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Anales de Psicología

versión On-line ISSN 1695-2294versión impresa ISSN 0212-9728

Anal. Psicol. vol.29 no.3 Murcia oct. 2013

http://dx.doi.org/10.6018/analesps.29.3.153591 

 

Adaptación española del "International Affective Picture System" (IAPS). Tercera parte

Spanish adaptation of the "International Affective Picture System" (IAPS). Third part

 

 

Javier Moltó, Pilar Segarra, Raúl López, Àngels Esteller, Alicia Fonfría, M. Carmen Pastor y Rosario Poy

Universitat Jaume I de Castellón

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Este trabajo proporciona los valores normativos españoles de las 358 imágenes que forman los conjuntos 15 a 20 del International Affective Picture System (IAPS). En este estudio participaron 811 estudiantes universitarios (521 mujeres) que evaluaron las imágenes en las dimensiones emocionales de valencia, activación y dominancia. Las correlaciones entre las evaluaciones estadounidenses y las españolas en todas las dimensiones fueron altamente significativas y, como en Estados Unidos, la distribución de las imágenes en el espacio bidimensional afectivo definido por las dimensiones de valencia y activación adoptó la típica forma de boomerang. Los resultados confirmaron, asimismo, las diferencias de género encontradas en Estados Unidos en las evaluaciones de las imágenes aversivas. Estos resultados son totalmente consistentes con los obtenidos en la primera y segunda parte de la adaptación española, y demuestran que la estandarización del IAPS en nuestro país ha sido adecuada. Por último, se ratificaron las pequeñas diferencias transculturales encontradas en las evaluaciones de activación y dominancia: los españoles tendieron a asignar a las imágenes mayores puntuaciones en activación y menores en dominancia que los estadounidenses. Estos datos apoyan los estereotipos culturales de estos países y sugieren que el IAPS podría ser un indicador fiable de diferencias transculturales en la disposición emocional.

Palabras clave: International Affective Picture System (IAPS); emoción; valencia afectiva; activación; dominancia; diferencias transculturales; diferencias de género.


ABSTRACT

The Spanish norms for pictures in shows 15 to 20 of the International Affective Picture System (IAPS) are reported in this paper. Participants were 811 undergraduate university students (521 women), who rated the valence, arousal, and dominance of 358 pictures. The correlations between the North-American and the Spanish ratings were all highly significant and, like in the United States, the picture distribution in the bidimensional affective space, defined by the ratings on affective valence and arousal, displayed the typical boomerang shape. Our data also corroborated gender differences in aversive pictures found in North-Americans. These results are fully consistent with those obtained in the first and second part of the Spanish adaptation, and demonstrate that the standardization of IAPS in our country has been successful. Finally, our data confirmed the cross-cultural differences found in arousal and dominance ratings: Spanish participants tended to assign higher arousal and lower dominance scores to the pictures, as a whole, than North-Americans. These data support the general cultural stereotypes that exist for these countries and suggest that the IAPS might be a reliably index of cultural differences in emotional disposition.

Key words: International Affective Picture System (IAPS); emotion; affective valence; arousal; dominance; cross cultural differences; gender differences.


 

Introducción

La investigación psicológica en el ámbito de la emoción ha experimentado un notable crecimiento en los últimos treinta años, a pesar de que todavía no existe un consenso acerca de su definición y de su medida (para una revisión ver Lang, 2010, y Mauss y Robinson, 2009). Este crecimiento se ha debido, en parte, a la aparición de diversos conjuntos de materiales estandarizados para provocar emociones en contextos de laboratorio (Cacioppo y Gardner, 1999). Estos materiales incluyen desde conjuntos de palabras (ANEW; Bradley y Lang 1999a), sonidos (IADS; Bradley y Lang, 1999b) e imágenes (IAPS; Lang, Bradley y Cuthbert, 2008) hasta fragmentos de películas (Gross y Levenson, 1995; Hagemann et al., 1999), textos (ANET; Bradley y Lang, 2007a) e interacciones sociales (Roberts, Tsai y Coan, 2007; Yinon y Landau, 1987).

Uno de los conjuntos de estímulos estandarizados más utilizados en la investigación experimental es el International Affective Picture System (IAPS; Lang et al., 2008). El IAPS es una colección de más de 1000 fotografías en color -agrupadas en 20 conjuntos de aproximadamente 60 imágenes- que representan objetos, personas, paisajes y situaciones de la vida humana cotidiana. Cada una de estas imágenes ha sido evaluada por más de un centenar de personas -hombres y mujeres- en las dimensiones afectivas de valencia (nivel de agrado/desagrado de la imagen), arousal o activación (nivel de activación/calma que provoca la imagen) y dominancia (nivel de control del sujeto sobre la imagen), utilizando una escala pictográfica. Este formato pictográfico hace a la escala intuitiva y universalmente comprensible, lo que permite usarla en personas con dificultades cognitivas y en culturas diferentes. Las imágenes han sido numeradas (con 4 dígitos) y catalogadas en función de las puntuaciones (media y desviación típica) que han obtenido. Basándose en las puntuaciones de alguna de estas dimensiones, los investigadores pueden seleccionar y/o emparejar las imágenes que van a utilizar en los experimentos y controlar el efecto de las otras dimensiones. Por ejemplo, pueden controlar la activación emocional cuando investigan los efectos de la valencia afectiva o viceversa. Así, una de las ventajas de emplear una base baremada de estímulos emocionales como el IAPS es que permite la selección precisa de los estímulos en función de su posición en el espacio afectivo definido por las dimensiones de valencia, activación y dominancia.

