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Index de Enfermería

versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm v.19 n.1 Granada ene.-mar. 2010

 

ARTÍCULOS ESPECIALES

TEORIZACIONES

 

Cambio de mentalidad: Responsabilidad de salud

Change of mentality: Health responsibility

 

 

Mónica Limia Legrá1

1Lic. Enfermería. Profesora Principal de Fundamentos de Enfermería. Facultad de Ciencias Médicas de la Habana "Calixto García Iñiguez". Ciudad de la Habana, Cuba

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

El sistema de salud pública cubano está empeñado en lograr un estado de salud en la población que se sustente, con mayor fuerza, en los principios de prevención y promoción de salud. Esto supone la incorporación dinámica de la población a costumbres sanas de vida como estrategia fundamental. Esta estrategia se desarrolla en gran medida a través de la labor preventiva de los médicos y enfermeras de la familia, sin embargo, pretendo demostrar la necesidad de fortalecerla, con el logro de una mentalidad más responsable en el accionar y en la conducta, del personal de la salud y de todo aquel que interactúe en la formación del hombre, para transformarlo del individuo pasivo en aquel que propicie de forma sensata su salud.

Palabras clave: Prevención, Promoción, Cambio de mentalidad, Responsabilidad de salud.


ABSTRACT

De Cuban public health system insists on achieving a health condition in the people based on health prevention and promotions principles. This includes the people fast incorporation to healthy habits as main strategy. This strategy is developed through preventive work of family doctors and nurses. However, I am trying to demonstrate the need of strengthen it, achieving a mentality more responsible of the health people's actions and behaviour and everybody who participates in the men education for changing the passive behaviour and propitiate health.

Key-word: Prevention, Promotion, Change of mentality, Health responsibility.


 

Introducción

En la sociedad cubana actual el tema de la prevención de las enfermedades y el papel y la responsabilidad que tiene en ello el personal médico y de enfermería, adquiere particular relevancia ante la necesidad de lograr un estado de salud en la población que se defina, según plantea la OMS, como "bienestar físico, mental y social y no meramente la ausencia de enfermedad o dolencia" (Promoción de la salud en las Américas. Informe anual del director. Organización Panamericana de la Salud, 2001). Lo que supone la incorporación dinámica de la población a los hábitos sanos de vida y la promoción y protección de estos como estrategia de la prevención.

Aunque más vale prevenir que curar, incluso a estos profesionales les cuesta asimilar esta necesidad, pues durante siglos la medicina occidental, sobre cuya base se ha desarrollado la escuela cubana de medicina, les ha enseñado a curar o aliviar las enfermedades, para lo cual la previsión choca en cierta medida con los hábitos adquiridos de cura.

La medicina occidental se desarrolló según la lógica: sólo si hay enfermos se pueden obtener ganancias. Por eso está destinada a resolver los efectos no a eliminar las causas, es decir, solo soluciona las consecuencias. En el sistema de salud pública cubano existen las condiciones para desarrollar la labor preventiva, a través de los médicos y enfermeras de la familia. Si embargo, no es menos cierto que aún hace falta profundizar en nuevas acciones de prevención y así lograr la formación de una mentalidad más responsable con los modos de vida sanos, en primer lugar, en los profesionales de esta rama y en todos aquellos que contribuyan a la formación del individuo desde edades tempranas de la vida, en lo que cumple un papel fundamental la familia. Su práctica debe transmitir valores y convicciones nuevas respecto al hecho de salud, que permita que el hombre desde su niñez no se comporte de forma indiferente con respecto a su salud y se transforme en aquel que contribuya a no enfermarse.1

No sólo es poseer el conocimiento sobre comportamientos saludables, sino aplicar dichos comportamientos, pues el estado de salud que posee cada individuo dependerá en gran medida de los tipos de comportamiento que éste efectúe. La importancia de este artículo es demostrar la necesidad de lograr un cambio de mentalidad en el accionar y en la conducta del personal de la salud y de todo aquel que interactúe en la formación del hombre saludable, desde su nacimiento, que contribuya a la transformación del individuo pasivo en aquel que propicie de forma sensata su salud; argumentar la importancia del cambio de mentalidad sobre la base de una nueva escala de valores en los individuos, que les permita adoptar una actitud responsable ante su salud y demostrar que la prevención y la promoción de salud constituyen el paradigma a seguir en la atención de salud de hoy.

