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Index de Enfermería

versão impressa ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.17 no.1  Jan./Mar. 2008

 

MISCELÁNEA

LA BÚSQUEDA

 

El cuerpo humano y sus emergencias. Entrevista con el Prof. Miguel Guirao Pérez

The human body and its emergencies. Interview with Prof. Miguel Guirao Pérez

 

 

Manuel Amezcua1

1Jefe de B. de Docencia e Investigación, Hospital Universitario San Cecilio. Presidente de la Fundación Index, Granada, España

Dirección para correspondencia


Nacido en Granada el 20 de diciembre de 1924, Miguel Guirao Pérez realizó su carrera de Medicina en la Facultad de esta ciudad, donde tras varias estancias en París, Bruselas, EE UU y en el Instituto Nobel de Estocolmo, obtuvo en 1956 la plaza de catedrático de Anatomía y Técnica Anatómica. Durante su carrera universitaria ha realizado una fecunda labor docente e investigaciones especialmente en los campos de la embriología y la patología congénita. Profesor honoris causa de la Universidad de San Marcos, en Lima, y de la de Recife, en Brasil, en la actualidad es profesor emérito de la Universidad de Granada. Puso en marcha la Facultad de Medicina de la Universidad de La Laguna, su Escuela de Enfermería, y fue el fundador y primer director del Hospital Clínico de la isla, habiendo sido nombrado decano honorífico de la primera y siéndole concedida por el Cabildo la medalla de oro de Tenerife. Como director y por encargo del Rectorado de la Universidad de Granada, puso en marcha la Escuela de Estomatología (luego Facultad de Odontología). En 1974 fue nombrado presidente de la Diputación Provincial de Granada y poco después diputado de las Cortes Españolas. En ese tiempo dedicó su principal esfuerzo a fortalecer las prestaciones culturales de la institución y a mejorar las condiciones de vida de los deficientes mentales que tenía a su cargo la Diputación, y en su dilatada y variada labor ha obtenido muy diversos reconocimientos.

Tras su jubilación fue encargado de poner en marcha el Aula Permanente de Formación Abierta creada por la Universidad de Granada con la colaboración de la Consejería de Asuntos Sociales, con programas para personas mayores, pionera en Andalucía y en cabeza en España.

Casado con María Elisa Piñeyro Morales y padre de una familia numerosa, en su vida privada es muy aficionado al arte y a la historia y a las tradiciones, habiendo montado con la donación de sus colecciones propias o partir de ellas tres museos, como la Galería Médica de la Real Academia de Medicina de Granada, el Museo Miguel Guirao de la Facultad de Odontología de la Universidad de Granada y el Museo Miguel Guirao de Arqueología y Etnología de Vélez Rubio (Almería), el pueblo del que procede su familia y al que se siente muy vinculado. Como no podía ser menos, el Dr. Guirao es una persona muy apreciada en Granada por lo mucho que ha hecho en su intensa vida por la ciudad y sus habitantes, desde lo médico, desde la enseñanza y desde la cultura. 

Conocí al Prof. Guirao en el año 1990 en un congreso de cultura popular andaluza, en el que ambos compartíamos mesa con un historiador, un antropólogo y un curandero, pues de medicina popular se trataba el asunto. Ya me llamó la atención el hecho de que el Dr. Guirao aceptase estar allí, pero más me impresionó su visión del acto terapéutico y su manera de legitimar con fundamento científico todo esfuerzo que los seres humanos realizamos para luchar contra la enfermedad y el dolor.

Escritor prolífico, nos regala en estos días con un libro sorprendente que ya llevábamos tiempo esperando, es en cierto modo una síntesis de su legado intelectual y trata precisamente sobre el cuerpo, aunque en este caso no habla el anatómico, sino el ser humano que ha mantenido una actitud reflexiva en todo su quehacer. Por ello, en un monográfico que quiere profundizar sobre los significados del cuerpo, parecía obligado invitar al profesor Miguel Guirao y compartir con él su idea de la emergencia aplicada al cuerpo humano.

