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Escritos de Psicología (Internet)

versión On-line ISSN 1989-3809

Escritos de Psicología vol.4 no.1 Málaga ene.-abr. 2011

 

 

 

Inteligencia emocional, celos, tendencia al abuso y estrategias de resolución de conflicto en la pareja

Emotional intelligence, jealousy, propensity for abusiveness and conflict solving strategies in the couple

 

 

Fabiola Perles Novas, Jesús San Martín García, Jesús Canto Ortiz, Pilar Moreno Jiménez

Departamento de Psicología Social, Antropología, Trabajo Social y Servicios Sociales, Facultad de Psicología, Universidad de Málaga, España

Dirección para correspondencia

 

 


RESUMEN

El objetivo del presente trabajo ha sido analizar la relación entre la inteligencia emocional, los celos y la tendencia al abuso sobre las estrategias violentas de resolución de conflictos en la pareja; así como analizar la capacidad predictiva de dichas variables en una muestra de hombres y mujeres de población general compuesta por 294 personas. Los resultados muestran que todas las variables evaluadas tienen una relación significativa con las estrategias propias de resolución de conflictos en la pareja; siendo la relación positiva con los celos y la tendencia al abuso y negativa con la inteligencia emocional. Asimismo, se encontró que todas las variables analizadas tenían capacidad predictivas sobre las estrategias propias de resolución de conflicto en la pareja; destacando la percepción sobre las estrategias de resolución de conflicto de la pareja. Estos resultados muestran la importancia de estas variables en la predicción de la violencia en la pareja y dirigen la atención hacia actuaciones para su prevención.

Palabras clave: violencia en la pareja, estrategias de resolución de conflictos, celos, inteligencia emocional, tendencia al abuso.


ABSTRACT

The aim of this study was to analyse the relationship between emotional intelligence, jealousy and the propensity for abusiveness and violent conflict-solving strategies between couples. The predictive capacity of these variables was analysed in a mixed sample of 294 people. The outcomes show that the variables evaluated are significantly associated with the conflict-solving strategies used by the couple. These strategies have a positive association with jealousy and the propensity for abusiveness, and a negative association with emotional intelligence. Similarly, all the variables analysed had a predictive capacity regarding the conflict-solving strategies, especially the couple's perception regarding such strategies. These outcomes show the relevance of these variables in predicting violence between couples and are suggestive of interventions for its prevention.

Key words: violence between couples, conflict-solving strategies, emotional intelligence, jealousy, propensity for abusiveness.


 

El tema de la violencia en las relaciones íntimas es uno de los problemas sociales actuales que genera una mayor preocupación tanto en la sociedad en general como en el ámbito de la investigación. Buena parte de los trabajos se han centrado en el estudio de muestras de mujeres víctimas que solicitan ayuda a las instituciones públicas o bien hombres que están en prisión o en programas de tratamiento; es decir, estos trabajos se han centrado en una evaluación de las muestras de víctimas y agresores. Por otro lado, en Estados Unidos se han realizado, desde inicio de los setenta, encuestas nacionales para evaluar en la población general la violencia de pareja. En relación con lo anterior, Johnson (1995) señaló la existencia de dos líneas de investigación sobre la violencia de pareja, una de ellas es generalmente denominada perspectiva de la violencia familiar y la otra, perspectiva feminista. De forma general, la perspectiva de la violencia familiar (Gelles, 1974; Straus, 1971, 1999) ha desarrollado sus investigaciones con grandes muestras de población general y, mediante análisis principalmente cuantitativos, se ha centrado en estimar la prevalencia y analizar las causas de la violencia; en una búsqueda de los factores comunes de diversas formas de violencia familiar, tales como la frecuencia de la violencia, el papel facilitador del estrés o la adherencia a las normas de aceptación del uso de la violencia en el contexto familiar. La perspectiva feminista, por su parte, se centra en el maltrato a la mujer y ha desarrollado una literatura que analiza los factores específicos de violencia ejercida contra las mujeres por sus compañeros (Dobash y Dobash, 1979; Dobash, Dobash, Wilson y Daly, 1992; Martin, 1981; Roy, 1976; Walker, 1984), siendo las muestras procedentes de las fuerzas de seguridad, los tribunales de justicia, los hospitales o los servicios sociales.

