Ninguna de las diversas conceptualizaciones existentes sobre el concepto “maldad” ha logrado definir unívocamente su naturaleza. Sea el mal una fuerza antagónica al bien, su mera ausencia o, como afirmó Nietzsche, una herramienta sofística para desprestigiar al enemigo, es innegable que las personas recurren asiduamente a este concepto para describir, explicar o predecir el comportamiento de sus congéneres. No en vano, la maldad es el principal problema de la ética (ethos, hábito), disciplina filosófica que discierne entre los comportamientos buenos y malos. Si nos apoyamos en ella, la mayor parte de autores están de acuerdo en que la maldad no puede identificarse únicamente por las consecuencias de su acción, sino que debe tenerse en cuenta la voluntariedad y la capacidad de discernimiento del agente moral. En otras palabras, como apuntó Aristóteles, únicamente pueden cometer acciones malévolas aquellas personas responsables de sus actos.
De entre las teorías éticas seculares sobre la maldad, probablemente la de Immanuel Kant sea la más conocida. Kant defiende tres grados de intención malévola: la fragilidad, la impureza y la perversidad (Kant, 2001). En la fragilidad, el sujeto quiere comportarse bien moralmente, pero no es lo suficientemente fuerte para ello. En la impureza, la persona deja que su conducta sea guiada por algo distinto a la moral y en la perversión, la persona coloca sus intereses personales por encima de lo moral.
Así, son muchos los filósofos que, más que defender el mal como una causa, lo entienden como un alejamiento voluntario de lo moralmente deseable. Lo moralmente deseable no deja de ser un acuerdo social que permite a la comunidad progresar más allá del individuo. Es decir, lo malévolo es una suerte de egoísmo donde supeditamos los intereses personales frente a los sociales. Este tipo de comportamientos serán repelidos por la sociedad por atentar directamente contra su integridad. El individuo debe renunciar a sus intereses individuales o bien alinearlos con las necesidades sociales para ser aceptado por los otros (Freud, 2010). El precio de transgredir esta norma será proporcional al daño causado y vendrá estipulado por el sistema judicial para los casos más graves, algo ya patente desde los albores de la humanidad (e.g.: Código de Ur-Nammu, datado en el 2.100 AC).
Dado el oscurecimiento que puede generar la palabra “maldad” a la hora de describir el comportamiento humano (Baron-Cohen, 2011), en este estudio se sustituirá por el término “conducta socialmente aversiva”.
Lo Socialmente Aversivo en Psicología
Los primeros estudios psicológicos sobre estas conductas pueden rastrearse hasta Philippe Pinel y sus descripciones de personalidades antisociales en el manicomio de Bicêtre, identificando estas problemáticas como “manías sin delirio”. Otro intento clásico de definición parte de Prichard, con el concepto de “locura moral”. El propio Freud tiñó la naturaleza humana con un tinte oscuro al describir al ser humano como un animal de impulsos antisociales, los cuales ha de reprimir para poder vivir en sociedad (Freud, 2010). Específicamente, este autor se centró en perfiles con preocupación y enaltecimiento excesivo de sí mismos, a los que bautizó como narcisistas, en referencia al mito griego de Narciso y Némesis. Poco después, Hervey Cleckley acuñaría, en los años 40, el término “psicopatía” para referirse a un perfil psicológico caracterizado por la manipulación, la impulsividad, la insensibilidad emocional y la conducta antisocial, en ausencia de alucinaciones o manifestaciones neuróticas (Cleckley, 1988). Dicho concepto sería popularizado por Robert Hare con sus investigaciones en población penitenciaria (Hare, 1980). Por otro lado, Christie y Geis propusieron, en 1970, el término “Maquiavelismo” para etiquetar a sujetos insensibles en las relaciones interpersonales, despreocupados respecto a las convenciones morales y con poca implicación por metas idealistas (Christie y Geis, 1970, pp. 3-4). En tiempos recientes, David T. Lykken publicó un estudio sobre las “personalidades antisociales”, reflexionando sobre sus posibles influencias genéticas y ambientales y proponiendo una clasificación pormenorizada de las mismos (Lykken, 1995, p. 23). De hecho, los propios manuales diagnósticos han incluido etiquetas para este tipo de individuos, siendo las más sonadas el Trastorno Antisocial de Personalidad y el Trastorno Narcisista de Personalidad en el DSM-5 (American Psychiatric Association, 2013), conocidos respectivamente como Trastorno de Personalidad Disocial y Trastorno de Personalidad Narcisista en la CIE-11 (World Health Organization, 2019).
