A nivel global, las infecciones de trasmisión sexual (ITS) representan un problema de salud pública, debido a los daños que implican en la salud y a las altas prevalencias de nuevos contagios, pues se estima que cada día, más de un millón de personas adquiere una ITS, entre las que se encuentran la clamidia, gonorrea, sífilis y tricomoniasis.1 Usualmente, estas enfermedades se adquieren debido a conductas sexuales de riesgo (CSR). Dichas conductas hacen referencia a acciones o decisiones que ponen en riesgo la salud del adolescente, entre las cuales se encuentran el uso inadecuado de métodos de protección, tener actividad sexual bajo influjo de alcohol u otras drogas.2 Son consideradas de riesgo precisamente porque al realizarse, se pueden desarrollar diversas enfermedades, tales como cáncer cervicouterino,3 orofaringe, boca, recto, ano y pene,4 además que incrementan la probabilidad de adquirir una ITS como el VIH o Sida.5,6
En este sentido, se estima que, a nivel global cada año, uno de cada 20 adolescentes adquiere una ITS. En varios países de América, la actividad sexual es iniciada en la adolescencia y en algunos países de Centroamérica el 50% de las mujeres entre 15 y 24 años inició su vida sexual a los 15 años de edad.7 En América Latina y el Caribe, cerca del 90% de los adolescentes conocen al menos un método anticonceptivo o de protección, sin embargo, entre el 48 y el 53% de los adolescentes sexualmente activos nunca los han empleado, y de estos el 40% lo hacen de forma intermitente.8 En México, el 23% los adolescentes entre 12 y 19 años de edad ya han iniciado su vida sexual,9 de los cuales el 30% de las mujeres y el 26% de los hombres no utilizaron condón en la primera relación sexual. 10
Con la finalidad de disminuir estas conductas y por ende las prevalencias de ITS, se han realizado estudios acerca de los factores protectores, y con base en ello, se han identificado variables como la autoeficacia y asertividad.11,12 Ambas son parte esencial para el logro de ciertas acciones, mientras que la autoeficacia trata de las creencias de la persona acerca de su capacidad para obtener el resultado,12,13 la asertividad es considerada como una habilidad personal para el ámbito social, que ayuda al individuo a comunicar deseos, opiniones, sentimientos, preferencias, necesidades, sin menospreciarla, forzarla o usarla.14
Ser asertivo es de gran ayuda para la persona, pues contribuye a desarrollar su confianza en su expresividad, brinda bienestar emocional, elimina la ansiedad, incrementa la autoestima, la autoimagen positiva, y el sentido de eficacia personal, mejora la imagen social promoviendo el respeto de los demás, mejora la habilidad de negociar y de comunicación. Además, mediante una comunicación asertiva el adolescente puede lograr sus objetivos, las relaciones personales se hacen más significativas e íntimas, se genera mejor adaptación social, mejor expresión de deseos y sentimientos de manera eficaz. En resumen, la asertividad ayuda al adolescente en la mejora de su conducta.15 En este sentido, la asertividad sexual es la capacidad de la persona para decidir aspectos relacionados con su sexualidad, tal como el inicio de vida sexual, rechazar o negociar actividades sexuales deseadas y no deseadas, así como expresar la intención del empleo métodos anticonceptivos y de protección.16
El MPS acerca a un panorama de cómo la persona se relaciona en un ambiente, en búsqueda de una conducta saludable. Incluye los conceptos experiencia previa, factores personales (biológicos, psicológicos y socioculturales), beneficios percibidos a la actividad, barreras percibidas a la actividad, autoeficacia percibida a la actividad, afecto relacionado con la actividad, influencias interpersonales (familia, pares, proveedores), normas, apoyo, modelos, influencias situacionales, opciones, demandas, características estéticas, competencias inmediatas, demandas y preferencias, compromiso al plan de acción y conducta promotora de salud.17
Para Pender, la autoeficacia percibida es la apreciación acerca de la propia capacidad de realizar una conducta promotora de la salud y genera una influencia sobre las barreras percibidas para la acción.17 Estudios han analizado las CSR respecto a la autoeficacia y asertividad sexual, sustentando la investigación en el modelo de promoción a la salud (MPS), por lo que se considera un modelo congruente con el fenómeno de las conductas sexuales. Es así que ha sido aplicado para estudiar la asertividad sexual,18 conductas sexuales en hombres que tienen sexo con hombres,19 en conducta anticonceptiva en mujeres jóvenes.20
Despaigne sustenta que el MPS es una herramienta esencial para la práctica y conocimientos de la disciplina y conveniente para promover en las personas, la adopción de conductas saludables.21 De manera semejante, Señan verificó los conceptos a través de un estudio cuasiexperimental donde sus hallazgos principales mostraron que el profesional de enfermería, a través de la intervención, logra incrementar en las personas los beneficios percibidos de la acción, autoeficacia percibida, afecto relacionado con la actividad, las influencias interpersonales y situacionales, así como las barreras tuvieron también una modificación.22 Otros estudios han empleado del modelo algunos conceptos, como es el caso de Navarrete-Ochoa, donde emplea el concepto autoeficacia para prevenir el VIH y prácticas sexuales.23 Ruiz-Bugarin refiere que el MPS es de utilidad para explicar los factores que influyen en la conducta sexual asertiva, de manera tal que se puedan generar intervenciones efectivas para prevenir ITS.24
Se sugiere continuar empleando el MPS para futuros estudios de investigación, puesto que, con base en lo anterior, es posible afirmar que el MPS es de utilidad para sustentar los estudios de investigación en enfermería, sobre todo en aquellos que se busca el desarrollo de una conducta saludable, como lo es en el caso de las conductas sexuales seguras. Conforme a sus conceptos, se puede explicar y deducir cómo lograr esta conducta de promoción a la salud sexual y prevención de ITS y embarazos no planeados, por lo que se concluye que emplearla como marco teórico de las conductas sexuales de riesgo, conduce a un estudio de investigación congruente y prometedor en sus resultados, sobre todo en el caso de las intervenciones de enfermería.