La decisión de estandarizar las imágenes del IAPS en función de las evaluaciones de los sujetos en las dimensiones afectivas de valencia, activación y dominancia está basada tanto en datos teóricos como experimentales (Bradley y Lang, 2007b). En el siglo XIX, Wundt (1896) fue el primero en proponer un modelo dimensional de la emoción al sugerir que el afecto es el resultado de variaciones en las dimensiones de placer y activación. Posteriormente, los análisis factoriales sobre el diferencial semántico de Osgood, que evaluaba el lenguaje afectivo (Osgood, Suci y Tannenbaum, 1957; Smith y Ellsworth, 1985), y los resultados de los autoinformes verbales sobre distintos estados emocionales (Mehrabian y Russell, 1974; Meyer y Shack, 1989; Watson y Tellegen, 1985) han llevado al desarrollo de una teoría acerca de la emoción en la que juega un papel fundamental la valencia hedónica. Esta primacía de la dimensión de valencia afectiva en la estructura emocional ha recibido un fuerte apoyo empírico con los estudios sobre categorización del lenguaje, en los que se demuestra que el conocimiento emocional está organizado jerárquicamente con un primer factor que divide los estados emocionales en agradables y desagradables (Ortony, Clore y Collins, 1988; Shaver, Schwartz, Kirson y O'Connor, 1987). Un segundo factor -que también recoge una gran proporción de la varianza en los juicios evaluativos- es la dimensión de activación (con un rango que va desde la calma a la excitación). Además de estas dos dimensiones básicas, se ha encontrado -de manera menos consistente y con un peso mucho menor- la dimensión de dominancia o control (Osgood et al., 1957). Sin embargo, esta tercera dimensión está altamente correlacionada con la dimensión de valencia y, por tanto, añade poco valor discriminativo a las dos dimensiones afectivas básicas (Bradley, Greenwald y Hamm, 1993).

La aproximación teórica acerca de las emociones propuesta por Peter J. Lang integra los resultados de las líneas de trabajo anteriormente citadas junto con investigaciones en el ámbito del aprendizaje animal, con la propuesta de que las emociones son consecuencia de la activación de los sistemas cerebrales apetitivo y aversivo (Dickinson y Dearing, 1979; Gray, 1987; Hebb, 1949; Konorski, 1967; Solomon y Corbit, 1974). Así, Lang plantea una visión bifásica y dimensional de las emociones en la que éstas son disposiciones para la acción que resultan de la activación de los dos sistemas motivacionales existentes en el cerebro, lo que permite explicar la primacía de la dimensión de valencia afectiva en la respuesta emocional (Lang, 1995; Lang, Bradley y Cuthbert, 1990).

Estos sistemas motivacionales están integrados en circuitos neurales del cerebro y, posiblemente, están íntimamente relacionados con las estructuras cerebrales que regulan los sistemas somático y autónomo implicados en la atención y en la acción (ver Davis, 2000; Davis y Lang, 2003; Fanselow, 1994; LeDoux, 1996, 2000). Es por eso que, cuando alguno de estos sistemas se activa, se producen cambios a nivel cortical, autonómico y conductual que varían en cuanto a su intensidad. Según este modelo, la dimensión de valencia afectiva indicaría el sistema motivacional -apetitivo o defensivo- que se ha activado, mientras que la dimensión de activación reflejaría la intensidad de esa activación (Cacioppo y Berntson, 1994).

Dado que la información pictórica parece igualar las propiedades sensoriales del objeto o situación a la que se refiere, las imágenes del IAPS tienen la capacidad de activar estas estructuras cerebrales y desencadenar fácilmente un patrón de respuesta emocional similar al que tiene lugar ante los estímulos verdaderos. Evidentemente, la intensidad de la respuesta emocional provocada por las imágenes es menor que la que produciría el objeto o situación real, pero, a pesar de ello, las imágenes son capaces de provocar los mismos cambios fisiológicos, conductuales y subjetivos (Lang, Greenwald, Bradley y Hamm, 1993). Otra de las ventajas de la utilización de una base de imágenes es que éstas no requieren procesamiento lingüístico, por lo que pueden ser utilizadas para inducir estados emocionales en distintos países y en pacientes con deficiencias relacionadas con el lenguaje. Asimismo, es particularmente importante el hecho de que las imágenes sean estímulos estáticos. El empleo de señales dinámicas como películas o historias -que contienen movimiento o desarrollo narrativo- complican enormemente la interpretación de la respuesta afectiva, sobre todo si se tiene en cuenta que muchas de las medidas psicofisiológicas de la emoción (por ejemplo, la tasa cardíaca, los potenciales evocados, etc.) son sensibles a los cambios estimulares a lo largo del tiempo. La utilización de estímulos estáticos, como las imágenes, soluciona este problema y, además, sus parámetros físicos -por ejemplo, tamaño de la fotografía, duración de la exposición, brillo, luminosidad, color y frecuencia espacial- son muy fáciles de controlar y manipular experimentalmente (Bradley y Lang, 2007b).

Todas estas características han propiciado que el IAPS no sólo haya sido ampliamente utilizado en la investigación experimental de los procesos emocionales y atencionales en contextos de laboratorio, sino que se haya convertido en una herramienta metodológica de gran utilidad y de frecuente utilización en investigaciones del ámbito cognitivo y clínico. Así, se ha utilizado en estudios de aprendizaje (p. e., López, Poy, Pastor, Segarra y Moltó, 2009; Tracy, Mcfall y Steinmetz, 2005), percepción (p. e., Neiss, Leigland, Carlson y Janowsky, 2009; Sabatinelli, Bradley y Lang, 2001), atención (p. e., García y Calvo, 2010; MacNamara y Hajcak, 2009) o memoria (p. e., Bradley, Greenwald, Petry y Lang, 1992; Mickley, Addis, y Kensinger, 2010). El IAPS también ha sido utilizado en el ámbito clínico en una gran variedad de poblaciones, desde pacientes que presentan trastornos alimenticios (p. e., Blechert, Feige, Hajcak y Tuschen-Caffier, 2010; Drobes et al., 2001), neurológicos (p. e., Miller, Okun, Marsiske, Fennell y Bowers, 2009; Siebert, Markowitsch y Bartel, 2003), de ansiedad (p. e., MacNamara y Hajcak, 2010; Shapira et al., 2003), de estrés post-traumático (p. e., Amdur, Larsen y Liberzon, 2000; Ehlers et al., 2010) y de abuso de sustancias (p. e., Geiger, Mucha y Pauli, 2000; Wang et al., 2010) hasta enfermos de Alzheimer (p. e., Kensinger, Brierley, Medford, Growdon, y Corkin, 2002; Schultz, De Castro y Bertolucci, 2009), depresivos (p. e., Mneimne, McDermut y Powers, 2008; Sloan y Sandt, 2010), fóbicos (p. e., Hamm, Cuthbert, Globisch y Vaitl, 1997; Leutgeb, Schäfer y Schienle, 2009), alcohólicos (p. e., Gilman y Hommer, 2008; Myrick et al., 2004), esquizofrénicos (p. e., Herbener, Song, Khine y Sweeney, 2008; Wynn, Horan, Kring, Simons y Green, 2010) y psicópatas (p. e., Pastor, Moltó, Vila y Lang, 2003; Patrick, Bradley y Lang, 1993).

En la actualidad, trece años después de la publicación de los baremos de los primeros cuatro conjuntos (Lang, Bradley y Cuthbert, 1999), esta base de estímulos emocionales aparece en más de 2500 referencias de artículos experimentales en las áreas de psicología y neurociencia. La Figura 1 muestra el número de artículos que citan el IAPS en períodos sucesivos de 2 años desde 2000 en la base de datos Scopus, utilizando como término de búsqueda "International Affective Picture System"; y limitando la búsqueda al campo de las referencias.

 

Como se puede observar, los resultados muestran un volumen importante de publicaciones y un incremento progresivo período a período en el número de artículos que citan el IAPS, lo que demuestra la importancia creciente de este instrumento en la investigación actual.

Los estudios experimentales que hacen uso de este instrumento en el campo de la emoción y la atención demuestran que la visión de las imágenes del IAPS produce cambios fiables y medibles en cada uno de los tres sistemas de la respuesta emocional: el subjetivo-verbal, el conductual y el fisiológico (p. e., Bradley y Lang, 2000; Frijda, 1988; Gross, 2007). Los análisis factoriales sobre las distintas medidas subjetivas, fisiológicas y conductuales obtenidas ante los estímulos del IAPS muestran, de forma consistente, una estructura bifactorial: el primer factor agrupa las evaluaciones en la dimensión de valencia afectiva, las respuestas psicofisiológicas de tasa cardíaca y actividad electromiográfica de los músculos corrugador y cigomático, así como la amplitud del reflejo de sobresalto, mientras que el segundo factor agrupa las estimaciones en activación, el tiempo de visión de las imágenes, la respuesta de conductancia de la piel y la amplitud de los potenciales positivos tardíos (p. ej., Bradley y Lang, 2007b; Lang, 1995). Estos resultados se suman a la abundante evidencia experimental que indica que el sistema emocional de los mamíferos está organizado en torno a dos sistemas motivacionales básicos -apetitivo y aversivo- que varían en cuanto a su nivel de activación (p. e., Lang, 2010; Russell, 2003; Watson y Tellegen, 1985).

La representación de las imágenes del IAPS en el espacio bidimensional definido por las dimensiones de valencia y activación sistemáticamente adopta la forma de boomerang (con dos brazos que parten del cuadrante neutro-calmado y se extienden hacia los dos cuadrantes activadores: agradable y desagradable). Esta forma se debe, por una parte, a la ausencia de imágenes desagradables con baja activación y, por otra, a que las imágenes neutras son evaluadas con un bajo nivel de activación. Posiblemente, estos huecos en los cuadrantes desagradable-calmado y neutro-activador reflejan nuestra experiencia emocional en la propia vida real: lo desagradable, para serlo, ha de ser intenso y producir activación y, por el contrario, lo neutro, a su vez, nos suele dejar más bien indiferentes. Esta distribución de los estímulos en el espacio emocional es estable y fiable (Greenwald, Cook y Lang, 1989) y se mantiene en otras culturas o, por lo menos, en las occidentales (Bradley y Lang, 2007b). Precisamente la particular disposición de las imágenes del IAPS se ve corroborada por la relación cuadrática encontrada entre las dimensiones de valencia y activación en distintos países como Alemania, Suecia, Italia (mencionado en Bradley et al., 1993), Bélgica (Verschuere, Crombez y Koster, 2001) y España (Moltó et al., 1999; Vila et al., 2001). Además, en todos estos países se ha encontrado una fuerte y significativa correlación entre las evaluaciones norteamericanas y las puntuaciones de valencia, activación y dominancia (todas las correlaciones > .80). El nivel de acuerdo entre las puntuaciones norteamericanas y españolas de los 14 primeros conjuntos del IAPS es también altamente significativo para las dimensiones de valencia, activación y dominancia (cf. Moltó et al., 1999; Vila et al., 2001). Estos datos demuestran que los estímulos del IAPS son entendidos de la misma manera por europeos y estadounidenses, y que la estructura que sirve como marco organizador de la emoción es común en las diferentes culturas.

