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Sanidad Militar

versión impresa ISSN 1887-8571

Sanid. Mil. vol.68 no.2 Madrid abr.-jun. 2012

http://dx.doi.org/10.4321/S1887-85712012000200002 

EDITORIAL

 

Vacunaciones en las Fuerzas Armadas. Un largo camino recorrido y por recorrer

Immunizations in the Armed Forces. A long way traveled and farther to go

 

 

Francisco Martín Sierra

Teniente Coronel Médico
Inspección General de Sanidad.

 

 

La primera disposición legal sobre vacunación en el Ejército es la Real Orden de 2 de agosto de 1832, puesta en práctica con grandes lagunas y dificultades ya que casi coincidió con el estallido de la primera Guerra Carlista(1). La citada disposición se debió a la petición de los médicos militares del Hospital Militar de Badajoz que solicitaban la obligatoriedad de la vacuna para paliar un brote epidémico de viruelas y "... con el fin de precaverlos (a los soldados de la guarnición) de esta enfermedad y evitar los gastos de hospitalidades, por ser un asunto en que se interesa la salud del soldado, y además debe producir una economía a los Reales intereses; ...". Enterado el Rey, y consultada la Junta Superior de Medicina y Cirugía, "... se proceda a la vacunación de los soldados que no acrediten haber padecido la viruela ó sido vacunados ... ... y por último, que todo individuo que en lo sucesivo tenga entrada en los colegios militares y en el ejército, y no acredite haber sido vacunado, lo sea precisamente a su ingreso"(2).

Desde esta primera normativa legal reglamentando la hasta entonces única vacuna existente, hasta la última actualización de 2012 de la actual Instrucción Técnica(3), han pasado ciento setenta y siete años, un largo camino en el que la vacunología militar ha experimentado, sobre todo en los últimos años, vicisitudes y cambios de todo tipo y más de una sorpresa. Nos proponemos, muy brevemente, repasarlas y reflexionar sobre ellas.

A pesar de la obligatoriedad de la vacunación antivariólica, la morbimortalidad por la enfermedad entre los miembros del Ejército y de la Armada, seguía siendo importante(4). Por todo ello, en 1890 se crea el Instituto Vacunógeno Central del Ejército(5) al que se encarga la fabricación y distribución de la vacuna y la elaboración de la normativa para su aplicación. Desde entonces y hasta el año 1993(6), el Instituto de Medicina Preventiva (IMP) ha fabricado y distribuido todas las vacunas(7) y sueros(8) que necesitaban las FAS(9). Las, cada vez mayores dificultades, para adaptar la producción a la normativa farmacéutica oficial, motivó el cese de la producción de vacunas en el IMP empezándose a adquirir a los laboratorios fabricantes. Se tuvo que realizar un importante esfuerzo económico, pero la realidad se imponía y el cambio fue, indudablemente positivo.

Las primeras reglamentaciones modernas que conocemos son las de1978(10) y de 1984(11) y después la de 1991(12); en estos siete años que median entre las dos últimas se produce un cambio sustancial que arrastramos y sufrimos todavía hoy: se suprime el carácter de obligatoriedad de las vacunas que pasan a ser reglamentarias y aquí surge una pregunta que nadie me ha sabido contestar de manera clara: en las FAS, lo reglamentario ¿es, además, obligatorio?. Si la respuesta fuera afirmativa, ¿a santo de qué vino el cambio?.

Este sutil cambio de "obligatorias" por "reglamentarias", dejó, en su momento, una puerta abierta que, actualmente se está empezando a utilizar. De todos es conocido la periodicidad con que algunos cerriles(13) se manifiestan en contra de la administración de vacunas (manifestando de paso, de forma dramática, su ignorancia y su actitud estólida(14) y contagiando, con su postura indocumentada, a los ignorantes que les rodean. Los necios(15) que niegan la vacunación han llegado, lógicamente, hasta las FAS y pese a los razonamientos alegados en el punto ocho de la IT actual sobre vacunas(16), o bien no saben por qué no quieren vacunarse (es lo más frecuente) o bien alegan que es preferible pasar la enfermedad -y de paso sufrirla- por el germen salvaje con las secuelas que puedan derivarse; al parecer es mejor dejar actuar de forma natural a las defensas del organismo sin plantearse lo que pudiera pasar si las defensas fallaran (no merece la pena hacer comentarios).

