INTRODUCCIÓN
Uno de los grupos de alimentos que se ha señalado como de importancia para mantener una alimentación saludable y sostenible es el de las frutas y las verduras dado su contenido en vitaminas, minerales, fibra y compuestos bioactivos, los cuales se han relacionado con la prevención de diferentes enfermedades. Así mismo, se ha estimado que su adecuada ingesta tiene un bajo impacto ambiental (1-3). Teniendo en cuenta la relevancia del consumo de estos alimentos a nivel mundial, la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) declaró al 2021 como el año internacional de las frutas y las verduras, con el fin de sensibilizar a la población mundial sobre la importancia de este consumo y para contribuir al logro de los objetivos de desarrollo sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el año 2030 (4). Al respecto del consumo de estos alimentos, en 2017 se reportó que 3,9 millones de muertes en el mundo estuvieron asociadas a un consumo deficiente de frutas y verduras (5). En este sentido, los escolares son un grupo poblacional de gran interés para promover una mejor ingesta de frutas y verduras dado que en esta etapa se adquieren, refuerzan y moldean diferentes conductas que pueden perdurar a lo largo de la vida (6). Además, son uno de los grupos poblacionales vulnerables, al presentar un bajo consumo de frutas y verduras (7-9).
Al respecto, en un estudio realizado en 10 países de Europa, en los escolares se identificó un consumo medio de frutas y verduras de entre 220 y 345 gramos, es decir, por debajo de los niveles recomendados de 400 gramos al día (5). A su vez se reportó que el consumo de verduras era menor que el de frutas (7). En México, de acuerdo con la metodología de la encuesta nacional de salud y nutrición, se ha denominado consumo cotidiano de frutas y verduras la ingesta diaria de al menos 10 gramos de frutas y verduras, identificándose en 2018 que el 43,5 % de los escolares habían consumido frutas cotidianamente y el 22 % de estos había comido verduras de manera cotidiana. Además, en Jalisco, el 51 % de los escolares presentaron un consumo cotidiano de frutas y el 33,6 % de verduras, motivo por el cual es posible afirmar que son necesarios esfuerzos para lograr un incremento en el consumo de frutas y verduras por parte de la población escolar de México y Jalisco (8,9).
En este sentido, una alimentación poco saludable se relaciona con la aparición de enfermedades, particularmente las crónicas no transmisibles, cuya prevalencia en el mundo se ha incrementado y que están presentes cada vez en edades más tempranas (10), por lo que la práctica de hábitos alimentarios saludables se ha considerado un factor esencial para la prevención de enfermedades y para favorecer la calidad de vida de la población, siendo necesario promoverlos desde temprana edad (6,10). Sin embargo, en la población escolar se ha identificado que el consumo de frutas y verduras está relacionado con determinantes socioeconómicos y sociodemográficos tales como el ingreso de los hogares y el nivel educativo de los padres. Esta relación varía en las diferentes poblaciones debido a aspectos culturales o relacionados con factores como la publicidad y la dispobilidad de alimentos, la preferencia y la exposición a estos. También se ha reportado que hace falta mayor evidencia para comprender la relación entre los factores socioeconómicos y el consumo de frutas y verduras (11). Adicionalmente, algunos autores han señalado que, si bien tienen beneficios en común para la salud, las frutas y las verduras presentan características nutricionales y organolépticas particulares. También se ha sugerido que los determinantes relacionados con el patrón de consumo, para ambos tipos de alimentos, son distintos y que deben plantearse estrategias diferenciadas para mejorar el consumo de frutas y verduras (12).
