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Index de Enfermería

versión On-line ISSN 1699-5988versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.22 no.1-2 Granada ene./jun. 2013

http://dx.doi.org/10.4321/S1132-12962013000100021 

MISCELÁNEA

LA BÚSQUEDA

 

Cuidado de la salud en comunidades rurales colombianas. Entrevista a Celmira Laza Vásquez

Health care in Colombian rural communities. Celmira Laza Vásquez interview

 

 

Gloria Marlen Aldana de Becerra1

1Centro de Investigación y Desarrollo - CID, Fundación Universitaria del Área Andina, Bogotá, Colombia

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

La presente entrevista tuvo como finalidad dar cuenta de la experiencia de la investigadora Celmira Laza Vásquez, en una región de conflicto social y armado en Colombia, y dilucidar el tema del cuidado de la salud en población campesina, por parte de cuidadores tradicionales, desde su saber cultural, lo cual ha contribuido a mantener un movimiento de resistencia pacífica, por parte de este colectivo.

Palabras clave: Trabajo comunitario, Cuidados tradicionales, Saberes culturales, Resistencia pacífica.


ABSTRACT

This interview had as its object, counting the experience of the researcher Celmira Laza Vásquez, in a geographic region living the socially and armed conflict in Colombia and discuss the topic of health care in peasant people by the traditional caregivers, from their cultural knowledgement, all of what has contributed to mantain a social movement of pacific resistance experienced in the political field.

Key words: Community work, Traditional care, Cultural knowledge, Peaceful resistance.


 

Introducción

La profesora Celmira Laza Vásquez cuenta con amplia experiencia en docencia universitaria. Ha desarrollado proyectos de investigación social, de salud colectiva y de prácticas de cuidados culturales de la salud en población rural colombiana. Los diferentes premios que le han sido otorgados, como el Accesit primero del III Premio de Investigación "Elena Escanero Gella", 2010, dan cuenta de su compromiso con la investigación sobre el cuidado de la salud en sistemas no médicos. Desde teorías como la competencia cultural, la profesora Laza plantea la necesidad de rescatar la coherencia entre las intervenciones de Enfermería y los sistemas de valores de las comunidades, así como la importancia de reconocer el contexto cultural que rodea al sujeto de cuidado y los saberes culturales sobre el cuidado de la salud.

Pregunta.- ¿Cómo surge en Ud. el interés por visibilizar el cuidado de la salud en comunidades rurales colombianas, especialmente donde hay mayor presencia del conflicto social y armado?

Respuesta.- Primero me acerqué a conocer lo que pasaba, que es algo que se desconoce en las ciudades colombianas, específicamente en Bogotá. ¿Qué pasa en la ruralidad Colombiana? Porque es importante conocer cómo en Colombia, que es un país que ha intentando una aparente industrialización siendo de un origen rural como la mayoría de países del cono sur, se presenta la problemática del conflicto social y armado y por otra parte, por solicitud expresa de la Asociación Campesina del Valle del rio Cimitarra (ACVC) de querer recuperar la memoria colectiva de la forma cómo ellos cuidan su salud, desde sus saberes propios campesinos, diferentes a los saberes indígenas, pues en esta zona no hay comunidades indígenas.

Mi interés fue recopilar y sistematizar la memoria de estos saberes generados en el contexto de los grandes problemas causados por el conflicto social y armado como el desplazamiento forzado. En esta recopilación se han trabajado temas como la muerte por vejez, la medicina tradicional campesina que se transmite oralmente en esta región, la influencia del saber y las costumbres citadinas en la región, por los cambios que se vienen dando en los diferentes ámbitos de la sociedad y por el poco interés de la juventud por continuar las tradiciones no solo en el cuidado de la salud sino de otras tradiciones campesinas.

Otro aspecto, es que últimamente se ha dirigido la mirada al campo, a retomar el saber campesino. Se ha volcado la mirada a los paradigmas alternativos, como la medicina tradicional campesina. Hay un movimiento en busca de alternativas frente a las limitaciones del paradigma biomédico acerca del cuidado de la salud, no solo por sus limitaciones desde lo científico, sino también desde lo administrativo y por las dificultades de los sistemas de salud para atender a todos los colectivos. Eduardo Menéndez, antropólogo mexicano, ha criticado fuertemente el sistema biomédico de atención a la salud, por la escisión que hace este sistema de las relaciones y causas sociales y culturales conexas al proceso salud/enfermedad. El sistema biomédico se centra en la enfermedad y no en el control ni en la prevención.

