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Anales de Psicología

versión On-line ISSN 1695-2294versión impresa ISSN 0212-9728

Anal. Psicol. vol.31 no.3 Murcia oct. 2015

http://dx.doi.org/10.6018/analesps.31.3.190521 

 

 

Imagen exogrupal de adolescentes autóctonos e inmigrantes latinos: influencia del contacto intergrupal y la edad

Outgroup image of host and Latino immigrant adolescents: Influence of intergroup contact and age

 

 

Sonsoles Calderón-López1 y Marisol Navas2

1 Universidad de Castilla-La Mancha (Spain).
2 Universidad de Almería (Spain).

Este estudio fue realizado gracias a una beca de Formación de Personal Investigador de la Comunidad de Madrid concedida a la primera autora.

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Se presentan dos estudios cuyo objetivo es conocer la imagen exogrupal de 471 adolescentes autóctonos y 333 inmigrantes de origen latinoamericano residentes en Madrid, y analizarla en función de su edad y del grado de contacto con miembros del exogrupo. Para evaluar la percepción grupal se elaboró un instrumento compuesto por descripciones proporcionadas por adolescentes de similares características en un estudio preliminar con grupos de discusión. El instrumento resultante presenta igual estructura y propiedades psicométricas adecuadas en ambos grupos de participantes y permite evaluar la imagen exogrupal total y sus componentes positivo y negativo. En consonancia con las investigaciones existentes, los adolescentes latinos tienen una imagen más positiva de los españoles que viceversa; además, presentan puntuaciones más altas tanto en imagen exogrupal positiva como negativa. Los adolescentes con mayor contacto exogrupal presentan mejor imagen exogrupal total y positiva, pero los efectos sobre la negativa difieren en función del estatus del grupo (mayoritario o minoritario). El análisis de diferencias en función de la edad no ofrece resultados concluyentes. Los resultados de este estudio contribuyen a mejorar el conocimiento del fenómeno de la percepción intergrupal en la adolescencia, etapa evolutiva en la que los estudios en nuestro país son aún escasos.

Palabras clave: percepción grupal; contacto; adolescentes; inmigrantes.


ABSTRACT

Two studies are presented with the purpose of analyzing outgroup perception of 471 native and 333 Latino immigrant adolescents in Madrid city and differences regarding age and level of outgroup contact. In order to evaluate outgroup perception, a measure was created using descriptions provided by adolescents with similar characteristics during focus groups conducted in a preliminary study. The final measure shows similar structure and appropriate psychometric properties for both participant groups and it evaluates total outgroup perception and its positive and negative components. In line with previous research, Latino adolescents show a more positive outgroup image than the Spaniards; they also express higher scores in both positive and negative outgroup perception. Those adolescents with higher level of outgroup contact show higher scores in total and positive outgroup image, but effects on negative outgroup image differ with group status. Results in relation to age are not concluding. This study contributes to a better understanding of intergroup perception during adolescence, a developmental period in which this research is still limited in Spain.

Key words: group perception; contact; adolescents; immigrants.


 

Introducción

La adolescencia es una etapa de cambios y maduración personal en la que se van forjando las opiniones y creencias de la futura población adulta. Uno de los temas candentes en nuestro país en las últimas décadas ha sido la convivencia entre personas de distinto origen cultural como consecuencia del incremento de la llegada de inmigrantes. España pasó en pocos años de ser un país de tradición emigrante y considerable homogeneidad, con el colectivo gitano como único grupo cultural minoritario representativo, a recibir población de distintas procedencias y contextos culturales. Aunque esta llegada de inmigrantes se ha visto frenada en los últimos años por la crisis económica, el aumento de la diversidad cultural en la sociedad española es una realidad indiscutible. En este contexto, el estudio de las percepciones que personas de distintos grupos culturales mantienen entre sí es de gran interés en el ámbito de la prevención e intervención socioeducativas. Más si cabe en el caso de los adolescentes, puesto que en estas edades se consolidan las creencias sobre las que se asientan futuras ideologías favorables a la diversidad cultural y al respeto a las diferencias, o a la discriminación hacia otras culturas (Enesco, Guerrero, Solbes, Lago y Rodríguez, 2009).

El contexto escolar representa un espacio privilegiado tanto para el análisis de las actitudes intergrupales en la adolescencia como para la intervención. En España, según los últimos datos detallados del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (curso 2013/14), 33.105 alumnos de Educación Secundaria Obligatoria de la Comunidad de Madrid -lugar donde se realiza el presente trabajo- son de origen extranjero, lo que representa un 13.5% del total, en su mayoría escolarizados en centros educativos públicos. Conocer las opiniones y percepciones que los propios adolescentes tienen de compañeros de distintos orígenes culturales es importante si queremos diseñar respuestas educativas adecuadas y ajustadas a la realidad que se vive en los centros.