Por otra parte, las madres tienen un papel relevante en la formación de los hábitos de alimentación de sus hijos. Se ha considerado que las pautas de crianza ejercidas por ellas durante la infancia son determinantes de la conducta alimentaria de los niños y niñas. A su vez, estas pautas pueden estar influenciadas por factores sociales y económicos tales como el nivel de ingresos, la ocupación laboral y el nivel educativo de los padres (13,14). En este sentido, se ha reportado que los niños y niñas cuyas madres trabajan remuneradamente más horas a la semana registran mayor escasez de algunos micronutrientes en la dieta, en comparación con los niños cuyas madres no realizan trabajo remunerado a la semana así como con respecto a las horas trabajadas por los padres (15). Adicionalmente, en una investigación llevada a cabo en niños y adolescentes mexicanos se reportó que la ocupación de las madres se asociaba a patrones alimentarios altos en grasa y azúcar (16). En estas investigaciones, los factores sociales y económicos de las madres estuvieron relacionados con los hábitos alimentarios de los hijos. No obstante, es necesario profundizar más en el conocimiento acerca de esta interacción con grupos específicos de alimentos, en particular en lo relativo a las frutas y las verduras, puesto que los determinantes pueden ser diferentes para cada una de ellas (12,15,16). Por ello, la presente investigación se planteó con el objetivo de identificar cuáles son los determinantes socioeconómicos y sociodemográficos de las madres de familia y los hogares que están asociados al consumo de frutas y de verduras de los escolares de Jalisco, México.
MÉTODO
PARTICIPANTES
Este fue un estudio transversal y analítico con muestreo a conveniencia. Se realizó durante los meses de febrero y marzo de 2020 mediante una convocatoria de participación voluntaria para el estudio, realizada por medio de las redes sociales Facebook y Whatsapp, invitándose a diadas de madres e hijos, con edades de entre 6 y 10 años, de escuelas de primaria públicas de Ciudad Guzmán, Jalisco, México, a participar en un estudio sobre el consumo de frutas y verduras. Para el desarrollo de la investigación, los participantes respondieron a un cuestionario relacionado con el consumo de alimentos (17) y a otro sobre factores sociodemográficos y socioeconómicos (18) a cargo de un profesional de la nutrición, de manera presencial o telefónicamente. A partir de la convocatoria se obtuvo una muestra de 45 diadas de madres e hijos.
CONSIDERACIONES ÉTICAS
El estudio se realizó de acuerdo con la Declaración de Helsinki y el protocolo fue aprobado por el Comité de Ética de la Universidad Veracruzana (19). Las madres de familia y sus hijos firmaron los consentimientos y asentimientos informados, respectivamente. Este estudio se realizó en el marco de la planificación de una estrategia educativa que contribuyera a promover el consumo de frutas y verduras de los escolares en el hogar.
VARIABLES
Para la evaluación de la frecuencia de consumo de frutas y verduras a partir de una lista de alimentos, incluida una frecuencia semicuantitativa de consumo, validada para la población escolar mexicana por el Instituto Nacional de Salud Pública, se pidió a las madres de los escolares reportar el consumo usual de sus hijos durante los 7 días anteriores a la entrevista (17). Previa especificación del tamaño de la porción de cada alimento recomendada para el grupo de edad, las madres debían reportar el número de porciones consumidas. Esta variable se operacionalizó según el número de porciones consumidas, teniendo en cuenta la recomendación de las guías alimentarias mexicanas para contextos de obesidad, donde se sugiere el consumo de un mínimo de 5 porciones de frutas y verduras al día, de 3 para las verduras y de 2 para las frutas, en los niños y niñas de 6 a 12 años de edad. Se definieron las siguietes categorías: 0 porciones, cuando se reportó menos de una porción al día; entre 1 y 2,9 porciones, entre 3 y 4,9 porciones, y al menos 5 porciones, tanto para las frutas, y las verduras como para el conjunto de frutas y verduras (20). En las variables sociodemográficas se incluyó el nivel educativo de la madre, el cual se adaptó del cuestionario de características sociodemográficas, teniendo en cuenta la clasificación de niveles educativos para el sistema de educación mexicano, de la siguiente forma: a) educación básica, incluidos el nivel preescolar, el escolar y la primaria; b) media superior, incluida la preparatoria, y c) superior, incluidos los niveles: técnico superior, licenciatura y posgrado (21).
