Introducción
La adolescencia es una etapa crucial en la vida donde se establecen las bases para el futuro en aspectos sociales y emocionales. Durante este período, los jóvenes son particularmente susceptibles a la formación de hábitos, incluyendo aquellos relacionados con la alimentación, así como a un desarrollo social y emocional que, si no se guía adecuadamente, puede resultar en patrones poco saludables. La influencia de esta etapa se extiende a lo largo de la vida, acentuando la importancia de un acompañamiento adecuado que fomente un crecimiento equilibrado y positivo.(1,2)
Al abordar los hábitos alimenticios y los problemas emocionales, es fundamental considerar el concepto de comer emocional (CE), ya que involucra ambos aspectos. El CE se define como la ingesta excesiva de alimentos en respuesta a emociones negativas. Además, la regulación emocional desempeña un papel clave como moderador en la adopción de una alimentación saludable.(3,4)
Las emociones negativas se asocian con el CE más que las emociones positivas. Se ha evidenciado que existe una relación entre el CE y el peso al ser considerado un predictor de CE, de manera muy específica en el peso de las mujeres, no tanto en los hombres.(5,6)
La familia tiene un efecto importante en la alimentación de los adolescentes, pues permiten la comida chatarra como alimento a manera de reprimir sus emociones, fomentando así el CE, pues comen para regular sus emociones negativas.(7) El entorno familiar y social juega un rol fundamental en la educación alimentaria, por lo que es pieza clave para enfrentar el desarrollo temprano de enfermedades relacionadas con la nutrición y el metabolismo, influyendo el entorno con los hábitos alimenticios. El ambiente obesogénico (AO) es considerado como todas aquellas situaciones del entorno y condiciones de vida de una persona que favorecen a la obesidad.(8-10)
A nivel mundial se ha observado que el AO favorece el sedentarismo y el consumo de alimentos con un alto contenido de grasas y carbohidratos, llevando a la población a un elevado riesgo de padecer patologías asociadas a la obesidad (OB).(9) La OB en niños y adolescentes se ha convertido en una seria amenaza para la salud mental, mostrando que algunos niños con OB severa y crónica corren el riesgo de desarrollar problemas psiquiátricos comórbidos; sin embargo, no se puede generalizar.(11) Es fundamental prestar atención a la salud mental, ya que uno de cada siete adolescentes, entre 10 y 19 años, padece algún trastorno mental, lo que representa el 13% de las enfermedades en este grupo etario. Entre los trastornos más comunes se encuentran la depresión, la ansiedad y los trastornos del comportamiento, los cuales pueden generar discapacidad en los adolescentes.(2)
Se ha señalado que una de cada dos personas desarrolla síntomas de algún trastorno mental a los 14 años. En este contexto, la depresión es la principal causa de enfermedad y discapacidad, mientras que el suicidio se posiciona como la tercera causa de mortalidad en esta etapa de la vida.(1) Asimismo, la ansiedad es un problema frecuente en los adolescentes, con una prevalencia estimada del 4,6% en jóvenes de entre 15 y 19 años. Por su parte, la depresión afecta a aproximadamente 280 millones de personas en todo el mundo y es particularmente común en la adolescencia, con un impacto aún mayor cuando alcanza una intensidad moderada o grave.(2,12)
Es de suma importancia actuar en la problemática expuesta, pues el impacto de las enfermedades no trasmitibles (ENT) es alarmante. Un rápido aumento de estas deja desprotegida a la población con menos recursos económicos, haciéndolos más vulnerables a una mayor incidencia y prevalencia, así como a una elevada mortalidad, ocasionando que las familias terminen con su poco patrimonio, llevándolos a la pobreza de manera rápida.(13)
Tener un índice de masa corporal (IMC) elevado, es decir, tener SP u OB, es un indicador para desarrollar ENT como la DM2, y se estima que, en 40 años, la prevalencia en menores con DM2 de 20 años se cuadruplicará por el modo de vida que llevamos. Además, aumenta la presencia de enfermedades cardiovasculares, resistencia a la insulina y efectos psicológicos, los cuales están asociados a muerte prematura y discapacidad en la adultez.(14,15)
La DM2 en adolescentes es un problema que se debe atacar desde la raíz, pues se ha observado que ellos tienen un mayor riesgo de sufrir complicaciones, como lo son diálisis, ceguera o amputaciones, y estas se han observado dentro de los primeros 10 años posteriores al diagnóstico, debido a la disminución de la función de las células beta, que pueden deteriorarse hasta cuatro veces más rápido que en adultos con DM2.(16)
Con el propósito de aportar al estudio de este fenómeno, esta investigación tiene por objetivo definir la relación entre la conducta alimentaria (comer emocional y ambiente obesogénico), aspectos psicosociales (ansiedad, síntomas depresivos y estrés percibido) y los problemas nutricionales y metabólicos (sobrepeso, obesidad y riesgo de diabetes) en adolescentes de preparatoria de una Universidad Pública de la región sureste de Coahuila.