No obstante, el párrafo anterior únicamente hace referencia a conductas clínicas o psicopatológicas, donde se entendería que estos rasgos “oscuros” (denominados así por su carácter social aversivo), necesariamente son problemáticos para el individuo. Cuando se habla de rasgos de personalidad, no parece adecuado hablar de rasgos completamente desadaptativos, ya que, si existen, probablemente sea por su utilidad en ciertos contextos (Paulhus, 1998, p. 1205; Paulhus y Williams, 2002, pp. 561-562). De hecho, existe el término “psicópata exitoso”, “adaptado” o “de cuello blanco” (Hall y Benning, 2006) para poner de manifiesto sus beneficios. Así lo muestran investigaciones acerca de su utilidad para hacer frente a situaciones difíciles (Taylor y Armor, 1996), para generar buenas impresiones en los demás (Paulhus, 1998), para obtener beneficios en el ámbito laboral (Babiak y Hare, 2007; Templer, 2018) o para conseguir posiciones de poder en jerarquías sociales (Hodson et al., 2009).
Con todo, no parece correcto referirse a estos rasgos como problemáticos o adaptativos per se, sino que dicha calificación dependerá del aspecto concreto que se esté valorando. En esta línea, en el presente estudio no se trabajará con constructos clínicos o diagnósticos psicopatológicos, sino que se entenderá que los rasgos descritos son variables de personalidad que pueden ser identificadas -en mayor o menor nivel- en la población general. Dichas variables, como ocurre con los rasgos clásicos de personalidad, tendrán asociados distintas ventajas e inconvenientes.
El Concepto de Personalidad Oscura
En 2002 se publica un estudio que identifica, en población general, tres rasgos subclínicos con un “carácter socialmente malévolo, con tendencias conductuales a la autopromoción, la frialdad emocional, la duplicidad y la agresividad” (Paulhus y Williams, 2002, p. 557): el Maquiavelismo, el Narcisismo y la Psicopatía. Si bien estos rasgos ya habían sido estudiados en la literatura, nunca habían sido evaluados conjuntamente. Las correlaciones entre estos tres rasgos son lo suficientemente altas como para afirmar que comparten una gran cantidad de características, pero lo suficientemente bajas para garantizar su medición diferenciada (Paulhus y Williams, 2002, p. 562). Nace así la conocida como “tríada oscura de la personalidad”. Poco después, comenzó a plantearse la posibilidad de añadir nuevos rasgos a la tríada oscura, como fue el caso del Sadismo (O’Meara et al., 2011), dando lugar a la tétrada oscura. Las propuestas continuaron sucediéndose en el tiempo, con rasgos como el Rencor, la Codicia o el Perfeccionismo (Marcus y Zeigler-Hill, 2015). La proliferación de nuevos candidatos para la personalidad oscura condujo a una reflexión tanto del número de rasgos que componen este constructo como de los aspectos comunes/nucleares que comparten.
Respecto a esta última cuestión, son diversos los intentos de aunar las características comunes de la personalidad oscura bajo un mismo núcleo o factor general (Book et al., 2015; Moshagen et al., 2018)). No obstante, probablemente el modelo de Factor D de Moshagen et al. (2018) sea la propuesta más comprehensiva. Estos autores proponen un factor general (“D”) del cual beben nueve rasgos oscuros: Psicopatía, Maquiavelismo, Narcisismo, Sadismo, Rencor, Autointerés, Egoísmo, Privilegio psicológico, Amoralidad, añadiendo posteriormente otros tres más: Codicia, Amoralidad-Crueldad y Amoralidad-Frustración (Moshagen et al., 2020). Una cuestión interesante del modelo del factor D es que, en la estructura factorial de la batería, el núcleo oscuro no forma un factor de segundo orden, sino que supone un factor general que carga directamente en los ítems, una estructura conocida como Bifactor. Es decir, en este modelo, cada ítem representa, simultáneamente, un aspecto de la personalidad oscura y un aspecto del rasgo específico al que se refiere. Esta puntuación general absorbe toda la varianza asociada a los rasgos socialmente aversivos, teniendo buena capacidad predictiva para distintos comportamientos egoístas, criminales y éticamente reprobables (Denissen et al., 2022; Hilbig et al., 2021; Moshagen et al., 2018), superando en poder predictivo (Hilbig et al., 2021) y estabilidad temporal (Zettler et al., 2021) a otros constructos de personalidad general o antisocial. No obstante, al extraer este contenido de los ítems, los rasgos específicos quedan privados de las características socialmente aversivas que los identificaban, dificultando enormemente la interpretación teórica de sus puntuaciones. Este problema es habitual al trabajar con modelos tipo Bifactor (Reise, 2012). De hecho, los propios autores desaconsejan el uso de las puntuaciones en los rasgos específicos, conceptualizándolos como factores residuales (Moshagen et al., 2020).
Red Nomológica de la Personalidad Oscura
La personalidad oscura ha sido relacionada con multitud de variables. Comenzando por las sociodemográficas, multitud de investigaciones muestran que los hombres tienden a puntuar más alto que las mujeres en rasgos oscuros (Cale y Lilienfeld, 2002; Hartung et al., 2022). La edad también muestra relaciones con los rasgos oscuros, a medida que los individuos envejecen suelen puntuar menos en rasgos oscuros (Hartung et al., 2022), si bien las puntuaciones aumentan ligeramente durante la adolescencia y se mantienen durante la juventud (Klimstra et al., 2020).
