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Acción Psicológica

versión On-line ISSN 2255-1271versión impresa ISSN 1578-908X

Acción psicol. vol.10 no.2 Madrid dic. 2013

http://dx.doi.org/10.5944/ap.10.2.12217 

 

Diseño y fiabilidad de una escala sobre la idea de empatía. Diferencias entre profesiones sanitarias y sociales

Design and reliability of a scale on the concept of empathy. Differences between health and social professions

 

 

José Carlos Bermejo Higuera, Marta Villacieros Durbán y Rosa Carabias Maza

Centro Humanización de la Salud. Tres Cantos. España

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

Objetivo: diseño, análisis de fiabilidad y estructura interna de una escala sobre el concepto del término empatía. Análisis de la relación entre el tipo de profesión sanitaria o social y el ajuste al concepto.
Método: se diseñó un cuestionario incluyendo definiciones correctas y populares de la idea de empatía. 284 personas asistentes a unas Jornadas organizadas en un centro sociosanitario de la Comunidad de Madrid respondieron, 82% (230) mujeres y edad media 37 años. Para el análisis de fiabilidad coeficiente alfa de Cronbach y de la estructura interna análisis factorial exploratorio. ANOVA de un factor, T de student para muestras independientes y correlación de Pearson para contraste de hipótesis.
Resultados: La escala de 34 ítems ofreció un alfa de Cronbach 0.919 y 4 factores que explican un 50,95% de la varianza; empatía (28,850%) y actitud (5,858%), que definen correctamente el término y la disposición. Y sentir (9,011%) y simpatía (7,233%) que recogen errores de concepto populares. Las profesiones Sanitarias (n=100) puntuaron significativamente más alto que Sociales (n=60) en el factor Sentir (media de 50,01 y 43,55) y que las Sociales (media: 53,31) y que Otras (n=67) (media: 54,76) en Simpatía (media: 63,89).
Conclusiones: se diseña una escala sobre la idea de empatía a mejorar en sucesivas investigaciones y que sugiere la existencia de un concepto erróneo de empatía entre profesiones sanitarias.

Palabras clave: empatía, profesiones sanitarias, relación médico-paciente, habilidades de relación, escala de medida.


ABSTRACT

Objective: design, reliability analysis and internal structure of a scale about the concept of the term empathy. Analysis of the concept fitting relation with social or health professions.
Method: a questionnaire was designed including correct and popular definitions of the concept of empathy. A total of 284 people answered, while attending a Workshop organized at a health centre at Comunidad de Madrid, the average age was 37 years and the majority of which were women 82% (230). For the reliability analysis and the exploratory factor internal structure analysis Cronbach's alpha coefficient was used. For hipothesis testing one factor ANOVA, contrast T- student for independent samples and Pearson correlation were used.
Results: The scale of 34 items offered a 0.919 Cronbach alpha and 4 Factors which explain 50,95% of the variance; empathy (28,850%) and attitude (5,858%) which define properly the term and attitude. And feel (9,011%) and sympathy (7,233%) which encompass misleading concepts. People from Health professions (n=100) scored higher than those from Social professions (n=60) in Feel factor (average of 50.01 and 43,55) and than Social (media: 53,31) and Others (average: 54.76) in sympathy (average: 63,89).
Conclusions: a scale on the concept of empathy has been designed which requires to be improved in subsequent research. The present analyses suggests the existence of a misconception of the term empathy among sanitary professions.

Key words: empathy, health professions, physician-patient relations, relationship abilities, measuring scale.


 

Desde las primeras definiciones que se recogen hasta la actualidad, el término empatía ha ido evolucionando. En la literatura científica se encuentran múltiples definiciones del término. Las corrientes humanistas, que introducen la empatía como la actitud que permite captar el mundo de referencia de otra persona, además de definir el término hablan de componentes y fases del proceso empático. Para que una interacción sea empática se requiere que en ella se dé comprensión en sus niveles cognitivo y emocional de tal forma que se pueda captar el significado de la experiencia ajena y, en segundo lugar, se requiere el componente actitudinal o capacidad de devolver este significado a quien lo vive, para que sienta que está siendo comprendido (Bermejo, 2012; Marroquín, 2002).

