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Psychosocial Intervention

versão On-line ISSN 2173-4712versão impressa ISSN 1132-0559

Psychosocial Intervention vol.23 no.1 Madrid Abr. 2014

http://dx.doi.org/10.5093/in2014a3 

Estrés parental, estrategias de afrontamiento y evaluación del riesgo en madres de familias en riesgo usuarias de los Servicios Sociales

Parenting stress, coping strategies and risk assessment in mothers from at-risk families assisted by Child and Family Protection Services

 

 

Javier Pérez Padillaa, Susana Menéndez Álvarez-Dardeta y María Victoria Hidalgob

a Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Huelva, España
b Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Sevilla, España

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

En este artículo se analizan los niveles de estrés asociados al rol parental y las estrategias para hacerle frente en una muestra de 109 madres de familias con un expediente de riesgo en los Servicios Sociales Comunitarios. Los resultados indican que más de la mitad de las mujeres experimentaban niveles clínicos de estrés, y que las estrategias de afrontamiento en mayor medida utilizadas fueron las centradas en el problema. Tanto el estrés parental como el tipo de afrontamiento guardaron relación con diferentes características sociodemográficas de las usuarias y de sus familias. El nivel de riesgo de estas mujeres de acuerdo con los profesionales que las atendían se relacionó con el estrés parental que experimentaban estas usuarias.

Palabras clave: Estrés parental. Estrategias de afrontamiento. Familias en riesgo. Evaluación del riesgo. Profesionales


ABSTRACT

In this study parenting stress and coping strategies in a sample of 109 mothers from at-risk families were analyzed. Results obtained show over half of these women experienced clinical levels of parenting stress, and problem focused coping strategies were the most commonly used. Moreover, the main characteristics of these families and their trajectories in Child and Family Protection Services were correlated with parenting stress and coping strategies. The global valuation of family risk informed by professionals was significantly related to parenting stress.

Keywords: Parenting stress. Coping strategies. At-risk families. Risk assessment. Practitioners


 

 

En los últimos años se ha venido realizando en nuestro país un esfuerzo por describir y caracterizar a las familias en riesgo psicosocial, acumulándose evidencias empíricas que señalan que se trata de un colectivo que debe enfrentarse a condiciones difíciles y que acumulan una gran cantidad de situaciones estresantes (Menéndez, Hidalgo, Jiménez, Lorence y Sánchez, 2010; Rodríguez, Camacho, Rodrigo, Martín y Máiquez, 2006). Las familias en situación de riesgo son aquellas en las que los responsables del cuidado de los menores, por circunstancias tanto contextuales como personales, no cubren o ponen en peligro la satisfacción de las necesidades de éstos sin llegar a un nivel de gravedad que justifique una medida de amparo con la consecuente retirada del menor (Rodrigo, Máiquez, Martín y Byrne, 2008). Estas familias, debido al balance descompensado de circunstancias adversas y de elementos de protección, a las dinámicas disfuncionales desarrolladas y/o a las características individuales de sus miembros, presentan un cúmulo de necesidades que hacen necesario el apoyo y la intervención del sistema público de protección social, normalmente a través de los dispositivos de Servicios Sociales (SS.SS.) localizados en cada municipio. Según los cálculos que se han realizado en nuestro país, estas familias constituyen un colectivo especialmente numeroso, dado que suponen un 80% de los expedientes que se manejan en las corporaciones locales (Rodrigo et al., 2008).

El Sistema Público de Servicios Sociales, con el objetivo de atender y promocionar el bienestar tanto de los adultos como, especialmente, de los menores que crecen en estas familias, organiza de manera implícita los dispositivos de atención a estos núcleos de convivencia en función del nivel de riesgo que presentan (Grimaldi, Garrido y Jiménez, 2012). Las evaluaciones comprehensivas e intuitivas de los profesionales que atienden a las usuarias, basadas tanto en el conocimiento específico de la situación familiar como en la experiencia de trabajar en servicios de bienestar social (Lietz, 2009), son claves para determinar su nivel de riesgo y, por lo tanto, para el diseño y puesta en marcha de las acciones de preservación y fortalecimiento familiar que precisan.