Con relación a la personalidad general, se han observado relaciones negativas con la Amabilidad (Furnham et al., 2014; Hilbig et al., 2021) y con la Honestidad-Humildad del modelo HEXACO (Lee y Ashton, 2014). El Narcisismo correlaciona positivamente con la Extraversión (Furnham et al., 2014). Por otro lado, estos rasgos muestran relaciones inversas con la llamada “triada luminosa”, tres rasgos (Humanismo, Kantianismo y Fe en la humanidad) que implican orientación cariñosa y caritativa hacia los demás (Kaufman et al., 2019). Respecto a la inteligencia, un metaanálisis demostró una relación nula con los rasgos de la tríada oscura (O’Boyle et al., 2013), aunque una investigación posterior indica una relación positiva entre el CI y el Maquiavelismo (Kowalski et al., 2018).
Aunque los rasgos oscuros se consideran subclínicos, colocan a los individuos en riesgo para diversos desajustes, incluyendo los psicopatológicos (Thomaes et al., 2017): se han relacionado con síntomas depresivos (Jonason et al., 2015) y con determinados trastornos de personalidad, como el antisocial, el narcisista, el paranoide o el límite (Hilbig et al., 2021). También se han relacionado con un mayor uso problemático de Redes Sociales (Kircaburun et al., 2019), especialmente en el caso del Narcisismo, relacionándose la Psicopatía con otro tipo de adicciones (e.g. internet, juego patológico; Jauk y Dieterich, 2019). Además, los individuos con puntuaciones altas en algunos rasgos oscuros parecen tener una tendencia a la agresividad (Moshagen et al., 2018, 2020), siendo los perfiles narcisistas tendentes a agredir cuando se ataca su orgullo y los psicopáticos a responder a provocaciones físicas (Jones y Neria, 2015; Jones y Paulhus, 2010). Los rasgos oscuros tienen capacidad predictiva para conductas de acoso, tanto presenciales como telemáticas, siendo el Sadismo el rasgo más asociado y el Narcisismo el rasgo con la relación más débil (Buckels et al., 2014; Van Geel et al., 2017). En el ámbito de las relaciones afectivas, estas personalidades tienden a tener relaciones de corta duración y con numerosas parejas (Jonason et al., 2009, 2010, 2012), lo que se alinea con un tipo de amor “ludus” caracterizado por la falta de compromiso y poca profundidad emocional (Jonason y Kavanagh, 2010). Aunque la “estrategia de vida rápida” (Jonason et al., 2009, 2017; McDonald et al., 2012) asociada a estos rasgos podría facilitar la obtención rápida de beneficios, especialmente en ámbito laboral, su cariz explotador e insensible convierten a los individuos con altas puntuaciones en los mismos en problemáticos a la hora de generar climas laborales sanos y relaciones saludables entre trabajadores (Mathieu, 2021; O’Boyle et al., 2012).
Los rasgos oscuros predicen el desarrollo profesional al mismo nivel o incluso por encima que los rasgos clásicos de personalidad (Grijalva y Newman, 2015; Spurk et al., 2016, p. 119). El Narcisismo parece relacionarse con salarios ligeramente superiores, el maquiavelismo con una mayor probabilidad de obtener una posición de líder y la Psicopatía con una menor satisfacción con la trayectoria profesional escogida (Spurk et al., 2016). Respecto al liderazgo en empresas, un metaanálisis ha demostrado que los individuos con rasgos psicopáticos marcados tienen más probabilidades de llegar a puestos de liderazgo, si bien este tipo de líderes son menos efectivos que el resto (Landay et al., 2019). Cabe la pena remarcar que este efecto parece ser cierto en hombres pero no en mujeres, las cuales son penalizadas por mostrar abiertamente tendencias psicopáticas en el lugar de trabajo (Landay et al., 2019). Además, este tipo de líderes no son deseables desde el punto de vista del trabajador: los empleados que perciben rasgos psicopáticos en sus jefes tienden a estar menor satisfechos con su carrera laboral y entorno de trabajo (Volmer et al., 2016) y tienen mayor número de problemas psicológicos, así como conflictos laborales y familiares (Mathieu et al., 2014).
Herramientas Psicométricas de Personalidad Oscura
A continuación, se facilita una tabla con las principales herramientas de evaluación de rasgos oscuros, indicando, de existir, la referencia de su validación española (Tabla 1).
