INTRODUCCIÓN
En las últimas décadas ha ido creciendo el interés por el estudio de la relación entre la dieta y la función cognitiva. Hay numerosos factores que influyen en la capacidad cognitiva, como, por ejemplo, el envejecimiento, algunas enfermedades, el estado de ánimo o el abuso de sustancias, entre otros. Aunque algunos de estos factores no pueden cambiarse, cada vez hay más evidencias de que los factores de estilo de vida modificables, como la dieta, la actividad física, la socialización o el consumo de tabaco o de alcohol, pueden estabilizar, mejorar o perjudicar la función cognitiva (1).
En relación con la dieta, se ha prestado especial atención al papel de los alimentos y de los nutrientes en el desarrollo neurológico y en la función cognitiva en las primeras etapas de la vida y también durante al envejecimiento (2,3). Es importante mejorar nuestro conocimiento sobre el papel de la dieta en la salud cognitiva, ya que es la base para el desarrollo de nuevos enfoques preventivos, de tratamiento o de manejo del deterioro cognitivo a lo largo de toda la vida (1).
El huevo es un alimento que destaca por su excelente composición nutricional. Tiene un contenido relativamente bajo de energía, pero aporta unos 12 g de proteína de alta calidad por cada 100 gramos de alimento, también vitaminas y minerales en cantidades significativas y muy biodisponibles, así como componentes antioxidantes y antiinflamatorios como la luteína y la zeaxantina (4). Aunque se recomendó durante décadas restringir su consumo, hoy en día se sabe que el consumo de hasta un huevo diario no se asocia a un aumento del riesgo cardiovascular (5-7).
Algunos estudios han demostrado una asociación significativa y favorable entre el consumo de huevo y el riesgo de demencia. En el estudio Kuopio Ischemic Heart Disease Risk Factor Study (8), se observó que ni la ingesta de colesterol ni la de huevo se asoció con un mayor riesgo de demencia o de enfermedad de Alzheimer en varones finlandeses, y que incluso la ingesta moderada de huevo se asoció positivamente con algunas tareas cognitivas. Por otro lado, el Rancho Bernardo Study mostró que el consumo de huevo no se asocia con el deterioro a largo plazo de diferentes funciones cognitivas, e incluso en el caso de los varones se asocia con efectos positivos sobre la memoria verbal (9). Más recientemente, Pan y cols. (10) estudiaron una cohorte de más de mil ancianos durante una media de 6,7 años. Aquellos que consumían al menos 1 huevo semanal o al menos 2 huevos semanales tuvieron un menor riesgo de desarrollar demencia que los que consumieron menos de 1 huevo a la semana. Estos hallazgos se confirmaron posteriormente en las autopsias de más de 500 participantes fallecidos, que demostraron que la ingesta de 1 huevo semanal o de 2 o más huevos semanales se asociaron con un menor riesgo de diagnóstico post mortem de enfermedad de Alzheimer.
En definitiva, el consumo de huevo parece asociarse con un mejor funcionamiento cerebral y menor deterioro cognitivo. El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica sobre el papel de los componentes del huevo que tienen mayor impacto en la función cognitiva y sus posibles mecanismos.
VITAMINAS
Como ya se ha mencionado, el huevo contiene numerosas vitaminas y minerales, y todos, en mayor o menor medida, son importantes para el mantenimiento de la salud y de la función cognitiva. Algunas vitaminas se encuentran en el huevo en cantidades superiores al 15 % del valor de referencia de nutrientes (VRN) marcado por el Reglamento (UE) 1169/2011, lo que permitiría hacer declaraciones de propiedades saludables distintas de las relativas a la reducción del riesgo de enfermedad y al desarrollo y a la salud de los niños autorizadas en el Reglamento (UE) n.º 432/2012. En relación con las alegaciones de salud sobre la función cognitiva, podría declararse que “contribuyen a la función psicológica normal” la biotina (40 % del VRN), los folatos (25,6 % del VRN), la vitamina B12 (84 % del VRN) y la niacina (20,6 % del VRN), aunque para esta última vitamina se señala que no se observan ingestas inadecuadas en la población general de la UE y tampoco un deterioro de las funciones psicológicas asociado a su baja ingesta.
PROTEÍNAS
Es bien conocido que el huevo es un alimento con un elevado contenido en proteínas de gran calidad y biodisponibilidad. La proteína del huevo destaca por su elevado contenido en triptófano. Este aminoácido es el precursor de la serotonina, un neurotransmisor implicado en la depresión y que se ha asociado de manera independiente con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia en adultos mayores (11). Se ha observado que los niveles bajos de triptófano se asocian con mayores deterioros cognitivos en ancianos sin demencia (12,13). Por otro lado, los tratamientos con hidrolizados de proteína de huevo enriquecidos en triptófano han demostrado mejorar el rendimiento en tareas de atención, velocidad y percepción motora (14,15); asimismo, mejoran aspectos emocionales y de bienestar (14,16) e inhiben la respuesta del cortisol al estrés agudo (17).
