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Revista Española de Enfermedades Digestivas

Print version ISSN 1130-0108

Rev. esp. enferm. dig. vol.109 n.9 Madrid Sep. 2017

http://dx.doi.org/10.17235/reed.2017.4845/2017 

TRABAJOS ORIGINALES

 

Prevalencia, factores de riesgo y respuesta al tratamiento de las manifestaciones extraintestinales en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal

Prevalence, risk factors and response to treatment of extra-intestinal manifestations in patients with inflammatory bowel disease

 

 

María Hernández-Tejero, Alicia Granja Navacerrada, Pilar Bernal Checa, Rubén Piqué Becerra, Alicia Algaba García, Iván Guerra Marina, Francisco Javier García-Alonso, Mariano Syed y Fernando Bermejo

Servicio de Aparato Digestivo. Hospital Universitario de Fuenlabrada. Fuenlabrada, Madrid

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Introducción: los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal pueden presentar manifestaciones extraintestinales que en ocasiones asocian gran morbilidad.
Objetivos: evaluar la prevalencia, las características, los tratamientos y la evolución de las manifestaciones extraintestinales en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal en nuestro centro e identificar los posibles factores de riesgo asociados.
Métodos: estudio retrospectivo, observacional, tipo casos y controles. Los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal con manifestaciones extraintestinales fueron considerados casos y los que no las presentaban, controles.
Resultados: fueron incluidos 619 pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal (327 enfermedad de Crohn, 265 colitis ulcerosa, 27 colitis no clasificada). El 16,5% mostró al menos una manifestación extraintestinal (IC 95% 13,5-19,5; n = 102), siendo las más frecuentes las musculoesqueléticas (n = 50, 40%) y las cutáneas (n = 50, 40%). Respecto al tratamiento, en las artropatías predominó el uso de antiinflamatorios no esteroideos (31%) y corticoides (19%, orales o intraarticulares) y para las alteraciones cutáneas se recurrió mayoritariamente a los corticoides (83%). Globalmente, la eficacia del tratamiento fue del 90%. En el 13% se produjo recidiva de la manifestación extraintestinal. El análisis multivariante identificó el sexo femenino (p = 0,012; OR = 1,61; IC 95% 1,11-2,34) y la gravedad de la enfermedad inflamatoria intestinal (p = 0,009, OR = 1,65, 1,13-2,4, si precisaron terapia inmunosupresora; p = 0,029, OR = 2,28, 1,09-4,78, si requirieron terapia combinada con inmunosupresor y adalimumab) como factores de riesgo asociados al desarrollo de manifestaciones extraintestinales.
Conclusiones: las manifestaciones extraintestinales más frecuentes en nuestro medio son las musculoesqueléticas y las cutáneas. El sexo femenino y la gravedad de la enfermedad inflamatoria intestinal asocian un mayor riesgo de desarrollar manifestaciones extraintestinales. El tratamiento individualizado de las mismas es eficaz y el porcentaje de recidiva es bajo.

Palabras clave: Enfermedad inflamatoria intestinal. Manifestaciones extraintestinales. Factores de riesgo.


ABSTRACT

Introduction: Patients with inflammatory bowel disease can experience extra-intestinal manifestations that may cause significant morbidity.
Aims: To describe the prevalence, characteristics, treatment and evolution of extra-intestinal manifestations in inflammatory bowel disease patients treated in our hospital and to identify associated risk factors.
Methods: This was a retrospective, observational, case-control study. All inflammatory bowel disease patients with extra-intestinal manifestations were considered as cases and inflammatory bowel disease patients without extra-intestinal manifestations were considered as controls.
Results: Six hundred and nineteen patients with inflammatory bowel disease (327 Crohn's disease, 265 ulcerative colitis, 27 indeterminate colitis) were included in the study; 16.5% experienced at least one extra-intestinal manifestation (CI 95% 13.5-19.5; n = 102). The most frequent extra-intestinal manifestations observed were musculoskeletal (n = 50; 40%) and cutaneous manifestations (n = 50; 40%). With regard to treatment, arthropathies were treated with non-steroidal anti-inflammatory drugs (31%) and corticosteroids (19%, oral or intra-articular), and the majority of the cutaneous manifestations were managed with corticosteroids. Overall, the efficacy of extra-intestinal manifestation treatment was 90% and only 13% of patients had a recurrence of extra-intestinal manifestations. The multivariate analysis showed that female gender (p = 0.012; OR = 1.61; 95% CI 1.11-2.34) and the severity of inflammatory bowel disease (p = 0.009; OR = 1.65; 95% CI 1.13-2.4 if immunosuppressant therapy alone, or p = 0.029; OR = 2.28; 95% CI 1.09-4.78 if in combination with adalimumab) were associated with an increased risk of developing extra-intestinal manifestations.
Conclusions: The most frequent extra-intestinal manifestations in our environment were musculoskeletal and cutaneous manifestations. Female gender and a more severe disease were associated with a higher risk of developing extra-intestinal manifestations. Individualized treatment of extra-intestinal manifestations is effective and the risk is low in our series.