Los estudios realizados en nuestro país sobre este tipo de familias, aunque escasos, presentan resultados y conclusiones muy interesantes. La mayor parte de estos trabajos han explorado especialmente las características sociodemográficas de las familias en riesgo, por lo que disponemos en menor medida de información sobre dimensiones de naturaleza psicológica de las usuarias por un lado, como por ejemplo el apoyo social, la agencia personal, los sentimientos de competencia parental o la autoestima (v. gr., López et al., 2007; Menéndez et al., 2010; Rodrigo y Byrne, 2011; Rodrígo, Martín, Máiquez y Rodríguez, 2007) o de las valoraciones de riesgo psicosocial de acuerdo con los profesionales que las atienden por otro (Rodríguez et al., 2006). De manera generalizada estos estudios concluyen que, dentro de la importante heterogeneidad que presentan las familias en riesgo, existe un perfil sociodemográfico muy habitual caracterizado por la precariedad (Martín, Máiquez, Rodrigo, Correa y Rodríguez, 2004; Menénde, Arenas, Pérez y Lorence, 2012; Menéndez et al., 2010; Menéndez, Jiménez e Hidalgo, 2011; Rodríguez et al., 2006; Rodrigo et al., 2007). Así, las madres que encabezan las familias en riesgo psicosocial suelen tener un nivel educativo básico y tienden a ser mujeres de mediana edad. Estas familias suelen ser estables según los estudios referenciados, en ellas crecen entre tres y cuatro hijos, y una quinta parte de ellas conviven con algún miembro de la familia extensa. Con respecto a la situación económica y profesional, todos los estudios apuntan a una alta precariedad en los ingresos familiares y a una acusada inestabilidad laboral (Menéndez et al., 2010). Así, es común en muchas de estas familias un bajo porcentaje de empleo y los progenitores que trabajan lo hacen mayoritariamente en labores de baja o nula cualificación y sin regulación contractual. Finalmente, el 40-50% de estas familias son monoparentales, porcentaje que supera ampliamente el 10% que se calcula para el total poblacional en España (Flaquer, Almena y Navarro, 2006). Tal como señalan Hidalgo, Menéndez, Sánchez, Lorence y Jiménez (2010), la combinación de estos indicadores se relaciona no solo a un mayor nivel de riesgo en estas familias, sino también a una mayor cronicidad de este tipo de situaciones. En esta línea, las evaluaciones de los profesionales que atienden a estas familias tienden a estar relacionadas con determinados indicadores sociodemográficos característicos de esta población (Rodríguez et al., 2006).

Como se ha comentado anteriormente, la mayoría de los trabajos desarrollados en nuestro país se han centrado especialmente en su perfil sociodemográfico, de manera que existen pocos estudios que hayan profundizado en dimensiones de corte psicosocial que ayuden a comprender, de manera más integral, a estos contextos de desarrollo. Una de las dimensiones que suele estar presente en la investigación de ámbito internacional centrada en las familias en situación de riesgo psicosocial es el estrés parental, y los resultados indican que los padres y las madres que encabezan estas familias tienden a experimentar altos niveles de tensión asociados al ejercicio de su rol como progenitores (Anderson, 2008; Gómez, Muñoz y Haz, 2007; Gwynne, Blick y Duffy, 2009; Roggman, Moe, Hart y Forthun, 1994; Vallotton et al., 2012). El estrés parental ha sido conceptualizado como un proceso en el que los progenitores se sienten desbordados ante las responsabilidades de su rol como padre o madre (Abidin, 1992; Webster-Stratton, 1990) y, tiende a estar asociado tanto con peores indicadores en el desarrollo de los menores (Anhalt, Telzrow y Brown, 2007; Deater-Deckard, Bornstein y Lansford, 2007; Vallotton et al., 2012) como de los progenitores. Concretamente en este último aspecto, y de acuerdo con diversos estudios, altos niveles de estrés parental influyen en la competencia de los progenitores, en el apoyo social, la satisfacción con el rol o la responsividad hacia los hijos (Anderson, 2008; Assel et al., 2002; Ostberg y Hagekull, 2000; Raikes y Thompson, 2005). Además, Milner (2003) señala que los progenitores con un elevado estrés tienden a evaluar las situaciones de una manera menos compleja, originando mayores niveles de impulsividad a la hora de responder al niño, lo cual está asociado a un uso más frecuente de prácticas punitivas y coercitivas (Dopke, Lundahl, Dunsterville y Lovejoy, 2003). En este sentido, el estrés parental se encuentra relacionado con la potencial aparición del maltrato infantil en la familia (Crouch y Behl, 2001; Deater-Deckard, Lansford, Dodge, Pettit y Bates, 2003). En definitiva, la literatura internacional destaca que el estrés parental es una dimensión relevante a la hora de comprender de manera integral la dinámica de funcionamiento que caracteriza a estas familias en riesgo, de manera que es necesario analizarla a la hora de caracterizar a estas familias y su intervención (Rodríguez et al., 2006). Sin embargo, en el ámbito nacional no hemos encontrado estudios que hayan examinado el estrés parental en estas familias, exceptuando los recientes trabajos desarrollados en Canarias por el equipo de Rodrigo (Padilla, Máiquez y Rodrigo, 2012a; Padilla, Máiquez y Rodrigo, 2012b). Estos autores señalan que el estrés parental es un buen indicador de eficacia en programas psicoeducativos y que está en íntima relación con diversas dimensiones sociodemográficas propias de estas familias

