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Index de Enfermería

versión On-line ISSN 1699-5988versión impresa ISSN 1132-1296

Index Enferm vol.27 no.1-2 Granada ene./jun. 2018

 

MISCELÁNEA

HISTORIA Y VIDA

"Uno no es dueño de sus emociones". Vivencias ante la depresión

"YOU ARE NOT IN CONTROL OF YOUR OWN EMOTIONS". EXPERIENCES OF A DEPRESSION

Susana Granados García1 

1Servicio de Quirófano de Pediatría. Hospital 12 de Octubre. Madrid, España

Resumen

La depresión es un trastorno del estado de ánimo que se manifiesta a través de síntomas psíquicos y somáticos. Esta enfermedad tiene una gran repercusión tanto física y psíquica como social para el paciente, afectando también al entorno familiar. Este relato habla de la vivencia de la depresión desde su comienzo, siendo un adolescente hasta el momento actual. Hace un recorrido sobre cómo la educación sexista aplicada por sus padres le produjo la depresión. A consecuencia de esto, se ven alteradas las relaciones que mantiene con su familia nuclear, así como las etapas de crecimiento por las que pasó y superó con gran esfuerzo, apoyándose en personas ajenas a la familia. La forma que tuvo de afrontar la enfermedad y, como consecuencia, el aprendizaje positivo que esto conllevó, hicieron que creciera como individuo, haciendo la persona que es hoy.

Palabras clave: Adolescentes; Depresión; Aprendizaje; Educación; Estado de ánimo

Abstract

Depression is a mood disorder that manifests through psychological and somatic symptoms. This condition has a major repercussion on both the physical and mental level of the patient and on their social life as well as it also affects their familiar environment alike. This account speaks of the experience of a depression from its onset being an adolescent until the present moment. He makes a trip down memory lane in which he explains how the sexist education exerted by his parents caused him a depression. As a result, the relationship with his nuclear family became altered as well as the stages of growth he went through, which he managed to overcome with great effort, seeking the support of people outside the family. The way he had to face the disease and, as a consequence, the positive learning that entailed, caused him to grow as an individual, thereby making him the person he is today.

Key-words: Adolescent; Depression; Education; Learning; Mood

Introducción

La depresión es un síndrome en el que predominan los síntomas afectivos aunque también están presentes síntomas de tipo cognitivo, volitivo e incluso somático, por lo que podría hablarse de una afectación global de la vida psíquica, haciendo énfasis en la esfera afectiva. La base para distinguir estos cambios patológicos de cambios ordinarios, viene dada por la persistencia de la clínica, su gravedad, la presencia de otros síntomas y el grado de deterioro funcional y social que lo acompaña.1 Las causas de la depresión no son conocidas, pero diferentes factores podrían intervenir en su génesis, como determinados factores genéticos, vivencias de la infancia y adversidades psicosociales actuales. Otros factores de riesgo en el desarrollo de una depresión son dificultades en las relaciones sociales, el género, el estatus socio-económico o disfunciones cognitivas, aunque lo más probable es que sea una interacción de factores biológicos, psicológicos y sociales.1

La depresión es una enfermedad frecuente en todo el mundo y se calcula que afecta a unos 350 millones de personas.2 Es previsible que en el año 2020, la depresión pase a convertirse en la segunda causa más común de discapacidad, después de las enfermedades cardiovasculares.1 Esta situación, considerada un problema grave de salud pública3, debido a su elevada prevalencia, a la discapacidad y alteración de la calidad de vida que genera y a su enorme impacto económico,1 es un asunto que, por las proporciones epidémicas que puede alcanzar, está llevando a las autoridades sanitarias y gubernamentales de los diferentes países del mundo a movilizar recursos para enfrentarla.3

La familia constituye el contexto social más importante donde un proceso de enfermedad se genera y se resuelve. En el área de la salud-enfermedad mental, hay evidencias empíricas de que las actitudes y las acciones de las familias influyen en el desarrollo de la enfermedad, facilitando o interfiriendo el proceso con relación a la etiología, la duración del tratamiento y en el proceso de recuperación. Con relación a la enfermedad depresiva un número importante de estudios han prestado una atención sistemática y fundamentada en aspectos como el papel que tiene la familia con relación a la evolución de la depresión o en la génesis de la enfermedad, así como con relación al impacto de la enfermedad sobre la vida familiar y cómo influye en el proceso de cuidado.4 Aunque sea un hecho paradójico, los cambios en la dinámica social afectan a las relaciones familiares facilitando e impulsando estas relaciones entre grupos de parientes o bien debilitándolas y convirtiéndolas en una fuente de tensión, creándose una contradicción entre el sentimiento y la obligación de ayudar al familiar enfermo y el interés personal o la urgencia en satisfacer las demandas individuales y el propio bienestar.4

