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Index de Enfermería

versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm v.15 n.52-53 Granada primavera/verano 2006

 

HISTORIA Y VIDA

 

La diabetes: luces y sombras en el camino. Relato biográfico de una paciente

Diabetes: lights and shades in the way

 

 

José Mª Ponce González

Enfermero. Centro de Salud Alcalá de Guadaira “A”. Alcalá de Guadaira, Sevilla. España

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Las personas con diabetes necesitan de profesionales que además de ofrecerle conocimientos, valoren las respuestas que desarrollan ellos y sus familias ante la enfermedad, sus capacidades para afrontar la situación y cómo es la adaptación a la misma.
El comprender las situaciones por las que pasa la persona diabética y  sobre todo la imagen que suscitamos los sanitarios en los diabéticos respecto a la educación diabetológica, me ha llevado a realizar una entrevista en profundidad a la protagonista de este relato.
Cuando se indaga en las vivencias subjetivas de los pacientes, se induce a la reflexión para entender las necesidades de éstos y el aprendizaje que los sanitarios podemos y debemos hacer de la “sabiduría” de los pacientes, fruto de su experiencia.


ABSTRACT

People with diabetes need professionals who besides offering knowledge to them, value the answers that they and their families develop to the disease, their capacities to confront the situation and what the adaptation to the illness is.
Including/understanding the situations  the undergoes diabetic and mainly the image that nurses provoke in diabetics with respect to the diabetologic education, has taken to me to hold an in depth interview with the protagonist of this story.
When the subjective experiences of the patients, are looked into reflection on them is needed to understand the needs of these and the learning that nurses can and  must  gain from the patients"wisdom", a result of their experience.


 

Introducción

La persona diabética y su entorno requieren de una serie de conocimientos, habilidades y actitudes para adquirir la suficiente autonomía en el manejo de su problema de salud. La atención a estas personas debe tener una visión enfermera que permita ver a las personas por encima del órgano y al proceso más allá de la enfermedad. El paciente diabético debe suscitar en la enfermera una imagen de necesidad de cuidados además de vigilar su órgano enfermo.1

Las enfermeras como expertas del cuidado consideran que la persona y su familia deben disponer de una serie de conocimientos para este fin, aunque cabe preguntarse: ¿conocen realmente lo que la persona diabética desea saber sobre su enfermedad? Las personas con diabetes necesitan de profesionales que además de ofrecerle conocimientos, valoren las respuestas que desarrollan ellos y sus familias ante la enfermedad, sus capacidades para afrontar la situación y cómo es la adaptación a la misma.1

La adherencia al tratamiento de la diabetes debe entenderse como un constructo complejo, multidimensional y variable, que determinan diferentes niveles de autocuidado en las personas diabéticas.2 Existen muchas variables personales y situacionales que influyen en la adherencia al tratamiento, entre las que destaca: conocimientos y destrezas, habilidades de afrontamiento, apoyo social y familiar, variables del personal sanitario (calidad de la interacción pacientes/sanitarios), etc.2 La educación diabetológica supone una de las bases fundamentales para potenciar dicha adherencia, siendo la medida terapéutica con mayor impacto.

El comprender estas situaciones por las que pasa la persona diabética y su entorno, los factores que pueden influir en la integración de hábitos y comportamientos compatibles con los requerimientos de la enfermedad y sobre todo la imagen que  suscitamos los sanitarios en los diabéticos  respecto a la educación diabetológica, me ha llevado a realizar esta entrevista en profundidad. Para ello, he elegido a la persona de mi entorno profesional que creo que mejor me podría contar su experiencia de 27 años de convivencia con la diabetes. Un largo periodo, casi tan grande como su vida, durante el cual habrá tenido infinidad de pensamientos, sensaciones, apoyos, experiencias, decepciones, alegrías, superaciones, etc, que han determinado que sea, a pesar de todo, una persona optimista, alegre y llena de esperanza.

Se trata de Chari, una chica de 37 años de edad, soltera, que vive con sus padres. Actualmente tiene una pareja que conoció por Internet y mantienen la relación básicamente a distancia. Debutó con una diabetes tipo 1 cuando tenía sólo 10 años de edad. Ha sufrido muchas complicaciones, entre las que se destaca retinopatía diabética que la han llevado a una ceguera casi total y una nefropatía que la condenó durante unos años a hemodiálisis, pero que afortunadamente y gracias a un trasplante renal hoy en día goza de la independencia de no estar sometida a las sesiones de diálisis.

