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Revista Española de Enfermedades Digestivas

Print version ISSN 1130-0108

Rev. esp. enferm. dig. vol.104 n.8 Madrid Aug. 2012

http://dx.doi.org/10.4321/S1130-01082012000800004 

TRABAJOS ORIGINALES

 

Comparación entre la insuflación con aire ambiente o con dióxido de carbono durante la colonoscopia en pacientes sedados con propofol

Comparison between insufflation with air or carbon dioxide during the colonoscopy in sedated patients with propofol

 

 

Pilar Díez Redondo, Paula Gil Simón, Noelia Alcaide Suárez, Ramón Atienza Sánchez, Jesús Barrio Andrés, Carlos de la Serna Higuera y Manuel Pérez-Miranda

Servicio de Aparato Digestivo. Hospital Universitario "Río Hortega". Valladolid

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Objetivos: comparar la intensidad del dolor experimentado tras una colonoscopia con aire ambiente o con dióxido de carbono (CO2) y evaluar la seguridad del CO2 en pacientes con sedación moderada o profunda.
Materiales y métodos: individuos sometidos a una colonoscopia ambulatoria, sin enfermedad respiratoria severa ni obesidad mórbida, randomizados a grupo "aire" o "CO2". Se recogieron diferentes variables antes, durante y tras la colonoscopia. Todos los pacientes fueron monitorizados mediante capnografía y pulsioximetría. Posteriormente cada paciente puntuó mediante una escala visual numérica la intensidad del dolor experimentado en diferentes momentos tras la colonoscopia.
Resultados: 141 pacientes incluidos en grupo "aire" (hombres/ mujeres 63/78, rango edad 24-83) y 129 en "CO2" (hombres/mujeres 59/70, rango edad 24-82). No existieron diferencias significativas entre ambos grupos a excepción del mayor número de exploraciones realizadas por un endoscopista en formación en el grupo "aire" en comparación con las realizadas por endoscopistas experimentados. El CO2 en aire espirado, los episodios de desaturación de oxígeno y las dosis de propofol o midazolam empleadas fueron similares en ambos grupos. No existieron episodios de hipercapnia severos ni complicaciones clínicamente relevantes. El dolor experimentado en el grupo "aire" fue significativamente mayor a los 15 minutos, 1, 3 y 6 horas tras la colonoscopia, igualándose a las 24 horas. Tras la realización de un análisis multivariante según el tipo de endoscopista (experimentado o en formación) las diferencias observadas en la intensidad del dolor en cada grupo se mantuvieron.
Conclusiones: a) el uso de CO2 en la colonoscopia causa significativamente menos dolor en las siguientes 6 horas; b) su uso en pacientes con sedación moderada o profunda es seguro; y c) la realización de la técnica no se ve modificada ni sus tiempos reducidos.

Palabras clave: CO2. Dióxido de carbono. Colonoscopia indolora. Propofol. Seguridad.


ABSTRACT

Objectives: compare the intensity of pain experienced after colonoscopy with air or with CO2 and evaluate the safety of CO2 in colonoscopies performed with moderate/deep sedation.
Materials and methods: individuals undergoing ambulatory colonoscopy without exclusion criteria (severe respiratory disease, morbid obesity) were randomized in air or CO2 group. We recorded different variables prior to, during and upon completion of the colonoscopy, performing monitoring using pulse oximetry and capnography. Each patient rated, using a visual numeric scale, the intensity of post-colonoscopy pain at different moments.
Results: 141 individuals in the air group (sex M/F 63/78, age 24-83) and 129 in the CO2 group (sex M/F 59/70, age 24-82). No significant differences existed in the recorded variables in both groups except for the greater number of explorations performed by an endoscopist in training (TE) in the air group compared to those by a more experienced endoscopist (SE). CO2 in expired air, episodes of oxygen desaturation and of apnoea and dose of propofol, of midazolam were similar in both groups. No episodes of hypercapnea or any complication requiring cardiopulmonary resuscitation measures were recorded. The pain in the air group was significantly higher at 15 minutes and at 1, 3 and 6 hours after the endoscopy, equalising at 24 hours. After multivariant adjustment for type of doctor (TE vs. SE) the differences observed in pain intensity for each group were maintained.
Conclusions: a) the use of CO2 in colonoscopy causes significantly less pain in the first 6 hours after the procedure; b) its use in patients with moderate/deep sedation is safe; and c) performance of the endoscopic technique is not modified, nor are times reduced.

