Antes de emitir juicios anticipados o asumir que este texto promueve el uso indiscriminado de sustancias en el ámbito clínico, se invita al lector a abordar este contenido con una actitud crítica y apertura intelectual, una mente de estudiante, abierta al conocimiento científico sobre un campo masivo de oportunidad de crecimiento académico, personal y profesional: la medicina psicodélica. El propósito de este tema especial es ofrecer al lector un panorama general sobre lo que son estos compuestos y sus potenciales aplicaciones al campo de la Cirugía Plástica, Estética y Reconstructiva.
La primera vez que me enseñaron sobre los efectos de las sustancias psicodélicas fue durante una clase de Psicología Médica en la universidad, mientras cursaba mi segundo año de Medicina. El profesor, a quien por cierto siempre aprecié, nos hizo leer en voz alta un fragmento del libro con el mismo título de la materia. En no más de un párrafo, se explicaban los alcances y riesgos de las drogas alucinógenas. Estas breves líneas mencionaban algunas sustancias alucinógenas y otras de abuso por igual, pero no se ofrecía más que un enunciado para cada una. Al terminar esta no tan profunda lectura académica, el profesor nos relató casos de pacientes internados en institutos psiquiátricos que tenían antecedente de consumo de algunas de estas sustancias. Recuerdo muy bien sus palabras un poco a modo de burla. "El LSD es de las drogas menos adictivas que existen porque las alucinaciones que genera en los usuarios son tan terroríficas que el individuo queda horrorizado y sin ganas de volverlo a consumir, ven demonios y criaturas terribles". Todos reímos. A esta explicación dudosamente basada en evidencia siguieron anécdotas en las que estos pacientes psiquiátricos, al consumir LSD, se convertían en jugo de naranja dentro de un vaso o creían que eran la resina de un árbol derramándose por el tronco, atrapados para siempre "en el viaje" (de ahí la famosa frase "se quedó en el viaje"). Entre risas y diversión provocadas por la naturaleza de estas anécdotas, y siendo estudiantes de una carrera que no siempre está abierta a terapéuticas diferentes a las del plan académico, naturalmente la mayoría de los alumnos del salón quedamos adoctrinados de ahí en adelante con esa percepción sobre esa y las demás drogas alucinógenas. Algo que tal vez aquel doctor debió haber mencionado también, es que estos pacientes estaban internados no por el uso de estas sustancias, sino por sus enfermedades mentales como esquizofrenia y trastornos maníacos, mismos que son contraindicaciones absolutas del uso de psicodélicos al presentar un riesgo alto de desencadenar algún episodio de este tipo en personas con estos antecedentes psiquiátricos. De esta manera, en aquella clase formamos nuestro dictamen oficial ante nuestros futuros pacientes, amigos y familiares. Oficialmente, con este par de anécdotas y con un método sarcástico, nos habían enseñado lo que los psicodélicos causaban en las personas. Ese fue el único momento en que me enseñaron sobre psicodélicos en toda la carrera de Medicina.
Es interesante este recuerdo ya que, en muchos casos, varios de nuestros profesores universitarios son importantes líderes de opinión para nuestra formación académica y a veces también para otras áreas de nuestra vida. Lo que se enseña en las aulas queda plasmado de una u otra manera en la mente de esponja del estudiante de Medicina ansioso del conocimiento proveniente de sus docentes, sin tanto criterio de discernimiento aún. Será responsabilidad del futuro médico, y a lo largo de su trayectoria, ya sea confirmar esos conocimientos con su experiencia propia, descubrir otras verdades o simplemente confiar ciegamente en la misma línea de pensamiento que le fue transmitida desde las aulas. Es curioso cómo la sociedad siempre acude a nosotros para cualquier duda de carácter médico y ¿cuántas veces nos piden opiniones que abarcan áreas médicas específicas muy lejanas a nuestra especialidad y conocimiento real? Pero aun así respondemos con la seguridad de un ego que no se puede equivocar, al menos ante los asistentes de la reunión de esa noche o ante la familia. Hilo este último pensamiento al hecho de que muchas veces repetimos conceptos ciegamente que nos fueron enseñados y que a lo largo del tiempo algunos de ellos demuestran no ser del todo verídicos, o se confirma otra verdad en nuevas líneas de investigación (recordemos la pandemia y los constantes cambios de información conforme evolucionaba la investigación). Y es así como la nueva verdad cambia y se actualiza en las revistas y eventualmente en los programas académicos (idealmente). Pero no es hasta que sale publicado un artículo en una revista indexada o que escuchamos a una autoridad académica hablar de un tema, que nos abrimos a la posibilidad de cambiar nuestra percepción sobre un concepto previamente aprendido. Nuestra sociedad actual no es muy diferente a la sociedad académica que mandaba a la hoguera y culpaba de herejes a prominentes científicos que buscaban compartir conceptos gravitacionales (Newton) o la posición y movimiento de los astros (Galileo, Copérnico). Ahora decimos "eran épocas de ignorancia, hoy se sabe que sí es así" y hoy en día muchas escuelas llevan el nombre de estos hombres de ciencia de antaño ahora inmortalizados. Hay que preguntarnos, ¿qué conceptos actuales considero absurdos, imposibles, o dañinos?, e invito a preguntarte ¿estoy realmente abierto a recibir nueva información basada en evidencia que pueda cambiar mi percepción sobre un tema?
