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Educación Médica

versión impresa ISSN 1575-1813

Educ. méd. v.6 n.2 Barcelona abr.-jun. 2003

 

ORIGINAL


Actitud ante el sida en estudiantes de enfermería.
¿Cuál es el papel de la formación académica?


Joaquín Tomás Sábado y Amor Aradilla Herrero

Escola Universitària d'Infermeria Gimbernat. Sant Cugat del Vallès (Barcelona)

 

Los objetivos de este estudio fueron conocer la actitud ante el SIDA que presentan los estudiantes de una escuela de enfermería (N= 242) y comprobar si esta actitud presenta variaciones significativas entre los diferentes cursos. Para la medición de la actitud se utilizó la Escala de Actitud ante el SIDA para Enfermería (EASE). Los resultados del ANOVA no revelaron diferencias estadísticamente significativas entre los tres cursos (F= 0.886; p = 0,414). No obstante, a partir del análisis pormenorizado de las respuestas a los diferentes ítems de la escala se ponen de manifiesto opiniones que reflejan actitudes negativas y prejuiciosas. Los resultados obtenidos plantean la necesidad de una reflexión profunda acerca de las estrategias docentes más adecuadas para modificar positivamente las actitudes y creencias que presentan los estudiantes ante el VIH/SIDA, dentro del objetivo general de formar profesionales capaces de dispensar cuidados de la máxima calidad, independientemente de la enfermedad o características personales de las personas a las que cuida.

Palabras clave: VIH-SIDA, actitudes, enfermería.

Attitude towards aids in nursing students. What is the role of academic formation?

The aims of this study were to know the attitude towards AIDS of the students of a nursing school (N = 242) and check if this attitude presents significant variations between the different courses. The Nursing Scale of Attitude towards AIDS (EASE, Escala de Actitud ante el SIDA para Enfermería) was used to assess their attitude. The results of the ANOVA did not reveal statistically significant differences among the three courses (F= 0.886; p= 0.414). Nevertheless, a detailed analysis of the answers to several items indicates that there are some negative and biased attitudes. The results obtained reveal the necessity of deep reflections about the most adequate educational strategies in order to improve the attitudes and believes of nursing students towards HIV/AIDS. The main aim is the formation of professionals who are able to give high quality care, independently of the patient's condition or personal characteristics.

Key Words: HIV/AIDS, Attitudes, Nursing


Correspondencia:
Joaquín Tomás Sábado
Escola Universitària d'Infermeria Gimbernat
Vial Interpolar del Vallès, s.n.
08190 Sant Cugat del Vallès (Barcelona)
Telf.: 935893727 • Fax: 935891466
E-mail: joaquin.tomas@cesc.es

 

INTRODUCCIÓN

Veinte años después de su aparición, el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) sigue constituyendo un grave problema de salud pública con importantes repercusiones sociales, que abarcan prácticamente todos los ámbitos: culturales, económicos, políticos, éticos y jurídicos. A lo largo de la historia, ninguna enfermedad, excepto, tal vez, la lepra, la peste o el trastorno mental, ha supuesto una estigmatización tan marcada de los afectados como el SIDA1. Las consecuencias de la enfermedad, su rápida extensión y sus características pandémicas han provocado la consideración del SIDA como la "plaga del siglo XX". Se ha dicho que el SIDA ha sido la enfermedad que más ha influido en el cambio de los hábitos sexuales de la sociedad actual, pero, además, su aparición ha transformado radicalmente muchos de los aspectos de la práctica de la medicina, enfermería y actividades asociadas, provocando un replanteamiento de cuestiones fundamentales de la función sanitaria. La cuestión de cómo proporcionar los cuidados adecuados a estos pacientes ha supuesto un importante aumento de las preocupaciones prácticas y éticas2, 3.

En un principio, el SIDA se asoció a la drogadicción y la homosexualidad, lo que favoreció un aumento de la transmisión heterosexual. En esta primera época se habla de grupos de riesgo (drogadictos, homosexuales, hemofílicos) descartando prácticamente la posibilidad de contagio en aquellas personas que no perteneciesen a uno de estos grupos. La poco afortunada denominación de grupos de riesgo ha sido sustituida en la actualidad por la más adecuada de conductas de riesgo, aunque algunos expertos consideran más adecuado hablar de prácticas de riesgo.