 

Más vale precaver que tener que lamentar

Prevención, del verbo prevenir, se define como "preparación, disposición que se toma para evitar algún peligro. Preparar con anticipación una cosa".2 Por tanto, al utilizar este término nos referimos a una acción de carácter anticipatorio. En 1997 la Organización Panamericana de la Salud definió como prevención "los esfuerzos realizados para anticipar eventos, con el fin de promocionar el bienestar del ser humano y así evitar situaciones indeseables" (Declaración de Yakarta sobre la promoción de salud en el Siglo XXI, 1997). También define que "la prevención persigue la identificación de aquellos factores que permiten promover la salud y la puesta en marcha de diferentes intervenciones para mantener saludables a las personas". En la Primera Conferencia Internacional de Promoción de Salud, realizada en Ottawa en 1986 con el patrocinio de la Organización Mundial de la Salud, se señala que "es necesario facilitar el proceso según el cual se pueda movilizar a la gente para su control sobre la salud y mejorarla, ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones, de satisfacer sus necesidades y de cambiar o adaptarse al medio ambiente" (Carta de Ottawa para la promoción de la salud. Primera Conferencia Internacional sobre Promoción de la Salud, 1986).

Para lograr verdaderamente esto es imprescindible comprender que el desarrollo de la salud no se puede reducir a la lucha contra la enfermedad y las prácticas clínicas tradicionales. Las prácticas de prevención no se pueden quedar entonces amarradas a viejos problemas y esquemas, insistiendo fundamentalmente en lo que muchos llamamos comportamientos sanos que se asocian a diversos aspectos, ámbitos y procesos vitales del ser humano. No solo es poseer el conocimiento sobre comportamientos saludables sino aplicar dichos conocimientos. Este proceso de acción preventiva incluye la determinación de hacer las prácticas correctas de salud como parte integral de nuestra vida.3

Cuba tiene una vasta experiencia en cuanto a acciones de prevención se refiere, muy bien diseñadas y con todas las condiciones estructurales creadas. Pudiéramos hacer alusión a algunas:4 Programa Nacional de Atención Materno Infantil, Programa de Educación Sexual, Programa de Diagnóstico Precoz de Cáncer cervicouterino y de mamas, Programa de Atención al adulto mayor.

También podemos señalar algunas de las campañas higiénico-sanitarias diseñadas en el país:4 La campaña de control y erradicación del mosquito Aedes Aegypti; La campaña de desratización y control de vectores; El control y la erradicación de la fiebre porcina, con un diseño desarrollado por la ya fallecida e ilustre científica Dra. Rosa Elena Simeón; Las campañas de inmunización y la erradicación de males como la poliomielitis. Por supuesto, todo esto ha sido posible gracias a una de las principales características del sistema de salud cubano: la activa participación social, en particular de la comunidad, esto relacionado con los avances científico-técnicos y las tecnologías de punta aplicadas en el país.5

La medicina avanza enormemente día a día en el mundo. Hoy se puede llegar con precisión notable a un diagnóstico y el cirujano puede lograr su objetivo guiado por una cámara de televisión. Se ha descifrado la composición y la estructura espacial de muchas moléculas que se alteran en una enfermedad, se ha logrado construir mapas genéticos de extraordinaria complejidad, se pueden solicitar segundas opiniones a especialistas extranjeros vía Internet, o puede operarse a distancia mediante el uso de un robot, se trabaja en la implantación de células madre en la solución de problemas como el cáncer. Incluso la clonación ha dejado de ser el submarino de Julio Verne, aunque se puede convertir en otra historia de ganancias y beneficios.

