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Index de Enfermería

versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.17 no.3  jul./sep. 2008

 

BIBLIOGRAFÍA

INFORME ESPECIAL

 

La investigación en enfermería y la revisión por expertos

Nursing research and peer review

 

 

Jordi Piqué Angordans1, Ramón Camaño Puig2

1Catedrático de Escuela Universitaria,
2Profesor Titular de Escuela Universitaria. Escola Universitària d’Infermeria, Universitat de València, Valencia, España

Dirección para correspondencia

 

 

 


RESUMEN

Con la revisión por expertos una revista intenta garantizar que los artículos publicados tienen calidad. Este artículo pretende analizar el difícil trabajo de evaluación en el ámbito de la enfermería española. Presentamos algunas sugerencias sobre cómo desempeñar esta función, a la vista de datos recogidos de revistas españolas, y así contribuir a la mejora de las publicaciones en enfermería. Se presenta asimismo una encuesta realizada por contacto personal con revistas relevantes con unas recomendaciones puntuales para los profesionales de enfermería.

Palabras clave: enfermería, revisión por expertos, revistas de enfermería españolas, calidad de las publicaciones.


ABSTRACT

Through peer review a journal tries to guarantee the quality of published articles. This paper intends to analyze the difficult assessment task in the Spanish nursing area. We also present some suggestions on how to develop this task, based on data gathered from Spanish nursing journals, and thus contribute to enhance nursing publications. We also give the results of a questionnaire made by personal contact with relevant Spanish journals, along with specific recommendations for nursing professionals.

Key words: nursing, peer review, Spanish nursing journals, publication quality.


 

Introducción

La revisión por expertos (peer review) de la investigación científica tiene más de 200 años de historia y hoy está presente en la mayoría de revistas profesionales. Sin embargo, hasta la década de 1940 no se convirtió en una práctica institucionalizada (Rennie, 1999:4); desde sus inicios pretendía garantizar la calidad del artículo y su paso por el proceso editorial constituía la garantía de esa calidad.

En la enfermería, sin embargo, no ha existido una larga tradición en sus publicaciones, y mucho menos en la enfermería española. De hecho, los inicios de las publicaciones en esta disciplina llevaban la impronta de las publicaciones médicas, tanto en su estructura, citas y bibliografía, como en la revisión de las propuestas de publicación. En España, las escuelas de Enfermería se incorporaron a la universidad en 1977, pero no ha sido hasta la actualidad que se contempla la posibilidad de estudios más allá del diplomado universitario, por lo que la investigación y su publicación en revistas se haya demorado hasta hace pocas décadas.

En 1978 surgió la primera revista española de enfermería, la revista Rol de Enfermería, y durante los años ochenta aparecieron una serie de publicaciones, entre las que cabe citar la extinta Enfermería Científica (1982), la edición española de Nursing (1983) y Enfermería Intensiva (1989). Durante los noventa aparecen las principales revistas actualmente en el mercado, como Enfermería Clínica (1991), Index de Enfermería (1992), Metas de Enfermería (1998), entre otras (Camaño Puig, 2002: 218).

En este artículo pretendemos analizar al estado de la cuestión del trabajo de evaluación de manuscritos por expertos en el ámbito de la enfermería, un colectivo con un potencial humano enorme, al tiempo que ofrecemos aspectos poco conocidos del mismo sobre cómo realizarlo y así contribuir a potenciar, en la medida de lo posible, las publicaciones en esta área.

 

Revisión por expertos y la calidad de las publicaciones

El desarrollo del proceso de revisión en las revistas de enfermería sólo puede entenderse analizándolo a partir de la comparación con otras disciplinas. En las últimas décadas numerosas publicaciones han analizado y cuestionado el sistema de revisión por expertos, reclamando la necesidad de convertirlo en un proceso más democrático y menos sesgado hacia intereses particulares (Godlee & Jefferson, 1999). La crítica especializada repetidamente ha cuestionado el proceso, por una parte, por la excesiva subjetividad de algunas revisiones (Rennie, 1999: 8), o que debía demostrar tanto su fiabilidad como su validez (Crandall, 1986); Bower (1991), por su parte, avisaba de la necesidad de “reparación” del proceso como portal de entrada de la ciencia (“science gatekeeper”), mientras que Hagan (2003), dados los problemas que entrañaba el proceso de revisión, informaba de que era necesaria una urgente reforma ya que se hallaba bajo constante escrutinio y vigilancia.