Este relato biográfico recoge a través de una entrevista en profundidad la vivencia de la depresión vista desde los ojos de una persona adulta, pero remontándose a su periodo de adolescente. Es importante destacar la relación que hay entre el modelo educacional sexista y el inicio de la patología, así como la repercusión que tiene en la evolución de las relaciones familiares y sociales. Pone de relieve la forma de superar las carencias que encuentra en el núcleo familiar para desarrollarse como persona, encontrándolas fuera de esta en distintas esferas, como la afectiva, social, espiritual y acompañado en todo momento de la ayuda de la psicóloga. Tras mucho esfuerzo consigue sacar adelante una carrera, incorporarse al mundo laboral y normalizar su situación personal a pesar de que todavía quedan algunos flecos. Y ante todo esta experiencia le ha hecho pasar por un proceso de crecimiento y cambio, transformándole en la persona que es hoy, fortalecido y consciente de unas capacidades desconocidas.

El informante, al que llamaré Andrés, es un hombre de 51 años, el mayor de cuatro hermanos (dos hermanas y dos hermanos), licenciado en económicas, que lleva ejerciendo la profesión desde 2001, tras afrontar y tratar una serie de vivencias desafortunadas que dificultaron su desarrollo integral como persona en el núcleo familiar. Actualmente su vida familiar y social es normal y está estabilizado psicológicamente. Conocí a Andrés hace 9 años a través de un viaje organizado, y actualmente mantengo contacto con él. Le elegí como informante porque nadie antes me había hablado con tanta naturalidad y de forma tan abierta sobre su proceso, ni sobre el desencadenante de su patología.

La entrevista se realizó de forma programada en casa del informante, para que se encontrara en un ambiente cómodo, donde no podía ser distraído y en el que se podía garantizar la intimidad y la confidencialidad del informante y crear un clima agradable durante la hora y media que duró la sesión. Se hizo una grabación de voz previo consentimiento. La entrevista fue fluida, abierta, aunque se realizó alguna pregunta para profundizar en algún aspecto. Se hizo una trascripción íntegra de la entrevista y sin modificar, utilizando la metodología de Amezcua y Hueso,5 se hace una lectura atenta de la entrevista, buscando las unidades significativas y agrupando todo en diversas categorías.6

Esta experiencia puede hacer reflexionar a los profesionales de la sanidad y a la gente en general respecto a las enfermedades mentales, en concreto de la depresión, a quitarse esos viejos estereotipos de que las personas que padecen este tipo de enfermedad es porque son débiles mentalmente. Cuando lo que enseñan a través de relatos como este, es que son más fuertes que cualquier otra persona, porque son capaces de renacer de sus cenizas, una y otra vez, cada vez más fuertes y con más recursos para salir adelante, ante una enfermedad donde todo lo ves perdido, y donde lo último que se puede perder es la esperanza y el objetivo final, que es la curación. Simplemente, si estas personas han sido capaces de empatizar con el otro y volverse comprensivas, tolerantes y pacientes con la enfermedad en general por lo que les ha tocado vivir, nosotros como profesionales sanitarios cualificados, por lo que hemos estudiado y por la experiencia profesional con la enfermedad, no se nos pueden olvidar estas cualidades para que nuestra calidad en los cuidados sea lo más humana posible. Tras la finalización del trabajo, el entrevistado manifiesta su total conformidad con lo expresado en el contenido de aquél.

TEXTO BIOGRÁFICO

ANTECEDENTES. El caldo de cultivo se puede remontar a la generación de mis abuelos. Se empeñaron en que estudiasen los niños. La familia fue donde se gestó esta enfermedad, habíamos tenido carencias básicas en la infancia porque el modelo que aplicaban y que estaba vigente en mi familia era un modelo anticuado de educación sexista, en el cual se daba primacía y prerrogativas a mis hermanas y con el que se era extremadamente protector y nosotros no percibíamos el mismo grado de cariño ni la misma dedicación por parte de nuestros padres.

Mi hermano y yo hacemos frente común contra el bando femenino, lo que produjo una división entre los hermanos por sexos. Mis hermanas recibieron una educación muy religiosa y eso amplió aún más la brecha, en mi caso sentía un rechazo muy profundo, un sentimiento de odio, rencor, resentimiento, de rabia, sentimientos muy negativos con origen en la discriminación de que ellas fueran favorecidas con respecto a mí y yo no entendía el porqué. Eso generó la sensación de abandono.

