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Index de Enfermería

On-line version ISSN 1699-5988Print version ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.23 n.1-2 Granada Jan./Jun. 2014

http://dx.doi.org/10.4321/S1132-12962014000100002 

ARTÍCULOS ESPECIALES

EDITORIAL

 

Enfermeras y Sociedad, ¿son pensables las alianzas?

 

 

Manuel Amezcua

Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad de Granada. Fundación Index. Granada, España

Dirección para correspondencia

 

 

En su última reunión anual, la Asociación Nacional de Directivos de Enfermería propuso un debate sobre "Enfermeras y Sociedad. Necesidades y respuestas para una alianza social-profesional".1 Se trata de un tema sin duda sugerente, en unos tiempos en que todos los grupos humanos andan preocupados por la manera en que son socialmente reconocidos. En el caso de la profesión enfermera, la cuestión de la identidad y del reconocimiento constituye una de las obsesiones corporativas de nuestro tiempo, a tal punto que no habrá foro profesional donde no se realicen preguntas sobre cómo nos ven y cómo nos gustaría ser reconocidas las enfermeras por parte de la ciudadanía.2

Paradójicamente, la Enfermería es una de las profesiones más altamente socializadas, pues se da en todas las sociedades y territorios. ¿Nos hemos parado a pensar que habrá muy pocas personas en el mundo que no identifiquen la figura de la enfermera? Aunque esto tiene un precio: asumir irremediablemente la diversidad de estereotipos que la sociedad es capaz de construir en torno a lo que considera importante. Lo que significa que todo lo que sea pensable en una enfermera, va a ser reproducido de una manera u otra y con independencia de que se corresponda con la realidad observable (enfermeras consagradas, enfermeras conflictivas, enfermeras superdotadas, enfermeras despiadadas, enfermeras pornográficas, etc.).

A tenor de las evidencias que aparecen en los medios de comunicación,3 parece cierto que los ciudadanos no se aclaran con las funciones que desempeñan las enfermeras. Pero lo dramático es que tampoco nos aclaramos las enfermeras, que no somos capaces de concretar nuestra oferta de servicio a la ciudadanía, o al menos no sabemos comunicarla de una manera efectiva. La gente tiene dificultad para verbalizar los beneficios que recibe de la atención enfermera, posiblemente porque, como afirma Waldow, el cuidado es mostrado generalmente a través de gestos, posturas, miradas y contacto.4 Pero a la vez, la gente sabe reconocer cuando los profesionales son atentos, afectivos, sensibles e interesados, y lo muestran desarrollando sentimientos de confianza, confort, seguridad, motivación para la recuperación y relajación.4 Esto explica que aún sin tener muy claro qué es lo que hacen, sean las enfermeras los profesionales sanitarios que mayores cotas de satisfacción generan en los ciudadanos.5

¿Es posible establecer alianzas con un sector invisible?Es bien conocido que existe una disonancia entre teoría y práctica de los cuidados. Los modos de pensamiento enfermeros y sus bagajes metodológicos apenas dejan rastro en la práctica profesional. Se ha acuñado el término "cuidado invisible" para designar el cuidado que prestan las enfermeras.6,7 Los cuidados "humanizados" son los más valorados por los pacientes, pero raramente aparecen en los registros de enfermería. Los escritos enfermeros están dominados por expresiones que remiten al cuerpo, más que a la persona. Aparece el tratamiento médico y las técnicas coadyuvantes pero, como afirman Germán Bes y cols., raramente aparece la relación terapéutica, la presencia o el acompañamiento, el tacto, la escucha activa, el cuidar de la intimidad y privacidad, el dar una tila, el acomodar una almohada y, en suma, el promover el confort y la seguridad.8