El tema de la ceguera lo lleva muy bien, es una chica muy inteligente y ha aprendido con gran facilidad todo lo necesario para ser lo más independiente frente a esta situación. Domina la  informática y tiene un programa especial para invidentes que le garantiza el manejo por la red sin problemas. Tiene un carácter alegre y jovial, con capacidad para trasmitirlo a todos los que la rodean. Es una mujer muy vitalista y optimista, que se crece frente a las adversidades y es un gran ejemplo de superación. Como objetivo me propuse recoger los recuerdos, las opiniones, las vivencias, los pensamientos y los sentimientos de Chari sobre lo que ha vivido desde el diagnóstico de la diabetes hasta la actualidad, pero enfocado en el ámbito de los conocimientos adquiridos sobre la diabetes en todo este tiempo. Para ello decidí hacerle una entrevista en profundidad3, obteniendo un relato sorprendente que a continuación expongo de forma resumida, prescindiendo del sistema pregunta-respuesta y salvando las incorrecciones propias del lenguaje, pero sin alterarlo.4

Gracias a que mi ámbito laboral es la Atención Primaria, la entrevista se produjo en el domicilio de la informante, mejor que en una consulta del Centro de Salud, pues reunía las condiciones de privacidad y el ambiente más adecuado. Cuando le propuse la idea de la entrevista, a Chari le gustó y estuvo dispuesta a colaborar desde el principio. Hay que reconocer la buena relación profesional que mantenemos desde hace ya más de diez años, lo cual facilitó la labor. Desde el principio, ella estuvo muy relajada y no le condicionó en exceso el que se le grabara la entrevista. Es una mujer muy extrovertida, habladora y con facilidad para expresar sus sentimientos, con lo cual el desarrollo de la entrevista fue relativamente fácil y mis intervenciones se realizaron para enfocar la entrevista por las categorías temáticas que previamente me había propuesto.

La grabación obtenida en la entrevista fue trascrita íntegramente y sin modificación alguna. Posteriormente se ha hecho un análisis cualitativo del contenido. Encontrando numerosos aspectos destacables que he agrupado en diferentes temas siguiendo un orden lógico.

Me ha llamado la atención muchas cosas que se deducen de la lectura de la trascripción y del análisis cualitativo de su contenido que a continuación detallaré, pero sobre todo lo que más me ha sorprendido ha sido la gran cantidad de ideas y opiniones que Chari manifiesta desde su experiencia como diabética, que coinciden plenamente con las recomendaciones más innovadoras y recientes que hacen los “expertos” en diabetes y educación diabetológica.

Uno de los aspectos a resaltar es la ambivalencia que se desprende a lo largo de toda la entrevista, que me ha llevado a elegir el titulo de este artículo: por una parte manifiesta en repetidas ocasiones que la diabetes le ha resultado una carga, que ha impedido que se haya desarrollado como niña y como persona. Por otra parte asegura no considerarse una enferma, que es consciente de las limitaciones a consecuencia de las complicaciones pero percibe una calidad de vida y una alegría que le confiere una sensación de gran bienestar.

Tradicionalmente la educación diabetológica ha sido estructurada contemplando a la enfermera como líder y al paciente como discípulo, pero muchas son ya las tendencias que consideran a la enfermera como consultora y al paciente se le responsabiliza de sus propios cuidados, participando de forma activa. La educación sanitaria eficaz empieza con una valoración de las necesidades y de los deseos del diabético. Si primero nos centramos en sus preocupaciones, facilitaremos su  participación en el diseño de su plan de cuidados. El eje central de la educación diabetológica es la motivación del paciente, proporcionándole información, de forma que pueda ver la razón y la necesidad de los cambios. La enfermera debe ser un aliado, un defensor y un guía.5

Diversos estudios apoyan la utilización de los grupos de apoyo social y autoayuda en la diabetes, pues queda demostrado el beneficio que este tipo de intervención aporta a la persona diabética.6 Existe relación entre los factores familiares y la calidad de vida de los diabéticos, destacando la importancia de la función de la familia de “prestar apoyo” a sus miembros.7

Personalmente esta entrevista ha sido una experiencia muy gratificante y enriquecedora que me hace reflexionar sobre el gran aprendizaje que el personal sanitario puede y debe hacer de la “sabiduría” que ostentan nuestros pacientes, fruto de su experiencia personal. Este tipo de técnicas cualitativas inducen a la reflexión práctica y si las enfermeras no indagan en la vivencia subjetiva de los pacientes, se deja de atender una de las dimensiones más importantes de la práctica, aquella que tiene que ver con las respuestas humanas del sujeto en el proceso salud-enfermedad y que remiten  a la dimensión socio-cultural de las prácticas de salud.8

