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Anales del Sistema Sanitario de Navarra

versión impresa ISSN 1137-6627

Anales Sis San Navarra vol.31 no.3  sep./dic. 2008

 

REVISIONES

 

Influencia de la dieta sobre marcadores plasmáticos de estrés oxidativo en humanos

Influence of dietary intake on plasma biomarkers of oxidative stress in humans

 

 

K.B.F. Barbosa1, J. Bressan2, M.A. Zulet3, J.A. Martínez3

1. Departamento de Ciencia e Tecnologia dos Alimentos. Universidade Federal de Viçosa. Viçosa. Minas Gerais. Brasil.
2. Departamento de Nutrição e Saúde. Universidade Federal de Viçosa. Viçosa. Minas Gerais. Brasil.
3. Departamento de Ciencias de la Alimentación, Fisiología y Toxicología. Universidad de Navarra. Pamplona. Navarra. España.

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

La instauración del estrés oxidativo se relaciona con la existencia de un desequilibrio entre los sistemas oxidativos y antioxidantes, a favor de los primeros. Tal proceso se ha involucrado en el desarrollo de las enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas: obesidad, aterogénesis, diabetes, transtornos neurodegenerativos y cáncer. El estrés oxidativo se controla a través de sistemas de defensa antioxidantes, incluyendo mecanismos enzimáticos y no enzimáticos. Este último grupo se refiere, sobre todo, a los antioxidantes de origen dietético, especialmente, vitaminas, minerales y fitoquímicos (polifenoles y carotenoides). De ello, deriva la importancia de la dieta como factor involucrado en la modulación del estrés oxidativo. Las implicaciones y efectos de los antioxidantes dietéticos sobre el proceso oxidativo pueden ser evaluados por medio de diversos biomarcadores específicos. Estos indicadores incluyen sobre todo, a los productos derivados de la oxidacion de lípidos, proteínas y ácidos nucleicos por radicales libres y especies reactivas de oxígeno. Por otra parte, los marcadores basados en la valoración de la capacidad antioxidante son también indicadores del estrés oxidativo. Los estudios que abordan la dieta como factor que modula el estrés oxidativo, se basan, preferentemente, en el efecto de las vitaminas y minerales (estudios de suplementación), alimentos y bebidas (fuentes de compuestos antioxidantes) o patrones dietéticos. Algunos estudios han logrado describir efectos beneficiosos sobre los marcadores del estrés oxidativo. No obstante, todavía, los resultados no son del todo concluyentes, presentándose una importante heterogeinidad metodológica en cuanto a las condiciones de los sujetos y de las intervenciones dietéticas evaluadas, así como sobre la interpretación de los resultados y su incidencia sobrre la salud.

Palabras clave. Estrés oxidativo. Dieta. Antioxidantes. Humanos.


ABSTRACT

Oxidative stress is related to an imbalance between the production of reactive species and the antioxidant defenses. In essence, oxidative stress has been defined as a disturbance in the pro-oxidant/antioxidant balance, leading to potential damage. It has been suggested that oxidative stress is involved in the etiology of several chronic diseases including cardiovascular disease, diabetes, cancer and neurodegenerative processes. The antioxidant defenses include nonenzymatic (especially dietary antioxidants) and antioxidant enzymes. Vitamins, minerals and phytochemicals (polyphenols and carotenoids) are among the major dietary antioxidants. The assessment of oxidative stress status though specific biomarkers has acquired great importance. The major biomarkers include the products of the attack of free radicals and reactive species to various substrates: lipids, proteins and nucleic acids. Measurement of antioxidant capacity may also involve the assessment of specific oxidative stress biomarkers. Most of the studies that have examined the association between diet and oxidative stress consider the effects of antioxidant supplements (vitamins and minerals), drinks and foods with bioactive compounds or dietary patterns on oxidative stress biomarkers. Some of these studies have demonstrated beneficial results on oxidative stress markers. However, the role of diet on oxidative stress biomarkers remains unclear and represents a potentially fruitful area for further research in the health area.