Regresando al tema principal, ¿qué son los psicodélicos? y ¿por qué hay un texto de esto aquí? El término "psicodélico" fue acuñado por el investigador Humphrey Osmond en 1957 y significa "manifestación de la mente".(1) Los psicodélicos clásicos son compuestos psicoactivos que ejercen efectos de neuromodulación a través de receptores serotoninérgicos (5-HT2A) en diversas regiones cerebrales y en algunas ocasiones con efectos dopaminérgicos y adrenérgicos.(2) Estos compuestos son el ácido lisérgico (LSD), la psilocibina, la dimetiltriptamina (DMT) y la mescalina. Existe otra variante que no se clasifica como psicodélico clásico por su farmacología y mecanismos de acción, en donde se incluyen la ibogaína, la 3,4-metilendioximetanfetamina (MDMA) y la ketamina.(3) Más allá de la activación de estos receptores, los psicodélicos activan genes proteicos presentes en las sinapsis, desencadenando mecanismos de neurotransmisión con diversos efectos complejos afectivos, cognitivos y perceptuales. Estos efectos tienen un profundo impacto en centros cerebrales de procesamiento cognitivo y emocional, llevando a la persona a experimentar situaciones cruciales personales (constantemente crisis o situaciones difíciles o de duelo actuales o previas) desde múltiples enfoques durante y después de la ingesta de estos compuestos. Muchos psicoterapéutas han hecho popular la frase "una verdadera sesión con medicinas psicodélicas puede equivaler a diez años de psicoterapia". De ahí el enorme impacto positivo en presencia de entidades clínicas causantes de ansiedad extrema como cáncer, depresión, estrés postraumático y adicciones,(2) sin excluir individuos sanos en donde han demostrado ser herramientas de gran utilidad para asistir a las personas a trabajar situaciones personales causantes de estrés, ansiedad y/o miedo.
Posiblemente una de las descripciones más apropiadas para definir los psicodélicos clásicos sería esta: "los psicodélicos son drogas que no causan adicción, deseos de consumirlas o desbalances fisiológicos severos… que producen cambios perceptuales y en la mente que normalmente se experimentan durante sueños, exaltación religiosa, contemplación meditativa, y psicosis aguda".(4) Una de las sensaciones subjetivas comunes, como dato de cultura general, es la experiencia de tipo mística que ocurre con dosis más altas y en escenarios específicos. Llamar a los psicodélicos drogas alucinógenas (como se les llama en aquel libro que mencioné al inicio) no es lo más correcto ya que estos compuestos típicamente no producen alucinaciones francas y la definición del término alucinógeno, que se limita a un efecto perceptual, se queda extremadamente corta para los efectos radicales y profundos que los psicodélicos tienen en la conciencia humana y en el desarrollo conductual de uno mismo.(2). Por esta razón se les llama de manera más idónea psicodélicos. Dentro de los efectos adversos que se reportan más frecuentemente de manera aguda (durante las primeras horas después de la ingesta) y temporal (60 minutos a 24 horas posterior a la ingesta) son: ansiedad, náusea, cefalea, confusión, taquicardia, hipertensión, hipertermia, insomnio, malestar gastrointestinal, vómito y fatiga.(2,3,5) Algunas de las contraindicaciones del uso de psicodélicos son la presencia de enfermedades cardiovasculares severas y ciertos trastornos psiquiátricos severos, como enfermedad maniaco-depresiva, esquizofrenia, síndromes psicóticos o de despersonalización, ideación suicida aguda, como los principales absolutos.(2,5)
