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Index de Enfermería

versión On-line ISSN 1699-5988versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.17 no.3 Granada jul./sep. 2008

 

ARTÍCULOS ESPECIALES

ORIGINALES

 

Representaciones socio-culturales sobre la menopausia. Vivencias del proceso en mujeres residentes en Albacete (España)

Socio-cultural representations about menopause: Experiences of the process in resident women in Albacete, Spain

 

 

Angélica Gómez Martínez1,2, Antonio Mateos Ramos2 , Marca Lorenzo Díaz3, Mercedes Simón Hernández4 , Llanos García Núñez3 , Benedicta Cutanda Carrión3

1Antropóloga. Universidad de Castilla-La Mancha. Facultad de Humanidades. Área de Antropología Social y Cultural. Albacete, España.
2
Médico. Consejería de Sanidad de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Delegación Provincial de Albacete. Sección Epidemiología, Albacete.
3
Matrona. Servicio de Obstetricia y Ginecología. Complejo Hospitalario Universitario de Albacete.
4
Psicóloga. Centro de Juventud. Ayuntamiento de Albacete, España

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Objetivo: Acercamiento a las representaciones sociales constitutivas de un fenómeno biológico-biográfico denominado climaterio, mediante los significados atribuidos por medio de los saberes, actitudes y comportamientos socioculturales de las mujeres en este periodo de su vida.
Metodología: Estudio cualitativo mediante siete grupos focales (37 mujeres). Población de estudio: mujeres entre 45-55 años, residentes en la ciudad de Albacete.
Resultados: proceso identificado con la edad biológica de las mujeres, con atributos negativos por su relación con el envejecimiento. Se relaciona también con la imagen social de la mujer y los roles socioculturales asignados clásicamente a este colectivo. Esta combinación de factores las conduce hacia un periodo de su vida tildado como “edad crítica”, construcción en la que priman elementos biográficos sobre biológicos.
Conclusión: Reconocer la “Variabilidad” de la vivencia del proceso. Esto entraría en conflicto con la actual tendencia biomédica, de protocolizar ciertas etapas relacionadas con el ciclo vital de las personas, intentando generar adscripciones unitarias basadas en entidades médicas construidas con fines operativos e instrumentales. Reconocer la “Vulnerabilidad” que supone la confluencia de diversas circunstancias, que las conducen, no sólo a enfrentarse con cambios físicos, emocionales y socioculturales, propios de esta etapa, sino a la realización de una evaluación retrospectiva crítica y profunda de la experiencia de vida, de la autobiografía.

Palabras clave: menopausia, climaterio, salud de la mujer, representación social, cualitativo, grupo focal.


ABSTRACT

Objective: Approach to the social representations constituent of a biological-biographical phenomenon denominated climacteric, by means of the meanings attributed through socio-cultural knowledge, attitudes and behaviours of the woman in this period of their life.
Methodology: Qualitative study by means of seven focal groups (37 women). Population of study: women between 45-55 years, residents in the city of Albacete.
Results: Process identified with the biological age of the women, with negative attributes by its relation with the ageing. It is also related to the social image of the woman and the socio-cultural roles assigned classically to this group. This combination of factors leads them towards a period of their life labelled like “critical age”, construction in which biographical elements prioritizes on biological.
Conclusion: To recognize the “Variability” of the experience of the process. This would come into conflict with the present biomedical trend, of drawing up certain stages related to the vital cycle of people, trying to generate unitary ascriptions based on medical entities constructed with operative and instrumental aims. To recognize the “Vulnerability” that supposes the confluence between diverse circumstances, which lead them, not only to face physical, emotional and socio-cultural changes, peculiar of this stage, but to the accomplishment of a critical and deep retrospective evaluation of the life experience, of the autobiography.

Key words:: menopause, climacteric, women’s health, social representation, qualitative, focus group.


 

Introducción

El climaterio constituye una etapa de la vida de la mujer de límites imprecisos situada entre los 45 y 65 años de edad.1 Es un proceso biológico-biográfico2,3 que caracteriza la transición de la vida reproductora a la no reproductora de la mujer. Aunque los cambios biológicos están en la base del proceso, será su carácter biográfico el que nos permita un acercamiento a su significado real por parte de las personas implicadas. La menopausia, en el discurso biomédico occidental, se refiere al cese del ciclo menstrual en las mujeres, resultante de la pérdida de actividad folicular del ovario. Es pues, un episodio aislado que tiene lugar en el transcurso del proceso temporal que define el climaterio.