La diferencia etimológica con la palabra simpatía, nos aclara un matiz; mientras que empatía hace referencia a "sentir en", simpatía habla de "sentir con". Por lo tanto la empatía, requiere de una introducción en el mundo emocional del otro, pero sin anular la distancia entre el propio yo y el ajeno. Carkhuff considera la empatía como la capacidad de percibir correctamente lo que experimenta otra persona y de comunicar esta percepción en un lenguaje acomodado a los sentimientos de ésta. La empatía por tanto también es una actitud, una disposición interior de la persona (Carkhuff, 1991).

También hace tiempo que se asocia la empatía a conceptos como el de resonancia emocional compartida, benevolencia (Hoffman, 1992), altruismo (Eisenberg y Miller, 1987) y experiencia vicaria de una emoción (Barnett, 1992), subrayando fundamentalmente la dimensión afectiva de la misma (Madrid Soriano, 2005). Asociación que como veremos a continuación podría estar en la base de los errores de concepto sobre la empatía.

Así, tanto la literatura reciente (Hofelich y Preston, 2012) como las escalas de medida de empatía ya consolidadas (Davis, 1983) estudian la empatía desde la perspectiva multidimensional. Más que como constructo unipolar la lógica subyacente a la escala IRI (Interpersonal Reactivity Index) se basa en un conjunto de constructos orientados a la respuesta al otro, aunque claramente diferenciables (Carrasco, Delgado, Barbero, Holgado, del Barrio, 2012). El proceso necesita del mundo afectivo en cuanto a la resonancia emocional necesaria, del cognitivo en lo que respecta a la comprensión intelectual y la reformulación a realizar y del actitudinal en cuanto a la comunicación de lo vivido (Bermejo, 2012).

En esta línea, se encuentran muchos estudios sobre la importancia de las habilidades de comunicación (donde la empatía juega el papel protagonista) en las profesiones sanitarias para su buen desarrollo (Brunero, Lamont y Coates, 2010; Fernández-Olano, Montoya-Fernández y Salinas-Sánchez, 2008; Mercer, Jani, Maxwell, Wong y Watt, 2012) o sobre la eficacia y utilidad de la formación en empatía tanto en estudiantes de primer año de medicina (Bermejo, Carabias, Villacieros y Belda, 2010; Poirier et al., 2004; Yedidia et al, 2003), como de enfermería (Aradilla-Herrero y Tomás-Sábado, 2006; Bermejo, Carabias y Villacieros, 2012), así como factores que influyen en su aprendizaje (Baerheim et al., 2007; Rochester, Kilstoff y Scott, 2005).

De la misma forma los estudios que buscan burnout entre profesiones sanitarias utilizando el cuestionario Maslach (Maslach y Jackson, 1986) lo encuentran. En nuestro país encontramos medidas que confirman niveles elevados de burnout debido a las dificultades características del mundo relacional de las profesiones sanitarias (Noguera y Francés, 2008).

Por otro lado, la palabra se ha socializado velozmente y en muchas ocasiones de manera confusa. Se utiliza para definir lo que en realidad significa facilidad en la comunicación, o simplemente feeling o incluso sustituye a la identificación emocional con otro, a sentir lo mismo que el otro, generando así confusión en su uso (Bermejo, 2012).

La repercusión de los posibles errores de concepto derivados (probablemente) de la popularización del término es importante en su nivel más práctico. Uno de los errores más habituales que se encuentra entre alumnos de un master en counselling cuando llegan a la formación es que suelen concebir la empatía como algo que se produce espontáneamente entre las personas, la experiencia de caerse bien, la facilidad para comprender, para estar de acuerdo con el otro, para dejar de lado lo propio para asumir lo del otro (Bermejo, 2012).

Precisamente un desajuste en este sentido del termino empatía entre profesionales que trabajan en instituciones sociosanitarias, podría ser factor de riesgo de respuesta al estrés. La empatía requiere también aprender a separarse y restablecer la distancia emocional necesaria para no quemarse, prevenir la fatiga por compasión y el síndrome de burnout (Awa, Plaumann y Walter, 2010; Vassos y Nankervis, 2012; Zupiria et al., 2007).