Todo es maravilloso sin embargo, ricos y pobres, célebres o anónimos, todas las personas tienen algo en común: tienen hambre. Tienen hambre no de más comida sino de más vida y mejor salud. Cada vez hay más enfermos crónicos, asistimos a un deterioro creciente de la espacie humana que la hace más vulnerable progresivamente.

 

Ahora se vive más que antes, la expectativa de vida ha aumentado

En Cuba hacia el 2015 se invertirá la pirámide demográfica en cuanto a grupo etáreo se refiere y empezará a ser predominante la población anciana.6,7 Fenómeno que es común en buena parte de la población mundial (Salud y envejecimiento: Documento para debate, Organización Mundial de la Salud, 2001).

Hoy día ser asmático, diabético, hipertenso y cardiópata representa un problema social. En el mundo existen millones de diabéticos, de ellos más de la mitad están amputados o sufren las complicaciones de esta enfermedad.8 Ante la envergadura de la situación, muchos de los gobiernos podrían declararse incapaces de enfrentar esta crisis, por tanto la atención a estos pacientes dejaría de ser una responsabilidad del estado para convertirse, solo, en una responsabilidad individual (Organización Mundial de la Salud. Capacidad nacional para la prevención y control de enfermedades crónicas. Ginebra: OMS, 2005). Esto son solo cifras, pero la estadística no aclara que la medicina trata a seres humanos, no a máquinas. Las estadísticas no aclaran que hace algunas décadas las epidemias diezmaban las poblaciones, muriendo muchísimas personas de todas las edades, lo que hacía bajar el promedio en cuanto a la expectativa de vida.

Ese fue un gran triunfo de la medicina, la lucha contra las enfermedades agudas. Pero en el campo de la enfermedad crónica las perspectivas son diferentes. El cáncer, antiguamente enfermedad de viejos, hoy tiene una altísima incidencia en adultos jóvenes y en niños; las enfermedades autoinmunes aumentan en forma alarmante y la lista de las enfermedades incurables cada vez es más larga. Se gastan miles de millones en atención médica, se conoce cada vez más de las enfermedades pero mucho menos de las personas que las padecen y su responsabilidad en las mismas. Por tanto, es importante que cada individuo interiorice la responsabilidad que tiene en modificar los comportamientos de riesgo hacia comportamientos saludables. Él puede decidir cómo cuidarse para mantener una buena salud. Aunque existan predisposiciones genéticas, las conductas de los individuos pueden, en muchos casos, prevenir su expresión, aligerar sus consecuencias, o que estos rasgos se mantengan de forma potencial y que se prolongue el tiempo de aparición de las complicaciones.

El único responsable y que puede modificar los comportamientos de riesgo (una acción que incrementa la incidencia de enfermedades y accidentes, amenaza la salud personal y la de otros, y ayuda a destruir el ambiente) hacia unos comportamientos saludables de bienestar o positivos (una acción que ayuda a prevenir la enfermedad y accidente, y promueve la salud individual y colectiva y o mejora la calidad del ambiente) es el propio individuo y nadie más. Éste es el que decide cómo cuidarse y si desea mantener una buena salud. La motivación en última instancia es intrínseca, es decir, que se deriva del mismo individuo.

Las circunstancias, necesidades y elecciones sitúan a las personas en situaciones y roles particulares. En la vida, la responsabilidad personal proviene de muchas fuentes previsibles e imprevisibles, e implica asociarse y participar, comprometerse y cooperar. Una persona responsable persevera, no con terquedad, sino con motivación de ser consecuente con sus actos y convicciones. Por tanto la salud como responsabilidad individual deriva lo siguiente: Cada uno de nosotros puede determinar la calidad de nuestra salud; Nadie más puede regular nuestros hábitos personales de vida; Buena salud no es asunto de buena suerte o destino sino de buenos hábitos; El comportamiento individual que afecta a nuestra salud es el factor más importante para el desarrollo de enfermedades.

