SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.84 número10Tratamiento de la rotura de la membrana de Descemet mediante SF6 intracamerular en hydrops agudoXXI Congreso Internacional de Oftalmología Islamabad (Pakistán) - 1998 índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología

versión impresa ISSN 0365-6691

Arch Soc Esp Oftalmol vol.84 no.10  oct. 2009

 

SECCIÓN HISTÓRICA

 

La oftalmología en la obra poética de Jorge Luis Borges (III)

 

 

García-Guerrero J.1, Valdez-García J.2, Villarreal-Marroquín N.3, González-Treviño J.L.4

1 Licenciado en Medicina. Profesor de la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey. México. E-mail: jairgarcia-guerrero@itesm.mx
2 Licenciado en Medicina. Oftalmólogo especialista en Córnea y Cirugía Refractiva. Profesor de la Escuela de Medicina del Tecnológico de Monterrey. México.
3 Estudiante de Medicina. Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León. México.
4 Licenciado en Medicina. Oftalmólogo especialista en Oculoplástica y Vías Lagrimales. Profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad de Monterrey. México.

 

 

Lo que se considera ceguera del destino es en realidad miopía propia.
William Faulkner

 

Esta es la tercera entrega del ensayo que analiza la ceguera en la poesía del escritor argentino Jorge Luis Borges. Se han incluido Poema de los dones y On his blindness, textos poéticos inspirados en su amaurosis.

Poema de los dones (1960)

Nadie rebaje a lágrima o reproche
esta declaración de la maestría
de Dios, que con magnífica ironía
me dio a la vez los libros y la noche.

De esta ciudad de libros hizo dueños
a unos ojos sin luz, que sólo pueden
leer en las bibliotecas de los sueños
los insensatos párrafos que ceden

las albas a su afán. En vano el día
les prodiga sus libros infinitos,
arduos como los arduos manuscritos
que perecieron en Alejandría.

De hambre y de sed (narra una historia griega)
muere un rey entre fuentes y jardines;
yo fatigo sin rumbo los confines
de esta alta y honda biblioteca ciega.

Enciclopedias, atlas, el Oriente
y el Occidente, siglos, dinastías,
símbolos, cosmos y cosmogonías
brindan los muros, pero inútilmente.

Lento en mi sombra, la penumbra hueca
exploro con el báculo indeciso,
yo, que me figuraba el Paraíso
bajo la especie de una biblioteca.

Algo, que ciertamente no se nombra
con la palabra azar, rige estas cosas;
otro ya recibió en otras borrosas
tardes los muchos libros y la sombra.

Al errar por las lentas galerías
suelo sentir con vago horror sagrado
que soy el otro, el muerto, que habrá dado
los mismos pasos en los mismos días.

¿Cuál de los dos escribe este poema
de un yo plural y de una sola sombra?
¿Qué importa la palabra que me nombra
si es indiviso y uno el anatema?

Groussac o Borges, miro este querido
mundo que se deforma y que se apaga
en una pálida ceniza vaga
que se parece al sueño y al olvido. (1)

Los primeros cuatro versos de este famoso poema fueron escritos cuando Borges fue nombrado Director de la Biblioteca Municipal de Buenos Aires, ya ciego. Así, gracias a su ingenio burlón, una víctima de su sátira es Dios. Este recurso aparece a lo largo de la obra de Borges, pero en este poema Dios sólo es referenciado al inicio, pues el tema principal es la ceguera como un don: la noche que representa -para él- la incapacidad de verlos (2).

Jorge Luis Borges, en el cuarto verso del cuarto cuarteto habla de una alta y honda biblioteca ciega. Alto como era, y pleno en los conocimientos que incluían los retinianos, se puede sospechar que esa biblioteca era su retina: honda y ciega.

Cuando al final del poema refiere a Paul-François Groussac, lo hace porque éste también fue ciego y director de la Biblioteca Nacional de Argentina. Groussac, por su parte, se sabe que padeció glaucoma y que perdió la vista luego que, en 1926 y con 81 años, fuera intervenido quirúrgicamente. Borges creía que Groussac era muy valiente por no haber escrito ningún poema de su ceguera (2).

La importancia emocional que Borges le imprimió a este poema se demuestra porque aún estudió otros directores ciegos de la Biblioteca Nacional, y encontró que José Mármol había sido también Director de la Biblioteca Nacional en el período de 1868 a 1871. Su enfermedad oftalmológica no es clara (2).

