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Nutrición Hospitalaria

versión impresa ISSN 0212-1611

Nutr. Hosp. vol.25 no.5  sep./oct. 2010

 

ORIGINAL

 

Estudio de las características antropométricas y nutricionales de los adolescentes del núcleo urbano de Valladolid

Study of the anthropometric and nutritional characteristics of adolescents in the city of Valladolid

 

 

E. Escarda Fernándeza, E. González Martínezb, E. González Sarmientoc, D. De Luis Románc, M.F. Muñoz Morenod, C. Rodríguez Gaye, A. Almaraz Gómeze y J. Zurro Hernándezc

aMédico de familia del Servicio de Urgencias.
bServicio de Medicina Interna y Unidad de Investigación del Hospital Clínico Universitario de Valladolid.
cInstituto de Endocrinología y Nutrición de Valladolid (IEN).
dDepartamento de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Facultad de Medicina de Valladolid. España.

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Objetivos: Descripción de las características antropométricas de una muestra de adolescentes de Valladolid junto al análisis de ingesta dietética del grupo de población.
Material y métodos: Estudio de campo observacional descriptivo transversal, de una muestra de 557 adolescentes (14 - 18 años), seleccionada por muestreo probabilística de entre 6 institutos públicos y privados, de distintos barrios de Valladolid. Se realizó un cuestionario de frecuencia de consumo junto a la medición antropométrica. La clasificación de los individuos se realizó mediante el cálculo del Z-score del Índice de Masa Corporal (IMC), los puntos de corte para el IMC de Cole y criterios de la International Diabetes Federation (IDF). El análisis nutricional se realizó mediante un enfoque probabilístico y el índice de adecuación nutricional.
Resultados: El exceso de peso es similar en ambos sexos (17%), sin emabrgo existe un 15,2% de prevalencia de bajo peso entre las mujeres estudiadas, frente al 4,5% en varones (p<0,005). El 1,3% presentan riesgo de padecer síndrome metabólico. El consumo energético se distribuye: 30-32% lípidos, 45% hidratos de carbono y 16-17% proteínas. La valoración nutricional refleja probable déficit de consumo en yodo, zinc, vitaminas A y E.
Conclusiones: La prevalencia de obesos está próxima a la de otras series, pero la prevalencia de sobrepeso es inferior. Es muy importante el porcentaje de mujeres con IMC por debajo de lo normal para su edad y sexo. Existe un exceso de aporte proteico, de grasas saturadas y de colesterol, con un déficit en el consumo de hidratos de carbono, yodo, zinc y vitaminas A y E.

Palabras clave: Obesidad. Sobrepeso. Prevalencia. Nutrición. Adolescentes.


ABSTRACT

Objectives: A description of the anthropometric characteristics of a sample of adolescents from Valladolid and the analysis of dietary intake of the population.
Materials and methods: Observational study of descriptive cross-field of a sample of 557 adolescents (14 - 18 years) by probabilistic sampling from 6 public and private, in different districts of Valladolid. We carried out a food frequency questionnaire with anthropometric measurements. The classification of individuals was by calculating the Z-score of body mass index (BMI), the Cole´s cutoff points for BMI and criteria of the International Diabetes Federation (IDF). Nutritional analysis: probabilistic approach and the nutrient adequacy ratio.
Results: Excess weight is similar in both sexes (17%), but there is a 15.2% prevalence of underweight among the women studied, compared to 4.5% in males (p <0.005). 1.3% risk of having metabolic syndrome. Energy consumption is distributed: 30-32% fat, 45% carbohydrates and 16-17% protein. The nutritional deficiency likely reflects consumption in iodine, zinc, vitaminsA and E.
Conclusions: The prevalence of obesity is close to that of other series, but the prevalence of overweight is lower. It is very important percentage of women with a BMI below normal for their age and sex. There is an excess of protein intake of saturated fat and cholesterol, with a deficit in the consumption of carbohydrates, iodine, zinc and vitamins A and E.

Key words: Obesity. Overweight. Prevalence. Nutrition. Adolescents.


