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Index de Enfermería

versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm v.16 n.56 Granada primavera 2007

 

CARTAS AL DIRECTOR

 

Sedación VS eutanasia en el siglo XXI

Sedation VS euthanasia in the 21th century

 

 

Dirección para correspondencia

 

 

Sr. Director:

El 11 de Marzo de 2005 saltó a los medios de comunicación lo que se conoció popularmente como caso Severo Ochoa. Dos denuncias anónimas, con datos detallados de las historias clínicas, denunciaban hasta 400 sedaciones excesivas con resultado de muerte. La inspección de Sanidad redujo esa cifra, primero a 57 y más tarde a 25. La mortalidad desde entonces se ha reducido. La razón, según especialistas como el presidente de la Sociedad Española de Oncología es que los médicos tienen miedo a sedar a pacientes tras lo ocurrido.1

Últimamente ha venido a mi mente este asunto por haber tenido un caso cercano en el que el dilema ético sedación/eutanasia se ha hecho presente. Bien, se trata de que mi abuela paterna, mujer de 95 años, con salud envidiable hasta la fecha de su enfermedad, ha padecido un edema agudo de pulmón, refractario al tratamiento, pero que tuvo hasta el final de su vida. A las 24 horas de haberle instaurado el tratamiento ya se sabía que no estaba reaccionando. Sus síntomas, no controlados con dicho tratamiento, eran disnea y delirium. Fue entonces cuando se instauraron medidas paliativas consistentes en la administración de 2mg. de cloruro mórfico vía venosa en bolus, máximo cada 4 horas siempre que lo precisara. Los bolos de mórfico le paliaron los síntomas parcialmente y en ocasiones precisó que se le adelantaran.

Según el comité de ética de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (SECPAL)2 “se entiende por sedación terminal la administración deliberada de fármacos para lograr el alivio, inalcanzable con otras medidas, de un sufrimiento físico y/o psicológico, mediante la disminución suficientemente profunda y previsiblemente irreversible de la conciencia en un paciente cuya muerte se prevé muy próxima con su consentimiento explícito, implícito o delegado”. Las indicaciones para este tipo de sedación son: delirium, disnea, dolor y distrés psicológico.

Por mi profesión, el conocimiento de estas situaciones, debido a haber trabajado durante año y medio en unidades de oncología, hematología y cuidados paliativos, así como casi tres años en procesos generales del adulto, es amplio. Durante todo el proceso he estado en contacto con las enfermeras que atendían a mi abuela, y me han reconocido que los médicos con los que trabajan manejan con miedo este tipo de situaciones. En otros hospitales donde he trabajado, el manejo de los pacientes terminales así como los cuidados paliativos se ha ceñido más a las necesidades de cada paciente, sabiendo administrar y variar en cada caso las dosis de los fármacos. ¿Cuándo se sabe que esto es así? Pues cuando el manejo de los síntomas es el adecuado. En general, sanitarios y no sanitarios tienen prejuicios en cuanto al uso de los opiodes. No hay que tener miedo si las indicaciones son las correctas. Otros tratamientos, que entrañan riesgos similares, no tienen repercusiones éticas parecidas.

Parece ser que aún se prima la cantidad de vida y no tanto la calidad de la misma. Las consideraciones éticas publicadas al respecto proclaman que en pacientes con enfermedad avanzada y terminal es maleficiente permitir el sufrimiento por miedo a adelantar la muerte en la búsqueda del alivio.2 De esta manera, se debe tanto evitar su prolongación innecesaria como su acortamiento deliberado.

Los profesionales sanitarios, en general, tenemos miedo a que la sociedad tenga un desmedido afán recaudatorio (sálvese quien pueda) al poder acusar a un profesional de negligencia o mala praxis y sacar partido. Pero la solución a este problema no está en la inhibición por nuestra parte de aquellas prácticas que resultan beneficiosas para el enfermo y su familia aunque redunden en la mayor precocidad de su muerte, cuestiones que están éticamente justificadas,2 sino en que la información y la comunicación entre el enfermo, la familia y el equipo terapéutico sea fluida hasta el fatal desenlace.3 Los médicos y resto de sanitarios deben recibir formación de pregrado, postgrado y continuada que les capacite para atender a enfermos en fases avanzada y terminal, tanto en el apoyo emocional y la ética clínica.

Considero que nuestros esfuerzos deben centrarse en hacer comprender la naturaleza de los cuidados paliativos, que tratan de eliminar el sufrimiento en la corta vida restante diferenciándolos de la eutanasia, cuyo fin último es eliminar la vida restante y con ella el sufrimiento.

 

Pilar Ordóñez Urbano

Supervisora de la Unidad de Hospitalización. Hospital Alto Guadalquivir. Andujar, Jaén (España)

 

Bibliografía

1. Gil D. 11 preguntas sobre el "caso Severo Ochoa". Periódico 20 minutos [Edición en línea]. 14 de abril de 2005. Disponible en: <http://www.20minutos.es/noticia/15299/0/lamela/leganes/hospital/> [Consultado el 4 de abril de 2007].

2. Comité de Ética de la SECPAL. Aspectos éticos de la sedación en cuidados paliativos [Libro electrónico]. Madrid S.I: Diariomedico.com, 2002.

3. Declaración sobre la eutanasia de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos. Cuad Bioética. 2003; XIV(50):144-151.

 

 

Dirección para correspondencia:
pilarordonez27@hotmail.com