Key words. Oxidative stress. Diet. Antioxidants. Humans.


 

Introducción

La instauración del proceso de estrés oxidativo ocurre por la existencia de un desequilibrio entre los sistemas oxidativos y los mecanismos antioxidantes, a favor de los primeros, llevando a la generación de grandes cantidades de radicales libres o detrimento de la velocidad de neutralización de éstos1. Este proceso conduce a la oxidación de biomoléculas con la consiguiente pérdida de sus funciones biológicas; así como al descontrol homeostático junto al potencial daño oxidativo contra las células y tejidos1,2. La cronicidad del estrés oxidativo conlleva importantes implicaciones en el desarrollo de las enfermedades crónicas no transmisibles, tales como la obesidad, la aterogénesis, la diabetes, los transtornos neurodegenerativos y el cáncer3,4 (Fig.1).

Por otro lado, se desarrollan las defensas antioxidantes que, por su parte, tienen la función de inactivar las especies reactivas de oxígeno y/o radicales libres y, como consecuencia, proteger contra los daños oxidativos5. Tales acciones pueden ser llevadas a cabo por medio de distintos mecanismos, impidiendo la formación de los radicales libres y/o especies reactivas (sistema de prevención); inhibiendo la acción de éstos (sistema barredor) o favoreciendo la reparación y la reconstituición de las estructuras biológicas dañadas (sistema de reparación)2.

Diversas investigaciones se han dirigido a identificar marcadores para la evaluación del estrés oxidativo, con el objetivo de sistematizar su utilización en el diagnóstico de los efectos adversos de este proceso1,5,6.

Este trabajo tiene por objetivo revisar el efecto de la dieta sobre los marcadores de estrés oxidativo, resaltando las implicaciones de los principales nutrientes, alimentos y patrones dietéticos involucrados en la modulación de tal proceso.

 

Antioxidantes dietéticos y marcadores de estrés oxidativo

Las defensas antioxidantes son clasificadas, principalmente, en enzimáticas y no enzimáticas. Estos últimos sistemas, incluyen, especialmente, los antioxidantes de origen dietético, entre los cuales destacan vitaminas, minerales y polifenoles. Así, el a-tocoferol y b-caroteno (precursores de las vitaminas E y A, respectivamente) junto con el ácido ascórbico (vitamina C), son sustancias con gran potencial antioxidante. Otros carotenoides, como el licopeno, también son considerados antioxidantes. Entre los minerales destacan el zinc, el cobre, el selenio y el manganeso que, debido a su actuación como cofactores de las enzimas antioxidantes, pueden tener capacidad de neutralizar mecanismos oxidativos (Tabla 1).

Un antioxidante con función biológica se define como aquella sustancia que presente en concentraciones muy pequeñas, comparadas con las de un sustrato oxidable, disminuye o evita la oxidación del mismo. Tales sustancias pueden tener acción directa, por medio de la neutralización de los radicales libres y especies reactivas no radicales, o indirecta, a través de sistemas enzimáticos con capacidad para su neutralización1,2.

Cuando la producción de radicales libres y/o especies reactivas supera la capacidad de acción de los antioxidantes, se favorece la oxidación de biomoléculas, generando metabolitos específicos, marcadores del estrés oxidativo, que pueden ser identificados y cuantificados. Así, tales marcadores se basan, sobre todo, en el análisis de la oxidación de lípidos, proteínas y del ácido desoxirribonucleico (ADN), siendo los primeros los de mayor expresión. Otra forma de abordar la evaluación de estrés oxidativo es la que emplea métodos indirectos, basados en la capacidad antioxidante (Tabla 2).

Cada vez hay mayor evidencia científica de que el estrés oxidativo está involucrado en los mecanismos que acompañan al sindrome metabólico4. Además de las varias condiciones que afectan al estrés oxidativo, la dieta es un factor modulador de gran importancia5. De ello se deriva la relevancia de los marcadores del estrés oxidativo, que constituyen herramientas notables en la evaluación de los posibles efectos e implicaciones de la dieta sobre el referido proceso.

