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Index de Enfermería

versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.19 no.1  ene./mar. 2010

 

MISCELÁNEA

ARCHIVO

 

El parto de las mujeres cántabras en la obra de Estrabón

The cántabras women's labour in the work of Estrabón

 

 

Inmaculada García García1, Enrique Gozalbes Cravioto2

1Profesora, Departamento de Enfermería. Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud, Universidad de Granada, Granada, España.
2Profesor Titular de Historia Antigua, Departamento de Historia Universidad de Castilla-La Mancha, España.

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Un texto del geógrafo griego Estrabón referente al parto de las mujeres cántabras (pueblo hispano prerromano), ha merecido en muchas ocasiones la atención de los investigadores. La mención de Estrabón ha sido considerada generalmente como una prueba de la posible existencia reciente de un matriarcado entre los pueblos cántabros. En el presente trabajo se discute dicha apreciación y se concluye que, con mucha más probabilidad, la alusión de Estrabón fue producto de la incomprensión de las costumbres y de los ritos de los cántabros, así como resultado de la visión etnocéntrica de los escritores greco-romanos.

Palabras clave: Partos, Hispanos prerromanos, Ritos, Matriarcado.


ABSTRACT

The text of the Greek geographer Strabon, refers to the labour of the women Cantabrians (Hispanic Pre-roman people) has deserved usually the attention of the investigations. The mention of Strabon has been considered generally as a proof of the possible recent existence of a matriarchy between the Cantabrians people. In this project this assessment is discussed and the conclusions is that more probability, the Strabon's allusion was a product of the incomprehension of the customs and the rites of the Cantabrians people, as well as the result of the ethnocentric view characteristic of the Greek-Romans writers.

Key words: Labour, Hispanic, Pre-Romans, Rites, Matriarchy.


 

Introducción

Son escasos los datos de los que se disponen para conocer las condiciones de los partos en la antigüedad. La literatura clásica fue poco proclive a describir situaciones que eran consideradas puramente naturales, y por lo tanto comunes entre humanos y las diversas especies de animales mamíferos. Como se ha indicado en algunas ocasiones, la identificación profesional de la Enfermería no se produjo en los tiempos antiguos debido a que sus funciones se encontraban cubiertas y entretejidas por la familia, más aún en la concepción ampliada y no nuclear (como la actual).1,2

Las noticias sobre nacimientos en la Hispania antigua quedan resumidas a eventos extraordinarios, tales como el supuesto hecho del neonato que habría decidido en el fragor de la lucha de Sagunto volver al claustro materno,3 o a una simple referencia del escritor cristiano Clemente de Alejandría,4 que aludía a la extremada dureza que las mujeres iberas mostraban en el parto. En relación con esta última mención se encuentra una curiosa noticia que aparece recogida por el geógrafo griego Estrabón, en los inicios de la Era cristiana, que hace referencia al parto entre las mujeres de los cántabros. Esta mención ha sido recogida en diversas ocasiones, y de ella se han extraído múltiples consideraciones. Nosotros analizaremos el texto de Estrabón sobre el parto de las mujeres cántabras, así como las distintas interpretaciones que se han formulado a lo largo del tiempo.

 

El texto de Estrabón sobre las mujeres cántabras

La Geografía de Estrabón de Amaséia, compuesta en diecisiete libros, es una obra fundamental del mundo clásico. En lo que respecta al territorio hispano constituye la fuente escrita más importante, al menos la más extensa, y en ella se encuentran dispersos datos poco precisos sobre aspectos sanitarios de la Hispania antigua, noticias recogidas en alguna ocasión.5 Esta obra de Estrabón fue finalizada hacia el año 20 de la Era cristiana. En ella, el libro III está dedicado a la Península Ibérica, a esa Iberia a la que en diversas ocasiones atribuyó el geógrafo la forma de "piel de becerro".6-9

La distribución geográfica del territorio peninsular coincide con la referida a características "culturales": trazaba una graduación bastante evidente en los avances de la civilización en relación con los territorios, con una zona muy avanzada (región meridional y del Mediterráneo), una amplia zona con transformación civilizadora intermedia (la Meseta y en su conjunto el interior peninsular), y otro espacio que se caracterizaría por estar habitado por pueblos rudos y atrasados (la Lusitania, y sobre todo, la franja cantábrica que acababa de ser terminada de ocupar por Roma). A grandes rasgos los avances de la civilización se diluían según los habitantes se apartaban del Mediterráneo.