Tabla 1 Principales Escalas para la Evaluación de Rasgos Oscuros
| Nombre | Autor | Rasgo | N.º Ítems | Tipo | Validación Española |
|---|---|---|---|---|---|
| SRP-4 | Paulhus et al. (2016) | Psicopatía | 64/29 | Likert 5 puntos | Martínez et al. (2021) |
| LSRP | Levenson et al. (1995) | Psicopatía | 26 | Likert 4 puntos | Andreu et al. (2018) |
| PPTS | Boduszek et al. (2022) | Psicopatía | 28 | Likert 5 puntos | - |
| PPI-R | Lilienfeld (2005) | Psicopatía | 154 | Likert 4 puntos | - |
| TriPM | Patrick (2010) | Psicopatía | 58/15 | Likert 4 puntos | Tomás-Portalés et al. (2021) |
| EPA | Lynam et al. (2011, 2013) | Psicopatía | 178/72 | Likert 5 puntos | - |
| NPI | Raskin y Hall (1979) | Narcisismo | 40 | Res. Forzada | García y Cortés (1998) |
| NARQ | Back et al. (2013) | Narcisismo | 18 | Likert 6 puntos | Doroszuk et al. (2020) |
| CNI | Gebauer et al. (2012) | Narcisismo | 16 | Likert 7 puntos | - |
| PES | Campbell et al. (2004) | Privilegio | 9 | Likert 7 puntos | Mola et al. (2013) |
| MACH-IV | Christie y Geis (1970) | Maquiavelismo | 20 | Likert 6 puntos | Belaus et al. (2022) |
| MPS | Dahling et al. (2009) | Maquiavelismo | 16 | Likert 5 puntos | - |
| RWA | Altemeyer (1981) | Autoritarismo | 22 | Likert 9 puntos | Etchezahar (2012) |
| DGS (a) | Krekels y Pandelaere (2015) | Avaricia | 6 | Likert 7 puntos | - |
| DGS (b) | Seuntjens et al. (2015) | Avaricia | 7 | Likert 5 puntos | Estrada-Mejia et al. (2023) |
| GTM | Mussel et al. (2015) | Avaricia | 7 | Likert 7 puntos | - |
| GRE€€D | Mussel y Hewig (2016) | Avaricia | 12 | Likert 7 puntos | - |
| Egoism Sca. | Weigel et al. (1999) | Egoísmo | 12 | Likert 5 puntos | - |
| VAST | Paulhus y Jones (2015) | Sadismo | 16 | Likert 5 puntos | - |
| SSIS | O’Meara et al. (2011) | Sadismo | 10 | Likert 5 puntos | Pineda et al. (2023) |
| VAVS | Veselka et al. (2014) | “Pecados” | 108 | Likert 5 puntos | - |
| DD | Jonason y Webster (2010) | Tríada Oscura | 12 | Likert 5 puntos | Pineda et al. (2020) |
| SD-3 | Jones y Paulhus (2014) | Tríada Oscura | 27 | Likert 5 puntos | Pineda et al. (2020) |
| TOP | Schwarzinger y Schuler (2018) | Tríada Oscura | - | - | Arribas y Solar (2022) |
| SD-4 | Paulhus et al. (2021) | Tétrada Oscura | 28 | Likert 5 puntos | Ortet-Walker et al. (2024) |
| D70, D35, D16 | Moshagen et al. (2020) | Factor D | 70, 35, 16 | Likert 5 puntos | García-Fernández et al. (2024) |
De entre todas las escalas citadas, la más utilizada en investigación ha sido la Dirty Dozen (DD; Jonason y Webster, 2010). Pese a su gran popularidad, ha sido objeto de numerosas críticas, fundamentalmente referidas a la poca representatividad de los constructos evaluados dado su bajo número de ítems (12; Jones y Paulhus, 2014; Miller et al., 2019). Esto propicia el desarrollo de un instrumento de medida con un mayor número de ítems por dimensión (9), la Short Dark Triad o SD3, con 27 ítems (Jones y Paulhus, 2014). Recientemente, las tres versiones del modelo de factor D (D70, D35 y D16; Moshagen et al., 2020) utilizadas bajo el modelo de cinco temas de Bader et al. (2021), son escalas que toman cada vez mayor relevancia en el campo de la personalidad oscura.
Si bien existen numerosas escalas para la evaluación de rasgos socialmente aversivos, ninguna de ellas presenta una propuesta teórica que abarque todos los rasgos definidos en la literatura, proponiendo, además, definiciones mutuamente excluyentes que eviten el solapamiento teórico de sus componentes.
Crítica al Solapamiento Teórico
Aunque en el apartado anterior se listan modelos interesantes para la evaluación de los rasgos socialmente aversivos, todos ellos adolecen de un problema común: el solapamiento teórico de sus rasgos. Con solapamiento se quiere hacer referencia a una redundancia en parte de las definiciones de los rasgos propuestos. Este problema se observa con relativa asiduidad en el campo de la personalidad oscura, ya que es una práctica habitual recoger cuestionarios preexistentes en la literatura para evaluar varios oscuros de forma simultánea, soslayando tres asuntos: la estructura interna de las escalas, las definiciones d ellos rasgos y los enunciados de los ítems.