En las últimas décadas ha aumentado en nuestro país, en paralelo al crecimiento de la heterogeneidad cultural, el número de estudios sobre prejuicio étnico en la infancia (Enesco et al., 2009). Sin embargo, los estudios realizados con adolescentes son mucho más escasos: frente al considerable número de investigaciones recientes de corte pedagógico o sociológico (Mata et al., 2007), los estudios con un enfoque psicológico se han centrado en las opiniones y actitudes de los adolescentes españoles hacia la inmigración en general y hacia grupos inmigrantes específicos (García, Navas, Cuadrado y Molero, 2003; Navas, García, Molero y Cuadrado, 2002; Ramírez y Rodríguez, 2006) o en el proceso de aculturación de los adolescentes inmigrantes (Briones, 2010). Por otro lado, aunque tradicionalmente la investigación sobre actitudes y estereotipos grupales se ha orientado exclusivamente hacia el análisis de la perspectiva de los grupos mayoritarios (Bastían, Lusher y Ata, 2012), estudiar las opiniones y percepciones mutuas de autóctonos e inmigrantes es imprescindible para comprender la dinámica de relaciones existentes entre miembros de la misma sociedad y poder intervenir de la forma más acertada posible. Los estudios realizados con niños en España muestran que desde edades tempranas tanto los autóctonos como los de origen extranjero conocen los estereotipos socialmente compartidos acerca de diferentes grupos, incluso los referidos a su propio grupo cultural (Enesco, Guerrero, Callejas y Solbes, 2008). Con la llegada de la adolescencia, se inicia una toma de distancia respecto de las convenciones sociales. El cuestionamiento de éstas lleva al adolescente a desarrollar su propio criterio, basado en parte en su experiencia con miembros de otros grupos, y especialmente con sus iguales, dada la relevancia que este tipo de interacción social adquiere durante la adolescencia. En el presente estudio nos centraremos en analizar los rasgos o expresiones con los que adolescentes de distinto origen cultural se describen entre sí, más que en analizar el grado en que participan de estereotipos definidos socialmente. Por ello, utilizaremos a lo largo del trabajo el término percepción o imagen grupal en lugar de estereotipo. Dicha percepción o imagen constituye, igual que los estereotipos, el componente cognitivo del prejuicio, entendido éste desde un enfoque actitudinal. Por este motivo, y puesto que las investigaciones existentes que analizan específicamente imagen exogrupal en adolescentes son escasas, en el presente trabajo se tomarán como referencia estudios que, desde un enfoque social o evolutivo, abordan el fenómeno del prejuicio o las actitudes intergrupales.

Una de las características de las actitudes hacia los grupos minoritarios puesta de manifiesto por los llamados modelos contemporáneos del prejuicio es su ambivalencia. Así, bajo la etiqueta de prejuicio sutil, racismo moderno o racismo aversivo se ha estudiado cómo los grupos mayoritarios manifiestan actitudes prejuiciosas de forma menos explícita y más encubierta o sutil hacia las minorías, de manera que sean compatibles con los valores sociales predominantes de respeto e igualdad social. Esta ambivalencia ha sido señalada también como característica de los estereotipos existentes hacia grupos sociales (Fiske, Cuddy, Glick y Xu, 2002). Resultados obtenidos en estudios con adolescentes españoles han mostrado, en este sentido, la existencia de rasgos positivos y negativos en la valoración de diferentes grupos inmigrantes (Navas et al., 2002). Cabe preguntarse si sucede lo mismo en el caso de los adolescentes de origen extranjero, es decir, si su percepción del grupo mayoritario es también ambivalente y qué tipo de rasgos, positivos o negativos, son predominantes.

Las actitudes intergrupales en la adolescencia

El estudio de las actitudes intergrupales en la etapa adolescente plantea un interés especial desde dos perspectivas diferentes. Por una parte, desde el punto de vista del propio individuo, por el valor que los iguales adquieren como referente y el interés que despiertan en esta etapa, lo que convierte las relaciones entre compañeros de diferente origen cultural en un ámbito psicológico relevante para ellos. Por otra parte, desde el punto de vista de los educadores, por la mayor conflictividad en esta etapa evolutiva y la necesidad de diseñar programas educativos para prevenir el prejuicio y fomentar la convivencia en los centros educativos. Frente a la variedad de estudios y teorías relacionadas con el desarrollo de las actitudes intergrupales en la infancia, existen muchos menos trabajos que traten de analizar los cambios que se producen en éstas a lo largo de la adolescencia (White et al., 2009).

El análisis de las habilidades sociocognitivas ha sido una de las perspectivas más adoptadas en los estudios con adolescentes. Así, se ha observado que el desarrollo de habilidades cognitivas como la adopción de múltiples perspectivas (Karcher y Fischer, 2004), es un elemento importante para interpretar el prejuicio adolescente en grupos mayoritarios: a medida que aumenta la edad y mejoran las habilidades cognitivas del individuo, tiende a disminuir el prejuicio hacia miembros de otros grupos.

En la actualidad, sin embargo, se reconoce la importancia de factores sociales y contextuales junto con cuestiones de tipo cognitivo para entender dicho proceso tanto en niños como en adolescentes, y especialmente en estos últimos. En un reciente estudio longitudinal, White et al. (2009) encontraron en una muestra de adolescentes de entre 14 y 19 años que los niveles de prejuicio disminuían a medida que aumentaba la edad de los participantes y cambiaba su entorno educativo (instituto vs. universidad). En el presente estudio se contrastarán estos resultados considerando un factor contextual adicional a la edad, que ha recibido una gran atención en la investigación sobre las actitudes intergrupales: el contacto intergrupal.

Contacto y actitudes intergrupales

El contacto con el exogrupo ha sido una de las variables más estudiadas en relación a la mejora de las actitudes intergrupales desde la formulación de la hipótesis del contacto (Allport, 1954). En ella se establece que el contacto entre miembros de grupos distintos favorecerá una disminución del prejuicio grupal, siempre que se cumplan ciertas condiciones: igualdad de estatus en la situación de contacto, cooperación entre los grupos, metas comunes y existencia de apoyo social o institucional que sancione de manera positiva dichas relaciones. Recientes estudios metanalíticos han tratado de determinar el grado en que la hipótesis del contacto cuenta con apoyo empírico (Pettigrew, Tropp, Wagner y Christ, 2011). El más completo y minucioso fue realizado por Pettigrew y Tropp (2006) sobre 515 estudios, con más de 250.000 participantes de 38 países distintos, en el que efectivamente se obtiene una correlación moderada de signo negativo entre contacto y prejuicio. La relación entre estas dos variables parece ser menor cuando se utilizan medidas cognitivas de prejuicio que cuando se emplean medidas de tipo afectivo (Tropp y Pettigrew, 2005a). Los cambios de tipo cognitivo parecen requerir de relaciones más intensas, que impliquen contacto habitual y significativo con distintos miembros del exogrupo, como sería el caso de las relaciones de amistad, señaladas por numerosos estudios como un contexto de relación óptimo para la reducción del prejuicio intergrupal (Davies, Tropp, Aron, Pettigrew y Wright, 2011).

