaria de supervisión integral del paciente. Surgió así la nutrición parenteral domiciliaria y ambulatoria. En estados Unidos la Oley Foundation desarrolló el sistema, y en España, el grupo NADYA (Nutrición Artificial Domiciliaria y Ambulatoria), constituido como un grupo de trabajo de la SENPE, ha desarrollado una ingente labor de promoción y registro de la nutrición domiciliaria en nuestro país, y donde la doctora Carmen Gómez Candela, entre otros ha jugado un importante papel.

La prevalencia de nutrición parenteral domiciliaria en Europa oscila entre 8-15 pacientes por millón de habitantes, mientras que en EE.UU. alcanza 238 por millón. Esta abismal diferencia se justifica por los distintos sistemas de Asistencia Sanitaria entre Europa y EE.UU. Estudios comparativos sobre el coste de la nutrición artificial hospitalaria y la nutrición artificial domiciliaria estiman un ahorro del 60-75% claramente a favor de la última.

El avance conseguido, como decimos ha sido enorme; y la nutrición clínica actual ha conseguido metas que parecían inalcanzables hace treinta años. La cicatrización de fístulas, el manejo de los traumatismos cráneo encefálico, de los trasplantados, de los oncológicos, de los enfermos con SIDA serían hitos a subrayar. Quizás puedan servir de resumen de lo conseguido y como proyecto de futuro, las afirmaciones del ilustre oncólogo el doctor Cortés Funes, recogidas del prólogo del libro de Soporte Nutricional en el Paciente Oncológico, publicado en el 2002, que ya hemos referido anteriormente: “Está en pleno desarrollo la búsqueda de nuevos sustratos; el estudio de tiempos de aplicación coincidentes con ritmos circadianos favorables; la utilización cualificada de los principios inmediatos, capaces de perturbar la dinámica de las células micronutrientes, el recurso y aplicación de micro nutrientes antioxidantes, tanto en la prevención como en la terapéutica. Es apasionante el campo de investigación que se abre al binomio Oncología-Nutrición, con la complicidad de estímulos al sistema inmunitario capaces de originarse, también a partir de una dieta en la que constan los componentes adecuados a la situación”. No es casual que tome como referencia estas afirmaciones de un ilustre oncólogo. Las mismas, marcan la diferencia de opinión que tenían sus predecesores y en su mismo entorno no hace más de 20 años. Cuando les sugeríamos la necesidad de nutrir adecuadamente al enfermo oncológico, era rechazada como atrevida, ante el riesgo de que pudiéramos acelerar aún más el proceso tumoral... El giro es copernicano; y como digo es el resumen de lo avanzado de la nutrición clínica española hasta hoy, y refiere suficientemente el camino recorrido y la metas a alcanzar en el futuro, con las recomendaciones que pueden tener aplicación en otras patologías y situaciones metabólicas concretas. El desarrollo de la farmacología nutricional en los próximos años será el camino más adecuado y a mi modo de ver más lúcido para dar un paso de gigante en la evolución del hombre enfermo y por tanto de la longevidad.

Pero sigue pendiente, como gran asignatura, la generalización y control de la nutrición hospitalaria. La desnutrición de los pacientes ingresados en los hospitales es un problema muy conocido desde hace mucho tiempo. Los últimos estudios, propiciados por el Consejo de Europa, cifran la desnutrición entre el 35% y 40% de los enfermos, ingresados en los hospitales de países desarrollados, a nivel mundial, entre los que se incluyen los nuestros. El estudio, altamente significativo sobre la desnutrición hospitalaria, es el que ha concluido el grupo de expertos, convocado por el Consejo de Europa en 1999, en Estrasburgo y que ha celebrado su última reunión en febrero de 2002 y que todavía está en prensa. Se constata la magnitud del problema asistencial que significa la desnutrición en los hospitales europeos, atribuible a cinco factores determinantes, comunes para toda Europa, que parecen ser las principales barreras para una atención nutricional adecuada en los hospitales y que serían:

1. Falta de responsabilidades claramente definidas en la planificación y manejo del soporte nutricional.

2. Falta de suficiente formación nutricional entre los distintos grupos del equipo directivo.

3. Falta de influencia y conocimiento de los pacientes.

4. Falta de cooperación entre los distintos grupos del equipo directivo.

5. Falta de implicación por parte de los gestores hospitalarios.

Tras un análisis extenso y acertado de sus causas y consecuencias, emite una serie de recomendaciones que, con las herramientas disponibles hasta ahora, son simplemente utópicas: ningún hospital europeo, como manifiesta el mismo estudio, está en condiciones de seguir sus recomendaciones.

La primera pregunta que hemos de hacernos es: ¿A que se debe que a día de hoy la nutrición hospitalaria no esté generalizada, contando con nutrientes adecuados, siendo tan elemental su practica cuando en cambio se practican las más refinadas técnicas quirúrgicas, trasplantes de todo tipo sin que las administraciones pongan coto por los gastos que conllevan y se pongan todo tipo de razones para no implantar y reglar la nutrición en nuestros hospitales?

No deben ser argumentos económicos, que aun siendo ciertos pueden ser discutibles, los que deban fundamentar la necesidad de generalizar y asegurar la nutrición de los pacientes. La necesidad de aportar nutrientes en cantidad o calidad según las necesidades metabólicas del individuo, sean en salud o enfermedad, es algo que debería quedar fuera de cualquier discusión. Otra cosa sería la imposibilidad puntual para realizarla en situaciones muy concretas y momentáneas dentro de la evolución del paciente, lo cual hoy día sería una situación excepcional. Por lo demás, el tema económico solo tiene cabida en la elección de las herramientas más eficaces y económicas, para llevarla a cabo.

Resulta llamativo cómo existe tal disociación entre el interés de profesionales médicos y personas en general, por el tema de los alimentos y la salud (obesidad, hipercolesterinemia, etc.), y tan baja preocupación, al menos en los profesionales médicos en general, por la nutrición hospitalaria.

Deseo apuntar algunas razones sin pretender agotarlas:

La falta de objetivación de la situación nutricional del enfermo creo que es el factor fundamental y esto no se logra con la simple visualización del paciente.

En muchas ocasiones, no es percibida, ni por el médico ni por el paciente y lo que es más importante por la sociedad, en la que incluyo la administración en general, incluida la justicia. Nada ni nadie es sensible ante lo que no reconoce o identifica. Menores carencias que estas de las que hablamos, pero que pueden ser objetivadas y objetivables son hoy contempladas bajo el punto de vista de la “mal practice”.

La utilización adecuada de herramientas en el seguimiento y control del paciente hospitalario puede y debe influir en la concienciación del equipo directivo médico del hospital.

Por otra parte, según mi punto de vista, falta la definición, formación y perfil del futuro profesional, responsable de la Nutrición Hospitalaria, así como su ubicación en el complejo hospitalario, categoría, dependencia, etc.

Entre las herramientas que han de generalizarse en la práctica de la nutrición hospitalaria deberá ser la informática, como aconseja, entre nosotros, el doctor Carlos Cerón, que ha dedicado gran atención al tema. Refiere que todas las ventajas y utilidades de la misma, hasta ahora descritas, pueden y deben utilizarse en el campo de la nutrición clínica, ya que es una técnica cada vez más valorada en la actividad asistencial diaria, de diversas especialidades y que puede beneficiarse del uso del ordenador, por la cantidad de tiempo y recursos que consume, al ser una tarea bien esquematizada en su secuencia de trabajo, como son:

• valoración del estado nutricional del paciente;
• cálculo de los requerimientos nutricionales;
• elección de los sustratos a utilizar dependiendo del estado y patología principal del paciente;
• realización de la mezcla, en caso de nutrición parenteral, o elección del tipo de producto comercial a utilizar, en el caso de nutrición enteral y
• dictar las órdenes de terapéutica nutricional según un formato establecido.