Key words: Inflammatory bowel disease. Extra-intestinal manifestations. Risk factors.


 

Introducción

Los pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal (EII), bien sea enfermedad de Crohn (EC), colitis ulcerosa (CU) o colitis no clasificada, pueden presentar afectación extraluminal relacionada con su enfermedad de base. Esta afectación a nivel extraintestinal puede producirse en distintos órganos, siendo el aparato locomotor el más frecuentemente afectado. Dichas manifestaciones no solo presentan un impacto negativo en la calidad de vida de los pacientes, sino que, en casos como el de la colangitis esclerosante primaria o el tromboembolismo venoso, pueden suponer un riesgo vital para los mismos (1). En ocasiones, las manifestaciones extraintestinales (MEI) pueden incluso preceder en varios años al diagnóstico de la EII (2) y un estudio recientemente publicado (3) describe que hasta un 25% de los pacientes presenta una combinación de hasta cinco tipos distintos de MEI a lo largo de la historia natural de la enfermedad. En un estudio español previo realizado por Repiso y cols. (4) en pacientes con EC, se observó que el 46% de los pacientes presentó al menos una MEI, siendo las articulares y mucocutáneas las más frecuentes, sobre todo en aquellos pacientes con EC de tipo cólico.

Algunas de estas MEI se relacionan directamente con la actividad intestinal, mientras que otras tienen un curso independiente (3). Así, dependiendo de dicha asociación, podemos clasificar las MEI en tres grupos. El primero incluye aquellas MEI que están específicamente asociadas con la EII, relacionadas con la actividad intestinal de la misma (artritis periférica, eritema nodoso, aftas orales) o independientes de su curso (pioderma gangrenoso, uveítis, espondiloartropatía, colangitis esclerosante primaria). La segunda categoría abarca enfermedades autoinmunitarias no específicamente asociadas a la EII, tales como la tiroiditis, la anemia hemolítica, el vitíligo y la diabetes mellitus insulino-dependiente. El tercer grupo incluye complicaciones relacionadas con la EII derivadas de alteraciones a nivel metabólico (como lo son las alteraciones a nivel del metabolismo fosfocálcico y las nefrolitiasis) (3) o de la cascada de mediadores de la inflamación (eventos tromboembólicos).

Aunque el conocimiento de la fisiopatología sobre la que se sustenta la EII ha mejorado considerablemente durante la última década, la etiología de esta entidad continúa siendo un enigma (5). Han sido varios los factores identificados asociados a la presentación de la enfermedad, entre los que encontramos genéticos, microbiológicos, ambientales (tabaquismo), inmunológicos, vasculares y psicológicos. La posible implicación en el debut y reagudización de la EII de fármacos como los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) y los anticonceptivos orales continúa siendo controvertida (6).

La frecuencia de la EII está aumentando significativamente en los últimos años (7), habiéndose descrito notables diferencias de incidencia y prevalencia en las distintas áreas geográficas.

