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Index de Enfermería

versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.20 no.1-2 Granada ene.-jun. 2011

http://dx.doi.org/10.4321/S1132-12962011000100018 

ARTÍCULOS ESPECIALES

TEORIZACIONES

 

Re-Pensando las complejidades del rol profesional desde la teoría de Bourdieu

Re-thinking the complexities of the professional role from Bourdieu's theory

 

 

Sagrario Acebedo-Urdiales1, María Fca. Jiménez-Herrera1, Virtudes Rodero-Sánchez1, Carme Vives-Relats1

1Departamento de Enfermería. Universidad Rovira i Virgili. Tarragona, España

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Este artículo tiene como objetivo realizar una apreciación crítica desde perspectivas teóricas y prácticas a cerca del rol profesional, en un esfuerzo por superar el lenguaje y la práctica dominante. Resaltamos la necesidad de trabajar más allá de las descripciones de tareas autónomas y tareas de colaboración, y mostrar formas que sitúen nuestras prácticas en una cultura de compromiso para promover la creación de contextos que tienen el potencial de ofrecer conocimiento y reconocimiento de cuidados intencionales. Realizaremos el análisis de rol profesional desde la teoría de la práctica de Bourdieu, intentando que ésta nos ayude a clarificar nuestro rol y sobre todo para replantear estructuras y modificar disposiciones, deteniéndonos especialmente en el concepto de habitus y capital simbólico.

Palabras clave: Rol profesional, Cuidados de enfermería, Bourdieu, Teorías de Enfermería.


ABSTRACT

The objective of this article is to do a critical appreciation from the theoretical and practical perspectives of the professional role, in an effort to exceed the language and the dominant practice. We highlight the necessity of working beyond the descriptions of autonomous tasks and tasks of collaboration, and showing forms which situate our practices in a culture of compromise to promote the creation of contexts which have the potential to offer knowledge and recognition of intentional caring. We analyse the professional role from the theory of the Bourdieu practice, trying to clarify our role with the help of this practice and mainly to redefine structures and modify dispositions, paying special attention to the concept of habitus and symbolic capital.

Key words: Professional Role, Nursing care, Bourdieu, Nursing theory.


 

Introducción

Este artículo tiene como objetivo invitar al lector a repensar desde una perspectiva crítica de perspectivas teóricas y prácticas acerca del rol profesional, en un esfuerzo por superar el lenguaje y la práctica, que a nuestro modo de ver, nos ancla en posicionamientos dependientes, que no dan respuestas de calidad a las personas, ni producen satisfacción ni amor por el trabajo. Siendo conscientes de la complejidad que tiene el rol profesional, en tanto que tener cuidado de las personas y su mundo, con frecuencia en situaciones de vulnerabilidad y sufrimiento, y en un campo como el de la salud en el que se mueven intereses profesionales e institucionales de muy diversa índole, nosotras intentamos movernos hacia una concepción de cultura profesional negociada, dinámica y transformativa.1

En esta posición consideramos que no estamos solas, que nos amparan todos los discursos y estudios que se enmarcan las corrientes de pensamiento con un énfasis en los aspectos éticos y sociales de las prácticas humanas. Desde esta realidad, pero reconociendo la tensión entre profesiones y prácticas, trataremos de analizar nuestro rol profesional desde la teoría de la práctica de Bourdieu, con el fin de clarificarlo y sobre todo de replantear nuevas estructuras para modificar disposiciones.

 

Sobre el Rol Teórico

La profesión de enfermería, a lo largo de los últimos años, ha sido objeto de grandes cambios entre los que destacamos los relacionados con el desarrollo de la profesión y las competencias de sus profesionales. En términos generales, a las enfermeras y enfermeros les corresponde la prestación personal de los cuidados o los servicios propios de su competencia profesional en las distintas fases del proceso de atención de salud, como la dirección, evaluación y prestación de los cuidados de enfermería orientados a la promoción, mantenimiento y recuperación de la salud, así como a la prevención de enfermedades y discapacidades, sin menoscabo de la competencia, responsabilidad y autonomía propias de los distintos profesionales que intervienen en tal proceso.2

Pese a la descripción de las funciones que se reflejan, tanto en la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitaria (LOPS) como en disposiciones del Consejo Internacional de Enfermería (CIE),3 reflejan que la realidad es otra y ésta se aleja, en muchas ocasiones, de lo que las normas dictan para el ejercicio profesional. Por lo tanto, lo que nos ocupa son esas otras cuestiones, que si bien relacionadas con lo anterior, nos lleva a plantearnos preguntas como ¿cual es el rol actual de las enfermeras? ¿Por qué se continúa hablando de tareas delegadas cuando las competencias definen acciones propias? ¿Qué valor tiene la práctica enfermera?, a las cuales intentaremos dar respuesta a lo largo de este artículo. Antes de iniciar este recorrido nos detendremos un momento en reflexionar sobre la realidad a través la historia, siendo el modelo constructivista el utilizado para tal fin. En él se plantean tres aspectos fundamentales que nos ayudarán a realizar este ejercicio.

