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Medifam

versión impresa ISSN 1131-5768

Medifam v.13 n.1 Madrid ene. 2003

 

CARTAS AL DIRECTOR


Síndrome de las piernas inquietas como causa de insomnio 

Sr. Director: 

Presentamos el caso de una mujer de 62 años de edad, con antecedentes familiares de cáncer de pulmón e insomnio no filiado en el padre. Madre con antecedentes de hipertensión arterial. Como antecedentes personales presenta infecciones del tracto urinario de repetición no complicadas y dermatofitosis resuelta. Ha consultado en varias ocasiones por pirosis postpandrial y cefalea tensional. Amigdalectomizada e histerectomía por leiomioma a los 50 años. 

Desde hace aproximadamente un año, viene refiriendo dolor, parestesias y disestesias en extremidades inferiores de predominio distal. Estas alteraciones suelen comenzar por la tarde y se suelen prolongar toda la noche, hecho que le impide conciliar el sueño. También se asocia una necesidad imperiosa de mover las piernas y en ocasiones sacudidas nocturnas que la despiertan y que no le permiten tener un sueño reparador. Motivo éste por el que acude varias veces a la consulta de su médico de familia. En principio la paciente fue diagnosticada de insomnio debido a un cuadro ansioso-depresivo y se inició tratamiento con sertralina, sin cambios en la clínica. Por lo que se sospechó un síndrome de las piernas inquietas (SPI). 

La exploración física fue normal, sistemático y bioquímica de sangre normales, pudiendo de esta manera descartar el origen secundario del SPI, así como de otros trastornos del movimiento, calambres nocturnos de las piernas, neuropatías periféricas y patología vascular de miembros inferiores. Se prescribió clonazepam a dosis de 0,5 mg cada 12 horas, presentando tras una semana de tratamiento una mejoría completa, de forma que los síntomas han desaparecido; refiere dormir sin problemas durante 7 u 8 horas, desapareciendo las disestesias y la necesidad imperiosa de mover las piernas. 

El SPI es un trastorno crónico del sistema central que con frecuencia origina un insomnio severo que puede ser incapacitante. Actualmente se cree que afecta hasta el 15% de la población, especialmente a la anciana1. Existe una alta incidencia de casos familiares, lo que sugiere un origen genético2, aunque también puede ser secundario, asociado a neuropatías periféricas, insuficiencia renal crónica (hasta el 40% de los pacientes en diálisis tienen el síndrome), anemia ferropénica, embarazo, incluso por drogas como antidepresivos tricíclicos, IRS3, litio y antagonistas de dopamina. Así como diversas afecciones neurológicas (patología de médula espinal, radiculopatía lumbosacra, etc.). No hay evidencias de que el síndrome se relacione con trastornos psiquiátricos. 

Para hacer el diagnóstico se requiere la presencia de cuatro elementos básicos: deseo de mover las piernas, generalmente asociado a parestesias y disestesias; la exacerbación de los síntomas con el descanso y el alivio con la actividad; inquietud motora y empeoramiento nocturno de los síntomas1. Criterios que cumple el caso clínico antes expuesto; ademas de fenómenos asociados como trastornos del sueño y fatiga diurna, examen neurológico normal y movimientos involuntarios de las piernas. 

El diagnóstico de SPI se podrá hacer basándose únicamente en la historia, no estando indicada la polisomnografía. La American of Sleep Medicine publicó recientemente4 los parámetros prácticos para el tratamiento del síndrome. La selección de los fármacos estará influenciada por numerosos factores como son: la edad del paciente, la severidad de los síntomas, la frecuencia o regularidad de los síntomas, presencia de embarazo, insuficiencia renal, etc. Los fármacos dopaminérgicos son los mejor estudiados y más eficaces. Aunque la levodopa con carbidopa habitualmente se ha considerado la piedra angular del tratamiento, los agonistas de la dopamina (promipexol, pergolida) están ganando popularidad debido a que potencialmente son más eficaces y tienen menos fectos secundarios. Estudios recientes han mostrado que otro agente dopaminérgico, ropinirol5, y el nuevo anticonvulsivo, gabapentina, también son eficaces para controlar este síndrome6. Otros agentes de demostrada eficacia son las benzodiazepinas (clonazepam), opioides (codeína, oxicodona, propoxifeno) y la clonidina; fármacos estos de mayor manejo en Atención Primaria. 

El médico de familia juega un papel central a la hora de identificar e instaurar tratamiento adecuado en el síndrome de las piernas inquietas.

J. P. Justel Pérez, A. Molina, J.C. Estévez, I. Mansilla 

Especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria. Centro de Salud General Fanjul. Área 7. Madrid

BIBLIOGRAFÍA 

1. Walters AS. Toward a better definition of the restless legs syndrome. Mov Disord 1995; 10: 634-42. 

2. Strang RR. The symptom of restless legs. Med J Aust 1967; 1: 1211-3. 

3. Bakshi R. Fluoxetine and restless legs syndrome. J Neurol SCI 1996; 142: 151-2. 

4. Chesson Al Jr, Wise M, Dávila D, Sindro S, Littner M, Anderson WM, et al. Syndrome and periodic limb movement disorder. An American Academy of Sleep Medicine Report. Standards of Practice Committee of the American Academy of Sleep Medicine. Sleep 1999; 22: 961-8.

5. Estevill-Sancho EX, De la Fuente-Panell V. Ropirinol as a succesful treatment of the restless legs syndrome: an open pilot study with polisomnographic data. Sleep 1999; 22 (Supl. 1): 158.

6. Uhles ML, Duntley SP. Evaluation of the efficacy of neurontin in the treatment of restless legs syndrome sleep 1999; 22 (Supl. 1): 157S.