En la literatura científica, la menopausia, aparece como una etapa conflictiva, en pugna con dos teorías: la que la considera como una “enfermedad deficitaria” o una patología biológica que requiere atención especializada4 y la que la considera un proceso natural asociado a la edad, y puede transcurrir sin mayores complicaciones.4 Aunque aparentemente contradictorias, ambas posiciones comparten el substrato del modelo biomédico, basado en el fallo gonadal, en el cual se basan las recomendaciones dirigidas a este sector poblacional y que son reflejo del discurso hegemónico del sistema sanitario tradicional. Por ello, no siempre con una base epidemiológica sólida, estos procesos se han relacionado con diversos síntomas y procesos crónicos, lo cual ha derivado en que algunas mujeres y profesionales tengan una visión negativa de la menopausia, que se ha medicalizado en exceso.5,6 Por contra, ambos enfoques, adolecen de análisis procedentes de las vivencias de las protagonistas.

Desde la práctica médica se ha olvidado que el sentir de las mujeres no tiene porque responder necesariamente a esta descripción y que muchas veces, la vivencia es perfilada y condicionada por la descripción de este modelo, más que a la inversa. Elementos como el envejecimiento, las relaciones sociales, familiares, su propia percepción, sus expectativas, etc. que entrarían en el plano subjetivo de conocimiento, y que clásicamente no han sido tenidos en cuenta por los sistemas médicos de las sociedades occidentales, influyen en las diferentes maneras de percibir y reproducir un fenómeno en cualquier esfera social.5-8 La salud de las mujeres se inscribe en los diferentes ámbitos de la vida social, no sólo porque la mujer tiene una participación directa en todos ellos, sino porque el proceso salud-enfermedad está básicamente construido de manera colectiva y esta elaboración afecta de diversas formas las prácticas de las personas y las relaciones que entre ellas se establecen.9

Proponemos un debate metodológico que trascienda la mera oposición de perspectivas, sin negar ni atenuar la contribución de la biomedicina. Desde esta perspectiva, pretendemos acercarnos a las representaciones sociales constitutivas del fenómeno biológico-biográfico denominado climaterio, mediante el conocimiento de saberes, actitudes y comportamientos socioculturales de las mujeres en este periodo de su vida.

Entre los diversos enfoques sobre las representaciones sociales, hemos optado por la consideración de las mismas como una práctica discursiva.10 En términos de la presente investigación, los discursos de las mujeres se tomaron como punto de partida para reconstruir una primera aproximación a su representación social del objeto de estudio. En definitiva analizar “una forma de pensamiento social” compartido y de carácter práctico que permite interpretar la realidad que el grupo de mujeres estudiado atribuye a la menopausia. Partimos de la idea de que las intervenciones para promover o proteger la salud precisan, además de conocimiento profesional y experto, abordajes que tengan en cuenta los discursos que los diferentes grupos de mujeres tienen sobre su salud y sobre lo que resulta saludable.

 

Participantes y métodos

La posibilidad de una profundización comprensiva e interpretativa de los procesos estudiados, así como su análisis específico y pormenorizado, han aconsejado la articulación de un enfoque esencialmente cualitativo.11,12 La técnica específica, de recolección de información, es la de grupos focales. Dado el carácter semiestructurado de la intervención, se diseñó una matriz de dimensiones temáticas-preguntas potenciales (figura 1), procediendo a su peritaje en una prueba piloto.

El estudio se realizó entre octubre de 2005 y diciembre de 2006. La población diana la constituyen mujeres entre 45 y 55 años, residentes en la ciudad de Albacete. El acceso fue mediante redes sociales existentes (asociaciones de vecinos).