Por su parte, Archer (2000) plantea también la existencia de diferentes posiciones de la investigación sobre la violencia en la pareja, incluyendo otros posicionamientos. Así, por un lado, estarían la visión feminista donde la violencia es consecuencia del patriarcado (Dobash y Dobash, 1980) y también la perspectiva evolucionista, donde el poder coercitivo del hombre está en la raíz del conflicto de la pareja, pero enfatizando el control sobre la mujer en la reproducción (Shackleford y Buss, 1997; Smuts, 1995; Wilson y Daly, 1993). Por otro lado, señala que se encontrarían las perspectivas del conflicto familiar y de la psicología social, las cuáles ponen el énfasis en los factores causales comunes entre hombres y mujeres (Berkowitz, 1993; Frude, 1994; Holtzworth-Munroe y Stuart, 1994). En esta misma línea, investigaciones sobre la pareja y el vínculo matrimonial encuentran que en las parejas donde hay insatisfacción predominan interacciones donde se intercambian entre ambos miembros de la pareja afectos negativos (Gottman, 1979, 1998). La importancia de establecer estas diferentes tradiciones de investigación está relacionada, entre otras cuestiones, con la aproximación a dos formas claramente diferenciadas de violencia de pareja que darían lugar a dos problemas. Según Johnson (1995) una de ellas se ha denominado violencia común en la pareja y la otra, terrorismo patriarcal. La violencia común en la pareja, evidenciada en las muestras de población general, se caracteriza por ser un tipo de violencia donde se produce la simetría de género, es decir, tanto los hombres como las mujeres utilizan estrategias violentas de resolución de conflictos, produciéndose reciprocidad en cuanto a la respuesta violenta pero también donde la violencia es menos frecuente y menos severa que en la violencia que se produce en el denominado terrorismo patriarcal (Straus, 1990a, 1990b). En este último caso, la investigación con las muestras de mujeres de centros de acogida revela un patrón de violencia marcadamente distinto, donde la violencia se produce de forma casi exclusiva por parte del hombre hacia la mujer, sin que se produzca reciprocidad en la respuesta de violencia, salvo en casos muy extremos y donde la violencia aumenta tanto en frecuencia como en severidad. La explicación de estos resultados tan diferentes radica en que ambas líneas de investigación han utilizado distintas metodologías, lo que ha provocado el acceso a muestras diferentes de población donde se evidencian diferentes fenómenos de violencia en la pareja (Johnson, 1995). Este autor argumenta que: "los tipos de violencia probablemente también difieren en lo que respecta a sus causas, la naturaleza de la violencia en sí misma, el desarrollo de la violencia en el curso de la relación, sus consecuencias y el tipo de intervención requerida" (Johnson, 2006, p.1004). Johnson (2006) identifica cuatro formas principales de violencia en las relaciones de pareja y enfatiza que la literatura sobre el tema no siempre hace una adecuada diferenciación entre las mismas. Un aspecto que establece diferencias entre las formas de violencia definidas por este autor es la presencia o no de motivación de control y afirma que, en cuanto a la cuestión sobre la simetría o asimetría de género, esos tipos de violencia difieren radicalmente.

Dado el contraste entre los hallazgos de la investigación realizada con muestra de población general y la que se ha centrado principalmente en las mujeres víctimas de agresiones por parte de su pareja, parece razonable plantear la posibilidad de que las diferencias en la metodología de ambas líneas de investigación hayan provocado el acercamiento a diferentes patrones de violencia en la pareja; uno de ellos de intensidad y frecuencia más moderada y que forma parte de un modo de resolución de conflictos en la pareja y un segundo que está más relacionado con una violencia más severa, más frecuente y que afecta casi de forma exclusiva a la mujer. A pesar de las diversas posturas teóricas planteadas, el abordaje de la intervención en violencia en la pareja necesita de una mejor valoración de las características de cada tipo de violencia, de cara a desarrollar actuaciones más eficaces. Por tanto, es necesario profundizar más en estos resultados y establecer las características de cada tipo de violencia para poder desarrollar intervenciones que vayan dirigidas a prevenir la violencia. Uno de los objetivos del presente trabajo es tener un mayor conocimiento de los factores relacionados con la utilización de la violencia en las relaciones de pareja.

Los estudios que han profundizado en las características psicológicas de los hombres violentos hacia su pareja han aportado evidencias que parecen apuntar que existen dificultades de expresión emocional en estas personas, que pueden estar relacionados con problemas para establecer relaciones íntimas y la tendencia a responder de forma violenta (Echeburúa y Corral, 2002; Dutton, 1998; Dutton, Saunders, Starzomski y Bartholomew, 1994). Así mismo, se plantea que la violencia en la pareja es el resultado de un estado emocional intenso que interactúa con actitudes de hostilidad, un repertorio conductual pobre en cuanto a habilidades de comunicación y de solución de problemas y factores precipitantes tales como el estrés, el consumo de alcohol y drogas y los celos (Blázquez y Moreno, 2008). Algunos de estos déficits guardan una clara relación con la inteligencia emocional, definida como la capacidad para percibir, asimilar, comprender y regular las emociones propias y la de los demás (Mayer y Salovey, 1997). Otros autores añaden a este concepto componentes adicionales, como rasgos de personalidad y habilidades sociales y afectivas, entendiendo que la inteligencia emocional se refiere a un conjunto de capacidades, competencias y habilidades no cognitivas que influyen en la habilidad propia de tener éxito para afrontar las demandas y presiones del medio ambiente (Bar-On, 1997). Las investigaciones en inteligencia emocional han demostrado la importancia que tiene ésta en el bienestar emocional y en el ajuste psicológico (Goleman, 1995; Mayer y Salovey, 1997); y asimismo que es una fuente de salud y felicidad (Fernández-Berrocal y Ramos, 2004).