El conjunto de todos estos pasos para la realización de una nutrición artificial correcta, requiere el uso de muchos parámetros, complicados cálculos y ajustes continuos, repetidos e individualizados, que obligan a ocupar una importante cantidad de tiempo, sin contar la facilidad de incurrir en errores al usar una importante cantidad de datos. Todo ello lleva a utilizar protocolos y generalizar terapéuticas, que deberían ser individualizadas y para ello nos podemos servir de la informática.

Ejemplo paradigmático de la eficacia que puede suponer el uso de esta herramienta es el Proyecto CONUT, liderado por el doctor Ulibarri, dentro del grupo de trabajo de Desnutrición Hospitalaria de la SENPE, que puede suponer una gran palanca de concienciación en primer lugar y de enorme eficacia para la asistencia e investigación.

En este sentido, hay que resaltar el encomiable esfuerzo que supone el proyecto CONUT. Puede suponer un antes y un después, o el punto de inflexión en la solución de esta asignatura pendiente, al poder objetivar el grado de desnutrición, localización y seguimiento de los pacientes, mediante un programa informático asequible para todos. Según nos refieren sus responsables: “La meta del proyecto CONUT es establecer un sistema de prevención, detección precoz y control de la desnutrición en la población hospitalaria, con objeto de proceder a una actuación nutricional oportuna, reduciendo así la prevalencia e incidencia de la misma y todas sus consecuencias.

Ello implica invertir los términos en materia de detección de la desnutrición o su riesgo, poniéndolo en manos de expertos, centralizando su control: el servicio de nutrición no esperará a que se le avise, sino que dará el primer paso en el planteamiento a los servicios asistenciales del soporte nutricional de los pacientes que lo requieran”.

Pienso que ningún paciente puede estar sin una monitorización continua de su situación nutricional, con los parámetros más adecuados en cada momento, desde que entra hasta que es dado de alta, tiempo en que asume la responsabilidad, el hospital.

Los motivos de los altos índices de desnutrición hospitalaria requieren un diagnostico previo de las causas que lo motivan. Esto, sin duda, han de afrontarlo los médicos y, prioritariamente, aquellos que por nuestra actividad o conocimientos, más sufrimos o apreciamos estas carencias. Esto ha de hacerse con decisión y eficacia, intentando remover los obstáculos ya conocidos y los que puedan aparecer en el camino. No lo hará nunca la administración, ni es su obligación, si no se le presenta como una necesidad clara y detallada, mostrándole las carencias y propuestas concretas de solución. Muchos han sido los intentos de dar solución a la organización de la Nutrición Hospitalaria, fuera y dentro de España, como solución a estas carencias. A modo de ejemplo, hacemos referencia Fischer, que en el año 1976 ya hacía propuestas concretas en la organización de la nutrición hospitalaria, referidas fundamentalmente a la nutrición artificial. Proponía la creación de equipos de soporte nutricional. En España, se celebraban en 1988, las 1ª Jornadas Nacionales sobre organización de la alimentación y Nutrición en el Hospital. Análisis de la organización y funcionamiento de la Dietética y Nutrición Clínica en los hospitales públicos españoles, que se llevó a cabo en el Ministerio de Sanidad y Consumo. La doctora M. D. Carbonell expone exhaustivamente en el capítulo de “Organización de las unidades de nutrición en el hospital” del libro “Tratado de Nutrición”. 2002 la situación actual de estas unidades, sus carencias y propuestas de solución, que creo merecen su lectura y análisis. Pero, hasta ahora, los resultados, en cuanto a la generalización de la nutrición en los hospitales, son las referidas.

La autonomía andaluza, hasta ahora, parece que ha sido la que ha dado unos pasos más concretos, si bien no se han cumplido las propuestas en su totalidad y no han dado, a mí entender, ocasión de medir sus resultados.

