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Cirugía Plástica Ibero-Latinoamericana

versión On-line ISSN 1989-2055versión impresa ISSN 0376-7892

Cir. plást. iberolatinoam. vol.44 no.3 Madrid jul./sep. 2018

http://dx.doi.org/10.4321/s0376-78922018000300001 

EDITORIAL

De la Revista Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva

About the Colombian Journal of Plastic and Reconstructive Surgery

Jorge Arturo Díaz-Reyes1 

*Director-Editor de la Revista Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva

Es medio oficial de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica (SCCP) y la tarea que mejor la define como sociedad científica. Única publicación periódica de la especialidad en Colombia durante 29 años, con 24 volúmenes y 60 números, cientos de trabajos publicados y una estimable nómina de autores.

Desde su fundación, el 30 de octubre de 1989, su propósito ha sido la difusión del producto científico de la especialidad, primordialmente nacional, dentro y fuera del país sin perjuicio de autorías extranjeras, promoverlo, acogerlo, seleccionarlo, perfeccionarlo y llevarlo al debate general, aportando conocimiento, educación continuada, actualización, intercambio, testimonio histórico, y progreso asistencial.

Han sido 3 décadas de haber enrolado la Cirugía Plástica colombiana en la disciplina de la revista científica, iniciada para el mundo el 5 de enero de 1665 por Journal de Scavans en Paris y seguida 2 meses después por Philosophical Transactions de la Real Sociedad de Ciencias en Londres, y para la Medicina y la Cirugía colombianas en Bogotá en 1852, por "Lanceta". Nuestra revista fue fundada cuando la SCCP tenía ya 33 años; tardó, pero la hicimos y la hemos mantenido.

La secuencia de aparición de la Revista Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva es semestral, en 3 versiones. Mil ejemplares en cada tirada impresa, y desde enero de 2014 también en presentación electrónica a través de la Web propia www.ciplastica.com con 2 formatos: PDF y Open Journal System (edición en formato abierto), amén de las ediciones para indexación y la publicación total en bibliotecas de la red como SCRIBD, Documentos Google y Facebook.

Son destinatarios de nuestra revista todos los miembros de la SCCP, que son casi todos los cirujanos plásticos del país; también bibliotecas, hemerotecas y servicios docentes (residentes incluidos), revistas y sociedades afines. Quedan también fondos para archivo, separatas para autores y clientes, y por supuesto, para la comunidad científica en general y el público a través de los índices y de la Web.

Siendo propiedad de la SCCP, la revista está regida por sus estatutos y reglamentos de acuerdo a normas nacionales e internacionales. Su organigrama, publicado en cada número, la ubica como dependencia económica y administrativa de la Junta Nacional a través del Consejo Directivo, pero con autonomía editorial en los cargos y comités pertinentes.

Se identifica con los Números Seriados Standard Internacionales (ISSN) 0120-2729 para la edición impresa y 0422-0639 para la edición electrónica, y su abreviatura bibliográfica es Rev Colomb Cir Plast Reconstr.

Tiene 2 fuentes de financiación: la venta de anuncios y la suscripción, equivalente al 10% de la cuota anual estatutaria de cada miembro de la SCCP, cuya tesorería ejecuta todo el manejo monetario. La revista es una posesión, un derecho y una responsabilidad de todos los asociados.

El ciclo de trabajo por edición es de 182 días y medio ocupados en actividades de: dirección, promoción, recepción, arbitraje, producción, distribución, mantenimiento, comercialización, administración y representación.

Como toda publicación científica, tenemos responsabilidades en los frentes de política, reglamentación, asesoría, gerencia, administración, comercialización; pero todas ellas al servicio de la investigación, revisión, experiencia, observación, reflexión y sistematización del conocimiento científico de la Cirugía Plástica mediante la edición. Pues "editar", como dijera Sócrates de la ciencia: "es más destruir errores que construir verdades". Trabajo indispensable, porque la edición representa la otra mitad del hacer ciencia: comunicarla.

Por desgracia el grueso de la publicación provocada hoy por la especialidad es propaganda comercial, ávida, estridente, de gran espectro, escasa veracidad, fácil discurso, ningún rigor, poca ética, e impune peligrosidad. Su móvil único es el mercado. Eso hace cada día más necesario el esfuerzo de convocar a ese trabajo duro de quebrarse la cabeza redactando exigentes artículos, no pocas veces rechazados y siempre criticados, para una minoría no de potenciales clientes, sino de competidores. Porque la Cirugía Plástica, especialidad médico-quirúrgica, bien sea entendida como arte, servicio, comercio, es ante todo disciplina científica, y la ciencia nace y vive de la comunicación. Esa es la respuesta. Somos ciencia y la ciencia es comunicación. El hecho científico, como el comercial y el artístico, es hecho social, no individual. Si uno se completa con la transacción entre comprador y vendedor, y el otro con la fruición del público, el primero alumbra cuando es transmitido, razonado, cuestionado, comprendido y asentado en el inventario de la ciencia.