Actualmente, las sustancias psicodélicas se encuentran clasificadas en la mayoría de países como Tipo 1, definido como "sustancias sin beneficio médico aceptado y/o con alto potencial de abuso y riesgo". Esto ha ido modificándose con reformas legislativas locales, estatales y nacionales en algunos casos, sin embargo, las leyes actuales limitan el acceso a la investigación y promueven esta malinterpretación de riesgos que conecta a los psicodélicos con percepciones negativas y estigmas caducos.(6,7) El origen de poner estas sustancias en la misma clasificación legal que la heroína y otras drogas con alto riesgo de adicción y toxicidad proviene de la famosa guerra contra las drogas de los años 60, en donde aquella administración política creó una campaña de desinformación y sensacionalismo mediático que relacionaba el uso de psicodélicos con hippies mal viajados y sectas extremistas. Este acto que en gran parte buscaba promover el esfuerzo bélico en Vietnam, hizo que se suspendieran las múltiples líneas de investigación psicodélica en prestigiosas universidades de EE.UU. que llevaban más de una década de avances muy prometedores en el combate a adicciones, estrés postraumático y depresión. Según reportes de la DEA (Drug Enforcement Administration), del 1950 a 1965 la investigación del LSD y otros psicodélicos había generado más de 1000 artículos científicos, con más de 40.000 pacientes tratados hasta ese momento.(6) Este acto de prohibición favorecía enormemente a las industrias que comercializaban antidepresivos, cigarrillos y bebidas alcohólicas. ¿Cuál era el beneficio a nivel corporativo de que con un par de sesiones de LSD o psilocibina asociadas a psicoterapia el sujeto dejara de fumar, superara su adicción al alcohol u otras drogas de abuso o remitiera su estado de depresión o estrés postraumático? Se cerraron así todos los proyectos científicos y comenzó la edad oscura de la ciencia psicodélica, convirtiéndose en sustancias ilícitas que se traficaban en los mercados negros.
Sin embargo, en los últimos 20 años, con algunas reformas legales en varios países, se fueron retomando poco a poco estudios clínicos con psicodélicos, siendo actualmente un enorme campo de investigación. Los escenarios clínicos más beneficiados y con mayor evidencia actual en la literatura son: diversos tipos de depresión, desórdenes de ansiedad y personalidad, adicciones a sustancias de abuso, dolor crónico, procesos inflamatorios, trastornos alimenticios, estrés postraumático y otros trastornos mentales.(5) Y de ahí la pregunta ¿cuántos de nuestros pacientes en Cirugía Plástica llegan a padecer alguna forma de ansiedad, depresión, trastorno alimenticio o de personalidad o alguna adicción? Una de las entidades mentales que también se ha visto beneficiada con el uso de psicodélicos es el trastorno dismórfico corporal, tan frecuente en nuestra práctica diaria en diferentes niveles de severidad. No obstante, hasta donde sabemos, no existe ninguna publicación en nuestra especialidad relacionada con medicinas psicodélicas (actualmente varios trabajos en proceso de edición y publicación).
Además de los beneficios publicados ya mencionados, existe un campo emergente sobre psicodélicos e inflamación e inmunidad. Los psicodélicos clásicos tienen efectos en el sistema inmune innato y adaptativo interactuando con subtipos de receptores 5-HTA, causando una disminución en la producción de citocinas inflamatorias y factores de necrosis tumoral.(8)
Posiblemente, y dependiendo del contexto socio-demográfico en el que ejerzamos nuestra práctica clínica, nos encontramos con pacientes que mencionan que han hecho o planean hacer algún retiro o terapia con algunas sustancias que pueden ser totalmente desconocidas para nosotros, y dentro de ese desconocimiento preferimos actuar con cautela (y a veces con prejuicios) ante las recomendaciones que emitiremos. Constantemente y con mayor frecuencia, al interrogar a nuestros pacientes, encontramos el uso de drogas de todo tipo, incluyendo medicamentos recetados, drogas recreativas, suplementos alimenticios, etc. De esta manera surgen dudas como ¿es seguro operar a este paciente?, si consumen o han consumido estas sustancias ¿cuánto tiempo antes y por cuánto tiempo después de la cirugía se debe suspender su consumo?, ¿qué repercusiones o efectos orgánicos/fisiológicos tienen estos compuestos en los tejidos a intervenir?, ¿tendré alguna complicación derivada del uso de estas sustancias?
