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Index de Enfermería

versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.15 no.52-53   2006

 

EDITORIAL

 

Las enfermeras y la Ley de Dependencia en España

Nurses and the new Dependence Law in Spain

 

 

Modesta Salazar Agulló

Profesora Universitaria de Enfermería. Diploma de Estudios Avanzados. Departamento de Salud Pública, Universidad de Alicante, España

Dirección para correspondencia

 

El Proyecto de Ley de Promoción de la Autonomía Personal y de Atención a las Personas Dependientes ha sido aprobado por el Consejo de Ministros del Gobierno de España. El Parlamento va a aprobar un nuevo derecho para todos los ciudadanos, un derecho universal, para ayudar a las personas dependientes y para promocionar la autonomía de los cuidadores. Se configura así el cuarto pilar del Estado del Bienestar, junto con la atención sanitaria, la educación y las pensiones. Se va a crear el Sistema Nacional de Dependencia.

En España se calcula que más de un millón de personas padecen alguna dependencia grave y severa y de ellos el 80% tienen más de 65 años.1 Esto quiere decir que necesitan al menos una persona para realizar las más elementales (e imprescindibles) actividades de la vida diaria: los autocuidados. Según el Libro Blanco de la Dependencia el 83% de los cuidadores son mujeres, con una edad en torno a los 50 años, con vinculación familiar (madres, hijas, esposas...) que no perciben remuneración alguna (cuidadoras informales) y que ello les ha impedido, entre otras cosas, acceder al mercado laboral, y por tanto su importante labor no cotiza al sistema de seguridad social. La incorporación de mujeres inmigrantes es cada vez mayor.

Además, el problema se agravará en el futuro ya que sociedad envejece con rapidez (el 17% de la población española es mayor de 65 años) y disponemos de una elevadísima esperanza de vida de 83 años para las mujeres y 76,9 años para los hombres.2

La problemática socio-sanitaria en España es una cuestión de gran magnitud pero no resuelta. El Consejo de Europa a mediados de los 80 aconsejaba crear centros de atención a la patología crónica, especialmente de las personas mayores.3, 4 La cobertura asistencial en general es bastante escasa: sólo el 3’5% de las personas mayores de 65 años cuenta con ayuda domiciliaria, el 2’84 teleasistencia, el 0’54% cuenta con plaza en un centro de día y hay 3’86 plazas residenciales por cada 100 personas dependientes. Los centros geriátricos actuales dependen de múltiples organismos (comunidades autónomas, iniciativa privada, centros religiosos...), están descoordinados y en general ofrecen una atención imposible para muchas familias. Un número considerable de ancianos afirman querer vivir en sus propias casas hasta el final de sus días, pero ¿quién puede cuidarles?

Además existe un gran volumen de población con minusvalías e incapacidades derivadas de accidentes de tráfico, laborales, y patología degenerativa que a veces tiene su origen en la infancia o adolescencia, y con problemáticas que cada día generan un mayor nivel de dependencia, con lo cual el tiempo del cuidador (y su agotamiento) es  significativamente mayor que en la población anciana.

El derecho al cuidado en la dependencia nos recuerda, en sus orígenes, al nacimiento de la universalización de la asistencia sanitaria en España y al papel fundamental que las enfermeras han jugado en su desarrollo.

A lo largo del siglo XX el derecho a la asistencia sanitaria requirió de las cotizaciones de los trabajadores y de los empresarios. La Constitución de 1978 y la Ley General de Sanidad de 1986 consagraron la universalización de la asistencia sanitaria y su financiación mediante impuestos, por lo que se convierte en un elemento redistribuidor de la riqueza: quien más tiene paga más.