Winters, Clift y Dutton (2004) realizaron un estudio exploratorio para analizar la relación entre la inteligencia emocional y el abuso doméstico, utilizando el EQ-i (Emocional Quotient Inventory) desarrollado por Bar-On (1997), el cual mide la capacidad de afrontamiento y adaptación al entorno más cercano. Para la evaluación del abuso, los autores utilizaron el PAS (Scale for Measuring Propensity for Abusiveness), de Dutton (1995), que evalúa la tendencia al comportamiento abusivo. Las puntuaciones bajas en el EQ-i, cuando se aplica al ámbito de las relaciones íntimas, indicarían conductas no adaptativas en dichas relaciones. En el citado trabajo se encontró que, en comparación con una muestra de estudiantes, las puntuaciones en inteligencia emocional de hombres agresores hacia su pareja fueron significativamente más bajas. Por otro lado, también se encontró, tanto en la muestra de población de estudiantes como en la muestra de hombres agresores, una correlación negativa entre la inteligencia emocional y la medida indirecta de violencia hacia la pareja. Estos resultados indican que los hombres violentos hacia su pareja tienen puntuaciones más bajas en inteligencia emocional que la población general y además que dichas puntuaciones están asociadas con una tendencia a tener un comportamiento agresivo hacia la pareja (Winters et al., 2004).

Los celos aparecen de forma sistemática cuando se aborda el tema de la violencia en la pareja. Algunos autores afirman que los individuos que maltratan a su pareja son más posesivos y celosos que los que no tienen este comportamiento (Corral, 2004; Echeburúa y Fernández-Montalvo, 2001). Otros trabajos señalan que cuando la violencia es justificada por los celos no es percibida de una forma tan negativa como cuando no existe dicha justificación (Puente y Cohen, 2003). Según los mencionados autores, esto puede ser debido al hecho de que se perciba que la violencia que está mediada por los celos es, si no un acto de amor, al menos relativamente comprensible; por lo que, al considerar que los celos pueden ser entendidos como una expresión de amor, se puede negar el significado violento de un acto. Algunos estudios realizados con agresores y víctimas de violencia en la pareja confirman que estas personas tienden a percibir los celos como indicadores de amor y compromiso con la relación (Dobash y Dobash, 1979; Henton, Cate, Koval, Lloyd y Chritopher, 1983). Otros trabajos realizados con estudiantes universitarios también han encontrado la tendencia a identificar los celos con el amor y a justificar determinados actos violentos cuando son motivados por los celos (Vandello y Cohen, 2003). Por otro lado, se ha encontrado, en una muestra de población general, que los celos correlacionan con la utilización de estrategias violentas de resolución de conflicto en la pareja, tanto en hombres como en mujeres, y que existen diferencias en dichas estrategias de resolución de conflicto violentas en grupos de comparación donde existen diferentes niveles de celos; de manera que a mayor nivel de celos más tendencia hay a utilizar estrategias violentas (Perles, San Martín y Canto, 2009).

Un problema que presentan las medidas directas de autoinforme sobre la violencia en las relaciones de pareja es la deseabilidad social. Dutton (1995) desarrolló un instrumento para evaluar la violencia sin hacer referencia explícita al comportamiento abusivo. Dicha medida, denominada PAS (Scale for Measuring Propensity for Abusiveness), contiene tres factores, denominados trato parental negativo, inestabilidad afectiva y síntomas de trauma. Distintos trabajos han encontrado que este instrumento correlaciona de forma importante y positivamente con el abuso verbal, psicológico y físico en diferentes muestras, tanto de hombres maltratadores como de población general (Clift, 2001; Clift, Thomas y Dutton, 2005; Dutton, Landolt, Starzomski y Bodnarchuk, 2001). El carácter no reactivo de esta medida y su capacidad predictiva del comportamiento abusivo hacen que este instrumento tenga un importante valor en la detección precoz de potenciales comportamientos violentos en las relaciones de pareja. Los distintos factores del PAS son evaluados por los autores como subescalas diferenciadas; por este motivo, en el presente trabajo se han considerado como tales, es decir, como subescalas diferentes. Esto puede permitir profundizar más en la relación existente entre los factores del PAS y el resto de las variables analizadas.