Key words: CO2. Dioxide carbon. Painless colonoscopy. Propofol. Safety.


 

Introducción

La colonoscopia es actualmente la técnica de elección para el estudio de la patología del colon, jugando un papel cada vez más relevante en el tratamiento de las lesiones encontradas. Además, en los últimos años ha demostrado su eficacia en la prevención secundaria del cáncer colorrectal (CCR) (1). La insuflación del colon habitualmente con aire ambiente es un mecanismo imprescindible para lograr la visión de las paredes colónicas durante la colonoscopia, pero contribuye a que esta pueda ser una técnica dolorosa para el paciente, tanto durante su realización como en las horas posteriores a la misma, al provocar una distensión abdominal que perdura hasta que la mayor parte del aire insuflado ha sido eliminado. Otros efectos adversos de la insuflación aérea prolongada, aunque poco frecuentes, pueden ser la explosión del colon cuando se realizan terapéuticas con electrocauterio (2), la perforación (3), el embolismo aéreo (4) o la isquemia del fragmento insuflado debido a la obstrucción del flujo sanguíneo por la presión ejercida sobre los vasos de la pared colónica (5). El CO2, debido a una solubilidad mucho mayor en agua que la de los gases que componen el aire ambiente, presenta una eliminación más rápida mediante la expiración, tras su paso desde el colon al torrente circulatorio, lo que se ha asociado con menor distensión y dolor abdominal durante y tras la colonoscopia (6-9) y con una menor afectación del flujo sanguíneo parietal en lo que también colabora su efecto vasodilatador (10). Aunque teóricamente la insuflación del colon con CO2 podría conducir a un incremento de su retención arterial y desencadenar una acidosis metabólica, no se han descrito ningún efecto adverso respiratorio durante las colonoscopias realizadas con CO2. Otro aspecto que deberíamos valorar es la repercusión que el empleo de CO2 podría tener en el desarrollo de la técnica endoscópica o en las necesidades de sedación.

 

Objetivos

Los objetivos de nuestro estudio fueron: a) comparar la intensidad del dolor experimentado por nuestros pacientes tras someterse a una colonoscopia con aire ambiente o con CO2; b) valorar la seguridad del CO2 en colonoscopias realizadas con sedación moderada-profunda con propofol en combinación con midazolam; y c) analizar la posible repercusión del empleo de CO2 en el desarrollo de la técnica endoscópica y en la recuperación posterior del paciente.

 

