INTRODUCCIÓN
La obesidad es una enfermedad crónica, multifactorial y de alta prevalencia asociada a un incremento significativo de la incidencia de enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo 2 (DM2), hipertensión arterial (HTA), apnea del sueño y diversas neoplasias. A pesar de los múltiples abordajes terapéuticos disponibles, la cirugía bariátrica ha demostrado ser el tratamiento más efectivo en términos de pérdida de peso sostenida y mejoría de las comorbilidades metabólicas (1,2).
Sin embargo, en la práctica clínica no todos los pacientes logran los beneficios esperados a largo plazo. Se estima que entre el 20 y el 30 % de los individuos intervenidos presentan fracaso terapéutico, definido como pérdida ponderal inadecuada y/o persistencia de patologías asociadas a la obesidad (3,4).
Actualmente, los factores asociados al fracaso a largo plazo no están claramente establecidos. Existen datos que sugieren que variables como el IMC preoperatorio, la presencia de comorbilidades metabólicas y la cinética de pérdida ponderal durante el primer año podrían tener un valor predictivo importante. Sin embargo, la mayoría de los estudios presentan un seguimiento limitado o carecen de modelos clínicos validados que permitan estratificar el riesgo individual de forma práctica (5,6).
En este contexto, el presente estudio tiene como finalidad el desarrollo de un modelo predictivo clínico-nutricional basado en parámetros accesibles, que permita identificar a aquellos pacientes con mayor probabilidad de fracaso terapéutico a 10 años tras la cirugía bariátrica, y así favorecer intervenciones tempranas y personalizadas.
MATERIAL Y MÉTODOS
DISEñO DEL ESTUDIO Y POBLACIóN
Estudio observacional, analítico de cohortes retrospectivas, desarrollada en el Complejo Hospitalario Universitario de Pontevedra, un hospital universitario con programa de cirugía bariátrica acreditado. Se incluyeron 96 pacientes adultos consecutivos sometidos a cirugía bariátrica entre enero de 2010 y diciembre de 2013. De estos, 70 pacientes fueron intervenidos mediante bypass gástrico (78,13 %), 14 con gastrectomía vertical (19,79 %) y 2 con una técnica malabsortiva (2,08 %). El seguimiento clínico-nutricional se realizó con periodicidad anual hasta completar 10 años poscirugía.
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- Exceso de peso prequirúrgico: se calcula con la fórmula:
Exceso de peso prequirúrgico = peso prequirúrgico – peso ideal.
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- Peso ideal: se calcula con las siguientes fórmulas:
Hombres: 50 + 2,3 x ([altura en cm / 2,54] - 60)
Mujeres: 45,5 + 2,3 x ([altura en cm / 2,54] - 60)
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- % de pérdida de exceso de peso (%PEP): se calcula con la fórmula:
%PEP = ([peso prequirúrgico – peso postquirúrgico] / [exceso de peso prequirúrgico]) x 100
Esta fórmula se utiliza en cada momento temporal después de la cirugía.
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- Exceso de peso posquirúrgico: se calcula con la fórmula:
Exceso de peso posquirúrgico = peso posquirúrgico – peso ideal
Se calcula en cada momento temporal después de la cirugía.
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- Diferencia de exceso de peso posquirúrgico: se calcula con la fórmula:
Diferencia de exceso de peso postquirúrgico = exceso de peso prequirúrgico – exceso de peso posquirúrgico
Se calcula en cada momento temporal después de la cirugía.
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- % IMC perdido en el primer año: se calcula con la fórmula:
% IMC perdido en el primer año = ([IMC prequirúrgico – IMC 1º año] / IMC prequirúrgico) x 100
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- Fracaso terapéutico: se estableció como criterio compuesto:
ANáLISIS ESTADíSTICO
Análisis univariante
Las variables cuantitativas se presentan con la media y desviación típica si cumplen criterios de normalidad. Los intervalos de confianza se calculan con el “t-test” si se cumplen los criterios de normalidad o si el tamaño de la muestra es mayor de 50. Si no se cumplen los criterios de normalidad, las variables se presentan con la mediana y rango intercuartílico.
El intervalo de confianza de la odds ratio (OR) se calcula con el método de Wilson, y el intervalo de confianza del riesgo relativo (RR) se calcula con el método asintótico.
Análisis multivariante
Para calcular la probabilidad de fracaso terapéutico a los 10 años, se utilizó la regresión logística, donde el fracaso se codifica como 1 y el éxito como 0. Los predictores utilizados fueron: edad, talla, IMC prequirúrgico, exceso de peso prequirúrgico, % de pérdida de exceso de peso (%PEP) en el primer año, % de IMC perdido en el primer año, sexo, y la presencia de patologías previas relacionadas (DM, HTA y dislipemia).