¿Dónde aparece registrado el saber hacer específico y autónomo de la enfermera? Los lenguajes estandarizados, con sus expresiones codificadas, exóticas y descontextualizadas, tampoco están contribuyendo precisamente a solucionar el problema. Foucault ya proporcionaba pistas al afirmar que la actividad enfermera vive anclada en el día a día, compuesta de pequeños gestos, entre discursos y escritos anónimos, en un universo de detalles aparentemente sin importancia, pero son los que sustentan su propia existencia. De esta forma, el poder de la enfermera se concentra en el mundo cotidiano,9 por ello el pensador francés nos invita a problematizar lo habitual, lo rutinario, lo banal, lo pequeño, lo indolente, lo que transita en la sombra.10

¿Nos hemos parado a pensar el poder que ostenta una enfermera a través de sus gestos más cotidianos?, ¿cuando regula con el pulgar el caudal de sustancias que introduce en el cuerpo del enfermo a través de un simple gotero?, ¿la capacidad de sustituir los esfínteres del organismo introduciendo una sonda por los orificios naturales o contra natura? A veces es necesario determinar la importancia de los procedimientos, a partir de las consecuencias que conllevaría una mala praxis. Los errores de las enfermeras a menudo desembocan en tragedias.11

¿Se pueden establecer alianzas sin estar dispuestos a asumir las responsabilidades que conlleva el trabajo autónomo?Una de las particularidades de la profesión enfermera, al menos en su acepción latina, es su obsesión por conformar a todo el mundo. La enfermera clínica busca satisfacer a los pacientes en todas sus necesidades, pero también a sus directivos, ya sean reformadores o conservadores, a los médicos en su pluralidad de intereses, como también a investigadores, al profesorado y alumnado, y a cualquier otro presente en el escenario del cuidado. La adaptación es una de las tradicionales capacidades de la Enfermería, pero a menudo es también la expresión de la obediencia.12

No parece coherente abogar por la autonomía en el cuidado a la vez que sostenemos relaciones de dependencia instauradas en la genética cultural de la Enfermería (los siglos del voto de obediencia en las órdenes religiosas con voto de hospitalidad).13 Necesitamos derribar los muros del convento, exclaustrarnos, institucionalmente hablando.

A menudo se habla de anorexia de poder para referirse al desapego de las enfermeras hacia parcelas de responsabilidad política14 e institucional,15 pero de hecho la Enfermería conserva en las organizaciones sanitarias sus propias estructuras de mando. Lo normal sería que el poder instituido fuera también desempeñado, pero a menudo lo que hace es fortalecer las relaciones de dependencia.

El humanista brasileño Leonardo Boff considera que vivimos tiempos de impiedad.16 No solo experimentamos las consecuencias de una artificiosa crisis económica, sino que ésta se acompaña de una crisis de civismo y de una crisis de cuidados que promueven organizaciones que sustituyen derechos fundamentales por un discurso centrado en la productividad y en las relaciones costo-efectivas. ¿Dónde está la postura resistente de las enfermeras? La universidad no expide títulos superiores para realizar servicios subordinados, la sociedad también espera otra cosa. Necesitamos una reflexión profunda sobre el desempeño de la responsabilidad en la acción cuidadora. Necesitamos enfermeras inadaptadas, insumisas, inconformistas, contestatarias, que sean capaces de reivindicar y hacer visibles las múltiples alianzas que en su cotidiano establecen con la ciudadanía.

¿Se pueden establecer alianzas sin asumir posiciones de liderazgo? Según el Estudio Gallup, la Enfermería es considerada la profesión más honesta y ética, y la fuente de información más segura y confiable.17 ¿Por qué entonces las enfermeras tenemos tan escasa influencia en los servicios de salud? Waldow afirma que las enfermeras tienen determinado poder de acción, pero no se dan cuenta de la importancia y relevancia de su actividad, a la vez que se pregunta cómo sería una organización sin enfermeras.18 El propio informe mencionado concluye que las enfermeras deberían tener mayor influencia en los sistemas de salud y servicios,19 lo que equivaldría a decir que la enfermera ha de ejercer como líder (gestora de cuidados) con independencia del puesto, estatus o rol que le toque desempeñar.