Dado que la EII afecta a múltiples órganos y sistemas no relativos al aparato gastrointestinal, el médico no solo debe mostrarse suspicaz ante un brote a nivel intestinal, sino que debe estar alerta ante la posibilidad de la existencia de MEI. Así, una detección precoz de este tipo de manifestaciones permite iniciar su manejo temprano, disminuyendo así la importante morbilidad que pueden llegar a acarrear las mismas. Además, ha de tenerse en cuenta que, si bien algunas de las MEI responden al tratamiento del brote, otras cursan de forma independiente al mismo, precisando tratamientos específicos. Por ello, con frecuencia el manejo puede resultar muy dificultoso, requiriéndose un enfoque multidisciplinar (8) tal y como se realiza en nuestro centro. Por todo lo previo, nos propusimos como objetivos, además de analizar las características epidemiológicas tanto de EC como de CU (a diferencia de estudios previos en nuestro medio que solo las analizaron en EC) (4), evaluar las estrategias terapéuticas y respuesta al tratamiento de las MEI en una amplia serie de pacientes con EII en nuestro medio, tratando de identificar los posibles factores de riesgo asociados.

 

Material y métodos

Pacientes y variables estudiadas

Realizamos un estudio retrospectivo, observacional, tipo casos y controles, en el Servicio de Digestivo de nuestro hospital. El estudio fue aprobado por el Comité de Ética del centro. Se analizaron los datos de los pacientes diagnosticados de EII siguiendo los criterios habituales (9), los cuales habían sido valorados entre 2004 y 2014 en nuestro centro. Los datos de los pacientes, todos valorados en la consulta monográfica de EII, se obtuvieron mediante la historia clínica electrónica. Se consideraron como casos aquellos enfermos con EII que presentaron al menos una MEI a lo largo de la historia natural de su enfermedad y como controles, los pacientes con EII sin MEI. Las variables recogidas fueron relativas a datos epidemiológicos (sexo, edad, antecedentes familiares, tabaquismo) y otros relacionados con la enfermedad, tanto a nivel intestinal como extraintestinal (tipo y clasificación de EII, fecha del debut, tipo de MEI). Asimismo, se recogieron las estrategias terapéuticas llevadas a cabo tanto previamente al diagnóstico de la MEI como tras el mismo (necesidad de cirugía y/o uso y tipo de inmunomoduladores empleados antes del diagnóstico de la MEI y tratamiento específico empleado para la misma). Se consideraron graves aquellos pacientes que habían precisado terapia inmunosupresora y/o biológica. Por último, se recabó información acerca de la evolución de la MEI (respuesta al tratamiento y recidiva tras el mismo), quedando la respuesta al tratamiento definida por un periodo libre de síntomas de seis meses y la recidiva, como la reaparición de la sintomatología tras dicho periodo de tiempo asintomático.

Análisis estadístico

Las variables cualitativas se han expresado con frecuencias con sus correspondientes intervalos de confianza del 95%. En cuanto a las variables cuantitativas, quedan representadas como la media ± desviación estándar si la distribución es normal o mediante la mediana y su rango intercuartílico cuando la variable no seguía una distribución normal. Se utilizó la prueba de Kolmogorov-Smirnov para evaluar la normalidad de las variables continuas. La comparación entre variables categóricas se realizó mediante la prueba de Chi-cuadrado. La comparación entre variables cuantitativas y cualitativas de dos categorías se realizó mediante la prueba t de Student (si la distribución era normal) o la prueba U de Mann-Whitney (cuando la variable no se ajustaba a una distribución normal). Las comparaciones entre variables cuantitativas y cualitativas con tres o más categorías se hicieron a través del análisis de la prueba de varianza (ANOVA) o por el test no paramétrico de Kruskal-Wallis. El método de estimación del riesgo relativo se ha estimado calculando el odds ratio (OR). Por último, se llevó a cabo un análisis multivariante mediante regresión logística para identificar los posibles factores de riesgo susceptibles de ser relacionados con la mayor probabilidad de desarrollar una MEI en el seno de la EII. Se consideró como estadísticamente significativo un valor de p < 0,05.