La actitud de estos "ecologistas de la salud" deja de ser un problema sanitario para convertirse en un problema disciplinario; debemos insistir en éste punto: la negativa de cualquier persona a vacunarse en nuestro ámbito, deja de ser un problema para el oficial de sanidad para convertirse en un problema para el jefe inmediato del insumiso vacunando, que, por otra parte, se niega a cumplir lo establecido en una Instrucción Técnica. No es difícil suponer los trastornos e inconvenientes que en TN o en ZO puede causar un afectado por fiebre tifoidea o por meningitis meningocócica que en su momento no quiso vacunarse. ¿Sería tan difícil poner como condición para entrar en las FAS, el aceptar el calendario vacunal?. Muchos de nosotros pensamos que es tan fácil como el aceptar que se va a llevar gorro o casco, botas y uniforme. Tendrían que ser los servicios jurídicos los que, abandonando dictámenes poco esclarecedores respaldaran nuestra actitud respecto a la vacunación que es exactamente la misma que la del resto de las instituciones sanitarias nacionales e internacionales(17) y que lo único que persigue es la salud individual y colectiva en nuestro ámbito.

Este cambio fue, indudablemente negativo y perjudicial.

La Cartilla de Vacunaciones era un documento sanitario sin ningún carácter oficial hasta que en 1993, tras la creación del Centro de Vacunación Internacional de las FAS, se adopta como tal la de la Organización Mundial de la Salud a la que, según autoriza el Reglamento Sanitario Internacional, se la dio un "aire" militar(18).

Cuando un oficial o un suboficial se vacuna por los motivos que sean no es raro que, o bien pierda la cartilla de vacunaciones al poco de habérsela dado debidamente cumplimentada, o bien olvide solicitar las segundas dosis o bien, y no es poco frecuente, ambas cosas a la vez.

Esta circunstancia que hemos vivido cualquiera de los que nos hemos dedicado "cara al público" a la vacunología, y que los interesados confiesan sin ningún reparo ni pudor, es un claro índice de la falta adecuada de concienciación del personal de las FAS hacia las ventajas de la vacunación. De manera anecdótica, esta postura de dejadez se convierte en todo lo contrario cuando se trata de la vacunación de sus hijos; paradójico e incomprensible.

Abundando en esa postura de dejadez, de la que insistimos hemos sido testigos directos muchas veces, suele ir acompañada con no poca frecuencia de una publicidad divulgadora con ciertos aires de elegante arrogancia. Esta necia(19) actitud, es especialmente peligrosa por lo perjudicial que es para la educación sanitaria de sus subordinados: la postura del jefe es infinidad de veces imitada; cuando él lo hace será por algo, tendrá razón, que para eso es nuestro jefe y será lo mejor.

Hubo un tiempo en el que la asignatura de "Higiene"(20) estaba en los programas de las academias militares de formación; desgraciadamente hoy, el oficial, o el suboficial bisoños, recién destinados a su primera unidad, desconocen una serie de factores que hacen mucho mas operativos a los efectivos a sus órdenes. La vacunación, piedra angular de la prevención sanitaria, es uno de esos factores que, sin duda alguna, hacen más operativas a las unidades.

La obligatoriedad de mantener actualizada la cartilla de vacunaciones debería ser requisito imprescindible para la realización de los cursos que se imparten a los mandos o para la concesión de ciertos destinos.

No hemos logrado, pese a la machacona y mantenida insistencia que en su momento hicimos, que la actual cartilla de vacunaciones sea considerada un documento militar oficial y por lo tanto "imperdible", como la TMI, la licencia de armas o el pasaporte que esos sí que son documentos "imperdibles".

Comenzábamos diciendo que íbamos a repasar y a reflexionar sobre los cambios más importantes en el camino, largo ya, de la moderna vacunología en nuestro ámbito y de los impedimentos que hemos tenido que ir sorteando y superando. Terminaremos con los proyectos de hoy y del futuro, que debemos afrontar de una manera optimista, porque estamos convencidos, que pese a todo, los logros, aunque demasiado lentos, han sido muchos y buenos:

- La IGESAN ha cambiado la actitud respecto a la publicación de las Instrucciones Técnicas en el sentido de hacerlas más flexibles respecto a su periodicidad, lo cual redunda en una actualización constante y en una mayor velocidad de distribución. Cuando una pequeña parte de una IT queda superada o desfasada, solamente se cambia esa pequeña parte y se difunde como actualización con mayor rapidez y no como nueva IT que es un proceso técnico más lento.

- En este sentido la actual Instrucción Técnica de Vacunaciones en las FAS ha sufrido ya dos modificaciones desde su promulgación el 15 de enero de 2008: la primera el 16 de diciembre de 2009 y la segunda en febrero de este año. Al tratarse de añadidos cortos o de pequeñas, pero significativas, modificaciones del texto no se ha estimado necesaria la edición de una nueva instrucción, por lo que su reedición y difusión son casi inmediatas, sobre todo cuando nos apoyamos en vías telemáticas.