Tal como indica Sandín (2003), el estudio acerca de la naturaleza y origen de los estresores crónicos, especialmente relacionados con factores sociales, está cobrando importancia en los últimos años, de hecho, existe una amplia literatura internacional centrada en familias normativas que estudia la relación entre el estrés parental y diversos indicadores sociodemográficos. En concreto, la monoparentalidad se ha asociado con altos niveles de estrés tanto general como específicamente en el ejercicio del rol parental, en comparación con familias con una estructura biparental (Landero y González, 2011; Olhaberry, 2011). Además, el elevado número de hijos suele estar relacionado con una mayor percepción de tensión en el núcleo familiar tal y como señalan varios trabajos realizados en familias normativas y centrados en estas dimensiones (Flouri, 2005; Nye, Carlson y Garrett, 1970). En la misma línea, y con respecto a la situación económica y laboral, se han planteado varios modelos teóricos que tratan de explicar cómo la presión económica influye en los procesos e interacciones que se dan en el núcleo familiar. Entre estos estudios destacan los trabajos de Conger (Conger, Conger y Elder, 1997; Conger, Ge, Elder y Lorenz, 1994), en los que se ponen de manifiesto que la relación entre la pobreza familiar y el desarrollo del menor es indirecta y se ve mediatizada por variables psicológicas como el estado emocional de los progenitores y su vivencia del estrés. Sin embargo, tal como señala Dahinten, Timer y Arim (2008), los resultados en torno a la influencia de los bajos ingresos familiares en el estrés parental son inconclusos.

Las estrategias de afrontamiento han sido también objeto de estudio en las últimas décadas con el fin de explicar, de una manera integral, el proceso de estrés (Skinner, Edge, Altman y Sherwood, 2003). El afrontamiento se conceptualiza como aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales que se despliegan a la hora de manejar las demandas concretas que son valoradas como estresantes para la persona (Lázarus y Folkman, 1984). Son numerosos los autores que han examinado y clasificado las distintas formas de afrontamiento, desde la teoría clásica de Lázarus y Folkman (1984) en la que se establecen dos tipos fundamentales de afrontamiento (centrado en el problema y en la emoción) hasta la propuesta de Skinner y colaboradores (2003) que, tras realizar una revisión meta-teórica, agruparon más de 100 estilos de afrontamiento. El afrontamiento en situaciones estresantes vinculadas al rol como progenitor está relacionado tanto a la calidad de la interacción madre-hijo (Smith Bynum y Brody, 2005) como al bienestar de la madre (Eisengart, Singer, Fulton, y Baley, 2003). Sin embargo, tal como apuntan Eisengart et al. (2006) existe una gran acumulación de datos inconsistentes en cuanto a la relación entre altos niveles de estrés parental y el afrontamiento centrado en el problema o la evitación de la situación estresante, lo que ha provocado una limitación práctica en cuanto a la aplicabilidad de los resultados encontrados. No obstante, a pesar de que las estrategias de afrontamiento no pueden clasificarse a priori como adaptativas o desadaptativas, ya que en sí mismas no aseguran la eliminación del elemento estresante (Boss, 1988), la adecuada aplicación del afrontamiento puede llegar a convertirse en un factor protector en situaciones de riesgo psicosocial (Little, Axford y Morpeth, 2004). Al contario, según el Modelo de Estrés y Afrontamiento al Maltrato Infantil de Hillson y Koupier (1994), frente a situaciones estresantes los progenitores pueden poner en marcha estrategias desadaptativas (retirada conductual o cognitiva, supresión de actividades, focalización en el estado de irritabilidad y descarga emocional), que desembocan en negligencia o maltrato físico, de ahí la importancia de evaluar el modo en que las familias en riesgo psicosocial hacen frente a las circunstancias problemáticas que se les presentan. Por tanto, el estudio de las estrategias de afrontamiento y el conocimiento de la relación que guardan con otras dimensiones relevantes de la dinámica familiar resulta fundamental para optimizar las intervenciones realizadas desde los diferentes dispositivos de bienestar social (Deater-Deckard, 1998).

En ese sentido, para evaluar de una manera integral el nivel de riesgo que presentan las familias y, por lo tanto, determinar las acciones de preservación y fortalecimiento que precisan, se ha tomar en consideración tanto la información psicosocial dada por las familias a través de cuestionarios estandarizados como las evaluaciones basadas en la experiencia y el conocimiento de los profesionales que las atienden. A este respecto, las valoraciones acerca del nivel de riesgo familiar aportadas por múltiples informantes, siguiendo las recomendaciones actuales en investigación social (Dekovic, Stoitz, Schuiringa, Manders y Asscher, 2012), tienden a estar relacionados entre sí (English y Graham, 2000; McCrae y Barth, 2008; Rodríguez, et al., 2006).

Teniendo en cuenta todo lo comentado anteriormente, y especialmente en relación con la escasez de estudios realizados en nuestro país sobre esta temática, el presente trabajo pretende cubrir los siguientes objetivos:

1. Caracterizar a una muestra de familias en situación de riesgo usuarias de los SS.SS.CC. en cuanto al estrés parental y a las estrategias de afrontamiento utilizadas para hacerle frente.