Pregunta. Profesor universitario, en todo lo que el término puede expresar de compromiso con la institución académica (docente, investigador, gestor, fundador, reformador), político comprometido, solidario, amante del arte y de la cultura, mecenas, esposo y padre, jubilado inconformista, tal vez sea el inconformismo la constante que más llama la atención de una vida que impresiona por su sentido de plenitud, pero ¿quién es el Dr. Guirao para el Dr. Guirao?

Respuesta. Pues no sé, porque además en la familia hay también gente que está haciendo cosas un poco raras, extrañas. Tenemos en la casa cuatro ONGs funcionando por esos mundos, mis hijos. Es decir, debe ser un gen muy potente que se esparce por la familia.

Yo soy un hombre que además, te confieso que a mis años resulta que tengo ansiedad. Y si confieso que tengo ansiedad es porque muchas veces la ansiedad, que en mi caso es muy llevadera, dicen que es una causa suficiente para hacer a una persona absolutamente creativa, porque está siempre pensando cosas, intentando hacer cosas. Yo el ocio me va muy mal, porque no sé disfrutarlo, quizá porque no lo he disfrutado nunca, y entonces tengo que tener algo siempre haciéndolo. Y por eso quizá he buscado siempre en mi vida resquicios, motivos, que han hecho que sea capaz de hacer esas cosas, la mayoría no buscadas. Yo soy un hombre que trato de ser sencillo en mis cosas, pero en fin, me ha pasado todo eso. También es verdad que he tenido una carrera en la Universidad. La Universidad es una gran plataforma, en la Universidad surgen muchas obligaciones, y he tratado honradamente de cumplir con ellas.

P. Otro aspecto que llama la atención en su personalidad es su sentido trasgresor. ¿Qué hace un anatomista hablando de dimensiones del cuerpo que escapan a la corporalidad? Desde la época de Vesalio y su gran fábrica humana, la imagen tradicional del anatomista se asocia a la enseñanza del cuerpo-cadáver sobre las losas de disección ¿Qué nueva anatomía hace posible mostrar el cuerpo en su emergencia?

R. Eso tiene más justificación, y eso se basa en el sentido de profesionalidad que yo he tenido. Yo era alumno en el año 42, y era profesor en el año 49, y entonces han pasado muchos años. Y en aquellos tiempos, la anatomía se llamaba Anatomía Descriptiva. La Universidad nos decía de una manera muy concreta que nuestra asignatura tenía unos límites, que era lo puro descriptivo, la pura mecánica. Y no podíamos salir de allí. Después se creó la Anatomía Funcional, donde ya se le daba cierto movimiento a ese muñeco que tiene tantas piezas. Pero era un muñeco que funcionaba, y a mí eso no me gustaba. Después vino, o quizás la creé yo en mi ambiente, una Anatomía de la Acción, que es mucho más que la función. La Acción es funciones encaminadas a un efecto, ese muñeco ya hace cosas, ya es más persona. Y por ese camino, luego he visto que esa persona tenía en esa Acción un aspecto espiritual. Y entonces se me escapaba el cuerpo, y ya he llegado a hablar del hombre emergente, del cuerpo emergente, porque yo tengo el sentimiento de que estamos haciendo cosas que pueden trascender de nuestra propia vida.

P. Desde los años 70, una constante en usted es su interés por explicar lo que ha llamado la “reconquista del cuerpo”. ¿Qué ha cambiado en nuestra sociedad entre aquella “Anatomía de la Consciencia” y la “Anatomía de la Emergencia” de ahora? ¿Qué justifica el libro con el que acaba de sorprendernos de nuevo?