 

Implicaciones de las vitaminas y minerales sobre los marcadores de estrés oxidativo

La suplementación tanto de vitaminas como de minerales logra ejercer efectos beneficiosos sobre algunos de los marcadores de estrés oxidativo, incluyendo los basados en la oxidación de las biomoléculas, sobre todo, lípidos (F2-isoprostanes, prostaglandin F2-alfa-8 isoprostane - 8-epiPGF2a, malondialdehyde - MDA, oxidized low density lipoprotein lipoproteína - LDL-ox, thiobarbituric reactive acid susbstances - TBARS)7-15, proteínas (carbonilos y nitrotirosina) y ADN (8-hydroxy-2’-deoxyguanosine - 8-OHdG)15. Por otro lado, no logra ejercer efectos sobre la capacidad antioxidante (oxygen-radical absorbance capacity - ORAC, total antioxidant status - TAS)16,17. La suplementación de selenio es capaz de aumentar la actividad de las enzimas antioxidantes, entre ellas, la glutatión peroxidasa (GSH-Pox), que tiene este mineral como cofactor enzimático13,18. Además, respecto a la suplementación de vitamina E, se ha observado diferencia entre géneros, siendo ésta más efectiva entre los hombres, logrando presentar efectos favorables sobre los niveles plasmáticos de MDA y otros marcadores basados en la oxidación de lípidos (maximal rate of oxidation y lag time)7 (Tabla 3).

Por otra parte, los efectos de la suplementación de vitaminas y/o minerales sobre los marcadores de estrés oxidativo no son concluyentes y todavía no es posible definir la dosis y/o tiempo de suplementación con los que se logran mejores efectos antioxidantes. Además, hay importantes variaciones respecto a otras condiciones (número de sujetos, edad, índice de masa corporal - IMC, hábito tabáquico y condiciones de salud), que pueden afectar al estrés oxidativo. De hecho, tales variaciones metodológicas relacionadas a estos estudios, posiblemente, justifican las discrepancias de sus resultados, todavía controvertidos (Tabla 3).

Respecto a las dosis de suplementación, cabe resaltar que en algunos estudios9,13,15,19 (Tabla 3) su ingesta, según el Institute of Medicine20,21, se encuentra por encima de los niveles de ingesta tolerables (Tolarable Upper Intake Levels - UL) y que las altas dosis de un nutriente aislado puede ser determinante de un desequilibrio entre los sistemas prooxidantes y los antioxidantes22. Aún así, las dosis administradas en los referidos estudios, no parecen ser suficientes para generar desequilibrio oxidativo dañino.

En este contexto, cabe resaltar la notable interacción existente entre vitaminas y minerales respecto a sus efectos antioxidantes. Mientras las vitaminas actúan donando o aceptando electrones en las reacciones de óxido-reducción, los minerales regulan la actividad de las enzimas antioxidantes22. Algunos autores11,12,16,17 han investigado el efecto de la suplementacion de una mezcla de vitaminas y/o minerales, describiendo efectos favorables sobre los niveles plasmáticos de MDA, TBARS12 y LDL-ox11. Sin embargo, no se observaron efectos de la interacción entre las vitaminas C y E sobre los niveles urinarios de MDA y F2-isoprostanos o sobre la ORAC16, ni tampoco de la mezcla de las vitaminas C, E y A, zinc y selenio sobre los niveles plasmáticos de F2-isoprostanos y TAS17. Estos hallazgos resultan controvertidos respecto a la distinta acción de determinados antioxidantes dependiendo del compartimento celular o tejido en el que actúan. Un ejemplo de estas investigaciones es que la vitamina C, pero no la E, mostró ser capaz de actuar favorablemente en relación a ORAC, lo que se atribuye a que la vitamina C, al contrario de la E, actúa mejor en los medios hidrofílicos16 (Tabla 3).