 

Bibliografía

1. Morilla Herrera JC, Martín Santos FJ. Consulta de Enfermería para Pacientes Crónicos. Rev ROL Enf 2001; 24(6): 467-71.        [ Links ]

2. Heredia Galán MV. ¿Qué influye en la adherencia al tratamiento de la Diabetes?. Rev ROL Enf 2004; 27(1):57-60.        [ Links ]

3. Amezcua M, Hueso Montoro C. Cómo elaborar un relato biográfico. Archivos de la Memoria, 2004;1. Disponible en: http://www.index-f.com/metodologia.php [Consultado el 31.03.2005]        [ Links ]

4. Castillo Franco A. El signo de la complicación. El relato de un paciente en su preoperatorio. Index Enferm (edición digital) 2002;39. Disponible en: http://www.index-f.com/index-enfermeria/39revista/39_articulo_48-52.php [Consultado el 29.03.2005]        [ Links ]

5. Tom Bartol RN. Muestre a su paciente diabético cómo puede autocuidarse. Nursing 2002; 20(7): 15-17.        [ Links ]

6. Perles Novas F, Gómez Jacinto L. Efectos de los grupos de autoayuda en diabéticos jóvenes. Rev BAMS 1998; 8:15-29.        [ Links ]

7. Escuela Universitaria de Enfermería de Huelva. ¿Cómo influyen los factores familiares sobre la salud del diabético?. Rev Enfermería Científica 2000. 216-217: 21-24.        [ Links ]

8. Gálvez Toro A. Lectura crítica de un estudio cualitativo descriptivo. Index Enferm, (edición digital) 2003; 40-41. Disponible en: http://www.index-f.com/index-enfermeria/40-41revista/40-41_articulo_51-57.php [Consultado el 31.03.2005].         [ Links ]
 

 

RELATO BIOGRÁFICO

El diagnóstico. Recuerdo que estuve quince o veinte días en casa, durmiendo en una cama, bebiendo muchísima agua y mi madre por ignorancia en vez de agua me daba zumo y casera con azúcar, porque en mi familia no se conocía nada de esto y si no llega a ser porque mi madre lleva un botecito con orina a la farmacia me parece a mi que yo me hubiera muerto. Yo iba entre dos personas cogida, dormida siempre, por la cantidad de azúcar que tendría que tener en aquel entonces, porque ni dieta ni nada, estaba todo el día a base de zumo pero todo por ignorancia en aquel tiempo. Estuve ingresada  trece o catorce días  hasta que lograron nivelar un  poquito el azúcar.


La infancia: la etapa del “cole”. Con esa edad [diez años] no se le da a la diabetes la importancia que realmente tiene. Cuando eres pequeña, ya sabes, todo es jugar, correr, comer, chuches y lo que se pone por delante. Que yo recuerde a mi no me dijeron nada de que no podía comer chuches en aquel entonces. Ya mi madre fue la que dijo “niña las chuches no”, porque yo estaba todo el día en el quiosco.

En el colegio no tuve muchos problemas, pero en los exámenes estaba más nerviosa y tenía hipoglucemias y me daba vergüenza  y  tenía que decirle “señorita me voy”, incluso he intentado tomar azúcar o caramelo en la clase sin que me vieran por tal de no decirle delante de los niños a la señorita lo que me pasaba, porque los niños somos crueles, hemos sido y somos así. Mi maestra creo que no lo sabía o si lo sabía nunca me preguntaba, era una cosa más escondidilla, no era tan conocida como ahora por desgracia. Ahora tengo entendido que las maestras están muy enteradas, las madres de los niños diabéticos se lo dicen.


Los primeros conocimientos. Yo creo que el problema por así decirlo de los diabéticos de tantos años es la falta de información en aquellos tiempos, porque no te daban ni la mínima. Lo único es que te había entrado azúcar como se decía entonces y te tenías que pinchar, comer judías verdes, sin aceite, ensalada con limón, y pescaito a la plancha y no cualquier pescado. Hoy en día los diabéticos tienen o tenemos, una calidad de vida que no tiene ni punto de comparación con lo de antes y me acuerdo que no me explicaron nada.