2. Examinar las relaciones entre las dimensiones relativas al estrés y los principales indicadores sociodemográficos y de intervención.

3. Analizar las valoraciones de los profesionales de SS.SS.CC. acerca del riesgo y la evolución de las usuarias.

4. Estudiar las relaciones entre las percepciones de los técnicos y los principales indicadores sociodemográficos y de intervención.

5. Explicar la variabilidad de las valoraciones de los profesionales en función del estrés parental de las usuarias y sus estrategias de afrontamiento.

 

Método

Participantes

La muestra de este estudio está constituida por 109 madres cuyas familias tenían un expediente activo de riesgo en los SS.SS.CC. Estas mujeres tenían una edad en torno a los 35 años (M = 35.33, DT = 7.29), con un rango que oscilaba entre 19 y 52 años. La mayoría tenían un nivel educativo bajo: el 42% no habían terminado los estudios básicos, el 22% tenían estudios primarios, el 32% secundarios y el 4% universitarios. En cuanto a su situación laboral, en el momento del estudio el 35.4% de las mujeres trabajaban (en empleos de baja o nula cualificación en el 86.7% de los casos). Además, tenían entre dos y tres hijos por término medio (M = 2.40, DT = 1.12), con aproximadamente ocho años de edad (M = 8.07, DT = 3.33), siendo la mayoría del sexo masculino (63%).

Las mayor parte de las familias de la muestra eran estables en cuanto a su composición (85%) y estaban formadas por cuatro miembros (M = 4.09, DT = 1.26), con una presencia minoritaria de otros familiares que convivían en el mismo hogar (M = 0.45, DT = 0.98). En cuanto a la estructura familiar, la muestra estaba integrada en un 39.6% de los casos por familias monoparentales, de las cuales el 13.3% tenían pareja aunque no convivieran. Con respecto a su situación económica, los ingresos familiares anuales ponderados por unidad de consumo alcanzaron una media de 6.096 euros (DT = 101.22) y su comparación con los cifras oficiales sobre la pobreza en Andalucía en los años correspondientes al trabajo de campo (Observatorio de la Infancia en Andalucía, 2013) revela que un 77.2% de las familias se encontraban por debajo del umbral de la pobreza.

Centrándonos en su condición de usuarias de SS.SS.CC., las mujeres de la muestra se distribuyeron equitativamente entre el Servicio de Atención a Familias (en el 57.4% de los casos) y los Equipos de Tratamiento Familiar (42.6%) y llevaban tres años por término medio (M = 2.85, DT = 3.55) recibiendo intervención en los SS.SS.CC. Estas adultas utilizaban una media de 2.76 (DT = 3.42) servicios de bienestar social y en torno a dos miembros de su familia (M = 1.99, DT = 1.27) eran además usuarios de estos servicios.

Con respecto a los profesionales, un total de 17 técnicos colaboraron en distintos momentos del estudio. Todos ellos eran psicólogos o psicólogas, aunque no se distribuyeron de manera similar en función del sexo, puesto que el 82.4% (n = 14) de los técnicos fueron mujeres y el 17.6% hombres (n = 3). La edad media de los participantes fue de 43.64 años (DT = 6.37) con un mínimo de 32 y un máximo de 53 años. Su experiencia en SS.SS.CC., medida ésta en el tiempo de trabajo en estos dispositivos, fue de 15.07 años (DT = 6.36), con un mínimo de 6 y un máximo de 25 años.

Medidas e instrumentos

Los datos que se presentan en este trabajo se han obtenido utilizando las escalas que se describen a continuación. En todos los casos se trata de instrumentos autoadministrados, y que aportan resultados que indican un mayor nivel de la dimensión de que se trata mientras más elevado sea el valor obtenido. A continuación se exponen las características de las medidas e instrumentos utilizados en función del informante:

Profesional de SS.SS.CC. Un protocolo semi-estructurado fue diseñado ad hoc para recoger información acerca de las familias, concretamente:

- Datos relativos a cuestiones individuales (edad, sexo, nivel de estudios), familiares (estructura, composición, estabilidad) y socioeconómicas (empleo, ingresos).

- Información relativa a la trayectoria en SS.SS.CC. (servicio actual, años en SS.SS.CC., número de servicios utilizados, número de familiares atendidos).

- Valoraciones del profesional que atienden a las usuarias en cuanto al riesgo de la muestra en un rango de 0 (ningún riesgo) a 10 (alto riesgo), así como la evolución de las mismas en el servicio de 0 (evolución muy negativa) a 10 (evolución muy positiva).

Madres usuarias de SS.SS.CC.