En relación a posibles interpretaciones sobre esta mejora de las actitudes intergrupales en situaciones de contacto, Pettigrew y Tropp (2006) examinaron la función mediadora que podrían cumplir tres variables: la reducción de la ansiedad intergrupal, la mejora en la empatía y la adopción de la perspectiva exogrupal, así como el aumento del conocimiento del exogrupo. En su estudio observan cómo las dos primeras variables, referidas a aspectos afectivos, tienen mayor peso que los aspectos cognitivos como mediadores entre el contacto intergrupal y el prejuicio.

Asimismo, existen evidencias de que el tamaño del efecto del contacto difiere en función del estatus y/o tamaño del grupo de pertenencia. Así, dicho efecto es mayor en los grupos mayoritarios que en los minoritarios (Tropp y Pettigrew, 2005b). Los escasos estudios realizados con grupos minoritarios muestran que la interacción con el exogrupo plantea retos distintos en cada caso: mientras que los miembros del grupo mayoritario tienden a estar más atentos a sus propios prejuicios para tratar de controlarlos, los del grupo minoritario prestan más atención a la detección de actitudes prejuiciosas en aquellos (Shelton, 2003). Además, para el grupo minoritario el contacto exogrupal supondría una oportunidad de acercamiento a la cultura mayoritaria. Por tanto, en comparación con el grupo mayoritario, los miembros del grupo minoritario estarían más centrados en sus propios intereses y menos en evaluar al exogrupo, lo que debilitaría el potencial del contacto intergrupal para reducir el prejuicio en grupos minoritarios (Tropp, 2007). En el presente estudio nos centraremos en comprobar si existen o no diferencias en función del grado de contacto exogrupal en la imagen que los adolescentes inmigrantes y autóctonos presentan de sus compañeros del exogrupo, aspecto no estudiado previamente con población adolescente en nuestro país.

 

El presente estudio

El contexto propuesto a los adolescentes para manifestar su percepción y relación con el exogrupo fue el escolar, para delimitar con más precisión el objeto actitudinal y enmarcarlo en un contexto real para los participantes. Con el mismo propósito, el estudio evaluó la imagen grupal que los adolescentes tienen de sus iguales partiendo de las propias descripciones que éstos realizan en su vida diaria.

Distintos estudios realizados en España sobre actitudes intergrupales con población autóctona e inmigrante han señalado la importancia del lugar de origen de la población inmigrante a la hora de comprender tanto su proceso de aculturación como las actitudes y estereotipos de la población autóctona (López-Rodríguez, Cuadrado y Navas, 2013; Ramírez y Rodríguez, 2006). Aunque utilizar la nacionalidad como variable de agrupación puede ser más preciso, en el caso de los inmigrantes latinoamericanos las semejanzas lingüísticas, y culturales en general, favorecen la identificación común. Los estudiantes latinos (procedente de países de América Central y del Sur) constituyen la minoría más numerosa en los centros educativos de nuestro país (MECD, 2015), representando un 40.62% del total de alumnado extranjero en la Comunidad de Madrid, lugar de realización del estudio. Además, frente al resto de procedencias geográficas (asiáticos, magrebíes, africanos subsaharianos, europeos del Este, etc.), los adolescentes latinos comparten características culturales con sus compañeros autóctonos -especialmente y en la mayoría de los casos, el idioma-, que facilitan su interacción directa con compañeros españoles desde su llegada al centro educativo. Todo esto nos llevó, a pesar de la presencia de adolescentes de otras procedencias geográficas y culturales en los centros educativos en los que se realizó el estudio, a centrar la investigación en el contacto y las percepciones manifestadas por adolescentes latinos y españoles.

Esperamos que los resultados de esta investigación puedan contribuir al conocimiento de los procesos psicosociales que se producen en contextos culturalmente heterogéneos de nuestra sociedad -como son los centros educativos- y de las relaciones entre el contacto exogrupal, la edad y las actitudes de grupos minoritarios (en este caso adolescentes de origen inmigrante), perspectiva sobre la que la investigación existente es más limitada. Partiendo de los resultados obtenidos en estudios realizados con adolescentes en otros países y con población adulta en nuestro país, esperamos encontrar diferencias relacionadas con la edad en la forma en que los participantes de ambos grupos se perciben entre sí, de manera que a medida que aumente la edad la imagen exogrupal será más positiva. En relación al contacto, se espera encontrar diferencias en la imagen exogrupal manifestada por ambos grupos en función de esta variable (i.e, mejor imagen exogrupal cuando el contacto es más frecuente), aunque estas diferencias pueden ser más acusadas para los adolescentes del grupo español que para los del grupo minoritario.

El estudio principal viene precedido por un estudio preliminar que se describirá a continuación.

 

Estudio preliminar

El objetivo de este estudio previo fue elaborar una medida de imagen exogrupal que, por una parte, pudiera ser aplicada a adolescentes del grupo mayoritario (autóctono) y minoritario (inmigrante) y, por otra, reflejara la imagen personal y cotidiana que los adolescentes tienen de sus compañeros. Por ello, se partió de las características, expresiones y valoraciones que ellos mismos proponían para describirlos en su vida diaria y no se utilizaron listas de adjetivos (p.e., inteligente, simpático, honesto, etc.) o escalas de diferencial semántico - empleadas habitualmente en estudios sobre actitudes y prejuicios infantiles- que podrían plantear cierta ambigüedad, tanto en el significado de los rasgos como en su valoración por parte de los adolescentes. Se trataba de favorecer en ellos una mayor implicación en la evaluación y, de esta manera, aumentar la validez de los resultados.