R. La Anatomía de la Consciencia está a medio camino en esa historia que he contado. La Anatomía de la Consciencia ya fue una conquista. Cuando yo empecé, si hubiera hablado de la Consciencia, pues no sé si me echan de la cátedra o me tratan de loco. Porque en la persona sólo había una anatomía, una fisiología, si acaso un psiquismo que estaba naciendo, una mente que no se admitía todavía. En todo caso había que irse a la psicología, porque el ser humano, de tanta importancia como le hemos dado, resulta que lo hemos troceado. La anatomía descriptiva, la fisiología, la psicología en otra facultad, es decir, una cosa extrañísima. Y entonces a mí, que no sé por qué razón desde el principio quería enseñar una persona integral a los alumnos, yo no quería enseñarles el cadáver solo, yo quería darle a aquello una interpretación, una función. Yo no podía cuando empecé hablar de mente, por supuesto, la mente era una cosa que no se sabía dónde estaba, incluso en mis tiempos jóvenes las enfermedades de la psique las trataba algunas veces el confesor. Había mucha gente que ante escrúpulos y necesidades psicológicas se iban al confesor más que al médico. En aquella época, cuando yo me inicié, en los años 50, aquello era tremendo. Y además el cuerpo era fuente de pecado. De manera que, por decirte, en mi tiempo, los profesores que me enseñaban a mí, yo sé que llevaban cilicios en las piernas, unos alambres para sufrir un poco, porque el cuerpo había que someterlo, el cuerpo era una cárcel donde estaba el alma, en fin, unas cosas complicadísimas. En clase, al principio, cuando yo tenía que explicar el aparato genital femenino, se mandaba un mensaje sutil a las chicas, que había una o dos, de que se iba a explicar eso por si no querían asistir. Una cosa extrañísima.

Primero escribí una cosa sobre la emoción, y luego llegué a la Anatomía de la Consciencia. El poder hablar de que el ser humano tiene consciencia, pero no conciencia moral del bien y del mal, sino consciencia de sí mismo, es decir, esas acciones del ser humano que son conscientes, tiene consciencia de lo que hace, y por tanto tiene responsabilidad, eso tiene que ver mucho con la libertad. Al tener consciencia, la persona es libre de hacer cosas y responsable de esas cosas. Eso es la consciencia, eso fue un gran paso, eso fue en los años 60. Y luego se reeditó el libro.

Pero ya éste, como ya me voy, como ya he acabado y me iré pronto, lo que me queda, la emergencia, pienso yo qué estamos haciendo de mérito o de demérito para que algunas personas creyentes puedan pensar que más allá hay algo. Bueno, pues yo como quiero que el cuerpo sirva para todo, esa es mi obligación, explicarlo así, pues explico una aproximación al cuerpo que permitiría entender qué podría pasar después. Eso es como un librillo escrito para mí mismo, para entenderme yo mismo, que no tiene pretensiones, ni enseñar a nadie ni nada de eso.

P. Hablar de emergencia necesariamente es partir de la inteligencia y de paso hablar tal vez del lado menos tangible de nuestro cerebro, ¿llegó la hora de reivindicar la anatomía del hemisferio derecho?

R. La inteligencia no basta, la inteligencia puede equivocarse, de hecho nos equivocamos tantas veces. Yo digo en el libro que hay una época, vital, social, después de las guerras mundiales, donde los más listos, los dirigentes de los gobiernos, que deben ser los más inteligentes, llevan a las naciones a las guerras. Después de nuestra Guerra Mundial hubo un movimiento de jóvenes buscando no la inteligencia, buscando otra cosa, una vida mucho más serena, una vida que se pudiera vivir cada uno sin necesidad de seguir tanta ley. Eso se llama intuición. Entonces se impuso que en la vida no sólo hay que ser inteligente, sino que hay que ser intuitivo. La intuición es una inteligencia que no necesita testimonios. La inteligencia necesita ver las cosas, la intuición supone las cosas, es una verdad adelantada.

Se consideraba que el hemisferio izquierdo era el inteligente, sobre todo el de los hombres, la época el machismo más tremendo. Pero luego había un hemisferio derecho, que le llamaban el “dominado”, el “menor”, que se les dejaba mucho a las mujeres. Era más femenino, porque era un hemisferio de posibilidades, de ver que sí, pero que no.