 

Resultados

Características basales de los pacientes incluidos en el estudio

Fueron incluidos 619 pacientes con EII (327 pacientes con EC, 265 con CU y 27 con colitis no clasificada) tras un periodo de seguimiento de diez años. La edad media fue de 45 ± 14 años. El 51% eran mujeres y el 24%, fumadores. Los datos clínicos y demográficos de la cohorte de pacientes con EII y MEI quedan recogidos en la tabla 1, agrupados según el tipo de EII subyacente.

 

 

Características y tratamiento de las manifestaciones extraintestinales diagnosticadas

La prevalencia de MEI en nuestra población de estudio fue del 16,5% (IC 95% 13,5-19,5), presentando 102 pacientes al menos una MEI durante el tiempo revisado. El número total de MEI observadas fue de 126: en 50 casos se trató de manifestaciones musculoesqueléticas, otras 50 fueron cutáneas, 14 fueron manifestaciones oculares, ocho fueron enfermedades tromboembólicas venosas y cuatro, enfermedades hepatobiliares. Los distintos tipos de MEI observadas aparecen representados en la tabla 2. Las manifestaciones cutáneas fueron más frecuentes en los pacientes con EC (75%; IC 95% 61,1-89,9%) que en los pacientes con CU (25%; 11,1-39,0%; p = 0,006). Por otro lado, no encontramos diferencias en la presencia de manifestaciones articulares u oculares en relación con el tipo de EII analizada.

 

 

Respecto a los tratamientos empleados, las artropatías fueron tratadas con AINE en el 31% de los casos, con corticoides (orales o intraarticulares) en el 19%, con metotrexato en el 10%, con anti-TNF en el 10% y con sulfasalazina también en el 10%. El tratamiento de las manifestaciones cutáneas se realizó principalmente con corticoides (83%) y excepcionalmente con anti-TNF (2%). Las manifestaciones oculares fueron tratadas con corticoides tópicos en el 69% de los pacientes y con anti-TNF en el 8%. Globalmente, la eficacia del tratamiento pautado para las MEI fue del 90%, no encontrándose diferencias significativas en función del tipo de enfermedad (eficacia del tratamiento en los pacientes con EC de 94,3% vs. 87,3% en los pacientes con CU; p = 0,18). Respecto al porcentaje de recidiva, solo el 13% (IC 95% 5,8-19,7) de los pacientes tuvo recidiva de la MEI y tampoco se encontraron diferencias a este respecto en función de la EII analizada (15,4% de recidiva en pacientes con EC vs. 7,3% en los pacientes con CU; p = 0,24).

Factores de riesgo asociados al desarrollo de manifestaciones extraintestinales

En el análisis univariante se encontró una asociación entre la presencia de MEI y el tipo de EII, de forma que las MEI fueron más frecuentes en los pacientes con EC que en los pacientes con CU (29,3% vs. 22%; p = 0,03). También el género estuvo asociado con la presencia de MEI, siendo estas más frecuentes en mujeres que en hombres (41,9% vs. 20,7%; p = 0,012). Además, encontramos que los pacientes con tratamientos previos con fármacos biológicos, infliximab o adalimumab (37,7% vs. 23,1%; p = 0,03), o inmunomodulares (31,0% vs. 20,2%, p = 0,002) tuvieron más prevalencia de MEI que los pacientes sin estos tratamientos.

El análisis multivariante mostró que el sexo femenino fue un factor de riesgo asociado para el desarrollo de las MEI (p = 0,012; OR = 1,61; IC 95% 1,11-2,34). También la gravedad de la EII estuvo asociada en este análisis con el desarrollo de MEI, de modo que pacientes con EII más graves que habían requerido terapia inmunosupresora (p = 0,009; OR = 1,65; 1,13-2,4) o terapia combinada con inmunosupresor y adalimumab (p = 0,029; OR = 2,28; 1,09-4,78) tuvieron un mayor riesgo de padecer una MEI. Por el contrario, el tipo de EII y el tratamiento previo con infliximab no fueron factores de riesgo para el desarrollo de MEI pues perdieron la significación estadística alcanzada en el estudio univariado.

Del mismo modo, no se encontraron diferencias en función de la localización de la enfermedad ni la presencia de hábito tabáquico o de enfermedad perianal previa (datos no mostrados).