Soslayo de la Multidimensionalidad
Comenzando por el primer aspecto, ninguno de los rasgos que conforman la tríada oscura se consideraba esencialmente unidimensional antes del 2002 (Jonason y Luévano, 2013, p. 539; Miller et al., 2019). Clásicamente, la psicopatía ha sido conceptualizada en cuatro factores de primer orden reagrupados en dos de segundo orden (Hare, 1980; Levenson et al., 1995). Otros modelos más actuales la han conceptualizado en ocho factores de primer orden reorganizados en dos o tres de segundo orden (Lilienfeld y Andrews, 1996) o en tres factores de primer orden en el caso del modelo triárquico (Patrick et al., 2009). La conceptualización unidimensional de la Psicopatía parece instaurarse a raíz de la publicación de Paulhus y Williams (2002). Lo mismo ocurre con el Narcisismo: para el NPI, el cuestionario más utilizado para su evaluación, existen propuestas que van desde los dos a los siete factores (Ackerman et al., 2011). El Maquiavelismo es el único rasgo concebido como unidimensional por los investigadores que lo propusieron (Christie y Geis, 1970), si bien se hace referencia a tres facetas maquiavélicas: visiones del mundo, tácticas manipulativas y creencias morales (Christie y Geis, 1970, pp. 11-13).
Solapamiento de las Definiciones
Esta problemática lleva a una segunda cuestión: el solapamiento parcial de las definiciones. Ofrecer sólo una puntuación general en constructos multidimensionales oculta el hecho de que algunas facetas se repiten entre cuestionarios. Por ejemplo, la Psicopatía, estaría conformada por las facetas manipulación, insensibilidad y desinhibición (Patrick et al., 2009). Por otro lado, el maquiavelismo se entendería como manipulación, insensibilidad y orientación estratégica-calculadora (Jones y Figueredo, 2013). Como se puede observar, dos de sus tres facetas se solapan. Otros ejemplos pueden encontrarse en el modelo de Factor D, por ejemplo, en la similitud entre las definiciones del Narcisismo, el Autointerés y el Privilegio Psicológico (Moshagen et al., 2018).
Solapamiento de Ítems
El solapamiento en las definiciones lleva a un solapamiento de los ítems utilizados en los cuestionarios. Si el lector consulta la Tabla 2, comprobará que todos los ítems parecen evaluar un mismo constructo: Manipulación. La realidad es que estos ítems se toman de tres cuestionarios diferentes: los tres primeros pertenecen a una escala de Narcisismo (NPI; Raskin y Hall, 1979) los cinco siguientes a una de Psicopatía (SRP; Hare, 1985) y los últimos tres a una escala de Maquiavelismo (MACH-IV; Christie y Geis, 1970). Un ejemplo extremo de esta situación es la escala de Egoísmo de Weigel et al., 1999, cuya gran parte de ítems son una réplica de los de maquiavelismo de la MACH-IV (Christie y Geis, 1970). No obstante, sendos constructos, evaluados con estos test, han sido tratados como diferentes en la literatura científica (Moshagen et al., 2018, 2020)
Tabla 2 Ítems de Manipulación y Engaño
| Nº | Ítem |
|---|---|
| 01 | Me parece fácil manipular a la gente. |
| 02 | Tengo un talento natural para influenciar a la gente. |
| 03 | Puedo hacer creer a la gente lo que yo quiera. |
| 04 | Me resulta fácil manipular a la gente. |
| 05 | La gente, por lo general, puede saber si estoy mintiendo. |
| 06 | Me gustaría estafar a alguien. |
| 07 | Es divertido engañar a otras personas. |
| 08 | Creo que podría ganarle a un detector de mentiras. |
| 09 | La honestidad es la mejor forma de proceder. |
| 10 | La mejor forma de manejar a gente es decirles lo que quieren oír. |
| 11 | No hay excusas que justifiquen mentir. |
Nota. Ítems 1-3 = Escala NPI (Raskin y Hall, 1979). Ítems 4-8 = Escala SRP (Hare, 1985). Ítems 9-11 = Escala MACH-IV (Christie y Geis, 1970).
En resumen, podría decirse que, en el ámbito de la personalidad oscura, es común encontrarse con las conocidas como “jangle fallacies” (i.e., llamar a un mismo constructo con nombres diferentes; Gonzalez et al., 2021; Kelley, 1927) con la diferencia de que aquí no se solapa el constructo entero, sino una o varias de sus facetas.
