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Revista Española de Salud Pública

versión impresa ISSN 1135-5727

Rev. Esp. Salud Publica vol.77 no.6 Madrid nov./dic. 2003

 

EN MEMORIA DE PATXI CATALÁ

Enrique Gil López, Esteban de Manuel Keenoy, José Miguel Mata de la Torre, 
José Oñorbe de Torre y Manuel Oñorbe de Torre.


 Recuerdo la ternura en su mirada y  a. vera
 y la gente camina su sendero.
Anónimo y heroico como el pueblo
Ha partido ya mi compañero.

Patricio Manns

   

Al escribir el recuerdo de un compañero, un amigo, con el que crecimos en muchas ilusiones y en tantas cosas, se mezclan sentimientos difíciles de comprender y casi imposibles de transmitir en toda su amplitud. ¿Cómo podemos presentar a nuestro compañero?, ¿cómo podemos elegir entre tantos recuerdos y horas compartidas?, ¿cómo podemos dibujar someramente su trayectoria personal, sanitaria, política y social?, que en tanto se mezcla con nuestra propia trayectoria. Las respuestas no son pues más que una demostración de impotencia. La que nos generó su sufrimiento en la enfermedad y nos produce su muerte. La que provoca la pérdida de un amigo, un compañero, un sanitario comprometido con la sociedad, con la lucha por la libertad y contra la desigualdad y la injusticia.

Si tenemos que elegir entre las características que definían a Patxi optaríamos por su inteligencia y por su compromiso ético. Tenía, y ese es su legado, una de las cabezas mejor ordenadas de las que últimamente han transitado por nuestra sanidad. Él era consciente de ello, como también lo era de sus limitaciones, por ello no necesitaba ocupar su tiempo en competir y dedicaba sus esfuerzos en aquello que le preocupaba y que siempre se relacionaba con sus compromisos sanitarios y sociales y con sus inquietudes intelectuales. Compromisos e inquietudes que mantuvo hasta el final de su vida. Como prueba de ello transcribimos algunos comentarios que nos hizo hace escasamente dos años, estando ya enfermo:

Trabajar en temas políticos forma parte de nosotros, hay que seguir comprometidos social y políticamente... Me encuentro animado, de buen humor. Acabo de hacer un trabajo de 20 folios sobre historiografía de la ciencia para un amigo (su doctorado) y me he sentido bien... Estoy aprovechando para leer con tranquilidad y poder coger el Ulises o En busca del tiempo perdido, meterme con los novelones del XIX o disfrutar con Monterroso. Intento seguir el debate político y leyendo sobre globalización, perspectivas sobre las señas de identidad del socialismo, el digitalismo, a los Dhal, Giddens, Estefanía, Ramonet y otros más críticos del grupo de le Monde Diplomatique, etc. Ya veis estoy un poco en plan «letrillas»...

Su inteligencia le permitía «diagnosticar» perfectamente las situaciones, elegir con acierto los objetivos y priorizarlos de manera que su consecución parecía fácil, como si no costara esfuerzo. Sabía, por otro lado, rodearse del equipo de profesionales más adecuado para conseguir lo que se proponía y los elegía de manera que cubrían perfectamente las indudables lagunas de que él adolecía. Quizás ese ha sido uno de sus mayores y mejores aciertos: saber rodearse de gente que complementaba perfectamente sus propias características.

Además sabía estimular como pocos lo han hecho, y trasmitir la conciencia de trabajo colectivo a todo su equipo de manera que todos se sentían responsables del trabajo. Como se dijo el día 26 de noviembre en la EASP durante su recuerdo, «nunca fue protagonista de la película», toda la gente que ha trabajado con él éramos conscientes de que era el director de la orquesta, pero todos teníamos nuestro lugar y nunca nos sentíamos arrinconados, porque sabía trasmitir a cada uno lo importante de su papel.

Nosotros, los firmantes de este «En Recuerdo», formamos con él parte de una generación que creció en la esperanza de la política, de una mejor sanidad, de una mayor justicia social. Tuvimos la suerte de compartir con Patxi los años de nuestra formación universitaria, durante los últimos sesenta y los primeros setenta; en aquel tiempo compatibilizamos juntos la formación estrictamente académica con la actividad política que, con desigual intensidad, hemos continuado; él se reveló, casi inmediatamente, como el líder que siempre fue y le elegimos Delegado de Curso, en aquellos años en que las reivindicaciones estudiantiles nos servían para poner de manifiesto las contradicciones de la dictadura y nos hacían crecer como personas

También compartimos nuestra entrada en el ejercicio de la salud pública con la preparación de aquellas oposiciones a «epidemiólogos» que se convocaron en las postrimerías de la dictadura, después de un largo periodo de sequía, durante el que apenas se produjeron incorporaciones a la función pública en Sanidad. Aquellas oposiciones, que aprobamos 45 ilusionados jóvenes, marcaron el inicio de la renovación y resurgimiento de la Salud Pública en nuestro país. Compartimos además experiencias, personales y profesionales en la antigua Dirección General de Sanidad (en la Plaza de España) cuando ésta dependía del Ministerio de la Gobernación y más tarde en el Ministerio de Sanidad, tiempo en el que nos desarrollamos profesionalmente y renovamos nuestro compromiso con lo público y la salud de la colectividad.

Después Patxi se fue a Andalucía, donde desarrolló todo su potencial creando la Escuela Andaluza de Salud Pública y colaborando en proyectos de desarrollo sanitario en países que lo necesitaban, lo que ha sido su principal obra. La EASP no sólo se convirtió en la institución de formación e investigación en salud pública y gestión sanitaria que el sistema de salud en Andalucía y en España requerían. Ayudó a transformar el lenguaje y las mentalidades de los profesionales sanitarios, incorporando los conceptos de gestión a la salud pública y a la práctica clínica, y los de salud pública y evaluación de resultados a la gestión. Gracias a su impulso, la EASP se convirtió en un foro de encuentro donde muchos profesionales de toda España pudieron presentar y discutir sus ideas para mejorar nuestro sistema.

A nosotros nos queda, no sólo su legado sanitario, si no un vacío personal, que aunque ocupado por recuerdos, vivencias y melancolía por las noches compartidas en sus «cármenes granadinos» y en paseos por el Albaicín, es imposible de llenar porque forma parte de nuestra propia historia personal.

Por todo ello, como sanitarios, como amigos, queremos unirnos a las voces que el día de su homenaje en la EASP pidieron y propusieron que la Escuela lleve su nombre, en reconocimiento a su trabajo, impronta y dedicación a un proyecto que sirve a la formación y la investigación en salud pública, considerando, como cuando él la dirigía, que nuestra profesión sólo tiene sentido si cumple su compromiso con la sociedad y que los hombres y mujeres que la ejercen adquieren la responsabilidad de cumplirlo.

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