La selección del mejor modelo predictivo se realizó con los métodos “Backward Stepwise” (regresión paso a paso hacia atrás) y el método que incluye todas las posibles ecuaciones, teniendo en cuenta los criterios AUC (área bajo la curva ROC), AIC (índice de información de Akaike) y BIC (criterio de información bayesiana) (5).
Para obtener el intervalo de confianza del área AUC se utilizó el método exacto que usa la distribución binomial.
El punto de corte óptimo que maximiza la sensibilidad y especificidad, suponiendo que los costes de los falsos positivos y falsos negativos son iguales, se obtiene según la metodología de Zweig y Campbell (6). Este método se basa en el cálculo en la curva ROC del punto más cercano al ángulo superior izquierdo (donde sensibilidad = 1 y especificidad = 1), y en el cálculo del punto de máxima eficiencia que maximiza el índice J de Youden (7).
ASPECTOS éTICOS Y LEGALES
El estudio fue aprobado por el Comité de Ética e Investigación de Pontevedra-Vigo-Ourense con Código de Registro 2024/181 en la fecha 18/02/2024. Los investigadores han seguido las normas éticas y legales aplicables. Se obtuvo el consentimiento informado por escrito para participar de todos los participantes individuales incluidos en el estudio. El estudio ha sido desarrollado de acuerdo con las recomendaciones de la guía STROBE para estudios observacionales.
RESULTADOS
CARACTERíSTICAS BASALES
El estudio incluyó una cohorte de 96 pacientes con una edad media de 41,3 ± 9,5 años, de los cuales el 78,1 % eran mujeres. El IMC preoperatorio promedio fue de 44,6 ± 6,2 kg/m², la mayoría de los pacientes (72 %) presentó un IMC inicial entre 40-50 kg/m², destacándose el rango 40-45 kg/m² como el más frecuente (31 %, n = 30), con una marcada predominancia femenina (26 mujeres vs. 5 hombres). Solo el 12 % (n = 11) de la cohorte registró un IMC superior a 50 kg/m², y ningún paciente superó los 65 kg/m². En cuanto a comorbilidades, la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) estuvo presente en el 33,3 % (n = 31) de los casos, y la hipertensión arterial (HTA) en el 32 % (n = 32)(Figs. 1 y 2).
EVOLUCIóN DEL FRACASO TERAPéUTICO
La tabla I resume la proporción de pacientes con fracaso terapéutico —definido como pérdida de peso < 50 % del exceso o recidiva de comorbilidades— en cada evaluación durante el seguimiento a 10 años. En el primer año, el 18 % (n = 36) de los pacientes presentó fracaso, porcentaje que aumentó al 24 % (n = 48) a los 5 años y al 32 % (n = 64) al final del seguimiento. Es crucial destacar que estos valores reflejan la situación puntual en cada evaluación, no una incidencia acumulada. Por ejemplo, el 8 % de los pacientes que mostraron fracaso a los 5 años lograron recuperar el éxito a los 10 años, mientras que otro 10 % desarrolló fracaso tardíamente. Esta variabilidad subraya la naturaleza dinámica del estado nutricional postquirúrgico, donde mejoras o retrocesos pueden ocurrir en cualquier fase del seguimiento.
RESULTADOS DEL MODELO PREDICTIVO
Factores asociados al fracaso
El modelo logístico identificó variables clave asociadas al riesgo de fracaso a 10 años (Tabla II):
Tabla II Modelo de regresión logística multivariante para predecir el fracaso terapéutico a los 10 años
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- Factores de riesgo:
IMC preoperatorio elevado: cada unidad adicional de IMC incrementó la probabilidad de fracaso en un 24 % (OR = 1,24; IC 95 %: 1,04-1,48; p = 0,017).
Presencia de DM2: triplicó el riesgo (OR = 3,77; IC 95 %: 1,14-12,45; p = 0,029).
Presencia de HTA: aumentó el riesgo en un 283 % (OR = 3,83; IC 95 %: 1,18-12,48; p = 0,026).
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- Factores protectores:
Pérdida de IMC al primer año: cada 1 % adicional de IMC perdido redujo el riesgo de fracaso en un 28 % (OR = 0,72; IC 95 %: 0,55-0,94; p = 0,020).