Métodos

Aleatorizamos en dos grupos (insuflación con aire o con CO2) a individuos mayores de 18 años sometidos a una colonoscopia ambulatoria en la Unidad de Endoscopias del Hospital Universitario del Río Hortega, mediante una lista de aleatorización generada con el programa informático Epidat 3.1, y que aplicaba exclusivamente la enfermera de la sala de admisión dando las indicaciones pertinentes a las auxiliares de enfermería encargadas de preparar las fuentes de insuflación y ocultarlas a la visión. Para calcular el tamaño muestral adecuado realizamos un estudio piloto sobre 20 pacientes por grupo (aire/CO2), estimándose diferencias de 1,5 puntos en la escala de dolor a los 15 minutos (medias estimadas: grupo aire 3 puntos, CO2 1,5 puntos; desviación típica conjunta 2,5 puntos) para lo que se calculó una muestra necesaria de 45 sujetos por grupo. Se amplió la muestra por grupo hasta 120 para detectar diferencias de porcentajes entre grupos para variables cualitativas de un 15%. Para ello se incluyeron pacientes durante 6 semanas consecutivas, que aceptasen participar en nuestro estudio y que no presentasen los siguientes criterios de exclusión: enfermedad respiratoria severa (con ingreso hospitalario en los últimos 6 meses o en tratamiento con oxigenoterapia domiciliaria), apnea del sueño, obesidad mórbida, incapacidad para entender el estudio, realización sucesiva de gastroscopia y colonoscopia o de una rectosigmoidoscopia. Todos los pacientes incluidos en el estudio firmaron un consentimiento informado previamente aprobado por el Comité Ético de Investigación Clínica de nuestro centro. Ni los pacientes, ni la enfermera ni el endoscopista que realizaban la exploración conocían cuál era el gas utilizado para la insuflación. Las exploraciones fueron practicadas por los 6 endoscopistas que habitualmente trabajan en nuestra unidad y por un endoscopista en formación que ya era autónomo para la realización de la técnica, realizándose todas ellas bajo sedación, controlada por el endoscopista, empleando una combinación de midazolam y propofol. No se empleó en ningún paciente fármacos analgésicos de tipo meperidina o similares. Se consideró "sedación ligera" aquella con la que los pacientes permanecían despiertos y colaboradores, "moderada" cuando presentaban somnolencia pero eran capaces de responder adecuadamente a estímulos verbales y "profunda" cuando solo se obtenían respuestas ante estímulos dolorosos. Aunque no se empleó una escala de limpieza colónica homologada se tuvo en cuenta la preparación colónica de forma simplificada considerando que era "buena" cuando no se encontraban restos fecales o estos eran líquidos claros y escasos permitiendo la correcta valoración de todo el colon, "regular" cuando había restos fecales hasta semisólidos pero permitían la valoración de la mayor parte del colon y "mala" cuando la exploración debía interrumpirse por gran cantidad de restos fecales adheridos o sólidos que impedían una visualización adecuada. Se emplearon colonoscopios Exera II CFH180AL de Olympus y como insuflador de CO2 el dispositivo UCR (Endoscopic CO2 Regulation Unit. Olympus, Japón) cuya fuente de CO2 era la suministrada de forma central desde las conducciones propias del edificio hospitalario. Se recogieron diferentes variables antes, durante y al finalizar la colonoscopia, incluyendo el registro de los valores de saturación de O2, de concentración de CO2 en aire espirado y de frecuencia cardiaca mediante pulsioximetría transdérmica y capnografía con cánula naso-oral con un monitor Philips Intellivue MP 5. Todos los pacientes recibieron oxigenoterapia durante la exploración, con dosis iniciales de 2 litros por minuto.

Posteriormente cada paciente puntuó la intensidad del dolor abdominal que sentía a los 15 minutos y a las 1, 3, 6 y 24 horas tras finalizar la colonoscopia mediante una escala visual numérica (EVN) con un rango del 0, "ausencia de dolor", al 10, "máximo dolor imaginable", transmitiéndonos los resultados por vía telefónica. No se determinó el dolor abdominal que podían sentir los pacientes ni antes ni durante la exploración endoscópica.

Los datos recogidos fueron tratados estadísticamente mediante el paquete estadístico SPSS (versión 14.0, 2004 SPSS INC, Chicago Ill, EE. UU.). Las variables continuas se describieron como media ± DS en caso de distribución normal o como mediana y rango si la distribución no fue normal. Las variables cualitativas fueron descritas mediante frecuencias absolutas y relativas (porcentajes). Para estudiar la asociación entre variable cualitativas se utilizó la prueba de Chi-cuadrado y en el caso de las variables cuantitativas el test de Kolmogorov-Smirnov. Para valorar las diferencias entre medias independientes se emplearon los tests estadísticos paramétricos o no paramétricos exigidos por las condiciones de aplicación (t de Student, U de Mann-Whitney). La correlación entre variables cuantitativas se realizó mediante la prueba de Pearson (distribución normal) o de Spearman (no normal). Finalmente se realizó una regresión logística múltiple. El nivel de significación se consideró para una p ≤ 0,05.