 

Discusión

En nuestro medio, el 16,5% de los pacientes mostró al menos una MEI. La prevalencia de las MEI en la EII varía en función de las áreas geográficas, el tipo de EII, la localización y la duración de la enfermedad, el manejo terapéutico y la precocidad en el diagnóstico de la misma (10). La prevalencia registrada en nuestro estudio es algo inferior a otras series publicadas, como la de Vavricka y cols., basada en una cohorte suiza que recogía un total de 366 pacientes de los que el 29,3% presentó alguna MEI a lo largo de la historia natural de la enfermedad. Sin embargo, la frecuencia global con la que se presenta al menos una MEI oscila entre un 6 y un 47% (3). La gran variabilidad de las cifras de prevalencia e incidencia de MEI probablemente responde a la heterogeneidad de las poblaciones incluidas, la metodología empleada en el reclutamiento de los casos y a que los diversos estudios se han llevado a cabo a lo largo de distintos periodos de tiempo. Algunos estudios realizados en nuestro entorno también informan de prevalencias globales superiores a las observadas por nosotros. Así, Mendoza y cols. describen una frecuencia de al menos una MEI en un 46,6% de los pacientes (10). Sin embargo, estos estudios están realizados en muchos casos hace 10-15 años (todos ellos con anterioridad a 2004).

Así, una hipótesis plausible que explicaría las diferencias residiría en que nuestra cohorte está más actualizada, disponiéndose durante el periodo de estudio de un mayor arsenal terapéutico, lo que implicaría un mayor control de la enfermedad y, por tanto, de las MEI (al menos, de las asociadas a la actividad de la misma). En este sentido conviene aclarar que en los últimos años, salvo el infliximab (cuyo uso fue aprobado en Europa en 1998), el resto de tratamientos biológicos, incluido el infliximab biosimilar, han sido aceptados para la EII entre 2003 y 2013. Otras hipótesis que podrían explicar la menor prevalencia de MEI en nuestro estudio residiría en que, a diferencia de lo presentado por Repiso y cols., en donde solo se analizaron datos de pacientes con enfermedad de Crohn, en nuestro trabajo se incluyeron también pacientes con colitis ulcerosa, siendo, además, el número de pacientes analizados en nuestro estudio significativamente mayor al presentado con anterioridad en el citado estudio (619 vs. 157 pacientes) (4).

Del mismo modo, la menor prevalencia hallada en nuestro estudio también puede corresponderse al hecho de no haber incluido ni la osteoporosis ni la enfermedad hepática grasa no alcohólica como MEI asociadas a la EII.

En nuestra experiencia y en la de otros autores (3,7,11), las MEI más frecuentemente observadas son las musculoesqueléticas y las cutáneas. Así, en cuanto a la prevalencia según el tipo de MEI, encontramos por orden decreciente: musculoesqueléticas (40%), cutáneo-mucosas (40%), oculares (11,2%), enfermedad tromboembólica venosa (6,4%) y hepatobiliares (2,4%). Esta distribución se describe en muchas de las series recientemente publicadas (3,7,11), con la salvedad de que en algunas de ellas se anteponen las manifestaciones hepatobiliares al tromboembolismo. Esto se debe muy probablemente a que en nuestro estudio se consideran como manifestaciones hepatobiliares la colangitis esclerosante primaria y la hepatitis autoinmune (12), excluyéndose, tal y como se ha mencionado previamente, otras alteraciones frecuentes del perfil hepático derivadas del empleo de fármacos potencialmente hepatotóxicos (corticoides, metotrexato) o la enfermedad hepática grasa no alcohólica. De este modo, algunos autores (7) consideran como afectación biliohepática toda aquella alteración del perfil hepático mantenida durante más de seis meses con una colangio-resonancia magnética normal, mientras que en nuestro estudio se interpretaron como manifestaciones hepatobiliares aquellas que mostraban un perfil de autoinmunidad o unos hallazgos radiológicos compatibles. El reciente y primer consenso de la European Crohn's and Colitis Organisation (ECCO) para el manejo de las MEI (1) hace mención especial a la enfermedad hepática grasa no alcohólica, cifrando su prevalencia entre un 1,5% y un 55% en la CU y entre un 1,5% y un 39,5% en la EC, con una prevalencia media del 23%. A los factores de riesgo que asocia la población general en el contexto del síndrome metabólico, en la EII se suman factores específicos entre los que se incluyen abscesos intraabdominales, enfermedad fistulizante, gravedad de la CU y desnutrición proteica-calórica.