En primer lugar apuntamos que el mundo social se construye a partir de lo ya construido en el pasado mediante la descripción del mismo. La trayectoria de la profesión enfermera viene acompañada de una tradición de dependencia a la profesión médica, donde el rol de la enfermería se define, en muchos casos, desde el paradigma médico y la prescripción de órdenes, siendo ésta una profesión auxiliar devaluada en muchas ocasiones mediante la invisibilidad y la poca importancia otorgada a las prácticas de cuidado y al reconocimiento desde este escenario.3 El paciente y la enfermera, no son considerados como agentes morales independientes, por lo que se deriva un estado de sumisión que puede darse todavía en la actualidad, en organizaciones muy jerarquizadas y en respuesta a estas reminiscencias históricas.4

En segundo lugar tenemos que las formas sociales del pasado son reproducidas, apropiadas, desplazadas y transformadas en las prácticas y las interacciones de la vida cotidiana de las personas en la actualidad, iniciando un nuevo perfil de los profesionales de enfermería donde tienen cabida nuevos modelos de cuidado y de relaciones con otros profesionales, donde la sumisión inicia su rebelión dando paso a las verdaderas luchas de poder con fines de transformación. Por último destacar que el trabajo cotidiano sobre la herencia del pasado abre el campo para nuevas posibilidades de futuro, ya que pese a que no existen límites claros, si se permean las ideas de unos grupos a otros y los cambios también pueden tener su cabida en el campo de la asistencia sanitaria.

 

Sobre el Rol Práctico

En la línea de lo dicho, entendemos que toda práctica es una actividad humana compleja y acercarnos a ella como cuidado, implica entrar en relación con interacciones, en el sentido de comprender cómo son guiados los profesionales por la situación de las personas y sus demandas. Benner y Gordon5 explican que esta característica dialógica de la práctica del cuidado, en el sentido de responder a las demandas, depende de la involucración de la enfermera con la persona y su situación, y señalan que es determinante en el resultado de cada encuentro y en la relación en su conjunto.

Con una observación superficial podemos responder que las enfermeras ocupan su tiempo con tareas sobre todo relacionadas con la actividad que genera la medicina: control y manejo de medicación, cura de heridas o el control y vigilancia de síntomas. Con una mirada un poco más atenta podemos descubrir en torno a esta actividad, demasiadas veces frenética, las prácticas de cuidado-curación6 que en nuestra opinión definen y dan sentido al rol profesional.5,7 Son prácticas profundamente enraizadas en la relación con la persona y el contexto. Podemos descubrir, por ejemplo, la observación atenta de los síntomas que activan acciones de prevención y solución de problemas basadas en respuestas; el uso precavido de la medicación; el saber cómo procurar confort ante el dolor o el sufrimiento físico y o emocional; también podemos identificar prácticas de cómo sostienen la esperanza sin dañar la relación de confianza; la fuerza de su autoridad en cómo animan y favorecen la actividad, el movimiento y el reposo en beneficio del paciente; dependiendo del contexto, sobre todo en atención primaria, su conocimiento profundo de la vida del paciente con observaciones muy precisas sobre problemas de dependencia, de soledad, de abandono o sobrecarga que le permiten movilizar acciones en relación a lo que necesitan las personas, a lo que para ellos es vida, a lo que les preocupa y también prácticas que enfocan lo bueno y correcto según la situación particular.8

 

Reflexionando sobre la complejidad del concepto y construcción del rol profesional

En relación a lo dicho hasta ahora, nos permitiría suponer que el rol profesional está bien identificado y clarificado en el espacio social de la atención de salud y que esta reflexión crítica no es necesaria. Sin embargo y a pesar de que el rol descrito es el promulgado desde los enfoques relacionales, culturales y éticos de las modernas teorías de cuidado de Watson, Parse o Benner, y a pesar de que nos atrevemos a decir que una gran mayoría de profesionales los suscribirían, a la enfermera, en la práctica, este rol ni le es reconocido ni le es otorgado por gestores, otros miembros del equipo e incluso por los propios profesionales.

