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Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología

versión impresa ISSN 0365-6691

Arch Soc Esp Oftalmol vol.86 no.7  jul. 2011

 

CARTAS AL DIRECTOR

 

Definición de la adquisición de la infección toxoplásmica, ¿cuándo es congénita o adquirida?

Definition of acquired toxoplasmosis infection: when is it congenital or acquired?

 

 

Dirección para correspondencia

 

 

Sr. Director:

Leímos con mucho interés el artículo de Álvarez et al publicado recientemente en la revista de la sociedad española de oftalmología acerca de las características clínicas de la toxoplasmosis ocular en una población inmigrante en Barcelona, España1.

Llama mucho la atención que los autores definieran como formas congénitas aquellas presentaciones con una cicatriz extensa atrófica macular y bordes pigmentados. La presencia de lesiones a nivel macular ha sido tradicionalmente considerada como un signo de la toxoplasmosis congénita; sin embargo, tal como lo describe Holland en su reciente revisión sobre la influencia de la edad en la toxoplasmosis ocular2, estudios más recientes muestran que la presencia de lesiones maculares no distingue de forma fiable entre las infecciones congénitas y adquiridas después del nacimiento. En un estudio realizado por nosotros3 en donde describimos las características clínicas de la toxoplasmosis ocular en una cohorte colombiana, la adquisición de la infección fue determinada solo en el 30% de los pacientes (20% como congénita, 10% adquirida), quedando un gran porcentaje (70%) sin determinar, precisamente debido a que no es posible demostrar si la infección de un paciente fue adquirida postnatalmente si no se tiene evidencia de seroconversión o demostración serológica de infección aguda (IgM+, IgG-) y posterior positivización de los anticuerpos IgG descartando anticuerpos IgM naturales. Y más aún, no es posible determinar en un adulto que la infección fue congénita, si no se tiene certeza de la realización del diagnóstico de la infección a nivel prenatal por las técnicas ya descritas en la literatura, bien sean inmunológicas como la IgG de avidez, la IgA, o por biología molecular a través de PCR del gen B1 en líquido amniótico.

Para ilustrar el error que se comete al clasificar el tipo de infección basado en las características morfológicas de la retinocoroiditis, podemos observar el caso número 4, documentado en las tablas 1 y 2 del artículo de Álvarez et al. Un hombre de 25 años de edad, colombiano, con una lesión periférica activa de focos múltiples sin cicatrices adyacentes, IgM+ IgG+, pero dado que presenta lesiones activas maculares fue clasificado como congénito. En Colombia la IgM puede ser positiva hasta por un periodo máximo de 2 años posterior a la infección4 lo que hace presumir que este paciente presenta una infección adquirida y no una infección congénita como lo sugiere el tipo de lesión. Por otro lado, aunque está registrado este como primer episodio, el hecho de que presente lesiones inactivas periféricas (el artículo no refiere cuantas), hace presumir que presentó varios episodios de activación durante este periodo de tiempo desde su primo-infección.

Basados en nuestra experiencia, el identificar en un paciente qué tipo de infección presenta (congénita o adquirida), aunque no va a modificar la conducta terapéutica, si el diagnóstico se hace postnatalmente, en muchos casos es una información valiosa para el paciente, por lo cual debemos ser muy cuidadosos a la hora de realizar la clasificación de la infección toxoplásmica con afectación ocular.

Consideramos muy importante la elaboración de unas guías que faciliten el diagnóstico y tratamiento de los pacientes con toxoplasmosis ocular. En el caso de los pacientes procedentes de regiones con alta prevalencia de la infección y con circulación de genotipos del parásito más virulentos como lo es Colombia y Brasil, este tipo de guías garantizan una disminución en el impacto visual y en la calidad de vida de dichos pacientes.

 

C.A. López-Castilloa,b y A. de-la-Torrea,c
aUniversidad del Quindío, Armenia, Colombia
bFaculdade de Medicina, Universidade do Porto, Portugal
cInstitut de Parasitologie et PathologieTropicale, Université de Strasbourg, France

 

Bibliografía

1. Álvarez G, Rey A, Adán A. Clinical features of ocular toxoplasmosis in an inmigrant population in the Barcelona area: Study of 22 patients. Arch Soc Esp Oftalmol. 2010; 85:202-8.         [ Links ]

2. Holland GN. Ocular toxoplasmosis: the influence of patient age. Mem Inst Oswaldo Cruz. 2009; 104:351-7.         [ Links ]

3. De-la-Torre A, López-Castillo CA, Gómez-Marín JE. Incidence and clinical characteristics in a Colombian cohort of ocular toxoplasmosis. Eye. 2009; 23:1090-3.         [ Links ]

4. Gómez-Marín JE, Montoya-de-Londono MT, Castano-Osorio JC. A maternal screening program for congenital toxoplasmosis in Quindio, Colombia and application of mathematical models to estimate incidences using age-stratified data. Am J Trop Med Hyg. 1997; 57:180-6.         [ Links ]

 

 

Dirección para correspondencia:
lopezcastilloc@gmail.com
(C.A. López-Castillo)

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