Curiosamente, fue tras la primera crisis mundial del petróleo (1973) cuando los países occidentales constataron que los recursos eran limitados mientras las demandas sanitarias crecían de forma ilimitada. La desigualdad en el reparto de los recursos era notoria y esto motivó que la OMS y UNICEF promovieran la Conferencia de Alma-Ata (1978), donde se propuso potenciar la Atención Primaria de Salud para conseguir que la población tuviera unos servicios sanitarios universales, equitativos, de calidad, accesibles y “a un coste que la sociedad y el país pudieran soportar”. En España se inició en la década de los 80 el proceso de reforma de la atención sanitaria, apostando en primera instancia por el desarrollo de la infraestructura, creándose los centros de salud con equipos multidisciplinares (formados por médicos de familia, pediatras, enfermeras, trabajador social, -a veces matrona- y personal auxiliar) que supusieron un cambio muy importante especialmente en las zonas rurales. En la 56ª Asamblea Mundial de la OMS celebró en mayo de 2003 una conferencia conmemorando el 25 Aniversario de la Declaración, pidiendo el refuerzo de las estrategias para la consecución de la meta salud para todos.5

El cambio en el trabajo sanitario era complejo. La atención sanitaria debía tener como eje la salud y no la enfermedad, por ello la promoción de la salud y la prevención de la enfermedad se convirtieron en prioritarios. El usuario (antes “paciente”) se convertía en el centro del sistema; el trabajo individual se sustituía por el trabajo en equipo; la historia clínica (de salud) debía abarcar desde el nacimiento a la muerte y no limitarse a registrar episodios morbosos de manera puntual, y se debía actuar bajo el enfoque de riesgo, es decir, se ofertaban más servicios a los más necesitados, aunque no los demandasen (las vacunaciones infantiles o las campañas preventivas son un ejemplo de ello).6 Todos estos cambios sintonizaban magistralmente con los nuevos planes de estudios que se aplicaban en las escuelas universitarias de enfermería. De hecho el Dr. Mahler, Director de la Organización Mundial de la Salud, puso el énfasis en las enfermeras, como agentes del cambio y en la educación sanitaria como herramienta principal.7

La prestación de cuidados de enfermería se modificó cualitativa y cuantitativamente. Del trabajo tradicional de los inyectables en las salas de curas (practicantes y ATS) se pasó a un papel más diverso: Consultas de Enfermería para el control y seguimiento de enfermos crónicos, visita domiciliaria, atención comunitaria, salud escolar, programa del niño sano, etc. En todas ellas el fundamento de la atención de enfermería se enmarca en las grandes líneas de actuación propuestas por Florence Nightingale desde hace más de un siglo, y cuyo eje central es el cuidado, y que han seguido idéntica base del modelo cuidador los modelos de Virginia Henderson (identifica 14 necesidades básicas del sujeto basadas en cuatro dimensiones: entorno, salud, persona y cuidados); Abdellah ofrece una guía para resolver los problemas de cuidado de los pacientes; Orem la teoría del déficit de cuidado, Collière, Orlando, Roger, Roy, Carpenito, McCloskey, entre otras muchas contribuciones internacionales pasando por los diagnósticos enfermeros de la Nanda y su adaptación al entorno español, el modelo de autocuidados cotidianos de Germán, las contribuciones de Alfaro, Cuesta, Alberdi, Hernández, Luis, Piulachs, Medina y muchos más que con sus aportaciones centran el discurso enfermero en el cuidado, tanto en el ámbito hospitalario como en el comunitario.8

Mientras tanto en los hospitales la aplicación de la tecnología y el incremento de recursos humanos encarecen el coste de la atención sanitaria (“la salud no tiene precio pero cuesta dinero”). La Comisión dirigida por el prof. Abril Martorell propuso aplicar nuevos modelos de gestión para mejorar la eficiencia del sistema. También se introdujeron nuevas modalidades asistenciales como la cirugía sin ingreso, unidades de hospitalización domiciliaria, unidades de corta estancia y se desarrollaron los protocolos, vías clínicas, etc, que han permitido, especialmente en los pacientes crónicos y dependientes, que pasen menos tiempo en el hospital, abaratando costes. La enfermería hospitalaria también adaptó su rol y ha contribuido, mediante la educación sanitaria del paciente (y familia), a promocionar el sistema de autocuidados, -que es intrínseco a la acción enfermera-.  y a realizar estudios que permitan medir el coste del proceso enfermero en función del nivel de dependencia de los pacientes asignados, como el proyecto Signo I, Signo II, NIPE (Normalización de las Intervenciones para la Práctica de la Enfermería,9,10 que todos tienen como denominador común los cuidados de enfermería. Eso sí, todas estas medidas conllevan una “transferencia” a los cuidadores familiares y por tanto esta nueva Ley avala la decisión de acometer esta reforma en la que se tiene en cuenta, por vez primera, a las cuidadoras, para que a su vez no caigan en la situación de indefensión ante su propia enfermedad o tengan hipotecado por ello su futuro y sus pensiones de vejez.  