Tal como se ha señalado en la introducción, la investigación sobre la utilización de estrategias violentas de resolución de conflicto en la pareja arroja diferente resultados en función de la metodología utilizada. El grueso de la investigación sobre este problema se ha centrado en las muestras de las víctimas que demandan ayuda, encontrando que se producen marcadas diferencias de género en el uso de la violencia. Sin embargo, no abundan los estudios realizados con población general; por este motivo el presente trabajo pretende evaluar las estrategias de resolución de conflictos en una muestra de población general malagueña para comprobar si se producen diferencias de género en el uso de estrategias de resolución de conflictos. Por otro lado, se ha encontrado que las puntuaciones bajas en inteligencia emocional, en muestras de hombres condenados por violencia de género, correlacionan con la tendencia a tener comportamientos abusivos en la pareja (Winters et al., 2004), por lo que también es relevante comprobar si en muestras de población general se producen diferencias entre hombres y mujeres en inteligencia emocional que pudieran explicar, al menos en parte, el uso de estrategias violenta de resolución de conflictos. En cuanto a los celos, la investigación ha arrojado resultados que indican que se producen diferencias de género en el efecto de la infidelidad de la pareja y, por otro lado se ha encontrado que los celos están presentes en las relaciones abusivas; por lo que también es importante analizar si se producen diferencias de género en los celos. Dadas las características de la muestra utilizada, de población general, no esperamos encontrar importantes diferencias de género. El presente trabajo pretende profundizar en la relación entre la inteligencia emocional, los celos y la tendencia al abuso con las estrategias de resolución de conflictos en la pareja en una muestra de población general; en este sentido esperamos encontrar una relación positiva con los celos y la tendencia al abuso y una relación negativa con la inteligencia emocional. Por últimos, se evaluará la capacidad predictiva de cada una de las variables consideradas sobre las estrategias propias de resolución de conflictos.

 

Método

Participantes

En este estudio, participaron 294 personas, de las cuales el 50.70 % fueron hombres y el 49.30 % eran mujeres, con un intervalo de edad que osciló entre los 17 y 81 años, con una edad media de 36.40 años y una desviación típica de 10.90. En cuanto al estado civil, el 20.80% eran solteros, el 70% casados, el 6.50% separados y el 2.70% viudos. En cuanto al país de nacimiento, el 73.50% son españoles, el 11.60% provienen de países del Este de Europa y el 6.80% son de Sudamérica. En lo que se refiere al nivel de estudios, el 1.40% no tienen estudios, el 16.70% tiene estudios primarios, el 52.40% tiene estudios secundarios y 28.90% tiene estudios universitarios. Por último, en cuanto al nivel de ingresos el 21.70% señalan percibir menos de 800 euros al mes, el 47% perciben entre 800 y 1500 euros y el 24% perciben entre 1600 y 2400 euros.

Instrumentos

La inteligencia emocional fue medida con la versión abreviada de la escala TEIQue de Petrides y Furnham (2003), la cual contiene 30 items. El formato de respuesta de esta escala es tipo Likert de 1 (muy en desacuerdo) a 7 (muy de acuerdo). Para evaluar los celos se utilizó la escala de celos románticos (White, 1976), la cual se compone de 5 ítems que conforman un único factor y que miden la existencia de celos románticos. El formato de respuesta de esta escala es tipo Likert de 1 (en absoluto celoso) a 7 (muy celoso). La evaluación del conflicto en la pareja se realizó a partir de la escala de estrategias de resolución del conflicto CTS de Straus (1979). Esta escala está compuesta por dos subescalas; una de ellas evalúa las estrategias propias para resolver los conflictos, debiendo los participantes indicar la frecuencia en la que han tenido lugar una serie de comportamientos en el último año, evaluándose las estrategias de resolución de conflictos en la pareja desde comportamientos nada violentos (hablar del problema de forma tranquila, acudir a alguien que les ayude a resolver las cosas), pasando por comportamientos moderadamente violentos (se fue bruscamente de la habitación o de la casa, hizo o dijo algo para ofender al otro) a comportamientos muy violentos (le golpeó o le intentó golpear con un objeto, usó un cuchillo o una pistola). La segunda subescala evalúa los mismos comportamientos, pero referidos a su pareja. Por último, se incluyó como medida indirecta de violencia la escala PAS (Scale for Measuring Propensity for Abusiveness) de Dutton (1995), la cual consta de tres factores; el primero de ellos formado por 12 items que evalúan la inestabilidad afectiva, el segundo factor, compuesta por 20 items, evalúa un trato parental negativo a partir de la frecuencia con que el padre o la madre ejercían una serie de comportamientos y el tercer factor mide la frecuencia con la que se experimentan siete síntomas de trauma.