Al cabo de los catorce días me dieron un papel que mi madre se hacía un lío con las letras y se lo leía yo “mama, hoy toca esto, esto y esto” y hasta que fue cogiendo el tino pero ya te digo, consomé  súper desgrasado, judías verdes y acedías a la plancha.

El primer recuerdo que tengo es el de una enfermera con una jeringa en la mano diciéndome “esto te lo tienes que poner y te lo tienes que poner así y de aquí ya hasta que esto se te quite” porque en aquel entonces se creía que en el desarrollo de la mujer, podía cambiar el metabolismo y se podía quitar. A mi madre la enseñaron a pinchar en una patata y a mí directamente a mi pierna. Me costó llanto porque tenía diez años, me costó decir que no porque yo no me quería pinchar porque nunca había tenido ningún problema de salud antes. Eso es lo que recuerdo, el trauma de ponerme así delante de la cara la jeringa con aquellos tipos de agujas que en aquel entonces. Pero eso fue lo que me explicaron de lo demás nada de nada, ni dieta ni nada.


Juventud y adolescencia. Cuando empecé a salir con catorce o quince años, que se sale para tomar hamburguesas, refrescos, etc, yo no lo podía hacer. Yo llevaba dinero en el bolsillo por si me daba una bajada de azúcar tener dinero para comprarme algo. Pero yo no podía comer nada mientras mis amigos comían porque no había  alternativas en aquel tiempo, porque hoy te tomas un sándwich de jamón y queso, pero yo nada, mirando y lo llevaba mal, resignada [se pone triste]. Si íbamos a la feria, se comían dos paquetes de palomitas y un algodón dulce. Y yo he dado con unas amigas que han tenido consideración pues si tenían que comerse dos se comían uno. Yo tenía una amiga que decía “hostia, es que yo te miro a la cara y sé que tienes ganas de hacerlo y no puedes, pues me lo como después para que tú no me veas”. Pero claro de esas menos porque cada uno va a lo suyo.

A veces haces locuras por querer ser como los demás por no señalarte entre el grupo, por no ser diferente. Yo por todos los medios me quiero considerar como otra persona.


Experiencia en grupo. Cada vez que iba a la consulta le preguntaba yo o mi madre al médico, porque ellos jamás explicaban nada si tú no preguntabas. A mi madre, porque yo tenía diez años,  no le dieron información. Otras veces cayó algún folleto informativo entre mis manos que no siempre coincidía con la realidad de cada persona y ya te digo a base de preguntar y a base de  sentirlo tú en tu cuerpo. Hombre ahora, después de tanto tiempo el endocrino me dice “si tienes algún problema muy gordo vienes, pero si no dentro de seis meses porque tú sabes más o menos la insulina que tienes que ponerte”.

Yo he estado en hospitales, muchas veces ingresada por hipoglucemias y a mí nadie me ha ofrecido cursos. Bueno la primera vez que se me ofreció un curso para diabéticos fue en el centro de salud, hace ya diez o doce años, que yo era la más chica como siempre, rodeada de gente mayor.

Estoy segura que si me hubieran informado mejor y yo hubiese sido... que me hubieran motivado, creo que la cosa seria diferente. Nunca me dieron un libro, ni una hojita informativa ni nada, nos dieron cuatro nociones básicas a mi madre y a mí y nada más.

Las cosas ahora son mejores para los que están empezando, para los que ya estamos no, no ha mejorado. A raíz de haberme trasplantado de riñón se han interesado más personalmente, por la enfermedad sí, pero porque yo creo que tienen que contar ya con otra cosa. Pero al diabético normal y corriente no.

Una vez sí me ofrecieron asistir a un grupo de educación, después de estar trasplantada, fue en el año dos mil, pero no asistí porque me quisieron juntar con cuatro o cinco niños y una persona mayor, cosa que no vi bien, porque ni mis problemas ni mi forma de llevar la diabetes son como la de un niño de doce o catorce años ni como la de una persona de 65 o 70 años, aquello fue muy generalizado. Yo le recriminé un poquito al médico que al cabo de 26 años que llevaba yo en aquella época no me podían enseñar nada nuevo y más con niños que están empezando y con una mujer diabética grado dos para enseñarme cómo pincharme, hacerme la analítica y yo no iba a sacar nada.