 

Resultados

En el periodo de estudio realizamos en nuestra unidad un total de 365 colonoscopias ambulatorias, de las que 67 fueron excluidas del mismo: 35 por realizarse a continuación de una gastroscopia o por tratarse de una rectosigmoidoscopia, 6 debido a que a los pacientes no eran capaces de comprender y colaborar con el estudio, 6 por tratarse de pacientes afectos de enfermedades pulmonares severas, 4 por tener una obesidad mórbida y otros 16 porque rechazaron participar en el estudio clínico. Las restantes 298 fueron aleatoriamente estratificadas en dos grupos, grupo CO2 y grupo aire, aunque de ellas 67 no fueron finalmente analizadas: 10 por encontrar una preparación colónica muy deficiente que impidió completar la exploración, otra por ruptura del "doble ciego" y 17 por no poder realizar el seguimiento debido a que en 7 casos el paciente precisó ingreso hospitalario por los hallazgos de la colonoscopia y a que otros 10 pacientes no respondieron a la encuesta. Finalmente 129 pacientes fueron incluidos en el grupo de CO2 y 141 en el de aire.

Ambos grupos fueron comparables tanto en edad media, sexo, índice de masa corporal, antecedentes de cirugía abdominal y antecedentes de cirugía de colon. No hubo diferencia significativa en la limpieza colónica en ambos grupos, considerada como buena en aproximadamente el 75% de los casos, ni en el porcentaje de exploraciones normales, el número de polipectomías o de ileoscopias realizadas (Tabla I).

 

 

Por orden de frecuencia, sin diferencia entre ambos grupos, los motivos de petición de colonoscopia fueron: rectorragia, cribado CCR, vigilancia post-polipectomía, cambio hábito intestinal, revisión tras CCR, diarrea crónica, anemia, estreñimiento, abdominalgia y otros. Las peticiones por abdominalgia correspondieron aproximadamente a un 2% del global en cada grupo.

El nivel de sedación fue similar en los dos grupos: sedación profunda en el 74,5%, moderada en el 22,5% y superficial en el 3% de los pacientes del grupo de CO2 en comparación con el 75% de sedación profunda, el 20,6% de moderada y el 4,4% de superficial en el de aire. Los fármacos utilizados para la sedación fueron únicamente midazolam y propofol, con unas dosis medias prácticamente iguales (CO2: 3 mg midazolam y 70 mg de propofol/aire: 3,16 mg midazolam y 69,8 mg propofol). La tolerancia durante la colonoscopia de los pacientes incluidos en el grupo CO2 fue considerada ligeramente mejor por los endoscopistas pero sin alcanzar significación estadística. Tampoco los tiempos medios de llegada a ciego, de la exploración completa y de permanencia del paciente en la sala de recuperación tras la colonoscopia mostraron diferencias (Tabla II). Sin embargo, el porcentaje de exploraciones realizadas por un endoscopista en formación (EF) en comparación con las realizadas por un endoscopista experto (EE) fue significativamente mayor en el grupo aire (EF 29%/EE 71%) que en el CO2 (EF 14%/EF 86%), (p = 0,003).

