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Educación Médica

Print version ISSN 1575-1813

Educ. méd. vol.15 no.1 Barcelona Mar. 2012

 

IN MEMORIAM

 

José María Manso Martínez. In Memoriam

 

 

J. Antonio Otero-Rodríguez

Presidente del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Valladolid.
E-mail: aotero@medicosva.es

 

 

"El profesor ha de ser consciente que inevitablemente
es un socializador, un generador de actitudes,
un modelo profesional y humano a imitar".
(José M. Manso Martínez)

 

 

Vosotros ya le conocíais a través de sus escritos. En Valladolid hemos sido más afortunados porque, además de la teoría, hemos tenido acceso a sus clases prácticas, su día a día en el hospital y la facultad, desde primera hora de la mañana hasta bien avanzada la tarde, comida en el hospital incluida.

A lo largo de los últimos 35 años, sus múltiples y sucesivas enfermedades nunca fueron inconveniente para desarrollar su gran vocación, la medicina, cómo ejercerla y cómo enseñarla mejor.

 

La condición de profesor la da la universidad. Todos hemos tenido profesores, cincuenta o sesenta a lo largo de la licenciatura, pero la condición de "maestro" la otorgan los alumnos y en Valladolid numerosos médicos damos esta máxima calificación académica a José M. Manso. De él aprendimos mucho de lo que somos.

En estos días tan cercanos a su fallecimiento se hacen presentes muchos recuerdos vividos a lo largo de más de 30 años. Mi primera historia clínica fue indicada, supervisada y corregida por él. La primera vez que realicé un tacto rectal fue por instrucción suya, así como la primera punción lumbar, bajo su atenta y segura mirada. Puedo ver y sentir todavía ahora su sonrisa de aprobación al extraer la aguja habiendo obtenido previamente un líquido claro y trasparente. Entonces creía que era por haberlo hecho yo adecuadamente, pero hace ya tiempo que supe que era por el paciente, lo que a él más le importó siempre.

Por las tardes, seminarios abiertos y voluntarios: desmenuzar un libro de Lucien Israel, El médico frente al enfermo, nos llevó numerosas horas en el aula de la sexta planta del Hospital Clínico en el año 1981. Enseñaba más medicina que la limitada a la etiología, síntomas, signos, pruebas, diagnóstico y tratamiento, que dominaba como el que más. Le preocupaba más el enfermo, su padecimiento y cómo ayudarlo mejor. Recuerdo vivamente la reflexión sobre los términos anglosajones disease e illness, que desarrolló hace unos meses en una conferencia a los alumnos internos de la Facultad de Medicina. Su principal motivo para vivir fue ayudar a sus enfermos y ayudar a sus alumnos, reflexionando y cuestionando constantemente sobre ambas cosas.

No podemos seguir escuchándolo y observando cómo hacía las cosas, pero sí podemos seguir su ejemplo, sus escritos y colaboraciones, como los que ha mantenido con la Sociedad Española de Educación Médica o con esta revista, Educación Médica. Haremos bien en tenerlo muy presente como médico, como profesor y como amigo.

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