 

Método

Participantes

Para la selección de los participantes se contactó con un centro educativo de características similares a los centros que participarían en el estudio principal. Se solicitó a jefatura de estudios que seleccionara alumnos con buena capacidad de expresión oral, tanto de origen español como inmigrante de los lugares de origen más habituales en el centro. Dieciséis alumnos participaron finalmente en el estudio, de los cuales ocho eran de origen español y ocho inmigrantes (tres habían nacido en Colombia y el resto en Ecuador, República Dominicana, China, Rumania y Guinea Ecuatorial). Sus edades estaban comprendidas entre los 14 y 16 años. Tanto en el grupo de españoles como en el de inmigrantes, la mitad de los participantes eran varones y la otra mitad mujeres.

Instrumentos y Procedimiento

Se empleó la técnica del grupo de discusión, siguiendo el procedimiento utilizado por Phinney, Ferguson y Tate (1997) en un estudio con adolescentes de diferentes grupos étnicos. Se realizaron dos grupos de discusión, uno con los alumnos españoles y otro con los inmigrantes. Este último estaba formado por adolescentes de origen cultural heterogéneo, no exclusivamente latino, puesto que la medida se diseñó para ser aplicada a adolescentes de diferentes grupos minoritarios, si bien en el presente trabajo sólo consideramos al latino. En ambos grupos de discusión se planteó la misma tarea: proponer características importantes para chicos y chicas de su edad a la hora de valorar a un compañero/a. Se pidió, asimismo, que indicaran, según su propio criterio, cuáles de esas características eran positivas y cuáles negativas. A medida que los adolescentes intervenían, la investigadora recogía por escrito las características mencionadas y facilitaba que el grupo llegara a un consenso sobre cuáles consideraba más apropiadas. Los grupos de discusión se realizaron en un espacio proporcionado por el centro educativo, durante el horario lectivo y en ausencia de profesores. Tuvieron una duración aproximada de 45 minutos cada uno. Las conversaciones fueron grabadas con el permiso de los participantes y del centro, y posteriormente transcritas.

 

Resultados

Los resultados del grupo de discusión se analizaron en colaboración con dos jueces externos a la investigación, profesores del centro educativo donde se recogieron los datos. Se seleccionaron aquellos atributos o expresiones que o bien habían sido mencionados en ambos grupos de discusión, o bien habían sido propuestos sólo en uno de ellos pero contaban con un consenso total sobre su relevancia y el sentido de la valoración (positiva o negativa) que expresaban. De entre éstos, se eliminaron los que a criterio del equipo investigador no estaban formulados de un modo suficientemente claro o cuyo significado era muy similar al de otro atributo previamente definido. Finalmente, se seleccionaron doce atributos o expresiones que cumplían los requisitos mencionados. Seis de ellos fueron considerados positivos por los participantes: sinceros/as, saben escuchar, divertidos, limpios/as, abiertos/ as y sociables, aceptan a la gente sin fijarse en las apariencias. Y los otros seis negativos: tímidos, se cierran en su grupo, raros/ as, se creen los/las mejores, siempre están hablando de su país, se portan mal con los demás. Estas características componen la medida de imagen exogrupal que sería utilizada posteriormente en el estudio principal.

 

Estudio principal

Se trata de un estudio con diseño comparativo (Ato, López y Benavente, 2013) que se plantea con el objetivo de conocer y analizar la imagen que adolescentes españoles autóctonos e inmigrantes de origen latino tienen entre sí en función de la edad y el grado de contacto directo con miembros del exogrupo.

 

Método

Participantes

Participaron un total de 804 adolescentes, 471 españoles y 333 inmigrantes de origen latinoamericano, de ocho centros públicos de Educación Secundaria de Madrid capital, localizados en distritos con alta presencia de población inmigrante. En todos los casos, tanto el participante como sus padres habían nacido en España (grupo autóctono) o en un país latinoamericano (grupo latino). Sus edades oscilaban entre los 12 y los 17 años. No existían diferencias en la edad media de ambos grupos, que en el caso de los españoles era de 14.4 años (DT = 1.4) y en el de los latinos de 14.5 años (DT = 1.4). La proporción de varones y mujeres también estaba equilibrada, con un 51.8% de varones en el grupo español y un 49.2% en el latino. La mayoría de los participantes latinos (64%) había nacido en Ecuador, un 27.3% en países sudamericanos como Perú, Colombia, Bolivia, Venezuela, etc., y el resto en países caribeños (República Dominicana y Cuba) y centroamericanos (Honduras y Nicaragua). El tiempo medio de residencia en España de los participantes latinos era de 4.2 años (DT = 2.3).

Instrumentos y procedimiento

Se presentan a continuación las variables del estudio junto con los instrumentos con los que fueron evaluadas:

Imagen exogrupal. Esta variable se midió con una escala construida a partir de los resultados obtenidos en el estudio preliminar. En ella los participantes debían describir a sus compañeros del instituto del exogrupo correspondiente utilizando los doce atributos o expresiones señalados previamente. Para ello, disponían de una escala Likert de 5 puntos en la que indicaban el número de personas de dicho grupo que podían ser descritos con ese atributo (1 = ninguno, 5 = la mayoría). Para obtener la puntuación total se calculaba la media de las puntuaciones en imagen positiva y las puntuaciones en imagen negativa invertidas. Por tanto, altas puntuaciones en esta variable indican imagen exogrupal positiva. La composición final de la medida, así como sus propiedades psicométricas se muestran en el apartado de resultados.