Métodos
El diseño del presente trabajo de investigación fue transversal, descriptivo y correlacional. La población de estudio fueron estudiantes del turno vespertino de preparatoria de la universidad pública de la región sureste de Coahuila. La muestra estuvo conformada por 305 participantes, y el tamaño fue calculado con base a la fórmula para estimar proporciones, tomando como referencia el trabajo de Ferrer Arrocha et al.(17) El muestreo fue probabilístico aleatorio simple, utilizando los listados de alumnos de acuerdo con su sección, así como el apoyo del programa estadístico Epidat 4.1.
Se empleó una ficha de datos sociodemográficos y, para evaluar la conducta alimentaria, se aplicaron dos instrumentos: la Escala de Comer Emocional para Niños y Adolescentes (Emotional Eating Scale [EES-C]), desarrollada por Tanofsky-Kraff et al. y adaptada para adolescentes mexicanos por Trujillo-Hernández et al., así como la Escala de Nutrición y Actividad Física Familiar (Family Nutrition and Physical Activity [FNPA]), elaborada por la Asociación Dietética Estadounidense.(18,19)
Para medir los aspectos psicosociales se utilizaron instrumentos de Inventario de Ansiedad de Beck (BAI), validado para población mexicana por Pradós et al., el Inventario de Depresión de Beck (BDI-IA), adaptado para adolescentes mexicanos por Beltrán et al. y la Escala de Estrés Percibido (PSS-14), validada para población mexicana por González y Landero.(20-22)
En cuanto a los problemas nutricionales y metabólicos, se pesaron y midieron a los participantes para obtener su índice de masa corporal y ubicarlos de acuerdo con el percentil correspondiente. Mientras que, para medir el riesgo de diabetes, se aplicó el Finnish Diabetes Risk Score modificado para adolescentes (FINDRISC-A), utilizado en el trabajo de Ferrer et al.(17)
En los aspectos éticos, se consideró la Ley General de Salud en Materia de Investigación para la Salud, así como la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial, y en el apego a los mismos se sometió al Comité de Ética de la Universidad Contemporánea de las Américas con el No. de autorización EAD0012021-024.
Resultados
El promedio de edad de los participantes fue de 14.94 años (D.E. ±0.59), con una media de peso de 58.58 kilogramos (D.E. ±14.48), mientras que la media de talla se encuentra en 1.60 metros (D.E. ±0.73) y el IMC con una media de 22.56 (D.E. ±5). Además, es importante mencionar que la mayoría de los participantes fue del sexo femenino, con un 65,2% (f=199) (Tabla 1).
Tabla 1. Descripción de las variables sociodemográficas
| Variable | X̅ | D.E. | Min | Max |
|---|---|---|---|---|
| Edad | 14.94 | 0.59 | 14 | 17 |
| Peso | 58.58 | 14.48 | 35.10 | 118 |
| Talla | 1.60 | 0.73 | 1.45 | 1.83 |
| IMC | 22.56 | 5 | 15 | 44 |
X̅= Media, D.E.= Desviación Estándar, Min= Valor mínimo, Max= Valor Máximo, n=305
Respecto a la conducta alimentaria, la mayoría de los participantes (50,8%, f=155), tiene un alto nivel de comer emocional, lo que nos indica que comen ante la presencia de emociones negativas, mientras que el 52,1% (f=159) tienen un bajo riesgo de un ambiente obesogénico, evidenciando que el entorno de los adolescentes no está lleno de comida con bajo valor nutricional (Tabla 2).