 

Introducción

El término malnutrición se refiere, como indica la Organización Mundial de la Salud (OMS), a las carencias, excesos o desequilibrios en la ingesta de energía, proteínas u otros nutrientes, de forma que incluye tanto la desnutrición como la sobrealimentación1. En esto último, puede estar la clave sobre el incremento de la prevalencia de exceso de peso en niños y en adolescentes que se ha observado en las 2 últimas décadas, tanto en países desarrollados como en los que se encuentran en transición hacia el desarrollo2,3. En España, se han observado cambios de estilo de vida consistentes en el abandono de la dieta mediterránea, adoptando otras menos saludables como las anglosajonas4, caracterizadas por el consumo de alimentos con alta densidad energética y baja densidad de nutrientes5.

Teniendo en cuenta que la obesidad constituye una enfermedad crónica, que ha demostrado aumentar el riesgo de padecer otras enfermedades crónicas como diabetes mellitus tipo 2, hipertensión, patología cardiovascular, cáncer..., no sólo en el adultos sino también en la infancia y adolescencia6, los hábitos alimentarios y modelos dietéticos y de actividad física, pueden comportarse como factores de riesgo para el padecimiento de dichas enfermedades7. Como los estilos de vida se suelen implantar en la infancia y se consolidan en la adolescencia8, es fundamental que se realicen estudios dietéticos y de hábitos de vida en esta etapa con el fin de adoptar medidas adecuadas para la prevención de las patologías crónicas que inciden en la calidad de vida de la población.

El objetivo de nuestro estudio fue evaluar la situación antropométrica y la ingesta dietética en una muestra de adolescentes de Valladolid.

 

Material y métodos

Se trata de un estudio de campo observacional, descriptivo y transversal sobre un grupo de población formado por los alumnos de edades comprendidas entre 14 y 18 años, matriculados en los centros de la ciudad de Valladolid durante el curso escolar 2004-2005. Tras ser aprobado el protocolo de estudio por el Comité de Ética de Investigación del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, y la obtención de permiso por parte de la Consejería de Educación, se extrajo una muestra equiprobabilística de adolescentes y a los que se explicó las características del estudio, su carácter anónimo y sus posibles beneficios comunitarios, procediendo a la aplicación de los criterios de exclusión (consentimiento informado de tutores legales e individual y ausencia de enfermedad o tratamiento que pudiese modificar los resultados, por su relación directa con la dieta y/o los valores antropométricos). Finalmente se obtuvo una muestra de 557 individuos, el 53,8% varones y el 46,2% mujeres, a los que se realizó un cuestionario de frecuencia de consumo semanal que incluyó medidas antropométricas (peso, talla y perímetro de cintura).

Medidas antropométricas: La medida del peso se realizó con una balanza electrónica que ofrece una precisión de ± 100 g, previamente calibrada. Para la medición de la talla, se utilizó una cinta métrica enrollable colocada en el plano perpendicular al suelo, con una precisión de ± 1 mm, permaneciendo el individuo con la cabeza situada en el plano de Frankfurt (horizontal nariz-trago). El perímetro de cintura se midió utilizando una cinta métrica enrollable, con una precisión ± 1 mm, localizando el borde superior de las crestas iliacas. Sobre ese punto, se procede a rodear la cintura de forma paralela al suelo, preocupándose de que la cinta métrica quede ajustada, no apretando la piel.

Como variable antropométrica secundaria, se calculó el Índice de Masa Corporal (IMC) mediante la fórmula: peso (kg) dividido por la talla (m) al cuadrado.

Cuestionario: Se ha utilizado un cuestionario de frecuencia de consumo semanal supervisado por el Departamento de Medicina Preventiva y Salud Pública del Hospital Clínico Universitario de Valladolid.

Este tipo de cuestionario, también utilizado en estudios como el Alimentación y Valoración del Estado Nutricional en Adolescentes (AVENA)9, enKid10 y Encuesta Nacional de Salud (ENS)11, es el idóneo para la población objeto de estudio por su sencillez y rapidez de contestación, ya que no es fácil de entrevistar por la dificultad que entraña el mantener su nivel de atención. Para el cálculo de los resultados de ingesta de nutrientes, se ha recurrido a las tablas proporcionadas por la Sociedad Española de Hipertensión-Liga Española para la Lucha contra la Hipertensión Arterial (SEH-LELHA) a través del programa DIAL12. Con los datos obtenidos y utilizando las Ingestas Diarias Recomendadas (IDR) por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC)13, se ha realizado una cuantificación de aporte energético y de principios inmediatos, junto con la evaluación de la adecuación nutricional colectiva a través del cálculo del enfoque probabilística, el Índice de Adecuación Nutricional (IAN) y su media (MIAN).