A pesar de ello, parecen existir pequeñas diferencias transculturales que hacen referencia, principalmente, a la dimensión de activación y que, curiosamente, son consistentes con los estereotipos culturales generales de esos países. Concretamente, comparados con los estadounidenses y alemanes (que no se diferencian entre sí en las puntuaciones de activación que asignan a las imágenes), los suecos evalúan las imágenes con un menor nivel de activación (indicando una mayor calma emocional), mientras que los italianos y españoles otorgan a las imágenes un mayor nivel de activación. Como es lógico, estas diferencias deberían ser tenidas en cuenta a la hora de comparar y replicar los resultados de los estudios experimentales en muestras no estadounidenses y, sobre todo, a la hora de seleccionar los estímulos experimentales. En este sentido, no hay que olvidar que los experimentos de laboratorio requieren necesariamente un control riguroso de las propiedades físicas y afectivas de los estímulos con el fin de investigar su efecto sobre la variable dependiente. Así, por ejemplo, se ha demostrado que la potenciación del reflejo de sobresalto está modulada por el nivel de activación de las imágenes desagradables, de modo que sólo se produce cuando estas imágenes han sido evaluadas con un nivel de activación superior a 6 (ver Cuthbert, Bradley y Lang, 1996). Por este motivo resulta imprescindible adaptar los valores normativos de las imágenes del IAPS al contexto cultural y social de la población a la que se va a aplicar.

Con este fin nuestro grupo de investigación en colaboración con el grupo de investigación del profesor Jaime Vila en la Universidad de Granada llevó a cabo el proceso de adaptación y baremación a la población española de los catorce primeros conjuntos del IAPS (ver Moltó et al., 1999 y Vila et al., 2001). De esta forma, proporcionamos a los investigadores españoles los valores normativos de las imágenes del IAPS adaptados a nuestro país, lo que posibilitaba la selección adecuada de los estímulos emocionales en contextos de laboratorio. La adaptación de este instrumento, sin duda, ha contribuido al progreso de la investigación en el ámbito de la emoción y de la atención en nuestro país como evidencia el número de artículos experimentales que han utilizado estos baremos (más de 100 documentos en la base de datos Scopus hasta el año 2012).

El trabajo que aquí se presenta pretende continuar este proceso de adaptación, presentando los valores normativos en valencia, activación y dominancia de las imágenes de los conjuntos 15 a 20 del IAPS. Con ello, completaremos la adaptación de este instrumento a la población española, lo que permitirá a los investigadores de nuestro país contar con valores normativos socioculturalmente adecuados para seleccionar los estímulos de sus experimentos, además de posibilitar los estudios de replicación entre distintos laboratorios y la investigación de las diferencias transculturales en la calidad e intensidad de los afectos. Además, tres objetivos secundarios relacionados con este objetivo principal son examinar el papel del contexto cultural y del género en la percepción emocional de las imágenes, y verificar en nuestro país la estructura motivacional propuesta por el modelo bidimensional de las emociones en las que se basa el instrumento.

El procedimiento para estandarizar los conjuntos 15 a 20 del IAPS es idéntico al expuesto en la primera y segunda parte del proceso de adaptación, por lo que en la descripción del método que presentamos a continuación se omitirán los aspectos que resulten redundantes.

 

Método

Participantes

Participaron voluntariamente en la investigación un total de 811 estudiantes (290 hombres y 521 mujeres) de diferentes licenciaturas (Psicología, Informática, Humanidades, Química, Magisterio) de la Universitat Jaume I de Castellón, con edades comprendidas entre 17 y 46 años -media de edad (y desviación típica) de 20.36 (3.53) y 20.68 (3.92) años para hombres y mujeres, respectivamente.

Material

Se utilizaron las 358 imágenes en color que conforman los conjuntos 15 a 20 del IAPS. Cada conjunto está formado por 60 imágenes, excepto los conjuntos 19 y 20 que constan de 59 imágenes. En estos dos conjuntos, se añadió una diapositiva al azar de los conjuntos 15 al 18 con el fin de completar el número de 60 imágenes por conjunto.

Los juicios evaluativos de los sujetos para cada una de las imágenes se midieron utilizando el Maniquí de Auto-evaluación (Self-Assessment Manikin, SAM; Lang, 1980) en su formato de papel para lectora óptica. En el SAM, cada una de las tres dimensiones afectivas -valencia, activación y dominancia- aparece representada en una escala compuesta por cinco pictogramas de figuras humanas graduadas en intensidad. Los sujetos deben evaluar cada imagen en las tres dimensiones marcando sobre una de las cinco figuras o en cualquiera de los cuatro espacios entre figuras, resultando una puntuación entre 1 (mínimo agrado, mínima activación, mínimo control) y 9 (máximo agrado, máxima activación, máximo control) por dimensión.

La evaluación de las imágenes de cada conjunto en las tres dimensiones afectivas del SAM se recogió mediante un cuadernillo de 6 páginas con 10 líneas por página. En cada línea aparecían las tres escalas de evaluación afectiva -valencia, activación y dominancia- precedidas por el número de la imagen que debía ser evaluada.

Diseño

Cada conjunto de imágenes del IAPS fue evaluado en distintas sesiones por grupos reducidos de sujetos (entre 10 y 50) en los que se procuraba que la ratio mujeres/hombres no fuera superior a 2:1. En la estandarización de cada conjunto se utilizaron 4 órdenes distintos de presentación de las imágenes con el fin de contrabalancear la posición concreta de cada imagen en su conjunto. El número total de sujetos que evaluaron cada uno de los conjuntos osciló entre 121 y 160.