Tabla 2. Comer emocional y Ambiente Obesogénico
| Variable | Indicador | f | % |
|---|---|---|---|
| Comer emocional | Bajo Nivel de Comer Emocional | 150 | 49,2 |
| Alto nivel de Comer Emocional | 155 | 50,8 | |
| Ambiente Obesogénico | Alto riesgo de Ambiente obesogénico | 146 | 47,9 |
| Bajo riesgo de Ambiente obesogénico | 159 | 52,1 |
f = Frecuencia, %= Porcentaje, n=305
En el aspecto psicosocial, la prevalencia de ansiedad entre los participantes se encontró con un nivel de ansiedad grave con un 27,2% (f=83). El 40,3% (f=123) se encuentra sin depresión, y solo el 12,5% (f=38) se tienen depresión alta. El nivel alto de estrés percibido es el que predomina con un 55,7% (f=170) (Tabla 3).
La mayor parte de los participantes (68,9%, f=210) tienen bajo peso o normo peso y el resto con sobrepeso u obesidad, dejando ver que pocos participantes tiene problemas nutricionales o metabólicos (Tabla 4).
Tabla 4. Clasificación del peso en los participantes
| Variable | f | % |
|---|---|---|
| Peso Bajo, Normo peso | 210 | 68,9 |
| Sobrepeso | 59 | 19,3 |
| Obesidad | 36 | 11,8 |
f= Frecuencia %= Porcentaje n=305
Hablando del riesgo de padecer diabetes tipo 2 en los próximos 10 años es principalmente moderado (35,4%, f=108) y tan solo el 4,6% (f=14) se encuentran dentro de un riesgo muy alto (Tabla 5).
Para dar respuesta al objetivo general, se observa que existe una relación significativa entre las variables psicosociales y el riesgo de diabetes, mostrando que a mayor nivel de ansiedad (Rho=.205, p=.001), síntomas depresivos (Rho=.201, p=.001) y estrés percibido (Rho=.162, p=.005), mayor es el riesgo de diabetes. Mientras que en la conducta alimentaria solo existe relación significativa entre el ambiente obesogénico (Rho=-.215, p=.001) y el riesgo de diabetes, mostrando que el bajo riesgo de ambiente obesogénico representa menor riesgo de padecer diabetes en los próximos 10 años (Tabla 6).
Discusión
En el presente estudio, se encontró que el promedio de índice de masa corporal (IMC) entre los participantes fue de 22,56 (D.E. ±5). En contraste, Cotter y Kelly reportaron un IMC promedio de 27,87 kg/m2 (D.E. = 5,75), mientras que Richardson, Arsenault, Cates y Muth hallaron un promedio de 32 kg/m2. Estos resultados sugieren que tanto la etapa de desarrollo como el sexo son factores determinantes en el IMC.(23,24)
En cuanto al comer emocional, el 50,8% (f=155) de los participantes presentó un nivel alto de esta conducta. Sin embargo, la diferencia con el grupo de bajo nivel de comer emocional fue mínima, con solo un 1,6% (f=5) de diferencia, lo que indica que ambos grupos son comparables en tamaño. Estos hallazgos coinciden con lo reportado por Emery et al., quienes observaron que las personas con obesidad presentan mayores síntomas depresivos y una menor capacidad para controlar la alimentación en situaciones emocionales.(25)
En relación con el ambiente obesogénico, se observó que el 52,1% (f=159) de los participantes presenta un bajo riesgo en este aspecto, lo que contribuye a reducir la aparición de factores de riesgo para problemas metabólicos. Sin embargo, estos resultados contrastan con los hallazgos de Bañuelos-Barrera et al., quienes señalaron que el sobrepeso y la obesidad, junto con un entorno familiar obesogénico, favorecen el desarrollo de factores de riesgo cardiometabólicos.(26)
Por otra parte, los aspectos psicosociales, se muestra que el 51,5% (f=157) de los participantes tiene ansiedad moderada o grave, mientras que Salazar et al. encontraron que las personas con o sin SP u OB manifiestan síntomas de ansiedad, coincidiendo en que el problema de ansiedad está presente, pero en diferente proporción, ya que, en el estudio de Salazar et al., solo se presentó en el 20,2% de la muestra.(27)