De hecho, el concepto de ecpatía surge de la reflexión sobre la necesidad de limitar cierta experiencia de sobredosis de implicación cuando esta puede ser perjudicial para uno mismo. Ecpatía o "sentir fuera", es el proceso de exclusión activa de los sentimientos inducidos por otros. Sin ser lo mismo que frialdad o dureza afectiva, hace referencia al arte positivo de compensar sanamente el grado de implicación emocional con el otro, protegerse de la inundación por las emociones ajenas (González de Rivera, 2004).

Dentro de nuestro objetivo de fomentar mejoras en el mundo relacional sanitario y teniendo en cuenta lo recogido, nos propusimos construir un instrumento que pudiera detectar los errores más popularizados del término empatía. Así pues, el objetivo de este estudio fue el diseno de una escala de medida sobre el concepto de empatía incluyendo en ella los errores de concepto más comunes. A continuación, contrastar si la edad, el sexo, el tipo de profesión, de índole sanitaria o social, o el nivel formativo, se relacionan de alguna manera con el ajuste al concepto teórico.

 

Método

Diseño del estudio

Se trata de un estudio descriptivo y correlacional. Estudio piloto para la validación de una escala de medida sobre la idea de empatía.

Elaboración del instrumento

Tras revisión bibliográfica y contando con la colaboración de dos expertos en habilidades de relación de ayuda de un centro de formación en counselling se redactaron 45 ítems que hacían referencia (o recogían parte) de las posibles definiciones y/o creencias sobre el concepto de empatía. Durante el proceso de validación de contenido (o exploración de si el instrumento mide el concepto que quiere medir) se envió el listado de ítems a distintos jueces expertos en empatía, para que pudieran revisar, corregir y/o aportar información. Éstos analizaron los ítems redactados como opciones válidas o no para las distintas explicaciones que se dan al concepto. Se realizó en dos fases. En la primera eliminaron, añadieron y modificaron ítems. En la segunda se les envió el ejercicio definitivo para que mostraran su conformidad con el resultado final.

A continuación, se diseñó el cuestionario auto administrado dividido en dos partes. En la primera, se incluyeron 29 ítems recogiendo las definiciones de la idea de empatía comúnmente aceptadas, partes de, o derivaciones popularizadas sobre el concepto, bajo el epígrafe "La empatía es...". En la segunda parte se recogían 5 actitudes (pensar, sentir, actuar, querer o tener voluntad, aprender) bajo el epígrafe "Para ser empático hace falta...". Las opciones de respuesta para los 34 ítems finales del cuestionario iban del 0 (ninguna relación) a 10 (mucha relación).

También se recogieron variables sociodemográficas (edad, sexo, nivel de formación y tipo de profesión) para la definición de la muestra y el contraste de hipótesis.

Participantes

De una población de 516 asistentes a las Jornadas de Duelo organizadas en noviembre de 2011 en un centro socio sanitario de la comunidad de Madrid, 284 personas respondieron al cuestionario, un 82% (230) mujeres y un 18% (49) hombres.

Procedimiento

Durante el inicio de las jornadas se entregaron los cuestionarios a todos los participantes junto con las inscripciones y se pidió colaboración de para completar el cuestionario. Se les indicó a los participantes que depositaran la encuesta antes de irse en las cajas situadas en las mismas mesas.

Análisis estadísticos

Se utilizó el paquete estadístico SPSS v18.0. Se analizó la fiabilidad tanto de la escala como de las subescalas mediante análisis consistencia interna (coeficiente alfa de Cronbach = 0.919 para la escala global y 0.871, 0.792, 0.831, 0.809 para las cuatro subescalas). Se analizó la validez de la estructura interna mediante análisis factorial exploratorio utilizando el método de componentes principales y rotación varimax. Previo al análisis factorial se realizaron las pruebas de adecuación muestral Kaiser-Meyer-Oklin y de esfericidad de Bartlett. Se eliminaron aquellos ítems con cargas o pesos factoriales inferiores a 0.350.