En una alianza, el conocimiento es la clave, no la mercancía.20 Una corriente mayoritaria, fomentada desde la propia Universidad y desde otras organizaciones sociales enfermeras, aún sin afirmarlo explícitamente, favorece la utilización del conocimiento para la promoción profesional de las propias enfermeras, y no para garantizar su transferencia a la ciudadanía. Este proceso debilita las competencias enfermeras para el cuidado y condiciona de manera determinante el modelo de relación enfermera-paciente. Si despojamos a la Enfermería de su componente como ciencia aplicada, las enfermeras continuaremos relegadas a posiciones de subalternidad dentro de los sistemas de salud, a la consideración de simple fuerza laboral. Solo si somos capaces de hacer visible el potencial que tenemos para producir resultados finalistas en términos de salud de los ciudadanos, seremos reconocidas como útiles al sistema y a la ciudadanía.21

Las enfermeras investigadoras tenemos la oportunidad de problematizar múltiples factores relacionados con el cuidado que tienen una influencia directa y decisiva en la salud de los ciudadanos, pero que hoy permanecen invisibles por no ser considerados importantes. Me refiero a aspectos del mundo cotidiano que compartimos con el paciente y su familia.9

Las enfermeras tenemos primero que realizar alianzas entre nosotras mismas. Es una afirmación que escuché a Jesús Villorejo, presidente de ANDE. Y posiblemente esta sería la condición necesaria para plantear pactos creíbles y útiles con los grupos sociales. De alguna manera, tendremos que convenir en el modelo de relación que queremos establecer con la ciudadanía. Tendremos que dejar de mirar al ciudadano como un cliente y comenzar a tratarlo como un socio, un aliado. Y para ello empezar a reconocer de una manera efectiva el potencial de la familia para cuidar de su propia salud, sus legítimos derechos y aspiraciones a cuidar de los suyos. Instaurar relaciones de cooperación basadas en la confianza y la seguridad, reforzando los cuidados de proximidad, garantizando la transferencia de conocimiento.

Y también compartir conocimiento, favoreciendo el acceso de la ciudadanía a todo aquello que producimos las enfermeras y que tanto les puede interesar. Esto no es fácil, pues supone posicionarse críticamente ante las corrientes dominantes que ponen énfasis en la evasión del conocimiento hacia entornos más avanzados científica y tecnológicamente, que no son accesibles ni comprensibles para el ciudadano de a pie.

Solo si cultivamos la parcela de la ciencia que nos corresponde, la investigación aplicada a los cuidados,22 tendremos oportunidad de hacer reconocible a la sociedad nuestra contribución al conocimiento científico. Dicho de otra forma, las enfermeras deberíamos de dejar de estudiarnos a nosotras mismas para abordar los problemas de salud que más preocupan a la gente.

Es el cuidado lo que humaniza (lo que vuelve humanos a los seres), no las tecnologías. ¿Estamos dispuestas a militar para la causa del cuidado? Porque implica cuestionar críticamente las limitaciones y restricciones en el cuidado institucional, denunciando la precariedad de recursos, actuando ante los conflictos éticos de las innovaciones y la alta tecnología, poniéndole voz a las demandas de los ciudadanos y defendiendo sus derechos. Todo ello en escenarios visibles y compartidos por la ciudadanía.

Cuando va a cumplirse el decenio de la muerte de Marie-Françoise Collière, parece obligado evocar alguna de las afirmaciones que más le escuché al hablar de la responsabilidad social de sus colegas enfermeras: "A veces, con frecuencia, se puede vivir sin tratamiento pero no se puede vivir sin cuidados". En general, todo lo que las enfermeras hagamos por beneficiar a los ciudadanos, termina beneficiándonos profesionalmente. Estas relaciones de reciprocidad posiblemente sean la clave de la deseable alianza enfermeras-sociedad.

 

Bibliografía

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Dirección para correspondencia:
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