Cuando reconoces que estás enfermo y necesitas ayuda, hubo inhibición por parte de mi padre, y por parte de mi madre, una oposición aduciendo razones de tipo económico y adoptando la postura de no colaborar en mi curación.

INICIOS. Yo empecé con las depresiones aproximadamente... no recuerdo muy bien el comienzo de todo esto, porque fue un proceso de deterioro progresivo pero podría ser hace 23-24 años, era más o menos consciente pero llegó un punto que me di cuenta que necesitaba ayuda de tipo especializado como un psicólogo o un psiquiatra. Tenía unos síntomas preocupantes y sabía que algo no iba bien. Desde el primer momento que empecé a encontrarme mal, pedí ayuda a las personas en las que podía confiar, pero no las encontré en la familia y eso retrasó mi proceso de curación.

Conseguí meterme en un tratamiento, a través de un amigo que tenía una tía que era psicóloga. Al inicio del tratamiento la psicóloga propuso que el tratamiento se podía hacer más corto y efectivo con la colaboración de la familia, y con la eventual asistencia de mis padres, con lo que propuso una primera entrevista, donde la actitud de mis padres fue de no cooperación.

Durante el tratamiento, me marcho de casa porque el clima familiar era insostenible y la convivencia era imposible para mí y para mis padres, que no toleraban una situación que no podían comprender. Decidí acudir a mi madrina. El cambio de estímulos fue el inicio de una fase nueva, eso coadyuvó a que el tratamiento fuese bastante mejor. Mis padres insisten mucho en que vuelva, no quieren que viva fuera pero al final lo acaban aceptando y respetando.

TRATAMIENTO. Era un tratamiento de corte psicoanalítico no puro, con una componente práctica en la cual se hacen sugerencias en la que la psicóloga te da algunas claves para que tú pienses en las posibles causas que te pueden haber llevado a esa situación. Me hicieron pensar sobre el pasado y el cómo habían transcurrido las cosas, empiezas a analizar el porqué, el cómo y porqué has llegado a esa situación. Antes y durante el tratamiento, estoy medicado para controlar los episodios ciclotímicos de ansiedad y depresión.

EXPERIENCIA. Antes de declararse la depresión, el cuerpo ya estaba avisando, se me quitó el gusto en la boca, y tenía unas crisis de agresividad muy fuertes. La experiencia fue una percepción distorsionada de mí mismo y de la realidad caracterizada por una bajísima autoestima, una pasividad tremenda, incapacidad para concentrarme, dispersión, me molestaba la luz, cansancio, a veces hiperactividad, un estado de melancolía, dolor moral muy potente, abulia, además hay un deterioro cognitivo, la mente no está para fijar la atención en nada, no soy capaz de leer un párrafo seguido, lo cual me dio una idea de lo absurdo que era seguir matriculándome. Llegué a un grado de incapacidad tal, que no era capaz de realizar las labores de una persona de mi edad.

El síntoma que recuerdo con más intensidad era una angustia casi permanente, muy intensa, el peor momento, era siempre después de la comida y el mejor momento del día era cuando me iba a acostar y podía desconectar de mí mismo, de mi mente y de mi patología.

Pasé por un gran periodo de amnesia en el cual no podía recordar, es como si hubiera un vacío en la historia de mi existencia, que me hacía sentir como si estuviera muerto. La ausencia de sentimientos hacia nadie, impedía el acercamiento emocional hacia cualquier persona.

Cuando se trataba de relacionarse con mujeres, tuve muchos problemas de relación, por asimilación. Mis referentes femeninos no habían sido un referente válido. Las más importantes eran mi madre y mis hermanas y me producían un odio muy intenso hacia ellas y esto se traslada en forma de recelo y desconfianza a las relaciones de pareja con las mujeres. Esto combinado con una atracción muy intensa hacía las mujeres, hace que la persona por la que estás interesado perciba que hay sentimientos encontrados y se da cuenta que hay algo que no va bien, lo que produce rechazo, y ese rechazo hace que aumente ese recelo. Eso se fue descodificando con el tiempo.

Hay un mecanismo de borrado, que mi cerebro generó y aún todavía sigue, me cuesta desactivarlo de vez en cuando y es un proceso de amnesia, todo aquello malo que sucedió se va borrando y es difícil evocarlo, por eso me cuesta recordar fechas o sucesos a menos que sean muy intensos y muy concretos y estén muy bien referenciados a otro suceso que ocurrió en el mismo momento o en el mismo lugar. Es como si hubiera vivido otra persona por mí ese periodo. Otras somatizaciones fueron colon irritable y psoriasis.

NÚCLEO FAMILIAR. Hoy por hoy mi familia está donde debe estar, a todos les tengo respeto. Respecto a mis hermanas hay un fondo de cariño primitivo porque hay un vínculo de consanguinidad, y con las que has compartido la infancia, pero no son personas a las que tenga un gran aprecio. Hacia mi hermano queda un sentimiento de verdadero afecto y a mis padres no les guardo rencor.

Al primero al que empecé a tolerar y al que más he entendido con posterioridad fue a mi padre, una vez que estás fuera de la familia conseguí entender sus debilidades, le tengo más cariño que a mi madre, porque tenemos una cosa en común, es que me hace reír, he sido capaz de disculparle más y de recuperar un poco de vínculo afectivo, nunca hemos hablado de este tema en concreto pero sí queda un poso de cariño vago de fondo. Mi gran decepción ha sido mi madre, ahora me río pero no es lo mismo, no se ha recuperado el vínculo de la misma manera que con mi padre y eso es algo que no puedo controlar y algo por lo que no me siento mal. Mi madre era una persona que no entendía la situación, no entendía la debilidad. Ahora con la edad y con los años ve que la enfermedad mental existe, y seguramente en su fuero interno, se dé cuenta de que necesitaba ayuda.

Mi familia siempre ha estado muy unida, y hay una falta de entendimiento del porqué soy tan distante o no tengo una relación fraternal con mis hermanas. Mi experiencia vital me demuestra que he tenido una familia desestructurada y que no ha habido los elementos de cohesión que hacen que una familia sea verdaderamente una familia. Yo no soy una persona dedicada a mi familia, sí me preocupa mi madre, pero el contacto no es el mismo que el que hubiera habido en una familia normal. Las personas a las que quiero no están en la familia nuclear.

ESCAPES Y APOYOS. Estando en casa me recluía en mi habitación y en las fases agudas no salía de mi habitación, me dedicaba a tocar la guitarra cuando podía, luego ni siquiera podía, en la fase más profunda del asunto me dedicaba a permanecer inmóvil en la cama, con la luz apagada y pasaban los días. También había una componente de agresividad contra mis padres, como diciendo "ahora no me da la gana de funcionar, no hago nada, no salgo, no estudio" y aquello terminó por desencadenar la salida de casa. El tratamiento y la salida de casa fueron los dos grandes factores que marcan el inicio de la recuperación.

El principal apoyo fue la psicóloga y el amigo que me puso en contacto con ella, algunas relaciones de pareja que tuve, las amistades que hice y mi hermano. Las relaciones fueron importantes, me quitaron la fobia social que tenía e hicieron que me reintegrara otra vez al mundo exterior de una forma más normalizada y sin tanto miedo, pero tenía miedo a los demás, a lo que pensarían, a que los demás pudieran saber que yo estaba tocado. Hay un dermatólogo que me sugiere que practique relajación y yoga. Fue una cosa que me ayudó muchísimo en mi proceso de curación porque relajaba mi cuerpo.

ESTUDIOS. Mi vida estuvo estancada durante muchos años, me matriculaba de asignaturas a las que luego no podía prestar atención porque tenía un grado de dispersión muy grande y hasta que no me fui de casa no pude, hubo un año que no me matriculé de nada porque era consciente que era tirar el dinero y el tiempo, además era una fuente de ansiedad no llevar adelante los estudios y ver que las personas con las que tienes afinidad, van superando los estudios y tú no. Aquello me superó.

Mi carrera se alargó de forma anormal, cuando me reengancho consigo hacer amistad con la gente con la que voy coincidiendo. En la facultad, desconectaba y me encontraba a gusto, y no estaba en casa que es lo más importante, después estuve en casa de mi madrina y posteriormente me voy a casa de un amigo al que alquilo una habitación. A partir de ahí la psicóloga me propone que trabaje, entonces alterno la vida académica con la vida laboral, lo cual era bastante agotador, empleaba muchísimo tiempo en los desplazamientos y esto fue otra dificultad añadida, por eso acabé muy tarde la carrera, pero me permitía estar ocupado y obtener un cierto ingreso para pagar el alquiler y pagarme los estudios para no depender de mis padres. Es cierto que mis padres me asignan una cantidad que se empleaba para el pago del tratamiento.

Terminé por cabezonería una carrera que ya había empezado, el carné lo saque muy tarde y todas las fases normales de desarrollo que puede tener una persona normal, en mi caso quedan postergadas por un periodo de unos 6 a 10 años.

RECAÍDA. Hay una curva de mejora impresionante, estoy trabajando, estudiando y saliendo del bache, entonces fallece la terapeuta de un cáncer. Era una persona a la que consideraba una deidad, sencillamente porque yo había abandonado toda esperanza de curarme y esta persona me devolvió la esperanza. Si una persona así se muere en mitad de un proceso lo que sientes es una angustia que te consume y hubo un retroceso muy grande porque hubo una reviviscencia muy grande en el inconsciente del abandono.

Me reincorporo con una persona de la misma escuela, amiga de la persona que me estaba tratando, pero esto ha ralentizado mucho el proceso de recuperación, tardé mucho en confiar en esta persona, de hecho sigo actualmente en tratamiento lidiando con los flecos que van quedando.

Otro hito fue cuando me casé, fue un matrimonio fracasado, y esta experiencia matrimonial fue una de las experiencias que no solo no ayudó, si no que fue contraproducente e hizo que hubiera una regresión en la enfermedad. Esta persona tenía demasiados rasgos en común a los que yo atribuía entonces a mi madre, consiguió hacer una asociación fatal entre ella y las mujeres de mi familia y aquella persona que parecía una cosa en los inicios, luego se convirtió en otra, lo que produjo la ruptura de la relación y el divorcio.

APRENDIZAJE. Si algo he aprendido y me ha enseñado esta enfermedad es a aceptar que uno no es dueño de sus emociones. Esta experiencia te destruye moralmente, pero me fortaleció y renací de las cenizas. Estaba absolutamente desestructurado, desorientado y no tenía ningún tipo de esperanza, me ha enseñado a tener mucha paciencia con los procesos que hubo que descodificar.

Ha hecho que intente comprender a las personas que no atendieron la responsabilidad que tenían como padres y aprender a disculparles, incluso a comprenderles sin recibir ninguna explicación por su parte.

Eso no quita que sea una persona muy sensible, que tenga una extraordinaria sensibilidad para el arte, soy emotiva, muy emocional, todo eso me ha hecho vivir con mucha intensidad la depresión, y ha hecho que me convierta en una persona mucho más comprensiva con los otros, con empatía, a no juzgar, a que todo el mundo tiene sus razones, me ha enseñado un montón de mí mismo y por tanto sobre las personas con esta enfermedad, ha enseñado a tratarme bien, a quererme, a aceptarme, a aceptar mis defectos y los de los otros.

Esto me ha hecho ser más persona y me ha hecho construirme como persona. La enfermedad me ha humanizado y ha hecho que sea la persona que soy hoy, es decir esta enfermedad ha sido una etapa de crecimiento y esas etapas las tuve que hacer fuera de la familia y vivirlo con una edad que no se correspondía con la edad cronológica. Hoy me siento cómodo en mi pellejo, siendo como soy y llegar a conseguir esa paz me ha costado muchísimo trabajo.

La depresión ha hecho procurarme muchos recursos para que sea difícil perder la paz interior, siempre seré una persona sensible a la que le llegan más las cosas, pero he aprendido a que eso no me domine y a ser yo el dueño de mi vida y a llevar el control de mi existencia, pero sin rigideces, es decir, a aceptar y encajar las adversidades de la vida de otra manera y a disfrutar las cosas buenas con más intensidad. Si algo me ha enseñado esta experiencia es a que siempre hay que levantarse, siempre hay que continuar y siempre hay que mantener la esperanza aunque no la veas.

ACTUALMENTE. Soy una persona que todavía tiene que controlar el nivel de estrés y de ansiedad, sé que de la enfermedad nunca hubiera salido adelante sin tratamiento, pero he salido consciente de unas capacidades que no sabía que tenía y he conseguido desdramatizar la existencia.

Cuando ya había renunciado a tener una relación de pareja estable, encontré a la persona con la que estoy en la actualidad, ha sido una bendición para mí, descubrir que quedan personas como ella, eso ha ayudado a quitarme viejos clichés de encima y sobre todo a superar la experiencia de fracaso matrimonial, y los prejuicios que tenía hacia el género femenino.

Bibliografía

1. Grupo de Trabajo de la Depresión Mayor en el Adulto. Guía de Práctica Clínica sobre el Manejo de la Depresión Mayor en el Adulto. Santiago de Compostela: Axencia de Avaliación de Tecnoloxías Sanitarias de Galicia (avalia-t), 2008. [ Links ]

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Recibido: 07 de Junio de 2017; Aprobado: 11 de Septiembre de 2017

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