El muestreo de las unidades de observación se realizó mediante un sondeo exploratorio, el cual proveía de información general sobre las participantes permitiendo una mejor selección y un conocimiento sobre disposición a colaborar o a participar. En principio todas las unidades respondían a estas expectativas, dejando el número final a criterio de la saturación teórica de la información. La selección de participantes se realizó con un muestreo intencional o de conveniencia, determinado por los objetivos del estudio. De acuerdo con éstos se buscaron criterios de homogeneidad: edad, sexo y residencia en Albacete y de heterogeneidad, básicamente socioeconómicos (estado civil, laboral, etc). Finalmente, se contó con la participación de 37 mujeres (7 grupos focales). Su edad media era de 51 años, con un alto predominio del estado civil “casada/pareja” (84%). Respecto a la actividad laboral, un 92% se identificó como trabajadoras, predominando el desarrollo de dichas actividades en el hogar.

Las sesiones duraron unos noventa minutos cada una. Fueron grabadas en cintas de audio, previo consentimiento de las participantes y compromiso de confidencialidad de los datos registrados (consideraciones éticas). Posteriormente fueron transcritas a papel, en lenguaje natural, por los miembros del equipo de investigación. Tomando como punto de partida las temáticas abordadas, se elaboraron una serie de categorías (figura 2), validando la información mediante la triangulación de los investigadores. Las discrepancias en la codificación fueron resueltas con la discusión y con una revisión conjunta de los relatos originales.

El análisis general incluyó todas las categorías mencionadas, sin embargo, para efectos de este artículo hemos retomado únicamente la primera categoría, complementado con los datos de la categoría número cuatro, de naturaleza emergente, en la que se recogen “procesos que coinciden en el tiempo con la aparición y desarrollo de la menopausia”: envejecimiento, sexualidad, cambios en el entorno familiar, entendimiento social del proceso menopáusico y autoestima e imagen corporal.

Debemos mencionar que en todo momento la palabra utilizada por las mujeres para referirse al objeto de estudio fue “menopausia”. El término técnico “climaterio”, no aparece en las prácticas discursivas de forma espontánea por lo que se ha optado por seguir sus expresiones lingüísticas a efectos del significado otorgado por ellas al término y, a efectos del análisis, redefiniendo el fenómeno como “proceso menopáusico”.

 

Resultados y discusión

La categoría “proceso menopáusico” comprende una amplia gama de representaciones que hemos clasificado en físicas (síntomas, complicaciones, etc.), psíquicas (sentimientos y sensaciones) y socioculturales (conceptos heredados, relaciones familiares, pareja, entorno, etc).

Representaciones físicas. La mayoría de las mujeres reconocen como síntoma principal y definitorio de la menopausia, el cese de las menstruaciones y las alteraciones en el ciclo femenino. Las actitudes en torno a la menopausia derivan en un amplio abanico de sentimientos, en función de aspectos más o menos prácticos que pueden identificarse en el plano físico como liberación, condicionada por la desaparición del “fastidio” que significa la menstruación, o como posible solución a otros problemas, cuando han observado u oído en otras mujeres mejoras en otros procesos de salud y que ellas relacionan con la menopausia. Por otra parte, se observa una preocupación o miedo por lo que pueda venir, fundamentalmente enfermedades crónicas. La presencia de síntomas como hemorragias intensas, calores, sofocos, sudores, dolores de huesos y articulaciones, es interpretada como preludio de otras entidades patológicas de mayor envergadura que vendrán, como la osteoporosis o artrosis, en una relación causa/efecto, como exacerbación de los problemas que ya se tienen. Estos miedos se tornan claramente en actitudes negativas cuando esos cambios de salud (físicos o psíquicos) son importantes o se combinan con otros procesos sociales carenciales.

Algunas mujeres manifiestan alivio o mejora en relación a la menopausia ya que desaparece el constante temor a quedar embarazada y experimentan liberación en el plano sexual. Sin embargo, esta liberación no implica un aumento de la apetencia sexual: manifiestan cómo el deseo sexual disminuye en ellas.

En relación con las caracterizaciones que las mujeres refieren de la menopausia y su relación con las teorías citadas, podemos indicar el acercamiento mayoritario a la que considera la menopausia como un proceso natural asociado a la edad, y que puede transcurrir sin mayores complicaciones.13 Esta “naturalización” implica también auto-aceptación o resignación. A pesar de ello, existe una identificación clara con el cambio. El sentido del “cambio” es el que enfrenta a la mujer a los condicionantes que se enmarcan tradicionalmente en ese estadio. El trasfondo aquí no es el proceso en si, sino la consciencia del propio cambio, que remite a situaciones mas socioculturales que físicas: la edad entendida como construcción social que discierne periodos claramente enmarcados en la biología y cultura de la mujer: menarquia, menopausia y prácticas íntimamente relacionadas con ellas, que se ven relegadas o impedidas: “Dónde vas a ir tú con esta edad”.