De acuerdo con varios estudios (3,12-14), la presencia de MEI es significativamente mayor en pacientes con EC que en aquellos con CU, habiéndose identificado en el más reciente de ellos una prevalencia del 43% en la EC y del 31% en la CU.

Es más, hay evidencias de que determinados tipos de MEI se asocian más a uno u otro subtipo de EII. Así, Mendoza y cols. (10) describen que las manifestaciones hepatobiliares, la enfermedad tromboembólica venosa y las artralgias son más frecuentes en la CU, mientras que el eritema nodoso y las artritis periféricas lo son en la EC (7). Los autores encontraron diferencias al clasificar las MEI en función del órgano o tejido afectados, pero no al analizar la frecuencia global de las mismas entre la CU. En nuestro caso no encontramos diferencias entre grupos, salvo cuando subclasificamos en función del tipo de MEI, siendo significativamente mayor la aparición de MEI cutáneas en la EC frente a la CU.

Las estrategias terapéuticas empleadas para las MEI varían en función de si su curso es o no paralelo al de la actividad inflamatoria intestinal. Así, en caso de asociarse a la actividad intestinal, su tratamiento será el del brote, mientras que en caso contrario se muestra ante nosotros un amplio abanico de posibilidades. Y es que, aunque el tratamiento de las MEI comparte como eje común el empleo de AINE y corticoides, existe una gran variedad de herramientas terapéuticas.

Con respecto a la artropatía periférica de tipo I (asociada a la actividad inflamatoria intestinal), los expertos refieren que con el tratamiento del brote de EII los síntomas se resuelven en un periodo de ocho a diez semanas. Sin embargo, puede recurrirse al uso de AINE para el control sintomático a nivel articular o al empleo de inhibidores selectivos de la ciclooxigenasa 2, con los que se logra mejoría en el 60% de los pacientes, aunque siempre con precaución debido al riesgo de exacerbación del brote intestinal descrito hasta en un 25% de los casos en los primeros días. Brown y cols. describen como tratamiento de primera línea para la artropatía periférica de tipo II (no asociada a actividad inflamatoria intestinal) el uso de sulfasalazina o, en caso de ausencia de respuesta a la misma, de metotrexato a dosis de 7,5 mg/semana en combinación con ácido fólico (8). Cuando los corticoides y/o sulfazalazina no resultan efectivos, puede recurrirse al empleo de metotrexato y, en el caso de refractariedad al mismo, se escalaría a terapia biológica. Kaufman y cols. (15) demostraron la mejoría sintomática en siete de once pacientes con artropatía refractaria con una dosis única de infliximab de 5 mg/kg de peso.

En cuanto al tratamiento de la artropatía axial, independiente de la actividad inflamatoria a nivel intestinal, Brown y cols. (8) refieren que el manejo es similar al de aquella artropatía central no asociada a la EII, y recomiendan como medida fundamental mantener una actividad física adecuada, realizando ejercicios específicamente dirigidos a potenciar la movilidad de la columna. Destacan que aunque se puede recurrir a los AINE (con el citado riesgo de reactivación de la actividad inflamatoria que conllevan) y/o a los corticoides intralesionales, estos ocasionan un alivio sintomático inmediato pero transitorio, sin modificar el curso natural de la enfermedad, por lo que no se recomiendan de manera sistemática. Reafirmando lo previo, un estudio en 36 pacientes con EII y espondiloartropatía (16), en el que 24 fueron tratados con infliximab y 12 con esteroides, azatioprina, antibióticos y salicilatos, encontró que el grupo de pacientes aleatorizado al brazo de infliximab mostró una mejoría más rápida y mantenida en la actividad de la enfermedad (cuantificada mediante el índice BASDAI).