Naturalmente, si se correlacionan rasgos con facetas comunes, el valor correlacional será elevado, dada la redundancia del contenido evaluado. Esto ha llevado a que muchos investigadores entiendan a la Psicopatía subclínica y el Maquiavelismo como constructos equivalentes (McHoskey et al., 1998; Miller et al., 2017). En la investigación de Moshagen et al. (2018), la Psicopatía correlaciona 0,73 con el Egoísmo, 0,79 con el Sadismo, y 0,80 con el Rencor y el Maquiavelismo, siendo estos valores superiores a la propia estimación de fiabilidad de la escala de Psicopatía (0,72; Moshagen et al., 2018, p. 665). De hecho, las variables Egoísmo, Maquiavelismo, Psicopatía y Amoralidad correlacionan entre sí entre 0,68 y 0,80, siendo bastante discutible que estos constructos puedan ser tomados como diferentes.
Todos estos problemas son graves amenazas a la conceptualización teórica de los modelos sobre personalidad oscura. Así, se hace necesaria una propuesta que englobe todas las características socialmente aversivas descritas en la literatura, pero evitando el solapamiento en las definiciones de sus componentes.
Propuesta de un Nuevo Modelo Teórico para Evaluar Rasgos Oscuros
En primer lugar, se llevó a cabo una revisión pormenorizada de la literatura previa y se revisaron numerosos cuestionarios sobre personalidad oscura, algunos de ellos citados en la Tabla 1. El objetivo de esta revisión fue identificar las distintas facetas presentes en los diversos rasgos oscuros, para así poder: 1) aportar una definición general de personalidad oscura. 2) elaborar una lista y definiciones operativas de cada uno de los componentes del modelo.
Definición General
La definición de Paulhus y Williams (2002): “tendencias conductuales a la autopromoción, la frialdad emocional, la duplicidad y la agresividad”, da ciertas pistas de qué se entiende por socialmente aversivo, enumerando distintas formas de interacción que pueden ser consideradas como tal. No obstante, la descripción no es del todo precisa y mantiene cierta subjetividad al hablar de un “carácter socialmente malévolo”. Una definición más adecuada podría ser la propuesta por Moshagen para el factor D: “tendencia general de maximizar la utilidad individual -ignorando, aceptando, o provocando malévolamente desventajas en los otros- acompañada de creencias que sirven como justificaciones” (Moshagen et al., 2018, p. 657). No obstante, convendría eliminar dos cuestiones de esta última: en primer lugar, el adverbio “malévolamente”, ya que la maldad es un concepto filosófico que oscurece la explicación de las conductas que se pretenden estudiar. En segundo lugar, la aclaración final acerca de las “creencias que sirven como justificaciones”. Se entiende que este añadido es redundante, ya que las creencias, entendidas como conductas verbales encubiertas (Skinner, 1986, 2014), satisfacen por sí mismas la primera parte de la definición. Así, las creencias son también conductas al servicio del beneficio individual, con la diferencia de que dicho beneficio no siempre puede ser observado por la sociedad (e.g. el beneficio de una conducta manipuladora es observable por los demás, mientras que el bienestar generado por una creencia de privilegio no).
Con todo, la definición general de rasgo oscuro es: “Tendencia a conseguir un beneficio individual ignorando, aceptando o provocando deliberadamente desventajas en los otros”. Esta definición delimita una clase funcional de conductas con distintas topografías, pero idéntica finalidad. Por ejemplo, una conducta sádica implicaría generar daño a otros, mientras que una codiciosa se definiría como un afán insaciable de posesión. Pese a sus distintas manifestaciones, ambas satisfacen la misma función: conseguir un beneficio individual generando o ignorando desventajas ajenas. Así, cualquier rasgo oscuro cumplirá con la definición general ya aportada, especificando una manifestación o topografía específica de la misma.
Definición de los Rasgos
A continuación, se listan los rasgos oscuros seleccionados inicialmente como objeto de estudio, acompañados de una justificación para su inclusión. Se ha tenido especial celo en generar definiciones lo más “unidimensionales'' posibles. Además, se ha evitado que dichas definiciones se solapen entre sí. Nótese que, con solapamiento, se hace referencia a la redundancia en las definiciones o en los ítems, sin que esto impida que dos rasgos puedan estar altamente relacionados.