La atribución de una orientación negativa de la edad, aparece relacionada con el envejecimiento, cuya caracterización y presencia se asocia a ideas de negación, deterioro y pérdida de roles, funciones, prestigio, etc. También aparece el tema de la imagen corporal, íntimamente relacionado con el envejecimiento. La mujer que envejece marca el comienzo de esta etapa del ciclo vital, diez años antes, y lo hace desde su cuerpo, cuando vive la pérdida de su capacidad reproductiva. De esta forma la mujer que atraviesa este proceso concibe estos cambios en su cuerpo como un proceso biosocial. El cuerpo adquiere así una dimensión simbólica cargada de respuestas y significaciones culturales en torno a sus cambios, transiciones y transformaciones biológicas. Lo corporal no es sólo natural, sino que siempre es construido social y culturalmente. El cuerpo es un lugar que cambia en su funcionamiento, configuración, en la interacción con él mismo y en su auto-percepción. De aquí se desprende también que la edad cronológica, la “real” no coincida con su edad sentida.14 Esta discrepancia juega a favor de la percepción positiva relacionada con su edad sentida: se ven “estupendas”, “como si fuera más joven de la edad que tengo... hasta tengo a veces más ilusión por las cosas que cuando era más joven”; “yo me veo mejor ahora que cuando tenía 30 años... antes parecía una abuela; y ahora, siéndolo”.

Un problema, que aparece en relación a las transformaciones corporales, es la presión social por la imagen. Con el aumento de peso y el cambio corporal, aparecen sentimientos que merman su autoestima, que las trastorna y angustia, no por ese par de kilos de más, sino por su acercamiento a la imagen de mujer vieja: “qué tipo de vieja se me está poniendo”.

Estos temores se materializan en uno concreto, la posibilidad de engordar. Sin embargo existen opiniones que reafirman estas situaciones, reivindicando un lugar prácticamente inexistente aún en nuestra sociedad, un lugar que ha sido invisibilizado por la violencia social y cultural hacia las mujeres mayores: no son “jovencitas” ni “abuelas”, pero deben acercarse a uno de esos modelos porque son los mayoritarios aún.

Representaciones psicológicas. Las manifestaciones psicológicas y emocionales a las que más se refieren incluyen: depresión, decaimiento, cansancio, cambios de humor y de estado de ánimo. Existe un prototipo psicosocial que identifica trastornos psicológicos atribuibles a esta etapa, muchas veces en combinación con actitudes irónicas que los “desdramatiza”: “déjala, si es que está con la menopausia”; “mamá estás senil”, “¿te has tomado la pastilla del riego?”; “se me olvida algo y me dicen, estás menopáusica… no le doy la mayor importancia”.

La mayoría de las mujeres manifiestan fluctuación o cambios emocionales. La finalización de la vida fértil es expresada, por algunas mujeres, con un sentimiento de pérdida total y una actitud pesimista; piensan que es el “principio del fin”: “la menopausia es el punto final a las ilusiones de la juventud, hay que enfrentarse a que está llegando la hora donde todos los sueños que se tenían y que no se han realizado va a ser difícil materializarlos”.

El proceso menopáusico enfrenta a la mujer con su reconocimiento como persona que ha envejecido (no que ha cumplido años): es como el detonante que despierta en la conciencia de la mujer su vulnerabilidad en todos los planos de su vida.

Representaciones socioculturales. Algunas mujeres manifiestan una sensación de pérdida en cuanto a su condición de “ser mujer” al llegar la menopausia porque conlleva el cese de la fertilidad. Consideran que la menstruación es un elemento decisivo en el significado de ser mujer. Cuando desaparece, las mujeres sienten haber perdido una parte de si mismas, de lo que las define e identifica.

La vivencia de la menopausia se ve influida por la noción del ser mujer. Tradicionalmente, en nuestra sociedad, se ha valorado y primado la capacidad reproductora de la mujer por encima de otros atributos diferenciales. Esta construcción social de la condición de mujer la marcará definitivamente, favoreciendo una vivencia casi trágica de la menopausia, resquebrajando la identidad femenina, construida sobre estas ideas y suponiendo una “carga más”: “ya tienes bastante... ya lo que te faltaba”.