En el ámbito de la enfermería, Swanson et al. (1991) analizaban sus posibilidades de publicar en las revistas norteamericanas, mientras que Fondiller (1994) se preguntaba hasta qué punto la revisión por expertos favorecía la publicación de trabajos en enfermería; por su parte, Freda y Kearney (2005) pedían que se reexaminara la ética que subyace la revisión, cuestionando la fiabilidad no sólo de las revisiones ciegas sino también de las revisiones doble ciegas y proponían una mayor preparación para la labor crítica y redacción de informes. Asimismo, Hoyt y Proehl (2007) exponen los beneficios que se derivan de la revisión por expertos ya que demuestran una implicación real a la profesión y una contribución al conocimiento de la misma (ibid., p. 264).

En las revistas de medicina es donde se ha visto una mayor preocupación por el tema de la revisión de expertos, especialmente a partir de 1989 cuando la American Medical Association organizó en Chicago el primer congreso internacional de la revisión por expertos y el sexto se anuncia para el 2009 en Vancouver, Canadá. Las publicaciones posteriores apuntaron los problemas relacionados con la revisión abierta, ciega o doble ciega, sus aspectos positivos y negativos; otro tanto ha sucedido en España, en el trabajo de Campanario (1993, 1998), desde su perspectiva como físico, o Silva y Campillo-Artero (1991), García et al. (2002), con relación a la medicina. Sin embargo, la revisión por expertos ha recibido poca atención por parte de la enfermería española; su atención se ha dirigido más bien al análisis bibliométrico global de la producción, o a paliar la problemática del factor impacto (véanse, por ejemplo, los trabajos de Pardo et al., 2001, Gálvez Toro et al., 2005; entre otros).

 

Qué se entiende por revisión por expertos

El proceso de revisión por expertos puede definirse como una valoración crítica por expertos sobre la calidad de un artículo que se presenta para su publicación en una revista profesional (Davison et al., 2005: 969). Generalmente realizan esta valoración dos o más expertos anónimos en un área específica. La idea es que los miembros del equipo de redacción de una revista no tienen la comprensión de cada aspecto de la investigación en su campo, por lo que no pueden evaluar adecuadamente la calidad de cada artículo presentado, especialmente en áreas como la enfermería en la que la investigación es tan amplia y compleja que puede incluso superar los conocimientos del equipo editorial. El mantenimiento del anonimato, tanto de expertos como de autores durante el proceso de evaluación, es la principal característica que garantiza y mantiene la calidad de las publicaciones, con lo cual se consiguen, según King et al. (1997), unas publicaciones menos sesgadas.

 

Cómo debe ser el revisor y su informe

Es fácil dar consejos, pero es difícil saber quién y cómo debe ser un buen revisor de manuscritos para su publicación. Black et al. (1998) enumeran las diversas características del buen revisor en su estudio sobre 420 manuscritos presentados a British Medical Journal. Aunque esta revista es británica y una de las más antiguas del mercado, los resultados conllevan un sesgo americano notable: el revisor ideal debe ser joven, entre 30 y 40 años, preferiblemente residente en los Estados Unidos, con preparación en epidemiología y estadística, integrante de algún grupo de investigación, que no sea miembro del equipo editorial y que su informe sea producto de al menos tres horas de trabajo (ibid., p. 232). Godlee et al. (1998: 238) coinciden en señalar el conocimiento en epidemiología y estadística, pero añaden que, para poder identificar las debilidades de los manuscritos, es necesario tener también experiencia como revisor. Finalmente, Yucha (2002: 71), que editorializa en Biological Research for Nursing sobre Black et al. (1998), sugiere las tres características siguientes: que el revisor sea experto en su campo de especialidad, que tenga investigación reciente publicada, que conozca sus limitaciones y sea capaz de completar el informe en el marco temporal requerido. Davison et al. (2005: 974) añaden que los revisores deberían poseer una actitud abierta y liberal, ser competentes y libres de sesgos y opiniones preconcebidas, e inspirarse en la ética, utilizando la persuasión, y ser diligentes en su trabajo. Sus comentarios deben ser educados y expuestos con tacto, sin buscar confrontaciones con los autores, evitando en sus informes el lenguaje rudo y poco agradable. Su actitud debe ser, en definitiva, constructiva más que destructiva (Davison et al., 2005: 971). Seals y Tanaka (2000) adoptan un enfoque didáctico para estudiantes y revisores jóvenes proponiendo, en primer lugar, analizar la revisión de la literatura del manuscrito, donde el autor suele basar su investigación y, en cierto modo, justificarlo, con el objetivo de descubrir si un manuscrito no es simplemente “más de lo mismo”, o si por el contrario el estudio proporciona un enfoque nuevo y más eficaz que resulte en hallar la llave maestra que dé con la solución de algún tema controvertido. En otras palabras, la adecuación del manuscrito a la revista se detecta al analizar la pregunta experimental, o hipótesis: si esta no es suficientemente significativa, el resto sobra y, por lo tanto, no es relevante.