Es importante tener en cuenta que la población del Valle del Rio Cimitarra es heterogénea. Como pueblo se erige en los años 50s y 60s, a partir de los desplazamientos forzados producidos por la violencia política. A pesar del abandono estatal, de lo alejados que están de las cabeceras municipales han sobrevivido sin la presencia del estado, en cuanto a políticas sociales, inversión, sistemas sanitarios, entre otros.

Es válido retomar y sistematizar estos saberes porque hacen parte de las manifestaciones de sobrevivencia de este pueblo. Ellos tienen una propuesta muy digna, una propuesta de resistencia pacífica, donde el sistema tradicional de salud campesina ha sido imprescindible para sobrevivir. Es un tributo de estas personas, no solo a los agentes tradicionales de salud, sino a un pueblo que ha sobrevivido, que es un ejemplo de vida, es un ejemplo de dignidad. Lo que se vive en este lugar se vive en muchas partes de Colombia, a pesar de que no se conozca mucho, hay muchas zonas catalogadas como "zonas rojas" [El concepto de Zona Roja, en Colombia, hace referencia a lugares de mayor presencia del conflicto social y armado], donde se vive en resistencia pacífica.

P.- ¿Es asequible para los investigadores académicos el conocimiento campesino tradicional del cuidado de la salud? ¿Qué tanta prevención tienen estas comunidades frente a los investigadores?

R.- Es complejo en cuanto a la logística. Son comunidades que han vivido en el rigor del conflicto social y armado y su experiencia de vida los obliga a ser desconfiados, de lo contrario no sobreviven. En estas comunidades no hay luz, no hay agua, hay mosquitos, casi todos los que hemos estado allá hemos sufrido de paludismo o malaria; en fin, hay muchos riesgos.

Es imprescindible que un agente de la comunidad acompañe al investigador a la hora de acceder al territorio, además porque el acceso físico es muy difícil, entre otras cosas por el mal estado de las carreteras. En estas zonas incursionan casi todos los grupos armados irregulares que existen en Colombia: de izquierda, de derecha y regulares como el ejército nacional, porque no se puede pasar por alto el caso de las ejecuciones extrajudiciales, los mal llamados falsos positivos [denominación que se le dio a los incidentes que involucraron a miembros del ejército con el asesinato de civiles inocentes para hacerlos pasar como guerrilleros muertos en combate]. El Valle del Río Cimitarra junto con la zona del Catatumbo han sido unas de las zonas más golpeadas por la violencia, por eso siempre hay riesgo.

También existe el problema de la credibilidad, es algo complicado. Pero la credibilidad se gana con el tiempo, con la constancia. Hay que tener muy claro el objetivo de la investigación, no prometer nada más allá de los límites. Mi experiencia particular en esta región con los campesinos es que se ha logrado una apertura muy importante en los procesos investigativos. Ellos hablan tranquilamente, a diferencia de las personas de las ciudades que han estado en situación de desplazamiento, que han sido sondeadas, manoseadas por investigadores sin resultados visibles para las comunidades. Algo que me sorprende es que les encanta hablar de sus saberes sobre el cuidado de la salud.

Uno de los grandes problemas de la juventud es que como hay tanta influencia de las costumbres de las ciudades, a los jóvenes ya no les interesan estas tradiciones. Entonces son los cuidadores y curanderos mismos los encargados de transmitir esa información. Algo interesante es que les ha costado aceptar el Consentimiento Informado, para ellos es más fácil dejar su huella digital o manejar un Consentimiento Informado verbal, que se grabe; porque hay desconfianza para firmar documentos.

P.- ¿Cómo perciben en esa comunidad a los investigadores académicos?

R.- Ellos saben lo que se busca con la investigación, así como la retribución que nosotros podemos darles. Pero no tienen tan claro lo que es la investigación como proceso, quizás los líderes sí, que han recibido un poco más de formación política. Aunque el campesinado en esa región tiene una formación política que no te puedes imaginar. Saben que el hecho de que diferentes medios socialicen lo que pasa en su región es ganancia, es algo beneficioso para ellos, para su proceso de resistencia pacífica. Sin embargo, uno no se puede aprovechar de eso, no se puede jugar con eso.