 

 

Al iniciar y al finalizar la exploración se recogieron en todos los pacientes los valores de pO2, de pCO2 y de FC, así como los valores más extremos de estos parámetros y los episodios de apnea ocurridos y su duración durante el procedimiento. No se encontraron diferencias significativas entre ambos grupos en los valores medios de pCO2 ni de pO2. Se produjo un episodio de hipocapnia (pCO2< 30 mmHg) en el 51% de los pacientes del grupo aire y en el 46% de los de CO2 (p = 0,205) y un único episodio de hipercapnia que sucedió en un paciente en el grupo de CO2, con pCO2 de 55 mmHg. En cuanto a la pO2, se presentaron episodios de hipoxemia (pO2 < 95%) en el 19% de los pacientes del grupo de aire y en el 24% de los del de CO2 (p = 0,261). El porcentaje de episodios de apnea recogidos en ambos grupos fue similar: 3,5% en el grupo aire y 3,9% en el grupo CO2 y su duración menor de 30 segundos (Tabla III). Estos eventos no asociaron repercusión clínica en ninguno de los pacientes ni precisaron medidas de reanimación cardiopulmonar específicas siendo suficiente para corregirlos aumentar el flujo de O2 aportado y/o realizar una maniobra frente-mentón para colocar correctamente la lengua del paciente.

 

 

La intensidad del dolor experimentado por los pacientes después de la colonoscopia fue superior en el grupo aire en todos los puntos de corte evaluados, alcanzando significación estadística en los cuatro primeros (a los 15 minutos, 1, 3 y 6 horas tras la exploración) y con tendencia a ser similar a las 24 horas (Tabla IV). El 38% de los pacientes del grupo CO2 refirió no sentir ningún dolor, valor 0 en la EVN, a los 15 minutos de finalizar la colonoscopia frente al 15% en el grupo aire.

 

 

El hecho de que el EF hubiese realizado menos exploraciones en el grupo CO2 (un 14% del total) en comparación con las llevadas a cabo en el grupo aire (un 29%), grupo en el que la intensidad del dolor había sido más elevada, nos llevó a analizar la posible repercusión que la experiencia del endoscopista podía tener en la intensidad del dolor experimentado por los pacientes, encontrando que en todos los puntos de corte analizados (15 minutos, 1, 3, 6 y 24 horas tras la colonoscopia) la intensidad del dolor era significativamente más elevada en las exploraciones realizadas por el EF en comparación con las realizadas por un EE. Por otra parte los explorados por el EF puntuaban valores significativamente más bajos en la EVN cuando se había empleado CO2 (1,72; 1,05; 0,55; 0,27 y 0,16 a los 15 minutos, 1, 3, 6 y 24 horas respectivamente) que cuando se había utilizado aire (3,95; 3,17; 2,9; 1,39 y 0,48). Sin embargo, realizando una regresión logística múltiple para controlar el efecto de la experiencia del endoscopista, encontramos que si bien tanto el tipo de médico (EF/EE) como el tipo de gas insuflado (CO2/aire) influyen en la producción de dolor, la odd ratio del tipo de gas es mayor, un 3,78 frente a un 2,15 (IC95% entre 2,2 y 6,4), es decir, que las diferencias encontradas en la intensidad del dolor por el tipo de gas se mantienen al ajustar por el tipo de médico.

 

Discusión

Nuestro trabajo demuestra que el empleo de CO2 como gas de insuflación durante la colonoscopia logra que los pacientes experimenten menos dolor tras el procedimiento en comparación con el sufrido cuando se emplea aire ambiente. Esta diferencia es significativa, a favor del CO2, ya a los 15 minutos y permanece siéndolo en las 1, 3 y 6 horas posteriores, tendiendo a igualarse a las 24 horas. Además, un 38% de los pacientes refieren no sentir ningún dolor (EVN igual a 0) a los 15 minutos tras la colonoscopia con CO2 en comparación con el 15% de los del grupo aire.