Para contrastar las medias obtenidas en los 3 grupos profesionales se utilizó ANOVA de un factor y HSD de Tukey (las pruebas Levene permitieron asumir la igualdad de varianzas). T de Student para muestras independientes para contrastar niveles de estudios y correlaciones de Pearson para variables cuantitativas como la edad. Se asumió un nivel de significación estadístico de p <.05. Los tamaños del efecto se calcularon mediante d de Cohen y eta cuadrado parcial.

 

Resultados

La tasa de respuesta fue del 56% con una proporción mayoritariamente femenina (82%). La media de edad fue de 37.20 años (d.t. 14.5, mín. 16, máx. 73).

Respecto al nivel formativo la distribución fue de 0% sin estudios, 10% (28) nivel básico, 15% (42) nivel avanzado y 75% (205) nivel superior, 8 personas (3%) no detallan nivel de estudios. Para realizar los contrastes de hipótesis se compararon los niveles avanzado y básico (n = 71, 25%) versus superior (n = 205, 72%).

En relación al tipo de profesión, estas se distribuyeron en: psicólogos (48, 17%), trabajadores y educadores sociales (12, 4.2%), enfermeros (19, 6.7%) y estudiantes de enfermería (50, 17.6%), auxiliares (22, 7.7%), médicos (9, 3.2%), otras profesiones (40, 14.1%) y otros estudiantes (27, 9.5%). Para los contrastes de hipótesis se compararon 3 grupos (Tabla 1), llamados sociales (psicólogos, trabajadores o educadores sociales), sanitarios (médicos, auxiliares y enfermeros, fueran o no estudiantes) y otras (maestros, personal administrativo, cuidadores, funcionario, camarero, celador, comercial, secretaria, limpiadora.). Existió una proporción de cuestionarios (20%, 57 personas) sin dato respecto a la profesión o con dato considerado inválido para el contraste de hipótesis como en paro (8, 2.8%), jubilado o prejubilado (4, 1.4%), voluntario (3, 1.1%) y ama de casa (6, 2.1%), pero distribuidos a partes iguales en cuanto a niveles de estudios, avanzado y básico 27 (47%), superior 24 (42%) y dato perdido 6 (11%) (ver Tabla 1).

 

 

Análisis de fiabilidad y validez

De los 284 cuestionarios contestados, en 168 existía algún valor perdido al menos en un ítem. En principio se optó por mantener en el análisis de los datos la supresión de casos según lista manteniendo un N válido de 116.

Se realizó un análisis de consistencia interna mediante el coeficiente alfa de Cronbach. Sin necesidad de eliminar ningún ítem la fiabilidad obtenida con 34 elementos fue del 0.919 (en 116 cuestionarios completos).

Para el análisis factorial exploratorio de estos 34 ítems, la medida de adecuación muestral de Kaiser-Meyer-Olkin resultó de 0.818 y la Prueba de esfericidad de Bartlett significativa (sig. 0.000).

Según la Regla de Kaiser (autovalor mayor que 1) se obtenían 9 factores que explican un 70% de la varianza, y según el gráfico de sedimentación de Cattell (ver Figura 1), la estructura interna del cuestionario constaba de 4 factores que explican un 50,95% de la varianza total.

 

 

Se optó por la selección de factores mediante esta última vía para simplificar la interpretación. Se eliminaron aquellos ítems que saturaban menos de 0.350 en el factor que el sistema asignaba. Así, el ítem 14 (referente a la ecpatía) quedaba sin interpretar por no saturar suficiente en ninguno de los factores. Por otro lado, existían 14 ítems ambiguos (saturaban más de 0.35 en dos factores); el ítem 2 con un valor de 0.578 en el Factor 1 y 0.511 en el Factor 3 y se decidió incluirlo en el Factor 3 por estar su redacción más acorde con los significados del mismo. El resto de ítems ambiguos (ítems 6, 15, 23, 21, 28, 19, 26, 4, 16, 27, 3, 12, 5) permanecieron en el factor donde saturaban más (ver Tabla 2).