En los últimos años se han publicado varias revisiones sistemáticas que abordan la apertura de los psiquiatras, psicólogos, terapeutas y otros especialistas de salud mental ante la posibilidad de aprender los efectos terapéuticos de las medicinas psicodélicas así como sus posibles riesgos y si estarían dispuestos a implementarlas en su práctica clínica. La mayoría de los participantes muestran una inclinación positiva a conocer mejor y probar estas medicinas en el ámbito clínico, con el debido entrenamiento previo, considerando los impedimentos legales actuales y posibles riesgos que limitan el uso e investigación de los psicodélicos.(7,9)
El objetivo de este breve escrito es lograr que el lector, querido colega cirujano, conozca a grandes rasgos lo que son realmente las medicinas psicodélicas desde un punto de vista académico y no influenciado por la orientación mediática basada en casos aislados (accidentes de sujetos con enfermedades mentales severas o condiciones cardiovasculares importantes que consumieron psicodélicos en sitios no aptos para su uso, ni con una adecuada selección previa). Finalmente, como cualquier otro medicamento, los psicodélicos no son para todos y existen contraindicaciones absolutas y relativas muy claras de su uso. Y bueno, qué mejor que el lector sienta una mayor curiosidad y/o apertura para desarrollar una nueva línea de investigación que se pueda aplicar para el beneficio de los pacientes (y médicos) de nuestra especialidad.
Y si pudiera regresar a aquella clase en la universidad teniendo la oportunidad de compartir cierto conocimiento sobre estos potentes catalizadores de la mente tal vez resumiría a los alumnos estos puntos:
Varios de estos compuestos han sido utilizados como medicina (de cuerpo, mente y espíritu) desde siglos antes de la Medicina moderna por comunidades tradicionales a lo largo del mundo (muchas de estas tradiciones se mantienen vigentes).(6)
Existe amplia evidencia clínica que demuestra los múltiples beneficios a nivel mental, conductual y físico en personas sanas y con diversos tipos de desórdenes mentales, emocionales y físicos, como trastornos depresivos, ansiedad, estrés postraumático, síndrome dismórfico corporal, adicciones a sustancias de abuso, dolor crónico, entre otros.(2,5,6)
Los psicodélicos clásicos no son sustancias con dependencia orgánica (no causan adicción) ni efectos orgánicos negativos permanentes.(3)
La mayoría de investigaciones consideran los psicodélicos como no-tóxicos, es decir, no dañinos para sistemas orgánicos, y se consideran fisiológicamente seguros incluso en altas dosis.(3)
Los efectos adversos son menores y pasajeros.(3,5,10)
Actualmente son ilegales en la mayoría de las naciones y hay múltiples propuestas de reformas de ley en varios gobiernos para buscar su reclasificación (ojo, "reclasificación" no es lo mismo que "legalización").
Idealmente deben utilizarse en contextos controlados y con fines éticos y responsables. En el contexto clínico se recomienda ampliamente su uso en combinación con psicoterapia.(3,5)
Hasta el momento no han mostrado ser motivo de contraindicación quirúrgica absoluta por sí mismos.(10)
Seguramente algunos colegas no estarán interesados en el tema y otros querrán saber más, pero al menos tendrán una noción general sobre el mismo para estar mejor preparados ante preguntas de pacientes o, en todo caso, no desinformar al surgir el tema, ya que los médicos somos responsables de la educación de los pacientes y de un amplio sector social.
En conclusión, la medicina psicodélica, una vez estigmatizada y relegada a los márgenes de la ciencia, está experimentando un resurgimiento que desafía las percepciones tradicionales. Al explorar estas fronteras, no solo nos aventuramos en un campo lleno de posibilidades terapéuticas, sino que también honramos el espíritu de la ciencia: cuestionar, investigar, descubrir y compartir lo desconocido. A medida que nos adentramos en este vasto territorio, recordemos que la verdadera evolución del conocimiento radica en mantenernos abiertos a lo nuevo, en abrazar la evidencia con humildad y en no temerle a lo que aún no comprendemos (y que probablemente nunca comprendamos del todo). Además, es esencial respetar e incluir el conocimiento de los modelos ancestrales integrando la sabiduría de las prácticas tradicionales en nuestra búsqueda de otros conocimientos, no solo enriqueciendo nuestra comprensión, también conectándonos con una larga tradición de sabiduría acumulada. La ciencia, lejos de ser un camino de certezas absolutas, es una búsqueda constante de verdades más profundas, a veces invitándonos a aprender de todas las fuentes de conocimiento, tanto antiguas como modernas.
Este trabajo ha sido presentado en los siguientes eventos académicos:
1. Congreso Internacional de Cirugía Plástica "TD ABS" en la ciudad de Cartagena, Colombia, 9 de octubre de 2024.
2. En el 1er Congreso Académico de Ciencia Psicodélica en la Ciudad de México, México, "QUALIA", 30 de noviembre de 2024.
3. En el "Odella Convergence Summit" en Ocala, Florida, EE.UU., 6 de marzo de 2025.
4. En "The Aesthetic Meeting" (ASAPS) en Austin, Texas, EE.UU., 21 de marzo de 2025