Preguntarse ¿por qué la publicación científica? equivale a preguntarse ¿por qué la ciencia?, ya que separadas no son posibles. Lo que no se publica no se conoce, y lo que no se conoce no es. Un trueno estalla solitario. Nadie oye. ¿Sonó? Pero el pensamiento científico es fenómeno que requiere longitud de onda perceptible al oído de la ciencia. Ser expresado científicamente: con claridad, concisión, precisión, veracidad, sustentación, demostración; y en su lenguaje, vocabulario, preceptiva, códigos, lógica y ética. Nuestro edificio médico se levanta históricamente sobre los trabajos de Hipócrates, Galeno, Paré, Pasteur, porque fueron escritos y difundidos. Pero no hace pie con la Medicina y Cirugía precolombinas americanas porque no lo fueron, o si lo fueron se destruyeron.

Los cirujanos plásticos observamos, indagamos, estudiamos, asistimos, interrogamos, examinamos, cotejamos, discutimos, concluimos, diagnosticamos, tratamos, diseñamos, operamos, comprobamos, seguimos nuestros casos, anotamos en sus historias y archivamos. Igual que cualquier investigador debemos escribir qué hicimos, cómo lo hicimos y cuánto hallamos haciéndolo. Acumulamos memoria, pero hasta no transformarla en pensamiento científico y comunicarla como tal, no hacemos ciencia. Permaneceremos en la base de la pirámide epistemológica. Fundamental, pero solo asistencial, en términos médicos. O en términos editoriales, en los mate-

riales y métodos, antes de su procesamiento, presentación y escrutinio por la gran asamblea. ¿Acaso el cirujano inédito es científico? Será, circunscrito a su rutina quirúrgica, hábil operario, versión moderna del buen barbero-cirujano, virtuoso acaso, y quizás, por vía mercantil, profesional acaudalado. Más no científico.

El que trasciende su trabajo manual profundiza, descubre, crea, dice; enseña sus aciertos y desaciertos, expone su experiencia al juicio de los pares. Ejerce su derecho a voz en la gran discusión del oficio. Honra su deber de contribuir al conocimiento. Se gratifica intelectualmente al hacerlo. Tiene suficiente amor propio para la generosidad, es científico y quizás artista. Quien al publicar deja constancia y archivo de su obra, la registra con fecha, establece prioridad y propiedad sobre ella, la avala y se avala, afianza su reputación y derecho a la recompensa, difunde su investigación, y obtiene reconocimiento y quizás colaboración.

Mas, las motivaciones personales: vanidad, ambición, curiosidad, placer, egoísmo, altruismo, serán aleatorias en tanto el mensaje que transporte sus observaciones, experiencias, hallazgos, resultados, reflexiones, conclusiones, tenga coherencia, inteligibilidad y validez para la ciencia. ¿A quién importa hoy si Colón descubrió América por virtud o por pecado?

La invención de la escritura, 6 milenios atrás, hizo perdurable la palabra. De aquella época guardamos las primeras comunicaciones precientíficas, los más antiguos documentos médicos: "¿Has visto a uno que murió quemado? -Bien le he visto. Estaba en la noche silenciosa echado en su lecho y bebiendo agua pura." Este diálogo, escrito hace unos 4500 anños, estuvo sepultado hasta 1840, cuando Emil Botta, médico y cónsul francés en Mosul lo halló entre las miles de tabletas arcillosas que conformaban la Biblioteca Real de Asurbanipal. Poco ha cambiado la historia clínica: el interrogatorio ("has visto"). El buen examen ("bien le he visto"). El signo ("echado en su lecho"). El síntoma ("bebiendo agua pura"). El diagnóstico ("Murió quemado"). Pérdida de líquidos y solutos, compromiso sistémico, deshidratación-shock, consumción terminal, podemos parafrasear hoy, continuando esa conversación intemporal con el autor gracias a que él la escribió, Botta la descubrió, y Smith la publicó.

Los romanos dirían: lo que no está escrito no existe. Y los norteamericanos: pública o muere. Conscientes de que las publicaciones, más que los encantos personales, miden la productividad y el rango académico.

La escritura trasciende tiempo y espacio. La redacción da significado y la publicación ubicuidad. Ahora que nuestra especialidad sobrepasa el siglo de su autonomización, escribamos más y mejor nuestra propia historia científica, también en nuestro propio idioma. Porque la mejor manera de ser universales es ser auténticos. No es difícil. Como dijo Oscar Wilde solo se necesitan dos cosas "tener algo que decir y decirlo". Para nuestro caso, en buen lenguaje científico por supuesto.

La Revista Colombiana de Cirugía Plástica y Reconstructiva, nacional por definición, mira al futuro consciente de que el suyo seguirá siendo parte integral del desarrollo científico de la especialidad en Colombia; contribuir a él, transportarlo, contarlo, testimoniarlo. No puede ser superior, pero su responsabilidad es tampoco ser inferior.

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