El SIDA presenta unas connotaciones muy especiales. Tradicionalmente asociado al colectivo homosexual y a los usuarios de drogas por vía parenteral, durante más de una década ha sido considerado como la "plaga gay" y "enfermedad de drogadictos". La enfermedad, incluso ahora, es vista por algunos como un "castigo divino" hacia las que se consideran conductas sociales inmorales. Tales actitudes tienen una influencia sobre la opinión pública y sobre las reacciones de los profesionales de la salud hacia los clientes con SIDA. Se ha comprobado que estos profesionales presentan reacciones fóbicas relacionadas con el tratamiento del SIDA, que se identifican con homofobia, fobia a la muerte y fobia al contagio ocupacional4. De hecho, son numerosos los estudios que han mostrado que un número importante de enfermeras, médicos y otros profesionales de la salud presentan actitudes marcadamente negativas hacia las personas con SIDA que originan barreras que afectan a la calidad de los cuidados5.

El miedo al contagio es identificado como la principal fuente de reacciones negativas hacia las personas con SIDA en el personal sanitario6. No obstante, el riesgo de contraer el SIDA por parte de los profesionales sanitarios, que, en realidad, es decididamente bajo, se ha magnificado, no sólo por la alta mortalidad que en sus inicios provocó, sino también por la percepción social de la enfermedad, que genera prejuicios sociales y miedo irracional7, lo que, inevitablemente, se traducirá en actitudes negativas hacia la enfermedad y, sobretodo, hacia sus afectados.

Sin embargo, el miedo al contagio no es la única causa de la actitud negativa hacia los enfermos de SIDA. También la vía de contagio parece ser un factor importante en cuanto a las actitudes del personal sanitario. Cole8 encuentra que las actitudes con respecto a seropositivos en una muestra de 125 estudiantes de enfermería iban de más a menos positivas según el contagio hubiese sido por transfusión sanguínea, actividad heterosexual, actividad homosexual y por compartir agujas. También con estudiantes de enfermería, West et al.9 llegan a resultados similares, encontrando que los más estigmatizados son los contagiados por actividades relacionadas con el uso de drogas y contacto sexual, y los menos por transmisión materna o transfusión de sangre. La vía de contagio, y, en consecuencia, el estilo de vida, se manifiesta también como condicionante de la actitud en estudios realizados con profesionales de enfermería10.

Otras variables que se han identificado como moduladoras de la actitud hacia el SIDA son la ideología, la edad11, el estrés laboral12, 13, actitudes sobre la homosexualidad14 y, en especial, las lagunas de conocimientos precisos sobre las características de la enfermedad y mecanismos de transmisión15 y la falta de experiencia clínica con pacientes con SIDA16.

En la numerosa literatura aparecida sobre la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y enfermería17, destacan dos temas principales: las actitudes negativas y ansiedades de las enfermeras relacionadas con el SIDA18, 19 y la necesidad imperiosa de una educación efectiva para cambiar estas actitudes y reforzar los conocimientos y habilidades de las enfermeras20, ante la evidencia de que la educación tiene un papel decisivo en el cambio de actitudes21.

En el ámbito sanitario, es particularmente importante la actitud hacia los enfermos de SIDA en el caso del profesional de enfermería, como responsable del cuidado, tratamiento, vigilancia y aplicación completa de los cuidados necesarios, que implican, además, la utilización continua de técnicas invasivas que suponen contacto directo con la sangre y otros fluidos corporales, vehículos de transmisión de la enfermedad22. Parece evidente que una herramienta importante para evitar las actitudes negativas de las enfermeras hacia el SIDA será una formación adecuada, que debe comenzar en las Escuelas de Enfermería y debe capacitar al estudiante en todos los aspectos relacionados con la infección VIH y las formas de protección de la exposición, sin olvidar las cuestiones éticas y morales relacionadas23-25. Algunos investigadores sugieren incorporar intervenciones efectivas en las estrategias de educación, como psicodrama, revisiones personales y la colaboración de personas con SIDA en las sesiones educativas26, ya que se ha comprobado que las estudiantes de enfermería que realizan sus prácticas en unidades donde hay pacientes con SIDA presentan posteriormente una mejora en su actitud hacia el SIDA en general y en la intención de trabajar con pacientes seropositivos27.