P.- ¿Qué significado atribuye esa comunidad a los conceptos de salud y enfermedad? ¿Hay diferencia de género en la forma como se expresan y se viven estos procesos?

R.- Los significados que se le atribuyen a la salud van más allá de un problema biológico, orgánico. La salud se relaciona con equilibrio, con bienestar, es lo opuesto o a no sentirse bien. Ese equilibrio está relacionado con el equilibrio colectivo, la salud es una construcción colectiva, es equilibrio con la naturaleza, básicamente se relaciona con bienestar.

De acuerdo con la literatura, la enfermedad es fácil de definir porque se siente, se ha vivido. Sin embargo la salud no es fácil de conceptualizar, de categorizar. En esta comunidad, que ha estado tan asediada por la guerra, es muy difícil definir algo cuando no se ha tenido plenamente. Igual pasa con el bienestar, ya que éste no es solamente físico sino emocional, psicológico, está más allá del cuerpo. Hombres y mujeres no perciben igual el tema de la salud. Pero más allá de eso, tampoco lo perciben igual los niños, los adolescentes, los viejos, ni las madres, por el afecto que tienen a sus hijos. Ellos esperan para sus hijos unas posibilidades de salud diferentes a lo que han vivido, a lo que les ha tocado vivir, desean que sus hijos vivan en forma diferente.

En el caso del Valle del Río Cimitarra hay varios elementos que permean los conceptos de salud y enfermedad. Uno es la guerra: el conflicto social y armado, donde se evidencian alteraciones de la salud mental, por los constantes problemas durante tantos años. Es muy triste que cuando tú le preguntas a un niño de ocho años ¿para ti qué es la enfermedad? él te responda: la enfermedad es un helicóptero, porque los helicópteros traen soldados y los soldados traen muerte; o a un adolescente que te dice que la enfermedad para él es saber que hay tantos secuestrados, porque alguno de ellos es un amigo o un familiar suyo. También es triste que un adulto mayor te diga que estar enfermo es no poder trabajar "porque ya no me valoran porque físicamente ya no rindo como antes", o una madre o un padre con hijos menores de cinco años que te dice que estar enfermo es no poder salir a trabajar porque la guerra se lo impide.

Otro elemento es la manera como entienden el equilibrio con la naturaleza. La naturaleza les brinda lo necesario para vivir: el agua, el campo, la comida. Pero, por el hecho de estar en un medio selvático hay enfermedades como el paludismo y el dengue. Todas estas cosas se conjugan alrededor del tema salud - enfermedad.

P.- ¿Quienes ejercen el cuidado de la salud en esta comunidad?

R.- El cuidado de la salud lo ejercen los agentes tradicionales que se pueden clasificar en dos rangos: los que atienden la enfermedad que son los curanderos, hueseros y rezeros, y los cuidadores. Se combinan prácticas, por ejemplo un huesero cuando compone el hueso también reza porque es parte del tratamiento pero hay quienes se especializan más en una cosa que en otra. Más allá de definirse por lo que hacen, tienen en cuenta que cada alteración de salud requiere todo un itinerario en la curación.

Por ejemplo, algo que es muy común en la región es la curación de la mordedura o picadura de culebra [accidente ofídico o mordedura de serpiente venenosa], porque es una región selvática. Para curar la picadura de culebra utilizan plantas, que son de conocimiento de los yerbateros; también se reza porque la palabra cura, es parte del poder que Dios le dio a la gente, entonces se combinan varias prácticas. Hay otro caso y es el de la partera, que no es curandera, porque el embarazo no se asume como enfermedad. El embarazo no se considera enfermedad sino parte de la vida, entonces la partera no cura sino que cuida la vida, contribuye a que la vida florezca en las mejores condiciones.

P.- ¿Cómo se forman los cuidadores?

R.- La formación en el caso de los agentes tradicionales, de los que curan la enfermedad, se adquiere a través del llamado divino. Ellos sienten que tienen algún tipo de poder que se les ha otorgado para ejercer su actividad, más que poder, sienten que son instrumentos de la fuerza divina, este es un colectivo católico. Se aprende de otro agente que te enseña, de quien tu puedes aprender, pero si no eres elegido, eso es en vano, no va a servir. Por eso esa enseñanza no se paga o se paga con algún servicio. Por ejemplo tú vives con la persona que te enseña, tú le trabajas gratis y en ese proceso se establece alguna relación de amistad o muchas veces la enseñanza se hace de madre a hija, de abuela a nieta, es un intercambio de saberes entre agentes.