“Yo como educadora”. Actualmente tengo gente a las que ayudo. Aquí en el barrio en nada de tiempo ha habido cuatro o cinco chiquillos que han sido diabéticos con la misma edad que yo y las madres me preguntan si tienen algún problema, como Cecilia por ejemplo que ha tenido muchas hipoglucemias. Yo  lo primero que les digo es que se lo tienen que decir a su médico. Yo les digo “si tienes esto tienes que hacer esto”, sobre todo con las hipoglucemias, que cogía a la niña y se la llevaba corriendo al centro de salud “No  hagas esto, ¿tú tienes glucagón y cosas en tu casa no? Pues entonces ponle la inyección hasta que empiece a reaccionar y cuando empiece a reaccionar dale un poquito de azúcar” y  este consejo lo ha hecho varias veces y le ha resultado mejor.

Si tuviera un grupo de niños diabéticos yo individualizaría, intentaría reunir al grupo, le daría una explicación generalizada pero después conforme yo fuera viendo a la persona empezaría a interesarme individualmente por cada uno y empezaría a explicarle  los problemas que la diabetes le daría en su vida diaria por su forma de ser. Si la viera un poco agachada lo animaría.

Evidentemente hay que hablar de la dieta, que es muy coñazo porque la gente mayor ya tiene su forma de comer, pero es muy necesario, es una base fundamental de la diabetes, pero yo no le hablaría como a mí me hablaron, toma un papel y 100 gr. de esto y 100 gr. de eso. Le hablaría de forma muy normalizada, siempre buscando alternativas, sin tener que restringir porque gracias a Dios hoy se puede comer de todo porque por ejemplo si comes un guiso de patatas no le eches mucho aceite. Si comes patatas, pues luego algo más ligerito, siempre buscando alternativas para que no se agache. Seguro pero poco a poco. Ir inculcándole costumbres, que es lo que yo no he tenido, porque no me lo han inculcado nunca. Que el horario es muy importante… pero sigo insistiendo, personalizado, primero generalizado y luego individualizado, sin imponer. Porque cuando impones se hace lo contrario.

Siempre que preguntaran, que se interesaran, a través de los médicos, de las asociaciones de diabéticos por ejemplo, no sé, intentar lo menos posible el trago del trauma, pero repito, individualizada.

Creo que los cursos para diabéticos se centran en la enfermedad y los tecnicismos, de cómo poner la insulina, la máquina… Creo que es un poquito más, ante todo tenían que ser preparación anteponiéndose a la época de la vida que tú lleves, por lo menos que te adviertan de lo que te pueda pasar, si es la época de trabajar que te expliquen lo que puede pasar, cómo adaptarlo al ritmo del trabajo, del estudio, amoldarse a los horarios. ¿Por qué no preparamos a estos niños de lo que les puede pasar?,  juntarlos y explicarles cómo actuar para que no se sientan mal. Esto me hubiera aliviado mucho, para no sentirme acomplejada.

También le hablaría de prevención, después de mi experiencia. No asustarla, porque a mí me decían “¡te van a salir complicaciones en los ojos, el corazón, el riñón, en la circulación!”, pero hay maneras de decirlo. Hay que hacerlas porque están ahí pero sin ser drástico.

Los sanitarios deben conocer al diabético, ver su forma de ser, sus necesidades, estudiar a la persona con preguntas sencillas sin tener que ser un psicólogo pero estudiar a la persona.


Las complicaciones. En aquella época lo que más me preocupaba eran las complicaciones, aunque tú piensas que eso a ti no te va a pasar, que vamos a ver las cosas de fuera. A mí me metieron mucho miedo con las complicaciones. Muchos médicos me han dicho que la culpa de todo lo que me pasa la he tenido yo, incluso me llegaron a ingresar porque uno decía que yo me provocaba las bajadas de azúcar.


El trabajo. Yo estuve de dependienta vendiendo desde zapatos hasta flores, animales, pero siempre he tenido el problema de las puñeteras hipoglucemias y no podía rendir lo suficiente en la tienda porque si había que transportar o hacer esfuerzos, a mí a los diez minutos tenía la bajada, aunque me tomara medio bocadillo. El jefe se daba cuenta y una vez me echaron de un trabajo y me dijeron que les estaba costando más dinero que lo que yo le daba a ganar.

Una vez por ser diabética no me dieron el trabajo porque me preguntaron si tenía alguna enfermedad crónica y al decirle que era diabética descaradamente me dijeron que no porque los diabéticos necesitan ir a revisiones, a veces están mal, necesitan parar y me dijeron que no. Cuando me decían eso me llevaba algunos días chunga porque decía por qué y por qué, pero vamos si tenías que trabajar no tenías más cojones que tragártelo, pero eso se quedaba ahí dentro, siempre he ido para adelante, para atrás ni para coger impulso.