Además, el efecto antioxidante de las vitaminas y minerales depende, todavía, de otros factores, entre ellos la absorción y biobisponibilidad en condiciones fisiológicas, concentración plasmática o sérica ideal para desempeñar su actividad antioxidante, el tipo de radicales libres o especies reactivas generados en el proceso oxidativo, el compartimento donde fueron generados, la heterogeneidad de los voluntarios y la variabilidad de la metodología de laboratorio, cuya valoración es necesaria para interpretar las discrepancias entre estudios y su interpretación22,23.

 

Implicaciones de los alimentos y bebidas fuentes de polifenoles y carotenoides sobre los marcadores del estrés oxidativo

Los estudios centrados en los efectos de los polifenoles y carotenoides sobre los marcadores de estrés oxidativo son, sobre todo, referentes a la administración de alimentos y/o bebidas, fuentes de estos compuestos antioxidantes6. De la misma forma que sucede con los estudios de suplementación de vitaminas y minerales, estas investigaciones también presentan resultados variables, en parte porque, suelen presentar grandes diferencias respecto al contenido de polifenoles y carotenoides en los alimentos y/o bebidas y a su período de administración, así como la realización o no de un período de lavado previo a la administración del alimento o bebida. Otras condiciones que pueden afectar a la interpretación de los efectos sobre el estrés oxidativo son el número de sujetos, edad, IMC, hábito tabáquico y condiciones de salud de los participantes (Tabla 4).

Los polifenoles son un conjunto heterogéneo de moléculas que comparten la característica de poseer en su estructura varios grupos fenólicos y de tener potente actividad antioxidante24,25. Los polifenoles del vino incluyen, entre otros, a los ácidos fenólicos, quercetina, catequinas y resveratrol. También son de gran importancia los polifenoles presentes en infusiones y extractos naturales, destacando las catequinas presentes en el té verde. Entre los carotenoides sin acción análoga a la de la vitamina A, el licopeno destaca por sus acciones antioxidantes. Los tomates y sus productos derivados son las fuentes más representativas de estos compuestos24. En el aceite de oliva, están presentes, sobre todo, los fenoles simples hidrotirosol y tirosol25.

El efecto antioxidante de los polifenoles depende de su biobisponibilidad y absorción. El contenido de estos compuestos en los alimentos y bebidas está afectado por varios factores: clima, tipo de suelo, tipo de cultivo, exposición al sol, entre otros. El pelado de las frutas y los vegetales puede disminuir el contenido de polifenoles, ya que éstos están presentes, en mayor concentración, en sus partes más externas. Además, la cocción y el almacenamiento también pueden variar la cantidad de estos compuestos24. Hay evidencias de que los polifenoles pueden ejercer su acción antioxidante antes de su absorción, a nivel del tracto gastrointestinal. Además, los productos generados por la fermentación bacteriana de los polifenoles son responsables de parte de sus efectos sistémicos. También las interacciones entre los polifenoles y otros componentes de los alimentos y bebidas pueden afectar su absorción. Un ejemplo de esta interación es que la presencia de alcohol puede aumentar la absorción de los polifenoles del vino al aumentar su solubilidad24,25.

Respecto al efecto que pueden tener los antioxidantes de la dieta en la atenuación del estrés oxidativo posprandial, un estado asociado con elevado riesgo de aterosclerosis, diabetes y obesidad, algunos autores26 destacan el papel beneficioso de la ingesta de polifenoles cuando son aportados junto con una comida alta en grasa. Tales compuestos mejoran la disfunción endotelial y disminuyen la susceptibilidad de las LDL a ser oxidadas26.

El vino sigue siendo considerado un componente con potencial antioxidante, cuya acción sobre los marcadores de estrés oxidativo se da, principalmente, por la presencia de los polifenoles. Estos compuestos están presentes, mayoritariamiente, en el hollejo y en las semillas de las uvas, de modo que su concentración es dependiente del tipo de uva utilizada, de las condiciones climáticas que llevaron a producir el fruto, así como del modo de procesamiento y fabricación del vino. En la Tabla 4, se puede observar que el vino tinto en comparación al blanco, presenta mayor concentración de tales compuestos27.

Respecto al aceite de oliva, además de los ácidos grasos monoinsaturados, que comparados a los poliinsaturados tienen mejores efectos sobre los marcadores de estrés oxidativo25,28, aporta también fenoles simples (hidroxitirosol y tirosol). Estos compuestos están presentes, sobre todo, en el aceite de oliva virgen, ya que practicamente la totalidad de ellos se pierde durante el proceso de refinamiento25.

Así, el aceite de oliva, principalmente el virgen, por la presencia de tales compuestos, se presenta capaz de ejercer efectos beneficiosos sobre el estrés oxidativo, apreciables con el estudio de sus marcadores28-33. Estos efectos son observados tanto a corto30 como a largo plazo31,33 (Tabla 4).

La principal fuente de catequinas es el té verde34. Estos compuestos ejercen efectos positivos sobre el estrés oxidativo, manifestado en algunos de sus marcadores: 8-OHdG34 y MDA35. Otro compuesto polifenólico, la quercetina, aportada en la dieta por medio de la cebolla y el té negro, fue capaz de modificar el estado de estrés oxidativo solamente en los hombres36. Además, estos estudios también presentan gran variabilidad en las condiciones de los sujetos y en los componentes administrados (Tabla 4).

En los estudios centrados en el efecto de la ingestión de tomate, rico en licopeno, sobre los marcadores de estrés oxidativo existe una tendencia general que demuestra un efecto positivo sobre los niveles plasmáticos de carotenoides (Tabla 4). Pero esto no fue suficiente para lograr un aumento en la TAS de las muestras de interés (suero o plasma)37-39.

 

Implicaciones del patrón dietético y de la restricción calórica sobre los marcadores de estrés oxidativo

Además de los estudios que hacen referencia al efecto de nutrientes o alimentos aislados sobre los marcadores de estrés oxidativo, cabe destacar aquellos que se refieren a los patrones dietéticos. Éstos tienen la ventaja de considerar la interacción existente entre los distintos nutrientes y alimentos ingeridos en el contexto de un patrón dietético, evitando errores en la interpretación de los resultados referentes a la acción sobre el estrés oxidativo. Por otro lado, tales estudios también presentan importante heterogeneidad metodológica relacionada con las condiciones de los sujetos (sexo, edad, IMC, estado de salud, hábito tabáquico, entre otros) e intervenciones realizadas (Tabla 5).

En cuanto a estudios de intervención, destacan por el grado de evidencia científica el estudio PREDIMED (PREvención con DIeta MEDiterránea)40, un estudio multicéntrico, prospectivo, aleatorizado y controlado que pretende valorar la eficacia y seguridad de una dieta de intervención dietética mediterránea en la prevención primaria de enfermedad cardiovascular. Este ensayo de larga duración recluta a pacientes de alto riesgo para seguir una DM suplementada con aceite de oliva virgen (1 litro a la semana para aliñar y cocinar) o frutos secos (30 g al día, de los cuales 15 g almendras y 15 g nueces). Entre los beneficios encontrados al cabo de 3 meses, respecto a una dieta baja en grasa, se citan reducción de la tensión arterial sistólica, mejora en la colesterolemia con reducción en el cociente colesterol total/c-HDL (lipoproteínas de alta densidad), así como disminución en los niveles de proteína C reactiva, todos ellos marcadores de riesgo cardiovascular40. Investigaciones posteriores, dentro de este estudio PREDIMED, han relacionado el consumo de determinados componentes de la dieta mediterránea (frutas, cereales, nueces y aceite de oliva virgen) con más bajas concentraciones de marcadores del estado inflamatorio, principalmente con los relacionados con la disfunción endotelial en voluntarios con alto riesgo cardiovascular reclutados en este estudio41. En cuanto a marcadores del estrés oxidativo, se han encontrado efectos beneficiosos sobre los niveles plasmáticos de LDL-ox y de MDA en células mononucleares tras 3 meses de intervención en sujetos con alto riesgo cardiovascular42.