Otra de las MEI más frecuentemente asociadas a la EII es el eritema nodoso, cuyo curso es dependiente de la actividad intestinal. Así, si bien en los casos leves los dermatólogos recomiendan medidas generales (reposo, elevación y compresión del miembro afecto) (17), solo en los casos graves se recomienda el empleo de corticoides sistémicos e incluso de inmunosupresores, habiéndose descrito tan solo en algunas series de casos la necesidad de tratamiento con infliximab y adalimumab (18). Conviene destacar que en el contexto del creciente uso de los fármacos biológicos empleados tanto para el control de la actividad a nivel luminal como extraintestinal (19), está apareciendo una mayor tasa de trastornos cutáneos asociados sobre todo al uso de fármacos anti-TNF. Guerra y cols. observan en una serie de casos una mayor prevalencia de psoriasis inducida por anti-TNF (un total de 21 casos de 1.294 pacientes con EII bajo tratamiento biológico, lo que supone una prevalencia mayor que la de la población general) (20).

En la cohorte de nuestro estudio empleamos AINE y corticoides para las artropatías y solo esteroides para las alteraciones cutáneas, con una eficacia global muy elevada y baja tasa de recidiva.

Los datos de los que disponemos acerca de los potenciales factores de riesgo asociados a una mayor probabilidad de desarrollo de MEI a lo largo de la historia natural de la EII son limitados. Vavricka y cols. observaron una mayor probabilidad de presentar una MEI en pacientes con EC activa y en aquellos con antecedentes familiares de EII (14), no encontrándose asociación entre el tabaquismo y un mayor riesgo de presentación de MEI. En lo que respecta a la CU, se observó tan solo una "tendencia" a mayor probabilidad de MEI en pacientes que habían precisado esteroides y/o biológicos antes del debut de la MEI y menor en aquellos con tabaquismo activo en el momento de la inclusión en el estudio. Por otra parte, la presencia de una MEI predispone al individuo a una mayor susceptibilidad de presentar otras MEI (14,17).

En nuestra cohorte, encontramos como factores de riesgo asociados al desarrollo de MEI el sexo femenino (p = 0,012; OR = 1,61; IC 95% 1,11-2,34) y la gravedad de la EII (p = 0,012; OR = 1,61; IC 95% 1,11-2,34), definida como la necesidad de mayores requerimientos terapéuticos (inmunosupresores o anti-TNF). Si bien coincidimos con el grupo suizo en la variable de necesidad de tratamiento inmunosupresor, este no incluye en su modelo de regresión la variable sexo, motivo por el que no podemos hacer comparaciones a este respecto.

Nuestro estudio tiene algunas limitaciones, puesto que la recogida de datos fue retrospectiva, sin contar con el análisis de la cronología de la aparición de las MEI. Por otro lado, el tamaño muestral es lo suficientemente representativo como para aportar una consistencia no desdeñable a nuestros resultados. Del mismo modo, al tratarse de un estudio unicéntrico en el que los pacientes han sido valorados por el mismo grupo de facultativos, la derivación y el manejo por parte de otros especialistas de las MEI ha seguido unos criterios homogéneos, lo que proporciona fortaleza a los resultados obtenidos.

Así, podemos concluir que las MEI más frecuentes observadas en nuestro medio confirman las halladas como más prevalentes en otros estudios realizados en diferentes áreas geográficas, siendo las más frecuentes las manifestaciones musculoesqueléticas y cutáneas. Igualmente podemos inferir que en nuestro medio las mujeres y los pacientes con mayor gravedad de su EII y, por tanto, con mayores requerimientos terapéuticos tuvieron mayor riesgo de desarrollar MEI asociadas a su EII. Además, concluimos que el tratamiento individualizado de las MEI es eficaz en la mayoría de los pacientes, habiéndose observado un bajo porcentaje de recidiva de dichas MEI.

 

 

Dirección para correspondencia:
María Hernández Tejero.
Servicio de Aparato Digestivo.
Hospital Universitario de Fuenlabrada
C/ Camino del Molino, 2.
28942 Fuenlabrada, Madrid
e-mail: mhernandezt@salud.madrid.org

Recibido: 17-01-2017
Aceptado: 20-05-2017

 

 

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