Debido a que empleamos sedación moderada o profunda en todos nuestros pacientes no fue posible comparar el dolor que experimentaron durante la colonoscopia, si bien los endoscopistas, que desconocían el tipo de gas insuflado, tendieron a considerar que los pacientes del grupo CO2 presentaban una tolerancia mejor que los del grupo aire (p = 0,151). Sin embargo, debido a que en la producción del dolor abdominal durante la colonoscopia, además de la distensión abdominal y los espasmos intestinales secundarios a la insuflación del colon, también interviene la tracción ejercida sobre el colon, parece más fiable para valorar el dolor atribuible a la insuflación colónica la fase de recuperación tras la colonoscopia en la que esta tracción ya no está presente.

Estudios previos, aunque con diferentes escalas de valoración del dolor y aplicadas en distintos momentos respecto de la realización de la colonoscopia, ya habían demostrado que el empleo de CO2 se asociaba con menor dolor durante (12) y posteriormente a la misma (6-9,11-14,18), mientras que ningún grupo ha comunicado un resultado contrario; En estos trabajos el uso de CO2 provoca significativamente menos dolor en comparación con el aire ambiente entre los 10 minutos (9) y las 6 horas de finalizar la colonoscopia (6-8,11,14), aunque en algunos la diferencia ya no es significativa a la hora (12) o a las 6 horas posteriores (18) y en otros permanece siéndolo hasta 24 horas tras el procedimiento (6,8). Dos de estos trabajos realizan una radiografía abdominal a la hora de finalizar la exploración, encontrando menos aire intestinal residual con la insuflación de CO2 (6,7). En un reciente metaanálisis (15), con los datos disponibles de 9 estudios randomizados controlados que comparan la insuflación con CO2 o con aire durante la colonoscopia, se calcula "el número necesario de pacientes a tratar" para evitar un paciente que sufra malestar por una colonoscopia, concluyendo que sería de 7 durante el procedimiento, 2 a la hora tras el mismo, 3 a las 6 horas y 12 a las 24 horas de la colonoscopia.

En nuestro trabajo el dolor experimentado únicamente alcanzó un valor mayor de 3 a los 15 minutos de la colonoscopia en el grupo aire, tratándose en todos los demás puntos de corte, en ambos grupos, de un dolor menor de 3, siempre mucho menor y cercano al 0 en el grupo CO2. Aunque se podría pensar que un dolor considerado como leve por los propios individuos que lo experimentan podría tener poca repercusión, dos trabajos (16,17) recogen cómo hasta un 20% de los individuos sometidos a una colonoscopia de cribado con aire ambiente precisan más de 24-48 horas de recuperación antes incorporarse a su actividad habitual, por lo que la utilización de CO2 podría contribuir a una restauración más rápida de esta actividad normal y con ello favorecer la disminución de los gastos indirectos de la colonoscopia. Otro beneficio que observamos en nuestro estudio, aunque no fue cuantificado, fue la constatación de la menor sensación de vergüenza que sentían los pacientes a los que se había realizado una colonoscopia con CO2 al presentar menos flatulencia, lo que les hacía tener una percepción inmediata de mayor confort y tolerancia a la exploración. Tanto la disminución del dolor experimentado como de la sensación de vergüenza es probable que puedan repercutir favorablemente en el aumento de la aceptación de la colonoscopia, si bien este aspecto no pudo ser confirmado por los estudios que trataron, sin éxito, de encontrar diferencias en el porcentaje de pacientes que afirmaron estar dispuestos a aceptar en el futuro una colonoscopia de cribado de cáncer colorrectal nada más ser sometidos a este procedimiento con uno u otro gas (12,14).

Un aspecto fundamental a la hora de recomendar el empleo de CO2 en la insuflación en la colonoscopia es la certeza de su seguridad. Nuestro trabajo incluye pacientes sedados con una combinación de midazolam y propofol, con niveles de sedación moderado (21-23%) o profundo (75%), habiéndose registrado en todos ellos los valores de pO2, de pCO2 y de FC antes, durante y al finalizar el procedimiento, lo que no hemos encontrado en ningún otro trabajo publicado, puesto que la mayoría de ellos recogen pacientes sin sedación o con sedación superficial (6-10,12,18) o en el caso de tratarse de pacientes sometidos a colonoscopia con sedación profunda con propofol no se recogió la pCO2 (14).