Las enfermeras estamos preparadas para el abordaje bio-psico-social de la atención a las personas en situación de dependencia. Son múltiples las materias del plan de estudios que lo abordan: Salud Pública, Salud Mental, Patología General, Fundamentos de Enfermería, Geriatría y Gerontología, Estadística y Demografía, Epidemiología, Legislación Sanitaria, Administración de Cuidados de Enfermería, entre otras.

Por ello, sin más dilación, debemos tomar la iniciativa y asumir el protagonismo como profesionales de los cuidados en la indicación de los cuidados (asistenciales y preventivos) que necesitan las personas en cada momento; además debemos formar parte de los equipos multidisciplinares que aborden la definición de las escalas de dependencia y baremos de niveles de cuidados.  También debemos estar presentes en la formación, capacitación y acreditación de los cuidadores y ser un apoyo constante para éstos, en las situaciones de agravamiento del proceso. La sociedad nos necesita, más que nunca, también, para cuidar al cuidador.

Las enfermeras desempeñamos un papel estratégico como intermediarias entre el usuario y el sistema público (sanitario, social, educativo) y estamos preparadas para asumir el reto. Si no lo hacemos pronto otros profesionales lo harán. La enfermería es la profesión de los cuidados y esta ley es una oportunidad más para ofrecer nuestro servicio a la sociedad, sin olvidar que “una profesión obtiene poder y reconocimiento solo si logra convencer a los grupos sociales clave que su trabajo ofrece un valor especial”.11 Sin duda este es el momento de hacerlo.

 

Bibliografía

1. Sin autor. Libro blanco de atención a la dependencia. Ministerio de Trabajo y Asuntos sociales. Madrid: IMSERSO, 2005.        [ Links ]

2. Pérez Díaz J. Consecuencias sociales del envejecimiento demográfico. Papeles de Economía Española, 2005; 104: 210-226.         [ Links ]

3. Consejo de Europa. Recomendación R (87) 22 sobre la protección y supervisión de las personas mayores. Disponible en: http://www.hrea.net/learn/guides/ ancianos.html [Consultado el 3.5.2006].        [ Links ]

4. Grupo de especialistas para mejorar las condiciones de vida de las personas mayores dependientes. Recomendación 1428 sobre el futuro de los ciudadanos mayores: protección, participación y promoción. Consejo de Europa, 1999. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Madrid, 2003.        [ Links ]

5. OMS. Conferencia Internacional sobre Atención Primaria de Salud, Alma-Ata: 25 Aniversario. 56ª Asamblea Mundial de la Salud. Punto 14.18 del Orden del Día. WHA 56.6. Disponible en http://www.who.int/chronic_conditions/ primary_health_care/en/resolution_wha566_spanish.pdf [Consultado el 3.5.2006].        [ Links ]

6. Martín Zurro A, Cano Pérez JF.  Atención Primaria.  Concepto, Organización y Práctica Clínica. 5ª ed. Madrid: Elservier, 2003.         [ Links ]

7. Mahler H. Las enfermeras marcan el camino. Ginebra: World Health Organization Features,  1985.        [ Links ]

8. Wesley RL. Teorías y modelos de Enfermería. Madrid: McGraw-Hill, 1997.          [ Links ]

9. Rich Ruiz M, Cubillo Arjona G, Barberá Calaf M, Bravo Rodríguez MC. Estimación de los costes de enfermería en el proceso de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) Enfermería global, 2003 (2). Disponible en http://www.um.es/eglobal/2/02d06.html [Consultado el 3.5.2006]        [ Links ]

10. Consejo General de Enfermería. Proyecto NIPE. Disponible en http://www.nipe.enfermundi.com/ [Consultado el 3.5.2006].        [ Links ]

11. Ehrenreich B, English D. Brujas, comadronas y enfermeras: historia de las sanadoras; Dolencias y trastornos: política sexual de la enfermedad. Barcelona: La Sal, 1981.        [ Links ]

 

 

Dirección para correspondencia:
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