En la descripción del territorio de los cántabros, Estrabón habla de la atribuida ferocidad de sus habitantes, incluyendo con cierto espanto algunas situaciones que en fechas recientes se habían producido en las guerras cántabras (en buena parte las guerras fueron protagonizadas también por los astures) de Augusto: los prisioneros (hombres y mujeres) preferían la muerte, y la de sus familiares, antes que la esclavitud, cuestiones que también fueron apuntadas con extrañeza por otros autores clásicos.10,11 Estos relatos marcan con claridad la versión de la Hispania bárbara e indómita que se convirtió en todo un tópico de la imagen de los hispanos,12 ahora concretada al caso de los cántabros.

Una novedad importante que señala Estrabón es que entre los cántabros, como en otras poblaciones diversas del mundo bárbaro (celtas, tracios, escitas), se producía un hecho que no respondía al modelo de actuación de la mujer greco-romana; el valor y la valentía no sólo existía entre los hombres sino también entre las mujeres. Entonces introduce el elemento del parto de las mujeres cántabras, que ha motivado muy especial atención en la historiografía contemporánea: "las mujeres cultivan la tierra, y apenas dan a luz ceden el lecho a sus maridos y los cuidan. Con frecuencia paren en el momento en el que se encuentran en plena labor, de forma que lavan al recién nacido inclinándose sobre la corriente del arroyo, y lo envuelven luego" (Estrabon III, 4, 17).13

 

Estrabón, y la interpretación de la covada en Bachofen

La utilización de este texto sobre el parto de las mujeres cántabras, como documentación de una determinada práctica a estudiar por la Antropología, ha alcanzado características espectaculares. En el año 1861 Johann Jakob Bachofen, en su acuñación del concepto antropológico del matriarcado (Mutterrecht), consideró la descripción de Estrabón como nuclear (junto con la mención de las Amazonas y la mitología clásica), como una documentación estrictamente histórica del fenómeno que sería llamado de la "covada", y que interpretó que era el producto del tránsito del matriarcado al patriarcado,14 un momento en el que los hombres en su asalto al poder fingían ser "como" las mujeres, desplazando su posición después del parto.

La interpretación de Bachofen, formulada en unos momentos de surgimiento de la Antropología científica moderna, tuvo un enorme éxito, de forma que con formulaciones diferentes ha estado presente en la literatura científica hasta nuestros días. En ocasiones, sin restar necesariamente validez al testimonio de Estrabón, se han planteado objeciones no al hecho en sí mismo, sino a las excesivas generalizaciones acometidas por Bachofen a partir del caso de las mujeres cántabras. Las interpretaciones de Bachofen fueron muy pronto recogidas en la historiografía española.15

Esta descripción de Estrabón en la actualidad no se considera suficiente como para mostrar la existencia de un matriarcado, incluso para el caso concreto de los pueblos del área cantábrica. Santos Yanguas defiende que: "la descripción que Estrabón hace del tipo de matrimonio entre los cántabros no es suficiente... puesto que, si bien las mujeres tuvieron un papel importante en los intercambios matrimoniales... no se debe olvidar que los hombres dotan a las mujeres, lo cual indica que el hombre posee un importante papel económico en la sociedad cántabra. A lo anterior hay que añadir que tanto el poder militar como el político están en manos de los hombres" (1995:144).16 Similares planteamientos recogen otros estudiosos acerca de los pueblos de la Hispania antigua.17 Es más, en las últimas décadas la cuestión del hipotético matriarcado característico del Neolítico, sustituido por el patriarcado con posterioridad, ha sido puesta en radical discusión e incluso en impugnación por parte de la Antropología, después de las aportaciones de Bronislaw Malinowski acerca de la matrilinealidad.18-21

 

Otros textos antiguos sobre la covada

Los escasos textos de la antigüedad que mencionan algo parecido a la covada, reflejan la extraordinaria limitación del fenómeno. Lo normal, lo generalizado, era una mujer atendida durante y después del parto por parte del compañero o de otras personas de la familia. Si Apolonio de Rodas, en Los Argonautas, introduce lo contrario es para reflejar no el mundo real, sino un fenómeno mítico, algo que acaece en un "no-lugar" (u-topos), mundo del más allá hasta al que llegan los míticos viajeros en busca del vellocino de oro, hasta la costa de los Tibarenos.