Autoritarismo. Definido como: “Búsqueda de placer en el establecimiento de relaciones de dominancia”. El autoritarismo es un rasgo de personalidad patológico que comienza a ser estudiado tras la segunda guerra mundial como factor explicativo del auge de los regímenes fascistas. Su etiología se ha situado en un sentimiento profundo de inseguridad (Fromm, 1941/1994) o en un estilo parental demasiado estricto que hace desarrollar el autoritarismo como mecanismo de defensa (Adorno et al., 1950/2019). Una de las primeras escalas para su evaluación fue la California F-scale (Titus y Hollander, 1957), posteriormente mejorada por Bob Altemeyer, dando lugar a la Right-Wing Authoritarianism Scale (RWS; Altemeyer, 1981). Este rasgo ha sido trabajado fundamentalmente en el campo de la política y la sociología (Duckitt et al., 2010; Feldman y Stenner, 1997). Si bien el concepto parece similar al conocido como “Dominancia Social” (Pratto et al., 1994; Whitley, 1999), este último habla de una posición privilegiada de un grupo social frente a otro(s) y no de un individuo frente a los demás. El autoritarismo suele incluir creencias relacionadas con el conservadurismo político, la sumisión a la autoridad o el uso de técnicas agresivas para mantener la jerarquía social (Duckitt et al., 2010); no obstante, en este estudio la definición se limita al placer obtenido al estar en posiciones de poder, para evitar el solapamiento teórico con otros rasgos como la crueldad, la venganza o la manipulación. Esta definición está muy cercana a lo que evalúan los ítems de la subescala de Dominancia del Elemental Psychopathy Assessment (EPA; Lynam et al., 2011), la dimensión Liderazgo-Autoridad del Narcissistic Personality Inventory (NPI; Ackerman et al., 2011) o la subdimensión de Deseo de Control de la Machiavellian Personality Scale (MPS; Dahling et al., 2009).
Avaricia. Definida como: “Afán insaciable de poseer más que los demás”. Este concepto ya había sido definido en la filosofía griega como pleonexia y es considerado uno de los siete pecados capitales de la Iglesia Católica, llegando a afirmarse en La Biblia que “raíz de todos los males es el amor al dinero” (Santa Biblia Reina Valera, 1960, Timoteo. 6:10). Dados estos precedentes, es extraño que este rasgo no haya sido muy estudiado en el ámbito de la personalidad oscura, como bien señalan (Marcus y Zeigler-Hill, 2015). Existen distintas escalas para su evaluación, dos de ellas desarrolladas de forma paralela e independiente por autores diferentes (motivo por el cual llevan el mismo nombre): Dispositional Greed Scale (DGS; Krekels y Pandelaere, 2015; Seuntjens et al., 2015). Otras escalas que evalúan la codicia son la Greed Trait Measure (GTM; Mussel et al., 2015), la GR€€D (Mussel y Hewig, 2016), la subescala de Codicia del Virtues and Vices Scale (VAVS; Veselka et al., 2014) o la subescala de Evitación de la Codicia de la dimensión Honestidad-Humildad del HEXACO (Lee y Ashton, 2012). Todas ellas muestran buenas evidencias de validez convergente entre sí (Mussel et al., 2018; Zeelenberg et al., 2022) y su definición de la codicia es homóloga a la aquí presentada.
Crueldad. Definida como: “Búsqueda de placer en el sufrimiento ajeno”. Aunque en la literatura suele identificarse como sadismo (en referencia a las parafilias narradas en las novelas del Marqués de Sade; Sade, 1787/1994, 2012), en esta tesis se preferirá el término crueldad para desligar el rasgo de su connotación sexual-parafílica (i.e., Trastorno de Sadismo Sexual [F65.52]; American Psychiatric Association, 2013). Como ya se ha comentado en el capítulo sobre tríada-tétrada oscura, este rasgo ya ha sido añadido al constructo de la personalidad oscura (Buckels et al., 2013; Paulhus et al., 2021). En algunas conceptualizaciones, el Sadismo se subdivide en sadismo vicario (observación de una situación sádica) y en directo (participar activamente en una conducta sádica), como es el caso de la escala Varieties of Sadistic Tendencies (VAST; Paulhus y Jones, 2015). La definición aportada incluye sendos comportamientos. Debe remarcarse que, pese a que otras definiciones incluyen un componente instrumental al sadismo aparte del placer (e.g., “... con el objetivo de infligir poder y dominancia o por disfrute y placer” (O’Meara et al., 2011, p. 523), en esta definición se ha eliminado la parte instrumental para evitar el solapamiento con el rasgo Autoritarismo.
Insensibilidad. Definida como “Despreocupación por el sufrimiento ajeno”. La insensibilidad es un rasgo nuclear de la personalidad oscura, de hecho, en su momento se propuso que la misma podía entenderse como el núcleo de dicho constructo junto con la Manipulación (Jones y Figueredo, 2013). La Insensibilidad forma parte del componente emocional de la Psicopatía, algo reflejado en los ítems de la dimensión Emocional de la Self Report Psychopathy (SRP; Hare, 1980) y que se engloba en el Factor I de Psicopatía de la Levenson Self Report Psychopathy (LSRP; Levenson et al., 1995). La Psychopathic Personality Traits Scale distingue entre Insensibilidad Afectiva y Cognitiva en función de si los ítems se refieren a experimentar las emociones ajenas o a entenderlas desde el raciocinio (PPTS; Boduszek et al., 2016). Cabe remarcar que la definición aportada se refiere a la primera de ellas, la afectiva. De hecho, esta diferenciación es la que permite distinguir la falta de empatía característica de los Trastornos del Espectro Autista (problema en Teoría de la Mente - empatía cognitiva) frente a la falta de Empatía afectiva propia de los psicópatas (Baron-Cohen, 2013; Maguire et al., 2024).