 

 

Se muestra la matriz de componentes rotados (ver Tabla 2). El Factor 1, empatía, explica el 28.850% de la varianza y recoge los ítems que definen más correctamente la empatía. El Factor 2, sentir, explica el 9.011% y recoge significados que se orientan a la conducta de sentir lo mismo que el otro. El factor 3, simpatía, explica el 7.233% y recoge los que hablan de simpatía, feeling, etc. hacia el otro y el factor 4, actitud, explica el 5.858% y recoge las actitudes que hay que tener para ser empático; aprender, querer, sentir, pensar y actuar:

La media obtenida para el total de la escala es de 232 puntos, con un mínimo de 60 y un máximo de 317. La media por ítem es de 6.85 puntos. El factor más puntuado es el 1 (empatía) con una media de 77, y el que tiene mayor media por ítem el 4 (actitud) (ver Tabla 3).

 

 

Contrastes de hipótesis

La edad no correlaciona con ninguna de las subescalas, correlaciona inversa y levemente con el total, (Pearson = -0.261 y p =.005). El resultado de T de Student muestra que no hay diferencias significativas entre las medias obtenidas por hombres y mujeres.

El resto de contrastes de medias muestran que existen algunas diferencias entre grupos de profesiones y niveles de estudios (ver Tabla 4); el grupo de sanitarios puntúa significativamente más alto (que los psicólogos y trabajadores sociales) en la media de los factores F2 y F3 así como en el total de la escala. Y el grupo de los que tienen formación superior (universitaria) puntúa más alto en F1 y F4 que los que solo han llegado a estudios de hasta los 18 años.

 

 

Finalmente, se realizaron contrastes de las medias de las puntuaciones de cada ítem comparando los distintos grupos profesionales y niveles de formación y se encontraron diferencias estadísticamente significativas en las puntuaciones de algunos de ellos (Tabla 5). En concreto, las profesiones sanitarias puntuaron por encima que las sociales en los ítems que definen empatía como feeling, imaginarse que me pasa lo mismo que al otro, intuición y simpatía. El grupo con formación de estudios superiores puntuó por encima que el resto en cinco de los ítems que pertenecen al factor 1, comprender y transmitir comprensión, conectar con el mundo interno del otro, habilidad relacional, prerrequisito para la relación de ayuda y resonancia emocional. Asimismo, puntuó por debajo un ítem perteneciente al factor 2, empatía es...intuición.

 

 

Los tamaños del efecto (d de Cohen y eta cuadrado parcial) fueron en casi todos los casos significativos y moderados, como se muestra en las Tablas 4 y 5.

 

Discusión y conclusiones

El diseño del estudio ofrece una escala fiable y en principio válida, en la que los ítems se reparten de manera lógica y esperada en dos grupos de factores; dos de ellos hacen referencia a los conocimientos correctos o académicos revisados sobre el concepto de empatía y los otros dos hacen referencia a las distintas creencias cuando quizás la formación no es tan adecuada. Así, puntuar alto en los factores Empatía y Actitud indica tener mayores conocimientos sobre el concepto de empatía mientras que puntuar alto en Sentir y Simpatía indica tener dos tipos de errores de concepto. La suma de las puntuaciones de la escala no aporta datos significativos.

Los factores primero y último, Empatía y Actitud, recogen la definición y actitudes que subyacen a su práctica y aprendizaje mientras que los factores segundo y tercero, Sentir y Simpatía, recogen popularizaciones conocidas e incorrectas sobre el término empatía (Bermejo, 2012; Marroquín, 2002). Tanto el primer error (creer que empatía se define simplemente por su dimensión afectiva, sentir), como el segundo (creer que la empatía simplemente necesita del establecimiento de una conexión positiva, amable, con la otra persona), olvidan o anulan la necesaria distancia emocional para mantener una actitud empática (Bermejo, 2012).

En cuanto al ítem que hace referencia a la ecpatía (González de Rivera, 2005) y no satura apenas en ningún factor, está actuando como control. Su baja puntuación y su ausencia de correlación con los factores de la escala indican que, ya sea por desconocimiento de su significado o por su significado alineado con el distanciamiento emocional, no existe aquiescencia en las respuestas (Quinn y Lichtenstein, 1965). En cualquier caso, el ajuste entre la estructura factorial obtenida y los errores de concepto descritos en la literatura supone una evidencia de validez de la escala.