Poema On his Blindness (1972)

Indigno de los astros y del ave
que surca el hondo azul, ahora secreto,
de esas líneas que son el alfabeto
que ordenan otros y del mármol grave

cuyo dintel mis ya gastados ojos
pierden en su penumbra, de las rosas
invisibles y de las silenciosas
multitudes de oros y de rojos

soy, pero no de las Mil Noches y Una
que abren mares y auroras en mi sombra
ni de Walt Whitman, ese Adán que nombra

las criaturas que son bajo la luna,
ni de los blancos dones del olvido
ni del amor que espero y que no pido. (3,4)

Nuevamente, el tono del poema es melancólico, al autodenominarse el autor de indigno. La ceguera de Borges, en esta etapa, continuaba afectada por su aparente estado de ánimo, acentuado al referir al amor ausente en su vida (Borges se casó dos veces, pero no tuvo hijos).

La frase más significativa, sin duda, es cuando habla de sus «gastados ojos» en este poema creado por inspiración de un poeta inglés a quien Borges admiraba: John Milton (5,6). Este último también fue ciego y escribió un soneto titulado de la misma forma: On his blindness (7).

También se destaca que, en su versión de On his blindness, Borges refiere a Las Mil y Una Noches, a Whitman y a Adán, y este juego referencial es constante en su obra (8).

La ceguera fue un acontecimiento que marcó a Jorge Luis Borges de manera radical: fue el inicio de algo nuevo, que enfrentó sin dejarse acobardar. (2) (fig. 1). Esto es debido a que su afición por la lectura fue interrumpida por ella, motivo por el cual reflexionó sobre el tema de la memoria y el olvido, figuras con las que peleaba internamente para traer los archivos de sus lecturas de la juventud. Así, cuando afirma su orgullo por sus páginas leídas, mientras que otros se enorgullecen de sus páginas escritas, hay una relación directa con la ceguera: que no le permitió leer más. Además, la ceguera le permitió introducirse más en las literaturas anglosajona y escandinava. Él mismo declaró el año en que perdió la vista casi por completo: 1955.


Fig. 1: Fotografía del escritor argentino
Jorge Luis Borges, con su bastón.

Otro recurso que es presente en la obra poética de Borges es la muerte como un despertar: en sus cuentos El otro, y en poemas como El Enigma, el autor se define a sí mismo como alguien que ya no es él, y que quizá con la muerte podría despertar (y quizá volver a ver). Así, la ceguera que sufre en este mundo se presenta en el otro mundo (el de la muerte) como un obstáculo que probablemente se vencerá. Pero no se encerró en el tema de la ceguera y ensayó sobre la vida, la muerte, la inmortalidad y la divinidad alejándose de la estrechez de la amaurosis (9).

Es interesante también que nunca mencionó los síntomas paralelos a la presencia de su ceguera: en caso de glaucoma, hubiera mencionado irritación o dolor ocular, ojo rojo o pérdida del campo visual. La única sentencia en la que habló de sus signos clínicos oftalmológicos es la ya citada frase de «ojos gastados».

En el hipotético caso de que Jorge Luis Borges hubiera vivido en nuestro tiempo -y si su diagnóstico final fuese glaucoma-, si el daño al nervio óptico aún no se hubiera instalado, la mejor herramienta terapéutica sería elegida entre las tres opciones que hoy se tienen: la farmacológica, el láser y el abordaje quirúrgico (10).

Con respecto al desprendimiento de retina, algunos autores (11) afirman que su ceguera fue causada por un traumatismo durante un partido de fútbol en su juventud, y que ésa es una de las principales razones por las que el genio argentino odiaba este deporte. Dicha hipótesis es débil pues Jorge Luis Borges jamás confesó esto y además su ceguera fue progresiva y no brusca, como ocurre en los desprendimientos retinianos.

 

Bibliografía

1. Borges JL. El hacedor. Buenos Aires: Editorial La Nación; 2005.        [ Links ]

2. Sánchez, B. On his blindness: Borges, Milton y la ceguera. Espéculo: Revista de Estudios Literarios 2002; 21.        [ Links ]

3. Borges JL. Antología poética 1923-1977. Madrid: Alianza Editorial; 2004.        [ Links ]

4. Borges JL. Obra poética, 2 (1960-1972). Madrid: Alianza Editorial; 2007.        [ Links ]

5. Milton J. The complete poetry of John Milton. New York: Anchor; 1971.        [ Links ]

6. Milton J. El Paraíso perdido. México: Porrúa; 1978.        [ Links ]

7. Gertel Z. Borges y su retorno a la poesía. New York: University of Iowa, 1967.        [ Links ]

8. Pastormelo S. Borges Crítico. Buenos Aires: FCE-Tierra Adentro, 2007.        [ Links ]

9. Bronstein C. Borges, immortality and the circular ruins. Int J Psychoanal. 2002; 83: 647-660.        [ Links ]

10. Miqueli-Rodríguez M, Río-Torres M, Ortiz-González E, Coba-Peña M. Láser en glaucoma. Revisión bibliográfica. Revista Cubana de Oftalmología 1998; 11: 48-52.        [ Links ]

11. Robledo Z. Jorge Luis Borges: «odio al fútbol». Disponible en http://webarticulista.net.free.fr/zr200616060706.html        [ Links ]

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons