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Gerokomos

versión impresa ISSN 1134-928X

Gerokomos vol.24 no.2 Barcelona jun. 2013

http://dx.doi.org/10.4321/S1134-928X2013000200004 

RINCÓN CIENTÍFICO

COMUNICACIONES

 

Determinantes de la capacidad funcional en personas mayores según el género

Determinants of the functional capacity in older people by gender

 

 

Encarnación Rubio1, Magdalena Comín2, Gema Montón3, Tomás Martínez4, Rosa Magallón5 y Javier García-Campayo6

1Facultad de Medicina. Universidad de Zaragoza
2Escuela Universitaria de Ciencias de la Salud. Universidad de Zaragoza
3Servicio de Enfermería de la Salud. Zaragoza
4Facultad de Medicina. Universidad de Zaragoza
5redIAPP (Carlos III 06/018). Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud
6Servicio de Psiquiatría. Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

El propósito de este trabajo es identificar factores determinantes de carácter socio-demográficos, de salud y de actividad física que influyan en la aparición de la discapacidad para las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria en 380 individuos mayores de 64 años que asisten a centros sociales de Zaragoza. Un modelo multivariante de regresión logística analizó la capacidad funcional por sexo. Variables sociodemográficas, enfermedades crónicas y actividad física fueron variables explicativas
Conclusiones: las condiciones médicas son el principal marcador de la discapacidad, y la actividad física es una medida que se puede promover en la Atención Primaria para reducir el riesgo de discapacidad.

Palabras clave: Actividades básicas de la vida diaria, actividades instrumentales de la vida diaria, discapacidad, género, actividad física.


SUMMARY

The purpose is to identify the sociodemographic, health and physical activity determinants that influence the appearance of disability for basic and instrumental activities of daily life in 380 individuals older than 64 who attend social centres of Zaragoza. A multivariate logistic regression model was used to analyse the functional capacities by gender. Sociodemographic variables, chronic diseases and physical activity were explanatory variables.
Conclusions: medical conditions are the main marker of disability, and physical activity is a instrument that can be promoted in Primary Care to reduce the risk of disability.

Key words: Basic activities daily living, instrumental activities daily living, disability, gender, physical activity.


 

Introducción

Aunque con el incremento de la edad se produce un declinar del estado funcional y en la salud, las personas mayores no constituyen un grupo homogéneo, presentando una amplia gama de estados de salud y de función. La salud en la vejez es un proceso acumulativo que dependerá también, en gran medida, de su estilo de vida y comportamiento. La edad cronológica es un factor de riesgo no modificable, pero no es sinónimo de enfermedad, ni de discapacidad ni dependencia. Sin embargo, mantener una buena capacidad funcional va a suponer un componente crucial del éxito del envejecimiento y va a estar condicionada por distintos factores, entre ellos el género (1-4).

La capacidad funcional suele evaluarse a través del grado de autonomía que se posee para realizar una serie de actividades cotidianas relacionadas con el cuidado personal o actividades básicas de la vida diaria (ABVD) y otras de manejo del entorno o actividades instrumentales de la vida diaria (AIVD). Las actividades concretas consideradas y la forma de valorarlas varían con frecuencia de unas encuestas a otras lo que dificulta su comparación (5, 6).

La perspectiva de género en los problemas de salud es crucial y supone considerar que las diferencias biológicas, sexuales, culturales y sociales entre los hombres y las mujeres tienen implicaciones respecto a cómo y cuáles son los problemas de salud que les afectan y en cuanto a sus necesidades de intervención sanitaria y social. Distintos estudios demuestran que existen factores sociodemográficos, culturales, económicos y estilos de vida que son más favorables para la salud, como la práctica de actividad física (AF), diferentes para hombres y mujeres, que pueden determinar que la salud, el perfil de riesgo y los patrones de discapacidad y dependencia no sean los mismos para ambos sexos (7-10).

Dada la escasez de estudios en nuestra Comunidad Autónoma sobre la relación de distintos determinantes, según el género y la discapacidad en personas que viven en sus domicilios, los objetivos de estudio son: identificar aquellos determinantes sociodemográficos, de salud y la influencia de la práctica de actividad física sobre la aparición de discapacidad para las AVD, tanto básicas como instrumentales, así como analizar su diferencia por género.

 

Sujetos y método

Población y muestra

Estudio transversal cuya población diana son las personas de 65 y más años no institucionalizadas que acuden a los centros de convivencia del Ayuntamiento de Zaragoza capital. El tamaño muestral se calculó para poblaciones finitas, nivel de confianza del 95%, potencia del 90%, p = q = 0,5, exigiendo una precisión superior al 90% y resultó ser de 380. La pregunta que cuenta con menos respuestas asciende a 348, por tanto la precisión es, como mínimo, del 91,3%. El muestreo fue bietápico. Primero, se estratificó la población por zona de residencia y se eligió aleatoriamente un centro de convivencia. A cada centro se le asignó un tamaño muestral proporcional al número de socios. En la segunda etapa, en cada centro, se realizó un muestreo estratificado con afijación proporcional por edad y sexo, en horarios de mañana y tarde a lo largo de una semana. Las unidades muestrales se seleccionaron por muestreo aleatorio simple. Si el individuo elegido manifestaba no querer formar parte del estudio, era sustituido por otro de similares características.

Previo a las entrevistas, se mantuvieron diversas reuniones con los directores de estos centros; con la información obtenida se diseñó, para cada centro, un horario semanal para que el entrevistador pudiera elegir personas de diversas actividades y evitar, en caso de que exista relación entre la actividad realizada y el estado de salud del mayor, un sesgo de selección.

Variables

El cuestionario empleado para valorar la capacidad funcional es el OARS-MAFQ (OARS) validado y adaptado al castellano (11). La encuesta se llevó a cabo mediante entrevista personal. Para este estudio, se han seleccionado, además de las variables sociodemográficas, las preguntas que nos ayudan a valorar la salud física y mental, la capacidad funcional para las ABVD y las AIVD, y la práctica de AF de forma habitual (3-4 veces por semana).

Respecto a las variables sociodemográficas, el nivel de estudios se ha recodificado en "menos de primarios" y "primarios". La respuesta a la pregunta "con quién vive habitualmente" en: "solo", "cónyuge" e "hijos/otros".

La salud física se valoró interrogando sobre las 28 enfermedades crónicas más frecuentes en los mayores. La respuesta es dicotómica, sí/no. Algunas de estas patologías, por criterios de operatividad, se agruparon en enfermedades (E): coronario-cardiacas, que incluyen arritmias, insuficiencia cardiaca, enfermedad coronaria; respiratorias, que engloban asma, bronquitis, EPOC, neumonías; y vasculares, que incorpora trombosis, embolias, arterioesclerosis, El resto de las enfermedades están clasificadas según categorías de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE 10.a revisión) de la OMS. La comorbilidad se dicotomizó en "menos de tres enfermedades" y "tres o más".

Las preguntas ¿cómo está de la vista? (con gafas o lentillas) y ¿cómo está del oído? (sin ayuda para oír), dicotimizadas en "bien" y "regular/mal", se han transformado en presencia de alteraciones visuales y auditivas de respuesta sí/no. La percepción que tiene de su salud se codificó como "mala-regular" y "buena-excelente".

La salud mental, evaluada mediante el Short Psychiatry Evaluation Schedule (SPES), se clasificó en: "sin alteración" (menos de 3 puntos), "con alteración" (4 o más puntos).

Para la capacidad funcional, el cuestionario OARS contempla siete ítems referentes a las ABVD: comer, vestirse/desnudarse, andar sin ayuda (excepto el bastón), cuidar de su apariencia, acostarse/levantase, bañarse/ducharse y uso del retrete y otros siete relativos a actividades instrumentales o ambientales (AIVD): usar el teléfono, llegar a los sitios (viajar), comprar, hacer la comida, hacer tareas de casa, tomar los medicamentos y administrar su dinero.

Por criterios de operatividad, el conjunto de ítems que forman parte de las denominadas actividades básicas por un lado y el conjunto de ítems englobados en las actividades instrumentales, por otro, se recodificaron en dos categorías: "sin ayuda" y "con ayuda", en caso de necesitar ayuda diaria para alguna de ellas.

Este cuestionario clasifica los recursos sociales y económicos en seis categorías, que también por criterios de operatividad hemos reducido a dos: "satisfactorios" (incluye recursos excelentes y buenos), e "insatisfactorios" para el resto.

Análisis estadístico

Mediante el estadístico chi-cuadrado se obtuvo la relación de dependencia entre el sexo y el resto de las variables consideradas, así como la relación entre capacidad funcional para las AVD y las variables sociodemográficas y de salud estudiadas en hombres y mujeres.

Para conocer qué factores sociodemográficos, de salud y de AF influyen, en hombres y mujeres por separado, en la pérdida de capacidad funcional para las ABVD y para las AIVD, se realizaron cuatro modelos de regresión logística, dos para hombres y dos para mujeres. En uno de ellos, la variable respuesta era la capacidad funcional para las actividades básicas y en otro la capacidad funcional para las actividades instrumentales. Como variables independientes se tomaron las variables sociodemográficas, de salud y de AF consideradas en el estudio; en los cuatro modelos se tomaron aquellas que habían resultado con significación estadística en el análisis anterior.

El método de selección de las variables que permanecerán en el modelo ha sido por pasos hacia atrás, controlando la presencia de interacción entre las mismas y que alguna de ellas actuara como variable confusora. A fin de controlar la colinealidad, se ha exigido a los modelos valores de tolerancia superiores a 0,01 y valores del factor de inflación de la varianza inferiores a 5. La bondad de ajuste se valoró mediante el test de Hosmer-Lemeshow, exigiendo en todos los casos p > 0,05. Entre los estimadores obtenidos se tuvieron en cuenta, el coeficiente R2 de Nagelkerke y la odds ratio con su intervalo de confianza al 95%. El nivel de significación fue p < 0,05. Se utilizó el paquete estadístico SPSS 19.0.

El estudio fue evaluado y aprobado por el Comité de Ética del Gobierno de Aragón (11/2009 minutos, 17 de junio de 2009). El consentimiento informado se obtuvo de todos los participantes de acuerdo a los principios de la Declaración de Helsinki.

 

Resultados

El 56,7% de los encuestados son mujeres y el resto hombres, cuya edad media es de 74,4 ± 6,6 y de 75,6 ± 6,8 años respectivamente. La mayoría conviven con su cónyuge (40,5%) o solos (31,4%), y el 61,8% no han terminado los estudios primarios.

La Tabla 1 muestra cómo las mujeres presentan en una proporción significativamente mayor que los hombres estudios primarios incompletos, viven solas, tienen bajos recursos económicos y peor percepción de su propia salud. También padecen más enfermedades del SNC, digestivas y osteomusculares; relatan más alteraciones visuales y peor salud mental. Los hombres presentan, en mayor proporción, problemas auditivos y enfermedades coronario-cardiacas, aunque la diferencia en este último caso no es significativa.

 

También las mujeres presentaron, con diferencia significativa, mayor comorbilidad que los hombres.

En función de las variables que de forma diferencial se asociaron a la disminución de la capacidad funcional para las ABVD y las AIVD, en hombres y mujeres (Tabla 2), se encontró que las mujeres presentaron mayor riesgo de incapacidad funcional que los hombres en las ABVD cuando convivían con los hijos, padecían enfermedad del SNC, tenían mala salud mental y no realizaban AF. Se asociaron a mayor riesgo de discapacidad en las AIVD la variable "convivencia con los hijos", y junto con ella los problemas visuales y la no realización de AF. Los hombres presentaron mayor riesgo de incapacidad funcional que las mujeres en las ABVD si presentaban mala salud mental y problemas visuales, mientras para las AIVD el mayor riesgo de discapacidad se asoció a tener mala salud mental y padecer enfermedad coronaria-cardiaca.

 

Discusión

Una gran proporción de hombres y mujeres presentaron dificultades para realizar AIVD pero el número de hombres que presentaban afectación de las AIVD era casi el doble que los que presentaban alteración para las ABVD. Las AIVD son las primeras en aparecer y más sensibles al cambio debido a su mayor complejidad, y la necesidad de un funcionamiento adecuado de la cognición, la percepción y los sentidos así como de las habilidades motoras adecuadas para su realización. Un pequeño aumento en las exigencias del ambiente o una leve disminución de las habilidades de una persona puede provocar cambios considerables en el desempeño de AIVD sin afectar significativamente al desempeño de ABVD. Los cambios asociados con el envejecimiento, la disminución de las reservas biológicas, el aumento relativo de las exigencias del ambiente, junto con la dificultad que encuentra el hombre en la realización de algunas de estas actividades, que tradicionalmente eran asignadas a la condición femenina, podrían explicar dichos hallazgos (12). La dificultad en las mujeres para realizar AIVD se relaciona con la mala función física, psíquica y la edad, mientras que en los hombres se relaciona con factores socioculturales (12, 13).

A pesar de que las mujeres presentaron peor capacidad funcional que los hombres tanto en las ABVD como para las AIVD, no se encontraron diferencias significativas según el género. Existen distintos estudios realizados al respecto pero ninguno coincide ni con la muestra ni con la metodología utilizada en nuestra investigación. A esto hay que añadir que las actividades recogidas o valoradas como ABVD o AIVD también son variadas según las encuestas utilizadas, por lo que es difícil su comparación. En general, se acepta que las mujeres presentan mayor afectación de las ABVD debido a su mayor supervivencia y carga de la enfermedad (13).

En la muestra analizada, las variables que influyeron de manera significativa en la capacidad funcional para las AIVD y las ABVD, en hombres y mujeres por separado, fueron: "con quién vive", "salud mental", "enfermedad coronario-cardiaca", "enfermedad del SNC", "alteración visual" y "práctica de actividad física". No se encontró asociación entre un menor nivel educacional y tener dificultad para realizar las actividades de la vida diaria. La información disponible al respecto es contradictoria. El problema está en que no existe todavía un consenso sobre qué indicador de clase social es el más adecuado para valorar la salud en las mujeres (8, 14, 15).