También es como Homero puso en contacto con Ulises a gentes fantásticas, entre un pueblo desconocido que después del parto entregaba el niño a su marido, quien en el lecho gemía, y recibía las atenciones necesarias a la recién parida, entre ellas las de proporcionarle una comida adecuada para la ocasión, así como prepararle el baño preceptivo para las recién paridas.22 No tiene nada de realidad la descripción de los Tibarenos, que aparecen en una relación de pueblos con costumbres extrañas, muy distintas a las que eran propias de los griegos (y de los civilizados).

Otro texto sobre la covada se encuentra en Diodoro de Sicilia, a mediados del siglo I a. C., cuando describe las costumbres de los habitantes de la isla de Córcega, a los que considera especialmente rudos. Entonces recoge que "no tienen cuidado alguno de sus mujeres cuando están en el parto, de forma que cuando dan a luz es el marido quien se acuesta" (Diodoro de Sicilia. B. H. V, 14).23 Diodoro expresa el contraste entre unas islas y otras en un espacio similar como era el Mediterráneo. Si los corsos maltrataban a sus mujeres, hasta el extremo de no cuidarlas en el puerperio, el propio autor destaca en lugar cercano, el extraordinario aprecio de los ebusitanos por las féminas, puesto que las mismas escaseaban entre ellos.24


Imagen gráfica de la Península Ibérica en el geógrafo Estrabón (según A. García)

 

La cuestión de la covada cantábrica

Antes de la formulación de la teoría del matriarcado, fundamentada en iniciales postulados evolucionistas, el texto de Estrabón sobre el parto, y la posible covada entre los cántabros, por su curiosidad, fue ya objeto de atención en el siglo XVIII, como muestra el que en 1720 aparezca reflejado en el Dictionaire historique et critique de Pierre Bayle,25 y también en el año 1768 en la obra La Cantabria del Padre Henrique Florez.26 Así pues, cuando Bachofen utilizó el testimonio de Estrabón sobre el parto de las mujeres cántabras, su atención e interpretación acerca del fenómeno de la covada, el elemento en cuestión gozaba ya de cierta tradición.

Y también el texto de Estrabón ocupaba una posición de prueba, poco menos que irrefutable, del hecho de existir una continuidad histórica del fenómeno en zonas montañosas del norte peninsular, puesto que en 1818, en su Historia de las naciones bascas, José Antonio Zamacola reflejaba el hecho de forma expresa para las mujeres de Vizcaya: "apenas parían, se levantaban de la cama, mientras el marido se metía en ella con el chiquillo".27

A la luz del testimonio de Estrabón, y de otras noticias bastante imprecisas referidas a momentos diferentes, se ha construido todo un modelo de interpretación que, con bastante fortuna literaria, ha intentado extender el fenómeno de la covada, como algo presente en otros muchos ámbitos hispanos. En especial, la cuestión ha sido muy recurrente en relación con una supuesta pervivencia del fenómeno en lugares diversos de España, y muy en concreto en las montañas del País Vasco.28,29 En este sentido, el texto de Estrabón, como realidad de la covada entre los pueblos cantábricos, también atrajo la atención del antropólogo Julio Caro Baroja. En los años posteriores a la guerra civil española, Caro Baroja intentó aplicar un modelo funcionalista derivado de la Escuela de Viena al análisis de los pueblos prerromanos hispanos. A su juicio la covada presente entre los cántabros de la antigüedad sería una supervivencia de un aspecto del matriarcado en todo el área del Cantábrico, cuyos restos permanecerían en el País Vasco (y otras zonas) hasta el siglo XVIII, y que sería muestra de una sociedad y economía fundamentalmente pastoriles.30 Para Caro Baroja la covada indicaba que en esas comunidades los hombres resaltaban su relación y sus derechos sobre el neo-nato.31

El fenómeno que se describe, y que ha tenido una interpretación predominante en la línea Bachofen-Caro Baroja, en los últimos años ha sido objeto de revisiones críticas. Es cierto que la covada no ha sido objeto de estudios específicos, como muestra la inclusión de su término en bases de datos y en repertorios bibliográficos. No obstante, podemos alcanzar una mayor aproximación a una práctica específica del puerperio cubare, del guardar la cama o reposo preceptivo, y con cuidados, después del parto. De hecho, este descanso de la mujer, y cuidados por parte de algún allegado, era la actuación normal entre los civilizados, y por esta razón, por ir contra el orden natural de las cosas, la costumbre respecto al parto de las mujeres cántabras se refleja en Estrabón, y en otros contados casos aparece recogida en escritores de la antigüedad.

