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Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología

versión impresa ISSN 0365-6691

Arch Soc Esp Oftalmol vol.86 no.7 Madrid jul. 2011

 

CARTAS AL DIRECTOR

 

Respuesta de los autores

Author's reply

 

 

Dirección para correspondencia

 

 

Sr. Director:

Apreciamos el interés y los comentarios que ha suscitado nuestro artículo por parte del grupo de de-la-Torre et al, con amplia experiencia en toxoplasmosis ocular. Tal y como señalan la única manera de determinar de manera concluyente el origen congénito o adquirido de la infección por toxoplasma son los tests pre- y perinatales1,2. Nuestro estudio consiste en el análisis de las características clínicas de 22 pacientes adultos, de distintos países de origen, de los cuáles no pudimos obtener ningún tipo de estudio serológico previo. Por ello, considerando ambos hechos, se estableció una clasificación de probabilidad basada en el aspecto funduscópico, que no de certeza absoluta, tal y como apuntamos nosotros en el artículo («según el aspecto funduscópico de las lesiones y los antecedentes previos se clasificó a los pacientes en 2 grupos: aquellos con probable afectación congénita...»), siguiendo criterios publicados previamente3,4, aunque posteriormente Holland5 a través sobre todo de observaciones no publicadas de Silveira aclare que no es una clasificación enteramente fiable. De hecho otros autores como Bosch-Driessen et al6 también han incurrido en clasificaciones clínicas ante la falta de tests serológicos disponibles (en su caso definieron como congénitos aquellos niños menores de 2 años de edad que presentaban lesiones cicatriciales sin actividad, y en este subgrupo encontraron una elevada tasa de afectación macular). Consecuentemente, y a pesar de la actualización de Holland5 como bien apuntan, no hay que tomar estos datos como una clasificación definitiva.

El paciente 4 de nuestra serie es sin duda un caso muy interesante por varios motivos, y quizás el resumen en la tabla pueda crear cierta confusión. Se trataba de un paciente de 25 años, de origen colombiano, que no refería haber tenido ningún episodio clínico similar al actual y de hecho fue diagnosticado por nosotros de toxoplasmosis ocular. Por ello, a pesar de que tenía cicatrices coriorretinianas que demostraban que se trataba de una toxoplasmosis recurrente, fue clasificado como «no episodios previos» ya que la columna se refiere a episodios conocidos por los pacientes y reflejados en la anamnesis. El único antecedente que aportaba era ambliopía del ojo derecho, en el que presentaba una cicatriz macular extensa e inactiva (a diferencia de lo que comentan ustedes), por lo que clínicamente la infección primaria había sido como muy tarde en la infancia. En el otro ojo presentaba 4 cicatrices periféricas y 2 focos periféricos no adyacentes a dichas cicatrices. Por tanto ante una toxoplasmosis bilateral y recurrente tras muchos años de inactividad nos sorprendió este valor ligeramente elevado de IgM, ya que como apuntan Gómez-Marín et al7, los valores de IgM se mantienen elevados hasta 2 años después de la primoinfección, pero por la anamnesis parecería que el paciente había sido infectado mucho antes. De hecho Holland4 apunta a que no es conocido si puede haber reinfecciones, y más considerando que nuestro paciente podría haber estado en contacto con 2 cepas diferentes de toxoplasma (la de su país de origen, y la del país actual). Finalmente cabría destacar que pudiera haber sido un falso positivo, pero desgraciadamente no disponemos de serologías seriadas para confirmarlo, ya que como bien comentan en su carta la clasificación no influye en el tratamiento del paciente. Por tanto dado el contexto clínico del paciente y sin datos pre- ni perinatales no es posible asegurar si estamos tanto ante una infección congénita como adquirida, y solo podemos hablar de unas características clínicas clásicas, que es lo que pretende el texto.

 

G. Álvarez, A. Rey y A. Adán
Institut Clínic d'Oftalmologia, Hospital Clínic i Provincial de Barcelona, Barcelona, España

 

Bibliografía

1. De-la-Torre A, López-Castillo CA, Gómez-Marín JE. Incidence and clinical characteristics in a Colombian cohort of ocular toxoplasmosis. Eye. 2009; 23:1090-3.         [ Links ]

2. Delair E, Monnet D, Grabar S, Dupouy-Camet J, Yera H, Brézin AP. Respective roles of acquired and congenital infections in presumed ocular toxoplasmosis. Am J Ophthalmol. 2008; 146:851-5.         [ Links ]

3. Mets MB, Holfels E, Boyer KM, Swisher CN, Roizen N, Stein L, et al. Eye manifestations of congenital toxoplasmosis. Am J Ophthalmol. 1996; 122:309-24.         [ Links ]

4. Holland GN. LX Edward Jackson Memorial Lecture. Ocular toxoplasmosis: a global reassessment part II: disease manifestations and management. Am J Ophthalmol. 2004; 137:1-17.         [ Links ]

5. Holland GN. Ocular toxoplasmosis: the influence of patient age. Mem Inst Oswaldo Cruz. 2009; 104:351-7.         [ Links ]

6. Bosch-Driessen LE, Berendschot TT, Ongkowusito JV, Rothova A. Ocular toxoplasmosis: clinical features and prognosis of 154 patients. Ophthalmology. 2002; 109:869-78.         [ Links ]

7. Gómez-Marín JE, Montoya-de-Londono MT, Castano-Osorio JC. A maternal screening program for congenital toxoplasmosis in Quindio, Colombia and application of mathematical models to estimate incidences using age-stratified data. Am J Trop Med Hyg. 1997; 57:180-6.         [ Links ]

 

 

Dirección para correspondencia:
guifre.alvpar@gmail.com
(G. Álvarez)

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