Contacto con miembros del exogrupo. Se utilizaron tres ítems que medían la frecuencia con que los participantes pasaban su tiempo libre tanto fuera como dentro del instituto (recreos, pasillos, etc.) con compañeros del exogrupo, y cuántos de sus amigos pertenecían a ese grupo. Las respuestas se realizaban también sobre una escala Likert de 5 puntos (1 = nunca pasaban tiempo juntos o no tenían ningún amigo, 5 = casi siempre estaban juntos o la mayoría de sus amigos pertenecían a ese grupo). La estimación de la fiabilidad a través del coeficiente alfa de Cronbach mostró valores aceptables (.79 para españoles y .77 para latinos), por lo que en los análisis posteriores con esta variable se utilizó una puntuación conjunta. Una mayor puntuación en esta variable indica mayor grado de contacto con el exogrupo.

Variables sociodemográficas. Se solicitó a los participantes información sobre su edad, sexo, país de nacimiento (propio y de sus padres) y fecha de llegada a España en el caso de haber nacido en otro país.

El cuestionario fue aplicado en 32 aulas distintas de los ocho centros educativos participantes, durante el horario de clases y en ausencia de docentes en al aula. Se aseguró la confidencialidad de las respuestas y se atendieron las dudas que surgieron durante la aplicación. El cuestionario se completaba aproximadamente en 45 minutos.

Análisis de datos

En primer lugar, se realizaron análisis factoriales exploratorios con rotación oblimin para conocer la estructura de la medida de imagen exogrupal en los dos grupos de participantes. Se estimó la fiabilidad de la escala completa y de cada subescala -imagen exogrupal positiva y negativa- mediante el alfa de Cronbach. Se realizaron análisis de t de Student para comparar las puntuaciones medias en la escala total y en las dos subescalas de ambos grupos. Asimismo, se calculó el estadístico chi cuadrado en ambos grupos para analizar la independencia de las variables contacto y edad. A continuación, se realizaron ANOVAs univariantes para comprobar la influencia del grado de contacto con miembros del exogrupo y de la edad en la imagen exogrupal. Se consideraron dos grupos distintos en función del grado de contacto exogrupal: alto contacto si la puntuación en dicha variable era superior a 3 (punto medio teórico de la escala de respuesta) y bajo contacto en el resto de casos. Asimismo, se establecieron tres grupos distintos en función de la edad: de 12 a 13 años, de 14 a 15 y de 16 a 17. Esta distribución en grupos permitía realizar comparaciones entre distintas etapas dentro del periodo adolescente, en concreto la etapa temprana (primer grupo) y la media (segundo y tercero) (Delgado, Oliva, Sánchez, 2011; Steinberg, 2011), a la par que ofrecía la posibilidad de realizar comparaciones entre submuestras de similar tamaño. Primero se realizaron sendos análisis de varianza para cada grupo de participantes considerando como variable dependiente la puntuación en imagen exogrupal total. A continuación, se repitió el análisis utilizando como variables dependientes las puntuaciones en imagen exogrupal positiva y negativa. Todos los análisis se realizaron con el paquete estadístico IBM SPSS Statistics 19.

 

Resultados

Resultados preliminares: propiedades psicométricas de la medida de imagen exogrupal

Se realizaron análisis factoriales exploratorios con rotación oblimin con las puntuaciones obtenidas por los participantes españoles y los latinos. En el primero de ellos se descartaron dos elementos (tímidos/as y siempre están hablando de su país) que presentaban cargas similares en los dos factores obtenidos. Un segundo análisis mostró una estructura bifactorial común a ambos grupos. El único elemento con carga factorial inferior a .40 en los dos factores (aceptan a la gente sin fijarse en las apariencias) fue eliminado. Finalmente, se realizó un nuevo análisis factorial con rotación oblimin para cada grupo con los nueve elementos incluidos en la medida que arrojó nuevamente dos factores en ambos grupos (imagen exogrupal positiva y negativa). Los porcentajes de varianza explicada, los valores de KMO, prueba de esfericidad de Barlett, y coeficientes alfa de Cronbach de las subescalas para cada grupo se muestran en la Tabla 1.

Imagen exogrupal total: diferencias en función del contacto y la edad

Los estadisticos descriptivos de ambos grupos en imagen exogrupal pueden consultarse en la Tabla 2. Los contrastes de medias muestran que la imagen que los adolescente latinos tienen de sus companeros espanoles (M = 3.26; DT = .64) es significativamente mejor, t(801) = -6.45, p < .001, que la que los adolescentes españoles tienen de los latinos (M = 2.91; DT = .81).

Se analizó en primer lugar la independencia de las variables contacto exogrupal y edad y se observó que el porcentaje de participantes españoles con alto grado de contacto exogrupal difería de manera significativa en función de la edad, χ2(2, N = 471) = 10.22, p < .05, algo que no sucedía con los participantes latinos, χ2(2, N = 333) = 1.64, p = .44. Así, la proporción de participantes españoles con alto grado de contacto exogrupal disminuye a medida que se incrementa su edad (véase Tabla 2).

A continuación se analizaron los efectos de la edad y el grado de contacto en cada grupo. En el caso de los participantes latinos, se realizo un ANCOVA incluyendo como covariable el tiempo que llevaban residiendo en España, pues se considero que podría afectar a la duración de las relaciones establecidas con el exogrupo e influir indirectamente sobre su imagen del grupo español. Sin embargo, su influencia no resultó significativa F(1, 326) = .43, p = .511, ηp2 = .00.

Los resultados de los análisis de varianza mostraron que existía un efecto principal del contacto con compañeros del exogrupo tanto en los participantes españoles, F(1, 465) = 57.28, p < .001, ηp2 = .11, como en los latinos, F(1, 326) = 32.38, p < .001, ηp2 = .09, aunque el tamaño del efecto fue superior en el grupo español. Tal y como se observa en la Tabla 2, en ambos casos la imagen exogrupal mejoraba significativamente en los participantes con alto contacto exogrupal respecto de aquellos con bajo contacto.