Irresponsabilidad. Definida como: “Incumplimiento de normas y compromisos que perjudica a los demás”. La Irresponsabilidad es un componente fundamental de las personalidades psicopáticas: se ve en la subescala de Estilo de Vida de la SRP (Hare, 1980), en el Factor II de Psicopatía de la LSRP (Levenson et al., 1995), en las dimensiones Falta de Preocupación y Temeridad de la PPI-R (Lilienfeld y Andrews, 1996), en el componente de Desinhibición de la triPM (Patrick et al., 2009) o en algunos componentes de la EPA como la Búsqueda de Emociones, Decepción, Oposición, Búsqueda de Emociones, etc. (Lynam et al., 2011).
Manipulación. Definida como: “Uso de estrategias sibilinas/encubiertas con los demás para lograr intereses individuales”. La Manipulación es el componente más característico del Maquiavelismo (Christie y Geis, 1970; McHoskey et al., 1998). Junto con la Insensibilidad, conforman el Factor I de Psicopatía (i.e., componente interpersonal) de la teoría de Hare (Levenson et al., 1995), el cual fue propuesto como posible núcleo de la personalidad oscura (Jones y Figueredo, 2013). La manipulación también es parte fundamental de la Psychopathic Personality Traits Scale (PPTS, Boduszek et al., 2016). Las técnicas manipulativas también son parte del Narcisismo, véase la dimensión Privilegio-Explotación del Narcissistic Personality Inventory (NPI; Ackerman et al., 2011). Todas estas dimensiones conceptualizan la definición como el uso instrumental de los otros para lograr fines individuales, a través de técnicas como la adulación, la extorsión o el engaño.
Soberbia. Definida como: “Desestimación de las cualidades ajenas con envanecimiento de las personales”. Es el núcleo fundamental del Narcisismo. Sus dos facetas (desestimación + envanecimiento) quedan patentes en las dos dimensiones del Narcissistic Admiration and Rivalry Questionnaire (NARQ; Back et al., 2013). Conceptualizaciones muy similares se dan al hablar de “Privilegio Psicológico” (Psychological Entitlement): “Sensación estable y mantenida de que uno merece y tiene derecho a más que los demás” (Campbell et al., 2004, p. 31). También es un rasgo relacionado con la psicopatía, como bien reflejan las subescalas de la Autoconfianza, Egocentrismo y Arrogancia de la EPA (Lynam et al., 2011). También se refleja en los ítems de Exhibicionismo de la NPI (Ackerman et al., 2011). La dimensión Honestidad-Humildad del HEXACO incluye ítems de Modestia, definidos como la tendencia a “no tener un fuerte sentimiento de superioridad o privilegio” (Lee y Ashton, 2012, p. 49).
Venganza. Definida como: “Respuesta ante un daño personal que busca infligir daño al ofensor”. La agresividad-hostilidad es un rasgo psicopático, véase que una subescala de la EPA recibe el mismo nombre (Lynam et al., 2011). Por otro lado, las personalidades narcisistas tienden a responder de forma agresiva cuando se les confronta (e.g. Dimensión de Rivalidad-Agresividad de la NARQ; Back et al., 2013). La definición de Rencor dada por Marcus et al. define un tipo específico de venganza: “una preferencia que dañaría a otro pero que también implicaría un daño para uno mismo. Este daño podría ser social, financiero, físico o una inconveniencia” (Marcus et al., 2014, p. 566), defendiendo que este rasgo debería ser incluido dentro de la personalidad oscura (Marcus y Zeigler-Hill, 2015).
Conclusiones
La literatura psicológica sobre rasgos socialmente aversivos cuenta con diversas herramientas para su evaluación en población general. Sin embargo, la gran mayoría de ellas no cuentan con un análisis sustantivo previo de las variables objeto de medición. Los Estándares para Pruebas Educativas y Psicológicas (AERA et al., 2014) reafirman la importancia de la validez de contenido (i.e.: la capacidad de los ítems de representar el constructo) a la hora de interpretar las puntuaciones de un cuestionario. No en vano, el establecimiento de un marco general y la definición operativa de las variables medidas son los pasos iniciales en la construcción de un test (Muñiz y Fonseca-Pedrero, 2019).
El presente estudio presenta un marco conceptual para una nueva batería de evaluación de rasgos socialmente aversivos, la Batería de Evaluación de Rasgos Oscuros (García-Fernández, Postigo, González-Nuevo, et al., 2025). Su énfasis en la evaluación molecular de la personalidad oscura puede ser de gran interés tanto para la investigación psicológica como para la práctica aplicada, en contextos como la selección de personal, la evaluación pericial o incluso la práctica clínica.













