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Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología

versión impresa ISSN 0365-6691

Arch Soc Esp Oftalmol v.79 n.7 Madrid jul. 2004

 

SECCIÓN HISTÓRICA


LOS MITOS SOBRE EL ORIGEN DE LOS ANTEOJOS (II)

SIMÓN-TOR JM1, SIMÓN-CASTELLVÍ SI, SIMÓN-CASTELLVÍ G, SIMÓN-CASTELLVÍ JM, SIMÓN CASTELLVÍ C

LEYENDA DE NERÓN Y LA ESMERALDA

Fue puesta en circulación gracias a la rápida difusión en los países europeos de Quo Vadis...?, novela del escritor polaco Henryk Sienkiewicz, publicada en 1895. Probablemente a este autor se le ocurrió lo de la esmeralda por haber leído a Plinio y a Renan.

Plinio refiere en su Historia Natural (3) que «el emperador Nerón miraba las peleas de los gladiadores en una esmeralda».

El autor de Quo Vadis...? no dice que la esmeralda de Nerón fuese cóncava, pero sí que Nerón tenía la vista corta y que se aplicaba a sus ojos una lente de esmeralda, lo que no concuerda con la célebre frase de Plinio arriba citada. De acuerdo con ésta, lo único que podría suponerse es que Nerón miraba indirectamente a través de una piedra esmeralda que servía de espejo, probablemente con el fin de evitar el deslumbramiento por los rayos de luz reflejados por la arena.

Petella demostró, en 1901, que Nerón no era miope. Opinaba que por ser albinoide tal vez fuese, por el contrario, hipermétrope, y que para contemplar los espectáculos circenses no utilizaba una lente, sino un espejo plano de color verde (¿lámina de esmeralda?), en el que observaba la escena de espaldas a la misma.

No existe, pues, ninguna razón seria para pensar que el emperador romano Nerón (Claudius Caesar Nero) (54-68 d. de J.C.), se sirviera de una esmeralda para corregir un supuesto defecto óptico y poder observar los combates de gladiadores.

LEYENDA JERONIMIANA

Es sabido, por propia declaración suya, que San Jerónimo (347-420) llegó a tener gran dificultad, incluso a la luz del sol, para leer la escritura de los libros hebreos. Tal confesión dio lugar a que el fervor y la fantasía populares le hicieran considerar, primero como protector de los enfermos de los ojos y, más tarde, a partir del Renacimiento, incluso como inventor de los anteojos, siendo por ello frecuente que desde entonces la iconografía represente con frecuencia al santo, además de con un león, junto con unos anteojos.

En 1660, Carlo Antonio Manzini decía tener noticia de la existencia, en Venecia, de una antigua tienda de óptica en que se exhibía la imagen del Venerable Doctor de la Iglesia San Jerónimo con la siguiente inscripción: «San Jerónimo Inventor del anteojo» (se refiere al de nariz o binocular, que Manzini llamaba anteojo simple) (fig. 4).


Fig. 4. Portada de la Dioptrica Pratica de Carlo Antonio Manzini.

Basta sólo reparar en la fecha de muerte de San Jerónimo (año 420), para darse plena cuenta de que tanto la teoría jeronimiana del origen de los anteojos, como la existencia de éstos en algunas iconografías del santo, no son más que meros anacronismos sin verdadero valor histórico.

FÁBULA CHINESCA

El origen chino de los anteojos fue defendido a finales del siglo XIX, aunque sin mucho entusiasmo, por algunos oculistas (Bock, Hirth, etc.), de suerte que llegóse a afirmar que en tiempo de Confucio (500 a, de J.C.) ya se usaban verdaderos anteojos en la China.

Tan evidentes son esas falsedades, que los chinos nunca han pretendido realmente pasar por ser los inventores de los anteojos correctores. Tan falso es el origen chino de los anteojos como el que en la China se inventaran los macarrones, lo que también se ha llegado a afirmar.

LEYENDA DEL MILLÓN O DE MARCO POLO

Esta leyenda fue impulsada, paradójicamente, en el primer cuarto del siglo XX por autores de prestigio, como Scrini y Fortin. Es falso que Marco Polo dejara entrever o refiriera, en su célebre libro «Viajes de Marco Polo», la existencia de anteojos correctores en la China antes de J.C. Consultadas varias traducciones y ediciones, en todas nos habla Marco Polo de cosas nuevas o curiosas para él, pero en ninguna se cita algo parecido a unos anteojos, que sin duda habrían llamado su atención. Del mismo modo que no habla en ellos de macarrones o espaghetti, como pretende la leyenda chinesca del origen de éstos.

Tampoco es de recibo la grotesca hipótesis de que a su regreso a Venecia (1295), casualmente en la época de la supuesta invención de los anteojos, pudo haber inspirado la unión de los mangos de dos monóculos y, así, la invención de los mismos. Y ello gracias a su relato de que en la India había visto la temida serpiente de anteojos (Naja tripudians o «cobra di capello»), que domestican los encantadores de serpientes y a la que, en el siglo XIX, dieron ese nombre por el dibujo semejante a unos anteojos que tal cobra lleva en su cuello, dilatable éste a voluntad cuando el animal lo ha enderezado, merced a lo cual el citado dibujo se agranda y hace más visible.

Lo cierto es que en su libro Marco Polo no habla de serpiente verdadera alguna. Confunde, eso sí, el cocodrilo, al verlo por primera vez, con una corpulenta serpiente provista de dos patas.

Es falso, también, que los primeros anteojos fueran traídos de Oriente por comerciantes florentinos.


1 Doctor en Medicina

NOTAS

3. Libro XXXVII. Cap. V (De los géneros de esmeraldas, y piedras preciosas verdes, y transparentes). El simple nombre de Plinio suele referirse a Cayo Plinio Segundo, llamado el Viejo o el Mayor (23-70 d.C.), célebre naturalista romano.