Procedimiento

Para la recogida de datos se utilizó la técnica de la bola de nieve (Taylor y Bogdan, 1986) y era requisito para participar en la investigación tener pareja o haberla tenido durante el último año. Los participantes respondieron voluntariamente y de forma individual y anónima. Se insistió en la confidencialidad de los datos. La duración aproximada de la cumplimentación de las escalas fue de unos quince minutos.

Análisis de datos

Para comprobar si existían diferencias entre hombres y mujeres en las diferentes escalas se realizó una prueba t de comparación de medias. Asimismo se realizó un análisis de correlación entre las siguientes variables: inteligencia emocional, celos, inestabilidad emocional, trato parental negativo, síntomas de trauma, estrategias de resolución de conflictos propias y estrategias de resolución de conflicto de la pareja, utilizándose para ello el estadístico de correlación de Pearson. Para comprobar cuáles de las variables evaluadas predicen las estrategias de resolución de conflictos propias se realizó un análisis de regresión lineal con el método de pasos sucesivos. Para profundizar en la relación de las variables estudiadas en función del género, se realizaron los análisis de correlación y de regresión de forma independiente para los hombres y las mujeres de la muestra.

 

Resultados

Las puntuaciones medias, medianas, desviaciones típicas y los índices de fiabilidad (coeficiente alpha) de las escalas utilizadas aparecen en la tabla 1.

 

Los resultados de la prueba t de comparación de medias para comprobar si existían diferencias entre hombres y mujeres (ver tabla 2) mostraron diferencias significativas únicamente en la subescala de estrategias de resolución de conflictos de la pareja (p < .01) y en la subescala del PAS de síntomas de trauma (p<.00). En ambas variables, las puntuaciones medias de las mujeres son más altas que las puntuaciones medias de los hombres; lo que indica que la percepción de las mujeres en cuanto a las estrategias de resolución de conflictos que utilizan sus parejas es que éstas son más violentas que la percepción que tienen los hombres. En cuanto a los síntomas físicos de malestar, las puntuaciones de las mujeres también son mayores.

 

El análisis de correlación (ver tabla 3) encontró que las estrategias propias de resolución de conflictos correlacionan significativamente con todas las variables consideradas; siendo dicha correlación negativa con la inteligencia emocional, y positiva con los celos, las estrategias de resolución de conflicto de la pareja y con la tendencia al abuso (inestabilidad afectiva, trato parental negativo y síntomas de trauma). Entre estas correlaciones hay que destacar las que se producen entre las estrategias propias de resolución de conflictos y la tendencia al abuso. Como muestra la tabla 3, al margen de las correlaciones de la variable dependiente, previamente comentadas, el resto de las variables del estudio correlacionan de forma significativa entre sí. En este sentido, creemos necesario destacar el caso de los celos que correlaciona de forma muy significativa y negativamente con la inteligencia emocional, y positivamente con la tendencia al abuso (inestabilidad afectiva, trato parental negativo y síntomas de trauma) y con las estrategias de resolución de conflictos propias y de la pareja.

 

Por último, para comprobar cuáles de las variables recogidas en el presente estudio (la inteligencia emocional, los celos, la inestabilidad afectiva, el trato parental negativo, los síntomas de trauma y las estrategias de resolución de conflicto de la pareja) predecían las estrategias propias de resolución de conflictos, se realizó un análisis de regresión lineal (ver tabla 4). Dicho análisis mostró resultados significativos [(R2 corregida = 0.42; F [5,289 = 42.64], p < .01)]; encontrando que el orden de las variables en función de su capacidad predictiva fue el siguiente: estrategias de resolución de conflicto de la pareja, inestabilidad afectiva, celos, inteligencia emocional y síntomas de trauma, quedando excluida del modelo la variable trato parental negativo.

 

El análisis de correlación por género (ver tablas 5 y 6) encuentra resultados muy similares a los encontrados en la muestra total. Las estrategias propias de resolución de conflictos correlacionan significativamente con todas las variables consideradas; siendo dicha correlación negativa con la inteligencia emocional, y positiva con los celos, las estrategias de resolución de conflicto de la pareja y con la tendencia al abuso (inestabilidad afectiva, trato parental negativo y síntomas de trauma); tan sólo en el grupo de las mujeres no aparece correlación con el maltrato parental.