- Estrés parental (PSI-SF; Abidin, 1995). La versión reducida del Parental Stress Index está formada por 36 ítems que proponen percepciones asociadas al desempeño de la maternidad y que se responden mediante una escala Likert de 1 (muy en desacuerdo) a 5 (muy de acuerdo). Las recomendaciones de corrección de Díaz-Herrero y colaboradores (Díaz-Herrero, Brito, López, Pérez-López y Martínez-Fuentes, 2010), en su versión del instrumento adaptado y validado para la población española, permiten obtener puntuaciones de dos subescalas: estrés asociado en general a la paternidad o la maternidad (malestar personal, 12 ítems), cuya fiabilidad medida con el alfa de Cronbach fue de .79, y específicamente a la crianza y el cuidado del propio hijo o la hija (estrés derivado del cuidado del hijo, 24 ítems, α = .86), junto a la puntuación total de estrés parental (36 ítems, α = .89).

- Estrategias de afrontamiento del estrés (COPE; Carver, 1997). Este instrumento validado en población española (Crespo y Cruzado, 1997) evalúa cómo las personas responden cuando se enfrentan a situaciones difíciles o estresantes. Consta de 28 ítems con cuatro opciones de respuesta en una escala tipo Likert de 1 (no hice esto en absoluto) a 4 (hice esto mucho). La prueba aporta resultados de tres escalas, estrategias de afrontamiento centradas en el problema (6 ítems, α = .73), que se componen de las siguientes estrategias: el afrontamiento activo, la planificación y la búsqueda de apoyo social (instrumental); evitación (6 ítems, α = .67), compuesta por el desahogo de las emociones, la desconexión conductual y la desconexión mental; y, por último, estrategias de afrontamiento centradas en la emoción (10 ítems, α = .50), formada por la búsqueda de apoyo social (emocional), la reinterpretación positiva, la aceptación, la negación y la religión.

Procedimiento

Nuestro equipo de investigación mantuvo diversas reuniones con todos los psicólogos y psicólogas de los SS.SS.CC. de la provincia y la ciudad de Huelva con el fin de explicarles la naturaleza del estudio y solicitar su colaboración en el mismo; tras estos primeros contactos accedieron a colaborar en la investigación el 75% de los profesionales de la Diputación y el 50% del Ayuntamiento. Estos profesionales seleccionaron y recabaron la participación de un grupo de usuarias de su centro social que se ajustaran a unos criterios de inclusión: ser madres de al menos un hijo o hija menor de 12 años de edad (la edad máxima permitida por uno de los instrumentos centrales de esta investigación) y responder, en su opinión, a un nivel de riesgo medio (la gravedad de la situación no requiere una intervención de carácter individualizado y de intensidad). Los profesionales recopilaron la información sociodemográfica requerida y concertaron citas individuales con las madres en las dependencias de cada centro social, para que un miembro del equipo de investigación administrara los instrumentos descritos más arriba. Esta entrevista individualizada tuvo una duración aproximada de media hora. Los análisis estadísticos de los que se informa en este trabajo fueron realizados con el paquete estadístico SPSS versión 15.

 

Resultados

Dimensiones de estrés e indicadores sociodemográficos y de intervención en SS.SS.CC.

La media de estrés parental se situó en 94.20 puntos (DT = 24.28) y las subescalas de malestar personal y de estrés derivado del cuidado del hijo obtuvieron medias de 26.96 (DT = 8.01) y 53.29 (DT = 12.71) respectivamente. Los análisis intra-grupales se realizaron mediante contrastes para K muestras relacionadas, no observándose diferencias significativas entre las dos subescalas, t(104) = 0.78, p = .409. En cuanto a las estrategias de afrontamiento, los análisis intragrupales apuntaron a que las madres usaron en mayor medida, t(94) = 9.87, p < .001, las estrategias centradas en el problema (M = 17.04, DT = 4.26) frente a la evitación (M = 11.48, DT = 3.98). La subescala referida al afrontamiento de las emociones no se utilizó en el presente estudio debido a su bajo índice de fiabilidad interna. Con respecto a los análisis correlacionales, el malestar personal se relacionó en sentido positivo con la evitación (r = .266, p < .009), mientras que las demás dimensiones no se asociaron entre sí.

Para dar respuesta al segundo objetivo del estudio, se realizaron análisis de la varianza y correlacionales entre las dimensiones de estrés y los indicadores sociodemográficos de estas familias, cuyos resultados están reflejados en la tabla 1.

Comenzando por las características de las madres, los resultados indicaron que las que habían superado los estudios secundarios o que trabajaban afrontaban las situaciones de estrés centrándose en mayor medida en el problema en comparación con las madres de un nivel educativo elemental o que se encontraban sin empleo. Con respecto a los indicadores sociodemográficos de los menores no se encontraron diferencias significativas en función del sexo de los hijos. Sin embargo, la edad de éstos correlacionó de manera positiva y estadísticamente significativa con el estrés parental y concretamente con la dimensión referida al estrés derivado del cuidado de los hijos.