A su vez, entre las características principales de la dieta mediterránea están el notable consumo de vegetales, legumbres, frutas, frutos secos, cereales integrales, pescados, el aceite de oliva (ácidos grasos monoinsaturados y polifenoles) como la grasa principal y la frecuente presencia del vino tinto (polifenoles)43. En este sentido, el Lyon Diet Heart Study44, un estudio randomizado, simple ciego, demuestra la eficacia del seguimiento de la dieta mediterránea rica en ácido alfa-linolénico en la prevención secundaria de las enfermedades cardiovasculares (después de un primer infarto), con un 50-70% de reducción del riesgo de recurrencia después de 4 años.

Así, el efecto beneficioso de la dieta mediterránea sobre los marcadores de estrés oxidativo está asociado, posiblemente, a la sinergia entre los macro y micronutrientes procedentes de alimentos que caracterizan este patrón dietético45,46. Los efectos favorables del consumo de la dieta mediterránea, durante 6 meses, se han hallado sobre los niveles plasmáticos de TBARS y actividad de la enzima GSH-Pox45 (Tabla 5). Por otro lado, el seguimiento de un patrón mediterráneo, durante 4 semanas, no fue capaz de ejercer efectos sobre los niveles urinarios de 8-epiPGF2, lo que, posiblemente, sea debido al corto período de la intervención dietética47.

Respecto a las intervenciones, además de la dieta mediterránea45,47, sigue siendo investigado, el efecto de otros patrones y/o factores dietéticos sobre los marcadores de estrés oxidativo, destacándose el tipo y cantidades de grasa e hidratos de carbono consumidos48,49, contenido de antioxidantes50, consumo de frutas y legumbres51,52 y restricción calórica51-57 (Tabla 5).

Roberts y col48 han descrito que el consumo de una dieta baja en grasa y alta en fibra, durante 3 semanas, fue capaz de disminuir en un 28% los niveles séricos de 8-epiPGF2a. Estos resultados fueron corroborados posteriormente49 (Tabla 5). Estos autores atribuyeron tal hallazgo al hecho de que el alto contenido en fibra confiere un notable consumo de nutrientes antioxidantes, además de la disminución de los hidratos de carbono refinados. De la misma forma, esta investigación destacó que la menor proporción de grasa saturada, también puede estar involucrada en los resultados observados.

Respecto a la intervención conocida como Dietary Approaches to Stop Hypertension (DASH), su consumo durante 4 semanas, tuvo efecto sobre la capacidad antioxidante, aumentando la Ferric Reducing Ability of Plasma (FRAP). Por otra parte, no hubo efecto sobre los niveles plasmáticos de F2-isoprostanos (Tabla 5). Los autores resaltan que la baja adherencia a la dieta supuso una limitación del estudio, pero a pesar de ello, el alto contenido de antioxidantes, en razón del consumo considerable de frutas, verduras y cereales integrales, posiblemente, fue el determinante de los efectos positivos50.

Por otra parte, existe cada vez mayor evidencia científica de que la restricción calórica está relacionada con la modulación del estrés oxidativo51-57. Esta asociación se atribuye, principalmente, a la reducción del peso corporal. Independientemente de esta interpretación, pueden suceder efectos positivos sobre algunos marcadores, principalmente, los basados en los lípidos6. La expresión de los marcadores de estrés oxidativo se presenta aumentada entre los individuos obesos, correlacionándose positivamente con el tejido adiposo4.