COLINA
Numerosos estudios observacionales y de intervención han demostrado la relación entre la ingesta de colina y la función cognitiva. El Kuopio Ischemic Heart Disease Risk Factor Study (18) observó que tanto las ingestas de colina y de fosfatidilcolina se relacionaron con mejores resultados en diferentes pruebas cognitivas en varones finlandeses. La suplementación con colina en adultos sanos también se ha asociado con un mejor rendimiento en tareas de velocidad de procesamiento de memoria, habilidad visomotora (19) y memoria verbal (20).
La colina es especialmente importante durante el embarazo. La ingesta de colina por parte de la madre condiciona los niveles fetales y hay un transporte activo de colina a través de la placenta (21). Los niños expuestos a concentraciones menores de colina en el útero tienen más dificultades de aprendizaje, de memoria y alteraciones del comportamiento (22).
El cerebro tiene unas elevadas demandas de colina, y recientemente se ha descrito un mecanismo de transporte activo de este nutriente a través de la barrera hematoencefálica (23). Sin embargo, la captación cerebral de colina desde el plasma disminuye con la edad (24), por lo que es especialmente importante vigilar la ingesta de colina y evitar las deficiencias en las últimas etapas de la vida.
Se han propuesto varios mecanismos para explicar cómo la colina participa en la función cognitiva (25). En primer lugar, la colina es precursora del neurotransmisor acetilcolina, cuyas concentraciones disminuyen de forma progresiva en la enfermedad de Alzheimer (26). Además, la colina es precursora de la fosfatidilcolina, un fosfolípido necesario para la síntesis de membranas y el mantenimiento de la función sináptica. Los metaanálisis demuestran que las personas con enfermedad de Alzheimer tienen menores concentraciones de colina en plasma y líquido cefalorraquídeo (27) y los adultos con bajas concentraciones de lisofosfatidilcolina, un fosfolípidos que contiene colina, tienen un mayor riesgo de deterioro cognitivo y de enfermedad de Alzheimer (28). La colina también participa en las reacciones de metilación, concretamente en el punto en que la homocisteína se convierte en metionina, lo que contribuye a la disponibilidad de S-adenosilmetionina, donador de grupos metilo en numerosas reacciones, incluida la metilación del ADN. De esta forma, la colina está implicada en el riesgo de defectos del tubo neural, de manera similar a los folatos y a la vitamina B12. De hecho, la ingesta periconcepcional de colina y de otros nutrientes implicados en el ciclo de la metionina-metilación diferentes a los folatos disminuye el riesgo de defectos del tubo neural incluso cuando la ingesta de folatos es adecuada (29). Por último, la colina modula la expresión de genes claves relacionados con la memoria, el aprendizaje y funciones cognitivas mediante mecanismos epigenéticos (30).
LUTEÍNA Y ZEAXANTINA
El huevo contiene luteína y zeaxantina, que son pigmentos carotenoides no provitamínicos que se localizan en la yema. El huevo es uno de los pocos alimentos de origen animal que aporta estos carotenoides, y aunque su contenido es inferior al de fuentes vegetales, la biodisponibilidad en el huevo es superior (31).
Estos carotenoides se concentran en el cerebro y en el tejido neural, particularmente en la mácula o retina central, protegiendo a la mácula del estrés oxidativo inducido por la luz. El cerebro es un órgano muy oxigenado y con un elevado contenido en lípidos, lo que hace que sea especialmente sensible al estrés oxidativo (32).
Numerosos estudios tanto observacionales como clínicos han encontrado una asociación positiva entre los niveles de luteína y zeaxantina y el rendimiento cognitivo y la función visual, tanto en adultos jóvenes como mayores (33-35). La luteína es también el carotenoide mayoritario en el cerebro del recién nacido (36) y está implicado en el desarrollo cognitivo en las etapas más tempranas de la vida. La ingesta de suplementos de luteína y de zeaxantina durante la gestación se ha relacionado positivamente con el desarrollo cognitivo y del lenguaje del descendiente en los primeros años de la infancia (37) y en la etapa escolar (38). Un reciente metaanálisis de estudios clínicos concluyó que la luteína de la dieta previene el deterioro cognitivo, especialmente de las funciones ejecutivas (39).
CONCLUSIÓN
La evidencia científica sugiere que el consumo de huevo puede ser beneficioso para la función mental y la prevención del deterioro cognitivo. Los nutrientes como la colina, el triptófano, así como los carotenoides luteína y zeaxantina, presentes en el huevo, son críticos para la salud cerebral y el rendimiento cognitivo. Esto confirma la importancia de incluir el consumo de huevo en la dieta habitual como parte de las estrategias preventivas dirigidas a mejorar la salud cognitiva a lo largo de la vida.