Respecto a los indicadores familiares, los análisis efectuados no mostraron diferencias significativas entre las familias biparentales y las monoparentales en cuanto al nivel de estrés parental experimentado por las madres. No obstante, las mujeres que encabezaron familias monoparentales mostraron una mayor predisposición a afrontar las situaciones estresantes mediante estrategias centradas en el problema. Por otro lado, las progenitoras de hogares no estables utilizaron más frecuentemente la evitación del estrés. De acuerdo con los miembros que componían las familias, una menor presencia de otros familiares en el hogar así como un elevado número de hijos se asoció con altas puntuaciones de malestar personal. Además, los análisis efectuados revelaron que las mujeres que vivían en familias que se encontraban por debajo del umbral de la pobreza, en comparación con aquellas que no se calificaron como pobres, experimentaban los mismos niveles de estrés parental. Finalmente, los componentes del estrés parental y las estrategias de afrontamiento no obtuvieron diferencias significativas con respecto al tipo de servicio que las atendían ni se asociaron con el número de servicios utilizados o a la cantidad de familiares que recibían intervenciones. Sin embargo, un mayor número de años en SS.SS.CC. se relacionó negativamente con el uso de las estrategias de afrontamiento centradas en el problema, r(77) = -.309, p = .006.

Percepciones de los profesionales e indicadores sociodemográficos y de intervención en SS.SS.CC.

Con respecto al tercer objetivo, la evaluación de los profesionales acerca del nivel de riesgo de la situación familiar obtuvo una media de 5.34 (DT = 2.06) con valores mínimos y máximos de 1 y 9 respectivamente. Por otro lado, la evolución asociada a la intervención desarrollada en los SS.SS.CC. fue de 6.54 puntos (DT = 1.50). De acuerdo con las relaciones entre las percepciones de los técnicos y los principales indicadores sociodemográficos, los análisis mostraron una correlación significativa entre la edad de la madre y su evolución como usuaria, r(67) = .233, p = .058. Por otra parte, y en cuanto a los indicadores relacionados con la intervención, se observó una relación entre la alta percepción del riesgo con respecto a las usuarias de ETF, las que utilizaban un mayor número de servicios y las que tenían un elevado número de familiares en los dispositivos de bienestar social (ver tabla 2). Además, se encontró una significación marginal que indicó una mejor evolución en las usuarias de SAF frente a las de ETF, F(66) = 3.52, p = 0.65.

 

 

Las valoraciones de los profesionales de acuerdo con las dimensiones de estrés

El último objetivo de este estudio está centrado en explicar la varianza de las percepciones de los profesionales en función del estrés parental y las estrategias de afrontamiento de las usuarias. En primer lugar se analizó las relaciones entre estas dimensiones, observándose que únicamente los componentes del estrés parental se asociaron con las valoraciones de los técnicos (ver tabla 3).

 

 

Los coeficientes de correlación de Pearson señalaron unas relaciones significativamente marginales entre la percepción de riesgo tanto con el malestar personal como con estrés parental. Esta relación siguió un sentido positivo por lo que mayores puntuaciones de estrés tendieron a asociarse con una mayor percepción de riesgo. La valoración en torno a la evolución de la usuaria en el servicio se asoció de manera negativa tanto con las subescalas del PSI-SF como con su puntuación total. Estas correlaciones tuvieron un sentido negativo, por tanto, menores puntuaciones de estrés parental se relacionaron con percepciones más positivas acerca del progreso de la madre.

Para finalizar, se llevaron a cabo dos análisis de regresión lineal múltiple por pasos, cuyas variables criterio fueron la percepción del riesgo por un lado, y la valoración de la evolución de la usuaria por otro (ver tabla 4). Por cada modelo se incluyeron diferentes variables de control de acuerdo a los resultados hallados en el anterior apartado. Las estrategias de afrontamiento no se introdujeron finalmente al no relacionarse con las percepciones de los técnicos. Antes de computar los modelos se testaron los supuestos multivariantes relativos a estos análisis.

Como se puede observar en la tabla 4, el primer modelo, referido a la percepción de riesgo, explicó significativamente el 18% de la varianza de acuerdo con el coeficiente de determinación corregido. Tras controlar las dimensiones que se asociaron con la variable criterio, y al introducir los efectos principales (malestar personal y estrés derivado del niño), se produjo un aumento del 6% de la varianza explicada. Este último paso alcanzó una significación marginal de p = .10.

Con respecto al segundo modelo, éste explicó significativamente el 16% de la varianza de la evolución de las usuarias según el profesional. El segundo paso produjo un incremento significativo de R2 de .12. Concretamente, el estrés derivado del cuidado de los hijos obtuvo una puntuación β negativa y significativa. Por tanto, un decremento en el estrés relativo a la interacción con los hijos aumentó las puntuaciones de evolución de la usuaria.

