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Index de Enfermería

On-line version ISSN 1699-5988Print version ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.24 n.1-2 Granada Jan./Jun. 2015

http://dx.doi.org/10.4321/S1132-12962015000100019 

MISCELÁNEA

DIARIO DE CAMPO

 

La oportunidad de un diagnóstico

The opportunity of a diagnosis

 

 

Aintzane Orkaizagirre Gómara

Comarca Gipuzkoa de Atención Primaria, Osakidetza (Servicio Vasco de Salud), Donostia-San Sebastián, País Vasco, España
aintzaneorkaizagirre@hotmail.es

 

 

En el cotidiano de un centro de salud, una enfermera instaura un plan de cuidados para mejorar el afrontamiento de una madre ante el diagnóstico de una enfermedad crónica. Unos meses después la paciente logra normalizar su vida. Nada singular parece haber sucedido, y sin embargo es en el universo de las pequeñas cosas donde se encuentra la épica de la Enfermería.

 

Me encontraba en la consulta de Enfermería en un Centro de Salud de un pequeño barrio de Donostia cuando la médica de familia con la que formaba equipo me llamó preguntándome si podía atender esa misma tarde a una paciente a la que acababa de diagnosticar Diabetes Mellitus tipo II (DM2). Me indicó que le había explicado brevemente en qué consistía la enfermedad y la importancia de realizar cambios de hábitos, además le había prescrito un antidiabético oral. Le interesaba que nos conociéramos cuanto antes para comenzar con la educación para la salud.

Esa misma tarde conocí a María José, una mujer de 47 años, casada, madre de una hija adolescente y ama de casa; sin antecedentes clínicos de interés. Disponía del tiempo suficiente para realizar una primera consulta de aproximación a la DM2, así que la realizamos esa misma tarde. Le pregunté qué conocía de la enfermedad y qué le había explicado la médica. Sin mediar palabra, María José se echó a llorar. Tenía miedo. Estaba desconcertada.

María José solicitó el mes anterior realizarse una analítica rutinaria porque hacía mucho tiempo que no se realizaba ninguna. En aquella ocasión se observó que la glucemia basal estaba por encima del límite normal. Su médica de familia realizó una segunda analítica con la que diagnosticó la Diabetes y prescribió un tratamiento con antidiabéticos orales.

María José acudió a su médica pensando que los resultados estarían dentro de los límites. Ella no se sentía enferma, no sentía dolor ni molestias. No esperaba salir aquella tarde del Centro de Salud con una nueva etiqueta, como si de un segundo nombre se tratara, que fuera a acompañarle el resto de su vida. Por si aquello fuera poco, debía modificar sus hábitos cotidianos y comenzar a tomar una medicación a diario.

Nos encontrábamos en un momento crucial para el posterior desarrollo del proceso de la enfermedad. Yo era consciente de ello. Medí mis palabras con el objetivo de ayudar a María José a convertir la etiqueta en oportunidad. No podía saturarla ni agobiarla con nueva información, pero sí dar pequeñas pinceladas sobre cómo debería proceder y de qué manera podría beneficiarse. Comencé explicándole que el estilo de vida que debería llevar en adelante es el que correspondía a cualquier persona sana. Le pregunté por sus hábitos, realizaba una vida sedentaria, sin cuidar la dieta y con exceso de fritos, además presentaba un exceso de peso; hábitos que compartía toda la familia. Reforcé la idea de continuar una dieta mediterránea midiendo las raciones de los hidratos de carbono y la realización de ejercicio físico diario. Si seguía las indicaciones su percepción de salud aumentaría, mejoraría su resistencia al ejercicio físico y bajaría de peso; ella lo advertiría y esto mismo actuaría como un impulso dentro del proceso. Le comenté que hablar con su familia de la DM2 y de los cuidados que requiere podría ayudarle a asumirlo y a buscar su apoyo. Además, el diagnóstico de una enfermedad crónica es un generador de estrés y la DM2 específicamente requiere que el entorno más cercano conozca tanto la enfermedad como los cuidados a realizar en caso de complicaciones.

Los objetivos que nos planteamos para la siguiente visita eran claros y sencillos: reflexionar sobre la forma de manejar los cambios en la dieta y en la actividad física diaria y llevar a cabo dichas modificaciones. Antes de despedirnos María José se encontraba más tranquila, tenía una nueva etiqueta que tenía que reconocer y aceptar todavía, pero los nuevos hábitos de vida que esta suponían podían ayudarle a sentirse mejor.

Volvimos a encontrarnos en unos pocos días. María José había comenzado con los cambios, estaba más tranquila aunque reconocía seguir desconcertada por aquello de tener una enfermedad que ni le dolía ni le preocupaba hasta el momento. Pudimos adentrarnos más en la comprensión de la enfermedad en sí, los autocuidados que requería y la dieta a seguir. Estaba animada a desarrollar una nueva vida saludable y no solo eso, sino que también su familia había decidido acompañarle en este nuevo camino. Tenía el apoyo y el acompañamiento de su marido y su hija en la dieta y el ejercicio físico. Esto le daba confianza y ánimo para seguir adelante con su propósito.

Un mes más tarde, había mejorado la glucemia basal de María José, además había comenzado a bajar un poco de peso. Cuatro meses después, había mejorado considerablemente la hemoglobina glicosilada. María José acudió esa misma tarde al Centro de Salud acompañada por su hija, estaba animada, había perdido algo más de peso y se encontraba mejor. Los resultados positivos de la analítica y de la báscula reforzaron ese buen hacer que había comenzado cuatro meses atrás.

Continué siendo la enfermera referente de María José durante poco tiempo más ya que se me acabó el contrato en aquel Centro de Salud. Durante el periodo que mantuvimos relación, realizamos las consultas pertinentes con los controles de salud y analíticas propias. Siempre se observó una mejoría de una consulta a otra, procuré reforzar los resultados positivos y el esfuerzo que estaba realizando María José. Se mostró agradecida por el apoyo y la información que recibió por parte de la médica y por la mía; aunque no lo verbalizó, se apreciaba que estaba contenta de llevar las riendas de la enfermedad y el control de sus autocuidados, se había empoderado y se sentía mejor.

Resulta que de una etiqueta surge la oportunidad para mejorar la salud y reforzarse a uno mismo.

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