No encontramos diferencias significativas entre ambos grupos en los valores medios de pCO2 en ningún momento. Sin embargo, objetivamos numerosos episodios de hipocapnia (pCO2< 30 mmHg), en el 51% de los pacientes del grupo aire y en el 46% de los del CO2, sin que existieran diferencias entre ambos grupos. Ninguno de estos episodios tuvo repercusión clínica. Puesto que los pacientes estaban sedados y mostraban en su mayoría una buena tolerancia a la exploración no parece que este descenso de la pCO2 pueda ser secundario a un mecanismo de hiperventilación. Únicamente se produjo un episodio de hipercapnia en un paciente en el grupo de CO2, alcanzando una pCO2 de 55 mmHg, sin repercusión clínica. En cuanto a los episodios de hipoxemia (pO2 < 95%) fueron mucho menos frecuentes y sin diferencias significativas entre los dos grupos. En la literatura hay muy pocos trabajos en los que se hayan monitorizado y comparado los niveles pCO2 en este escenario clínico. Uno de los primeros estudios (19) realizados no encontró diferencias en el pH arterial de los pacientes antes y después de ser sometidos a una colonoscopia con CO2 y, únicamente, un ligero incremento en la presión parcial arterial media de CO2 (pCO2) al finalizar la misma, que no fue estadísticamente significativo y que permaneció dentro de los límites normales. Posteriormente otro trabajo (8) con pacientes sin sedar sometidos a colonoscopia con CO2 o con aire, encontró una disminución significativa del ETCO2 durante la exploración en ambos grupos, algo menos marcada en el grupo de CO2, y sin repercusión clínica que se atribuyó a una posible hiperventilación de los pacientes durante la colonoscopia, lo que como hemos visto no parece ser el mecanismo implicado en la disminución de la pCO2 que también objetivamos en nuestros pacientes sedados. Sin embargo otro trabajo del mismo grupo (11), no encontró diferencias en el ETCO2 durante la colonoscopia con aire o CO2, aunque recogió un pequeño incremento en el ETCO2 de los pacientes que -habían recibido sedación ligera en comparación con los no sedados, independientemente del gas insuflado. Finalmente, otros autores (18) encuentran valores ligeramente más elevados de pCO2 transcutáneo durante la colonoscopia en pacientes sin sedación en comparación con los encontrados antes o después de la misma, pero dentro del rango de la normalidad y sin diferencias entre el grupo aire y CO2. Por tanto, de todos estos trabajos, incluyendo el nuestro, no se puede obtener un patrón de comportamiento homogéneo de la pCO2 durante la colonoscopia con CO2, siendo probablemente sus variaciones ajenas al hecho en sí del uso de CO2 y por ello tan poco reproducibles. Sin embargo, queda claramente establecido que dichas variaciones son leves, habitualmente dentro de los rangos de la normalidad y sin repercusión clínica. En este sentido la literatura no recoge ningún efecto adverso secundario a la utilización de CO2 como gas de insuflación durante la colonoscopia, si bien se han excluido de los estudios los pacientes con enfermedades respiratorias severas o aquellas situaciones clínicas que puedan propiciar una ventilación disminuida (20).

La monitorización con capnografía durante la realización de las colonoscopias con sedación, nos permitió detectar en fases iniciales episodios de apnea e hipercapnia evitando su posible repercusión clínica. La apnea o la hipoventilación ocurren comúnmente durante la colonoscopia con sedación, resultando la capnografía más fiable que la pulsioximetría en la detección precoz de depresión respiratoria en este contexto (21).