También se conceptualiza la menopausia según el pasado cultural identificado por similitud de prácticas en su entorno inmediato: “cuando me operaron a mí de la ligadura, mi padre me dijo: hija mía ya no vas a ser mujer”. Esto reproduce a su vez una serie de cuestiones que subyacen a esta identificación y que están presentes en nuestra cultura actual, representaciones culturales que se van trasmitiendo a otras generaciones (MUJER = HIJOS/ MUJER = CAPACIDAD de tenerlos/mujer= regla).

El medio familiar es el más cercano e inmediato, por lo que las actitudes que se perciban en él sobre la mujer, pueden influir en su propia vivencia. El papel más importante recae en la pareja. Se sienten apoyadas, en su mayoría, por medio de la respuesta de la pareja hacia prácticas que tienen relación directa con el proceso menopáusico, como la asistencia médica, o las transformaciones físicas que derivan de él. Sin embargo, el plano de los sentimientos es menos tratado y sobre el que menos soluciones parecen encontrar. Aparece una actitud de justificar a los demás a la hora de que te entiendan y culpabilizar a la mujer de lo que pasa. Las vivencias personales se ven como un problema para los demás: “somos incómodas, agobiadas, estresadas, negativas o tristes”; “No todos los hombres están dispuestos a entenderte”.

En general se sienten ligeramente más apoyadas por la pareja que por el resto de la familia, sin embargo, este proceso no altera las estructuras establecidas de antemano en los roles domésticos.

Un tema interesante es el de los sentimientos de carga, inscritos en el rol de cuidadora de la mujer. El clásico “síndrome del nido vacío”, es sustituido por el del “nido lleno” o mejor dicho “repuesto” dado que los ocupantes pueden variar generacionalmente. La “mujer maravilla” se enfrenta a una situación generadora, por lo menos en potencia, de una gran presión sociofamiliar, que puede desembocar en una crisis personal. A estas cuestiones habría que añadir la propia actividad laboral de la mujer, y la combinación de su proyecto laboral con el familiar.

El síndrome descrito resta importancia a la clásica explicación desde los estereotipos sexuales, del síndrome del nido vacío, donde la mujer vive con angustia el crecimiento y abandono del hogar de los hijos, ya que su "ser necesaria" se pone en cuestionamiento. Esta clásica y estereotipada imagen femenina, no aparece en nuestras informantes, desmitificando el sentimiento de “pérdida” arraigado a la madre, el duelo social, objeto de explicación del periodo de crisis femenino en esta etapa de su ciclo vital.

En el plano sexual, manifiestan, de forma mayoritaria, que el deseo desaparece en ellas. Aunque la menopausia aparece como argumento propiciatorio, se habla de la inapetencia sexual como un proceso en el tiempo. Esta actitud deviene en prácticas complacientes pero no apetecibles, no simétricas entre los miembros de la pareja. Los hombres son identificados con el imaginario social de la representación sexual masculina, de hiperactividad y virilidad. Sin embargo, queda patente, en las mujeres, que estas cuestiones son anecdóticas porque prevalece la idea de amor y cariño sobre la de sexo y deseo, lo cual corrobora la estereotipada imagen naturalizada de la mujer en nuestra sociedad: más tranquila, menos apasionada, menos impulsiva, menor necesidad física, más cansancio asociado a los hijos, sentimiento de culpa por no complacencia. En general, “cosas nuestras”: excusas, cansancios.

Estos aspectos conllevan una cierta subordinación de la mujer respecto al hombre que afecta la esfera de las relaciones sexuales. Sin embargo, en el discurso no se aprecia malestar por este tipo de prácticas diferenciales de género/sexo, más bien parecerían estrategias acomodaticias al servicio de los intereses femeninos. En otros casos, se manifiesta claramente una insatisfacción sexual, que evidencia rutina y monotonía en las relaciones sexuales: “es que algunas veces como dicen: es que ponerme para nada”. Inapetencia como causa de insatisfacción sexual: “si tienes una relación que no estás disfrutando evidentemente si no lo pasas bien es lógico que no quieras hacerlo”.