Yo tengo un ejemplo muy claro, en mi casa mi padre, que era un buen padre, consultaba mucho las cosas con la familia, después de cenar, pero siempre llevaba la voz cantante, y cuando alguna cosa se había discutido ya mucho y los hijos ya se cansaba de que dijéramos tonterías, tocaba una campanilla, que no tenía, hacía con la mano tilín, tilín, o sea, cosa hecha. Pero me acuerdo que quería mucho a mi madre y le decía “Bueno Isabel, ¿y tú que piensas? Y mi madre, que no tenía estudios, decía “que te has equivocado, que la cosa es más sencilla”. Esa era la intuición. Y la intuición es eso, algo que no necesita tantas complicaciones, y que unido a la inteligencia, hace que la persona se integre en una persona más positiva y más creativa.

P. Para comprender la emergencia es necesario retrotraerse a modos de pensamiento que en algunos casos muchos han dado por caducados (el humanismo, la hermenéutica, la ascética, la mística, la fenomenología) remitiéndonos a disciplinas con no demasiado predicamento en nuestros días, como la antropología, la filosofía, la teología ¿estamos ante los albores de un nuevo humanismo?

R. Mi camino fue mi cuerpo, es decir, yo que era anatómico, para llegar al cuerpo acción, a la conciencia, fue cuando yo vi que había movimientos que recomendaban una meditación, una interiorización. Es decir, yo acudí a muchos movimientos de esos, orientales o no orientales, yoga, budismo tradicional, budismo zen, meditación trascendental, viajé, fui, conocí algunos líderes, etc, buscando primero conciencia de mí, es decir, ver de dónde podía salir de mi cuerpo todas esas cosas. Por que yo sé ciertamente cómo se habla, cómo se anda, cómo se mira, cómo se oye, pero ¿cómo se sienten dentro de uno las cosas? Y entonces hice un camino interior, empecé a meterme dentro de mí mismo con las meditaciones y las interiorizaciones y entonces noté dentro de mí un cuerpo distinto. La experiencia del cuerpo, en salud, es pura armonía. Cuando tú la atención la quitas del ruido, de la prisa, y haces como una linterna y miras para adentro, esa atención se vuelve a dentro de ti. Y empiezas a notar unos cambios, que son los que describen los místicos. Santa Teresa o San Juan de la Cruz, con la noche oscura o las moradas, hablaban de unas técnicas de interiorización donde el cuerpo te pone en una situación de pre-éxtasis, primero se desligaba del ruido, pasaba a un silencio, luego una oscuridad, una tranquilidad, una armonía, que luego salía en positividad. Para Santa Teresa, toda esa cámara oscura, acababa en la cámara del rey, de pura iluminación, de luz.

Y entonces yo vi para mí mismo, que yo cuando me metía dentro de mí me sentía más espiritual, más tranquilo, me sentía más feliz, y vi que ese era el camino de plantearme cosas que salían un poco de mi, cosas distintas, cosas espirituales. Vi entonces que cualquier persona que quiera salir a emergencias no tiene que mirar al cielo con los brazos abiertos, sino que trata de buscar un camino interior que acaba siendo exterior. Esto que parece un sermón en realidad no es nada, son técnicas de relajación. Yo tengo un casset, que me siento en mi butaca, que lo oigo y me quedo allí, y al final he pasado una media hora de una situación que se llama de duermevela, es decir, que no es ni dormir, ni estar despierto, ni soñar…

Ya tenemos dos cuerpos, diríamos, vivimos un cuerpo que es el cuerpo descriptivo, pero ahora tenemos la experiencia de un cuerpo interior que es completamente distinto. Los dos van juntos, no hay más que un cuerpo, son dos aspectos de un mismo cuerpo. Y entonces, ese cuerpo que tenemos cualquiera de nosotros, tiene una vida interior, que podemos verla, podemos buscarla, y lo mismo que caminamos y corremos porque tenemos gana de hacer ejercicio, también podemos tener un sendero interior, que lo sigue por ejemplo la persona que entra en una orden religiosa contemplativa, esa persona ha renunciado a todas sus cosas y se dedica exclusivamente a caminar por la senda interior que tiene el cuerpo.