 

 

El análisis de regresión en el grupo de hombres (ver tabla 7) mostró resultados significativos [(R2 corregida = 0.46; F [4,14 = 33], p < .01)]; encontrando que el orden de las variables en función de su capacidad predictiva fue el siguiente: inestabilidad afectiva, estrategias de resolución de conflicto de la pareja, inteligencia emocional y celos, quedando excluidas del modelo las variables trato parental negativo y síntomas de trauma. En cuanto al grupo de las mujeres (ver tabla 8) el análisis de regresión también encontró resultados significativos [(R2 corregida = 0.41; F [3,14 = 33.83], p < .01)]; siendo el orden de las variables en función de su capacidad predictiva fue el siguiente: estrategias de resolución de conflicto de la pareja, celos y síntomas de trauma, quedando excluidas del modelo las variables inestabilidad afectiva e inteligencia emocional.

 

 

Discusión

El primer objetivo que se planteaba en este trabajo era analizar las diferencias entre hombres y mujeres en el total de las variables evaluadas. Los resultados reflejan que únicamente se observan diferencias en los síntomas de trauma (una de las subescalas del PAS) y en las estrategias de resolución de conflictos de la pareja (una de las subescalas del CTS). Tanto en el caso de los síntomas de trauma como en las estrategias de resolución de conflicto de la pareja, la puntuación media de las mujeres es mayor que la de los hombres. Con respecto a estos resultados, lo primero que hay que resaltar es que, en general no se observan diferencias entre los hombres y las mujeres de la muestra analizada. En segundo lugar, es necesario señalar que en las variables donde aparecen diferencias, las puntuaciones medias son bajas; es decir, que tanto en los síntomas de trauma como en las estrategias de resolución de conflicto de la pareja las puntuaciones indican valores bajos, por lo que no podría concluirse que existen problemas de malestar físico importantes ni de violencia en las estrategias de resolución de conflictos. Estos resultados son esperables dado que la muestra es de población general. Sin embargo, es necesario llamar la atención sobre el hecho de que, a pesar de las bajas puntuaciones, existen diferencias entre los hombres y las mujeres en cuanto a cómo perciben a sus parejas al resolver los conflictos; de manera que las mujeres perciben que las estrategias de resolución de conflictos de sus parejas son más violentas que los hombres cuando perciben a su parejas. Ante este resultado, es importante resaltar que las diferencias entre hombres y mujeres se producen únicamente en la percepción que tienen de sus parejas pero no en las estrategias que dicen utilizar ellos mismos para resolver los conflictos en sus relaciones de pareja. En este sentido, la cuestión a plantear es si la percepción que hombres y mujeres tienen sobre sus parejas refleja una realidad en cuanto a las estrategias de resolución de conflictos o si dicha percepción se encuentra influida por la percepción social sobre las diferencias entre hombres y mujeres en la forma de resolver los conflictos de pareja y la mayor sensibilidad de la sociedad hacia las agresiones que se producen por parte de los hombres hacia sus parejas. En la línea de lo anterior, algunos estudios que han analizado la percepción social de la violencia de pareja, encuentran que las mujeres tienden a ser mejor evaluadas que los hombres, tanto cuando son las víctimas de la agresión como cuando son las agresoras (Perles y Moreno, 2000; Perles, Moreno y Rando, 1998). Otros trabajos han encontrado que tanto los hombres como las mujeres perciben las agresiones en la pareja de forma más negativa cuando el agresor es un hombre (Ayers, 1992; Bethke y DeJoy, 1993; Harris y Cook, 1994; Straus, Kantor y Moore, 1997) e incluso que se tiende a trivializar las agresiones que se producen por parte de las mujeres hacia sus parejas (Miller y Simpon, 1991).

El segundo objetivo de este estudio era comprobar si existían correlaciones entre las estrategias propias de resolución de conflictos y el resto de las variables evaluadas en este trabajo. En este caso, los resultados indicaron que se produjeron correlaciones muy significativas con todas las variables; siendo dicha correlación negativa en el caso de la inteligencia emocional y positiva en el resto de los casos. Este resultado confirma el planteamiento inicial de este estudio y muestra que las variables estudiadas en el presente trabajo guardan una estrecha relación con las estrategias de resolución de conflictos y, por tanto, es importante su consideración a la hora tanto de explicar los comportamientos violentos en la resolución de conflictos de la pareja como en el diseño de programas de intervención que fomenten estrategias menos violentas de resolución de conflictos. En un análisis más detallado de las correlaciones encontradas, cabe destacar que se observan correlaciones muy significativas entre las estrategias propias de resolución de conflicto y la tendencia al abuso. Este resultado confirma los encontrados en estudios de validación del PAS (Dutton, 1995; Dutton et al., 2001), y supone una constatación de la vinculación entre estas dos medidas. Además, sirve de apoyo a la utilización del PAS como medida indirecta de la violencia en las relaciones de pareja. En este sentido, es necesario recordar que este instrumento ha sido desarrollado para evaluar la tendencia al comportamiento abusivo en las relaciones de pareja, lo cual tiene un importante potencial preventivo en cuanto a la evaluación del riesgo para que se produzcan comportamientos violentos y poder poner en marcha programas de intervención. Por otro lado, esta medida evita la deseabilidad social que se puede activar cuando se utilizan medidas directas de auto-informe para evaluar las agresiones hacia la pareja.