También se tuvo en cuenta la edad de la madre como variable, registrándose el número de años de vida de la madre del escolar y estableciéndose dos grupos: adultas jóvenes de entre 20 y 35 años y adultas maduras de entre 36 y 47 años, dado que se han identificado características psicosociales particulares en cada uno de estos subgrupos que podrían influir en las decisiones alimentarias de las madres (22).
En las variables socioeconómicas se estimó el nivel de ingresos de los hogares, teniendo en cuenta el salario mínimo mensual legal vigente para el año 2020 de acuerdo con el gobierno mexicano (23), que se conseptualiza como la cantidad menor que debe recibir un trabajador por los servicios prestados en una jornada de trabajo (24).
También se utilizó la variable de la ocupación laboral de las madres, la cual se clasificó en: empleos en donde la trabajadora prestaba sus servicios de forma subordinada a un patrón, tipo de empleo que se clasificó como de empleada; ocupaciones en las cuales la trabajadora no estuviera subordinada a un patrón, que se catalogó como trabajo independiente; y madres que no desempeñaban ningún tipo de trabajo remunerado y se dedicaban principalmente a las labores del hogar, que se categorizaron como amas de casa (24).
ANÁLISIS ESTADÍSTICO
Las distribuciones de datos se describen como frecuencias y proporciones. Se determinó la normalidad de la muestra aplicando la prueba de Shapiro-Wilk a las variables de consumo. Debido a su comportamiento no paramétrico, se realizaron las pruebas de Kruskal-Wallis para comparar entre varios grupos no pareados y el test de Mann-Whitney para comparar post hoc entre pares de grupos, con el fin de identificar las diferencias en cuanto al consumo de alimentos en relación a los factores sociodemográficos y socioeconómicos. Todas las pruebas estadísticas se realizaron en el programa Stata/MP, versión 13, con un nivel de confianza del 95 % y un nivel de significancia estadística de p < 0,05.
RESULTADOS
Participaron 45 diadas de madres e hijos. El 68 % de las madres se encontraban en el rango de edad entre los 25 y 35 años. El 58 % de los escolares eran de género femenino. El 64 % de las madres manifestaron tener un nivel educativo universitario o incluso un grado superior a este. Con respecto a los ingresos del hogar, el 35 % reportaron ingresos mensuales de entre 6800 y 11.599 pesos mexicanos. A su vez, el 64 % de las madres manifestaron tener una ocupación laboral de empleada (Tabla I).
De acuerdo con la tabla II, se estimó que el 51 % de la población escolar consumía frutas y verduras, al menos 5 porciones al día. Así mismo, la mayoría de los escolares consumían entre 1 y menos de 3 porciones al día, tanto de frutas como de verduras. El 22 % de la población de escolares no consumían verduras durante el día .
Como se observa en la tabla III, en relación a los factores socioeconómicos, se identificaron diferencias estadísticamente significativas con respecto al consumo de frutas según el nivel de ingresos de los hogares, siendo mayor el consumo para los escolares pertenecientes a hogares con ingresos superiores a 2700 pesos mexicanos, comparados con los demás grupos de ingresos. Mientras, el consumo de verduras fue mayor en los hijos de madres con nivel educativo universitario o de posgrado, en comparación con los hijos de madres con nivel educativo de preparatoria. En cuanto a la ocupación de las madres, si bien el consumo de frutas y verduras de los escolares fue en general mayor en el grupo con madres trabajadoras independientes, seguido del grupo de los hijos de amas de casa, identificándose diferencias estadísticamente significativas inicialmente, al hacer las comparaciones post hoc no se identificaron diferencias estadísticamente significativas entre ninguno de los pares de grupos. Por otra parte, no se determinaron diferencias estadísticas en el consumo de los escolares con respecto a los grupos de edad de las madres (Tabla III).