Métodos estadísticos: Para la clasificación antropométrica de los individuos se utilizó el cálculo de la puntuación Z ó Z-score para el IMC, a través de una aplicación del programa Excel, que utiliza el método LMS14, cuya fórmula es: Z = [y/ M (t)]L(t)-1 / S(t)L(t), donde: Z se encontrará entre -3 y +3; "y" es el IMC obtenido de las tablas de percentiles en función de edad; M(t) es la Mediana del IMC en función de la edad; S(t) es el coeficiente de variación con respecto a la edad; L(t) en la medición de talla/peso se asume que es la unidad.

Los datos obtenidos permitieron clasificar a los individuos en función de los puntos de corte propuestos por la OMS en 197914,15. Además, se ha recurrido a una segunda clasificación de los individuos utilizando los puntos de corte del IMC aprobados internacionalmente por la International Obesity Task Force (IOTF)16.

Para la evaluación de la adecuación nutricional colectiva, se ha recurrido al enfoque probabilístico para obtener el riesgo de ingesta inadecuada de cada nutriente, y al cálculo del IAN de cada nutriente así como su media13.

 

Enfoque probabilístico

1) Clasificación de la ingesta del nutriente, por cada individuo, en 6 clases en función del porcentaje que supone de la IDR dicha ingesta (a).

2) Cálculo del número de individuos clasificados en cada clase.

3) Se multiplica el número de individuos de cada clase por el valor de probabilidad de ingesta inadecuada según la clase.

4) Se suman los valores resultantes para obtener el número total de individuos de ese grupo a riesgo de tener ingesta inadecuada del nutriente que se está estudiando.

5) Cálculo del porcentaje de individuos del grupo a riesgo de presentar ingesta inadecuada del nutriente (b).

(a) Clases en función de la ingesta individual del nutriente expresada como porcentaje de la IDR: 1) <54% de la IDR; 2) 54 a 65,5% de la IDR; 3) 65,5 a 77% de la IDR; 4) 77 a 88,5% de la IDR; 5) 88,5 a 100% de la IDR; 6) > 100% de la IDR.

(b) Probabilidad para cada clase, de que la ingesta individual del nutriente no alcance la recomendación: 1) 1,0; 2) 0,93; 3) 0,69; 4) 0,31; 5) 0,07; 6) 0,0.

IAN= Ingesta media diaria del nutriente/ IDR del nutriente

(A los valores superiores a la unidad se les da el valor de 1).

MIAN= Suma de los IAN de x nutrientes/x.

Para analizar la asociación entre las variables del estudio, se ha utilizado el test Chi-cuadrado de Pearson, o el test exacto de Fisher, cuando el número de celdas con valores esperados menores de 5, fuese mayor de un 20%.

La prueba t de Student para muestras independientes se ha aplicado en la comparación de los valores medios. Si el número de grupos a comparar era mayor de dos, se ha realizado el ANOVA. Además, como pruebas no paramétricas, se ha recurrido a la prueba U de Mann-Whitney, para dos grupos, o la prueba de Kruskal-Wallis, para más de dos grupos. La relación entre los principios inmediatos y la puntuación Z para el IMC se ha calculado el coeficiente de correlación de Pearson.

El análisis estadístico se ha realizado con el programa SPSS versión 15.0 (Il, USA), considerando los valores de p < 0,05, estadísticamente significativos.

 

Resultados

La muestra está compuesta por 557 adolescentes de edades comprendidas entre 14 y 18 años El 53,9% fueron varones .Utilizando la puntuación Z en la clasificación de los participantes según el estado nutricional, se han obtenido los resultados expuestos en la tabla I, donde las diferencias halladas entre todos los grupos, han sido estadísticamente significativas (p<0,005).

 

Analizando el IMC de la muestra, de acuerdo con los puntos de corte de Cole17 que clasifican a los individuos en función del IMC, de la edad y el sexo, hasta los 18 años, la prevalencia de sobrepeso y obesidad que presentan los adolescentes de Valladolid es de 13,9% (64) y 2,4% (11) respectivamente.

La circunferencia de cintura aumenta de forma directamente proporcional a la edad y al estado nutricional del adolescente. Tomando como referencia los puntos de corte de la International Diabetes Federation (IDF)18 para el perímetro de cintura en la población europea, el 1,3% de los participantes del estudio, presentan dicho criterio.