 

Discusión

Los objetivos de esta investigación fueron caracterizar a una muestra de familias en situación de riesgo en cuanto al estrés parental y las estrategias de afrontamiento utilizadas para hacerle frente, así como examinar las relaciones entre estas dimensiones y el perfil sociodemográfico de estas familias y su relación con los SS.SS.CC. y analizar el grado en que las dimensiones de estrés explican el riesgo de las familias y la evolución de las usuarias.

En lo que se refiere al estrés parental, este estudio pone de manifiesto los elevados niveles de tensión que estas madres experimentan a la hora de hacer frente a su rol como progenitoras, superando más de la mitad de la muestra los niveles clínicos que se establecen en la escala utilizada (Abidin, 1995). Estos resultados están en consonancia con los ofrecidos en otros estudios efectuados con población anglosajona, que indican que los progenitores que viven en contextos de riesgo psicosocial tienden a sentirse con frecuencia desbordados por las exigencias derivadas de su rol como padres y madres (Gwynne et al., 2009; Roggman et al., 1994; Vallotton et al., 2012). Concretamente, Anderson (2008) señalaba que un tercio de la muestra en situación de riesgo de su estudio superaba los niveles clínicos de estrés parental, siendo éste un resultado algo inferior al encontrado en este trabajo. En cuanto al tipo de afrontamiento, cabe destacar la tendencia de estas madres a utilizar estrategias centradas en el problema aunque dichas estrategias no se encuentran relacionadas con un menor nivel de estrés, lo cual sigue la línea de estudios anteriores que mostraban una elevada inconsistencia en la relación afrontamiento-estrés parental (Eisengart et al., 2006). Sin embargo, esto podría explicarse a través de la hipótesis de Boss (1988) en cuanto a que el despliegue de un determinado tipo de estrategia no supone en sí mismo su adecuado manejo. Junto a esta tendencia, los resultados obtenidos con respecto a la evitación como estrategias de afrontamiento indican que estas mujeres tienden a hacer frente al elevado estrés relacionado con su rol como madres de una manera poco funcional.

Las investigaciones que han examinado el perfil sociodemográfico característico de las familias en riesgo tienen cierto recorrido en nuestro país (v. gr., Martín et al., 2004; Menéndez et al., 2010; Rodríguez et al., 2006), el análisis sobre cómo este perfil está relacionado con dimensiones psicosociales se encuentra menos desarrollado en la literatura científica que hemos revisado para este trabajo, aunque las evidencias disponibles revelan que en la variabilidad de dichas dimensiones juegan un papel relevante las características de tipo educativo, laboral y familiar (Rodrigo y Byrne, 2011). Con respecto al perfil de estas familias y su relación con las dimensiones de estrés, observamos que las madres con un nivel educativo postobligatorio y que trabajaban (rasgos típicos de las madres que no están en riesgo) tendían a afrontar centrándose en el problema. En cuanto a las características familiares, tanto la estructura, la composición y la estabilidad de éstas resultaron ser dimensiones relevantes a la hora de comprender parte de la variabilidad en la vivencia del estrés. Merece la pena destacar que, a diferencia de otros estudios con población normativa (Landero y González, 2011; Olhaberry, 2011), en este trabajo la monoparentalidad no se asoció a mayores niveles de estrés parental, situándose las familias encabezadas por uno y dos progenitores en niveles extremos y similares de tensión asociados al rol de madre. Con toda probabilidad, las familias monoparentales y biparentales en situación de riesgo comparten una realidad igualmente adversa y complicada de manera que, tal y como apunta Anderson (2008), las dinámicas familiares pueden ser mejores predictoras de estrés parental que la propia estructura familiar por lo que en situaciones de riesgo estas diferencias se eliminen.

No obstante algunos rasgos de la composición familiar, como un número elevado de hijos o la presencia de otros familiares en el hogar, han mostrado en este trabajo ejercer una influencia relevante y que va en la misma línea que lo encontrado en otras investigaciones, en las que se señala que las madres se pueden sentir desbordadas ante el reto de satisfacer numerosas necesidades al tener un mayor número de hijos e hijas y, por otro lado, aliviadas ante el apoyo que pueden brindar otros adultos de la familia extensa que residan en el hogar (Flouri, 2005; López et al., 2007). Por otra parte, y al igual que en otros estudios (Nair, Schuler, Black, Kettinger y Harrington, 2003) la estabilidad de la estructura familiar se asoció a un menor uso de estrategias disfuncionales como la evitación. Finalmente, y aunque la literatura ofrece evidencias empíricas de los efectos perniciosos de la pobreza así como su influencia en la vivencia del estrés, los resultados obtenidos en este trabajo no revelan diferencias en el estrés percibido en función del nivel de pobreza. Es posible que, tal como indican varios estudios (Dahinten et al., 2008; Raikes y Thompson, 2005), los efectos de la pobreza afecten al estrés familiar pero no al parental, estando éste más relacionado con las relaciones parento-filiales. Asimismo, en este estudio las familias situadas por encima del umbral de la pobreza no podían calificarse como de medio o alto nivel socioeconómico, por lo que los efectos de esta dimensión pueden quedar diluidos. En relación con la intervención llevada a cabo desde los SS.SS.CC., un mayor número de años en servicio se encontró relacionado con un menor uso de estrategias de afrontamiento centradas en el problema, lo cual alerta de los posibles riesgos de la cronificación del uso de los servicios.