¿Existen los perfiles del profesional que asuma la responsabilidad de la nutrición hospitalaria? Si existen, ¿está definida su ubicación y categoría jerárquica dentro del hospital? ¿Requieren una especialización específica? Sin duda, la especialización en Nutrición Hospitalaria requiere y debe alimentarse de conocimientos y aportes multidisciplinares, como las demás especialidades médicas. Pero estimo, que a niveles prácticos, la responsabilidad debe caer en especialistas y personas concretas.

Creo que la SENPE debe continuar con la tarea ya emprendida. La SENPE está compuesta por miembros de diferentes disciplinas dentro del mundo de la nutrición hospitalaria. Su presidente, el doctor García de Lorenzo, hombre de gran formación y prestigio en el tema del metabolismo y la nutrición, muy relacionado con la Universidad, pues en ella está y con importantes relaciones en el ámbito de la nutrición en Europa, es quien está asumiendo esta responsabilidad. Estoy convencido de que cuenta con los mimbres necesarios y seguro con su voluntad. Unos grupos de trabajo. Conferencias de Consenso implicando en ellas a la Universidad, científicos afines y profesionales implicados directamente en la nutrición y elevando sus resultados a los órganos competentes, seguro que dará los resultados apetecidos.

El gran camino recorrido y el alto nivel alcanzado por la Nutrición Hospitalaria en España, alienta a pensar, que el camino que aún hemos de recorrer se pueda hacer. Con la misma eficacia. Se vislumbra el perfil del profesional adecuado, que deberá tener una dedicación a tiempo completo, una sólida formación en el campo del metabolismo y la fisiopatología, si atendemos a la eficacia con que vienen actuando, tanto los intensivistas, como los endocrinólogos, que son, fundamentalmente, los que vienen dirigiendo las unidades de nutrición y con la autoridad suficiente para poder asumir sus responsabilidades.

Soy consciente de que abordo un tema delicado. Nada más lejos de mi intención, al sugerir soluciones desde mi independencia, que hacerlas desde la corta mirada de intereses partidistas. No propongo soluciones inmediatas que pudieran incidir negativamente en personas o disciplinas consagradas y por otra parte no tendrían cabida en esta conferencia. A caso me dejo llevar de la experiencia que supuso en España la creación de las UVI, Unidades que eran llevadas por diferentes especialistas (internistas, cardiólogos anestesistas). La conformación posterior de un cuerpo de doctrina propio configuró una especialidad que convirtió las iniciales Unidades en los actuales Servicios de Medicina Intensiva, directamente dependientes de la dirección médica del hospital. Esta especialidad requirió, y sigue requiriendo, la aportación multidisciplinar de conocimientos. Requiere del concurso de otras especialidades, fundamentalmente quirúrgicas, pero consta de un equipo de médicos, ATS, técnicos propios, altamente especializados, que manejan, y son responsables ante el hospital, a los enfermos que requieren asistencia.

Soy muy optimista y creo que las soluciones discurren por muy buen camino. Adivino una voluntad firme de dar un paso importante cualitativo en este terreno y a no mucho tardar las soluciones caerán como fruta madura.

La reciente presentación de la Federación Española de Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética resulta un nuevo hito, a mi entender, en el camino correcto.

Para terminar, también quiero decir que el avance conseguido, que ha supuesto poner la nutrición clínica de nuestro país al nivel de las mejores del mundo, ha sido posible gracias a la ilusión, y sobre todo a la competencia, de muchos profesionales de diferentes disciplinas. No quiero que pueda quedar un mensaje pesimista por haber dejado para el final de mi conferencia las carencias referidas. De nuevo hemos de recordar las afirmaciones de Dudrick y ser conscientes que el trabajo realizado compensa con mucho las deficiencias y que con los conocimientos adquiridos hemos dado oportunidad de avanzar en esta disciplina y en otras, habiendo estimulado sin duda la investigación en nuestro país. He mencionado en esta conferencia a personas e instituciones, al hilo del relato y que indudablemente son. Lo he hecho sin ánimo de selección, pues quedan sin mencionar muchos más, procedentes de muy distintas disciplinas y que ellos y yo sabemos que también son y contribuyeron a la consecución de estos logros.

Muchas gracias.

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