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% de PEP perdido al primer año: aunque el valor de p fue de 0,063, esta variable se mantuvo en el modelo final por su relevancia predictiva. Esto se justifica porque el enfoque del presente análisis es predictivo, no explicativo. En un modelo predictivo, el objetivo es maximizar la capacidad del modelo para anticipar correctamente el desenlace (fracaso a 10 años), y no evaluar efectos causales ni determinar significación estadística estricta de cada variable.
En este contexto, la inclusión de variables con p > 0,05 (pero < 0,1) es válida si su presencia mejora el rendimiento global del modelo. El procedimiento utilizado para la selección de variables fue el método Backward Stepwise, ampliamente recomendado para modelos predictivos, el cual optimiza los criterios de ajuste como el AUC (área bajo la curva ROC), el AIC y el BIC. En este método, las variables entran y salen del modelo en función de su efecto conjunto con otras variables, y es posible que algunas se mantengan con valores de p marginales si contribuyen positivamente a la predicción.
Por tanto, la retención del %PEP en el modelo se basa en su relevancia predictiva, independientemente de su significación estadística convencional o relevancia clínica individual. Lo fundamental en este enfoque es que la ecuación final logre la mejor discriminación posible entre pacientes con y sin fracaso terapéutico.
ECUACIóN PREDICTIVA SIMPLIFICADA
La probabilidad de fracaso se calcula mediante la siguiente fórmula:
P = 1 / (1 + exp [-a]); siendo a = -9,649 + 0,212 x IMC prequirúrgico + 0,133 x % PEP 1 año – 0,333 x % IMC perdido en un año + 1,327 x (1 si DM previa = 1 o 0 si DM previa = 0) + 1,343 x (1 si HTA previa = 1 o 0 si HTA previa = 0). Y exp (-a) es la exponencial de -a (es decir, el número “e” elevado a -a).
Ejemplo práctico: Un paciente con IMC = 48 kg/m², PEP perdido al año = 35 %, DM2 y HTA tendría un riesgo estimado del 72 %. Esto ilustra cómo los factores clínicos interactúan: un IMC alto y las comorbilidades “empujan” el riesgo hacia arriba, mientras que una mayor pérdida de peso lo atenúa.
VALIDACIóN DEL MODELO
El modelo mostró una excelente capacidad discriminativa con un AUC = 0,858 (IC 95 %: 0,773-0,923; Fig. 1), lo que significa que identifica correctamente al 85,8 % de los pacientes que fracasarán. La calibración, evaluada mediante la prueba de Hosmer-Lemeshow (χ² = 7,26; p = 0,509) confirmó que las predicciones se alinean con las observaciones reales. Utilizando un punto de corte óptimo del 28,6 % de probabilidad, el modelo alcanzó una sensibilidad del 84,6 % (detecta la mayoría de los fracasos) y una especificidad del 80,6 % (minimiza las falsas alarmas). Además, su valor predictivo negativo del 93,1 % asegura que los pacientes clasificados como de bajo riesgo tienen una probabilidad muy alta de éxito a largo plazo (Figs. 3 y 4).
DISCUSIÓN
Los hallazgos de este estudio refuerzan la importancia del primer año posoperatorio como una ventana crítica para evaluar el pronóstico a largo plazo tras la cirugía bariátrica. En particular, la pérdida porcentual de IMC se identificó como un factor protector claro, reflejando tanto el grado de adherencia inicial como la capacidad de respuesta metabólica individual del paciente. Una mayor pérdida ponderal en esta etapa temprana se asocia no solo con mejores resultados a largo plazo, sino también con una mayor probabilidad de remisión de comorbilidades metabólicas y una reducción sostenida del riesgo cardiovascular (7,8).
Por otro lado, la presencia de comorbilidades como la diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y la hipertensión arterial (HTA) se identificó como un factor de riesgo independiente para el fracaso terapéutico. Estos resultados coinciden con estudios previos que han relacionado la resistencia a la insulina, la inflamación crónica y la disfunción endotelial con una menor respuesta a la intervención quirúrgica. En el caso de la DM2, la resistencia a la insulina y la disfunción de las células beta pancreáticas pueden limitar la mejora del perfil glucémico, incluso tras una pérdida de peso significativa. La hiperglucemia crónica, junto con la inflamación sistémica de bajo grado, puede interferir con los efectos beneficiosos mediados por incretinas y reducir la sensibilidad a la insulina en tejidos periféricos. Esto limita la capacidad del organismo para aprovechar al máximo los cambios metabólicos inducidos por la cirugía (2,9).