Continuando con las correlaciones encontradas, hay que destacar que la correlación existente entre las estrategias propias de resolución de conflictos y las estrategias de resolución de conflictos de la pareja ha sido muy alta; lo cual parece indicar que la percepción de las estrategias de resolución de conflicto tanto propias como de la pareja va en la misma dirección, aunque este resultado puede verse influido por el hecho de que se trata de dos subescalas del mismo instrumento. Aún así, esta alta correlación y el hecho de que las puntuaciones medias en las dos subescalas de estrategias de resolución de conflictos son bajas, puede estar relacionado con las características de la muestra, de población general. Lo anterior confirma los hallazgos de las investigaciones basadas en la metodología de encuestas sociales pasadas a población general (Straus, 1998; Straus y Gelles, 1988), donde se evidencia un tipo de violencia en la pareja caracterizada por la simetría de género, la reciprocidad en la respuesta agresiva pero también la baja severidad y frecuencia de las agresiones. Futuros trabajos deberían comparar estos resultados con evaluaciones similares en población donde ya se ha constatado la utilización de estrategias violentas.

En cuanto a la correlación entre las estrategias propias de resolución de conflictos y la inteligencia emocional, ésta es muy significativa y de sentido negativo, tal como se esperaba. Hay que destacar también que la inteligencia emocional correlaciona de forma negativa con algunas de las subescalas del PAS. Este resultado confirma el encontrado por el estudio de Winters et al. (2004), donde también se encontró una correlación negativa entre el PAS (medida indirecta de la violencia en pareja) y el EQ-i (medida de la inteligencia emocional). En el presente trabajo, cuando se realizan las correlaciones con cada una de las subescalas del PAS, se encuentra que la inteligencia emocional sólo correlaciona con la inestabilidad afectiva y con los síntomas de trauma, pero no con el trato parental negativo. Por tanto, en el presente trabajo las subescalas del PAS que guardan una mayor relación con la inteligencia emocional son la inestabilidad afectiva y los síntomas de trauma.

En el caso de los celos, también es importante el resultado del análisis de correlación, ya que se observa una correlación muy significativa y positiva con las estrategias propias de resolución de conflicto, lo cual confirma lo esperado y lo encontrado en trabajos previos (Perles et al., 2009). También correlaciona de forma muy significativa con el resto de las variables analizadas, siendo dicha correlación negativa con la inteligencia emocional y positiva con la tendencia al abuso (inestabilidad afectiva, trato parental negativo y síntomas de trauma). Algunos trabajos, que han abordado la relación entre la inteligencia emocional y los celos, han encontrado que las personas con puntuaciones elevadas en inteligencia emocional reaccionan con menor intensidad emocional a la infidelidad de sus parejas que las personas con una baja inteligencia emocional (Canto, Gómez-Jacinto y García, 2007). Los resultados del presente estudio permiten constatar la relación de los celos con una baja inteligencia emocional. También se encuentra que los celos están relacionados con la tendencia a utilizar estrategias violentas de resolución de conflictos.

El análisis de correlación en función del género ha evidenciado resultados muy similares a los encontrados en la población general; no obstante, cabe mencionar que en las mujeres no existe correlación entre las estrategias propias de resolución de conflictos y el trato parental negativo.