En cuanto a las parteras también se da un intercambio de saberes, una partera habla con otra y se intercambian conocimientos. Las parteras no surgen por llamado divino. Se forman por necesidad de ayudar a otras mujeres a dar a luz, muchas mujeres aprenden porque les tocó ayudar a parir a su hija. Otras aprendieron viendo partear a otras, eso se aprende en la familia o con otras parteras, pero no implica que la partera tenga que convivir con la parturienta. Para partear es imprescindible haber parido, porque gran parte de su aprendizaje se hace desde el conocimiento de su propio parto. Muchas parteras manifiestan que les gustaría estudiar Medicina o Enfermería.

P.- Cuando se inician como curanderos ¿tienen acompañamiento de otro curandero?

R.- Inicialmente sí, sobre todo los hombres tienen acompañamiento. Este es otro punto, los que curan son hombres en su mayoría. Allí se evidencia una forma de división social del trabajo, el hombre cura y la mujer cuida, esto coincide un poco con los orígenes de la Enfermería. También se asume que partear es mucho más fácil que curar, pues curar implica muchos más elementos, pues abarca más alteraciones de la salud.

P.- ¿Están identificadas las enfermedades endémicas en esa región?

R.- No se conocen todas, pero se relacionan con las características de la región, se ven alteraciones propias del medio selvático, como enfermedades tropicales, algunas alteraciones o problemas musculares, de huesos, fracturas. Algo que se presenta en casi todas las regiones campesinas son las enfermedades de filiación cultural, que son alteraciones que se explican solo en el propio contexto, son las famosas ojeadas, el frío de los muertos o la descuajadura.

Idoyaga Molina, una argentina que ha investigado estas prácticas tradicionales campesinas, dice que es algo que cuesta mucho entender, especialmente a las personas con formación en salud. En los contextos campesinos las alteraciones de salud, las prácticas y los agentes tradicionales no pueden tener una clasificación como la que se maneja en el sistema biomédico. Los sistemas médicos tienen dos partes: una, la epistemológica que es como se concibe todo el saber y el conocimiento, hablando del concepto de vida, y otra, las prácticas donde se establece la relación sanador-sanado. En los sistemas tradicionales campesinos, estos dos aspectos están muy relacionados y se entienden en forma diferente a como se entienden en el sistema biomédico.

P.- ¿En el cuidado de la salud de las personas de esta región se mezclan prácticas de la medicina biomédica con prácticas de la medicina tradicional campesina?

R.- Sí, hay que reconocer que la medicina tradicional campesina tiene limitantes, por ejemplo en el caso de algunas parteras la Cruz Roja les ha impartido cursos cortos; cuando hay temporada de paludismo la promotora de salud reparte tratamiento y hace educación sanitaria. Muchas veces las parteras mezclan sus prácticas con prácticas biomédicas, por ejemplo, el alcohol se usa como antiséptico y como antibacterial; se lavan las manos con alcohol, el alcohol es considerado una sustancia caliente. Una cosa que está compitiendo con el alcohol y es el isodine, que se le aplica a todo. Para ellos el embarazo y el parto es un problema de desequilibrio. En el parto salen muchos líquidos calientes: salen la placenta, el niño, sangre, que son calientes, entonces la mujer queda fría. Ese concepto rige todo el proceso de cuidado. Si se tienen algunas cosas a la mano que ayuden a contrarrestar ese frío, así sea cebolla, limón, agua caliente, panela, se utilizan. Cuando hay heridas de bala o de machete se aplican dosis de algún antibiótico o de vacuna antitetánica. Cuando el parto es muy demorado se aplica esta vacuna para evitar infecciones.

Así que los discursos biomédicos se van mezclando con las prácticas campesinas, lo que indica que no hay prácticas puras.

P.- ¿Qué es lo más valioso de conocer en el cuidado de la salud desde la medicina tradicional campesina?

R.- Lo valioso se puede mirar de dos formas. Una, que ese es un conocimiento más, y otra, que es parte del patrimonio no material de Colombia, de una Colombia multicultural, rica en conocimiento indígena y campesino. Eso es parte de lo que somos, de nuestros orígenes que no se pueden negar. En Colombia desafortunadamente muchas veces se ha querido negar ese conocimiento, se ha querido hacer invisible y hasta ridiculizar.