P. En el libro habla de tradiciones, y hablar de tradiciones espirituales nos remite necesariamente a las formas de pensamiento oriental, incluso al esoterismo, ¿cuál es su papel en la construcción de la emergencia?

R. Yo en una época de mi vida, era una época de religiosidad, a mí me pilló la Guerra Civil con 11 años, de 11 a 13 años, allí todo eran ejercicios espirituales y meditaciones y cosas de esas. Digo “yo voy a mediar”, y me voy a una iglesia tranquila, con un amigo mío, que era el que me llevaba con un libro tremendo, y nos sentábamos allí por la tarde y meditábamos, y leía unas cosas allí llenas de adjetivos calificativos, muy cursis muchas de ellas, y me cansaba. Y cuando me di cuenta y me enteré que otras religiones orientales meditaban con el cuerpo (el yoga, primero el cuerpo; el zen, primero el cuerpo; el budismo, el cuerpo, posturas) cuando yo vi aquello, vi que el cuerpo servía para eso que yo buscaba, me encantó, y entonces estudié muchas cosas de esas. Porque yo conozco entonces la espiritualidad, la mística española, la mística del cristianismo, pasaba sencillamente por eso, por una situación de espera, sin hacer nada. Decía Santa Teresa que pedía a sus hermanas que la sujetaran porque sentía que había una elevación, yo no hablo de esa mística, yo no me he elevado así, no, pero de todas maneras me he sentido otro.

P. Dicen los filósofos de la ciencia que acabamos de inaugurar el siglo de la genética, y que dejamos el siglo de la física, que ha aportado grandes avances al conocimiento de lo que somos y de nuestra posición en el universo, ¿es posible la revalorización espiritual del cuerpo humano en este tiempo que nos ha tocado vivir?

R. La física para mí es muy importante, yo le llamo la ciencia de la vida, me ha enseñado muchas cosas. Por este camino de salir de dentro, los idearios orientales le dan muchos nombres, hablan de lo absoluto, del vacío. Y ¿por qué dicen que es el vacío? Porque para cambiar una botella de agua, tienes que vaciarla y llenarla de vino. El ser humano tiene que llegar a ese vacío interior donde no se siente nada, sino armonía, para plantearse ser distinto, para proponerse algunas cosas distintas, para ver que hay otro camino interior. Entonces dicen que el vacío, que lo absoluto, es una salida a lo cósmico, donde todas las personas, tú y yo, y ella, somos mucho más distintos ahora que si meditamos los tres. Llega un momento en que tenemos los mismos sentimientos, las mismas sensaciones, las mismas cosas.

Dicen que es una salida a lo absoluto, a lo cósmico, se interpreta que somos más seres cósmicos. Los seres cósmicos somos seres iguales, es decir, todos nosotros somos lo mismo, hemos venido del cosmos. Nosotros somos células y átomos unidos por energía, que nos atrapan, venimos del cosmos, que lo mismo esas energías se han reunido y han construido un árbol, una gota de agua, o un gato, o han hecho una persona. Nosotros no vayamos a presumir de que somos distintos, sí, tenemos una conciencia más desarrollada, pero vivimos cien años. El Universo tiene quince mil millones de años de vida.

A mí me ha gustado mucho la física, para ver de dónde venimos, para poder entender después a dónde volvemos. El origen del universo y el origen de las criaturas es muy interesante porque empieza por el Big Bang, una explosión de energía y de materia, en milésimas de segundo, y de ahí se va enfriando y de ahí empiezan las partículas más chicas, luego empiezan a unirse y son los átomos, y luego las moléculas, y las moléculas replicantes que es la vida, y de ahí empiezan a unirse cosas, energía y sustancia, y nacen las estrellas y los planetas y todas esas cosas. No somos nada, el planeta Tierra es uno entre miles de galaxias.

En la emergencia, ¿cómo puede emerger el cuerpo humano? El cuerpo humano emerge, primero, por lo que hace. El testimonio de sus acciones, cuando llegue el fin de su trayecto, es una cosa que queda ahí, es un testimonio que no es material. Lo mismo que las personas recuerdan a los líderes, nosotros nos acordamos de nuestros padres, y los vemos y los vivimos.