La ingesta diaria de los distintos principios inmediatos y energía en función del estado nutricional (tabla II) refleja que los individuos con normopeso presentan mayor consumo que los que tienen exceso de peso de forma estadísticamente significativa.

Calculando el porcentaje de energía que supone, de la energía total diaria, cada uno de los principios inmediatos para los adolescentes de esta ciudad, no se han hallado diferencias entre grupos. La distribución de la energía/día en principios inmediatos es: 30-32% lípidos, 45% hidratos de carbono y 16-17% proteínas. Existe correlación positiva con un nivel de significación estadística de p<0,01, entre las proteínas, hidratos de carbono, energía y lípidos. Al contrario ocurre al buscar relación entre los principios inmediatos y la puntuación Z; existiendo en este caso, una correlación negativa entre la energía y los principios inmediatos con la puntuación Z (p<0,01), lo cual indica que a medida que aumenta la ingesta diaria, disminuye el Zscore (Tabla III).

 

A través del enfoque probabilístico, hemos obtenido que entre el 9 y el 13% de individuos ingiere menos de 2/3 de la IDR de los nutrientes estudiados (los porcentajes más elevados corresponden al yodo y vitaminas C, A, D y E), entre el 3 y el 4,5% ingiere más de la cantidad recomendada y entre el 51 y 52% de los adolescentes presentan ingesta inadecuada de algún nutriente, de forma global. El consumo expresado en medias por grupos de edad y sexo, se encuentra reflejado en las tablas IV, V y VI, donde también aparece la valoración a través del IAN. De forma global, la ingesta en los varones adolescentes de Valladolid es adecuada en lo que respecta a la media ingerida de los macro y micronutrientes.

 

Discusión

Como dato relevante, nuestro estudio muestra cómo la prevalencia de sobrepeso es inferior a la encontrada en otros estudios realizados en poblaciones semejantes, como en el AVENA (2000-2002)9 o el estudio del Riesgo de Enfermedades Cardiovasculares de Castilla y León (2005-2007)19. Es decir, un 12% prácticamente en nuestra población frente al 20% para varones y el 16% para mujeres entre 13 y 18 años del AVENA9; y el 27% (33,3% en varones y 20,55% en mujeres de entre 15 y 35 años) en el de Castilla y León. Por otra parte, en el estudio Enkid (2000)10, el porcentaje de sobrepeso que alcanza el 9,3% (el 10,4% de los varones y el 8% de las mujeres) para una población de entre 14 y 17 años, sí se asemeja al presente estudio.

La obesidad en los adolescentes de Valladolid (5,1%; sin variación entre sexos) alcanza un porcentaje semejante al presente en el estudio AVENA9, aunque en este, sí se encuentran diferencias por sexo (el 5,7% de los varones y el 3,1% de las mujeres). Con relación al estudio enkid10, las diferencias son importantes, llegando a duplicar, o como en el caso del sexo masculino, triplicar, los valores de prevalencia de obesidad (12,5%; el 15,8% en varones y el 9,1% en mujeres). Por otra parte, en los datos recogidos por la OMS20 de la población española en 2003, se refleja un porcentaje de obesidad del 2,6% distribuido de forma similar por sexos (2,9% en varones y 2,3% en mujeres de edades comprendidas entre 15 y 24 años).

El Institute of European Food Studies (IEFS) de España, en una población de mayores de 15 años, encontraron una prevalencia de exceso de peso de 28,7 y 37,3% en mujeres y hombres, respectivamente5. Para la población de 9 a 19 años estadounidense en los años 1999 y 2000, el porcentaje de obesidad y sobrepeso obtenido por el estudio National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES)21, era mucho mayor que el de nuestro estudio, pues se alcanzaron cifras de 29,9% de sobrepeso y 15% de obesidad. Más adelante, en 2001-2002 dichos valores ascendieron hasta el 31,5% y el 16,5% respectivamente, datos verdaderamente alarmantes.