Esta afirmación la sostenemos en la observación de la imagen social enraizada en las tareas que genera la actividad médica, entendidas éstas como acto técnico en base a un conocimiento derivado de las ciencias naturales, y por otro lado en las consecuencias legales y de consecución de objetivos del acto enfermero, sostenido en el cinismo de los objetivos institucionales. Esto nos lleva a plantearnos las siguientes preguntas: ¿qué sucede si una enfermera cuestiona lo prescrito por la medicina? y ¿qué sucede si la actividad enfermera no se realiza con cuidado?

Dando respuesta a la primera pregunta, si el cuestionamiento es producto de un juicio, la enfermera estaría actuando desde el cuidado, por lo menos en lo que se refiere a evitar un posible daño al paciente, además si la enfermera ha acertado en la decisión, las consecuencias para el paciente serían las deseables. En relación a la enfermera, las consecuencias desde el punto de vista de satisfacción interna, dependerán del efecto que produzcan en el paciente, pero también de cómo haya manejado la decisión con el médico. El abanico de posibilidades puede ir desde un agradecimiento, en el caso de que hubiera un claro fallo en lo prescrito, a una discusión, una queja, repercutir en la consecución de objetivos, o tener incluso consecuencias legales por negligencia.

Sobre la segunda pregunta, valga decir primero que las consecuencias del no cuidado pueden ir desde el disconfort hasta la muerte del paciente. La vivencia de vulnerabilidad y desamparo, se va estructurando una percepción tanto en el paciente como en la familia, que puede ir de la sumisión a la agresividad. En todo caso, paciente y familia comienzan a aprender lo difícil que es mantener la dignidad y el concepto de sí mismos como seres humanos, cuando el apoyo está tan alejado.9

La falta de valor del cuidado en aspectos centrales de curación y vida se manifiesta en prácticas no involucradas, sin compromiso hacia el paciente y familia.10 Un ejemplo de ello son los comentarios del estilo "yo no me puedo meter en cómo trata a los pacientes" para referirse a alguna compañera con falta de asunción del rol del cuidado, o "esto no es de mi incumbencia" para referirse a manifestaciones emocionales o problemas sociales. Son expresiones y lenguajes que hablan de dejación del rol profesional y que observamos con relativa frecuencia en la conversación habitual entre colegas, ¿a qué puede ser debido? Pensamos que se debe a la falta de valor que se le otorga al rol profesional cuando lo enfocamos en el proceso de cuidado-curación, teniendo en cuenta que la acción individual se construye en un espacio social.11,12 Partimos de que las estructuras sociales no son neutras y que según el modo en que se estructuran crean relaciones y maneras de hacer en particular que pueden reprimir o crear oportunidades de acción. El análisis conjunto de lo macro en cuanto a las instituciones, y de lo micro en cuanto a las relaciones interpersonales, es esencial si pretendemos entender las maneras en que el mundo de las prácticas se ve afectado, porque en relación a ello las enfermeras construirán y reconstruirán su rol profesional.

 

Una explicación y análisis crítico desde la teoría de la práctica de Bourdieu

La teoría de Bourdieu se alinea con lo que entendemos como una perspectiva crítica con la que buscó crear nuevos espacios para el diálogo mediante la comprensión de los conceptos habitus, campo y capital. Esta teoría nos ofrece algunas pautas importantes para comprender y superar dualismos: mentalismo/intelectualismo, objetivismo/subjetivismo, o estructuralismo/constructivismo. Comprender la lógica de la práctica supone desprenderse del mentalismo y del intelectualismo para adentrarse en un sentido de la práctica del que brotan las acciones como algo cotidiano, por una especie de coincidencia necesaria entre un habitus y un campo. La práctica es el lugar para la dialéctica entre lo objetivo y lo subjetivo, en palabras de Bourdieu "[...] la práctica es el lugar de la dialéctica del opus operatum y el modus operandi, de los productos objetivados y los productos incorporados de la práctica histórica".13

Bourdieu focaliza y vincula estos conceptos, y junto con el concepto de capital designa entre ellos un entramado de relaciones que permiten, según el autor, entender la lógica de la práctica de los agentes en cualquier esfera de la vida social. Bourdieu propone estos conceptos como una ecuación [(habitus)(capital)] + campo = práctica]12 que nosotras consideramos útil para entender esa red de relaciones. Trataremos a continuación de profundizar en cada uno de estos conceptos al objeto establecer y descifrar cómo ese entramado de relaciones construye y configura el rol profesional.

 

Sobre la producción del habitus

El habitus se define como un sistema de disposiciones mediante las cuales percibimos, juzgamos y actuamos en el mundo.11 Responde a las prácticas internalizadas en el grupo profesional, construidas y estructuradas sobre ideas y valores e interiorizadas por el agente (persona influenciada por su cultura particular, pero también por el contexto social más amplio en el que se desenvuelve), porque se ha educado en ellas como esquemas de percepción y evaluación que condicionan sus elecciones.