El proceso de revisión es poco agradecido y requiere una buena dosis de trabajo y sobre todo de idealismo. Citando a Wager et al. (2002), Molassiotis y Richardson (2004: 360), en su editorial para European Oncology Nursing Society, RESUMEN en tres preguntas lo que debe hacer el revisor para conseguir un buen informe y cómo sobrevivir la revisión por expertos:

a) ¿entiendo el manuscrito?, es decir, que las preguntas de investigación y metodología estén bien formuladas;
b) ¿me lo creo?, es decir, que las conclusiones estén suficientemente justificadas por los datos presentados y uso de métodos válidos; y
c) ¿me preocupa?, es decir, que las preguntas de investigación sean importantes y significativas, y que no se reduzcan al conocido factor “so what” (¿y qué?).

En términos parecidos se expresa Hooper (2003:222), quien afirma que el proceso de revisión consiste en preguntar a los expertos si un manuscrito es importante, si es un trabajo de calidad y si puede mejorarse. Afirma que la palabra “experto” es fundamental en el proceso de revisión, ya que son los expertos los que deben proporcionar una opinión científica del contenido. De hecho, King et al. (1997: 163) señalan que la especialización en enfermería, en cuanto al contenido, sigue siendo el punto más delicado y definitorio, de ahí que recomiendan una mayor especialización de los revisores; sin embargo, sugieren que la excesiva especialización puede implicar también conflicto de intereses por la opinión sesgada en un área en la que son altamente cualificados.

 

El autor y la revisión por expertos

Para el autor, especialmente si es novel, el rechazo de un manuscrito es poco menos que un trauma académico; el rechazo parte del supuesto técnico de que la revisión, como elemento integrante del proceso científico, será el resultado de una valoración crítica, independiente y justa, sin ideas preconcebidas, sesgos o conflictos de intereses que la desvirtúen, y que en definitiva debería ayudar al director de la revista en cuestión a decidir si un determinado manuscrito es apto y adecuado para la misma.

A los revisores se les instruye simplemente sobre qué deben valorar, pero para que su labor sea eficaz parece obvio que los manuscritos deben ser filtrados por el equipo editorial antes de que les lleguen a sus manos para el informe. La falta de preparación de un revisor puede conducir a la publicación de artículos fraudulentos debido a que los errores que puedan contener no han sido previamente detectados (Campanario, 1998: 279-280). La literatura, sin embargo, ha mostrado (Campanario y Acedo, 2007) que el rechazo de un manuscrito no siempre se debe a razones puramente objetivas; existe una evidente necesidad de preparación de los revisores ya que son responsables de valorar si un manuscrito es científicamente válido, por lo que el éxito del proceso gira en torno a su destreza, habilidad de discernimiento, dedicación y justicia (Kliewer et al., 2005: 1731).

Si bien el problema afecta a todo autor al que rechazan su artículo, es de una mayor relevancia aún para el autor no nativo que intenta escribir en una lengua que no es la suya. Los autores del presente artículo se han encontrado con este hecho: uno de los revisores consideró inadecuado un manuscrito para su publicación por contener dos términos perfectamente adecuados en la variedad del inglés británico y menos en la variedad americana. El segundo revisor, en cambio, sugirió simplemente un cambio en los dos términos e información complementaria sobre unos datos concretos aportados. Aquí, más que nunca, entendemos lo que es un informe destructivo (el primero) de otro constructivo (el segundo), como nos recordaban anteriormente Black et al. (1998).

Aunque el sistema de revisión sea doble ciego, el resultado del informe no debería verse afectado por la posible identificación del autor; debe basarse exclusivamente en el valor científico del material revisado (Molassiotis & Richardson, 2004: 361). Es evidente que existen factores externos que van más allá del control del revisor, en cuyo caso no tiene más que referirlos al consejo editorial, pero en todo caso es el autor quien se ve afectado por el rechazo. Westergren (2006), con experiencia como autor y revisor de manuscritos, menciona lo mucho que le afectó su primer rechazo como autor y ofrece consejos tanto para la preparación de los manuscritos, como para el tiempo de espera de la respuesta y, finalmente, cómo reaccionar ante la decisión y los comentarios de los revisores. Cuando el informe es negativo, es difícil no tomárselo como algo personal, pero como dice Westergren (2006), “Deal with it, accept it, and move on”, ya que hay cantidad de revistas donde publicar y si no se encuentra una, querrá decir que el manuscrito contiene deficiencias significativas.