Con el fin de estudiar la fiabilidad temporal de las evaluaciones, un año después de la fase de estandarización se volvió a llamar a los 125 sujetos (45 hombres y 80 mujeres) que habían evaluado el conjunto 17 del IAPS. De ellos, 35 mujeres accedieron voluntariamente a evaluar de nuevo las imágenes de este conjunto (retest del conjunto 17 del IAPS).

Procedimiento

El procedimiento seguido fue similar al que se utilizó en la primera y segunda parte de este proceso de estandarización. Las sesiones de evaluación se llevaban a cabo siempre a la misma hora del día (de 13 a 15 h), en la misma sala, con la misma distribución de asientos (distancia de los sujetos a la pantalla de entre 6 y 9 m) y con idénticas condiciones de iluminación, tamaño de proyección de las imágenes (1.30 m x 1.70 m) e instrucciones.

Al inicio de cada una de las sesiones experimentales se explicaba a los participantes la finalidad del estudio y se solicitaba su colaboración. Después de firmar su consentimiento para participar, se les explicaban las tres escalas del SAM -valencia, activación y dominancia- que iban a utilizar para evaluar las imágenes. A continuación, los participantes realizaban una fase de práctica en tiempo real en la que se presentaban 3 imágenes (de conjuntos anteriores ya baremados), para familiarizarse con el procedimiento de evaluación.

La sesión experimental consistía de la presentación de las 60 imágenes que conforman un conjunto del IAPS. Cada ensayo constaba de (a) una imagen de preparación ("Prepárese para evaluar la siguiente diapositiva en la línea X"), que permanecía proyectada durante 5 segundos, (b) la imagen afectiva a evaluar, que se proyectaba durante 6 segundos, y (c) una diapositiva con la instrucción de evaluación ("Por favor, evalúe la imagen en las tres dimensiones"), que permanecía durante 15 segundos con el fin de que los sujetos tuvieran tiempo suficiente para completar las tres escalas de evaluación del SAM.

 

Resultados

Valores normativos del IAPS: el espacio bidimen-sional afectivo

En la Tabla 1 (ver Anexo) se recogen las medias y desviaciones típicas de las evaluaciones en las tres dimensiones del SAM (valencia afectiva, activación y dominancia) de cada una de las 358 imágenes que conforman los conjuntos 15 a 20 del IAPS para el total de los sujetos, y para hombres y mujeres por separado. Estos datos constituyen los valores normativos de la estandarización española. Las imágenes aparecen ordenadas por su número internacional de clasificación -y no por su conjunto de pertenencia- para facilitar su localización.

Las evaluaciones que los sujetos realizaron de las imágenes del IAPS se mantuvieron estables un año después (correlación test-retest de .99 en la dimensión de valencia, .96 en la de activación y .97 en la de dominancia; ps < .0001). Estos resultados son consistentes con los encontrados en muestras norteamericanas (Bradley et al., 1993; Lang et al., 1993; Patrick y Lavoro, 1997) e indican que los juicios afectivos que los sujetos realizan de las imágenes del IAPS son fiables y estables en el tiempo.

La Figura 2 representa la distribución de las 358 imágenes en el espacio bidimensional definido por la valencia afectiva y el activación para el total de la muestra. El eje de ordenadas refleja la posición de cada imagen en la dimensión de valencia (1 = altamente desagradable, 5 = neutra, 9 = altamente agradable), mientras que el eje horizontal refleja su posición en la dimensión de activación (1 = calmada, 5 = moderadamente activadora, 9 = altamente activadora). Cada punto de esta gráfica representa la media de las evaluaciones del total de sujetos (hombres y mujeres) para una determinada imagen.

 

Como se aprecia en la Figura 2, la distribución de las imágenes de los conjuntos adoptó la forma de boomerang, con dos brazos que salen desde una base afectivamente neutra y calmada hacia los dos extremos activadores -agradable y desagradable. Esta forma característica refleja el hecho de que (1) las imágenes neutras suelen ser evaluadas como poco activadoras, y (2) que a medida que se extreman las puntuaciones en la dimensión de valencia afectiva, aumentan las puntuaciones en activación -es decir, las imágenes evaluadas con un mayor nivel de agrado y de desagrado tienden también a obtener las puntuaciones más elevadas en la dimensión de activación (Bradley y Lang, 2007b). Esta observación se vio confirmada estadísticamente por la elevada correlación cuadrática entre las evaluaciones de valencia afectiva y activación (r = .68; p < .0001), que explicaría un 46% de la varianza. Este resultado coincide estrechamente con los obtenidos en nuestros dos estudios anteriores de adaptación del IAPS en muestras españolas (Moltó et al., 1999; Vila et al., 2001) y con los datos de las muestras norteamericanas (Greenwald et al., 1989; Lang et al., 1993).

Sistemas motivacionales apetitivo y defensivo

En la Figura 2 se observa que el brazo que se extiende hacia el polo desagradable tiene una mayor inclinación, y una menor dispersión, que el brazo que se extiende hacia el polo agradable (pendiente de la línea de regresión = 7.83 vs. 4.98; error estándar de la estimación de 0.65 vs. 0.83, respectivamente). También llama poderosamente la atención el escaso número de imágenes en el cuadrante desagradable de baja activación, que viene a reflejar nuestra propia experiencia en la vida real: lo desagradable, para serlo, requiere una alta implicación emocional. Como Tellegen (1985) sugiere, lo muy desagradable necesariamente va acompañado de un alto nivel de activación. Así lo confirmó la potente correlación lineal entre las evaluaciones de valencia y activación para las imágenes del polo desagradable (r = -.803; p < .0001), cuya magnitud difirió significativamente de la obtenida para las imágenes del polo agradable (r = .370; p < .0001; Fisher r-to-z = 6.67; p < .0001). Este resultado, que vuelve a coincidir con el obtenido en nuestros estudios previos de adaptación del IAPS (cf. Moltó et al., 1999; Vila et al., 2001), también se ha encontrado en muestras norteamericanas (Ito, Cacioppo y Lang, 1998) y en la adaptación española de los sonidos del IADS (Fernández-Abascal et al., 2008). Este sesgo hacia la negatividad es consistente con la investigación acerca de los gradientes de aproximación-evitación realizada por Neal MiHer (1959) y parece apoyar la idea de que para la supervivencia es básica una rápida activación del sistema defensivo, incluso ante estímulos que posteriormente puedan resultar inocuos (Dickinson y Dearing, 1979; Ohman, 1993).