La pareja. La diabetes con tu pareja se lleva un poquito mejor, será porque te tiene cariño, te quiere, está a tu vera, que te comprende más que otras personas. Si yo le decía “mira que no podemos ir allí ahora mismo” “¿por qué?” “chiquillo porque me tengo que poner la insulina a esta hora” hombre eran otras insulinas, me la tenía que poner 20 o 30 minutos antes, eran muy cronometradas, y entonces el decía “bueno ah vale, pues nos vamos a tal hora en vez de a tal otra” hombre siempre con la pareja ha habido un poquito de más margen en esas cosas.

Mi actual pareja ha entrado en mi vida conociéndome así. Yo antes de ser su pareja, llevaba un año hablando con él [se conocieron por Internet] y fue surgiendo. Me imagino que si es un caso en que te guste un chico y tú a él, te daría reserva decírselo. Yo no he ocultado mis cosas, porque no es una cosa transitoria y está ahí.


La idea de la maternidad. Nunca me he planteado ser madre, pero no por la diabetes, sino por mis circunstancias de la vida. Hombre miedo por el embarazo sí, porque la gente estamos muy comodonas y un embarazo en una diabética necesita muchas revisiones, mucha vigilancia, problemas para el crío, aunque yo conozco muchas diabéticas que han tenido niños y no han tenido problemas.

Me han llegado a decir que no me lo planteara, no sé si por mis hipoglucemias. Claro que si se me hubiera metido en la cabeza ser madre, lo consigo, incluso si se me mete ahora, lo soy, fijo, porque por el trasplante ya no hay problemas, las cosa delicada era el primer año, ya no le afecta para nada al feto, medicación ni nada, la diabetes se podrá o no se podrá controlar mejor, pero para eso hay cosas, están las bombas, el páncreas artificial, hoy en día hay muchas facilidades para eso. Yo soy optimista por naturaleza yo siempre veo la botella medio llena, nunca medio vacía.


“Mi madre, mi gran apoyo”. Mis apoyos en todo este proceso ha sido mi familia, aunque mi gran apoyo es mi madre que es la que está a mi vera. También mi hermana Nancy, quizás porque es muy comprensiva con estas cosas, muy abierta de mente, es igual de positiva que yo. Pero  sobre todo es mi madre que es la que está aquí, la que me ha visto llorar, la que me ha visto reír, la que ve los cambios de ánimo, la que sabe las cosas y nadie más porque tus hermanos cuando ya no están en casa ven las cosas de distinta manera, ven los toros desde la barrera, aunque estén muy integrados pero cada uno vive su vida, sus hijos, es ley de vida.


Luces y sombras en el camino. Lo más duro es que no me he podido desarrollar como niña, ni como adolescente ni como nada porque siempre tenía la vida cortada si no por la insulina, por las comidas, por los horarios. La diabetes me supone una carga de todas todas. Yo nada más que pienso en la libertad, en la tranquilidad que yo tendría sin tener que andar poniendo insulina, sin tener que ir midiendo los alimentos como yo digo, coño si a mi se me apetece eso, jolín por qué no me lo puedo comer, pues no, me tengo que conformar con esto y cada vez con más precauciones porque cada vez van pasando los años y se tiene más riesgo de  complicaciones.

Yo no me considero una enferma, sí con discapacidades a cuenta de las complicaciones, yo soy consciente de que tengo limitaciones. La diabetes no es una enfermedad, porque podemos hacer casi de todo. A mí la diabetes se ha cargado mi vida, pero no ahora por tener estas complicaciones sino toda mi vida, o habré sido o soy una diabética muy difícil.

Lo que más me preocupa es empeorar, porque ahora tengo una calidad de vida, una alegría y una cosa, que si yo empeorara algo, me refiero al riñón o que aparecieran otras complicaciones, que Dios no lo quiera, como del corazón que ya se complicara con todo lo demás. La verdad que me da miedo perder lo que ahora tengo, hace muchos años que yo no me sentía tan bien.

 

 

Dirección para correspondencia
C. de S. Alcalá de Guadaira “A”.
C/ Eugenio Noel s/n.
41500 Alcalá de Guadaira. Sevilla. España  
e-mail: jponceg28@enfermundi.com

Recibido: 9.05.2005
Aceptado: 8.08.2005