Así como a los síntomas depresivos, se observó que el 59,7% de los adolescentes se encuentra con algún síntoma depresivo, desde leve hasta alto, coincidiendo con los trabajos de Merino-Zeferino et al. y Ocampo et al., quienes encontraron que el 28,7% de los adolescentes presentaron síntomas depresivos y que el 25,5% de los participantes mostraron desde una leve perturbación del estado de ánimo hasta depresión grave, respectivamente, dejando ver que los síntomas depresivos son aspectos a considerar, ya que se evidencia que están afectando a los adolescentes, generando un problema de salud importante.(28,29)
Mientras que el estrés percibido que predomina es el alto, con un 55,7% (f=170), Pompa y Meza encontraron que la prevalencia de estrés es mayor en las mujeres, teniendo 2.05 mayor probabilidad de manifestar altos niveles de estrés que los hombres.(30)
Al abordar los problemas nutricionales, se encontró que el 31,1% de los participantes tenían SP u OB, resultados similares a los encontrados por Ocampo et al., Arsenault, Cates y Muth y Ferrer et al., quienes encontraron que el 27% de la muestra presentó SP u OB; el 22% tenían SP y 27% tenían OB; así como una elevada frecuencia de SP y OB; respectivamente.(17, 24, 29)
El nivel de riesgo de padecer DM2 en los próximos 10 años se encuentra en un punto relevante y crítico, pues la mayoría de los participantes 35,4% (f=108) tiene un riesgo moderado, seguido de un riesgo ligeramente elevado con un 29,5% (f=90), coincidiendo con Ferrer et al., aunque estos autores en mayor proporción, pues encontraron que el 64,3% tenía un riesgo moderado, dejando ver que existe un problema importante que se debe atacar para prevenir que en un futuro se tengan adolescentes diagnosticados.(17)
Para el cumplimiento del objetivo general, se encontró que el ambiente obesogénico, la ansiedad, el estrés y los síntomas depresivos se relacionan de manera significativa con la diabetes tipo 2, mientras que esta relación no se observa con el SP u OB. Estos resultados difieren de los encontrados por Salazar et al., quienes vieron una asociación entre el estado emocional y SP u OB, así como aumento del apetito ante el estrés, la ansiedad y la tristeza.(27)
Con base a el trabajo realizado por Arsenault, Cates y Muth, se tienen resultados que coinciden y difieren con los encontrados en el presente trabajo, pues estos encontraron que el estrés percibido se relaciona de manera directa y positiva con la alimentación emocional, al igual que en este trabajo, pero no así al relacionarse con la OB severa.(24)
Conclusiones
Los resultados muestran que existe relación significativa entre la ansiedad, síntomas depresivos, estrés percibido y ambiente obesogénico con el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 (DM2) en los próximos 10 años.
Sin embargo, se generan interrogantes, ya que se podría esperar que frente a problemas socioemocionales, el comer emocional aumentara el riesgo de padecer diabetes tipo 2.
Sin embargo, la escasa diferencia observada entre los niveles bajos y altos de comer emocional—con solo cinco personas de diferencia—hace que esta variación no sea estadísticamente significativa.
Además, es posible que durante esta etapa del desarrollo, las emociones negativas se dirijan hacia actividades distintas a la alimentación, lo que podría explicar la falta de relación esperada.
Así mismo, los aspectos socioemocionales y las conductas alimentarias no presentaron relación significativa con el SP y OB, considerando que esta etapa es de desarrollo y los adolescentes aún están en crecimiento y desarrollo, y por ende, su tendencia no es presentar SP u OB, como lo fue en este trabajo de investigación, donde la mayoría de los participantes estaban en bajo peso o normo peso.
