Comparaciones entre las evaluaciones españolas y las norteamericanas

En la Tabla 2 se presentan las correlaciones de Pearson entre las evaluaciones españolas y norteamericanas en cada dimensión afectiva -valencia, activación y dominancia-, tanto para el total de los 6 conjuntos utilizados en este estudio (conjuntos 15 a 20) como para cada conjunto por separado. Las correlaciones se presentan para el total de los sujetos de la muestra, y para hombres y mujeres por separado.

Al igual que en nuestros estudios de adaptación previos, el nivel de acuerdo entre las evaluaciones españolas y estadounidenses para el total de las 358 imágenes en las dimensiones de valencia, activación y dominancia fue altamente significativo (rs > .82; ps < .0001). El mayor nivel de acuerdo se encontró en la dimensión de valencia, seguida de la de dominancia y de la de activación (Kappa de Cohen de .87, .86 y .75, respectivamente; ps < .0001). Estos datos confirman, de nuevo, que los estímulos del IAPS son entendidos de la misma manera por españoles y estadounidenses (cf. Moltó et al., 1999; Vila et al., 2001).

En la Tabla 3 se presentan -por dimensiones afectivas- las medias de las estimaciones españolas y estadounidenses para el total de los sujetos, y para hombres y mujeres por separado. Como puede apreciarse, no aparecieron diferencias significativas entre las medias de las estimaciones españolas y estadounidenses en ninguna de las dimensiones afectivas, aunque los españoles tendieron a evaluar las imágenes con un mayor nivel de activación (p = .094). Este resultado -consistente con la idea de que los españoles viven y expresan sus experiencias emocionales con mayor intensidad que los estadounidenses- es coincidente con el obtenido en nuestros estudios previos de la adaptación de este instrumento (cf. Moltó et al., 1999; Vila et al., 2001), y también con los encontrados en la adaptación española de otro tipo de estímulos emocionales como las palabras del ANEW (Redondo, Fraga, Padrón y Comesaña, 2007) o los sonidos del IADS (Redondo, Fraga, Padrón y Piñeiro, 2008).

 

 

Los análisis realizados considerando separadamente hombres y mujeres mostraron que las mujeres españolas evaluaron las imágenes del IAPS con un mayor nivel de activación que las mujeres estadounidenses (p = .012), dato que nuevamente coincide con nuestros estudios previos de adaptación (cf. Moltó et al., 1999; Vila et al., 2001). Por lo que respecta a la dimensión de dominancia, los hombres estadounidenses tendieron a asignar puntuaciones mayores que los hombres españoles (p = .082). Este resultado nuevamente coincide con los encontrados en nuestros estudios previos de adaptación del IAPS y con los resultados obtenidos en la adaptación española del conjunto de palabras emocionales del ANEW (cf. Redondo et al., 2007). Curiosamente, esta diferencia no se ha obtenido en las adaptaciones españolas de los sonidos emocionales del IADS (Fernández-Abascal et al., 2008; Redondo et al., 2008). Estos resultados parecen indicar que la modalidad sensorial de los estímulos afectivos podría influir en su capacidad diferencial para la aparición de diferencias culturales.

Diferencias de género en la estandarización española

La Figura 3 y la Figura 4 presentan la distribución de las 358 imágenes en el espacio bidimensional definido por la valencia y la activación para hombres y mujeres, respectivamente.

 

 

Como se observa, aunque ambas figuras muestran la característica forma de boomerang (correlación cuadrática entre valencia y activación de .65 y .71 para hombres y mujeres, respectivamente; ps < .0001), el brazo del boomerang que se extiende hacia el polo desagradable tiene una mayor inclinación, y una menor dispersión, en las mujeres que en los hombres (pendiente de la línea de regresión de las imágenes desagradables de 8.12 vs. 6.82; error estándar de la estimación de 0.60 vs. 0.83, para mujeres y hombres, respectivamente). De forma coherente con lo anterior, las correlaciones lineales pusieron de manifiesto que, en las mujeres, la relación entre la valencia afectiva y el activación era mucho más potente para las imágenes del polo desagradable que para las imágenes del polo agradable (rs = -.848 vs. .354; Fisher r-to-z = 8.19;p < .0001). A diferencia de las mujeres, los hombres presentaron relaciones de magnitud similar entre la valencia y la activación para los dos brazos del boomerang (rs = -.638 vs. .619, para los polos agradable y desagradable, respectivamente; Fisher r-to-z = .29; p = .77).