En cuanto a la HTA, su asociación con una menor respuesta metabólica puede deberse a la coexistencia frecuente con disfunción endotelial, rigidez arterial y alteraciones neurohormonales, como la activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona. Estos factores reducen la plasticidad vascular y metabólica del organismo, dificultando la mejoría sostenida tras la intervención. Además, el estrés oxidativo y la activación crónica del sistema nervioso simpático, comunes en pacientes hipertensos, pueden contribuir a una recuperación metabólica menos eficiente (10,11).
El modelo propuesto en este estudio ofrece una herramienta sencilla y aplicable en la práctica clínica para estimar el riesgo individual de fracaso terapéutico a largo plazo tras cirugía bariátrica, lo que facilita su integración en algoritmos de seguimiento posoperatorio. En particular, aquellos pacientes que presenten una probabilidad estimada superior al 28,6 % podrían beneficiarse de un enfoque terapéutico más intensivo y personalizado. Este punto de corte representa un umbral clínicamente útil que permite diferenciar de forma práctica a los pacientes con mayor probabilidad de resultados subóptimos. Su utilización en la toma de decisiones clínicas podría permitir la estratificación del riesgo desde etapas tempranas del seguimiento, facilitando la asignación de recursos según necesidad y el diseño de intervenciones adaptadas al perfil de cada paciente.
El umbral del 28,6 % podría servir como criterio de inclusión para circuitos de seguimiento intensivo en unidades de obesidad, permitiendo el diseño de rutas asistenciales personalizadas. Los pacientes que superen este valor umbral podrían ser candidatos a un protocolo estructurado que incluya: visitas clínicas más frecuentes, intervenciones multidisciplinares intensivas (nutrición, psicología y farmacoterapia) y estrategias de telemonitorización para optimizar la adherencia terapéutica. Este punto de corte también podría guiar decisiones farmacológicas tempranas, como el inicio de agonistas del receptor de GLP-1 o terapias combinadas GLP-1/GIP, en pacientes con alto riesgo de fracaso terapéutico, incluso antes de que manifiesten una regresión ponderal insuficiente.
Desde una perspectiva práctica, este modelo podría integrarse en los protocolos de seguimiento estratificado de las unidades multidisciplinares de cirugía bariátrica. Su aplicación durante las visitas del primer año posoperatorio permitiría clasificar a los pacientes según su riesgo y ajustar la intensidad del seguimiento en consecuencia: mientras los pacientes de bajo riesgo mantendrían un protocolo estándar, aquellos con riesgo intermedio o alto podrían beneficiarse de un abordaje intensificado con participación coordinada de nutricionistas, endocrinólogos, psicólogos y especialistas en educación terapéutica.
La implementación tecnológica del modelo podría realizarse mediante su incorporación a sistemas de historia clínica electrónica (HCE), donde su cálculo automatizado a partir de variables clínicas preexistentes generaría alertas y recomendaciones para el equipo asistencial. Paralelamente, el desarrollo de aplicaciones móviles o plataformas digitales para pacientes posquirúrgicos podría transformar este modelo en una herramienta de autoevaluación y seguimiento continuo, potenciando la educación del paciente, su adherencia al tratamiento y permitiendo un monitoreo más dinámico y personalizado.
A pesar de sus fortalezas, el estudio presenta algunas limitaciones que deben ser consideradas. En primer lugar, el tamaño muestral, si bien suficiente para la modelización estadística, es relativamente reducido, lo cual podría afectar la robustez externa del modelo. Asimismo, al tratarse de un estudio unicéntrico, la generalización de los resultados a otras poblaciones o centros asistenciales podría estar limitada. Por último, no se incluyeron en el análisis, variables potencialmente relevantes como los factores psicosociales, el nivel de actividad física o las características de la microbiota intestinal, que han mostrado una influencia creciente en el metabolismo y la respuesta posquirúrgica.
En cuanto a las perspectivas futuras, será fundamental validar este modelo en cohortes más amplias y multicéntricas, así como explorar la inclusión de nuevos biomarcadores clínicos, hormonales y genéticos que puedan enriquecer su capacidad predictiva. El desarrollo de herramientas digitales basadas en inteligencia artificial o aprendizaje automático también representa un campo prometedor para la implementación práctica de modelos de predicción personalizados en el contexto de la cirugía bariátrica.
CONCLUSIÓN
Este estudio propone un modelo predictivo clínico basado en datos simples y disponibles en la práctica habitual. La presencia de comorbilidades metabólicas y una pérdida ponderal subóptima durante el primer año postcirugía son factores clave para anticipar el fracaso terapéutico a 10 años. La implementación temprana de estrategias personalizadas puede optimizar los resultados de la cirugía bariátrica en pacientes con alto riesgo.


