Las intervenciones dietéticas basadas en la restricción calórica lograron presentar efectos positivos sobre algunos de los marcadores de estrés oxidativo, incluyendo los basados en la oxidación de lípidos (TBARS53, MDA51,52,55,56 e isoprostanos52,57), ADN (8-OHdG54) y proteínas (carbonilos y nitrotirosina57), además de los efectos sobre la actividad de la enzima superóxido dismutasa (SOD)55. Sin embargo, los estudios acerca de la asociación entre restricción calórica y estrés oxidativo suelen ser llevados a cabo en sujetos obesos o con sobrepeso51-57. Se ha descrito que después de 6 meses de dieta con restricción calórica los marcadores de estrés oxidativo (LDL-ox y MDA) disminuyen en los obesos, pero no en los individuos con normopesos56. Respecto al tiempo de la intervención, los estudios presentan resultados beneficiosos tanto a corto55 como a largo plazo51,52,57 (Tabla 5).

Todos estos datos deben ser considerados con cierta cautela, puesto que hay diferentes factores genéticos58, de situación previa inflamatoria59, o de los mecanismos de regulación de la composición corporal60, que pueden influir sobre la interpretación de los resultados.

 

Consideraciones finales

La dieta, sin duda, es un factor de gran importancia en la modulación del estrés oxidativo. Los efectos de los factores dietéticos sobre los marcadores de estrés oxidativo no son, todavía, concluyentes. En todo caso, cabe resaltar que parte de los estudios referentes al efecto de nutrientes, alimentos y patrones dietéticos sobre el estrés oxidativo, han descrito efectos beneficiosos sobre los diferentes marcadores de estrés oxidativo presentados, incluyendo los basados en la oxidación de lípidos (MDA, TBARS, isoprostanos y LDL-ox), proteínas (carbonilos y nitrotirosina) y ADN (8-OHdG), además de los referentes a capacidad antioxidante (TAS, FRAP, ORAC) y actividad de las enzimas antioxidantes (GSH-Pox, SOD y CAt). Por otra parte, no está plenamente demostrado si el beneficio encontrado sobre algunos marcadores de oxidación implica siempre un menor riesgo de eventos cardiovasculares, lo que daría una solidez absoluta a la recomendación de un patrón dietético en concreto.

Sin embargo, algunos de los estudios presentados demuestran importante heterogeneidad metodológica relacionada con las condiciones de los sujetos (sexo, edad, IMC, estado de salud, uso de fármacos, hábito tabáquico, entre otros) y además, existe variabilidad en el tipo de intervención realizada (dosis y tiempo de suplementación, contenido de polifenoles y carotenoides, características de los patrones dietéticos y tiempo de las intervenciones dietéticas), lo que dificulta su interpretación. Tales diferencias pueden ser determinantes en unos resultados todavía controvertidos, sobre el papel beneficioso de la dieta sobre el estrés oxidativo, además de algunas enfermedades crónicas (obesidad, hipertensión, diabetes, aterogénesis, entre otras), requiriendose investigaciones adicionales. No obstante, los estudios centrados en diseños metodológicos más consolidados, como los ensayos clínicos aleatorizados, cruzados y controlados, además de los metaanálisis, constituyen herramientas notables en la búsqueda de hallazgos que aportan un mayor nivel de evidencia científica acerca de la influencia de la dieta sobre marcadores de estrés oxidativo y sus implicaciones sobre la salud humana.

 

Agradecimientos

A Coordenação de Aperfeiçoamento de Pessoal de Nível Superior (CAPES) por fomentar la estancia de estudios de doctorado en la Universidad de Navarra en el marco del Programa Hispano-Brasileño de Cooperación Interuniversitaria (CAPES/MECD/DGU) y a la Línea Especial Nutrición, Obesidad y Salud (Universidad de Navarra LE/97) y al Departamento de Salud del Gobierno de Navarra (Proyecto 22/2007) por el apoyo en la investigación en esta área.

 

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Dirección para correspondencia:
J. Alfredo Martínez Hernández
Departamento de Ciencias de la Alimentación,
Fisiología y Toxicología
Universidad de Navarra
Irunlarrea, 1
31008 Pamplona
Tfno. 948425600 Ext: 6424
Fax 948425649
E-mail: jalfmtz@unav.es

Recepción el 19 de junio de 2008
Aceptación provisional el 8 de septiembre de 2008
Aceptación definitiva el 9 de octubre de de 2008

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