Está claro que la comorbilidad aumenta el riesgo de discapacidad y que el género contribuye a particularizar la salud y la enfermedad. En general, los hombres presentan enfermedades más letales y la mujer más enfermedades crónicas y peor salud mental (16-18).

Según Puga y cols. (19) la convivencia con los hijos se asocia a mala salud percibida y mala salud mental ya que traduce la necesidad de ser cuidados por los hijos. En España, en parte por su tradición católica, los hijos tienen la obligación moral y social de proporcionar a sus padres ancianos todo el soporte. Una mayor incidencia y severidad de la discapacidad y la viudedad en las mujeres hace que el fenómeno de la reagrupación familiar en casa de los hijos sea un fenómeno fundamentalmente femenino.

Una mayor frecuencia de trastornos mentales en las mujeres que en los hombres se ha sugerido que es debida a la mayor supervivencia de la mujer, el gradiente socioeconómico entre mujeres y hombres, el trabajo de casa y la continua responsabilidad del cuidado de otras personas, lo que contribuye a que las mujeres tengan peores resultados en salud mental y una mayor necesidad de cuidados (19-21).

Tradicionalmente, la enfermedad cardiaca se ha considerado una enfermedad de hombres, sobre todo a edades más tempranas y se ha asociado con importantes limitaciones funcionales en una amplia gama de dominios de discapacidad tanto en hombres como en las mujeres. Los cambios en la mortalidad y morbilidad en hombres y mujeres están asociados a distintos factores no solo biológicos. La ventaja de las mujeres en la enfermedad cardiovascular desaparece después de la menopausia y su mayor supervivencia determinará su asociación a una mayor comorbilidad, gravedad y dependencia, pero en edades más avanzadas (22, 23).

La frecuencia de los problemas sensoriales que se encontraron, en ambos sexos fue alta. Los hombres presentaron significativamente más sordera que las mujeres y estas más alteraciones visuales. Los problemas visuales se han relacionado con bajo nivel de ingresos, la edad, mala percepción de la salud, antecedententes de discapacidad en AIVD, mayor comorbilidad, mala salud mental y uso de medicamentos, factores que concurren en la población femenina (24-26).

Otra variable que se ha comportado de forma diferente en el riesgo de la discapacidad para las AVD según el género ha sido la práctica de AF. Existe la evidencia de que la actividad física moderada realizada con regularidad en adultos produce distintos beneficios a nivel físico, psíquico y en el ámbito social de la persona, lo que conllevan una mejora morfológica y funcional, retrasando los efectos del envejecimiento, disminuyendo el riesgo de enfermedades crónicas y mejorando la calidad de vida (27, 28). En este estudio, se encontró que la práctica de AF fue más frecuente en las mujeres que en los hombres y que la no práctica de AF actuó como una variable de riesgo de mayor discapacidad para las AVD, pero solo en las mujeres. Tradicionalmente, las mujeres que son ahora ancianas han tenido una mayor responsabilidad que los hombres sobre los cuidados de la salud, les gusta sentirse bien y adoptan con mayor frecuencia hábitos saludables. Además, son más propensas al contacto con el médico general por las necesidades de atención derivadas de la reproducción y cuidado de los hijos, lo que las lleva a utilizar más los servicios sanitarios de prevención y diagnóstico, colocándolas en una situación ventajosa frente a los hombres para recibir asesoramiento médico sobre prevención de conductas de riesgo y el fomento de la práctica de AF. Algunos autores reflejan la importancia de tener una actitud positiva hacia la actividad física y de recibir asesoramiento médico para conseguir un fomento de esta práctica (29-31).

Como limitaciones del estudio se pueden considerar, por un lado, la elección de la muestra que no permite extrapolar los resultados al conjunto de la población anciana y que toda la información obtenida fue autorreferida. Por otro lado, la información obtenida sobre la AF realizada no permitió diferenciar el tipo de actividad ni comparar nuestros datos con mediciones objetivas. Por último, al ser un estudio de diseño transversal, las conclusiones están enmarcadas en términos de relaciones, y no de causalidad.

Para concluir, destacar la importancia de considerar que la trayectoria de vida de los hombres y las mujeres los colocan con una marcada diferencia de la salud en la vejez, y que son las enfermedades padecidas el principal identificador, por género, de la discapacidad para las AVD. La práctica de la actividad física es una herramienta no farmacológica, barata, y que se puede promocionar por los distintos profesionales de la atención primaria y así reducir el riesgo de discapacidad para las AVD, sobre todo en las mujeres no institucionalizadas, lo que no se debe olvidar a la hora de dirigir y planificar distintas intervenciones.

 

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Dirección para correspondencia:
Encarnación Rubio Aranda
Facultad de Medicina, edificio A
C/ Domingo Miral, s/n
50009 Zaragoza
E-mail: erubio@unizar.es

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