 

Las revistas españolas de enfermería y la revisión por expertos

Hemos mencionado lo complicado y difícil que es elegir buenos revisores, pero hay otro aspecto importante y que debemos señalar referido a las revistas españolas. En concreto, si una revista que anuncia un determinado proceso editorial de revisión anónima e independiente, realmente sigue este proceso. No se trata solamente de la falta de calidad, con frecuencia muy evidente en algunas publicaciones, sino que estas publicaciones son también un reflejo de la categoría investigadora del equipo editorial y sus revisores, que son los que deben examinar la calidad de los manuscritos. En otro lugar (Piqué-Angordans & Camaño, 2008) hemos comentado el tema de si las revistas de enfermería deberían o no seguir al pie de la letra las instrucciones dadas por el CIDRM (Comité Internacional de Directores de Revistas Médicas) para la publicación científica. Lo cierto es que muchas revistas anuncian que siguen exactamente el sistema que se explicita en los requisitos de publicación del CIDRM. Bajo el epígrafe “Revisión por expertos” se dice que la revista que se adhiere a estos requisitos debe especificar el procedimiento de revisión que sigue por el interés público y la transparencia editorial. Sin embargo, esta adhesión en muchos casos se limita a seguir su hoja de estilo e instrucciones a los autores, pero poco más, ya que proliferan en exceso los trabajos publicados que son simples repeticiones parciales de manuales sobre procedimientos de enfermería y pocos son realmente artículos originales que hagan avanzar la enfermería como ciencia. Gálvez Toro et al. (2005) han denunciado la ambigüedad de criterios a la hora de valorar la calidad de las publicaciones. Efectivamente, la enfermería necesita publicaciones de calidad para sentirse incorporada realmente en el mundo de la ciencia. Pensamos que el consabido aforismo de “publish or perish” incide a menudo en la multiplicación de trabajos mediocres, de ahí que la revisión por expertos sea de máxima importancia a la hora de juzgar manuscritos y presentar publicaciones de calidad. Aunque el actual proceso de revisión por expertos no es perfecto, de momento es lo mejor que hay y nuestros esfuerzos deben contribuir a que sea eficaz.

Sin embargo, ¿dispone nuestro entorno y nuestros profesionales del ambiente adecuado para esta producción de calidad? En nuestras escuelas de enfermería, el profesorado está formado tanto por profesionales de la medicina como de la enfermería. Sin embargo, pocos de estos profesionales médicos producen trabajos relacionados con la enfermería y buscan para sus publicaciones la mejor revista médica y, a ser posible, con un alto factor de impacto. El personal de enfermería, en cambio, se tiene que contentar con factores de impacto mínimos de las revistas de enfermería incluidas en el listado ISI (según el Journal Citation Records, en el trienio 2002-2004, Nursing Research era la de mayor índice con un 1,313), donde de momento ninguna revista española de enfermería está incluida y muy pocas que no se publiquen en inglés, como la Revista Latinoamericana de Enfermagem, recientemente añadida. Además, de las tres revistas españolas más citadas (Pardo et al., 2001: 940), Revista Rol de Enfermería, Enfermería Científica y Enfermería Clínica, ninguna figura en el listado ISI, aún cuando su índice de repercusión histórica CUIDEN Rch sea relativamente alto: 3,10, 1,50 y 3,31 respectivamente (Gálvez Toro et al., 2004).

Según una encuesta que hemos realizado con los equipos de dirección de algunas revistas de enfermería españolas, se pone de manifiesto, en primer lugar, y de acuerdo con las recomendaciones del CIDRM, que destaca el anonimato de las revisiones y recomienda que estas sean realizadas por “autores expertos e independientes” (según las normas de Enfermería Clínica). Como criterios de selección de los expertos, por lo general se recomienda que los revisores posean experiencia tanto asistencial como investigadora (Metas de Enfermería y Gerokomos), tanto profesionales de enfermería como de la medicina (Rol) y que tengan competencias reconocidas en determinadas áreas de conocimiento, incluida la valoración de su currículo en número de publicaciones, tipo e impacto (Index de Enfermería, Rol), pero también, y debido a la afiliación de una determinada revista a entidades privadas, efectúan la revisión profesionales afines a los fundadores de la misma (Híades), lo cual necesariamente implica un cierto sesgo a la hora de aceptar y publicar los manuscritos recibidos.

En cuanto al tipo de revisión que se efectúa, generalmente se hace de forma estructurada mediante un cuestionario estandarizado en el cual se valora la calidad del manuscrito y su afinidad a las líneas editoriales de la revista, además de otros aspectos como justificación del objetivo, claridad de exposición, aportación de conocimientos nuevos, documentación bibliográfica, entre otros (Metas de Enfermería, Híades, Index de Enfermería).