 

Análisis crítico del texto de Estrabón

No obstante, a nuestro juicio, la descripción de Estrabón aparece en un contexto determinado, de carácter general, y a la vez de carácter particular, que no pueden ser dejados de lado. De hecho, la aportación de Estrabón sobre Iberia, y su visión sobre los pueblos hispanos, está siendo objeto de una profunda revisión en los últimos años. A partir de esa relectura, muchos de los datos seleccionados, y sobre todo de las explicaciones aportadas por el escritor griego, hoy se analizan no a partir de visiones objetivas; por el contrario, la primacía de los aspectos subjetivos indica una visión etnocéntrica, despreciativa de los pueblos resistentes, para contribuir al servicio de la propaganda romana.9,32,33

Esta visión etnocéntrica tan característica, se expresa con mayor dureza respecto a los cántabros, al ser éstos los últimos pueblos resistentes al dominio romano en el espacio peninsular, y con los que en fechas muy cercanas, en relación a la autoría de la obra, habían efectuado su confrontación armada. Y por supuesto, esa atribución de atraso se producía en mayor medida a partir de la observación del papel importante de las mujeres en la sociedad cántabra; no es ocioso el detectar como también el mismo Estrabón indicaba como prueba inherente a la barbarie de los germanos la fuerte constitución, la fortaleza física y vigor, que tenían precisamente sus mujeres.34 Así pues, la mención de la covada responde a un fenómeno similar en toda su extensión, la prueba evidente del salvajismo de los cántabros se hallaba en la dureza de sus mujeres ante el parto.

Difícil resulta una discusión objetiva sobre la realidad del aserto de Estrabón, puesto que la escasez de fuentes impide tener una visión completa. Es verosímil pensar que una costumbre presente en alguna comunidad cántabra, con vigencia de algunas prácticas residuales, fuera extendida como característica de todos los habitantes. A nuestro juicio, las interpretaciones que se han hecho en ocasiones resultan abusivas, como por ejemplo la de Schulten. Este autor interpretaba en la práctica puerperial de las cántabras, una muestra de su promiscuidad sexual (que conduciría al reconocimiento de paternidad), y de ahí también procedería que el hermano de la madre era el que debía protegerla a ella y a sus hijos, el avunculus.35

Por el contrario, como evidente contradicción con estas interpretaciones sobre un carácter primitivo de las costumbres de los cántabros, en párrafos anteriores al comentado, el mismo Estrabón había indicado que los matrimonios entre todos estos pueblos hispanos (sin excluir a los cántabros) se realizaba al modo de los griegos. Para salvar esta última referencia de Estrabón, contradictoria con la visión de arcaísmo, Caro Baroja indicaba que la misma era "enigmática", e interpretaba que estaría referida no al modelo de familia sino simplemente al tipo de las ceremonias de esponsales. Algo más congruente con el sentido del texto, Schulten indicaba que la mención reflejaría la existencia ya en esa época de un matrimonio monogámico y estable, pero que en realidad el mismo era una innovación establecida por la política de Augusto una vez conquistado el territorio.

Así pues, ese matrimonio de carácter griego generalizado entre los pueblos hispanos indica la existencia de la monogamia y la monoandria. Las interpretaciones de Bachofen y de Caro Baroja hoy se modifican, puesto que incluso aceptando la generalización de la covada, lo cual cia de un matriarcado. En efecto, contra lo que se ha apuntado en muchas ocasiones, ni el fenómeno de la covada, ni otros datos recogidos por el propio Estrabón, abonan considerar la implantación del matriarcado entre los pueblos del Cantábrico. De hecho, las que cargan con el sacrificio, el hecho de parir, pero también el efectuar los cuidados posteriores, son precisamente las mujeres, más allá incluso del propio hecho tradicional de que el cuidado a las mujeres en el parto ha sido aportado precisamente por otras mujeres.1,36,37

El mismo Estrabón señalaba que los hispanos en su conjunto se caracterizaban por tener unos rasgos que sin ser enteramente civilizados no eran propiamente salvajes: "entre los cántabros es el hombre quien dota a la mujer, y son las mujeres las que heredan y las que se preocupan de casar a sus hermanos; esto constituye una especie de ginecocracia, sistema que no es ciertamente civilizado" (Estrabon III, 4, 18).13 En suma, es más verosímil concluir que el papel importante de la mujer en la sociedad cántabra, sin que ello suponga precisamente su dominio sobre el varón, con una posición importante en las herencias, condujo a la extrañeza de Estrabón, y al desprecio ante lo que consideraba un sistema impropio de la civilización (aunque necesariamente no alejado de la misma).