Las diferencias encontradas, podrían explicarse teniendo en cuenta la diferencia geográfica y la metodología utilizada para clasificar a los participantes en los distintos grupos nutricionales; la aproximación a la normal usado en este estudio, frente a los percentiles utilizados en el AVENA9 o el enkid10, y frente a puntos de corte del IMC sin ajustar por edad y sexo del estudio de Riesgo Cardiovascular de Castilla y León19. Por esta situación, surge la necesidad imperiosa de establecer criterios estándar de clasificación nutricional que puedan ser aplicados internacionalmente a este grupo de población, y así poder realizarcomparaciones más contrastables. Por otro lado, también sería recomendable la estratificación por grupos de edad de forma estandarizada, permitiendo así enfrentar estadísticamente poblaciones más homogéneas.

Destacar, en el otro extremo de la balanza, el riesgo de desnutrición en el que se encuentran el 9,1% del total de la muestra, que en el caso de las mujeres llega a cifras del 15,2% frente al 4,5% de los varones. Existe algún estudio, como el realizado en Soria capital (1999-2000)8, donde las cifras de bajo peso también resultaron llamativas. De sus datos se extrae que el 26,7% de las chicas de 13 a 15 años y el 6,7% de las de 16 a 19 años presentaban IMC < 18, mientras que en varones sólo el 5,3% de los de 13 a 15 años y ninguno de los de 16 a 19 lo mostraban. Cifras de la OMS26 reflejan que en la población española de 15 a 24 años del 2003, el bajo peso era semejante a la población de Valladolid (9,8% del total de la muestra, con un 5,6% de los varones y un 14,2% de las mujeres). Estas afirmaciones, nos deben poner en alerta acerca de la existencia de un importante grupo de población en un rango de edad susceptible de crecimiento, que puede verse afectado por un trastorno de la conducta alimentaria21,22, infradiagnosticado, en especial en el sexo femenino, donde la prevalencia de bajo peso es el triple que para el sexo contrario.

La obesidad abdominal medida como perímetro de cintura, es un factor de riesgo cardiovascular muy importante en la actualidad; tanto es así, que la IDF18 lo ha incluido como fundamental para el diagnóstico de síndrome metabólico tanto en la adolescencia como en la edad adulta23. En nuestro estudio, lo ha presentado únicamente el 1,3% de los participantes, de acuerdo con los criterios establecidos para la población europea (perímetro de cintura >P90, ajustado por edad y sexo), según las tablas obtenidas de la IDF18.

Con relación a otros trabajos de investigación, las diferencias son relevantes tanto en población europea como americana. En adolescentes británicos de edades comprendidas entre los 11 y 16 años en 199724, la circunferencia de cintura estimada fue >P90 en el 28% de varones y el 38% de mujeres. Por otro lado, el NHANES III23 refleja un porcentaje de adolescentes con valores de circunferencia de cintura superiores a dicho percentil para edad, sexo y raza, entorno al 18-19% en varones y 18-23% en mujeres de edades comprendidas entre 12 y 19 años. Con estos resultados podemos decir, que los adolescentes de este municipio se encuentran mejor controlados en lo que respecta a las características antropométricas que otros países anglosajones, probablemente en relación a las diferencias en hábitos dietéticos.

Teniendo en cuenta las IDR13 de energía para adolescentes de entre 14 y 19 años, se aprecia un exceso de aporte en todos los grupos. Llama la atención, que las mujeres de hasta 15 años, tienen una ingesta más acorde con las recomendaciones, frente a las de 16 a 19 años que, en lugar de disminuir algo la ingesta, como señala la IDR para esa edad, mantienen el aporte energético igual que las de 14 y 15 años. En lo que respecta al consumo de proteínas, nuestra población excede ligeramente lo recomendado13, puesto que supone el 16,9% de la energía total consumida y debería ser inferior al 10-15% de la energía diaria. Esta situación se repite en el caso de otras poblaciones, como por ejemplo en Balaguer (Lérida) donde, el estudio realizado en el año 200025, obtuvo una ingesta proteica de entre 16,3% y 20% de la energía total consumida. En el enkid26 hay semejanza en cuanto al porcentaje que supone el aporte proteico con relación a la energía total (17,3%), pero la media difiere algo más (94,8 ± 19 g/día para varones y 76,7 ± 11,7 g/día para mujeres). Dichas diferencias pueden explicarse por lo mencionado con anterioridad, dado que el grupo de edad estudiado (de 2 a 24 años) es más amplio que el de este estudio.