Aunque nosotros, como otros autores, excluimos a pacientes con obesidad mórbida (IMC > 40), al valorar el subgrupo de pacientes con IMC entre 30-39 no observamos mayores niveles de ETCO2 ni ningún efecto adverso respiratorio en ellos, por lo que probablemente el empleo del CO2 pueda ser seguro incluso en individuos con obesidad mórbida monitorizados con capnografía.

En cuanto al tiempo de llegada a ciego y las dosis de sedación empleadas no encontramos ninguna diferencia entre el uso de CO2 o de aire, en coincidencia con otros trabajos anteriormente publicados (9,12,14) y en desacuerdo con otros que han comunicado una tendencia a un menor tiempo empleado en alcanzar el ciego (8,18) o a dosis más bajas de midazolam en pacientes a los que se practicó una disección submucosa endoscópica (22). Tampoco encontramos diferencias entre ambos grupos en el tiempo de estancia en la unidad de endoscopia tras la realización de la colonoscopia, lo que ha sido probablemente debido a la gran carga de trabajo de la enfermera encargada de la sala de recuperación. Por otra parte, encontramos que las colonoscopias realizadas por un EF, que globalmente se asociaban con mayor producción de dolor cuando se comparaban con las practicadas por EE, obtenían puntuaciones significativamente mucho más bajas en la EVN del dolor cuando se había empleado. Además de otros factores, pensamos que el significativo mayor tiempo empleado en cada exploración por el EF (grupo aire: EF 18,17 minutos/EE 11,58, grupo CO2: EF 17,38/EE 11,90), muy probablemente ligado a un mayor volumen de gas insuflado, es la causa principal del mayor dolor referido, pero que fue siempre mucho menor con el empleo del CO2. En este contexto encontramos otra ventaja más del empleo de CO2, que sería el facilitar el aprendizaje de la técnica colonoscópica como ya se ha apuntado (23). Las ventajas de la utilización del CO2 probablemente sean aun más llamativas en técnicas endoscópicas complejas y de larga duración, como pueden ser la CPRE, la enteroscopia o en las colonoscopias terapéuticas en las que el empleo del CO2 no solo se asociaría con la producción de menor dolor abdominal sino que también podría facilitar dichos procedimientos. En este sentido se ha descrito que el empleo de CO2 permite explorar una mayor longitud de intestino delgado en comparación aire ambiente (24) y también se ha apuntado que podría facilitar el manejo endoscópico de las perforaciones iatrogénicas de colon, al contribuir a una mayor estabilidad hemodinámica del paciente tras la perforación en comparación con la producida durante el empleo de aire en la que se origina un mayor y más brusco neumoperitoneo (25).

En conclusión nuestro estudio, realizado en pacientes sometidos a colonoscopia con sedación profunda con monitorización de pCO2, refuerza la evidencia extraíble de estudios previos acerca de la significativa reducción del dolor abdominal, que consigue el empleo de CO2 ya desde los primeros minutos tras la exploración, y demuestra que dicho beneficio que se mantiene y es seguro en pacientes bajo sedación profunda. Por tanto sería deseable que en los próximos años asistamos a una sustitución progresiva del aire ambiente por el CO2 como gas de insuflación en la colonoscopia y en otras técnicas endoscópicas, dentro de la mejora continua de su calidad.

 

Agradecimientos

Los autores quieren agradecer expresamente al personal de enfermería de la Unidad de Endoscopias del Hospital Río Hortega su imprescindible ayuda y el gran interés mostrado en la realización de este trabajo. También queremos agradecer la colaboración desinteresada del Dr. Carlos Ochoa Sangrador en el tratamiento estadístico de los datos recogidos en el estudio.

 

 

Dirección para correspondencia:
Pilar Díez Redondo.
Servicio de Aparato Digestivo.
Hospital Universitario "Río Hortega".
C/ Dulzaina, 2.
47012 Valladolid
e-mail: diezmp@hotmail.com

Recibido: 23-02-2012
Aceptado: 03-05-2012

 

 

Bibliografía

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