Pero es que, además, ese cuerpo material, que llega al fin, que deja libre la acción, también me da a mi pena que se pudra. Me molesta. Yo he explicado un cuerpo no para que se pudra, para que se muera sí. ¿Qué significa la putrefacción? El cuerpo humano cuando se muere, eso lo dice la física, produce una degradación de la materia que consiste en que la energía que atrapan nuestras células empieza a escaparse, empieza a disolverse, empieza a destruirse, y empieza a no quedar nada. Y no es que no quede nada, es que las partículas más pequeñas vuelven a quedar disponibles en un cosmos infinito para una nueva criatura.

Los orientales lo tienen muy claro y hablan de la reencarnación, un señor se muere y está ahí volando y se reencarna para cumplir su karma. Yo pienso perfectamente que somos materia y energía atrapada en el cosmos un día, donde no somos nada y nuestra energía que ni se crea ni se destruye, sino que se transforma, nos transformará en otra cosa.

Así que del cuerpo que yo buscaba, me he encontrado este cuerpo, me he encontrado un cuerpo interior, me he encontrado un cuerpo que emerge, un cuerpo que se restituye. Menos mal que parto de la base que no hay más que un cuerpo, que tiene su aspecto espiritual, tiene su origen, tiene su fin, pero un cuerpo, un cuerpo tan rico que se pueden ver en él todas esas aproximaciones.

P. Ya para terminar, su pensamiento sobre la emergencia supongo que habrá condicionado su sentido de la trascendencia.

R. Pues ya que no pude dejarles a mis hijos nada, les he ayudado en lo posible, pero no les he dejado fincas ni nada, quiero dejarles un testimonio de mi paso por la vida, que es el paso de su vida también. Yo les he dejado además todos los apellidos de mi familia, cinco o seis apellidos, los he investigado y los he editado, estoy con el último, Piñeyro, que era más complicado. Para dejarles de dónde vienen, cuarenta o cincuenta páginas, he trabajado en eso. Pero es que además les dejo doscientos álbumes, con índices, desde principios de siglo, con los abuelos y tal, ahí está la vida completa. Tiene problemas porque ahí están las novias que no fueron, que querrían quitarlas, las pego en las páginas con cemento, nada de esquinitas para que las quiten. Y eso es un poco lo que yo he querido hacer, no ser importante, que creo que no he sido, pero en mi familia sí quiero ser importante porque es un reto y una obligación. Ser importante yo es por satisfacer el compromiso de tener una familia y dejarles algo.

Y luego tengo también mis aficiones, me gusta pintar, pero lo he dicho muchas veces, me gusta reciclar basura, cosas rarísimas. Tengo mi casa llena de cosas raras. Siempre digo que mi mujer es una santa, porque un hombre así tan complicado, con tanto libro, con tantos papeles, con tanto jaleo, con tanta suciedad, es un hombre inaguantable. Y mi mujer, pues me ha aguantado. Tenemos siete hijos, y once nietos, y cinco negros en la familia, uno adoptado, y una vida un tanto curiosa. No paso yo por ser una persona curiosa en mi familia, al contrario, un tostón, pero en fin, la familia parece que la vamos a superar positivamente.

Y he llegado a mis ochenta y dos años que tengo y no me preocupa en absoluto nada. Y además como sé qué va a pasar conmigo, dónde voy a ir, quién me va a recibir, qué voy a hacer, pues nada. Además sé, pensando en todo, en un cristiano profundo, que quisiera serlo, pero no sé si lo soy o no, que allí no puede haber más que gente buena, ¿esperándote con un palo van a estar?, ¿pero quién va a hacer eso? Que me borren. Lo que haya, pero será con buena gente.

 

 

Dirección para correspondencia:
Fundación Index.
Apartado de correos núm. 734,
18080 Granada, España
manuel.amezcua.sspa@juntadeandalucia.es

Manuscrito recibido el 5.07.2007
Manuscrito aceptado el 22.09.2007

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