Existen muchos estudios que analizan niveles empatía y burnout en profesiones sanitarias (Brunero et al., 2010; Fernández-Olano et al., 2008; Mercer et al, 2012; Noguera y Francés, 2008), lo mismo que existen otros tantos que hablan sobre las ventajas de la formación en habilidades de relación de ayuda en este campo (Aradilla-Herrero y Tomás-Sábado, 2006; Bermejo et al., 2010; Bermejo et al., 2012; Poirier et al., 2004; Yedidia et al., 2003), pero no hemos encontrado evidencia sobre errores de concepto en el término empatía entre los profesionales sanitarios ni su asociación con las causas de estrés descritas. Aunque sí se postula que la anulación de la distancia emocional podría estar en la base del conocido desgaste emocional y con el tiempo burnout. En este sentido, nuestros resultados están en la línea con otros estudios que relacionan estas variables (Awa et al., 2010; Vassos y Nankervis, 2012; Zupiria et al., 2007).

Entendemos que el punto fuerte de la escala se encuentra precisamente en su capacidad para discriminar los errores de concepto. Según nuestros resultados, tanto el grupo de Sanitarios como el de los Sociales (a diferencia de las Otras profesiones) conocen las definiciones académicas o correctas del termino empatía (ambos grupos puntúan significativamente más alto en los factores Empatía y Actitud) pero, en contraposición a los Sociales, los Sanitarios confunden el concepto añadiendo a sus definiciones los errores popularizados recogidos (y puntuando diferencialmente más alto por tanto en Sentir y Simpatía). Es más, los ítems que puntúan los sanitarios significativamente más alto aun teniendo formación superior en su mayoría (enfermería y medicina en un 84%), delatan claramente cuál es este error; empatía es feeling (buena sensación), es imaginarse que me pasa lo mismo que al otro, es intuición y es simpatía.

Por el contrario, ni el grupo de Otras profesiones (donde se encuentran desde maestros hasta limpiadores), ni el grupo de formación superior (universitaria) cometen este error, sino que puntúan de acuerdo a su nivel de formación. Es decir, los Otros no conocen definiciones académicas mientras que los de formación superior sí, pero ninguno se confunde con las definiciones popularizadas de Sentir y Simpatía.

En la línea de lo recogido en la literatura, nuestros resultados sugieren falta de formación en habilidades de comunicación y relación de ayuda en el mundo profesional sanitario. Los Sociales (psicólogos, educadores y trabajadores sociales) se ha formado correctamente en cuanto al término, las Otras profesiones posiblemente no han tenido formación pero tampoco es una palabra que en su mundo profesional esté tan presente, sin embargo los Sanitarios ha escuchado hablar mucho de empatía quizás sin haber recibido la formación pertinente.

Si el Sanitario cree que para ser buen profesional ha de ser simpático o de crear un feeling, no es difícil que acumule cierta fatiga. Este error de concepto se podría subsanar con la formación adecuada (Bermejo et al., 2010, Bermejo et al., 2012) y evitar el burnout.

Dentro del proceso de validación de esta escala queda pendiente generar una puntuación total interpretable (a través de puntuaciones directas e inversas) y revisar el orden de los ítems en el cuestionario para no forzar la agrupación de los factores. A partir de ahí, ahondar en la búsqueda de evidencias de validez basadas en el contenido y la relación con otros constructos u otras escalas de medida de la empatía (como podría ser el IRI). Entre las propuestas para futuras investigaciones se encuentra obviamente la búsqueda de relaciones con niveles de burnout en el ámbito sanitario.

Con sus limitaciones, este es un estudio que ofrece resultados parsimoniosos en la detección de los errores del concepto de empatía distinguiendo entre grupos profesionales. Ya que es notable la importancia de los mismos, destacamos la utilidad de seguir desarrollando el instrumento y continuar con su validación. Destacamos asimismo, la importancia de la formación en habilidades de relación de ayuda como mejora a afianzar en el mundo sanitario.

 

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Dirección para correspondencia:
Marta Villacieros Durbán,
Centro Humanización de la Salud. Tres Cantos.
Sector Escultores 39,
28760 Tres Cantos (Madrid) España.
investigacion@humanizar.es
918 060 696.

Recibido: 30/05/2013
Aceptado: 18/11/2013

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