Así pues, el parto de las mujeres cántabras, tal y como lo documenta Estrabón, refleja la existencia no de un matriarcado sino, mucho más propiamente de una matrilinealidad, una cuestión que se relaciona con las tradiciones de las comunidades de carácter "céltico".38 Como se ha indicado en alguna ocasión, en la concepción antigua (incluida la de griegos y romanos) era el padre el que engendraba y el rito suponía que éste, después del parto, colocaba al bebé entre las piernas a modo de simulacro de parto.38

Por otra parte, y en contra de lo que se ha indicado en algunas ocasiones, ni siquiera la existencia de matrilinealidad entre los cántabros está probada, puesto que las estelas funerarias (epitafios) de época romana en Cantabria, cuyos usuarios llevan nombres indígenas, muestran una filiación paterna. Así pues, más allá de un posible rito, que no está ligado para nada a un matriarcado, nos parece probable el que la visión etnocéntrica de Estrabón partiera del desprecio a la existencia de una posición más importante, aunque no predominante, de la mujer entre los cántabros.

De igual forma, estas consideraciones deben ponerse en relación con otro aspecto; el desarrollo reciente de los estudios sobre la mujer en Hispania ha destacado como en las sociedades indígenas, y quizás más tarde bajo la romanización, la mujer ocupó un protagonismo mayor del usual en el mundo greco-romano.39-41 Pero incluso otros estudios y otras perspectivas de análisis pueden modificar profundamente la visión sobre el texto de Estrabón. De ser cierta la covada ¿ésta manifestaría una cierta preponderancia social de la mujer? Esta pregunta puede contestarse desde líneas argumentales distintas. Desde la teoría de los sentimientos, el padre haría presente los lazos afectivos con el niño, se manifestaría su autoafirmación sentimental, y la mujer se reconfortaría ante la relación masculina. Pero además en un trabajo sobre la visión de la mujer en la antigüedad, Genaro Chic ha llamado la atención sobre el hecho de que esta covada no sólo no manifiesta una posición importante de la mujer, sino su presencia como mera incubadora: el hombre se habría "debilitado" ante el nacimiento del niño, que sólo procedería de él, puesto que la madre únicamente actuaría como nido.42

Así pues, la práctica misma de la covada no manifiesta la preponderancia femenina, de hecho esta costumbre o rito documentado en el siglo XIX en la región del Bearn (SO. de Francia) suponía, y parece ser un hecho más general, que era el hombre quien recibía todo tipo de atenciones y felicitaciones de vecinos y allegados. Este mismo hecho era el que se producía en los casos detectados por la Antropología en Brasil en el siglo XIX. La muestra de fortaleza de la mujer cántabra, rápidamente recuperada del parto, sería un argumento de Estrabón para justificar y explicar el carácter "bárbaro" de estos pueblos, como ocurría con la dureza laboral de las mujeres germanas.

 

Conclusiones

Las observaciones que hemos recogido, a nuestro juicio, reflejan la necesidad de utilizar con cuidado los textos de la antigüedad, puesto que los mismos están inmersos en el contexto ideológico de su conformación. Por esta razón, últimamente se apunta mucho más a imagen que a realidad, respecto a los datos que ofrecen sobre determinados pueblos excéntricos del mundo romano.

La dureza ante el parto de las mujeres cántabras constituye así un elemento que refleja la visión etnocéntrica de un escritor griego, apologista de la conquista romana, y que interpreta a su manera, desde su imaginario, las características y ritos de otros pueblos, en este caso de los cántabros.

Consideramos que el texto se ha interpretado de forma excesiva, puesto que el mismo es inseparable de la propia concepción etnocéntrica del geógrafo griego, y de sus objetivos de propaganda de la romanización.

 

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Dirección para correspondencia:
Inmaculada García García
igarcia@ugr.es

Manuscrito recibido el 10.9.2009
Manuscrito aceptado el 18.12.2009

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