Por último, en este trabajo se pretendía conocer el grado de predicción de cada una de las variables analizadas sobre las estrategias de resolución de conflictos. En este sentido, el análisis de regresión ha mostrado que, por orden de importancia, las variables predictivas son las estrategias de resolución de conflicto de la pareja, la inestabilidad afectiva, los celos, la inteligencia emocional y los síntomas de trauma, teniendo un importante peso predictivo las dos primeras variables indicadas; es decir, las estrategias de resolución de conflictos de la pareja y la inestabilidad afectiva. Este resultado es especialmente relevante, pues va más allá de los resultados de correlación e indica que todas estas variables están implicadas en la predicción de las estrategias propias de resolución de conflictos. Es destacado el poder de predicción de las estrategias de resolución de conflictos de la pareja y de la inestabilidad afectiva (una de las subescalas del PAS). Tal como se señalaba al comentar los análisis de correlación, el hecho de que la variable con mayor nivel de predicción de las estrategias propias de resolución de conflictos sean las estrategias de resolución de conflicto de la pareja indica que ambas variables se encuentran íntimamente relacionadas y parece apuntar que el patrón de estrategias de resolución de conflictos en la pareja evidenciado en el presente trabajo está caracterizado por una simetría de género y una baja gravedad del comportamiento violento. Estas características, de nuevo, resultan coherentes con los trabajos donde se ha utilizado una metodología de encuestas sociales con población general. Al igual que en dichos trabajos, el tipo de violencia que se observa es una violencia común en las estrategias de resolución de los conflictos de pareja, que parece leve, dadas las puntuaciones señaladas y que viene explicada en buena medida por las estrategias de resolución de conflictos utilizadas por la pareja. No obstante, aún cuando el patrón de violencia encontrado no parece ser de gravedad, resulta importante resaltar que en su explicación también se encuentran implicadas las variables de inestabilidad afectiva, los celos, la inteligencia emocional y los síntomas de trauma. Esto indica que dichas variables deben ser tenidas en cuenta a la hora de explicar el comportamiento violento en las relaciones de pareja y profundizar en el papel que juegan en otros tipos de violencia.

En cuanto a la capacidad predictiva de cada una de las variables estudiadas en función del género, el presente trabajo ha encontrado que existe un patrón diferente en cuanto a las variables implicadas en la predicción de las estrategias propias de resolución de conflicto de los hombres y de las mujeres. Así, en el grupo de hombres el orden de las variables en función de su capacidad predictiva fue inestabilidad afectiva, estrategias de resolución de conflicto de la pareja, inteligencia emocional y celos; mientras que en el caso de las mujeres las variables predictivas, por orden de importancia, fueron las estrategias de resolución de conflicto de la pareja, los celos y los síntomas de trauma. Lo anterior indica que existen variables comunes en cuanto a la explicación del uso de estrategias violentas de resolución de conflictos entre hombres y mujeres, pero también en cada género existen variables específicas y diferentes que influyen en dicho comportamiento.

El presente trabajo ha contribuido a tener una mayor comprensión de los factores que están implicados en la utilización de la violencia en las relaciones de pareja en población general. Los resultados encontrados en cuanto a la influencia de los celos y la inteligencia emocional sobre las estrategias de resolución de conflictos en la pareja resultan marcadamente relevantes de cara a detectar posibles situaciones de riesgo pero también para diseñar programas de intervención donde se fomenten relaciones menos posesivas y que desarrollen la inteligencia emocional. En este sentido, también es importante destacar que el PAS es un instrumento para detectar la tendencia al comportamiento abusivo. Al igual que trabajos previos, donde se ha utilizado una metodología similar, arroja resultados que indican que sólo se está accediendo a un tipo de violencia de pareja. Sin embargo, algunos autores han indicado que existen diferentes tipos de violencia en la pareja, que varían en aspectos como la simetría, la reciprocidad, la intensidad y la frecuencia; y la necesidad de que los estudios recojan los diferentes tipos de violencia para poder extraer conclusiones sobre la naturaleza de la violencia en la pareja (Johnson, 2006; Johnson y Ferraro, 2000). Para poder profundizar en los distintos patrones de estos tipos de violencia es necesario acceder a diferentes muestras. Futuros trabajos deberían realizar medidas similares en personas con problemas de violencia más severa en sus relaciones de pareja. Por otro lado, también es necesario asumir que la utilización de medidas de autoinforme favorece la deseabilidad social, por lo que los resultados encontrados pueden estar influidos por la misma. Otra posible limitación del presente trabajo es el método de muestreo utilizado, el cual puede haber favorecido la homogeneidad de la muestra.

 

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Dirección para correspondencia:
Fabiola Perles Novas.
Departamento de Psicología Social, Antropología Social, Trabajo Social y Servicios Sociales,
Facultad de Psicología, Universidad de Málaga, Campus de Teatinos s/n,
29071, Málaga, Spain.
E-mail: fanovas@uma.es.
Tlf.: 952 13 25 34.
Fax: 952 13 11 00.
E-mail otros autores: Jesús San Martín García: sangar@uma.es,
Jesús Canto Ortiz: jcanto@uma.es,
Pilar Moreno Jiménez: mpilar@uma.es

Fecha de recepción: 24 de marzo de 2011
Fecha de recepción de la versión modificada: 4 de mayo de 2011
Fecha de aceptación: 6 de mayo de 2011

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