Por último, resaltar que, en nuestro trabajo, los tabúes en torno al sexo, no parecen estar referidos al propio sexo (al concepto y contenido), sino al disfrute del mismo por parte de la mujer (práctica social). Se habla de él, con entera libertad, se manifiesta la desgana e insatisfacción como protagonistas, discurriendo el discurso en torno a estos temas de manera, aparentemente natural, apareciendo el conflicto, en las situaciones que plantean la calidad en las relaciones sexuales.

 

Conclusiones

En general, hemos encontrado una concepción diferencial alrededor de la menopausia entre las mujeres participantes en nuestros grupos focales. La menopausia es percibida como un cambio, una transformación identificada con la edad biológica de la mujer. Esta identificación cuantitativa le confiere atributos negativos por su vinculación al proceso de envejecimiento. El proceso está claramente asociado a la imagen social de la mujer, más bien a la deprivación de su “feminidad” y roles socioculturales. La combinación de estos factores conduce a la mujer hacia un periodo de su vida tildado como “edad crítica”, siendo paradójico que el único factor no presente en la crisis sea la edad biológica, sobre la cual no fluctúan los condicionantes del medio social y cultural.

Destacamos, en primer lugar, el reconocimiento de la “Variabilidad” en cuanto a vivencia de este proceso. Esta diversidad, entraría en conflicto con la actual tendencia en las esferas sanitarias a categorizar y protocolizar ciertas etapas relacionadas con el ciclo vital de las personas, en un intento de homogeneizar y generar adscripciones unitarias en base a entidades médicas construidas con fines operativos e instrumentales. La visión estrecha de una única opción biomédica ocultaría los diversos significados que las propias protagonistas atribuyen a esta etapa, así como los diversos itinerarios por los cuales podrían discurrir sus inquietudes sobre el mismo. A pesar de la consideración general del proceso menopáusico como algo natural, no patológico, la mención a los síntomas, presentes, ausentes o futuros, da una idea de la asimilación ideal al prototipo médico, patológico, lo cual a su vez puede producir una importante distorsión y conflicto entre lo que se siente y lo que se debe sentir, lo que me pasa y lo que dicen que me debe pasar. Por ello, a pesar de que es cierto que hay una serie de características que pueden definir a las mujeres, el colectivo mujer no es tan homogéneo como generalmente, de forma simplista, se nos quiere hacer ver.

En segundo lugar, la “Vulnerabilidad”, una categoría, creemos clave, que emerge en este contexto y que despunta como principio explicativo de las sensaciones vividas en esta etapa de la vida de las mujeres. La edad media en que se experimenta la menopausia, no sólo enfrenta a las mujeres con los cambios físicos, emocionales y socioculturales propios de esta etapa, sino que también demanda la realización de una evaluación retrospectiva crítica y profunda de la experiencia de vida, de la autobiografía. Este proceso enfrenta a las mujeres con las contradicciones que surgen de la confrontación de necesidades de independencia y reafirmación personal con las demandas familiares y laborales.

La menopausia representa un cambio de vida como punto y final a las ilusiones de la juventud. Se entra en la vejez donde no hay demasiado horizonte, físicamente empiezan a encontrarse distintas y las cargas familiares condicionan sobremanera el poder hacer realmente lo que se podrían desear. Muchas de estas cuestiones derivan en sentimientos de inseguridad y temor.

Los cambios físicos, psíquicos y sociales, atribuidos a esta etapa, adquieren mediante la adscripción al término “menopáusica” un sitio particular, un “locus” en el cual situar una serie de elementos altamente estandarizados y estereotipados, por medio de las representaciones sociales a las que la menopausia, como construcción sociocultural, hace referencia. El concepto científico, del que partía, basado en la concepción biológica del fenómeno, ha traspasado esos límites para conformar y resignificar una etapa del ciclo vital de las mujeres en el que los elementos físicos pasan a un segundo plano.

 

Agradecimientos

Este estudio ha sido financiado parcialmente con una ayuda de investigación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.

Los autores y autoras expresan su agradecimiento a las participantes en los distintos grupos focales.

 

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Dirección para correspondencia:
Angélica Gómez Martínez.
Delegación Provincial de Sanidad, Sección Epidemiología.
Avda. Guardia Civil, 5,
02005 Albacete, España
angelicag@jccm.es

Manuscrito recibido el 25.9.07
Manuscrito aceptado el 15.1.08

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