En la Tabla 4 se presentan -por dimensiones afectivas- los valores medios y la desviación típica de las estimaciones que realizaron los hombres y las mujeres en las 358 imágenes, además de los resultados del contraste de medias para cada dimensión. Las mujeres, comparadas con los hombres, asignaron a los estímulos afectivos mayores puntuaciones en activación- resultado consistente con el estereotipo de que la mujer parece ser más emotiva que los hombres (Brody y Hall, 1993; Grossman y Wood, 1993; Lithari et al., 2010; Plant, Hyde, Keltner y Devine, 2000)-, y menores en dominancia o control. Con objeto de examinar si esta diferencia de género en las evaluaciones de activación afectaba a todo tipo de imágenes o era exclusiva de las desagradables -como sugiere la evidencia experimental de que las mujeres presentan una mayor nivel de activación cerebral ante los estímulos aversivos (Williams y Gordon, 2007)-, las 358 imágenes del IAPS se clasificaron en dos grupos en función de si su puntuación en la dimensión de valencia afectiva era > 5 ó < 5. La Tabla 5 presenta la media y la desviación típica en las dimensiones de activación y dominancia de las imágenes del polo agradable y del polo desagradable para los hombres y las mujeres por separado, así como los resultados del contraste de medias. Como se esperaba, las diferencias de género son exclusivas del polo desagradable. En comparación con los hombres, las mujeres percibían las imágenes desagradables con un mayor nivel de activación y menores niveles de dominio y control.

Estas diferencias significativas entre hombres y mujeres en las dimensiones de activación y dominancia ya se habían obtenido en nuestros estudios previos de adaptación del IAPS (cf. Moltó et al., 1999; Vila et al., 2001) y también se han encontrado en muestras estadounidenses (Bradley et al., 1993; Greenwald et al., 1989), lo que sugiere que son independientes del país de origen.

 

Discusión

El objetivo principal de este trabajo era presentar los valores normativos -en valencia, activación y dominancia- para la población española de las 358 imágenes que conforman los conjuntos 15 a 20 del IAPS. Con ello se pretende completar el proceso de adaptación y baremación de este instrumento a la población española, de forma que los investigadores de nuestro país puedan disponer de unos valores normativos adecuados a su contexto sociocultural para seleccionar y controlar los estímulos emocionales que utilicen en sus experimentos. Además de proporcionar los valores normativos del IAPS para la población española, este trabajo también examina el papel del contexto cultural y del género en los juicios afectivos y la estructura motivacional sobre la que se asienta el instrumento.

Los resultados obtenidos en este trabajo ponen de manifiesto que la baremación de las imágenes de los conjuntos 15 a 20 del IAPS en nuestro país ha sido adecuada. La representación de las imágenes en el espacio bidimensional afectivo definido por las dimensiones de valencia y activación confirma la forma de boomerang encontrada en nuestros estudios previos (cf. Moltó et al., 1999; Vila et al., 2001). Este patrón de resultados es estable transculturalmente (Greenwald et al., 1989; Lang et al., 1993; Moltó et al., 1999; Vila et al., 2001) y se ha encontrado también ante otro tipo de estímulos emocionales como palabras (Bradley y Lang, 1999a; Redondo et al., 2007) y sonidos (Bradley y Lang, 1999b; Fernández-Abascal et al., 2008; Redondo et al., 2008). La forma de boomerang se debe, por un lado, a que los estímulos se distribuyen en la dimensión de valencia desde un punto central neutro y calmado hacia sus dos polos extremos (agradable y desagradable) a medida que aumenta de forma progresiva el nivel de activación y, por otro, a la ausencia de imágenes neutras muy activadoras. Esta distribución de los estímulos afectivos en el espacio bidimensional parece reflejar nuestra experiencia emocional en la vida real: los estímulos neutros nos dejan indiferentes, mientras que los estímulos muy agradables o muy desagradables nos activan y nunca nos dejan impasibles. La forma de boomerang es, asimismo, consistente con la idea de que existen dos sistemas cerebrales encargados de regular la totalidad de la expresión afectiva: el sistema motivacional apetitivo y el aversivo/defensivo (Bradley y Lang, 2007b).

Las evaluaciones en la dimensión de valencia indicarían, precisamente, el sistema motivacional que está activado, mientras que las evaluaciones en activación reflejarían las variaciones en la activación -metabólica y neural- de cualquiera de estos dos sistemas (Cacioppo y Berntson, 1994; Lang, 1995).

El alto nivel de acuerdo alcanzado entre los juicios evaluati-vos de españoles y norteamericanos representa un respaldo empírico a la hipótesis de que diversos aspectos de las emociones surgen de procesos cerebrales comunes a todos los mamíferos (Lang, 2010; Panksepp, 2000). Así, las elevadas correlaciones encontradas en las tres dimensiones afectivas no sólo demuestran la utilidad de las imágenes del IAPS para provocar respuestas en el nivel expresivo-evaluativo de la emoción muy similares en países y culturas diferentes, sino que permiten la replicación de los estudios -usando material estimular idéntico o con puntuaciones similares- y la corroboración de los resultados experimentales en distintos laboratorios.

No obstante, se aprecian algunas diferencias culturales que parecen poner de manifiesto la interacción de esos sistemas motivacionales y/o de los procesos neurales -corticales y subcorticales- con el ambiente sociocultural. Estas pequeñas diferencias se observan en las evaluaciones de activación y dominancia: los españoles perciben las imágenes con un mayor nivel de activación, y tienden a dominarlas o controlarlas menos, que los estadounidenses. Como señalábamos en los trabajos anteriores, los españoles son más expresivos o vehementes que los estadounidenses en tanto que éstos parecen mostrar un mayor nivel de control y dominio ante los estímulos afectivos. Estos resultados parecen encajar bien con los estereotipos que existen sobre ambos países, por lo que sería muy interesante realizar estudios transculturales en los que se evaluaran las diferencias socioculturales en la reacción emocional ante determinados tipos de imágenes.