El camino más rápido para alcanzar o ganar en responsabilidad es apreciar claramente que de nuestro comportamiento dependen cosas grandes. Los hombres con ideales y metas elevadas se responsabilizan enseguida de sus decisiones. La responsabilidad ante nuestra salud implica escoger, decidir sobre alternativas saludables correctas, en vez de aquellas que se vuelven un riesgo para la salud. Significa reconocer que tenemos la habilidad para modificar los riesgos inherentes en nuestra herencia y ambiente social, que podemos modificar nuestros riesgos mediante cambios en nuestro comportamiento. Para poder estar consciente de los efectos potenciales peligrosos de hábitos o dependencias de riesgo, se requiere un esfuerzo reflexivo para examinar nuestras vidas desde la perspectiva de la salud y luego un esfuerzo concertado dirigido a cambiar o modificar nuestros hábitos negativos arraigados.

En Cuba, por las condiciones creadas en nuestro sistema de salud y el nivel cultural de la población, es posible lograr que la misión de los servicios médicos y de enfermería esté encaminada no solo a curar sino, en lo fundamental, a la prevención y la promoción de salud.1,3 En América Latina, se puede apreciar, sobre todo en aquellos países en los cuales Cuba ha brindado colaboración médica, que la misión de los servicios médicos y de enfermería es diferente, porque para crear conciencia de prevención y lograr hábitos de salud hay que contar con políticas gubernamentales con este fin y sistemas sociales cuyo objetivo fundamental sea el bienestar de la población. Los servicios médicos, aunque tuvieran esta intención, no pueden llegar previniendo enfermedades si estas poblaciones están diezmadas por el hambre y la miseria.9

Es importante señalar que los profesionales de la salud durante mucho tiempo han tenido la responsabilidad de haber pensado, que solo estamos para sanar la enfermedad cuando nos es posible, sin embargo la prevención de la enfermedad tiene un significado mucho más importante y más extenso, al estar más que combatiendo la enfermedad, promoviendo salud ¿Seguiremos otro siglo más repitiendo que la solución del cólera es la gota de cloro, o promoveremos junto a otras profesiones, con participación individual, en un accionar transdisciplinario, hábitos de vida sanos?

Es imposible tratar los temas de salud basados solo en los principios de la medicina y las enfermedades. Estos principios no solo deben ser enseñados en las facultades de medicina, sino con una concepción mucho más amplia, enfocando el tema como debe ser, es decir, más que de la medicina deberemos hablar de la salud.

También en la adquisición de una responsabilidad de salud desempeña un papel fundamental los modos en los que se han desarrollado a veces las acciones de salud. En determinados momentos el profesional de la salud está concebido como el que tiene que saber qué es lo que hay que hacer y el paciente como el que tiene que hacer lo que le digan. El primero oferta un modelo a seguir, el segundo lo realiza. Esto reduce considerablemente la posibilidad de una participación equiparada y de colaboración, elementos imprescindibles en las acciones de prevención. Incluso en la denominación de paciente queda claramente establecido que será aquel sobre quien recaerá la acción y cuya función parece ser esperar pacientemente a que se le solucionen sus problemas de salud. De manera general es necesario un cambio en esta concepción.

Este comportamiento pasivo del individuo está condicionado desde el nacimiento. Las personas desde su concepción hasta su muerte, reciben del mundo exterior información y la guardan en el cerebro como en un disco de computadora, por ejemplo, desde el nacimiento hasta los 2 años, una persona graba tanta información como desde los 2 años hasta su muerte. En esa primera edad va desarrollando o se apropia de sensaciones de amor y apoyo y ya a los 7 años es capaz de relacionar la información recibida con acciones prácticas simples. En esta etapa se desarrolla la responsabilidad por sus acciones y por los demás, también les es inherente una gran movilidad y una aguda percepción mediante las imágenes de cualquier fenómeno.10

Sin embargo, durante años ha sido obligado en la escuela a permanecer sentado prácticamente inmóvil y memorizar información en lugar de propiciar que él mismo descubra las fuentes del pensamiento activo. Como resultado se obtiene un individuo en el cual no arde la llama de la búsqueda del conocimiento, los sentimientos y las sensaciones, en el que no surge espontáneamente la pasión de hacer algo útil para sí, para sus familiares y compañeros o para la sociedad, sino, un contemplador pasivo, que se queja de su vida y no hace nada para mejorarla.10 Estamos condicionando el comportamiento pasivo del paciente en su tratamiento, siempre a la espera de que le digan lo que tiene que hacer.