La crítica suele atribuir mayor rechazo de manuscritos en revistas situadas en el rango superior en las listas de impacto. Sin embargo, no podemos confirmar este dato a la luz de los datos que hemos podido recoger. Significativamente, el porcentaje de rechazo de artículos presentados para su publicación oscila entre un 40% (Metas de Enfermería) a un 70% (Index de Enfermería). No obstante, de los manuscritos aceptados, el 90% se publican una vez introducidas rectificaciones por parte de los autores (Metas de Enfermería), mientras que el resto se publica prácticamente sin rectificación alguna.

Finalmente, los directores de revistas de enfermería han comentado que las diferencias de criterio en cuanto a los artículos se han podido resolver hablando directamente con los autores (Metas de Enfermería), explicando los criterios seguidos por los revisores. A veces, incluso se intenta suavizar modificando algunos comentarios de los revisores (Rol). Aunque es delicado decirle a un autor que un artículo no es publicable, la comunicación se suele hacer en positivo indicándose que si en un determinado tiempo no se reciben noticias, puede el autor disponer del artículo para su publicación en otra revista (Rol). Por otra parte, en contadísimas ocasiones ha habido reacciones airadas de autores al ver rechazado su manuscrito; por lo general, no citan casos concretos. En la mayoría de las ocasiones, los autores acogen el rechazo, e incluso una enmienda extensa, simplemente retirando el artículo del proceso editorial.

 

Posible alternativa

Campanario (2002:175) señalaba los numerosos problemas relacionados con la revisión por expertos y, al mismo tiempo, la escasez de soluciones. Uno de estos problemas se refiere a la posición de poder a partir de las posibles conexiones entre autores, editores y revisores, lo que se ha dado en llamar “colegio invisible”, que con frecuencia se traduce en favoritismo durante el proceso de publicación. BioMed Central (Wager et al., 2002) propone que los propios autores sugieran cuatro revisores al presentar sus manuscritos para publicación; sin embargo, ellos mismos descalifican esta idea, ya que los informes de los revisores sugeridos por los autores producen informes de calidad semejante (ibid, p. 64).

Campanario (2002) plantea una solución basándose en la informática para minimizar los problemas del sistema actual que consistiría en la creación de un “Recurso Central”, o Metajournal, organizado por disciplinas y abierto a cualquier científico para comunicar resultados relevantes de su investigación. Los equipos editoriales elegirían un “explorador de revistas” o journal scout, que sería el encargado de localizar esos trabajos innovadores y ofrecer su revista a los autores para su publicación; el autor, a su vez, podría elegir libremente entre las mejores “ofertas” (ibid, pp. 178-179). Aparte de las objeciones lógicas que tiene todo sistema nuevo, que el propio Campanario (ibid, p. 180) enumera, se ganaría en tiempo de revisión y en responsabilidad por parte de los revisores, solucionando los elementos más problemáticos del sistema actual, además de que cualquier científico podría autoerigirse como revisor “por libre”.

 

Observaciones finales

Como miembros de nuestra incipiente academia en el área de enfermería, dicho de una manera muy respetuosa, se nos pide que publiquemos y que publiquemos trabajos de calidad para hacer frente a las urgencias de configurar nuestro currículo. Es evidente que la masa crítica en el ámbito de enfermería es escasa dada su corta historia académica y que algunas revistas se ven obligadas a buscar a sus revisores en áreas afines, o bien limitarse a revisores procedentes exclusivamente del ámbito asistencial que efectivamente está bien surtido. Aquí es donde los directores de las revistas de enfermería españolas deben afinar su puntería a la hora de elegir los miembros de sus comités de redacción para que la revisión surta los efectos deseados de calidad en las publicaciones en el área de enfermería.

Es evidente que hasta que no transcurran algunos años no se producirá la repercusión correspondiente en el área de enfermería de los títulos de máster y doctorado en enfermería que actualmente se están desarrollando, de la misma forma que en su momento se produjo en el ámbito anglosajón. Por ello, estaremos a la espera de conseguir que la revisión por expertos produzca artículos de mayor calidad en un futuro y obtener el reconocimiento correspondiente en el ámbito de la ciencia.

 

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Dirección para correspondencia:
Jordi Piqué Angordans.
Escola Universitària d’Infermeria.
C/ Jaume Roig s/n
46010 Valencia, España

Manuscrito recibido el 15.02.2008
Manuscrito aceptado el 19.05.2008

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