En el caso de los lípidos y los hidratos de carbono, se aconseja que se ingiera un 30-35% de la energía total diaria en forma de grasas, y el 50-55% en forma de carbohidratos13. En los adolescentes de nuestra ciudad, dichas cantidades no son alcanzadas en el caso de los hidratos de carbono (44,6%), mientras que sí que lo son en el caso de los lípidos, aunque la proporción de los diferentes tipos de grasa no sea la adecuada. El porcentaje de grasas saturadas no debería superar el 7% de la energía diaria, y en este grupo supone hasta el 11,3%. Por otra parte, en el caso de las grasas mono y poliinsaturadas ocurre lo contrario, los niveles máximos no se llegan a alcanzar, ya que en nuestra población son el 12,0% y el 4,8% respectivamente, siendo la recomendación <18% para grasas monoinsaturadas y <10% en el caso de las grasas poliinsaturadas13. La ingesta de colesterol se ve sobrepasada porque es de 372,95 mg/día y debería ser inferior a 300 mg/día.

En otros estudios en población española, los niveles de ingesta grasa registrados, fueron superiores a los de Valladolid, llegando a ser en el enkid26 hasta el 39,8% de la energía total o en las poblaciones de Aragón, Galicia y Madrid (1993-1996)27, entre el 40-45%. En Balaguer25, el nivel de grasa aportado diariamente en adolescentes de 14 y 15 años es inferior (27-30%). En Europa28, las cifras más elevadas de ingesta grasa se alcanzan en España, Grecia y Reino Unido. A la hora de analizar los diferentes tipos de grasa que se consumen, en toda Europa se alcanzan niveles superiores a los recomendados de grasas saturadas, siendo Bélgica, Francia y Finlandia los que mayor consumo tienen de ellas (17%), seguidos de Grecia, España e Italia (12-13%) y por último, de Yugoslavia y Polonia (10%). Es decir, aunque los adolescentes de Valladolid presentan un exceso de aporte de grasas saturadas, el porcentaje de calorías de la dieta en forma de estos ácidos grasos se encuentra entre los más bajos de Europa. Todo ello, pudiera justificarse por los cambios alimentarios que se han producido en las poblaciones industrializadas en los últimos años, con la introducción de comidas rápidas, bebidas hipercalóricas y productos industriales, altos en contenido calórico y graso, con proporción importante de ácidos grasos saturados.

Algo muy diferente ocurre con los ácidos grasos poliinsaturados, ya que los aportes rondan niveles inferiores a los máximos recomendados (4-6%) en todo el continente europeo13. Los monoinsaturados, en el norte, este y centro de Europa se consumen también en menor cuantía de la recomendada. Sin embargo, en las cuencas mediterráneas, en relación probablemente con los aceites consumidos, los aportes de monoinsaturados sí están en el rango de los niveles recomendados (16% en España26 y 18% en Grecia28), como ocurre en este estudio.

El colesterol de la dieta de los españoles se recoge como de los niveles más elevados de Europa, en algunos estudios superior a 400 mg/día28, como en el caso de los adolescentes de Valladolid. Las cifras más bajas de este tipo de grasa, se encuentran en países como Países Bajos, Polonia, Reino Unido y Dinamarca.

Existe similitud en la proporción energética que aportan los hidratos de carbono entre nuestra muestra y la del estudio enkid26 (42,1%), y a su vez, con los datos del estudio en Balaguer25 (30,7%-41,5%). Algunos países europeos como Noruega e Italia sí alcanzan la ingesta recomendada de carbohidratos, pero hay otros, como Alemania (42,7% del total de la energía total diaria) que tampoco lo cumplen.

Al comparar la energía y principios inmediatos consumidos por la población del estudio, con el estado nutricional en el que se encuentran los individuos, se obtienen unos valores que invitan a la reflexión, ya que hay mayor consumo de energía y principios inmediatos en aquellos adolescentes catalogados de normales, que en los que presentan obesidad y sobrepeso, de forma estadísticamente significativa.

Ante esta situación, nos surgen algunas hipótesis causales; podría deberse a que la población obesa tiene algún tipo de mecanismo fisiológico que prioriza el almacén de la energía, a pesar de realizar pequeñas ingestas de comida. Otra posibilidad es que exista menor gasto energético que la energía suministrada, de tal forma que el exceso, se almacena. Por último, también cabe la posibilidad de que aquellos que presentan exceso de peso, "lo saben", y en cierto modo subestiman la cantidad de comida ingerida, provocando un sesgo, a pesar de la insistencia por parte de los entrevistadores, del carácter anónimo del cuestionario.

