Sr. Editor:
Hemos leído la publicación de Doğan Güney y Göbel (1) donde se presentan los resultados de una intervención basada en mindfulness en niños de 9 a 11 años, donde se evidenció que mayores niveles de atención plena (mindfulness) se podían asociar a menores niveles de alimentación emocional, esto independiente del índice de masa corporal (IMC) que presentaran los niños. Además, se asoció una mayor propensión a comer por ansiedad, ira o decepción en aquellos niños que presentaban un alto nivel de estrés percibido, estas conductas pueden ser mitigadas a través de una mayor autorregulación a través del mindfulness.
Estos hallazgos abren una interesante línea de intervención preventiva que puede comenzar en edades tempranas en especial en países como Chile donde la obesidad infantil está en rápido crecimiento (2). Dadas las limitaciones de las estrategias tradicionales basadas únicamente en la restricción calórica, el enfoque de la atención plena (mindfulness) es claramente una herramienta complementaria en la regulación del comportamiento alimentario, especialmente ante los factores emocionales y el estrés que favorecen el consumo excesivo.
La evidencia hasta el momento apunta que la inclusión del mindfulness en entornos escolares dentro del currículo fomenta una mejor regulación emocional (3), lo que respalda su potencial como parte de la política educativa para la promoción de hábitos saludables desde la infancia. Sus efectos no solo se pueden ser en niños, sino que también en adolescentes (4) y que, sumando a una crianza conscientes con una participación de los padres prolongada en el tiempo en estos programas, puede ayudar a un más a la reducción de la alimentación emocional (5,6).
En adultos, las intervenciones basadas en mindfulness también han mostrado efectos positivos en la reducción de atracones y del IMC. La intervención Mindfulness-Based Eating Awareness Training (MB-EAT) ha sido particularmente eficaz en modificar hábitos alimentarios desadaptativos tras participar en un programa estructurado de alimentación consciente (7).
La evidencia sugiere que el mindfulness actúa sobre factores psicológicos como el estrés crónico, que promueve el consumo de alimentos hipercalóricos como mecanismo de afrontamiento (8), fortaleciendo la conciencia interoceptiva, permitiendo a los individuos reconocer señales de hambre y saciedad, lo que previene el comer automático o impulsivo (9). La eficacia de la alimentación consciente puede estar modulada por factores biológicos como los niveles de cortisol, lo que subraya la complejidad de los mecanismos implicados y la necesidad de enfoques integrales (10).
El mindfulness debe ser considerado como una estrategia real para enfrentar la obesidad y el sobrepeso tanto en niños como adultos. Su incorporación en programas educativos, clínicos y familiares ofrece un abordaje innovador, efectivo y sostenible frente a un problema multifactorial ante un problema que tiene una implicancia mundial.