En el caso de comunidades como ésta que han vivido el conflicto armado, que han sido abandonadas por el Estado y siguen abandonadas, que apenas saben leer y escribir pero que han resistido lo imposible de imaginar, desde paludismo hasta bloqueos económicos, que han vivido en una resistencia pacífica, con una dignidad increíble, estos saberes les han ayudado a sobrevivir. La gente comparte cómo se hace el caldo de mico para curar el paludismo, cómo se reza un picado de culebra. Estos conocimientos han ayudado a sobrevivir a la población, así no sean científicos tienen un valor grandísimo. Por ejemplo, la partera puede que no sepa leer ni escribir y que algunas de sus prácticas no sean adecuadas, pero la mayoría de los niños sobreviven y nacen en un cariño y amor increíble.

P.- ¿Esta comunidad tiene acceso al sistema de salud colombiano?

R.- No, porque el abandono estatal es muy grande.

P.- ¿Qué implica para el conocimiento campesino tradicional del cuidado de la salud, la difusión de estas investigaciones en congresos y en otros medios científicos? ¿Qué tipo de riesgos pueden presentarse?

R.- Por un lado se contribuye a visibilizar más la situación de la región. Ellos ya tienen otros mecanismos para visibilizarse, pero ahora es hacerlo en un medio al que ellos no tenían acceso como es el académico. El movimiento todavía no ha tomado mucha fuerza en la academia, aunque hay varias personas investigando, está el profesor Daniel Eslava, la profesora María Nubia Romero que ya han trabajado estos temas. Algunos antropólogos se han enfocado más en comunidades indígenas que en campesinas, pero creo que se debe mantener el ritmo investigativo para seguir aportando a la comprensión de este tema.

Puede pensarse en un diálogo entre lo profesional y lo no profesional, más allá de lo intercultural. Es pensar ese diálogo para que la mirada del otro esté presente. Desde la Enfermería se está mirando, por ejemplo, cómo la voz de la mujer que va a tener a su hijo en un hospital tenga presencia y poder. Se ha demostrado en estudios que la posibilidad de que la mujer tenga acompañamiento y apoyo familiar durante la atención de su parto influye notablemente en el curso del mismo.

Es utópico pensar en evitar los choques entre el saber del campesino, que tiene un sistema de creencias, que nació en él, que ha vivido en él, y el saber del profesional de la salud. Esos choques se pueden abordar desde la mirada de Madeleine Leininger, con la postura de la competencia cultural, donde el primer paso es el conocimiento, con lo cual se lograría que la atención sea mejor, por ejemplo, que el cuidado de enfermería sea más beneficioso y efectivo. Pero esto solo se puede lograr si hay un diálogo que permita el intercambio y el acercamiento.

P.- ¿La difusión de la investigación puede poner en riesgo un conocimiento que por lo general es de transmisión oral?

R.- La investigación no es sólo mostrar. Hay un interés, qué voy a hacer con el conocimiento obtenido, cuál es mi interés sobre esto, hay que mirar cómo se usa, cómo se maneja y para qué quiero la información, cómo voy a utilizar la información ¿para construir o para destruir? La riqueza se puede perder si el conocimiento no se logra mantener en forma oral; ese conocimiento se puede sistematizar, pero su protección depende de cómo se utilice la información, de cómo se maneje, de cómo se divulgue o se socialice. Si se hace un acuerdo de respeto con los participantes ese conocimiento se preserva.

P.- ¿Es posible que el conocimiento campesino tradicional sobre el cuidado de la salud llegue a retroalimentar los currículos de los programas académicos de salud en Colombia?

R.- Mientras la política pública, los sistemas sanitarios y los sistemas de salud actual no logren abrirse a mirar al otro, los currículos tampoco lo harán. Específicamente, en Enfermería y en otras áreas de la salud los choques epistemológicos y los intereses políticos son muy fuertes.

 

 

Dirección para correspondencia:
Carrera 2 No 16A - 38 T-2-802.
Bogotá. Colombia.
galdana@areandina.edu.co

Manuscrito recibido el 31.8.2012
Manuscrito aceptado el 13.12.2012

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