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Educación Médica

versión impresa ISSN 1575-1813

Educ. méd. v.13 n.1 Barcelona mar. 2010

 

EDITORIAL

 

Una "nueva troncalidad" para la formación sanitaria especializada. ¿Es necesaria?

"New core subjects" for specialised health care training. Are they necessary?

 

 

Arcadi Gual

Director de Educación Médica. E-mail: agual@ub.edu

 

 

El actual sistema de formación sanitaria especializada en España, sistema de internos residentes (MIR, FIR, BIR, PIR), fue un hito que hacia los años setenta puso orden y dio calidad y prestigio a los especialistas formados en esta estructura. El sistema de formación de especialistas ha dado tan buenos resultados que no hay nadie que sea capaz de criticarlo abiertamente y no seré yo quien lo haga. Antes al contrario, me sumaré al proceso de satisfacción colectiva de poseer una excelente formación de profesionales especialistas en España.

Pero el tiempo no perdona y aun lo que era óptimo deja de serlo. Y el sistema de formación especializada ha empezado a chirriar no porque haya empeorado, sino porque el entorno ha evolucionado. El sistema sanitario español afronta retos que no eran imaginables en los años setenta. Entonces sobraban médicos, ahora no. Entonces era notoria la emigración y ahora lo es la inmigración. La esperanza de vida era corta y ahora tenemos una de las más largas de Europa. Antes el ciudadano no tenía voz y ahora tenemos un ciudadano informado que conoce y exige sus derechos.

Pues bien, en este entorno nuevo, diferente, afortunadamente mejor, no debe extrañar que sea necesario cambiar algo en la formación de especialistas. Seguramente la prueba (o pruebas) de acceso a la formación especializada será una de las cuestiones que requerirá adaptarse al nuevo orden de cosas (las tecnologías de la información y la comunicación, las necesidades del Sistema Nacional de Salud, etc.), pero hoy esta cuestión no toca. Otro punto, que tampoco toca, es el de la evaluación tanto de los residentes como de los tutores y del propio sistema de formación. Y una tercera cuestión es la estructura del plan de formación, lo que se ha dado en llamar 'troncalidad'.

En el sistema actual, cada especialidad sigue un programa de formación específico que no establece colaterales con los programas de otras especialidades; si entras en una especialidad, ya no hay caminos laterales ni marcha atrás. Sólo queda, si quieres cambiar de especialidad, empezar otra de nuevo. Si durante años hemos oído y leído repetidamente alguna crítica al sistema de formación especializada era su rigidez o quizá suena mejor decir su falta de plasticidad.

Hace años oía a los residentes quejarse de la rigidez del sistema. Si eliges, decían, una especialidad y luego quieres cambiar, hay que empezar de nuevo desde el principio. ¿No podrían sentar unas bases comunes? Hoy hubiesen hablado de competencias comunes, pero entonces el concepto de competencias no se usaba. Pero la misma crítica de falta de plasticidad del sistema de formación la he oído durante 20 años a jefes de servicio, gerentes y gestores en general. ¡Este sistema no permite reconvertir con facilidad a profesionales de una especialidad a otra!

Puedo asegurarles que la petición de sustituir el sistema actual de 'tantas especialidades, tantos troncos' por otra estructura en la que hubiese grupos de competencias comunes a diferentes especialidades y, por tanto, se pudiesen programar períodos de formación comunes a diversas especialidades, era un cambio solicitado clamorosamente.

Desde una valoración puramente técnica, la estructura con períodos comunes a diferentes especialidades es la que mejor optimiza el período formativo, la que mejores oportunidades ofrece al residente para que planifique su formación y, si fuera el caso, la que permitiría cambios entre ciertas especialidades con mayor facilidad. Sería, además, la que permitiría gestionar mejor los recursos humanos del sistema sanitario si llegado el caso una especialidad tuviera déficit de profesionales. Pero, sobre todo, es la que mejor puede contribuir a las necesidades del Sistema Nacional de Salud y, por tanto, a que el ciudadano tenga la mejor asistencia posible.

No creo equivocarme si digo que una estructura más plástica para el sistema de formación especializada sólo puede basarse en competencias y en el análisis de qué competencias son comunes a diferentes grupos de profesionales. ¡Ojo! He dicho 'grupos de profesionales', que no forzosamente coincidirán con especialidades médicas ni menos con áreas propias de una u otra sociedad científica.

Este editorial no pretender atacar ni defender, ni tan siquiera juzgar las propuestas que actualmente están sobre la mesa para modificar el modelo de la formación especializada. Esta revista no ha hecho ni hará políticas de partido, tribu o grupo, pero entiende la obligación de contribuir al debate desde la vertiente técnica y enriquecerlo si es posible. ¿Sería bueno tener un sistema de formación de especialistas más plástico? Y si la respuesta es afirmativa, aún podemos formular más preguntas: ¿es bueno para los residentes?, ¿es bueno para el Sistema Nacional de Salud?, ¿es bueno para el ciudadano? Y la respuesta sigue siendo sí, sí y sí. Por tanto, debemos, we must, trabajar en favor de dotar de mayor plasticidad al sistema de formación de residentes anteponiendo los intereses de los ciudadanos a los de cualquier agente o actor involucrado en el proceso.

Y, ¿quiénes deben trabajar en ello? Pues todos los actores, los estudiantes de grado y residentes, los profesionales que participan en la formación, entre los cuales destacan los tutores, los gestores locales, las administraciones autonómicas y el Ministerio de Sanidad y Política Social, la Comisión Nacional de Especialidades en Ciencias de la Salud, las sociedades científicas y los colegios profesionales. Todos ellos deben contribuir a la construcción de la 'nueva troncalidad' sin que intereses particulares, privilegios históricos o costumbres arraigadas interfieran en el bien común que se concreta en la mejor asistencia al ciudadano.

Pero no todo son rosas en el camino. No debemos esconder que una formación más plástica exigirá más a docentes y discentes, que una formación más plástica será de logística más compleja y de gestión más difícil, y que una formación más plástica complicará la vida a las instituciones sanitarias y hará reflexionar y plantear permanentemente a los grupos profesionales lo que son y a dónde van, pero no olvidemos que de referentes sólo hay uno, el ciudadano, y que las instituciones y sus representantes están a su servicio.