El objetivo de este trabajo es conocer la actitud ante el SIDA que presentan los estudiantes de una Escuela de Enfermería y comprobar si esta actitud presenta variaciones significativas entre los diferentes cursos, utilizando como criterio las respuestas de los estudiantes a la Escala de Actitud ante el SIDA para Enfermería (EASE)28.

MATERIAL Y MÉTODO

Sujetos

El estudio se realizó en la Escuela Universitaria de Enfermería Gimbernat, adscrita a la Universidad Autónoma de Barcelona, durante el primer trimestre del curso 2002-03, tomándose como población de estudio todos los alumnos matriculados en los tres cursos en turno de mañana, en total 242, de los cuales 215 eran mujeres y 27 hombres.

Instrumento

La recogida de datos se efectuó mediante la Escala de Actitud ante el SIDA para Enfermería (EASE), construida y validada por Tomás-Sábado28. La EASE es una escala tipo Likert de 21 ítems con cinco opciones de respuesta cada uno de ellos. Estas opciones van desde el total acuerdo al total desacuerdo con el reactivo propuesto. La puntuación asignada a cada ítem, en función de su direccionalidad es de 5 a 1 (5 para el total acuerdo y 1 para el total desacuerdo) para los ítems Nº 3, 5, 7, 8, 11, 14, 15 y 21; y de 1 a 5 (1 para el total acuerdo y 5 para el total desacuerdo) para los ítems Nº 1, 2, 4, 6, 9, 10, 12, 13, 16, 17, 18, 19 y 20. Los dos extremos de puntuación de la escala están constituidos por una puntuación máxima de 105, que indica las actitudes más positivas; y una puntuación mínima de 21, que indica las actitudes más negativas y prejuiciosas. En Anexo figuran los enunciados de los 21 ítems de la EASE. (ver anexo)

Procedimiento

El estudio se ajustó a un diseño observacional, descriptivo y transversal. Los cuestionarios se administraron colectivamente a los estudiantes por los propios profesores en el transcurso de su horario docente. Previamente se solicitó su colaboración voluntaria, garantizando la confidencialidad y el anonimato. Los datos se tabularon y analizaron mediante el paquete estadístico SPSS 11.0 para Windows, calculándose estadísticos descriptivos, porcentajes y análisis de la varianza (ANOVA).

RESULTADOS

De los 242 alumnos matriculados respondieron a la escala un total de 205, 184 mujeres y 21 hombres, con una edad media de 22,06 años (DT = 4,41) y un rango de 17 a 51 años. En cuanto a la distribución por cursos, 73 alumnos pertenecían a primer curso, 72 a segundo y 60 a tercero.

En la tabla 1 figuran las medias y las desviaciones típicas de las puntuaciones de la escala EASE para cada uno de los tres cursos y para el total de la muestra. Puede observarse que las mayores puntuaciones corresponden a los estudiantes de segundo curso. No obstante, las diferencias entre los tres cursos son escasas y el análisis de la varianza (ANOVA) determinó que estas diferencias no son estadísticamente significativas (F = 0,886; p = 0,414). Tampoco los contrastes múltiples entre los cursos determinaron diferencias significativas en ninguno de los casos.

 

Con objeto de poder considerar la actitud de los alumnos ante cada uno de los enunciados propuestos, la tabla 2 contiene los porcentajes de respuestas directas a los ítems de la EASE para el total de la muestra.

 

DISCUSIÓN

Del análisis de los resultados cabe destacar, en primer lugar, el hecho de que, en contra de lo esperado, no existen diferencias estadísticamente significativas entre los tres cursos de enfermería. Como puede verse en la tabla 1, las medias obtenidas en los cursos de primero, segundo y tercero, son prácticamente iguales y todas ellas superiores a la puntuación de 80. Con este resultado, a priori, podríamos concluir que la actitud de los estudiantes de enfermería ante los enfermos de SIDA es moderadamente favorable, teniendo en cuenta que la puntuación máxima, que representa la actitud más positiva, se sitúa en los 105 puntos.

Aunque, en principio, se había hipotetizado que el avance de curso, en cuanto supone un aumento de los conocimientos fisiopatológicos y humanistas, prácticas clínicas, madurez personal y otras experiencias individuales, se traduciría en un cambio hacia actitudes más positivas por parte de los alumnos —hipótesis avalada por estudios previos29, 30- lo cierto es que los resultados no confirman este presupuesto y resaltan una igualdad en cuanto a la actitud que no parece haber sido modificada por las variables mencionadas.

Por otro lado, aunque las puntuaciones globales de la escala parecen reflejar una actitud próxima a la que podría considerarse óptima para un futuro profesional de la salud, el análisis pormenorizado de las respuestas a cada uno de los ítems, contenidas en la tabla 2, nos da una visión menos optimista.

No obstante, antes de proceder a la interpretación de estas respuestas, es conveniente describir algunas características diferenciales entre los tres cursos. En el momento de responder a la escala, los estudiantes de primer curso han iniciado recientemente los estudios de enfermería, apenas han tenido ninguna clase de contenidos y por supuesto, no han tenido ningún contacto con la práctica clínica, lo que permite inferir que la actitud de este grupo no será muy diferente a la de la población general en su grupo de edad. Los alumnos de segundo curso, por su parte, han adquirido todos los conocimientos que se imparten en primero de carrera y han realizado prácticas clínicas durante un mes en diferentes instituciones sanitarias, aunque todavía no han adquirido conocimientos teóricos de fisiopatología sobre el VIH/SIDA. Los de tercer curso han hecho prácticas clínicas durante dos meses en diferentes hospitales y un mes en centros de atención primaria; además de haber cursado asignaturas teóricas donde se imparten conocimientos específicos sobre el tema.

Esta descripción de las características de los alumnos puede ayudarnos a una mejor interpretación y discusión de los resultados, especialmente de algunos ítems concretos.

En primer lugar, podemos destacar el hecho de que entre un 20 y un 25% de los estudiantes no tengan claro que debe guardarse el secreto profesional cuando hablamos de un portador del VIH (ítem 7). Así mismo, aproximadamente el 28% también opinan que un enfermo con SIDA debe ser identificado como tal (item 10), resultados en la misma línea que los obtenidos en otros estudios31. Estos datos deberían hacernos reflexionar sobre el tipo de educación que están recibiendo nuestros estudiantes y sobre la necesidad de promover estrategias docentes que consigan una aproximación más humana en el cuidado de estos enfermos.

Por otro lado, también llama la atención que un 20% de los alumnos de primer y tercer curso opinen que, como medida de precaución, debería evitarse el contacto con los portadores del VIH y enfermos de SIDA (ítem 19), a la vez que casi un 40% del total de alumnos no tienen claro que en las actividades cotidianas no existe riesgo de contagio (ítem 8). Evidentemente, esto conlleva la creencia que el riesgo aumentará considerablemente en el contacto directo con el paciente hospitalizado y propiciará el mantenimiento de serias precauciones en el contacto con estos enfermos.

Otro ítem que merece comentarse es el que hace referencia a la necesidad de llevar guantes siempre que se tenga contacto directo con un enfermo con SIDA (ítem 20). Un 20% de los alumnos de primero y segundo y un 40% de los de tercero están de acuerdo con la medida, de manera que se observa una progresión ascendente en relación con la creencia de la necesidad de la utilización de guantes conforme se avanza de curso. Una posible explicación a este hecho es la que apuntan otros estudios en los que se constata que el miedo al contagio aumenta con la realización de procedimientos invasivos32, dado que los alumnos de tercer curso son los que más prácticas clínicas han realizado y, por tanto, más técnicas invasivas han llevado a cabo. No obstante, también existen investigaciones que, alternativamente, sugieren que cuando los cuidados a enfermos de SIDA son más habituales se produce una falsa seguridad y se reducen las medidas universales de protección33.

En conclusión, los resultados obtenidos plantean la necesidad de una reflexión profunda acerca de las estrategias docentes más adecuadas que debemos utilizar en la modificación positiva de las actitudes y creencias que presentan los estudiantes ante el VIH/SIDA. Diferentes estudios han comprobado que la aplicación de programas específicos reducen la ansiedad y el miedo al contagio de las personas que cuidan a estos enfermos, a la vez que modifican los conocimientos sobre el tema13, 34-36.

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