Este tipo de actitud es el reflejo del pensamiento tipo túnel, o sea, que cada persona no ve ni comprende todo lo que nos rodea, sino solo lo que le permite ver su túnel de realidad. En forma gráfica se puede representar cerrando la mano en forma de catalejo frente a un ojo y mirar al mundo alrededor, el fragmento de la realidad será muy pequeño y si, además, este catalejo lo condicionamos a que sea rígido, cada uno de nosotros vivirá en su propio mundo.11

Esto se une a la influencia de la educación occidental que está asentada en el desarrollo del hemisferio cerebral izquierdo, sede del pensamiento lógico abstracto, el cual prepara para trabajar en una dirección profesional estrecha.12 Esto ha provocado un desbalance serio en la configuración del mundo. Es necesario, por tanto, desarrollar también el hemisferio cerebral derecho, asiento no solamente de las emociones sino del enfoque holístico integral con el que hay que aprender a relacionarnos con la naturaleza, con los otros seres y con los propios conocimientos.

En el logro de este pensamiento holístico, juegan un papel fundamental el sistema de educación y los servicios de salud, es necesario desarrollar en los individuos una nueva escala de valores que pueda transformar la conciencia de las personas al hacerse parte de ellas. Esta escala de valores permitirá a las personas vivir de acuerdo con las realidades de sus países y adaptarse a los violentos cambios de esta época moderna. Estos deben ser los primeros conocimientos a enseñar, de lo contrario las personas continuarán copiando mecánicamente y trasladando a sus propias y nuevas condiciones sociales y económicas los estereotipos de conductas provenientes de sociedades camino a la crisis y la desaparición.

Las teóricas de enfermería se han pronunciado también en el sentido de la responsabilidad del individuo con respecto a su salud. Dorothea Orem en su teoría del autocuidado, plantea "el autocuidado es una actividad aprendida por los individuos, orientada hacia un objetivo. Es una conducta que existe en situaciones concretas de la vida, dirigida por las personas sobre sí mismas, hacia los demás o hacia el entorno, para regular los factores que afectan a su propio desarrollo y funcionamiento en beneficio de su vida, salud o bienestar".13 El concepto de autocuidado refuerza la participación activa de las personas en el cuidado de su salud, como responsables de decisiones que condicionan su situación, coincidiendo de lleno con la finalidad de la promoción de la salud.14

Por otro lado supone trabajar con aspectos relacionados con la motivación y cambio de comportamiento, teniendo en cuenta aspectos novedosos a la hora de atender a los individuos (percepción del problema, capacidad de autocuidado, barreras o factores que lo dificultan, recursos para el autocuidado, etc.) y hacer de la educación para la salud la herramienta principal de trabajo.15

Hay que eliminar de raíz, desde la niñez, la imitación de los hábitos de consumo, que no se corresponde ni con las necesidades ni con una vida en armonía con la naturaleza y con los otros seres humanos. El ambiente de la sociedad en que vive, conforma en gran medida el carácter del hombre y éste tenderá a ser bueno, con mayores posibilidades, en una sociedad que lo contenga y le dé la libertad de ser él mismo, desarrollando todas sus potencialidades humanas, con libertad y no ser condicionado por esa sociedad para que la misma funcione aceitadamente, para que sea lo que él no quiere ser, sino para que sea lo que él quiere ser. Por otra parte, el hombre que desarrolle libremente su individualidad, llegará a saber inexorablemente que es un ser social y ninguna de sus acciones serán atentatorias contra el todo, que es esa sociedad y el planeta que los contiene.4