Con respecto a las diferencias de género, es importante señalar la existencia de pequeñas diferencias en las estimaciones afectivas que los hombres y las mujeres realizan de las imágenes del IAPS en las dimensiones de activación y dominancia. Las mujeres consideran las imágenes del polo desagradable más activadoras y refieren un menor control sobre ellas que los hombres. Estos resultados nuevamente coinciden con los obtenidos en nuestros estudios previos y con los obtenidos en muestras estadounidenses (Bradley, Codispoti, Sabatinelli y Lang, 2001). Estos datos parecen consistentes con el estereotipo de que la mujer es más reactiva ante los sucesos desagradables, especialmente ante aquellos que son amenazantes o traumáticos (Allen y Haccoun, 1976; Fischer y Manstead, 2000; Kring y Gordon, 1998; Lithari et al., 2010). Asimismo, la idea de que la mujer es más expresiva emocionalmente ante la estimulación aversiva que el hombre también parece congruente con los datos epidemiológicos sobre la incidencia de trastornos emocionales relacionados con el afecto negativo, como la ansiedad o la depresión (Sachs-Ericson y Ciarlo, 2000).

Todo ello pone de manifiesto, por un lado, que las diferencias de género deben ser tenidas en cuenta en los estudios emocionales -especialmente a la hora de seleccionar los estímulos- y, por otro, que es importante clarificar el impacto de las variables biológicas y socioculturales en las reacciones emocionales de hombres y mujeres ante determinados tipos de imágenes. Sin embargo, como Bradley et al. (2001) indican, el hecho de que exista una concordancia entre las evaluaciones afectivas de las imágenes del IAPS y las respuestas psicofisiológicas a las mismas sugiere que las diferencias en la reactividad emocional de hombres y mujeres podrían estar, en parte, determinadas biológicamente.

La diferente disposición y dispersión gráfica de las imágenes del IAPS entre el brazo del polo agradable y desagradable va, asimismo, a favor de la hipótesis de que la emoción es un rasgo evolutivo y de vital importancia para la supervivencia (Lang, 2010). Así, el modelo bidimensional de la emoción de Peter J. Lang sostiene que los sistemas motivacionales apetitivo y aversivo -responsables de la primacía de la dimensión de valencia hedónica en la organización estructural de las emociones- son antiguos en términos evolutivos y se comparten con otros animales inferiores en la escala filogenética (Lang, 2010). En este sentido, Bradley (2000) ha señalado la similitud de este resultado con el obtenido en la clásica investigación sobre el conflicto de aproximación-evitación en ratas realizada por Neal Miller (1959). En ella se encontró que el gradiente de evitación de un estímulo aversivo era significativamente más pronunciado que el de aproximación ante un estímulo apetitivo. Estas diferencias en los gradientes de aproximación y evitación para los estímulos positivos y negativos parece indicar que el sesgo hacia la negatividad es una característica que subyace a los propios sistemas motivacionales apetitivo y defensivo, y que refleja la gran importancia que tiene para la supervivencia la rápida activación del sistema aversivo ante cualquier estímulo potencialmente peligroso (ver Bradley, 2000; Cacioppo, Gardner y Berntson, 1997; Ito et al., 1998).

En suma, con este trabajo queda completada la adaptación española de las imágenes del IAPS, aportando los valores normativos de los conjuntos 15 a 20. La similitud de los resultados con respecto a la primera y segunda parte de la adaptación española, y con respecto a los valores estadounidenses, confiere al instrumento una excelente bondad psicométrica, a la vez que confirma su validez ecológica para el estudio experimental de las emociones en el laboratorio. De este modo, se cumple el objetivo para el que fue desarrollado el IAPS: proporcionar un material estimular capaz de provocar emociones en contextos de laboratorio, que fuera internacionalmente accesible y del que se conocieran sus características físicas y afectivas para su uso en las investigaciones experimentales en el ámbito de la emoción y la atención. En consecuencia, el hecho de que las imágenes del IAPS estén calibradas en las dimensiones afectivas de valencia, activación y dominancia, permite el control y la manipulación experimental de estas variables y, por tanto, posibilita las comparaciones entre investigaciones y la replicación de los estudios en otros laboratorios.

No obstante, y a pesar de que los estímulos del IAPS parecen ser entendidos de manera muy similar por españoles y estadounidenses, existen factores socioculturales que podrían jugar un papel relevante a la hora de modular las reacciones emocionales en los distintos países. Las personas aprenden a modificar sus expresiones emocionales en función de las reglas afectivas de la cultura a la que pertenecen (Matsumoto, 1989, 1990, 1993). Por este motivo, sería importante realizar estudios transculturales -especialmente aquellos que tengan también en cuenta las diferencias de género- que ayuden a determinar el peso de las variables biológicas o socioculturales en la respuesta emocional observada. Tales estudios sólo se podrán llevar a cabo si contamos con un instrumento que evalúe de un modo válido y fiable los estímulos afectivos en las distintas culturas. La adaptación del IAPS en nuestro país abre las puertas para la implementación de este tipo de investigaciones ya que el IAPS es un instrumento idóneo para estudiar diferencias transculturales en la calidad e intensidad de los afectos percibida, así como en el patrón de reactividad fisiológica, periférica y central, que producen determinados estímulos en las distintas culturas.

 

Nota

Agradecemos a Peter J. Lang y a Margaret M. Bradley su generosa aportación de los estímulos del IAPS y de los valores normativos de las imágenes en las dimensiones emocionales de valencia, activación y dominancia para la población norteamericana.

 

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Dirección para correspondencia:
Javier Moltó Brotons.
Departamento de Psicología Básica, Clínica y Psicobiología.
Facultad de Ciencias de la Salud.
Universitat Jaume I.
Avda. Sos Baynat, s/n.
12071 Castellón de la Plana (España).
E-mail: molto@un.es

Recibido: 31-5-2012
revisado: 20-10-2012
aceptado: 10-11-2012

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