Tabla III. Frecuencia de consumo de frutas y verduras al día de los escolares wsegún los factores sociodemográficos y socioeconómicos de sus madres y hogares

F: frutas; V: verduras. *p < 0,05 entre todos los grupos de ingresos al comparase con ingresos del hogar entre 0 y 2699. †p < 0,05 al comparar preparatoria y nivel universitario y posgrado, siendo el consumo menor en los hijos de madres con preparatoria. ‡p < 0,05 al comparar preparatoria y nivel universitario y posgrado, siendo el consumo menor en los hijos de madres con preparatoria. §p < 0,05 entre todos los grupos de ingresos al comparase con los ingresos del hogar entre 0 y 2699.
DISCUSIÓN
Incrementar el consumo de frutas y verduras a nivel mundial es un objetivo prioritario debido a su importancia nutricional y ambiental, por lo cual se vincula con los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU para el año 2030 (25). No obstante, alcanzarlo acarrea gran complejidad, debido a que está determinado tanto por factores individuales como por factores de la estructura social y económica, es decir, por elementos que se encuentran fuera del control del individuo (26,27). Por lo tanto, esta investigación se llevó a cabo para identificar los determinantes sociodemográficos y socioeconómicos de las madres y los hogares de los escolares de Jalisco asociados al consumo de frutas y verduras. De acuerdo con los resultados obtenidos, se identificó que el 51 % de los escolares participantes consumían la cantidad recomendada dentro de los lineamientos nacionales para la promoción de este consumo (20). Al respecto, a nivel nacional, se ha reportado que el 43 % de la población escolar consume cotidianamente frutas y que el 20 0% consume cotidianamente verduras (8). En Jalisco se ha estimado que el consumo cotidiano es mejor que a nivel nacional, con un porcentaje del 51 % de escolares que consumen cotidianamente frutas y un 33,6 % de escolares que consumen cotidianamente verduras (9). Si bien los resultados de la presente investigación se muestran a partir del análisis del consumo de porciones recomendadas para el grupo de escolares mexicanos, esta no es la misma unidad de medida de la encuesta nacional, en la cual se estimó el consumo cotidiano. Sin embargo, es posible afirmar que tanto de acuerdo con los resultados del presente estudio como en la encuesta nacional, el consumo diario y suficiente de estos alimentos no es permanente en toda la población y cerca de la mitad de las personas de este grupo poblacional tienen un consumo deficiente.
Adicionalmente, en el presente estudio se pudo asociar el mayor consumo de frutas con el nivel de ingresos de los hogares, mientras que el mayor nivel educativo de las madres de los escolares se asoció con un más alto consumo de verduras. De manera similar, en otros estudios sobre el consumo de frutas y verduras realizados en este mismo grupo poblacional, en México, se reportó que los escolares pertenecientes a los niveles socioeconómicos más altos tienen un mayor consumo de frutas y verduras; sin embargo, cabe resaltar que en el presente estudio se estimaron diferencias en los determinantes que influyen en el consumo de frutas y aquellos que influyen en el consumo de verduras (27-29). A su vez, en otras investigaciones se ha identificado que factores como el horario de las madres de familia y su tipo de empleo se relacionan con la alimentación de los hijos (15) y, no obstante, en la presente investigación no se hallaron diferencias estadísticas al comparar los diferentes grupos de ocupación de las madres, ya fueran empleadas, trabajadoras independientes o amas de casa, pero sí se identificaron diferencias al comparar el consumo de los escolares en relación a los ingresos económicos de los hogares con el consumo de frutas y el grado de escolaridad de sus madres con el consumo verduras (15,16). En otros estudios se reportó una mayor magnitud de las diferencias en cuanto al nivel educativo de los padres de familia en relación al consumo de frutas, a diferencia de la presente investigación, en la cual el consumo de verduras tuvo una mayor relación con el nivel de escolaridad de las madres de familia, lo cual respalda la hipótesis de que el consumo de frutas y verduras y sus determinantes deben estudiarse por separado, con el fin de plantear acciones que aborden de manera más precisa las casusas que afectan a dicho consumo (12,30,31).