Sin embargo, esta falta de asociación entre obesidad y mayor aporte energético, ha sido demostrada en múltiples estudios transversales29. Gracias a los datos obtenidos del cálculo del enfoque probabilístico y el IAN acerca de la ingesta de algunos minerales y vitaminas de los adolescentes de Valladolid, hemos de llamar la atención ante la existencia de riesgo de ingesta insuficiente en aquellos minerales y vitaminas con IAN bajo, especialmente el yodo, vitamina E y vitamina A, que hasta en un 13% de los adolescentes se encuentra un consumo inferior a 2/3 de IDR. Por otra parte, en las mujeres, ese riesgo de ingesta inadecuada se extiende además al calcio y zinc. Si estos datos son comparados con los obtenidos en el ámbito nacional por el enkid30, para una población de 14 a 17 años, ese porcentaje de consumo menor a 2/3 de IDR en vitaminas A, D, E y fólico, asciende al 80% de los estudiados; lo cual refleja que los adolescentes de Valladolid tienen mayor nivel nutricional. Al comparar la ingesta media de vitaminas y minerales de los adolescentes de Valladolid, con los datos extraídos del estudio enkid26, los niveles de este último, resultan inferiores en la mayoría de los casos, salvo para el calcio y las vitaminas E y B12 que hay mayor grado de similitud.

Teniendo en cuenta la dificultad que entraña la valoración de los componentes nutricionales de la dieta habitual de un grupo de población, y utilizando los datos de otros estudios de forma cautelosa, puesto que las tablas de composición nutricional no coinciden en la mayor parte de ellos, se puede hablar de similitud en el aporte de algunos minerales con respecto a otros países europeos28. Así, el calcio estimado en la dieta se acerca a la de países caracterizados por alto consumo de lácteos como son Finlandia y Francia, especialmente en varones. Insistir por tanto, en el intento por variar la dieta habitual de los jóvenes que nos rodean, puesto que, un aporte de calcio bajo acompañado de un exceso de proteínas, da lugar a mayor eliminación del primero, con deficiente fijación al hueso, lo cual propicia el desarrollo de osteopenia o incluso osteoporosis, en edades adultas.

El magnesio y fósforo alcanzan niveles altos comparados con el resto del continente, con cierta aproximación a las cifras presentadas por países del norte. Para otros minerales como el hierro y el selenio, las cifras de consumo también son de las más elevadas de Europa, como ocurre en Suecia, Finlandia y Reino Unido.

En el otro extremo de la balanza, encontramos el yodo y el zinc que como ocurre en el Reino Unido y Países Bajos para el zinc, y en Alemania para el yodo, se alcanzan los niveles más bajos de Europa.

Señalar que tanto para la vitamina A como para la vitamina E, el consumo estimado es bajo, al igual que ocurre en Alemania y Reino Unido para la primera, y en Dinamarca, Francia y Reino Unido para la segunda. Dicha estimación, en cuanto a la vitamina E, podría estar en relación con el bajo consumo de ácidos grasos poliinsaturados, ya que países del centro y este europeo presentan mayores niveles en estos y en vitamina E28.

Resaltar, por otra parte, el hecho de que la ingesta de vitamina D es alta, y alcanza niveles de los más elevados de Europa, probablemente en relación con el alto consumo de productos lácteos. Lo cual, asociado a la ingesta elevada de magnesio (en forma de cereales, frutos secos y vegetales de hoja verde), han sido reconocidos por algunos autores como protectores frente al desarrollo de obesidad y DM2 en niños y jóvenes 2,7.

En conclusión, la prevalencia de obesos en nuestra muestra está próxima a la de otras series, pero la prevalencia de sobrepeso es inferior. Es muy importante el porcentaje de mujeres con IMC por debajo de lo normal para su edad y sexo. Existe un exceso de aporte proteico, de grasas saturadas y de colesterol, con un déficit en el consumo de hidratos de carbono, yodo, zinc y vitaminas A y E.

 

Referencias

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Dirección para correspondencia:
Daniel A. de Luis Román.
Los Perales, 16.
47130 Simancas.Valladolid.
E-mail: dadluis@yahoo.es

Recibido: 30-VIII-2009.
Revisado: 5-IX-2009.
Aceptado: 7-IX-2009.

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