Por lo que se refiere a la edad, sólo se obtuvo un efecto principal de esta variable en el caso de los participantes españoles, F(2, 465) = 13.08, p < .001, ηp2 = .05. Los contrastes a posteriori realizados con el estadístico DHS de Tukey (véase Tabla 2) revelaron que, contrariamente a la hipótesis planteada, a medida que aumenta la edad de los adolescentes españoles empeora su imagen del exogrupo latino. Este empeoramiento es más significativo si se compara la etapa de adolescencia temprana (a) con los grupos de adolescencia media (b,c), que si se comparan estos últimos grupos. Las posibles implicaciones evolutivas de estos resultados serán comentadas posteriormente.

No se encontraron efectos estadísticamente significativos de la interacción entre la edad y el contacto exogrupal ni en latinos, F(2, 326) = .40, p = .66, ηp2 = .00, ni en españoles F(2, 465) = .05, p = .34, ηp2 = .00.

Imagen exogrupal positiva y negativa: diferencias en función del contacto y la edad

En la Tabla 3 se presentan las medias y desviaciones típicas de ambos grupos en las variables imagen exogrupal positiva y negativa. Los contrastes de medias realizados mostraron que las puntuaciones del grupo latino en imagen exogrupal positiva (M = 3.46; DT = .79) eran significativamente superiores, t de Welch (744.834) = -7.29, p < .001, a las del grupo español (M = 3.03; DT = .85). También las puntuaciones en imagen exogrupal negativa de los latinos (M = 2.98; DT = .76) resultaron ser significativamente superiores, t(801) = -3.56,p < .001, a las de los españoles (M = 2.76; DT = .91).

Con el fin de analizar con mayor precisión las diferencias existentes en función del contacto con el exogrupo y la edad, se realizaron ANOVAs con el grupo latino y con el español, utilizando esta vez como variable dependiente las puntuaciones en imagen exogrupal positiva y negativa. Los resultados mostraron un efecto principal del grado de contacto tanto en los participantes españoles como en los latinos en imagen exogrupal positiva, F(1,465) = 66.45, p < .001, ηp2 = .12 y F(1, 326) = 38.12, p < .001, ηp2 = .10, y en imagen exogrupal negativa, F(1, 465) = 30.01, p < .001, ηp2 = .06 y F(1, 326) = 7.19, p < .01, ηp2 = .02.

Puesto que los efectos del contacto sobre la imagen exogrupal eran de diferente signo en cada grupo, se optó por repetir el análisis incluyendo como factor el grupo de origen (latino o español) para poder analizar los efectos de la interacción entre dichas variables. Los resultados obtenidos se presentan a continuación.

En el caso de la imagen exogrupal positiva, se obtuvieron efectos principales para el origen, F(1, 792) = 37.25, p < .001, ηp2 = .04, la edad, F(2,792) = 5.99, p < .05, ηp2 = .01, y el contacto, F(1,792) = 101.091, p < .001, ηp2 = .11, con un tamaño del efecto considerablemente mayor en este ultimo caso. No fueron significativos los efectos de las interacciones entre origen y contacto, F(1,792) = 1.05, p = .304, ηp2 = .00, origen y edad, F(2,792) = 2.16, p = .11, ηp2 = .00, o entre las tres variables, F(2,792) = .35, p = .70, ηp2 = .00. En el caso de la imagen exogrupal negativa, se encontraron efectos significativos para la edad, F(2,792) = 4.57,p < .05, np2 = .01 y el contacto, F(1,792) = 4.26, p < .05, ηp2 = .00, así como para las interacciones entre el origen y la edad, F(2,792) = 9.74, p < .001, ηp2 = .02 y el origen y el contacto, F(1,792) = 31.96, p < .001, ηp2 = .03. No se observaron efectos significativos para el origen, F(1,792) = 2.23, p = .13, ηp2 = .00, ni para la interacción múltiple, F(2,792) = .45, p = .63, ηp2 = .00. El pequeño tamaño de algunos de los efectos encontrados puede interpretarse, siguiendo la revisión de Richardson (2011), como un reflejo, por una parte, del valor moderado de fiabilidad obtenido en la subescala de imagen exogrupal negativa para españoles y, por otra, de la decisión de analizar los efectos de la edad de forma agrupada para poder comparar las puntuaciones del grupo de adolescencia temprana con el resto.

Así, mientras que en ambos grupos de participantes a medida que aumenta el contacto mejora la imagen positiva del exogrupo (véase Figura 1), los resultados obtenidos para la imagen negativa difieren en función del origen de los adolescentes (véase Figura 2): en el caso de los latinos, el mayor contacto con españoles se traduce en puntuaciones inferiores en la imagen negativa del exogrupo, mientras que en los españoles sucede lo contrario, aquellos que presentan alto contacto con latinos muestran una imagen más negativa que los que tienen bajo contacto.

 

 

 

Por lo que se refiere a la edad, los resultados de los contrastes a posteriori (DHS de Tukey) mostraron que, en el caso de los españoles, el grupo de adolescentes tempranos (entre los 12 y los 13 años) presenta puntuaciones significativamente superiores al resto tanto en imagen positiva como negativa (véase Tabla 3). No sucede lo mismo, sin embargo, con los latinos, donde las diferencias no son significativas.

 

Discusión

El objetivo del estudio era conocer y analizar la imagen que adolescentes españoles autóctonos e inmigrantes de origen latino tienen entre sí en función del grado de contacto que mantienen con iguales del otro grupo y de su edad.

Nuestro trabajo aporta, en primer lugar, una medida de imagen exogrupal que puede aplicarse a grupos mayoritarios y minoritarios de adolescentes, y que muestra propiedades psicométricas adecuadas en ambos casos. Los resultados obtenidos con esta medida indican que los latinos tienen una mejor imagen global de sus compañeros españoles que a la inversa. Estas diferencias reflejan una desigualdad de estatus que, transmitida por instituciones y agentes sociales, es asimilada también por los adolescentes en las descripciones de sus compañeros. Este resultado confirma los encontrados en otras investigaciones sobre relaciones intergrupales en las que la superior valoración de los grupos mayoritarios por parte de los minoritarios -o subordinados- ha sido interpretada como reflejo de la admiración y respeto que éstos sienten hacia aquéllos por los rasgos positivos que socialmente se les atribuyen (Shelton, 2000).