De acuerdo con los hallazgos reportados en el presente estudio, es probable que el precio de las frutas tenga una influencia en su consumo, mientras que comprender la importancia del consumo de verduras por parte de las madres de familia que conozcan y comprendan las recomendaciones para el consumo de los escolares pueda contribuir en mayor medida a mejorar la ingesta de estos alimentos en el grupo poblacional estudiado. Si biense han descrito resultados similares en otras investigaciones desarrolladas en el país y a nivel mundial, no se identificó ninguna llevada a cabo a nivel local que explorara las diferencias en cuanto al comportamiento de estos determinantes con respecto al consumo de verduras y el de frutas, lo cual es relevante debido a que estos determinantes varían entre las distintas poblaciones, por lo que no es apropiado generalizar los hallazgos indentificados en otros países o localidades para generar estrategias fundamentadas en las necesidades locales (31). Otro aspecto diferenciador de la presente investigación es que no evaluó la ingesta a partir de una porción cotidiana de consumo de frutas y verduras, puesto que, si bien se usan como referencia para evaluar el consumo nacional (7), se alejan del consumo mínimo recomendado para este grupo de alimentos, que es de 400 gramos al día (5). Por lo tanto, por medio de la identificación del número de porciones consumidas y no del consumo contidiano de frutas y verduras es posible tener una valoración más precisa de la situación alimentaria, siendo esta una recomendación importante a tener en cuenta en los estudios nacionales sobre consumo de frutas y verduras. Cabe resaltar que, durante la pandemia de COVID-19, se han reportado alzas en el precio de los alimentos. La presente investigación se llevó a cabo durante el inicio de la pandemia de COVID-19 y las restricciones de cuerentena, lo cual pudo tener alguna incidencia en el comportamiento alimentario de la población (32).
Como limitaciones del estudio se destaca el tamaño reducido de la muestra, debido a una baja respuesta de la población a la convocatoria realizada por redes sociales, lo cual se ha reportado en otros estudios realizados durante la pandemia por COVID-19 (33). También es importante destacar que el consumo de alimentos en escolares es difícil de evaluar, debido a las características cognitivas que dificultan un reporte preciso de su autoconsumo, siendo necesario recurrir al reporte de segundos informantes, como son los padres de familia, dificultando la precisión de los datos (34). Otra limitación del estudio se relaciona con que pudo presentarse un sesgo en la selección de los participantes debido a que las madres con mayor uso de redes sociales pueden tener mejor acceso a Internet y, por lo tanto, contar con información diferente sobre alimentación y nutrición en comparación con aquellas que tienen menor acceso a este tipo de redes.
Como recomendaciones, se sugiere indagar acerca de los determinantes del padre de familia u otros cuidadores. También, incluir otros determinantes socioeconómicos, como el número de integrantes del hogar, el porcentaje de ingresos que se dispone para el consumo de alimentos, el precio de los alimentos, la disponibilidad de estos, las preferencias alimentarias y los conocimientos específicos sobre el consumo de frutas y verduras, entre otros. También se requieren otras investigaciones y en diferentes grupos poblacionales, con mayor tamaño poblacional y con diseños prospectivos y comparativos, que contribuyan al análisis detallado de la asociación entre determinantes socioeconómicos y sociodemográficos y el consumo de frutas y verduras. También sobre cómo estos pueden influir en le efectividad de las intervenciones para mejorar el consumo de alimentos con un mayor nivel de profundidad que de forma transversal.
CONCLUSIONES
Se identificó en estas diadas de madres y escolares que el nivel educativo de las madres de familia y el nivel de ingresos de los hogares estaban relacionados con el consumo de frutas y verduras de los escolares de Ciudad Guzmán, Jalisco, lo que debería tenerse en cuenta en la planificación de acciones que contribuyan a la mejora del consumo de frutas y verduras. Adicionalmente, se estimó que existen diferencias entre los determinantes que afectan al consumo de frutas y al de verduras, por lo cual se recomienda plantear estrategias particulares para mejorar el consumo de cada clase de alimento. Se sugiere también la realización de estudios longitudinales y comparativos que investiguen estos y otros factores socioeconómicos y sociodemográficos, asociados al consumo de frutas y verduras en poblaciones vulnerables como la estudiada en la presente investigación.