Dibujar un elefante. George Cochran Lambdin, 1859
No puedo ser imparcial: lo siento mucho. El elefante es uno de mis animales favoritos, y lo es por influencia genética. Mi abuela materna sentía una auténtica devoción, con un punto supersticioso añadido, por estos grandes mamíferos, siempre y cuando tuviesen la trompa hacia arriba. Pues dicen que los colosales mostrencos, en esta disposición corporal, dan buen fario.
Me gusta este cuadro porque me recuerda a mi querida yaya Manuela, pero también por el ensimismamiento de la dibujante representada, y por el deje cotilla del hermano/primo/amigo mirón. El hieratismo de la niña que sostiene el morlaco tampoco tiene desperdicio. Una delicia, ¿verdad?. (Figura 1)