Así el habitus es productor y producto de la estructura que lo genera. La aportación diferencial de esta propuesta es que el habitus no representa una estructura inmutable sino que está siendo continuamente estructurado por los patrones de las fuerzas sociales del momento histórico presente. Las prácticas así entendidas, no tienen reglas conscientes sino principios prácticos, esquemas incorporados que permiten a los prácticos (agentes) responder a las situaciones, no como acto mecánico, sino como un sentido del juego.12 El habitus se constituye así en competencias prácticas.13

El habitus se va incorporando, en relación a cómo ser enfermera, en cada pequeño detalle, verbal o no verbal, los gestos, la manera de mirar o tocar, la manera de responder o interpelar. Son detalles que en apariencia pueden parecer anodinos pero que se asumen como valores hechos cuerpo de manera insensible sin que pase por la conciencia. Este efecto de los condicionamientos primarios explica cómo se van construyendo y estructurando el rol profesional que se manifiestan de manera natural como el sentido del juego citado, pero también los casos en que las disposiciones de las enfermeras funcionan a contratiempo y en los que las prácticas están inadaptadas a las condiciones presentes, porque están objetivamente adaptadas a condiciones caducas que sobre esa base se ha generado.12

En todo caso el habitus incorporado, involucra entender su relación con los otros dos componentes de la ecuación: el capital con que contamos y el campo en el que como profesionales, entramos en el juego.

 

Sobre el capital profesional

Este concepto lo utiliza Bourdieu para designar los recursos y bienes de toda naturaleza que sirven y utilizan los individuos y los grupos,13 por tanto cuando se habla de capital, no es una cuestión económica, sino que supone un capital cultural, social y simbólico.14 En relación a la práctica, el valor del capital es importante porque su distribución inequitativa define la posición relativa que cada agente (profesional) va a ocupar en un determinado campo, lo que se cree posible o imposible para nosotros y también lo que uno tiene de antemano asignado.13

En esta distribución del capital en juego, el capital simbólico nos parece de especial interés, para comprender aspectos relevantes del rol profesional, ya que éste se constituye en poder, un poder invisible que es reconocido como legítimo y presupone cierta complicidad por parte de los que están sometidos a él. Desde esta sumisión, el poder simbólico no emplea la violencia física, sino la violencia simbólica, que genera una adhesión inmediata en la creencia tácita al orden biomédico, promoviendo la sumisión al mismo y perpetuando la asimetría entre profesiones, aunque se mantenga el orden aparente de las cosas. Desde esta creencia, se establece la diferenciación arbitraria entre curar y cuidar, entre intervenciones propias que apenas se saben nombrar y otras derivadas, o la adhesión a nomenclaturas como categorías diagnósticas y de intervenciones, con el mismo diseño que las categorías médicas.

Re-pensar el rol construido, es una revolución simbólica porque es poner en cuestión los fundamentos de producción y reproducción del capital que están en juego, incluido el capital simbólico. Nosotras entendemos que dar valor a nuestro capital es una revolución radical de los instrumentos de conocimiento y de las categorías de percepción. Porque se trata de tomar conciencia del valor intrínseco que nuestra profesión posee, como es el conocimiento práctico relacional y que puede ponerse en juego en beneficio de la atención de la persona y su familia, así como puede ser el motor de cambio hacia nuevas perspectivas de trabajo dirigidas hacia la co-responsabilidad compartida con las otras profesiones que conforman los equipos de salud.

El saber cultural que las enfermeras tienen sobre las formas en las que las personas viven sus vidas cotidianas, las experiencias de la enfermedad y las diferentes maneras que las personas tienen de responder a ellas, crea perspectivas de atención centradas en sus necesidades dependiendo de su situación y del contexto, promoviendo un acercamiento humano hacia la curación o la muerte digna.