Además, el hecho de contar con dos subescalas de imagen exogrupal (positiva y negativa) que pueden analizarse por separado, permite matizar los resultados globales. Así, nuestro trabajo comprueba que en el caso de los adolescentes latinos tanto la imagen exogrupal positiva como la negativa es de mayor intensidad que en el caso de los españoles. Esta mayor ambivalencia en la descripción del exogrupo español podría interpretarse en relación a su mayor visibilidad por tamaño y estatus, lo que repercutiría en una mayor relevancia psicológica como objeto actitudinal para el grupo latino.

En segundo lugar, cuando se analiza la influencia del grado de contacto con el exogrupo y la edad de los adolescentes, los resultados coinciden en algunos casos con la literatura previa, aunque con matices. Así, en relación al contacto, el estudio indica que la imagen total que españoles y latinos tienen del exogrupo es significativamente mejor entre los participantes con alto contacto (vs. bajo contacto) con iguales del exogrupo. Estos resultados confirman con población adolescente en España los obtenidos en meta-análisis con población general, donde se observa el efecto positivo del contacto intergrupal sobre las actitudes intergrupales cuando se utilizan medidas de contenido afectivo y/o cognitivo (Tropp y Pettigrew, 2005a). También muestran la importancia de las relaciones de amistad con miembros del exogrupo en la mejora de las actitudes intergrupales (Davies et al., 2011). Asimismo, se ha encontrado que el tamaño del efecto del contacto sobre la imagen exogrupal es mayor en españoles (grupo mayoritario) que en latinos (grupo minoritario), resultado que confirma también los obtenidos en investigaciones previas (Tropp y Pettigrew, 2005b).

El análisis de los resultados sobre la relación entre contacto e imagen exogrupal positiva vs. negativa presenta matices interesantes que difieren en ambos grupos. Así, en el caso de la imagen exogrupal positiva los participantes de ambos grupos con alto contacto exogrupal presentan medias superiores a las de los participantes con bajo contacto. Es decir, el contacto con el exogrupo mejora la imagen positiva que se tiene de él, un resultado similar al obtenido en la imagen exogrupal total. Sin embargo, el contacto parece tener un efecto distinto en la imagen exogrupal negativa en función del grupo: mientras que para los adolescentes españoles esta imagen negativa del exogrupo se incrementa, para los latinos disminuye. ¿Cómo podrían explicarse estas diferencias?

En el caso de los españoles, a pesar de que el contacto mejora la percepción global del exogrupo, parece que sus efectos no hacen que la imagen del grupo latino sea totalmente positiva. El incremento tanto en imagen positiva como negativa como consecuencia del contacto podría explicarse, como sugieren Pettigrew y Tropp (2006), en relación a un aumento de la información que poseen del exogrupo y por tanto, de la mayor relevancia psicológica que tomaría éste como objeto actitudinal. Esto favorecería una imagen más "realista", más heterogénea y menos estereotipada del exogrupo, en la que aparecen con cierta intensidad características positivas y negativas, como es de esperar en cualquier individuo o grupo.

Por lo que se refiere al grupo de adolescentes latinos, aunque la imagen que tienen de sus iguales españoles incluye tanto características positivas como negativas, éstas últimas no aumentan con el contacto, sino todo lo contrario. En este caso, la relevancia psicológica del grupo evaluado como objeto actitudinal no se vería sustancialmente alterada por el grado de contacto exogrupal, puesto que el tamaño y estatus social del grupo español (mayoritario) es superior, independientemente de la relación que tengan con él. Pero sí podría interpretarse que un alto grado de contacto con compañeros españoles puede estar indicando, en el contexto del proceso de aculturación de estos adolescentes, una mayor identificación con dicho grupo.

Por su parte, los resultados obtenidos en relación a la edad se alejan de lo esperado. Frente al descenso progresivo del prejuicio durante la adolescencia encontrado en estudios sobre el desarrollo de habilidades sociocognitivas y otros más recientes de tipo longitudinal en los que los participantes proceden de distintos niveles educativos (White et al., 2009), en la presente investigación no se observa una mejora en la imagen exogrupal relacionada con la edad en ninguno de los grupos. En el caso de los adolescentes latinos, la edad no afecta a la imagen del exogrupo, mientras que en el de los españoles se observa un empeoramiento que se inicia hacia los 14 años.

El análisis de la relación existente entre edad y contacto entre los adolescentes españoles muestra cómo a medida que aumenta aquella disminuye la proporción de participantes con alto contacto exogrupal. Este progresivo alejamiento podría explicarse como un reflejo del proceso evolutivo adolescente: a medida que los adolescentes españoles crecen, aumenta su deseo de compartir tiempo y experiencias con iguales del endogrupo, con los que puedan tal vez tener en común más intereses (p.e., gustos musicales, actividades de ocio, etc.). Los adolescentes latinos, por su parte, se encuentran inmersos en un proceso de aculturación que, en algunos casos al menos, puede favorecer la identificación con lo español. En cualquier caso, la presión del entorno social para que se relacionen con iguales del grupo mayoritario es superior a la que viven los adolescentes españoles. El alejamiento observado entre los españoles de mayor edad respecto de sus compañeros latinos podría explicar, al menos en parte, la peor imagen exogrupal obtenida a medida que aumenta la edad.