- Poseemos un potencial profesional privilegiado: nuestros actuales especialistas en Medicina Preventiva y Salud Pública (muchos de ellos además, con la maestría en Epidemiología de Campo) han tenido una formación privilegiada; lo demuestran con creces los resultados y los frutos de su trabajo cuando se enfrentan con brotes o con problemas epidemiológicos que de manera lógica surgen con frecuencia en nuestro medio. Los pocos "dinosaurios" que aún quedamos de la época anterior (que, eran otros tiempos, tuvimos que completar nuestra formación por nuestra cuenta y como Dios nos dio a entender) les respetamos y sobre todo les envidiamos y los mandos, empezando por el de Sanidad Militar deben tener en consideración sus informes, apoyarlos en sus criterios técnicos, en sus proyectos y en su noble afán de perfeccionamiento y gratificarlos y recompensarlos en el logro de su labor tantas veces oscurecida a pesar del éxito.

- Queda como asignatura pendiente, y sin saber cuándo tendremos una convocatoria para aprobarla, la formación de los oficiales y suboficiales de los Ejércitos y de la Armada en Medicina Preventiva elemental.

Termino, permítaseme la arrogancia y el atrevimiento evocando a Don Pedro Calderón de la Barca: "Cuentan de un sabio que un día ...", porque hay temas similares para muchas editoriales: el incumplimiento, casi sistemático de la quimioprofilaxis antipalúdica en ZO endémicas, el comer lo no "recomendado" en ZO, las mangas subidas, y un largo etcétera. Quizás en otra ocasión.

 


(1) Desconocemos las causas, pero la citada RO tuvo que ser "recordada" por otras tres RO de 19 de abril y 19 de mayo de 1843 y de 28 de enero de 1852 con un contenido literal casi idéntico.

(2) Colección de Reales Decretos, Órdenes y Circulares anteriores a la publicación del Boletín Oficial de Sanidad Militar. Madrid, 1855.

(3) Instrucción Técnica de 15 de enero de 2008, de la Inspección General de la Defensa, sobre "Vacunaciones en las Fuerzas Armadas" actualizada a 14 de febrero de 2012.

(4) Las causas eran muchas: defectos en la técnica vacunal, vacunas inactivadas, falta de conocimiento de los fracasos y, porque no decirlo, desidia en algunas ocasiones

(5) RO. de 26 de diciembre de 1890 (CL. no 504)

(6) En este año dejó de fabricarse la última vacuna, se trataba de la antitífica Ty-2 inactivada inyectable

(7) Antitífica, antirrábica, antipestosa, anticolérica, antiestafiloestreptocócica, antigonocócica y antitetánica

(8) Antidiftérico, antiestreptocócico, antitetánico y antigangrenoso

(9) MARTÍN SIERRA, F. Instituto de Medicina Preventiva de la Defensa "Capitán Médico Ramón y Cajal". 125 años de historia. Ed. Ministerio de Defensa. Madrid, 2010. Pp. 83-95.

(10) Instrucción DIAP/JS 3/78

(11) Instrucción DIAP/SS 1/84 del Cuartel General del Ejército

12) Instrucción no 83/1991 de 27 de nov. del Secretario de Estado de la Administración Militar

13) DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA - 22 ed. 2001. Dicho de una persona: Que se obstina en una actitud o parecer, sin admitir trato ni razonamiento.

(14) Ibidem. Falto de razón y de discurso.

(15) Ibidem. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. Imprudente o falto de razón. Terco y porfiado en lo que hace o dice. Dicho de una cosa: Ejecutada con ignorancia, imprudencia o presunción.

(16) Op. cit. P. 6 y Anexos IV y VI.

(17) No olvidemos que el "castigar" a alguien que se niegue a vacunarse con no participar en una OPEX, puede ser el premio a un fin perseguido.

(18) REGLAMENTO SANITARIO INTERNACIONAL 2005. 2a ed. Ed. OMS. Ginebra, 2008. Anexo 6, Punto 10. P. 70

(19) Ibidem. Ignorante y que no sabe lo que podía o debía saber. Imprudente o falto de razón. Terco y porfiado en lo que hace o dice. Dicho de una cosa: Ejecutada con ignorancia, imprudencia o presunción.

(20) Este término, desgraciadamente en desuso, es el equivalente actual a Medicina Preventiva y Salud Pública; era una forma de llamar a las cosas, quizás menos elegante, pero más precisa y con mucha mayor brevedad.