 

El campo de relación, un espacio compartido

Campo significa pensar en términos de relaciones: "lo real es relacional, lo que existe en el mundo son relaciones".15 Pensar en un campo es por lo tanto pensar en un mundo de relaciones, de intereses compartidos entre los agentes o instituciones comprometidos en él. Siguiendo con la idea del juego, las enfermeras (y cualquier miembro del equipo), como agentes, se ponen en juego en el campo mediante su red de relaciones, de significados y fuerzas.16

Atendiendo a estas ideas entendemos que comprender y repensar el rol profesional es también descifrar estas relaciones. La posición que cada profesional ocupa en el campo y los diferentes intereses, son por sí mismos generadores de poder, aunque el propio campo es generador de poder en si mismo como ocurre en servicios como urgencias o las unidades de cuidados intensivos. En la posición que los agentes ocupan en este espacio complejo, se puede comprender la lógica de sus prácticas y determinar cómo clasificarán y se clasificarán dentro del mismo.16

Los agentes sociales, en nuestro caso todos los profesionales del equipo de salud, son el producto de la historia del campo social, como espacio de relación, y de la experiencia acumulada en el curso de su trayectoria particular en su subcampo. El campo como espacio de disputa de fuerzas para conservar o para transformar el capital de los diferentes profesionales, está en cambio permanente, es algo dinámico y cambiante.15

 

Comprometiéndonos en la reflexión Rol profesional-práctica. ¿Qué podemos aprender desde Bourdieu?

Como hemos señalado, Bourdieu utiliza sus conceptos principales, habitus, campo y capital, para analizar diferentes tipos de relaciones sociales: estructuras sociales, procesos de influencia, relaciones intergrupos. Proponemos utilizar estos conceptos para tomar conciencia, reflexionar críticamente sobre la red de relaciones que generan y el tipo de prácticas que construyen y que configuran el rol profesional actual.

Entendemos la propuesta de Bourdieu, como un desafío y una oportunidad para lograr transformaciones en la práctica. Reconocer que nuestras prácticas se forman y nos transforman, constituyendo el rol profesional. Esto significa tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad en atender a las personas con compromiso. Nuestras prácticas son acciones centradas en las necesidades sentidas por las personas e incorporadas a la misma mediante el capital del cual disponemos y al que tenemos que dar valor. Será a través de la reflexividad y la consciencia, que nos demos cuenta qué es lo que nos sitúa en posiciones de dominados o dominadores, porque desde ninguna de ellas podemos ejercer el rol profesional que nos identifica como una profesión de ayuda. Vivir la profesión desde la dominación de los otros es el riesgo que debemos evitar y a la vez es el mayor de nuestros retos. La lucha por la definición legítima es una lucha simbólica y lo que está en juego es el rol legítimo. Aquí es donde entendemos que nos podemos perder, asumiendo lenguajes y modos de acción que encajan en las estructuras de los dominantes, por ejemplo el modelo biomédico o las llamadas acciones delegadas.

Las revoluciones simbólicas que cambian las mentes, son tan posibles como las revoluciones que cambian las estructuras sociales. En nuestra profesión, es hoy una cuestión prioritaria asumir la madurez de lo que ya somos y que Watson defiende como rol profesional enfermero enfocado al cuidado-curación de la vida.17,18

 

Para concluir

La perspectiva analítica crítica nos ofrece la posibilidad de entender las condiciones que contribuyen a conformar el rol profesional. Hemos utilizado la teoría de la práctica de Bourdieu para entender la naturaleza de las interacciones profesionales diarias y para hacer visible los diferentes aspectos que confluyen en las prácticas profesionales.19 Esta perspectiva incluye el reconocimiento de la cultura, de las tradiciones en un determinado campo, las relaciones de poder presentes en las relaciones de género y las formas en como son experimentadas y van configurando los distintos roles profesionales en el ancho campo de la atención de la salud, y también las diferencias inherentes a los subcampos (UCI, urgencias, atención primaria, etc.).

El autor nos proporciona un punto de partida para explorar, comprender y mirar de manera diferente la identidad profesional. Entender y utilizar los conceptos de habitus, capital y campo, puede aumentar nuestra comprensión de las condiciones culturales, institucionales y de experiencias cotidianas individuales que conforman el rol profesional.

Defendemos el rol de co-responsabilidad con las otras profesiones en la atención a las personas y asumimos que las enfermeras, como cualquier otro profesional, cuando tiene experiencia en un campo, poseen capital interno definido como simbólico, que le capacita y le da autoridad. Este bien interno proporciona recursos en forma de capital incorporado para transformar la práctica y tener "oficio" en el cuidado de las personas y su mundo.

Detenerse en el sentido práctico, es lo que nos permite actuar "como es debido", entendido como sabiduría práctica. Este no implica un seguimiento fiel de una norma ya que aunque no es sencillo en su comprensión, forma parte de los procesos socio-culturales y en cuanto nos detenemos a analizar las prácticas a través de sus recorridos, encontramos la verdadera realidad.

 

Bibliografía

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Dirección para correspondencia:
María Fca. Jiménez Herrera.
Avda. Catalunya, 35.
43002 Tarragona, España
maria.jimenez@urv.cat

Manuscrito recibido el 24.6.2010
Manuscrito aceptado el 4.9.2010

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