En resumen, aunque encontramos efectos positivos del contacto sobre la imagen exogrupal global en ambos grupos de adolescentes, las diferencias en el contenido de dicha imagen (positiva vs. negativa) en función del grado de contacto no son las mismas para españoles y latinos. En el caso de los adolescentes del grupo mayoritario, la fuerte ambivalencia en la imagen exogrupal de los que mantienen alto contacto con latinos podría explicarse como un incremento en el realismo con que perciben a los miembros de un grupo sobre el que tienen probablemente más información, tanto de tipo positivo como negativo. En el caso de los latinos, el contacto podría estar relacionado con una cierta identificación con el grupo mayoritario, lo cual tendería a intensificar las características positivas percibidas en él y a debilitar las negativas. Sería interesante que en futuras investigaciones se abordara la cuestión del estatus grupal para determinar cuáles son los procesos que explican el cambio de actitudes y percepciones en cada grupo y trasladar este conocimiento al diseño de programas de intervención.

En cuanto a la edad, en el estudio se observaron diferencias que afectan especialmente a los adolescentes españoles. La disminución con la edad de las puntuaciones en imagen exogrupal positiva y negativa podría interpretarse en relación al menor grado de contacto exogrupal a medida que crecen, lo que reduciría su relevancia psicológica como objeto actitudinal entre los adolescentes más mayores. Aunque el carácter transversal del estudio no nos permite obtener conclusiones claras sobre cómo el desarrollo adolescente puede estar influyendo en la percepción exogrupal, los resultados apuntan a que en torno a los 14 años se producen ciertos cambios en la forma en que los adolescentes de ambos grupos se perciben entre sí. Estas diferencias podrían estar ligadas a la progresiva identificación con el grupo de iguales que tanta importancia tiene en el desarrollo de la identidad adolescente, especialmente en la etapa de adolescencia media, una vez los principales cambios fisiológicos han sido superados y comienza a ganar relevancia el proceso de autonomía emocional y social. En cualquier caso, los resultados obtenidos señalan el interés de aplicar una perspectiva evolutiva al estudio de la percepción intergrupal en la adolescencia, utilizando diseños de investigación específicos para tal propósito.

 

Conclusiones

Los resultados de esta investigación permiten extraer algunas conclusiones de interés. Por una parte, que las relaciones sociales que se establecen en estas edades influyen de manera importante en la percepción de otros grupos sociales. Además, la alta consistencia observada entre las medidas de contacto dentro y fuera del contexto escolar y el número de amigos en el exogrupo indican que buena parte de estas relaciones de amistad tienen como origen el contexto escolar. A pesar de esto, en el estudio se han encontrado considerables diferencias en función de la edad en la proporción de adolescentes que se relacionan con iguales del exogrupo. El distanciamiento progresivo de los adolescentes a medida que crecen supone una pérdida de oportunidades para el cuestionamiento de los estereotipos transmitidos socialmente y el desarrollo de opiniones menos sesgadas sobre personas de otros grupos culturales. Por ello, queremos destacar la necesidad de que en los centros educativos se fomenten relaciones que permitan crear vínculos significativos para prevenir las actitudes intergrupales negativas. En ese sentido, sería de gran interés desarrollar enfoques de intervención específicos para adolescentes que, desde la dinámica cotidiana del aula, favorezcan este tipo de relaciones. La heterogeneidad cultural en las aulas constituye una oportunidad de aprendizaje y desarrollo para el adolescente, por lo que debería considerarse una característica positiva del entorno educativo y favorecerse su presencia en todos los centros.

Los resultados obtenidos en el estudio deben ser interpretados con cautela en dos sentidos: en primer lugar, en relación al origen del grupo minoritario evaluado, puesto que podrían obtenerse resultados distintos con adolescentes de otros colectivos inmigrantes con características distintas al grupo latino. En segundo lugar, en relación al contexto donde se recogieron los datos del estudio. El tamaño relativo del grupo minoritario así como la presencia o ausencia de adolescentes de otros grupos étnicos distintos podrían influir en la percepción del grupo mayoritario, por lo que sería igualmente interesante replicar el trabajo en contextos con distinta composición social y analizar si se observan diferencias respecto del presente estudio.

Por otra parte, no se midieron algunas variables consideradas relevantes en estudios previos para entender los cambios en las actitudes intergrupales durante la adolescencia. Nos referimos a las habilidades sociocognitivas y al nivel académico de los participantes. Así, incorporar algún indicador de dichas habilidades o ampliar la recogida de datos a otras etapas educativas de mayor exigencia intelectual (p.e., Bachillerato) sería interesante para valorar la presencia y tipo de diferencias evolutivas en ambos grupos de adolescentes. Por otro lado, las investigaciones con grupos inmigrantes dentro y fuera de nuestro país señalan el importante papel que pueden tener ciertas variables relacionadas con su proceso de aculturación (p.e., identificación con la sociedad de acogida y con la de origen, discriminación percibida, etc.). La consideración de dichas variables podría arrojar más luz sobre los resultados obtenidos en el presente trabajo.

Finalmente, este estudio pone de manifiesto la necesidad de profundizar en el conocimiento de las relaciones y actitudes entre adolescentes autóctonos e inmigrantes en nuestro país y las posibilidades que los contextos educativos ofrecen para favorecer la cohesión social de nuestra sociedad en los próximos años. Las relaciones significativas con personas de otros grupos culturales en estas edades, en las que los adolescentes están construyendo su propia visión del mundo y de la sociedad en la que viven, constituyen un acontecimiento de gran importancia desde el punto de vista de la intervención social y educativa.

 

Agradecimientos

Agradecemos la colaboración desinteresada de los institutos y adolescentes participantes.

 

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Dirección para correspondencia:
Sonsoles Calderón López.
Universidad de Castilla-La Mancha
Facultad de Ciencias Sociales.
Avda. Real Fábrica de Sedas, s/n.
45600. Talavera de la Reina, Toledo (España).
E-mail: sonsoles.calderon@uclm.es

Artículo recibido: 16-01-2014
Revisado: 29-04-2014
Aceptado: 23-05-2014

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