Precisamente se impone perfeccionar y desarrollar los valores y las convicciones de esta nueva era. Se requiere, por tanto, inducir una escala de aspiraciones cercana a las posibilidades de nuestros países del sur, pobres en recursos financieros y poco desarrollo productivo, pero ricos en tradiciones culturales y sociales que armonizan con nuestro entorno, con sus valores orientados al desarrollo del mundo interior de la persona.16

La escala de valores que hasta ahora se presenta en el mundo occidental ha generado lo siguiente: miedo, odio, hipocresía, individualismo, pensamiento en túnel, represión y exclusión, demandas artificiales, satisfacción del paladar, enfermedades, juegos destructivos y no prácticos, irresponsabilidad, frustración, agresión, violencia, guerra.

Un sistema de valores permite al hombre resolver los conflictos y tomar decisiones. La escala de valores será responsable en cada caso de los principios y reglas de conducta que se pongan en funcionamiento. Se desprende que la escala de valores anterior no es sostenible y es totalmente caduca, por lo que se impone inculcar con mayor fuerza una nueva escala de valores que incluya, por supuesto, valores morales, estéticos, intelectuales, afectivos, sociales, físicos, económicos, diferentes: amor, sinceridad, colectivismo, pensamiento sistémico, inclusión y aceptación social, necesidad natural, alimentación del cuerpo, salud física, mental y espiritual, responsable, juegos instructivos, prácticos y educativos, responsabilidad, risa, alegría, baile, paz.

Se traduce entonces que el modelo, orientado a las riquezas materiales, sea reemplazado paulatinamente por un modelo orientado a los valores internos e intrínsecos del ser humano. No es posible olvidar que "cualquier actividad humana debe desarrollarse en armonía con el entorno",17 como planteara Florence Nightingale, otra de las teóricas de enfermería. A las culturas orientales les es innata una actitud cuidadosa y amorosa, incluso con relación a la naturaleza. Es necesario aprovechar y hacer nuestra su experiencia milenaria para vivir en armonía y con un cuerpo sano.

La humanidad existe sobre la tierra hace muy poco, unos 50.000 años, pero ha producido sobre su superficie tales transformaciones igualables a cambios geológicos de pequeña escala, por ejemplo, 15.000 años atrás los desiertos no existían ¿De qué modo uno de los tipos de mamíferos ha sabido transformar la tierra y no precisamente en su mejor dirección? Somos responsables de la herencia de nuestros hijos. Hemos transformado tanto el medio que hemos modificado nuestros genes y hoy nos matan las condicionantes o predisposiciones genéticas que nosotros mismos generamos.

De ahí la importancia de comprender que cada individuo sea responsable consigo mismo y con los demás. Se impone barrer los innumerables porque así ha sido siempre y buscar cómo podemos de forma colectiva, mirarnos nosotros mismos a nuestras acciones de acuerdo con el cambio de paradigma que se nos viene encima. Es indispensable prepararse para la crisis y recordar que las personas, las organizaciones y los países se han desarrollado a través de crisis que han sido creadas por los propios seres humanos, y cada cual tiene que aprender a cuidar su salud y a precaver, lo cual será no solo de beneficio para el individuo sino que implicaría menor costo de recursos y mayor beneficio social.

 

Conclusiones

Es necesario trabajar arduamente en el cambio de mentalidad en la población, sobre la base de una nueva escala de valores aplicables al momento histórico y a las condiciones económicas actuales, para lograr una conciente y real responsabilidad en la salud.

En la medida en que seamos responsables con nuestra salud, en menor medida los males que hoy aquejan a nuestra civilización no serán transmitidos a nuestros hijos. Los profesionales de la salud y todos aquellos que condicionan la formación del individuo deben ser pioneros en la promoción de la nueva mentalidad de salud responsable.

 

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Dirección para correspondencia:
Calle 17 No 1423 apto 6 entre 26 y 28.
CP 10400. Ciudad de la Habana, Cuba
limia@infomed.sld.cu

Manuscrito recibido el 31.1.2009
Manuscrito aceptado el 14.12.2009