Con respecto a las valoraciones de los profesionales de SS.SS.CC. acerca del riesgo y la evolución de las usuarias, los resultados obtenidos indican que éstos percibieron un mayor riesgo en las madres atendidas por los ETF y una mejor evolución en las usuarias SAF. De esta manera, la idea expresada por Grimaldi et al. (2012), en la que los Servicios de Protección Social se distribuyen de manera implícita de acuerdo con la acumulación de adversidad experimentada por las usuarias concuerda con los resultados encontrados. Por otra parte, el estrés parental que experimentan estas madres es una dimensión útil (junto a otros indicadores de corte psicosocial) para diferenciar y establecer el nivel de riesgo de estas familias (Rodríguez et al., 2006). En este sentido, nos parecen especialmente destacables las relaciones encontradas en este trabajo entre la valoración subjetiva de los profesionales, por un lado, y los datos aportados por las madres y evaluados mediante instrumentos estandarizados, por otro (English y Graham, 2000; McCrae y Barth, 2008; Rodríguez, et al., 2006). Los resultados presentados indicaron que el estrés parental en su conjunto fue relevante a la hora de explicar las valoraciones acerca del riesgo que presentaban estas familias. En concreto el referido a las interacciones parentofiliales explicó la percepción de evolución de la usuaria en el servicio de acuerdo con los criterios del profesional. Sin embargo, las estrategias de afrontamiento utilizadas por las madres no mostraron la misma capacidad explicativa pues no se relacionaron con las valoraciones de los técnicos. Tomados en su conjunto, estos resultados no solo refuerzan la idea de que el estrés parental es una dimensión especialmente relevante en el estudio de las familias en riesgo psicosocial, sino que también avalan la pertinencia de la colaboración activa entre el trabajo aplicado y el académico, ya que indican que la información recogida mediante instrumentos estandarizados de evaluación es relevante para los profesionales, al tiempo que su valoración también es significativa para la investigación y debe ser incorporada en los estudios desarrollados en esta temática (Dekovic et al., 2012).

Aunque el estudio que aquí se presenta aporta resultados que nos parecen interesantes, también debemos resaltar que presenta alguna limitación, la mayor parte de ellas derivadas de la complejidad inherente al contacto y al trabajo de campo necesario para llevar a cabo una investigación sobre familias en riesgo. Principalmente, la investigación está circunscrita a madres en riesgo básicamente debido al hecho de que la mayoría de los usuarios de los SS.SS.CC. son mujeres; sin duda, la posibilidad de acceder a una muestra representativa de progenitores varones aportaría una visión más completa y rica acerca de este tipo de familias, aunque los profesionales con los que hemos colaborado para realizar este estudio también manifiestan la enorme dificultad que tienen habitualmente para poder llegar y trabajar con los padres. Además, creemos que sería relevante profundizar en estos resultados a través de análisis multidimensionales que nos permitan estudiar efectos moderadores y mediadores entre el perfil característico de estas familias y otras dimensiones psicosociales que intervienen e influyen en los procesos descritos, tarea a la que queremos dedicar futuros trabajos. Sin embargo, y a pesar de estas limitaciones, desde nuestro punto de vista esta investigación supone una aportación al estudio de las familias en situación de riesgo en nuestro país, sobre todo teniendo en cuenta la escasez de estudios interesados específicamente por el estrés parental y las estrategias de afrontamiento en estas familias. Los altos niveles de estrés parental que experimentan estas madres, unido a las estrategias desajustadas que despliegan a la hora de hacerle frente, sugieren la necesidad de incorporar programas específicos que trabajen estos aspectos con el objetivo de que su adecuado manejo se convierta en un factor de protección (Little et al., 2004). En este sentido, creemos que (con las limitaciones descritas) los resultados obtenidos contribuyen a profundizar en el conocimiento de las necesidades de apoyo de las familias en situación de riesgo, aspecto fundamental de cara a diseñar e implementar las intervenciones y actuaciones que permitan fortalecer las competencias parentales de estos progenitores para que puedan optimizar el desempeño de sus funciones como madres y padres.

 

Conflicto de intereses

Los autores de este artículo declaran que no tienen ningún conflicto de intereses.

 

Referencias

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Dirección para correspondencia:
e-mail: javier.perez@dpee.uhu.es

Manuscrito recibido: 06/11/2013
Aceptado: 20/01/2014

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