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Index de Enfermería

versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.20 no.1-2 Granada ene.-jun. 2011

http://dx.doi.org/10.4321/S1132-12962011000100027 

MISCELÁNEA

DIARIO DE CAMPO

 

11M: tarde dramática en Lorca

11M: Lorca dramatic afternoon

 

 

Ma Ángeles Navarro Perán

Enfermera. Facultad de Enfermería. Universidad de Murcia, España.
mangelesnavarroperan427@gmail.com

 

 

A una semana de producirse el terremoto del 11 de mayo en Lorca (Murcia, España), una enfermera participante en las labores de rescate y asistencia comparte su experiencia como profesional y como vecina de la localidad

 

Son tantas cosas las que me llegan a la mente a la hora de comenzar este relato, con el que solo pretendo narrar mi experiencia como lorquina y enfermera ante esta horrible pesadilla de la que creo todos los lorquinos tardaremos años en recuperarnos. La tarde del miércoles 11 de mayo todo transcurría con normalidad, hacía bastante calor, quién diría que la tarde se presentaría tan dramática. Todo comenzó en torno a las cuatro de la tarde, el primer temblor desató el pánico en la ciudad, la gente comenzó a salir de sus casas, se agolpaba en las calles y en los parques, donde pudieran sentirse seguros. El miedo a un nuevo temblor no se hizo esperar y se produjo la segunda sacudida, fue devastadora, destruyó lo poco que quedaba en pie, iglesias, edificios completos cayeron como si fueran de papel, el suelo hizo el movimiento del oleaje del mar, era como una pesadilla.

Por motivos de formación me encontraba en Murcia capital, trayecto de 60 kilómetros que me resultó interminable. A mi llegada a Lorca el caos era visible a la entrada de la ciudad, no funcionaban los teléfonos, una de las antenas de comunicación se había venido abajo, ni siquiera sabía cómo se encontraban mis padres. Tras comprobar que mi familia se encontraba bien y que nuestra casa no había sufrido daños importantes, intenté llegar al Hospital Rafael Méndez, donde trabajo desde hace cinco años. Pero era imposible, había una multitud de coches que abandonaban la cuidad y colapsaban todo, solo pude llegar a uno de los hospitales de campaña instalados en el barrio de San Diego, donde allí intente ayudar, la situación era caótica. El resto de la tarde y noche fueron muy duros. Los helicópteros sobrevolaban la ciudad hasta altas horas de la madrugada y las sirenas no cesaban, evacuándose el hospital principal de la ciudad.

Al día siguiente, desde muy temprano, mi labor como voluntaria la pude desarrollar en la ambulancia. En el 061 me encargaron recorrer el barrio de la Viña, uno de los más afectados de la ciudad, junto a Ramón, un conductor de la empresa de Ambulancias de Lorca al que conozco desde hace años. La imagen que tengo de esas calles jamás la podré olvidar. Aún hoy cuando paso siento como un nudo en el estómago. Todo estaba lleno de escombros, la mayoría de las calles eran impracticables, solo se oían sirenas y todo estaba controlado por policías y militares. Y la poca gente que pudimos ver por las calles iban como perdidos, con ropa en bolsas, era horrible el dolor que había en el ambiente. Por la tarde mi labor como enfermera la desarrollé en el hospital de campaña instalado en el barrio de la Viña. Una tienda de campaña en un campamento en construcción al cual llegaban una multitud de personas desoladas por haber perdido su casa y sus ilusiones apenas en cinco minutos. Las crisis de ansiedad eran la consulta mayoritaria y la comprensión y el consuelo fueron nuestra mejor herramienta, fundamental en esa situación tan horrible. Todos vemos en las noticias lo que les ocurre a los demás, pero pensamos que nunca nos va a ocurrir a nosotros. Llegué casi a la una de la madrugada a casa, verdaderamente estaba agotada, ya eran casi dos días sin dormir y la presión psicológica, ahora me doy cuenta al escribir este relato, fue sobrehumana.

El viernes lo recuerdo como un día que pasó rápidamente, estuve en el funeral por las víctimas y las imágenes de desconsuelo jamás las podré olvidar. Había un gran dolor e impotencia entre las familias afectadas.

Algo que recuerdo con una gran dureza son las noches del sábado y el domingo. Me asignaron en el hospital de campaña del barrio de la Viña, veinte horas donde hacía bastante frío, viento, e incluso llovió y se notaban claramente numerosas réplicas. Era muy doloroso ver a casi trescientas personas (niños, mujeres y ancianos) bajo esas tiendas de campaña militares, rodeados de polvo, porque estaba situado en un descampado a las afueras del barrio. Y algo que no olvidaré nunca y que todos agradecemos siempre fue el apoyo y el trabajo tan profesional de la Unidad de Emergencias Militar. Son personas extraordinarias, y junto a la Cruz Roja hicieron una labor extraordinaria por Lorca a cambio de poco, son admirables por su humanidad y sus valores.

Actualmente, una semana después de este terrible acontecimiento que ha conmovido a miles de personas en toda España y en el mundo entero, me doy cuenta que a veces nos aferramos a cosas materiales que en segundos se vienen abajo. Mi mayor deseo es volver a la normalidad, aunque jamás podré olvidar lo sucedido, esto hace sin duda cuestionarme valores tan básicos que diariamente pasaban desapercibidos, pero algo que sí puedo afirmar tras la vivencia de toda esta semana, es que ya Lorca no será la misma. Yo no soy la misma.

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